Siempre estaré contigo

Era una tarde fresca de principio de otoño. Las hojas comenzaban a teñirse de dorados y rojos y le daban a la Madriguera un aspecto encantador. Dentro del extravagante edificio una morena se preparaba para el día más importante de su vida.

-Rose, no puedo.- Frente al espejo la muchacha esperaba, con el cepillo en su enredado cabello, que su amiga pudiera ayudarla.

-A ver, déjame a mí.- Con movimientos rápidos y uno que otro inevitable tirón, el pelo castaño comenzó a ceder y a tomar unas bonitas y prolijas ondas.

-¿Cómo lo haces tan rápido?- Preguntó asombrada mirando a la pelirroja trabajar.

-Tengo dos niñas, ¿Recuerdas? Y el cabello rizado de Crystal no es justamente "domable"- Dejó escapar unas risas y se acercó a la cómoda frente a su mejor amiga para tomar unas cuantas hebillas violetas elegidas para la ocasión.- ¿Quieres que te haga un recogido o lo llevarás suelto?

-Suelto, por favor.- Entonces Rose tomó aquellas mechas rebeldes de cabello que siempre caían en el rostro de la morena y los acomodó hacia atrás en pequeñas torsadas, sujetándolas con las hebillas y dejan el resto de su cabello suelto.

-Llamaré a Victorie para que te maquille y yo buscaré tu vestido. Quédate aquí que no quiero que mi primo te vea.- Besó la mejilla de su amiga y se marchó velozmente.

Un buen rato después, Natalie se encontraba lista que ser enfundada en su hermoso vestido de novia.

Mientras la ayudaban a vestirse para que no se estropeara ni el cabello ni el maquillaje, Victorie y Rose retomaron la conversación que habían empezado unos momentos antes.

-¿Entonces tú y Scorpius no están casados?-La rubia ataba con cuidado la cinta en la parte de atrás del vestido.

-¡Claro que estamos casados!- Exclamó Rose.- Sólo que no tuvimos para nada una ceremonia tradicional, ni nada de esto, ni si quiera iba de blanco. Fuimos con un juez y unos amigos para ser nuestros testigos y por supuesto Cry y Jaz que por entonces tenían diez meses. Luego tuvimos una pequeña fiesta en la posada donde todavía vivíamos.- Se alejó unos pasos para asegurarse de que el vestido estaba en su lugar correcto y sonrió.- Te queda perfecto, Nati.

-Gracias.- Miró su vestido nerviosamente y acarició la suave seda de la falda.- Pero, ¿nunca quisiste poder celebrar tu matrimonio como siempre soñaste? ¿Con vestido, fiesta, tu familia y toda la cosa?

-Pues, claro que me hubiera gustado tener a mi familia… pero no cambiaría mi casamiento por nada. Fue sencillo, sí, pero fue verdadero… sabía que aquello significaba realmente que estaríamos juntos el resto de nuestras vidas.- Cerró los ojos recordando el momento.

-Yo habría hecho una fiesta de todas formas.- Aseguró Victorie que en ese momento traía los zapatos de la novia.- Habría invitado a todo el pueblo y también hubiera comprado…

-Ya, Vic. Sabemos que te gustan las fiestas a lo grande. Fuimos a tu boda ¿Recuerdas?- La rubia se dio cuenta de que se estaba yendo por las ramas y se volvió a concentrar en Natalie, sentada en el borde de la cama con una visible muestra de ansiedad.- Tranquila, Nati. Todo irá perfecto.

-Lo sé, es que estoy… muy emocionada. Siento que no puedo esperar para dar el sí…- Se rió de su propio tono de impaciencia, más agudo y rápido, y luego respiró profundo tratando de tranquilizar su corazón.- Rosie, ¿No deberías haberte cambiado ya?- De pronto reparó en que su mejor amiga traía la misma ropa que durante la mañana. La única diferencia era el delicado recogido con unos cuantos rulos colorados cayendo sobre su hombro y por supuesto el maquillaje de Victorie.

-Estaba esperando a que estuvieras lista. Veré si tu mamá ya llego y le diré que suba. Pero antes…-Entonces rebuscó algo en su abrigo que había dejado colgado en una silla. Sacó entonces una delgada caja plateada, no muy ancha, con un bonito moño blanco encima.- Esto es de parte de Scorpius y mía, espero que te guste.

Natalí tomó el pequeño paquete y al abrirlo encontró una pulsera plateada con pequeños dijes azules y blancos.

-Sé que te gusta el violeta, pero ya sabes: "Algo azul, algo viejo, algo nuevo, algo prestado…"

-Lo que nos lleva.- Victorie dio un paso al frente con una cajita pequeña que guardaba adentro unos aretes pequeños y delicados, de color plateado.- "Algo prestado". Los hemos usado Roxy, Molly y yo en nuestras bodas… ahora te toca a ti.

-Muchas gracias.- Fue todo lo que pudo articular antes de abrazar con gran cariño a Rose y Victorie.- Diablos, me harán llorar.

-No, por favor, se te correrá el maquillaje.- Las tres rieron y al fin Rose se retiró para vestirse y asegurarse que sus hijos ya estaban listos para la boda.

-¿Nervioso?- Scorpius entró al cuarto dónde Albus terminaba de alistarse para la boda… su boda.

-No, para nada.- El sarcasmo no hiso más que arrancarle unas cuantas risas al rubio.- ¿Es que cuando tú y Rose se casaron no tenías nervios?

-Teniendo en cuenta que llevábamos más de un año viviendo juntos y teníamos dos hijas, no me preocupaba que me dijera "no" en el altar. Por otro lado, tampoco fue una gran ceremonia de la que tuviera que ocuparme. Fue algo muy sencillo.- Sonrió de lado.- Creo que tú tampoco deberías preocuparte por eso. Ustedes se aman y eso es lo más importante. Nati no te dejará plantado… eso espero.- El rostro del Albus se empalideció provocando nuevas risas de su mejor amigo.- Estoy bromeando. Todo saldrá bien. Y ahora intenta peinarte que en un minuto vengo a buscarte para la ceremonia.

Se acercó a su amigo y lo abrazó con cariño.

-Gracias por elegirme como tu padrino.

-¿Quién más podría haber sido? Tú has sido mi mejor amigo desde los once años, no podría haber aceptado otro padrino que no fueras tú. Gracias por haber regresado para la boda.

-Gracias a ti por toda la ayuda que nos diste a Rose y a mí.- Volvió a abrazarlo una vez más, sin poder encontrar otras palabras que describieran la enorme gratitud que sentía por Albus, quién había sido casi su hermano y su mayor apoyo desde hacía tantos años.- Prepárate que falta menos de una hora.

Luego se marchó de la habitación, topándose con una atractiva pelirroja en un bello vestido violeta claro.

-Que bella te ves, Rosie.- La tomó de la cintura para besarla suavemente en los labios. Ella sonrió y rodeo su cuello con los brazos, profundizando un poco más el beso.

-Tú también estás muy guapo.- Comentó separándose de su labios. Acomodó un poco la corbata de su esposo y volvió a besarlo dulcemente.- Deberías usar traje más a menudo.

-Aún no entiendo por qué tengo que usar esto y no una túnica de gala.

-Porque la familia de Natalí es latina y ellos no usan túnicas en sus bodas.- El rubio asintió levemente y se acercó a Rose para volver a besarla con ganas, pero esta se apartó un poco y sonrió ante la cara de desconcierto de Scorpius.

-¿Recuerdas la boda? Tengo que ir a ver que Nati esté lista. Me imagino que los niños ya están vestidos.- La implícita amenaza en la última afirmación habría espantado a cualquiera.

-Por supuesto que lo están. ¿Qué tan irresponsable me crees? Crystal y Jazmin andan jugando en el patio con Teddy y Leo está en el comedor con Adele y tu mamá cuidándolos.

-De acuerdo. Mejor que sea así. Voy a buscar a Natalí entonces, prepara a Albus que en media hora empieza la ceremonia.- Comenzaba a caminar cuando el brazo de Scorpius la detuvo y le robó un último beso.

-Ya puedes irte, nos vemos afuera.

-Tranquila, respira profundo y camina despacio, todo saldrá bien.- Rose vio a sus hijas caminar por el pasillo, dejando caer pequeños pétalos violetas en su camino. Un pequeño cambio en la música le indicó que era el momento de su entrada y le dedicó una última sonrisa a su mejor amiga.

Entró Rose a la elegante carpa adornada con cientos de flores blancas y violetas, precediendo a la novia en su papel de dama de honor. Podía ver a su primo nervioso, antes de ver entrar a la morena y a Scorpius a su lado sonriendo orgulloso. Supo que su amiga había aparecido cuando los ojos de Albus se abrieron con asombro mirando a alguien justo detrás de ella. Llegó entonces al final y volteó para ver a Natalí caminando del brazo de su padre.

El vestido era perfecto para ella. El corsé bordado con pequeñas flores de un lila muy pálido tenía delgados breteles y se ajustaba a su torso con gentileza, sin dificultar la respiración. La falda del vestido no era muy amplia, de seda blanca y un poco vaporosa. A la altura de la cintura, las dos piezas se unían con una ancha cinta violeta claro atada hacia atrás con un pequeño y delicado moño.

Aunque, sin duda alguna, lo más bello de la apariencia de Natalí era su gran sonrisa de felicidad y el brillo en sus ojos producto de la emoción y una que otra lágrima.

Al llegar junto a Albus, el señor Arroyo unió las manos de los novios y besó la mejilla de su hija antes de ocupar su lugar junto a su esposa. Comenzaba entonces la ceremonia.

Albus Potter era en ese momento el hombre más feliz del mundo. "Puede besar a la novia" había dicho el juez y el no demoró ni un segundo la acción.

Rodeó la cintura de su flamante esposa con una mano para acercarla a su cuerpo y acarició con ternura su mejilla antes de unir sus labios. Natalí rodeó su cuello con ambos brazos y profundizó un poco más el beso.

Al separarse los primeros en abrazarlos fueron sus mejores amigos. Rose lloraba de alegría sin poder contener las lágrimas y luego por poco ahorca al pobre Albus que no podía quitar la boba sonrisa que se había adueñado de su rostro.

Antes de salir de la carpa donde se llevó a cabo la boda Natalí arrojó el ramo de flores blancas y violetas, como es tradición. La gran multitud de chicas se amontonó bajo las flores que caían, pero finalmente el ramo terminó en las manos de Lilly Potter.

Su padre miró preocupado a la pelirroja guiñarle un ojo a Lorcan Scammander y luego acercase para besarlo. Al mismo tiempo, James y Albus intercambiaban una mirada, acordando que luego tendrían que hablar con el chico Scammander sobre Lilly.

-Hasta me da pena el pobre Lorcan.- Comentó risueña Natalí antes de besar nuevamente a su esposo.

Unas cuantas horas después, terminada la cena, llegó el momento del vals de los novios.

Albus y Nati ocuparon el centro de la pista y comenzaron a moverse al ritmo de la música. Luego de varios minutos el papá de Natalí ocupo el lugar del novio y después de él vino Harry. Del mismo modo, el moreno bailó primero con su madre y más tarde con su suegra.

Rose, previendo que pronto todo el mundo sacaría a bailar a sus amigos, se acercó con Scorpius a las dos parejas rápidamente. La Malfoy tomando el lugar de la señora Arroyo y Scorpius el de Harry Potter.

-Felicidades, Al. No sabes lo feliz que me siento de verlos juntos.

-Aún no puedo creer que sea verdad. Todavía me acuerdo cuando bromeabas con que Nati y yo estábamos hechos el uno para el otro.- Los ojos le brillaban cada vez que mencionaba a su, ahora, esposa.- Y ahora míranos.

-¿Cuántas veces tendré que decirlo? Yo siempre tengo la razón, primito.

-Sí, claro. Había olvidado que eras Rose "Yo fui a Ravenclaw por eso soy más inteligente" Malfoy.- Ambos rieron y se abrazaron con mucho cariño.

Unos minutos después, ella y Scorpius tuvieron que dejar la pareja a los siguientes bailarines y se dispusieron a bailar juntos.

-¿Recuerdas nuestro primer vals de casados?-Susurró Scorpius en el oído de Rose.

-¿Cómo podría olvidarlo? Fue uno de los momentos más felices de mi vida.- Cerró los ojos dejándose llevar por el rubio mientras traía a su memoria aquel día.- Recuerdo el vestido amarillo claro que usaba y cómo me sujetaste por la cintura. También me acuerdo de tus ojos grises mirándome y el beso que me diste a mitad del baile.- Se acercó a su esposo para besarlo dulcemente, sólo sobre los labios.

-¿Y recuerdas qué te dije mientras bailábamos?- La pelirroja lo miró a los ojos y sonrió.

-"Siempre estaré contigo"- Entonces fue él quien la besó, más profundo y más intenso.

-Siempre. Nunca lo olvides.-Y besó una vez más esos labios que tanto amaba.