Lo que todos esperaban, por una parte y por otra, siento mucho si les decepciona, lo lamento mucho. Nos vemos en el proximo, gracias por los comentarios y demás.

Capítulo IX – King Cross and the past hit again.

Después de recurrir a toda su fuerza para ir a buscar ayuda, Hermione consiguió sacar a Draco de Azkaban, Blaise Zabini y Theodore Nott se habían convertido en muy buenos abogados, sin lugar a dudas. Pero no los envidiaba.

Estuvo esperando durante una hora frente a la puerta de la prisión en lo que los aurores iban a retirar a su marido, estaba desmejorado, no tanto como Sirius cuando pasó doce años, pero estaba más delgado, el pelo no tenía ese tono brillante que tanto adoraba, y aun así no pudo evitar lanzarse a sus brazos.

-Dios, necesitaba esto – Susurró entre los rizos de su mujer, estrechándola tanto como podía - ¿Y los niños?

-Los niños están con John, no podía traerlos, necesitas un afeitado y un buen baño.

-Y una buena comida. ¿A quién contrataste para sacarme?

-A ver si adivinas, son Slytherin y de nuestra edad.

-No me lo creo. – Se rió y volvió a abrazarla, respirando de ella – Esta noche asegúrate de acostar a los niños pronto, porque necesito estar en contacto contigo en todo el sentido de la palabra.

-Están tan emocionados que tendrás que esperar hasta que Scorpius y Viola se vayan a Hogwarts, porque sino no conseguiremos tener ni un poco de paz.

Después de un poco de cuidados, cuando los hijos llegaron a su casa, ver a su padre fue como si nunca se hubiese marchado de casa, lo abrazaron y estuvieron todo el rato a su alrededor. Le enseñaron las varitas, incluso la pequeña escoba que le había comprado Hermione a Regulus y la pequeña puffskein para Valeska.

Ya acostados estaban en la cama, enredados uno con otros, sin hacer mucho más que besarse y acariciarse por encima de los pijamas, escuchando los ruidos de la noche.

-Mañana hay que levantarse temprano. – Respiró hondo para terminar de darle las noticias a Draco – James Potter y Rose Weasley empiezan también este año en Hogwarts.

-¿Y? Tienes que enfrentarte a Potter y Weasley por dejarlos durante la celebración de la batalla, ¿o es que te avergüenzas de que te vean conmigo? – Se levanto para mirarla, no parecía ser eso. - ¿Qué es?

-¿No tienes miedo? No quiero que mis hijos sean tratados como…como bastardos.

-Son hijos de un mortífago declarado y traicionero. – Le apartó un mechón de la cara, no quería que se escondiera, tenía que entender las cosas como eran. – Los trataran mal vayan donde vayan en el mundo mágico desde que llevan mi apellido, incluso si son también hijos tuyos.

-No deberían, traicionaste a Voldemort, ya no eres mortífago… - Draco intentó protestar, pero no lo dejo – E incluso si tuvieses que pagar, nuestros hijos no tendrían nada que ver con eso.

-Dejémoslo, ¿vale? Al final vamos a terminar discutiendo por una tontería – Se acostó otra vez, ¿cuando se había sentado, para empezar? – Buenas noches, Hermione.

Al día siguiente se levantaron sobresaltados con el ruido de algo muy pesado al caer. Draco saltó por encima de ella, reflejos de policía, y fue a mirar que había pasado. Luego empezó a reír. Su hijo había intentado bajar su baúl el solo, y como venganza por no dejarla ayudar, su hermana había puesto el pie, por lo que el baúl salió volando hasta aterrizar en el suelo.

-¡Podías haberme matado! – Tenía que reconocerlo, no le hubiese hecho nada, pero su orgullo estaba herido – Eres una niña, y papá dice que las niñas no tienen que cargar nada pesado.

-Soy tu hermana y cargaré lo que me da la gana, ¿qué harás si no? Llevarme la maleta a todos lados en el colegio.

-Niños, niños – Paró la discusión, separándolos un poco y acuclillándose entre ellos – No deberían discutir y tu Scorpius, deberías haber esperado a que yo me despertase para ayudarte con los baúles.

-Pero, papá, ya son las nueve, tenemos que irnos ya para llegar a la estación - ¿Las nueve? ¡Oh, no!

-Draco, ve a bañarte y vestirte, yo preparo el desayuno – Siempre puedes contar con Hermione para que todo este perfecto, incluso en cinco minutos. – Niños, vayan a vestirse ustedes también, yo bajo los baúles y despierten a Regulus y Valeska.

Tal y como recordaban King Cross estaba llena de gente, apurados y corriendo, con el teléfono móvil y si mirabas bien podías ver la cantidad de carros y lechuzas y gatos en jaulas, un festival de pequeños magos yendo a Hogwarts.

-Bien, yo entraré primero con Valeska y Scorpius, y luego vuestra madre pasará con Regulus y Viola, así que dadnos un pequeño margen para apartarnos – Le dio un beso a su esposa y sujetando a su hijo por el hombro caminaron como solo los Malfoy podían caminar y cruzaron la pared.

-Ahora nosotros, ¿preparados? – Cruzaron, Draco y el otro dúo de niños ya estaban ahí, esperándolos junto a la locomotora roja y negra. – Bienvenidos al Hogwarts Express.

Había tanta gente ahí, rodeándolos y corriendo, saludándose unos a otros. Incluso los animales parecían saludarse. Se preguntaba cuantos antiguos alumnos habría ahí, no demasiados, podía ver a Neville subiendo, pero sin niños.

-Vamos, buscaré un sitio para los chicos, ¿te quedas aquí con los otros dos o vienes a despedirlos? – Su marido no parecía contento, ni nervioso, quizás algo preocupado por su mujer.

-Si, claro – Avanzaron un poco, buscando la entrada más cercana para buscar un compartimento. – Aseguraos de escribirme desde que se acabe la selección y estéis en la cama, sea cual sea vuestra casa, por eso os compramos una lechuza a cada uno.

No habían peleado a ver en qué casa caía sus hijos, sabían que el Sombrero los pondría en la casa donde mejor cuadrasen, pero aun así, en secreto ambos esperaban que acabasen en Slytherin, dado el record familiar de que ningún Malfoy acababa en Gryffindor y mucho menos en Hufflepuff.

-¡Hermione! – La nombrada se dio la vuelta para ver venir una maraña de pelo rojo directa a sus brazos – ¡Estaba buscándote! ¿Dónde están tus hijos mayores? ¿Ya están dentro?

-Hola, Ginevra, si, Draco los llevo dentro a buscar un compartimento – No le fue inadvertida la cara extraña que hizo Ginny, como si todavía no se hubiese acostumbrado a la idea - ¿Y James? ¿También esta dentro el heredero de la familia Potter?

-James viene detrás de mí, con su padre, mis hermanos y mis sobrinos – Y estaba orgullosa por lo que parecía.

-Genial, hace mucho tiempo que no los veo – Intentó poner su mejor cara, sin poder evitar estar preocupada por las reacciones de sus impulsivos amigos.

-Hermione, los niños ya están colocados – Draco bajo, pasando por alto que su mujer estaba acompañada – Oh, vaya, la pequeña Weasley.

Fue amable, en eso tenía que felicitarlo, cuando tendió la mano para saludarla, claro que, como había estado temiendo, no le extrañó que Ginny se quedara paralizada y detrás de ella se escuchara un gruñido.

-Aléjate de mi esposa, Malfoy – Harry estaba allí, con el pelo revuelto negro, y los ojos verdes vibrando de ira. Ron también estaba enfadado, sus ojos azules lo denotaban y a Draco no le quedó más remedio que dar un paso atrás y quedarse al lado de Hermione. – Me asombra que tengas el valor de asomarte por aquí.

-Al igual que tu, Potter, vengo a traer a mis hijos – La gente los miraba, como no, la primera reunión del Trío Dorado después de que la noticia de que Hermione se había casado con Malfoy se extendiera como la pólvora – Con mi mujer y mis otros hijos.

-Si, eso me habían dicho, pero es difícil de creer que alguien como 'Mione podría estar con una lacra como tu, menos tener tus bastardos.

-¡Ronald!

-¡Ni que todos no pensasen lo mismo! ¿Cómo pudiste casarte con él, Hermione? ¿Cómo? – Ahora la miraba a ella, con un tinte de asco y vergüenza en la voz.

-No tengo porque darte razones y mucho menos delante de mis hijos y medio King Cross, Ronald Weasley. Esta es mi familia.

-Y nosotros pensando que nosotros éramos tu familia. – Terminando de decirlo, se fue a buscar a su mujer y su hijo, seguido de Harry que bufó y Ginny, que se disculpaba con la mirada.

-No ha sido tan malo ¿no? – Hermione quería echarse a llorar, pero no podía, no cuando sus hijos los miraban sin entender porque esas personas les gritaban a sus padres. – Vamos a despedirnos de los gemelos.