Wow! Llevaba demasiado tiempo sin actualizar. LO SIENTO! Lo que pasó es que me fui de vacaciones y allí no tenía internet, pero aquí estoy, trayendo un nuevo capítulo que espero les guste.

Muchas gracias a todas por sus comentarios, no saben la alegría que me da cada vez que veo uno nuevo y son una gran inspiración y motivo de muchas sonrisas en mi rostro.

Y lamento si no respondo a sus comentarios, es que a veces ando con la cabeza en cualquier lado y se me pasa. Prometo responderles de ahora en adelante.

Sin decir más, muchas gracias y difruten!

Capítulo 8: Nuevo Hogar

Abrió los ojos y no le tomó ni un minuto recordar lo que había sucedido. Preocupada dirigió u mano hasta su vientre y se tranquilizó al sentir unas pataditas. Miró alrededor pero desde ese ángulo no podía ver a Scorpius, decidió entonces enderezarse, pero justo en ese momento un agudo dolor surgió en la parte baja de su panza y tuvo que dejarse caer nuevamente.

-¡Rose!- al momento había sentido las manos de Scor sosteniéndola-¿Estás bien? ¿Qué sucede?-La pelirroja volvió a sentarse con la ayuda de su novio.

-Estoy bien, solo fue una contracción.- Si de por si Scorpius era pálido ahora se había vuelto transparente.

-¿Contracciones? Pero, Rosie, apenas tienes cinco meses. Tú… los bebés no pueden…

-No, no, tranquilo. No van a nacer ahora. Vic me dijo que esto podía pasar, es una reacción al estrés.- El rubio aún la miraba desconfiado y con preocupación.- De verdad, estoy bien.- Aunque su sonrisa fue truncada por una expresión de dolor causada por una nueva contracción.- Tranquilo, ya se me pasará.

Guardaron unos minutos de silencio, hasta que estuvieron seguros que Rose podría mantenerse en pie, entonces surgió la pregunta más importante en ese momento.

-¿Y ahora qué hacemos?- la voz de Rose dejó caer las palabras como una sentencia de que todo había cambiado radicalmente.

-Emm, Rose, creo que deberíamos volver.

-No, imposible, Scor MI papá debe tener vigilancia en nuestro departamento.- Miró ansiosamente hacia su costado y tomo la correa de la mochila que colgaba de su hombro que luego le mostró a Scorpius.- Te dije que debíamos llevarla.

-Tenías razón, lo admito.- Sonrió un poco, pero luego volvió a su anterior seriedad.- No, Rose, me refiero que deberías volver con tu familia.

-Estás bromeando.- aunque la cara de ella se había puesta aún más seria y sombría.

-Para nada. – Scorpius estaba preocupado por la reacción de la pelirroja.

-¿Acaso ya no quieres seguir huyendo? ¿No me quieres más?- Sus mejillas se habían puesto rojas y miraba a su novio con gran enfado.- Si quieres marcharte hazlo, pero yo ya no puedo regresar. No puedo obviarlos.- Agregó señalando su abultado vientre.- Y sé que cuando llegue mi papá me matará… y si no lo hace me quitara a mis bebés cuando ellos nazcan. Vete si quieres, yo ya no puedo regresar.

-¿¡Qué!¡No, Rose! Eso no es lo que quería decir.- perlo la joven ya había girado sobre si misma y se alejaba de él con pasos veloces, sin prestar atención hacia donde iba realmente. El rubio se apresuró a alcanzarla y la tomó por un brazo.- Rosie, escúchame.- Ella quiso soltarse pero finalmente Scorpius la rodeó con su brazos y la acercó tanto a él como sus bebés se los permitían- Cielo, no me refería a que no quiero seguir contigo. No hay nada que me haga más feliz que compartir mi vida contigo. Pero esto se nos está yendo de las manos. No podría soportar que le pasara algo a los bebés o a ti. Me gustaría que regresaras para que tu madre y tus primas te ayuden y puedas transcurrir lo que queda del embarazo en paz. Que puedas ser feliz sin tantas preocupaciones.

-Sin ti no hay forma de que sea feliz, Scorpius, y lo sabes.- Unas cuantas lagrimas rodaban por su pecoso rostro.- No, no me iré a mi casa, porque mi hogar es donde tú estés. Ahora tú eres mi familia, tú y nuestros niños.- Scorpius sonrió, sabía que Rose era demasiado terca como para hacerla cambiar de opinión y también sabía que él en realidad no quería alejarse de su pelirroja.

-Te amo.- le susurró dulcemente al oído para luego besarla.

-¿Estás segura que allí no nos buscará tu familia?- Scorpius se veía nervioso sujetando la mano de Rose frente al trozo de mar que separaba Gran Bretaña de Francia.

-Completamente. La última vez que fuimos allí fue el año anterior que entrara a Hogwarts. Es un pueblo mágico pero para nada popular en Inglaterra. A nadie se le ocurrirá que estaremos allí.

-Si tú lo dices.- Apretó nuevamente su mano y cerró los ojos con fuerza, concentrándose en una adoquinada calle de París que conocía muy bien por sus vacaciones con sus padres. Unos segundos después se encontraban en un angosto callejón de la ciudad luz, bajo un tenue atardecer que comenzaba a tornarse en noche.- ¿Estás bien?

-Perfectamente.- Le sonrió desde la penumbra cada vez más presente.- Ahora me toca a mí. Sostente que tendremos que llegar hasta el sur de Francia.- Una vez más tomaron sus manos con fuerza y luego de unos segundos de oscuridad y asfixia abrieron los ojos en un paisaje totalmente diferente a la ajetreada ciudad que acababan de dejar.

La noche ya casi hacia su total aparición. Detrás de ellos y a lo lejos podía verse el Mediterráneo teñido de añil por la oscuridad, mientras que justo en frente tenían un pequeño parque de pocos árboles junto a un edificio de varios pisos que parecía un hotel o una posada.

-Bienvenido a La ville invisible.

-Tenías razón en que era un lugar muy bonito.- Luego señalo con un gesto el gran edifico a su derecha.- ¿Es esa la posada de la que me hablaste?- Rose asintió.- Bien, entonces vamos antes de que se haga más tarde. Mañana debo ir a buscar un empleo.- Rose lo miró sorprendida.- ¿Qué? ¿Creíste que no iba a trabajar de nada siendo que nos quedaremos a vivir aquí?

-No, bueno… yo que creí que… No importa. Vamos que comienza a hacer fresco.

Una joven pelirroja se encontraba leyendo una carta cuando una pequeña niña de cabello color caramelo entró corriendo a la sala.

-¡Señorita Rose!- La pequeña de no más de seis años traía un paquete entre sus manitas.- Mi mamá me manda a que te dé, oh lo siento, le de esto de su parte.- La muchacha rió divertida.

-Te he dicho muchas veces Maelí que no hace falta que me llames "señorita" ni me trates tan serio.- Abrió entonces el paquete que había traído y se encontró con dos conjuntos de ropa para bebé tejidos a mano, de color blanco y amarillo.

-Mi mami dice que como no sabemos si serán niñas o niños hay que hacer la ropa de un color se le vea lindo a los dos.

-Muchas gracias, princesa. Dile a tu mamá que no era necesario y que muchas gracias por el obsequio.

-No hay de qué.- Maelí sonrió, alegre de haber cumplido con su misión.- ¿Qué tienes ahí, Rose?

-Una carta de mi primo, Albus. ¿Recuerdas que te conté sobre él?

-¿Y dónde está Scorpius ahora?

-Está trabajando en la heladería, regresará en un par de horas.- a la niña le brillaron los ojos al oír hablar de helado. Entonces Rose buscó unas monedas en su bolsillo y se las dio.- Ve y dile a Scor que te de uno de tus favoritos.

-Gracias- Maelí se alejó feliz, con sus monedas entre las manos y un paso ansioso por llegar a la heladería.

Mientras, la pelirroja releía la carta de Albus:

Rose y Scorpius:

Confío en que están bien y no se han comunicado conmigo por miedo a que los descubran.

Les ruego que me envíen una carta para poder estar más tranquilo, aunque no me digan donde estén ahora, necesito saber que no les ha sucedido nada malo.

Aquí la cosa se ha puesto algo rara desde que los encontraron, pero la mayoría queremos que Rose regrese y en particular a mi me gustaría tenerlos (a los cuatro) aquí.

Espero su respuesta ansiosamente.

Cariños, Albus P.

Como a las cinco de la tarde llegó Scorpius, normalmente su turno de la tarde duraba hasta las siete, por lo que a Rose le sorprendió verlo más temprano en su habitación.

-¿Por qué has llegado más temprano?- Preguntó luego de saludarlo con un beso.

-Hoy era el cumpleaños del hijo del señor Candau, por lo que decidió cerrar la heladería más temprano para poder festejar con la familia.- En muy poco tiempo Scorpius se había hecho muy cercano a su jefe y dueño de la heladería en la que trabajaba. Nunca la familia Candau había trabajado con personas que no fueran de la familia, pero el Malfoy había logrado persuadir al anciano y ahora era uno de los mejores trabajadores.

-Qué bueno que regresaste antes, quiero decirte algo. ¿Cuánto llevamos aquí en Francia?

-Un mes y casi una semana. ¿Por qué?

-Aún no nos hemos comunicado con Albus. Dijimos que esperaríamos un tiempo, pero creo que ese tiempo ya pasó. AL nos mandó una carta hoy.- Le extendió el pequeño papel al rubio quien lo tomó y rápidamente lo leyó.

-Debemos escribirle, ahora.