Lamento la tardanza, el comienzo de clases me tomó desprevenida xD, espero que les guste el capítulo…
Vuelta a casa
Los últimos papeles ya habían sido arreglados, ahora sólo esperaban que el traslador los llevara a través del mar, hasta Malfoy Manor, dónde Draco y Astoria (avisados por una carta de su hijo) esperaban la llegada de la familia de Scorpius.
La casa había sido cerrada con cuidado y pronto sería alquilada por una pareja de magos recién casados. Ahora los Malfoy-Weasley esperaban aparecer en su querida Inglaterra, para luego moverse a su nueva casa, cerca de Londres en un pueblo con una gran comunidad mágica.
Su equipaje sería enviado justo después de ellos, exactamente al mismo lugar.
Rose apretó con fuerza a sus hijos cuando sintió como un gancho tirando de su ombligo y la falta de aire propia de la aparición.
Sostuvo firmemente la mano de Crystal y abrazó contra su pecho a Leo, que había rodeado su cuello con sus cortos bracitos.
Ya con ambos pies sobre la tierra, levantó la vista e inspiró con fuerza. Allí, frente a ella, la mansión de los Malfoy se alzaba imponente, tal y como la recordaba luego de tanto tiempo desde el último verano al que fue allí.
Scorpius, visiblemente feliz de encontrarse en la que fue su casa de la infancia, rodeó a Rose por la cintura y acercó más a si mismo a Jazmin.
-Volvimos.- Fue todo lo que pudo pronunciar. Una sonrisa se le escapó entre los labios y su esposa besó su mejilla, feliz de verlo así.
No llegaron siquiera a la mitad del camino hacia la casa cuando Astoria salió de ésta y emprendió una marcha, casi corriendo hacia su Scorpius.
Olvidó un momento que su nuera y sus nietos estaban allí, y rodeó el cuello del rubio con sus anhelantes brazos de madre que hacía tanto tiempo reclamaban a su hijo.
-Scorpius.- Lograba balbucear entre lágrimas de felicidad.- Estas de vuelta.
-Claro que sí madre.- Respondía el hombre como podía, mientras unas pocas lágrimas que no pudo controlar rodaron por sus pálidas mejillas.
Luego de que el shock inicial pasó, la mujer se aparto de Scorpius y miró a su nuera, que se encontraba de pie frente a ella, expectante.
-Bienvenida, Rose.- Y la abrazó con gran cariño; abrazo que la pelirroja correspondió enternecida.- Así que éste debe ser uno de mis nietos.- Comentó Astoria mientras veía al pequeño de tres años en los brazos de Rose. Su cabello de un rubio rojizo y su rostro pecoso se veía mucho más dulce así dormido.
-Sí.- Respondió Rose, orgullosa.- Se llama Leo.
-Es hermoso.- Conmovida, la nueva abuela perdía sus ojos en el niño.
-Y ellas, - Habló Scorpius tomando a sus hijas de la mano y acercándolas a su madre.- son Crystal y Jazmin, tienen cinco años. Son mellizas aunque no lo parezcan. –Ahora hablándoles a las niñas.- Pequeñas, ella es su abuela Astoria. ¿Recuerdan que les conté sobre ella?- Las dos asintieron y saludaron con un tímido "hola".
-Pero si son unas muñecas. Mellizas, ¿eh? –Miró a su hijo, risueña, cuanto le hubiera gustado a ella ser la que rompiera la tradición Malfoy y tener más de un hijo.- Tienen unos hijos preciosos, felicitaciones muchachos.- Ambos agradecieron el cumplido y ante la invitación de su anfitriona, comenzaron a caminar hacia la gran casa.
-Mamá, ¿Dónde está papá?
-Trabajando, unos asuntos de negocios. Ya pronto volverá, quería estar aquí cuando llegaran.
Unos diez minutos después, los jóvenes ponían al tanto a Astoria sobre algunos hecho de los pasados cinco años. Leo ya se había despertado, mostrando sus muy bonitos ojos grises, y ahora jugaba con sus hermanas en la amplia sala de la casa.
La chimenea se encendió de pronto y allí apareció Draco Malfoy, mirando con una mezcla de sorpresa, alivio y felicidad a su hijo.
Pocas palabras hicieron falta entre ellos, pero no un fuerte y prolongado abrazo, que para ellos fue más importante que mil perdones y excusas. Gustoso, el padre de Scorpius fue presentado a su nuera y a sus nietos.
-Por lo menos el niño se llama Leo.- Comentó ante el hecho que sin primogénito hombre ni un único hijo, la única tradición persistente era al del nombre de las constelaciones. Rose soltó unas risas, recordando su empeño para que su esposo aceptara el nombre.
De igual modo, no parecía molestarle a ninguno de los dos el hecho de tener tres nietos. Se los veía completamente enamorados de ellos, cargándolos y participando en sus juegos.
Las horas pasaron demasiado rápido para Draco y Astoria. Su hijo aceptó quedarse a cenar con la familia, pero poco a poco los niños se quedaron dormidos e insistieron que querían instalarse en su nueva casa.
Con ayuda de sus suegros, Rose llevó a sus hijos y el equipaje a su nueva casa, y allí se despidieron emotivamente de ellos, prometiendo ir a visitarlos lo antes posible y no olvidar llevar a Crystal, Jazmin y Leo.
La casa era bastante normal, dos pisos, tres habitaciones, dos baños, cocina, comedor, sala y un estudio. Sin contar por supuesto la gran chimenea ya conectada a la red flu. Las habitaciones habían sido acomodadas por la empresa de mudanza hacía una semana, por lo que sólo haría falta acomodar el resto del equipaje al día siguiente.
Esa noche, los dos acostados en la cama de su nuevo cuarto, Rose besaba dulcemente a Scorpius, verdaderamente feliz por cómo se estaban resolviendo las cosas.
-Me alegra tanto que estés tan feliz.- Murmuró entre besos. El rubio apartó su rostro un segundo y lo recorrió con el dedo índice en una suave caricia.
-Ahora yo quiero verte feliz a ti. Mañana sin falta veremos a tu familia. Albus y Naty nos esperaran en Grimmuld Place antes de ir a la Madriguera. – El rostro de la pelirroja perdió en parte su sonrisa.
-Me preocupa mi padre.- Él ya sabía de ese miedo que acechaba a Rose. Miedo a que su padre la rechace por estar con él, por tener hijos, por haber preferido el apellido Malfoy y haber huido de los Weasley's.
-Rosie, no tienes que hacerlo. Si te extraño un cuarto de lo que mis padres me extrañaron a mí, correrá a abrazarte sin importarle cuanto me odie. Y teniendo en cuenta que siempre fuiste la niña de papá,- deposito un pequeño beso en sus labios.- dudo mucho que le haya resultado tan fácil sobrellevar tu partida. Confía, el te perdonará cualquier cosa que lo haya ofendido.
-Pero, ¿y qué hay de mí? ¿Podré yo perdonarlo así sin más? ¿Perdonarlo por prohibirme estar contigo, por perseguirnos como animales y hasta avernos conjurado un Avada Kedavra?-Sus ojos azules brillaban con una mezcla de rabia y miedo.- Dime cómo haces tú Scor, para hablar de él y defenderlo sin que te atormente las cosas que hizo por separarnos.- Por toda respuesta la besó con infinita ternura.
-Pienso en lo que haría si me pasara lo mismo con Crystal o con Jazmin; y aunque sé que lo suyo fue extremo, en cierto modo lo entiendo.- Rose asintió pensativa.- Ya deja de atormentar tu cabeza, Weasley, todo saldrá bien. Cuando veas a tus padres en lo que menos pensarás es en sus errores Créeme, ya lo viví hoy.- La mujer rió un poco más tranquila.
-Confío en ti.- Le aseguró apretándose más a su cuerpo.- Podré hacerlo mientras estés a mi lado.
-Siempre, preciosa.- La besó una vez más y luego la abrazó con ternura, disfrutando de aquel bello momento.
-¿No crees que tardan demasiado?- La morena caminaba ansiosa alrededor de la mesa de los Potter. La casa se encontraba extrañamente silenciosa, debido a la ausencia de sus habitantes.
Albus Potter la abrazó desde atrás con ternura.- Te preocupas demasiado.- Luego depositó un beso en su cuello, a lo que la joven respondió con una sonrisa. Se volteó para ver a su prometido de frente y besarlo con ternura.- Tienen tres niños, Naty. No debe ser tarea fácil prepararlos a todos para venir aquí. Pero no te preocupes, llegarán.
La morena se quedó pensativa. Sin soltar los brazos de alrededor del cuello del muchacho inquirió con voz inocente:- ¿Nosotros también tendremos niños?
Albus sonrió:- Todos los que tú quieras.- Y la besó nuevamente pero de manera más intensa, apretando el cuerpo de la joven al suyo mientras jugaba con su cabello azabache.
-Ejem, ejem. Qué bueno que decidí venir sólo antes de traer a los niños. Ésta no es justo la escena que deberían ver mis hijos.- Los novios se apartaron de un salto, sin terminar de relacionar la voz que los había interrumpido con el recién llegado parado frente a la chimenea.
-¡Scorpius!- Natalí fue la primera en identificarlo, un poco más alto y con el cabello más corto. Se abalanzó a sus brazos abrazándolo con cariño, igual que cuando estaban en Hogwarts.
-¡Naty! ¡Cuánto tiempo, loca! ¡Cómo te he extrañado!- Se separaron para darle paso a Albus que abrazó a su mejor amigo, casi su hermano, con gran fuerza, agradeciendo tenerlo de vuelta allí
-Escúchame, tonto, la próxima vez que desees fugarte con mi prima te pondré un rastreador y al pasar los dos meses te traeré de vuelta. No pueden volver a desparecer así, ¿de acuerdo?
-Tranquilo, Al. Ya no tenemos motivos para escondernos.- El moreno sonrió, feliz de tener a Scorpius de vuelta con él.
- Oye, ¿y dónde está mi prima? ¿Y mis sobrinos?
-Aparecerán en unos minutos.- Y como llamadas por la voz de su padre, Crystal y Jazmín llegaron por la chimenea con sus vestiditos de fiesta ligeramente manchados de ceniza.
-¿Papá?- Preguntaron las dos al unísono y en cuánto lo encontraron se acercaron rápidamente a él.
Albus y Natalí se habían quedado embobados mirándolas. No eran ni de lejos lo que se habían imaginado, sino muchas más bellas, casi unas muñequitas. Eran la mezcla perfecta de Rose y Scorpius.
-Muchachos, ellas son Crystal y Jazmin. Niñas, ellos son Albus y Naty. Su madre y yo les hemos contado muchas cosas de ellos.- Las dos pequeñas asintieron, reconociendo a los adultos frente a ellas.- Crys, ellos son tus padrinos.- Los dos morenos miraron a la niña rubia con una amplia sonrisa.
-¿Y los míos, papi?- La voz de Jazmin se escuchó clara en la habitación. Albus, conocedor de quiénes era los padrinos de su sobrina se apuró a responder.
-Tu padrino vendrá en unos momentos, y pronto conocerás a tu madrina, también.- Jaz sonrió satisfecha.
La chimenea volvió a brillar con llamas verdes y pronto Rose Malfoy apareció allí, con el pequeño Leo de su mano.
-¡Naty! ¡Albus!- Las lágrimas de felicidad se agolparon con violencia en sus ojos y corrió a abrazar a su mejor amiga y a su primo favorito. ¡Cuánto los había extrañado!
Sus hijos miraban el reencuentro con ojos inocentes, sin entender el por qué de las lágrimas, pero percibiendo la alegría que flotaba en el aire. Su madre, su padre y aquellas personas que ahora llamarían tíos sonreían ampliamente y hablaban a toda velocidad, secando una que otra lágrima y cruzando más de un abrazo.
-¿Y este pequeño es Leo?- Preguntó Natalí mientras se agachaba frente a su sobrino y pedía su consentimiento para tomarlo en brazos. Al notar que no se asustaba, alzó al niño con mucho cuidado.
-Así es. ¿No te parece totalmente Malfoy?- Rose se acercó a su hijo para besar su mejilla.
-Claro que no, Rosie. –Refutó Albus.- Sus pecas son indudablemente Weasley's al igual que el rojizo de su cabello.- El muchacho sostenía a su ahijada en brazos.
-Y tiene tu misma nariz, cielo.- Agregó Scorpius con Jazmin abrazada a su cuello.
La pelirroja se preparaba para el eterno debate cuando el sonido típico de una aparición les indicó que Teddy acababa de llegar.
-¡Rosie! ¡Scorpius! -El hombre abrazó a su prima con gran cariño y luego hiso lo mismo con el rubio. Luego miró a las dos niñas y al reconocer a Jazmin por su cabello pelirrojo la tomó de los brazos de su padre.- Con que tú eres mi ahijada. Qué bonita eres, ¿te lo habían dicho?
-Gracias.- Comentó con las mejillas rosadas.- Me gusta tu pelo azul.- El joven metamorfo comenzó a hacer gala de sus dones cambiando el color de su cabello, ante el asombro y las risas de su ahijada y sobrinos.
-Teddy, me encanta que juegues con los niños, pero debemos ir a la Madriguera. Comenzarán a preocuparse si no llegamos… buen en realidad ustedes porque a nosotros no nos esperan.- Rose se acercó a su hija y la bajó al suelo.
-Tienes razón.- Coincidió Albus.- Bien, entonces, a pareceremos nosotros primero y nos encargaremos que todos entren a la casa y excusaremos a Teddy con su demora.- Relató el joven para aclarar los planes.-Luego de unos minutos ustedes aparecerán y Vic estará esperando junto a la ventana para avisarnos cuando lleguen… y a partir de ahí… ¡habrá que ver qué sucede!
Todos asintieron y luego de unos momentos Albus y Natalí desparecieron.
Mientras esperaban a que pasara el tiempo, Rose sacudió los vestidos de sus hijas y acomodó sus hebillas del cabello. Luego arreglo la camisa de Leo y finalmente lo tomó en brazos e hiso que cada una de las niñas tomara una mano de Scorpius, aunque Jazmin pidió aparecerse con su padrino.
Confirmaron en el reloj que ya habían pasado diez minutos. Entonces los tres adultos pensaron firmemente en la madriguera y tras unos segundos de asfixia, pisaron el césped del jardín alrededor de la extraña casa.
"¡Que comience la improvisación!" Pensó Rose mientras se acercaba a su esposo y respiraba profundo.
