La noticia
Selló la carta con cuidado y se la entregó a Luce, ella sabría entregarles la carta aunque él mismo no supiera donde se hallaban. Luego bajó hasta la cocina para desayunar con sus padres y Lilly.
-Recuerda que hoy iremos a La Madriguera.- Le avisó Ginny a su hijo. Las vacaciones de invierno acababan de comenzar y como todos los años pasarían esas semanas en la casa de sus abuelos, con toda la familia.
-¿Irán Vic y Teddy?-Preguntó Lilly emocionada.- Quiero ver la pequeña Adele.
-Sí, ayer hable con Teddy y me dijo que irían.- Respondió Harry mientras se ponía en pie. Todos comenzaban a prepararse para partir.- Dice que Adele ya habla perfectamente y que le encanta bailar. La llevarán, por supuesto.
-¡Qué bien! Estaba muy triste por no haber ido a su tercer cumpleaños. No puedo esperar por verla.- James también irá, ¿verdad?
-Claro que sí, lo mataré si falta a la primer reunión familiar desde que se fue a vivir sólo.- Ginny ya repartía los polvos Flu.
-No, gracias. Yo iré a buscar a Natalí, luego iremos juntos a La Madriguera.
-De acuerdo, pero no vayan muy tarde.- Saludó rápidamente a su familia al tiempo que desaparecían entre las llamas verdes y luego se puso su abrigo y se encaminó a la casa de su novia.
Ciertamente estaba más nervioso de lo que aparentaba, y ese nerviosismo se reflejaba en el ligero temblor de sus manos y en su paso apresurado. Por eso, cuando Natalí abrió la puerta, lo abrazó fuertemente y lo besó con ternura.
-Será más fácil de lo que crees … y yo estaré contigo.- Volvió a besarlo una vez más.- Tienes las mejillas frías, ven usaremos mi chimenea.- Lo tomó de la mano y lo arrastró dentro de la sala.
Allí estaban los padres de Natalí que lo saludaron afectuosamente, como siempre. Ellos lo sabían desde hacía una semana, por eso le desearon suerte y le aseguraron que todo saldría bien.
Finalmente tomaron sus polvos flu y se metieron con confianza en las llamas verdes. Lo próximo que vieron fue la sala de la Madriguera y a un grupo de gente saludándolos con cariño.
Allí estaba toda la familia Weasley, tíos, primos y ahora uno que otro sobrino; como Adele, que corría hacia ellos. Albus la alzó y la saludó con un beso en la mejilla. Luego la niña pidió que la bajaran al piso y comenzó a correr nuevamente por toda la habitación.
-Hola, Vic.- La rubia miró a su primo y se acercó a saludarlo igual que a Natalí.- ¿Buscas a tu hija?
-¿La has visto? Está corriendo por todos lados y no puedo encontrarla.
-Acaba de pasar por aquí.- Respondió Natalí.- Pero al momento se fue, creo que hacia la cocina.
-Gracias, ojalá esté allí.- Luego se marchó en la dirección indicada.
-Ven, vamos a saludar a los demás.- La morena tomo la mano de Albus y lo guió entre la gente al tiempo que saludaba a todos.
Albus se encontraba tan controlado por los nervios que ni siquiera notó el momento en el que todos se sentaron a la mesa. Pero de algún modo el tiempo transcurrió hasta la hora del postre, tradicional para hacer los anuncios en la familia Weasley.
Miró a Natalí para encontrar confianza en sus ojos marrones. Ella le sonrió, verdaderamente feliz, y apretó su mano para darle ánimo. Entonces Albus sonrió también y se puso en pie, aclarando su garganta para atraer la atención de sus familiares. Nati se paró a su lado y él la abrazó para sentirla bien cerca.
-Familia, - finalmente dijo.- tenemos una noticia. Natalí y yo… nos vamos a casar.- La reacción fue casi instantánea, miles de felicitaciones de abrazos, risas y hasta lágrimas.
Harry se acercó a abrazar a su hijo y su futura nuera, del mismo modo que Ginny, con lágrimas en los ojos. Comenzó después de ellos, un interminable desfile con todos los miembros de la familia que se acercaban a felicitarlos y desearles lo mejor. Entre ellos, Teddy y Victorie con su hija en brazos.
-¿Les avisaron?- Preguntó el metamorfo con en un susurró casi inaudible en el alboroto general. A ninguno de los dos le hiso falta preguntar de quién hablaba Ted.
-Los primeros.- Respondió Albus, recordando a Luce que debía estar viajando en ese mismo momento.
Querida Rose:
Primita, ¿Cómo están todos? Espero que muy bien. Lamento no haber mandado a Luce con una carta antes, es que no había ocurrido nada que ameritará un viaje tan largo. De cualquier forma, esta carta sí tiene una noticia muy importante.
¡Le pedí a Natalí que se casara conmigo! Y ella aceptó, por supuesto. Tendrías que haber visto su cara de sorpresa, fue como para retratarla. Al fin siempre tuviste razón cuando bromeabas diciendo que terminaríamos juntos =)
Ahora viene una petición:
Tú, además de ser mi prima favorita eres la mejor amiga de Nati y Scorp, además de ser tu esposo es mi mejor amigo. Ni Nati ni yo queremos a otros padrinos que no sean ustedes. Por lo que los estamos semi-obligando a que regresen =)
Sé que me dijiste que estaban planeando regresar en algún momento del año que viene, tal vez podrían apresurar un poco esa fecha y así estar para nuestra boda.
Aún no tenemos ninguna fecha, porque estamos esperando a su respuesta. Les puedo asegurar que nosotros somos tan sólo los primeros en la larga lista de personas que los quieren de vuelta.
Un gran beso a los niños y a ustedes.
Los queremos y los extrañamos.
Albus P.
-Scorpius.- La pelirroja se encontraba en la cocina de su pequeña casa en la Ville Invisible. El aludido, que se encontraba sentado a la mesa realizando unas cuentas, alzó la vista hacia ella.- Debemos volver.- Al ver que no parecía entenderle le acercó la carta que su primo le había enviado.- Creo que es hora de regresar a Inglaterra.
-Así parece.- Coincidió el rubio, pasándose una mano por la cabeza mientras pensaba.- Es más, creo que es el momento indicado. ¿Recuerdas lo que te dije de las inversiones en otros pueblos mágicos?- Rose asintió recordando la charla de unas semanas atrás.
Unos meses antes de morir, el señor Candau había convertido a Scorpius en sus socio y parte dueño de la heladería en la que había trabajado en sus primeros tiempos en la Ville Invisble. A su muerte, la poca familia que quedaba del hombre en Francia hiso todos los trámites y le dejaron al Malfoy todo derecho sobre el negocio y luego partieron del pueblo.
De este modo, Scorpius pasaba a ser el dueño de un próspero local, que con una buena dirección y una mente visionaria como la suya comenzaba a hacerse más grande. Había logrado establecer sucursales "muggles" en algunos pueblos cercanos a la Ville Invisble, donde muggles acudían a disfrutar de los exquisitos helados sin saber que sus meseros eran magos de todas partes del sur de Francia.
Pero la verdadera ambición de Scorpius era poder expandirse hacia los pueblos mágicos, y si podía, llegar hasta Inglaterra y así regresar con su familia a su patria. Esa oportunidad se le había presentado unos meses atrás cuando, luego de largos intercambios y reuniones, el últimos descendiente de Florean Fortescue, el conocido heladero del Callejón Diagon, aceptó vender el local a Scorpius para que allí estableciera otra de sus sucursales. Esa, sumada con otras tres que podría abrir en el próximos mes y los 5 locales que ya poseía, le garantizaban un sustento suficiente para trasladarse a Gran Bretaña y desde allí controlar los negocios con la ayuda de su nuevo socio, un francés, esposo de una de las más íntimas amigas de Rose desde que vivían en Francia.
Rose, al tanto de todos estos sucesos, aguardaba ansiosa el momento de regresar a su tierra. El rencor y el temor hacían tiempo se habían marchado de su corazón y añoraba ver de nuevo a su familia y en especial a Albus y a su mejor amiga.
La boda de estos últimos sólo era la mejor escusa para apresurar aún más los trámites de la mudanza.
-¿Volveremos, entonces?- Era imposible no notar la esperanza en la voz de la pelirroja. Su esposo sonrió feliz de notar que ella ansiaba tanto el regreso como él mismo.
-Deberé hablar con Marcus y cerrar los tratos con los muggles de Toulouse que esperan la confirmación para el alquiler de su local… -Guardó silencio unos segundos organizando su mente y los próximos sucesos.- Pero yo te diría que vayas escribiendo la respuesta para Albus y Nati. Pídeles que te confirmen la fecha lo antes posible, pero asegúrales que esta vez volvemos y nos quedamos.
La alegría no cabía dentro del pecho de Rose. Se alanzó sobre su marido y lo besó de lleno en la boca. Él sin dudarlo correspondió el beso, igual de feliz que la pelirroja. Por fin regresarían a sus raíces y podrían ser la familia feliz que tanto añoraban, aunque ese último tiempo no había tenido razones para quejarse de Francia, extrañaba el aire británico y la cercanía de su familia. Sin duda, esa era la mejor decisión.
