Autora: Siento haber tardado tanto, en serio, me disculpo. Pero este es el capítulo once y solo tengo hecho hasta el trece, lo que me da un margen muy pequeño de trabajo si me quedo sin inspiración. Así que decidí retrasar este y escribir hasta el capítulo catorce para mantener un equilibrio y así no tener la guadaña en el cuello. Espero que lo entiendan y me disculpen.

Otro asunto, agradezco todos los comentarios, todas las apuestas y las indagaciones que hacen, me divierto muchísimo contestándolos, incluso cuando suelto algún spoiler, pero es que parece que pensemos al revés. Esperaban que Snape hiciera algo, gritar, extrañarse…llorar, y yo hice que no pestañeara al ver cuatro pequeños Malfoy por el mundo. Solo es un ejemplo, pero me hace mucha gracia.

Espero que este capítulo os guste tanto como me gustó a mí escribirlo y esperó vuestra opinión en forma de adorables comentarios. Nos vemos en el próximo capítulo.

Capítulo XI – Like father, like son.

Hermione llegó antes que Drago, al pobre le había tocado guardia nocturno y a las diez de la mañana todavía estaba en el trabajo. Pero conseguiría escaparse para llegar, incluso si tenía que ir con la ropa del trabajo.

Recorrer los muros de Hogwarts después de tanto tiempo era algo extraño y provocaba una gran cantidad de añoranza, cada esquina tenía una memoria de su propio tiempo en el colegio.

-Señorita Granger – Se giró, parado a poco más de unos pasos estaba la profesora Vector, su profesora de Aritmancia.

-Señora Malfoy, actualmente.

-Bueno, Sra. Malfoy, la directora la espera. Los señores Potter y Weasley ya han llegado. ¿Espera a su marido?

-Llegará un poco más tarde – Para colmo el teléfono móvil no funcionaba en Hogwarts.

El despacho de la directora había cambiado poco desde el paso de Dumbledore. Había un semicírculo de sillas frente al escritorio de la directora, seis de ellas ocupadas por Harry, Ginny, Ron, Lavender, y sus hijos, James con el pelo rojo y los ojos castaños de su madre, y Hugo, el pelo rubio de Lavender y los ojos azules de su padre. Se sentó al lado de este último, recibiendo una mirada llameante de Lavender que pasó un brazo por los hombros de su hijo, alejándolo un poco de Hermione.

-Directora, traigo a los señoritos Malfoy. – La puerta se abrió, Sirius traía a Scorpius, con gesto de mala actitud y Viola, todo lo contrario, la viva imagen del arrepentimiento. – Hey, princesa, es un placer volverte a ver.

-Sirius, espero que te este yendo mejor – Respondió, estirando la mano para saludarlo, y a la vez coger a sus hijos.

-¿Por que no te vienes a tomarte algo conmigo después de esto? – Harry y Ron bufaron, Ginny le dio un codazo a su marido.

-Si, claro. Estaré ansiosa. – Sus hijos se sentaron a su lado, Viola pidiéndole disculpas con la mirada.

-¿Podemos empezar o esperamos un poco más? – Pregunto la profesora McGonagall.

-Estará aquí en seguida, tenía que trabajar. – Terminando decirlo apareció Draco, entrando con su andar seguro y aristocrático – Creo que podemos empezar, profesora.

-Disculpen la tardanza – Se quito la chaqueta de policía, que sexy le quedaba el uniforme, no se le pasó por alto la forma en la que Lavender lo miraba y le sonrió, haciéndola sonrojar.

-Si, ahora que estamos todos – Minerva pasó la mirada por todos los presentes – Estoy muy decepcionada. Srta. Malfoy, ¿puede explicarnos que pasó?

-Si, profesora McGonagall – Viola cogió aire y la miró fijamente a los ojos, sacando valor – Desde que empezamos las clases, Potter y Weasley nos han estado acosando por nuestro apellido. El otro día simplemente llevaron esto demasiado lejos, me enfadé y lance un Leviosa, pero al parecer se fue demasiado lejos y acabaron heridos.

Draco paso la mirada por los dos chicos, el hijo de Potter tenía un corte en la mejilla y Weasley un ojo hinchado, el labio roto. No era mucho.

-Sr. Potter, Sr. Weasley, ¿tienen algo que decir?

-Nos atacó, y por la espalda además…

-¡Lo hizo bastante a la cara, Potter! – Scorpius se levanto, sin sacar la varita y solo la mano de su hermana lo detuvo de lanzarse sobre los dos otros chicos.

-Scorpius, siéntate ahora mismo.

-Siga, Sr. Potter.

-Nos atacó por la espalda, como la rata que es. – Ron parecía listo para saltar a la yugular de Draco – Y el otro Malfoy no deja de provocar problemas, nos insulta, se la pasa pasándose de listo.

-Profesora, nunca los he insultado sin motivo, empiezan ellos y hay mucha gente presente cuando intentan humillarnos por nuestro apellido.

-Digno hijo de su padre – mascullo Ron, Harry parecía estar muy seguro de que tenía la razón – Hijo de mortífago, sería la tercera generación de Malfoy que sigan al señor Oscuro.

-Voldemort hace bastante que esta muerto, Weasley, supéralo de una vez.

-Seguro que un hurón como tu es capaz de resucitarlo, y hasta que no este toda tu familia muerta y enterrada, nadie lo superará.

-¡Ronald!

-Tú no me hables, traidora, acostarte con esta escoria – Ron ya se había levantado, Lavender lo miraba con los ojos brillantes y Harry estaba sonriendo, apoyándolo, Ginny estaba avergonzada, mirando al suelo y tirando del pantalón de su hermano – Eso no te hace mejor y encima pares sus vástagos, contaminando el mundo por el que tantos murieron.

-Si vuelves a referirte a mis hijos o a mi mujer así, Weasley, saldrás de aquí directo a la enfermería porque te rompo los dientes de golpe.

-Cómo decía, violento, asesino, nunca cambiará lo que eres, basura, una mierda de nuestra sociedad.

-Todos estamos de acuerdo – empezó Harry, sonriendo con algo de crueldad – en que tu y tu familia, Malfoy, debería haberse quedado en el mundo muggle, exiliados para no contaminar otra generación de chicos.

-Te puedo asegurar, Potter, que tu hijo esta más podrido que mis hijos – Hermione no iba a quedarse callada, Ginny podía aguantar en silencio todo lo que soltasen de su hijo, o que soltase su marido y su hermano – Y no será mi marido quien te ponga en tu sitio, mis hijos no han dejado de enviarme quejas de lo mal que lo pasan en este colegio porque tu prole esta destrozándole la adolescencia.

-Haberlos dejado en un colegio muggle – Soltó Lavender, idea copiada de su cuñado. Que poco original.

-Y tu deberías haber educado mejor a tu hijo, o no haberlo tenido, Lavender – No le hacía falta gritar para que la otra mujer bajase todavía la cabeza – Mis hijos tienen tanto derecho como el tuyo, y hablo de los cuatro, de entrar en el mundo mágico, si no más.

-No, a tus hijos lo que habría que hacer es romper sus varitas y pegarles una patada fuera de Hogwarts junto a su padre, ¡no tienen derecho a la magia! Su sangre si que es sucia…

Ron no acabó de decir su discurso hasta que Malfoy lo cogió por el cuello de la túnica, levantándolo y sacudiéndolo.

-Te avise, Weasley, mis hijos son tabú para ti, para Potter, para todos, sólo yo y mi mujer tenemos el derecho de regir en su vida – Levantó el puño y con la misma Harry lanzó un hechizo que la hizo un corte en el brazo.

-Suéltalo, Malfoy, porque el próximo no fallará.

-¡Basta ya! – Minerva estaba de pie, mirándolos reprobadoramente – ¡No me extraña el comportamiento de sus hijos si los padres se comportan como salvajes!

Los hombres se separaron, volviendo a sentarse.

-No volveré a llamarlos a reunión por el comportamiento de sus hijos, la próxima pelea acabara en expulsión. Por ahora, cincuenta puntos menos para Gryffindor por cada uno, eso serán cien puntos, y veinticinco puntos para Gryffindor por cada uno de ustedes, señores Malfoy por un comportamiento más civilizado.

Los despidió murmurando algo que sonaba sospechosamente a "De tal palo, tal astilla"