Autora: Siento haber tardado tanto en subirlo, he estado algo liada con la Universidad, y al final conseguí estar un rato libre para escribir el capítulo XIV. ¡Felicidad! Nos acercamos a navidad, y yo quería hacer las navidades de esta familia de magos y brujas. Les presento el nuevo capítulo:
Capítulo XII – Christmas, sweet Christmas.
Las navidades habían llegado y se habían ido como si no hubiesen pasado nunca, lo achacarían más tarde, a que fue un período de tranquilidad en la vida de los Malfoy. Sorprendentemente, el día de Navidad por la tarde, mientras ponían la mesa, dos sonoros "pop" en el jardín trasero la alertaron de que había llegado alguien, al asomarse le sorprendió encontrarte a Sirius Black y Severus Snape. Draco estaba feliz, sin demostrarlo, por la aparición de su padrino.
-Lamentamos llegar tan tarde, Molly no nos dejaba irnos y hemos tenido que fugarnos a medias – Se reía Sirius mientras entraba, mirándolo todo – Tenéis una casa muy bonita.
La abrazó fuerte, había extrañado a Hermione durante los trece años que habían pasado y no creía ni por un segundo que estuviera muerta como muchos habían pensado. Para él Hermione seguía viva, algo en su corazón le decía que estaba bien y lo dejó pasar. Luego no podía dejar de decirse que había estado mejor que bien.
-Si, no sé porque sigue invitándome después de tanto tiempo – Quizás no lo creyese de verdad, pero Snape era muy querido entre los miembros de la Orden, incluso siendo un ex – mortífago, después de saber qué es lo que realmente hizo – No es como si fuésemos familia.
Por los huecos de las escaleras los hijos menores observaban a los recién llegados, mientras que sus hermanos estaban en el cuarto de Viola haciendo los deberes.
-Ya, Snivellus, yo tampoco sabré nunca por qué sigue invitándote – Aunque claro, Sirius nunca dejaría de atormentarlo – Ni siquiera te habla como le habla al resto de solteros. Puede que contigo haya perdido la esperanza.
-No todos somos unos inmaduros que no saben que ya no sentaran cabeza en su vida, Black, ni chuchos que vamos limosnando cariño.
Se gruñeron un rato hasta que dos pares de risitas los sacaron de sus asuntos personales.
-Hola – Los niños miraron con interés a Sirius según iba avanzando y se quedaba al otro lado de la barandilla – Soy Sirius Black, el es Snape, o Snivellus, si lo prefieren.
-Tienes un pelo muy bonito – Las pequeñas manitas de Valeska empezaron a enredarse entre el pelo de Black que sonrió – Pero el de mi papá es más mejor.
-Estoy seguro, princesa, ¿cómo te llamas?
-Valeska Elizabeth Malfoy.
-¿Y tu, campeón? – El niño estaba más callado, observando todo en silencio.
-Regulus Titan Malfoy, señor.
-Niños, ¿por qué no suben a bajar a sus hermanos? – Draco se sentó en su sillón favorito mientras Hermione preparaba la cena – ¿Un whisky?
-¿Por qué Regulus? – Sirius aceptó la bebida, Snape la rechazó y se sentó, esperando también una respuesta.
-Según Hermione, tu hermano es un héroe y nadie lo recordaría, así que se lo pusimos a él. Le queda bien, mejor que Lucius.
-Ninguno de tus hijos tiene ni un solo nombre de tus antepasados, Draco.
-Eso es, profesor Snape, porque esperamos ponérselo al siguiente que venga.
-¿Siguiente?
Más Malfoy por el mundo, y acabarían controlándolo, sus artimañas, sus formas, todo lo que constituía a un Malfoy sería adorado, Voldemort debería haberlos usado mejor y hubiese ganado.
-Nuestros hijos son maravillosos, y si viene alguno más será bien recibo – concluyó Draco, mirando a su mujer con ojos llenos de amor. A Snape casi le daban arcadas.
Si, sin lugar a dudas las navidades eran dulces en familia, sin tener que soportar a ningún Potter o Weasley, y Draco siempre recordaría esas navidades porque a pesar de que ahora todo el mundo mágico sabía que seguían vivos y tenían hijos, no les habían lanzado granadas. Ver de nuevo a su padrino le alegraba bastante.
Una visita muy insospechada fue el día de Año Nuevo, tocaron a la puerta cerca de las seis de la tarde, los niños viendo la tele y Hermione acabando de vestirse para la fiesta que darían para sus amigos no-mágicos.
-Buenas tardes, Draco – Ginny Weasley se presentó frente a la puerta, en Año Nuevo, con una gran sonrisa y tratándolo como si fueran amigos de toda la vida.
-¿Qué haces aquí, chica Weasley? Si es para atormentar a mi familia…
-Solo vengo a traer…bueno, pensé que quizás…son unos regalos para los niños, lamento mucho lo que pasó con los niños, pero yo no odio a Mione…
-¿Quieres pasar? No nos gustaría que nuestros vecinos te vieran aquí parada.
-Si, claro…No me gustaría molestarles. – Entró despacio y sacó del bolsillo varios paquetes.
-¿Quién era, Dra…? ¡Ginevra! ¿Qu…qué haces aquí? – Hermione se quedó de forma imperceptible delante de sus hijos - ¿No deberías estar con tu familia?
-Si, bueno, pero quería venir a verte y traerle a los niños unos regalos, yo…estoy tan feliz de que estés viva, incluso si estas casada con un Malfoy, y tus hijos parecen estar muy felices…Sólo vengo a traerles unos regalos.
-Um…muchas gracias, Ginevra, yo no tengo nada para tu familia, desde que parece ser que Ronald, Harry y tus hijos nos odian – Junto a más de la mitad de la sociedad, para no ponerlo en palabras.
-Cambiaran de idea tarde o temprano, no soportaran saber que estas aquí y no hablar contigo – Sonrió y tendió los paquetes a los niños y luego a los padres – Ya sabes como son, solo tienen que acostumbrarse a la idea.
Estuvieron con ella, Valeska jugaba con su muñeca mágica, que se movía como si fuera una auténtica modelo y le aconsejaba que ponerse de ropa. Regulus estaba subido en una pequeña escoba que simplemente planeaba. Para Viola le había regalado unos pendientes en forma de estrella de mar, no muy grande, que le decían cumplidos, todos ellos siendo verdad y a Scorpius un broche de Gryffindor para la capa de su uniforme. Estaban felices, una gran navidad.
-Estás han sido unas buenas navidad, mamá – se despidió su hijo cuando se iban a ir a ya en el Hogwarts Express.
Y nunca tendrían más razón, después de todo, aunque fuera poco, que Sirius, Snape y Ginny los visitasen por Navidad y los tratasen como si fueran personas, no mortífagos, ni sabelotodos. Solo faltaba que el resto se fueran acostumbrando. Según Sirius, Remus también se moría de ganas por visitarla, pero era algo más complicado que la visitara desde que tenía que cuidar de Ted y hacer su trabajo. Snape le dijo que cada vez que se transformaba tardaba más y más tiempo en curarse.
-Quizás sea la poción, quizás sea que cada día es más viejo.
Pero ahora estaba preocupada por su viejo amigo y confidente.
