Autora: Ya estoy aquí, ya estoy de vuelta, por fin les traigo el capítulo VII de This is life I have chose. Me siento muy, muy feliz con todos sus reviews, favoritos y alertas, en serio, si no lloro de emoción es porque haría ruido y mi compañera me mataría.
Nos vemos en el siguiente
Capítulo VII. – In prison.
Hicieron falta seis horas para que dejaran a Hermione ver a su marido, encerrado en Azkaban "provisionalmente". Los niños se habían tenido que quedar con uno de los amigos de Draco, pero por fin podía ver a Malfoy.
-Dios, Hermione, menos mal que estás bien. ¿Regulus y Valeska están bien? Esos salvajes se tiraron encima de nosotros…
-Tranquilo, Draco, están bien, algo asustados, pero nada más. – Le acarició la mejilla donde tenía un corte – Tengo que sacarte de aquí.
-Mujer, preocúpate por los niños, sabes tan bien como yo que me merezco estar aquí.
-No seas idiota, Malfoy. Hace trece años que no eres mortífago, eres mi marido y el padre de mis hijos, un buen policía si me preguntas. – Y le dolía verlo detrás de las barras, en aquella fría y sucia prisión, con los dementores yendo y viniendo sin orden.
-Con ese argumento no te dejarán sacarme de aquí – Apoyó la cabeza en la pared de la celda, llevaba seis horas ahí y se sentía agotado – Pensé que alguno de los hechizos podía haber dado a alguno de los chicos y luego tu gritando, pensé lo peor, Hermione.
-Señorita Granger – El auror encargado ignoró su "Señora Malfoy" y siguió hablando – Se acabó el tiempo, debe irse ya.
No habían pasado ni diez minutos, pero era lo que había conseguido para hablar con su marido.
-Volveré pronto, te sacaré de aquí, Draco – le dijo mientras se limpiaba las lágrimas que no había notado y se iba arrastrada por el encargado. – Te lo prometo.
Y fuera de la prisión, ya en tierra, no le extrañó encontrarse con un pálido Arthur Weasley que parecía estar viendo un fantasma y un muy serio Kingsley Shacklebolt, ahora ministro de magia, que en parte también parecía tener un encuentro con un espíritu.
-Hermione – la saludaron, recibiendo una inclinación de cabeza – Tenemos que llevarte al Ministerio.
-¿Cuándo soltaran a Draco? – Directa al punto, tal y como la recordaban.
-Después de su juicio si lo encuentran inocente, Hermione – Kingsley le respondió, ya algo menos serio – Pero ahora te llevaremos al Ministerio.
-No, volveré a mi casa, con mis hijos, tienen que estar aterrorizados después de que tus hombres saltaran así encima de su padre.
Se dio la vuelta y empezó a subir la cuesta hasta la carretera, le quedaba un buen trecho para llevar a un pueblo.
-Espera, Hermione, Harry y Ron te han buscado todos estos años, al menos deja que te vean un momento. – El Sr. Weasley fue tras ella. – Y Molly también querrá verte, y todos…
-Sr. Weasley, dejé a mis hijos con unos amigos, en serio, no tengo tiempo para esto, solo quiero a mi marido en mi casa, con nuestros hijos, antes de que se vayan a Hogwarts.
El descubrir que la heroína del mundo mágico, la mejor amiga de Harry Potter y Ron Weasley, se había casado y con nadie más y nadie menos que con Draco Malfoy, había sido un shock y eso se quedaba corto. Tenía cuatro hijos, dos de ellos yendo ese año a Hogwarts en su primer año.
Los dos habían estado desaparecidos más de una década, "trece años para ser precisos", decía una vocecilla en el fondo de su mente, y ahora que salían a la luz, Hermione, la chica que conocía desde que tenía doce tiernos años, y su, para su desgracia, marido, Malfoy, se veían envuelto en una situación de ese tipo.
-Estoy seguro de que podremos sacar algo en claro, Hermione, si nos acompañas al Ministerio – Probó con eso, si lo que quería era a Malfoy libre, bueno, no era probable que pudiera sacarlo desde el mundo muggle, ¿no? – Y me encargaré de mandar a Molly a buscar a tus hijos si quieres.
-De acuerdo, iré al Ministerio, pero si para mañana no está Draco en mi casa conmigo, Sr. Weasley, le puedo asegurar que yo misma lo sacaré incluso si tengo que demoler la maldita isla.
La amenaza no iba en balde, todos sabían como se las gastaba Hermione cuando se enfadaba, la única persona capaz de callar a Walburga Black sin tener que correr la cortina.
En el Ministerio, nada más entrar, se hizo un pesado silencio, todos los miraban, bueno, la miraban fijamente, entre asombrados, disgustados y preparados para saltar sobre ella al menor indicio. Nadie se movió hasta que el mismo Ministro dio un vozarrón de que todos volvieran a su trabajo.
Molly Weasley llegó diez minutos después, con sus cuatro hijos, acompañada de una embarazadísima Fleur y una muy inquieta Ginny. "Vaya, se me juntan todos aquí", pensaba Hermione, esperando ver a toda la patrulla pelirroja salir de las faldas de la Sra. Weasley.
-¡Hermione! – Ginny la abrazó con fuerza – No podía creerlo cuando papá envió el Patronus, pero ¡estás aquí! ¡Tienes hijos!
Hijos que estaban aterrorizados, incluso si Scorpius no lo denotaba tanto.
-Si, Ginny, no me quedaré mucho tiempo, sin embargo, solo estoy aquí en lo que sacó a mi marido de Azkaban – Dirigió una fea mirada en dirección a Kingsley – Que espero que sea pronto.
Sus hijos se acercaron a ella, la pequeña Valeska apretándose contra su costado mientras Scorpius y Viola cogían de las manos a Regulus.
-Ya es bastante tarde, Hermione, pero estoy seguro de que si nos explicas qué ha pasado… - ¿Ese tono de voz qué significaba? – con Malfoy estoy seguro de que podremos solucionar todo esto.
-Estábamos comprando las últimas cosas necesarias para el nuevo curso, Valeska y Regulus estaban con su padre y yo salía de Flourish and Blotts con Scorpius y Viola cuando, dos aurores se lanzaron sobre Draco, ni siquiera opuso resistencia…
-Eso no es lo que dicen los aurores, afirman que el Sr. Malfoy tenía retenidos a dos niños.
-Valeska y Regulus son sus hijos, cualquier padre – En eso Arthur tenía que darle la razón – protegería a su familia, así que exijo que lo liberen ahora mismo.
Y no daba lugar a discusión. Los niños necesitaban a su padre, ella necesitaba a su marido y pronto empezaría el turno nocturno de Draco en el departamento de policía.
-Me temo que estando tú tan lejos de la escena y siendo el testimonio de dos niños no válido, el que los aurores afirmen que Malfoy era un peligro es mucho más firme, con eso no sabemos cuando podrá salir…
Tener una varita clavándosete en el cuello no era una muy buena sensación, era peor sabiendo que la persona que estaba al otro lado era la bruja más inteligente que había pasado por Hogwarts y estaba muy cabreada.
-Vas a sacar a Draco de Azkaban, Kingsley, quiero que mis hijos vayan a Hogwarts y su padre los despida en King Cross, como cualquier padre, ya no estamos en tiempos de guerra y te puedo asegurar que lo más malvado que ha hecho mi marido en estos trece años es atarme a la cama – Lo susurraba todo, pero quedaba bastante claro por el tono de voz que no permitiría tiempo de réplica – Es policía, un buen hombre y se ha trabajado lo que tiene, se lo ha trabajado bastante. Libéralo, o te puedo asegurar, que Voldemort será un juego de niños comparado con lo que yo te haré a ti, y a tus ineptos aurores.
Y cogiendo a sus hijos salió del Ministerio, dejando una sala en un pesado silencio.
-¿Draco Malfoy?
