Algunas explicaciones

La suya era una mirada verde y penetrante. Dura pero a la vez compasiva. Debatía con las palabras en su cabeza, mientras el silencio crecía y molestaba en los oídos.

-¿Por qué?- Su interlocutor miraba el suelo como un niño castigado. Parecía no haber oído la pregunta.- Ron, respóndeme. ¿Por qué?- Pero su mejor amigo tenía los labios cerrados y culpa en los ojos. Harry Potter despeinó aún más su cabello.- ¿Por qué llevaste a tus sobrinos mayores a ese departamento en Londres para entrar por la fuerza? ¿Por qué conjuraron esos hechizos en una zona muggle? Y ¿¡Por qué... por qué tu varita conjuró un Avada Kedavra el día de ayer a las 16:07 horas!- La última pregunta terminó casi a voz de grito. El pelirrojo permaneció quieto un momento, mientras la respiración de Harry se normalizaba.- Explícame, Ron. Eres mi mejor amigo, pero no entiendo por qué lo has hecho.

-Quería encontrar a Rose.- Las palabras salieron a regañadientes de su boca.

-¿Y por qué allí...?

-Los muchachos y yo hemos estado vigilando. Sabíamos por un informante que allí podría estar Rose y ese...- El final de la oración se perdió en el aire. Ron miró a su amigo con gran pesar.- Ellos vivían en ese departamento... juntos.- Los ojos de Ron se anegaron en lágrimas de furia y rabia.- Quiero a mi hija de vuelta.

Harry tomó asiento y habló con voz mucho más comprensiva. Comenzaba a entender a Ron...

-Cuéntame qué sucedió. Y hazlo desde el principio, por favor.

Ron tomó aire, como preparándose para una larga exposición, y comenzó a relatar su historia.

-Unos días después de que Rose desapareció, recibí una lechuza de James. Sí, Harry, de tu hijo James. Me citaba para encontrarnos en un bar junto con Fred y Louis.

En nuestra reunión, los muchachos me dijeron que ellos siempre han cuidado de sus hermanas y primas, por lo que ahora les correspondía buscar a Rose y traerla de vuelta a casa.

Tenían la idea de formar una cadena de informantes a lo largo y ancho de Gran Bretaña para ubicar a Rosie, pero necesitaban mi apoyo y mi participación. Si yo estaba en el grupo, las personas que estarían investigando por nosotros confiarían en que lo que hacemos no es nada malo. Por supuesto que yo acepté.

Casi un mes después de la partida de Rose comenzamos a operar. Recibimos bastantes noticias, pero la mayoría eran falsas alarmas. Llegábamos allí, y sólo había una muchacha pelirroja o un joven rubio. En casi todos los casos se trataba de muggles. Cada vez recibíamos menos avisos. Pero no nos dimos por vencido.

Hace una semana, Fred recibió una lechuza. Traía una carta del informante que tenemos en Londres. Un hombre había reconocido a Scorpius comprando víveres, cerca de un complejo de departamentos.

James y yo nos encontrábamos en Irlanda, siguiendo una pista, así que Fred y Louis fueron solos a comprobar si era o no Scorpius el muchacho que habían visto en Londres.

Lo reconocieron. Louis lo vio caminando de regreso del mercado y lo siguió hasta identificar cuál era su departamento. Pero le alarmó no ver ni rastro de Rose. Nos enviaron una lechuza y al momento regresamos.

Nos preocupaba el hecho de no saber si mi princesa estaba o no con él. Teníamos que investigar. Al final decidimos encontrar la forma de entrar a ese departamento y comprobar quiénes vivían allí.

Nos turnamos para hacer guardia. James escuchó algo sobre un gran festival al que asistiría mucha gente de la zona. Todos coincidimos en que era muy probable que ese día salieran de la casa, los que vivieran allí, para ir al dichoso evento, dejando el departamento libre para que investigáramos.

Organizamos todo con cuidado. Fred y James se quedaron patrullando toda la noche anterior hasta las ocho de la mañana, para comprobar si... Malfoy seguía viviendo en el edificio.

Como a las siete de la mañana de ayer lo vieron salir y regresar unos minutos más tarde con víveres. Luego se hiso al hora en la que acordamos su regreso y nos reunimos en mi casa, ya que Hermione estaba en la Madriguera con Ginny.

Cuando entramos no pudimos negar que Rose había estado allí. Sobre un mueble había fotos en las que aparecía, las únicas en toda la casa a decir verdad. Pero yo no quería creer que eso fuera cierto. Comencé a buscar por todo la casa alguna otra prueba. No sé que quería encontrar, lo que sea que hubiera desmentido esa verdad que no toleraba. No quería admitir que mi niña, mi Rosie, estuviera compartiendo ese departamento con ese Malfoy...

Le dije a los muchachos que nos quedáramos hasta que regresaran. En cuanto los viera aturdiría al huronsito y tomaría a Rose para traerla de vuelta a su hogar y al fin todo habría terminado.

Nos quedamos, pero el tiempo pasaba y no había señales de ellos. Eran cerca de las cuatro de la tarde, estábamos por marcharnos, cuando escuchamos voces en el pasillo. Al momento reconocí la risa de Rose. Ordené ocultarnos en el pasillo que conducía a la habitación y allí nos quedamos, esperando.

Ninguno de nosotros se acordó de cerrar la puerta de entrada, hasta que escuchamos como guardaban silencio y la habrían con un simple empujón puesto que la habíamos dejado abierta. Habíamos perdido la ventaja de la sorpresa, ambos debían estar preparados para defenderse. Tan sólo nos quedaba ser más rápidos que ellos y poder aturdir a Malfoy antes de que escaparan.

Me apuré y conjuré un hechizo aturdidor cuando aún no había terminado de recorrer el pasillo. Pronto James, Louis y Fred me siguieron. Pero cuando llegamos a la sala ellos ya corrían por el pasillo de espalada a nosotros. Quise seguir persiguiéndolos, pero los chicos parecieron rendirse cuando vieron como se defendían. Oí a James decir algo sobre que era su decisión. Pero yo no quise escucharlos. Continué corriendo detrás de ellos hasta que llegaron al final del pasillo y giraron para bajar por las escaleras. Y entonces, entonces... no me pude controlar. Ese idiota, el muy cerdo dejó a mi niña, a mi princesa...- la furia le impidió hablar, comenzó a mascullar palabras inentendibles.

-¡Ron! ¿Qué hizo Scorpius? ¿Qué le pasa a Rose?

-¡ESTÁ EMBARAZADA! ¡Tiene una enorme barriga y dentro un maldito hijo de ese cerdo de Malfoy! ¡Mi niña embarazada! Por eso conjuré el Avada Kedavra.

-¡Ron! ¡Pudiste haber matado a tu propia hija!

-En ese momento no me di cuenta, me invadió una furia terrible, quería matar al desgraciado que embarazó a mi pequeña. Pero ellos desaparecieron justo a tiempo y la maldición impacto en la pared. Rose volvió a desaparecer y con ese infeliz.- Su respiración estaba agitada y el tono carmesí de su rostro era comparable al de su cabello.

Harry lo miraba comprensivo y también preocupado.

-Te entiendo, Ron. Créeme que te entiendo. Imagino lo que sentiría si a Lilly le ocurriera algo similar.- Guardó silencio un momento, pensando sus palabras.- Pero también entiendo que has tomado esta situación terriblemente. Y que más que nada te dejaste llevar por ese odio que tienes contra los Malfoy más que por el deseo de recuperar a Rose.- El pelirrojo trató de protestar ofendido, pero Harry lo cortó.- No, Ron. No me lo niegues. Yo sé que a pesar del tiempo transcurrido aún tienes rencor para con la familia Malfoy. Pero te hablo en serio, cuando te digo que Scorpius no es como su padre o su abuelo.

-Pero se ha llevado a mi niña.

-Si Rose se fue es porque no confiaba en ti. Como tampoco ha confiado en nadie de la familia para que la apoyara o auxiliara frente a ti.- Ron bajó la vista, no quería creer que su niña pensara que él no era de confianza.- De entre toda la gente que podría elegir para acompañarla en esta situación prefirió a Scorpius, Albus, Victorie Teddy… a cualquiera antes que a ti que eres su padre… y parece que no se equivocó en su elección teniendo en cuenta como reaccionaste.

-Metí la pata, ¿Verdad?

-Total y completamente. Ahora deberás esperar mucho más tiempo para que ella se sienta segura y quiera regresar. Todo se reduce a que tengas paciencia, Ron... y confianza en la hermosa mujer que has criado. - Harry sonrió un poco.- Conozco a mi ahijada, si ha elegido a Scorpius, tendrá sus muy buenas razones.

-Quiero a mi niña de vuelta.- Fue una frase casi inaudible, un quejido, una súplica que no parecía ser escuchada por quien podía hacerla realidad.

-Hace mucho que Rose dejó de ser una niña. Debes aceptarlo. Por cierto, ¿James, Fred o Louis notaron que Rose estaba embarazada?- El pelirrojo negó con la cabeza mientras secaba unas rebeldes lágrimas de nostalgia. Harry agradeció para sus adentros que así fuera, sería imposible acallarlos y toda la familia se habría enterado en menos de lo que puedes decir "Quidditch"- Ron, debes contarle esto a Hermione...

-Pero ella está tan afectada...

-Tienes que decirle, contarle toda la verdad. Pero no le digas del embarazo de Rose, eso sería cargarla con un preocupación mucho mayor... y los dos sabemos que ella no está para tener más cosas en qué pensar.- Ron afirmó, pensativo. No sabía que habría sido de él sin su amigo.

-Gracias.- Fue todo lo que pudo decir, aunque en el sentido más literal de la palabra. Harry lo miró un poco confuso.- Por todo. Por escucharme y hacerme entrar en razón.- Ambos se habían puesto en pie y se dirigían hacia la puerta del despacho de Harry.

-Es lo menos que puedo hacer.- Y abrazó a su mejor amigo como tantas otras veces.

-¿Interrumpo?- La voz de una castaña entró a la habitación, quién miraba conmovida a dos de los hombres que más amaba, su esposo y su mejor amigo, casi su hermano.- Ginny dice que debes ir a buscar a Lilly a la casa de su amiga muggle, Harry. Ron, nosotros debemos llegar antes que Hugo a casa.- Consultó su reloj un momento y agregó:- Eso será dentro de diez minutos, hay que darnos prisa.

Los dos hombres salieron detrás de Hermione y juntos se dirigieron a la cocina del Nº12 de Grimmuld Place. Mientras caminaban, Harry pudo notar que Hermione estaba visiblemente mejor que durante los primeros días de la desaparición de Rose. Las ojeras por la falta de sueño y el llanto seguían allí, pero disimuladas tras un nuevo brillo en sus ojos; además, mientras hablaban sonreía alegremente, cosa que hacía cada vez menos desde hacía algún tiempo.

El ojiverde sonrió, creía saber el porqué de ese cambio en su mejor amiga.

Frente a la chimenea, todos se despidieron rápidamente y Ron fue el primero en desaparecer tras las llamas verdes.

Unos segundos después, Hermione tomó un puñado de polvos Flu, pero antes de marcharse, abrazó con fuerza a Harry.

-Gracias.- De nuevo se encontraba al borde de las lágrimas, pero esta vez de alegría.

-No hay de qué, hermanita.- Ella rió como cada vez que Harry la llama así.- Nos vemos. Cuídense.

La castaña volvió a abrazarlo y luego a Ginny, arrojó los polvos Flu y entró a la chimenea con una sonrisa en el rostro.

Mientras la casa de los Potter desaparecía ante sus ojos, apretó con fuerza el bolsillo posterior de sus jeans, palpando debajo de la tela el pergamino de un sobre de carta.

Allí estaba una de las tantas cartas que Rose había enviado a Albus, quién la había cedido por el bien de su tía (no sin antes comprobar que fuera la única que no decía nada de los futuros bebés). Ahora Hermione estaba feliz, su hija estaba bien y algún día regresaría, como le había dicho a su primo en la carta, sólo necesitaba tener paciencia.