Los pasos resonaban en la gran estancia con un débil eco. De un lado al otro, un poco más ligeros cuando los nervios se intensificaban, más lentos cuando trataba de serenarse. Las manos no sabían que gesto formar, ya no sabían cómo presionarse una a la otra, en un vago intento por minimizar la ansiedad. Cada tanto acomodaba el cabello detrás de la oreja y miraba hacia la ventana, como en ese momento.

Afuera, el día de verano parecía burlarse de sus temores. Por los ventanales entraba un haz de luz solar que comenzaba a teñirse de naranja y dejaban ver un perfecto cielo celeste, que poco a poco se tornaba índigo, dando paso al atardecer.

El silencio era aplastante, era un candado a las preocupaciones que estaban encerradas en su mente y su corazón. Era insoportable, era una tortura.

La mente de Astoria Malfoy era un hervidero de desesperación, de suposiciones, miedos y esperanzas. Su corazón un nido de dolor y nostalgia, un sueño latente de tener a su hijo nuevamente consigo.

Pronto el hilo de ese interminable momento se cortó con el estallido propio de una aparición. La puerta principal se abrió y una figura rubia entró a la habitación.

A su esposa no le hizo falta ver la mueca de cansancio y derrota en el rostro de su esposo, simplemente se acercó a él rápidamente para abrazarlo, mientras las lágrimas se escapaban rebeldes de sus ojos. "No lo han encontrado" se lamentó mentalmente, al tiempo que guiaba a Draco hacia la cocina, y preparaba una taza de té para ambos.

-¿Otra pista falsa?- El rubio sólo asintió con la gris mirada perdida en algún recuerdo.- ¿Siquiera era alguien parecido?

-Yo mismo los confundí por un segundo, ¿Sabes, Astoria? Pero al momento me di cuenta que Hyperion es más alto, y el cabello de la muchacha no era realmente pelirrojo. Lo tenía cambiado de color, ya sabes, con esas cosas que usan las muggles.- Suspiró pesadamente.- Tenía mucha esperanza de encontrarlos.

Hacía un tiempo que Draco había entendido, que si encontraba a su hijo y quería llevarlo a casa, debería hacerlo junto con la chica Weasley…

"Rose, su nombre es Rose Weasley"

No es que fuera la novia soñada para su hijo, pero sabía que Scorpius era testarudo como sólo su madre podía serlo, y que si había elegido a ella, era porque la amaba… más aún si habían decidido huir por ese amor.

En esos momentos se arrepentía de haber dejado crecer a su hijo presionado por su pasado, Scorpius no tenía nada que ver con los errores que Draco y Lucius habían cometido. Se arrepentía de haberle hecho creer que era deber de un Malfoy odiar a los Weasley y a toda su estirpe, haberle hecho pensar que lo rechazarían por ser amigo de los pelirrojos, y más aún por enamorarse de Rose.

Si se hubiera dado cuenta a tiempo de todo el mal que le causaba a su hijo, le habría explicado a Scorpius que él no tenía por qué seguir las tradiciones Malfoy. Que no tenía porqué odiar irracionalmente a los hijos de muggles. Que podía elegir ser quien quisiera ser, porque sus padres querían su felicidad más que cualquier otra cosa.

Pero ya era demasiado tarde, las palabras no habían llegado en el momento indicado, y los arrepentimientos no llevaban a algún lado. Ahora sólo quería encontrarlos y saber que ambos estaban bien.

-Ya aparecerán.- Astoria también había comprendido el amor de su hijo por Rose Weasley, aunque mucho tiempo antes que su esposo.

-Eso lo sé.- Su voz sonaba agotada, como si llevara el peso del mundo en cada palabra que pronunciaba.- Lo que me preocupa es que no haya ninguna noticia por parte de ellos. Ni siquiera Albus Potter ha recibido cartas. Y tú sabes que Hyperion y él son muy buenos amigos.

De pronto la mujer se puso tensa. La conversación había llegado al tema que Astoria había estado esperando tratar durante todo el día y no sabía cómo abordarlo.

-Sobre eso… -comenzó hablando con dudas para luego atropellar las palabras debido a la emoción que había detrás de ellas.- Hoy a la mañana llegó una carta de Albus. Preguntaba si podía visitarnos hoy a la noche. Decía que necesitaba decirnos algo sobre Scorpius pero que no debíamos decirlo a nadie.- Miró el reloj impaciente y luego continuó.- Tendría que llegar en unos veinte minutos.

-¿Hablas en serio? ¿De veras crees que nos traerá información sobre Hyperion?- Draco sonaba incrédulo, dudaba que Albus pudiera recibir cartas de su hijo sin que Potter lo descubriera.

-Dudo mucho que Albus intentara mentirnos en algo como esto, y de todos modos no tendría sentido. Pero estoy segura que no nos dirá justamente lo que queremos oír. Seguiremos sin saber dónde están o cuándo regresarán. Sólo espero que sean buenas noticias.- La melancolía tiño las últimas palabras de Astoria, quien se apuró en secar una lágrima que comenzó a rodar por su mejilla.

Un cuarto de hora después, a muchos kilómetros de Malfoy Manor, un joven de cabello azabache bajaba las escaleras de su casa lo más silenciosamente posible. Su madre no estaba en casa, ni tampoco Lilly que se había marchado con ella. James se encontraba en su habitación, un piso más arriba, y Harry en su despacho, justo detrás de la puerta por dónde Albus estaba caminando.

Apuró con pasos ligeros el último tramo de escalera para llegar a la cocina en el sótano. Guardó silencio un momento para comprobar que nadie había notado dónde estaba y luego arrojó los Polvos Flu en la chimenea.

"Malfoy Manor" Nadie estaba allí, nadie escuchó la frase… a excepción de un par de ojos verde esmeralda, que espiaban sigilosos detrás de la puerta…

-Bienvenido, Albus.- La dulce voz de Astoria Malfoy lo recibió en una enorme y elegante sala que ya había visitado varias veces durante las vacaciones.

-Señora Malfoy.- saludó cordialmente.- Señor Malfoy.- Giró su rostro hacia este último y sintió una opresión en el pecho al notar la tristeza y la añoranza en su semblante. "Si tan sólo pudiera decirle que Scorpius está bien."- Traigo buenas noticias para ustedes.

-¡Oh, Albus!- Al momento sintió los brazos de la mujer a su alrededor y pudo distinguir lágrimas en sus ojos cuando se apartó de él.- Debes contarnos todo lo que sepas… o lo que puedas. Pero primero, pasa a sentarte. ¿Quieres tomar algo?

-No, muchas gracias, señora Malfoy.- Albus tomó asiento en uno de los amplios sofás negros justo frente a Draco y Astoria.- Bien, primero les diré algo que los tranquilizará, Scorpius y Rose están perfectamente bien. Están felices, que en mi opinión es lo más importante. Pero me han pedido que no diga a nadie dónde están.

-¿Cuándo pretenden regresar?- Esta vez fue el padre de Scorpius quién habló.- Debes decirle a Hyperion que no nos importa si quiere a… Rose. Nosotros la aceptaremos en nuestra familia, pero queremos que estén con nosotros.

-Aunque quisiera, no podría decirles. No lo sé. Creo que no tienen pensado una fecha en la cual regresar, y si es así no me lo han dicho.- Astoria pareció contrariada, al igual que su marido. Aprovechando un momento de distracción, Albus se quitó la mochila de la espalda y rebuscó entre sus cosas.- Scorpius me envió esto para ustedes.- Alargó una mano con un sobre de pergamino cerrado y firmado con la pulcra caligrafía de su mejor amigo.

-¡Ah!- Pronto el sobre desapareció de las manos del moreno. Dos pares de ojos se deslizaron presurosos por las líneas escritas, absorbiendo cada trocito de su hijo que ese papel les brindaba.

Mamá y Papá:

Primero los tranquilizaré, estoy bien y Rose también, aunque no sé si les interesa.

No me interesa que estén pensando, pero creo que esta ha sido una de las decisiones más importantes que he tomado. Tal vez algún día me entiendan, hemos tenido buenos motivos para hacer esto.

Quiero pedirles perdón por todos los problemas y el dolor que les estoy haciendo pasar. No ha sido nuestra intención incomodarlos ni a ustedes ni a la familia de Rose. Espero que no hayan cometido ninguna imprudencia con los Weasley. Ni yo he secuestrado a Rose ni ella me ha obligado a marchar. Huimos porque nos amamos, porque sabemos que nuestras familias no aprueban esto y… por otros motivos más.

Antes de que se preocupen sin razón, tenemos un hogar, comida, abrigo, no nos falta nada. Nuestro hogar es perfecto para nosotros y nos llevamos muy bien conviviendo juntos.

En resumen, estamos bien en todos los aspectos. No sé si estarán de acuerdo con esto, pero les aseguró que jamás he sido más feliz en mi vida.

No nos falta nada, no sabemos cuándo regresaremos y tampoco les diremos dónde vivimos. No atosiguen a Albus, ya tiene mucho con su propia familia.

Nunca olviden que los amo, gracias por todo y una vez más lo siento.

Scorpius H. M.

PD= Si acaso están enfadados conmigo, si no quieren saber nada de mí, basta con quemar esta carta, no les enviaré más cartas de todos modos, sería muy arriesgado.

Astoria alzó la vista, pero no para mirar a su marido o a Albus Potter que esperaba la reacción de ambos. Astoria Malfoy buscaba con la mirada un trozo de pergamino, pluma y tintero. Aunque su hijo no le fuera a enviar más cartas, ella debía enviarle una respuesta, decirle que ella aceptaba a Rose y que volviera lo antes posible.

Por la mente de Draco pasaba una idea muy parecida. Dentro de él sentía la culpa de que su hijo creyera que podrían odiarlo por enamorarse de Rose Weasley.

No hiso falta más de 30 minutos para que la respuesta estuviera lista y luego de eso la visita comenzó a tocar su fin. Albus guardó cuidadosamente el sobre de pergamino que acababa de ser sellado y miró a sus anfitriones.

-Debo marcharme, se hace tarde. Prometo que les enviaré esta carta que me han dado y muchas gracias por recibirme y aún más, por recibir la carta de Scorpius. No saben lo importante que esto es para él.

Astoria lo abrazó afectivamente, con el tiempo se había convertido casi en un segundo hijo. Luego estrechó la mano con Draco y finalmente desapareció tras las llamas verdes de la chimenea.

Sintió bajo sus pies el suelo de la cocina del Nº12 de Grimmuld Place.

Feliz de haber cumplido con su misión casi no notó el trío de ojos que lo miraba interrogante.

-Albus Severus, ¿De dónde vienes?- Su madre hablaba en tono severo y lo llamaba por su nombre completo, eso no era bueno.

-Abus, responde a tu madre.- Harry Potter se veía un tanto más relajado que su esposa, pero sus ojos exigían una buena respuesta.

-Yo…- "Atrapado, estoy atrapado"- vengo de resolver un pedido de Scorpius.

-¿Qué dices, Sev?- su hermana Lilly era la única que lo llamaba de eso modo.- ¿Es que tú te ves con Ro y Scor?- Para entender a su hermana se necesitaba un curso de apodos.

-No Lils, es una cosa que le debía a Scorpius de hace mucho tiempo.-Miró el reloj en la pared, eran casi las diez de la noche.- Si me disculpan, me voy a dormir.

-¡Alb…!- El brazo de Harry cortó el grito de Ginny en seco.

-Ya hablaré con él.- Y es que Harry tenía muchas cosas que preguntarle a su hijo, entre ellas algo referido a una lechuza color té con leche que había llegado esa tarde.