Les traigo otro capítulo nuevo, como prometí, hoy a primera hora. Espero que entiendan que no pase mucho, pero dejemos que las cosas se asienten un poco antes, ¿de acuerdo? Gracias por leer, comentar, ponerme en favoritos y alertas. Muchas gracias ^^

Capítulo VIII. – When dreaming ends

De vuelta en su casa se dio cuenta de lo mal que estaba todo. Sus hijos subieron a sus habitaciones desde el momento en que su madre se tiró en el sillón y escondió la cara entre las manos. En momentos como esos, era mejor dejarla a solas por un rato.

Draco no estaba, lo había dejado en una cárcel, ¡en Azkaban! Como si fuera un criminal. Le costaba respirar, lo necesitaba, sus hijos también. No se dio cuenta de que estaba llorando, pensando en todas y cada una de las formas que podía hacer para recuperar lo que era suyo.

Y recordó, aquella noche, cuando los niños habían estado durmiendo, faltaba poco para que cumplieran los tres años y todavía dormían juntos en una cama con barrotes para evitar que se cayesen por la noche. Tenía seis meses de embarazo, Regulus estaba inquieto y se había levantado para coger un poco de agua y galletitas saladas. Pasar por delante del cuarto de los niños era inevitable y no dudo en abrir la puerta para comprobar que todo estuviese bien.

Todo estaba genial, Viola solo estaba flotando a medio metro de su cuna y su hermano tenía el pelo de punta y nariz de cerdo, y se miraban enfadados, suponía que Viola, niña inquieta cuando dormía había despertado a su hermano y este se había enfadado, por lo que la estaba haciendo flotar y la pequeña odiando que la despertaran en el aire lo había transfigurado. Genial. Gritó. O al menos eso dijo Draco cuando se levanto en su cama. Al parecer se había desmayado y si no hubiese sido por el grito, se hubiese dado contra el suelo. Pero él la había pillado antes de que eso pasase.

-El sueño se acabo, Granger. – Miraban a sus hijos dormir poco después – Son magos. La magia nos persigue incluso si queremos que nos deje en paz.

No pudo dormir durante dos días seguidos, se escurría de la cama e iba a ver a sus hijos, deseando que no hubiese más magia. Porque no podía dejar que el sueño de ser normales, de vivir lejos del mundo mágico, se acabase. Y lloró hasta quedarse sin lágrimas.

-Vamos, Hermione. Somos magos. Tú y yo. Y nuestros hijos. Pero es probable que con su apellido no los quieran en Hogwarts. – Le decía a menudo su marido, en la cama, mientras ella no dejaba de dar vueltas. – Podemos comprar varitas y enseñarles nosotros. Después de todo, no eres tú la bruja más brillante de tu edad.

La besaba en el hombro y la abrazaba, acariciando su barriga.

-Y cuando este venga y demuestre que también es mago…sonreiremos y diremos "Comprensible, es un Malfoy-Granger" – Y se quedaba tan tranquilo.

Pero mira a donde los había llevado el que sus hijos fueran magos, Draco estaba en la cárcel. La guerra había acabado hacía muchísimo tiempo. Demasiado. "Tengo que buscar un abogado. Mañana mismo mientras voy a comprar las varitas", pensó mientras se levantaba para hacer la cena, "El mejor abogado para sacar a mi marido de la cárcel"

-¿Ya está la cena, mamá? – Viola estaba en la puerta, mirándola fijamente, y por esa mirada sabía que quería preguntar algo, y no la decepcionó – ¿Papá vendrá a cenar?

-No, cariño, la cena no esta lista, y…tu padre no cenará hoy con nosotros.

-¿Por qué lo metieron en la cárcel? Papá no es un mal hombre.

He aquí el otro gran miedo de Hermione. Que sus hijos supieran del pasado de Draco y del suyo mismo.

-No, cariño, tu padre no es un mal hombre, pero hizo malas decisiones cuando era joven – No podía mentirle a los niños, no pondría a su padre como un santo, las cosas no eran así – Y ahora quieren que pague por ello, pero no te preocupes, pronto papá estará aquí con nosotros.

Puede que no hoy, ni mañana, ni siquiera pasado, pero para cuando los mayores tuvieran que irse a Hogwarts, su marido estaría a su lado, los llevarían a la estación juntos, él cargaría los baúles y se despedirían hasta Navidad. De eso estaba segura y no iba a permitir que ninguna persona destrozase por lo que tan duramente habían trabajado estos años. No, eso no era el final de ningún sueño, ni de ninguna película.

Acostó a los niños temprano, diciéndoles que tendrían que salir mañana a primera hora para comprar las últimas cosas para el nuevo curso. Pero no pudo forzarse a sí misma a entrar en la habitación que compartía con Draco. No mientras estuviera vacía. Bajo y se acostó en el sillón, como era para las visitas que fueran a quedarse en casa, era tan cómodo como cualquier cama. Incluso si no sustituía el calor de los brazos de la serpiente con la que llevaba casada tanto tiempo.

Al día siguiente todo el Caldero Chorreante, así como el Callejón estaban llenos de gente, gente murmurando y especulando, personas que no tenían ni la menor idea de lo que realmente había pasado.

"Si Malfoy ha tenido la cara de volver…"

"Azkaban es poco para las lepras como él…"

"¿Y si todo es un plan para la causa del que-no-debe-ser-nombrado?"

"Harry Potter lo venció una vez, volverá a hacerlo"

Ignorantes, ignorantes todos ellos que deseaban que Draco recibiera el Beso, sin saber nada de él. Pero mientras pensaban en eso, no prestaban atención a lo demás, y Hermione podía escurrirse con sus cuatro hijos entre ellos para llegar a Ollivander.

Le sorprendió ver a Padma Patil al otro lado del mostrador. Bastante.

-Buenos días, ¿en qué puedo ayu…? ¡Hermione! – Padma y Hermione no habían sido amigas, nunca, pero era más fácil soportar a la gemela Ravenclaw que a la Gryffindor - ¿Qué haces tú por aquí?

-Vengo a por las varitas de mis hijos – Scorpius cabeceo como saludo, Viola estaba más ocupada mirando alrededor – Empiezan Hogwarts la próxima semana.

-¿Tienes hijos? Son clavaditos a su padre… ¿quién es por cierto? – Era por ser tan cotilla por lo que nunca se habían llevado bien – Me recuerdan a Malfoy, pero con lo mal que se llevaban…

-Bueno, pero esas son cosas del pasado, ahora Draco y yo estamos casados.

Confirmarlo parecía hacerlo todo más serio y cambió por completo el comportamiento de Padma, que se puso seria, encontró las varitas perfectas para sus hijos y poco le falto para echarla del local con una patada.

-Mi varita es 25.4 cm, avellano y núcleo de nervio de dragón. Relativamente flexible – Viola sujetaba su varita - ¿Qué significa relativamente flexible, mamá?

-El grado de flexibilidad y rigidez de una varita es la capacidad del dueño a acostumbrarse a los cambios. Una varita extremadamente flexible sería un junco y una varita extremadamente rígida sería un roble.

-Pues la mía es 28 cm, avellano, pelo de unicornio y elástica. ¿Elástica?

-Se te darán bien los encantamientos, Scorpius.

Hermione había estudiado las varitas mucho tiempo, mientras viajaba con Ron y Harry para descubrir qué tipo de varita sería más útil. Y ver que sus hijos tenían sus propias varitas la llenaba de orgullo, solo faltaba que Draco estuviese compartiendo esa jovialidad y no en la cárcel.