La otra madrina

Querido Albus:

Lamentamos mucho no haberte escrito antes, teníamos miedo de que intervinieran nuestra carta.

Estamos todos muy bien, no te podemos decir donde pues sería muy arriesgado, pero puedo aclararte que estamos muy lejos, y que nuestro regreso tardará ahora mucho más.

Te extrañamos horrores, al igual que a toda la familia. Espero que todos estén un poco mejor.

Prometo avisarte si llegara a ocurrir algo y por supuesto te haremos saber cuando seas padrino… cuando los veas mándales un gran saludo de mi parte a Vic y Teddy, diles que ellos serán padrinos también y bueno, tu sabes quién será la otra madrina.

Por favor no creas que te olvidamos, no estás sólo.

Te queremos mucho.

Un beso, Rose.

PD= No vuelvas a enviar una respuesta, es un viaje demasiado largo para Luce. Nosotros te mantendremos informados.

Arrugó la hoja en su mano, por lo menos estaban bien. Pero nuevamente le dejaban ese gusto amargo en la boca y la sensación de que le habían sacado algún órgano vital.

Para ellos era fácil pedirle que no dijera nada, que no se preocupara por ellos, pero Rose y Scorpius no tenían que pasar por su soledad, porque no había nadie con quien pudiera hablar sobre lo que les sucedía a sus mejores amigos, nadie con quien descargar la angustia y pasar el rato distrayéndose. Por lo menos no allí.

Dejó caer hacia atrás la cabeza.

-Claro que estoy solo.

-Yo no lo veo de ese modo.- Una voz dulce y cantarina habló a su lado y Albus se enderezó de golpe, sorprendido. La chica que estaba sentado junto a él comenzó a reír. Su piel tenía un lindo tono tostado, sus ojos eran de un marrón oscuro profundo y cautivante. Su cabello castaño caía en grandes ondas y algunos mechones iban a parar a su rostro, desde donde los apartaba con una mano.

-¡Natalí! ¿Qué haces aquí?

-¿Tu qué crees, tonto? ¡Vine a visitarte!

-Pero creí que estabas en Argentina, visitando a tus parientes con tus padres.- La chica volvió a reír, encantadoramente al parecer del moreno.

-Claro que estaba allí, pero no soportaba saber que Ro y Scor habían puesto su plan en marcha y yo no estaba aquí.

-Me desespera que hables con los apodos que Lilly inventa.- Sonrió, porque en realidad adoraba como hablaba.- Que bueno que regresaste, me has hecho mucha falta.

-¿Cómo han ido las cosas con los muchachos?- El cielo comenzaba a nublarse, como preparando una gran lluvia de verano. Pero para Albus el día era perfecto mientras ella estuviera a su lado.

-Bien… bueno un poco complicada el último tiempo.- Comenzó a relatarle todo lo acontecido con la huída de Rose y Scopius, pero hacia la mitad de la historia las primeras gotas comenzaron a caer del cielo.

-Ven,- La chica se puso en pie tendiéndole una mano a Albus.- vamos a mi casa y me terminas de contar.

El camino a la casa de Natali se le hiso más corto que de costumbre. A pesar de la lluvia y del fuerte viento nunca se había sentido más a gusto. En todo el trayecto no soltó la mano de su amiga, sólo lo hiso cuando llegaron a la pequeña casa cerca Grimmuld Place.

-… y ahora me han enviado esta carta.- Finalizó Albus, mostrando el arrugado papel a Natalí quien lo leyó ávidamente.

-Bueno, por lo menos sabemos que están a salvo.- dejó escapar un suspiro.- Me supongo que yo seré la otra madrina de la que Rose está hablando, ¿verdad? Me sentiría muy ofendida con mi amiga si fuera de otra forma.- Albus asintió riendo, aunque luego de la pequeña broma la seriedad volvió a reinar en la habitación.-Merlín, esto era más sencillo cuando estábamos en Hogwarts…

-Cuando tú y mi prima nos retaban en el Quidditch.- Su rostro se iluminó ante la escena que veía en su mente.- Siempre les ganábamos.

-Cállate, serpiente. Que Rose siempre ha sido mejor que tú como cazadora.- Lo miró como siempre que sabía que tenía razón.

-Mira Nati, que hallas ido a Ravenclaw no te da derecho a creer que lo sabes todo.- Pero un poco de bochorno en su voz delataba que la morocha no se había equivocado.

-Claro que sí.- Comenzaron entonces una de sus habituales batallas por saber quien tenía la razón, que incluían desde bromas hasta uno que otro golpe. Luego de varios minutos de "guerra" decidieron declarar una tregua para tomar unos refrescos. En la cocina Natalí retomo la conversación.- ¿Y por qué decías que estabas solo?

-Porque, hasta que apareciste hoy en el parque, no tenía nadie con quien compartir lo de Rose y Scor… La preocupación me está consumiendo y no tengo a nadie con quién discutir que puede pasar cómo ayudarlos…

-Ahora me tienes a mí.- Natalí a su lado posó su mano sobre la de Albus y la apretó dulcemente.- Siempre me has tenido a tu lado.- El chico acarició su rostro con una mano.

-¿Es que siempre serás la que me ayuda cuando más lo necesito?- Aquella morocha siempre había estado presente en sus momentos de crisis, incluso más que Rose y Scorpius, que a veces se distraían de tanto discutir entre ellos.

-Siempre.- Le susurró al oído tiernamente. Y a Albus no le hiso falta más que un pequeño movimiento de su cabeza para poder besarla con ternura.- Te quiero, Al.

-Igual yo, Nati.- Sonrió luego de darle un nuevo beso.- No puedo creer que tarde tanto en decirlo. Rose tenía razón, era más fácil de lo que imaginaba.

-Pues estamos iguales… lástima que no podemos avisarles a los chicos. Estoy segura que se pondrían muy felices.

-Tal vez dentro de un tiempo podamos mandarle una carta.- Aunque en ese momento la mente de Albus se concentraba más en la cercanía de su ¿novia? que en sus amigos dónde sea que estuviesen.- Pero respóndeme una cosa… ¿Qué somos ahora?- La muchacha sonrío divertida mientras un poco de rubor coloreaba sus mejillas.

-Novios, supongo. Por qué haces preguntas tan obvias, Potter.

-Es que si te llevaré a cenar esta noche a mi casa debo presentarte como corresponde.- Miró su cara de perplejidad.- Entonces, Natalí Arroyo, ¿Aceptas ser mi novia?

-Claro que sí, tonto.- Y volvió a besarlo dulcemente.

Aquella noche una persona más se sentó a la mesa de los Potter en el n° 12 de Grimmuld Place, y a partir de ese momento Albus no volvería a estar solo.