Era una mañana tibia y tranquila en Londres. Dorados rayos del sol bañaban la cocina-comedor y al muchacho rubio que trabajaba en el desayuno.
El aire olía a pan tostado y jugo recién hecho. El silencio era lo único que se escuchaba, como si el mundo quisiera detenerse en esa perfecta mañana de verano.
Mientras Scorpius disfrutaba de ese momento, intentaba terminar de exprimir las últimas naranjas. Quería conseguir dos vasos bien llenos de jugo y ya sólo le faltaba la mitad de uno. Pero la tarea se dificultaba, puesto que debía hacerlo manualmente.
No es que fuera un inútil, pero exprimir un cítrico era una tarea especialmente difícil de realizar sin magia.
Desde que se habían fugado, Scorpius y Rose intentaban usar magia sólo en momentos de necesidad. Temían que pudieran rastrearlos de algún modo. "Mejor prevenir que lamentar" habían sido las palabras de Rose para convencerlo, y finalmente lo había conseguido.
De pronto sintió unos brazos que lo rodearon desde atrás y un beso en la base de su cuello.
-Muchas gracias por el desayuno.- La pelirroja lo miraba dulcemente, le encantaba cuando Scorpius hacía cosas como aquellas.
-No hay de qué, señorita.- La besó cortamente y luego acarició el vientre ya muy crecido de Rose sin dejar de mirarla a los ojos.- ¿Cómo amanecieron hoy?
-Yo, a patadas.- Respondió con una risita, mientras un nuevo golpe sobre su ombligo reforzaba su afirmación.- Ellos, perfectamente. Dame, yo lo hago.- Intentó quitarle el exprimidor y la naranja de las manos, pero él no la dejó.
-Yo puedo.- Pero en ese momento un poco de jugo salía disparado a la cara de Scorpius.- ¡Diablos!- Rose comenzó a reír mientras buscaba con qué limpiar el rostro de su novio.- No es divertido.
-Sí lo es. Lleva las tostadas a la mesa, yo termino el jugo.
Unos minutos después se encontraban sentados disfrutando el desayuno.
-Entonces, ¿Cuál es el plan de hoy?
-Pues, escuché ayer en el mercado que habría una especie de festival en el parque aquí cerca.- Scorpius la miró extrañado.- Ya sabes, música, juegos, comida… Será divertido.
-Entonces iremos al festival.- Tomó un sorbo de su café y luego fijo la vista en un punto de la cocina.- Cielo, ¿Dónde están las varitas?- De pronto el rubio había notado que el estuche donde guardaban sus varitas mágicas no se encontraba sobre el desayunador como de costumbre.
-¡Oh! Eso...- Rose se ruborizó un poco y acarició su vientre nerviosa.- Es que he vuelto a tener esa pesadilla en la que corremos y de pronto todo se vuelve negro y aparecemos en otro lugar- Retorcía las manos nerviosa, como una niña que descubren haciendo una travesura-... y decidí que era mejor empacar las cosas más importantes- dirigió una mirada rápida al morral sobre el sofá.-, por si acaso.
-Rosie- Scorpius la miraba con ternura. Ella mantenía la cabeza baja y mordía su labio inferior, nerviosa.-, cielo, ya te he dicho que sólo son pesadillas.- Ella levantó la vista, una mirada azul llena de miedos. Él suspiró al ver la preocupación en sus ojos.- Pero si lo crees necesario...- No tenía otra opción. Prefería apoyarla en sus locuras a mantenerla nerviosa o asustada. Rose sonrió visiblemente más tranquila.
Unos cuantos minutos después, ambos se vistieron y se prepararon para ir al festival. Scorpius ya se encontraba en la puerta, esperando. Pero Rose no parecía dispuesta a marcharse en ese momento.
-Cielo, se hace tarde. ¿Rose?- Comenzó a impacientarse cuando no recibió una respuesta, pero entonces apareció la pelirroja con unas cuantas prendas de abrigo que guardó en el morral como si tuviera un espacio inmenso dentro, a pesar de su apariencia normal.- Rosie, ¿Es necesario?
-Déjame llevarlo. Si nada ocurre, seré una paranoica y tú podrás burlarte de mí. Pero tengo este sentimiento tan extraño en el pecho... si algo malo ocurriera...-No completó la frase. Abrió su abrigo y sacó una varita que tendió a su novio.- Tómala, no te quiero desprotegido.- Scorpius se acercó a ella y la besó dulcemente, la acercó hacia él tanto como su panza de cinco meses se lo permitió y cuando tuvieron que separarse en busca de aire, la miró fijamente a los ojos.
-Todo saldrá bien.- Besó su frente y luego se colgó el morral al hombro.- Vamos.
-Vamos.- Rose abrazó a su novio y juntos salieron del departamento.
Definitivamente había sido un día encantador. La mañana había estado templada, con un vientecillo fresco que renovaba la energía.
Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando Rose y Scorpius llegaron al piso donde se encontraba su departamento. Conversaban despreocupadamente, entre risas y uno que otro beso. Pero todo se detuvo, al notar que la puerta de su hogar se encontraba entreabierta.
Scorpius la empujó con suma lentitud, para encontrarse con el living totalmente desordenado, como si alguien hubiera estado buscando algo desesperadamente.
Las varitas ya se encontraban en las manos de sus dueños. Rose tiró de la manga del abrigo de Scorpius en el momento que escuchó un paso a través del pasillo que conducía a su habitación, justo frente a ellos.
Luego, fue todo tan rápido que nadie supo en qué orden se dieron las cosas. Se conjuraron hechizos de ataque y varios "Protego" del lado de Scorpius. Comenzaron a correr por el pasillo hacia la escalera, enviando contrahechizos a su espalda y esquivando embrujos a diestra y siniestra.
Sintieron bajo sus pies los escalones de madera, luego (o tal vez al mismo tiempo) escucharon un grito de espanto; y antes de que el negro los oprimiera y el aire les faltara, sus oídos percibieron una última palabra: ¡Avada...!
