Notas de la autora: Esto es un experimento, un fic con el océano Atlántico de por medio. xoc13 me propuso que escribiéramos esta historia a medias así que en eso andamos. Yo la publico en español y ella en inglés así que si se os da mejor el inglés podéis pasaros por su historia.
Sentimos la tardanza y esperamos que os guste.
Disclaimer: "Volver a empezar" es un fanfic basado en la serie Bones. Booth, Brennan y el resto de los personajes mencionados son propiedad intelectual de su creador, Hart Hanson, de la antropóloga forense Kathy Reichs y de la cadena Fox. Ni xoc13 ni yo intentamos violar las leyes de copyright, ni obtenemos ningún tipo de remuneración económica por escribir esto. Sólo escribimos para divertirnos y con la idea de compartirlo para que más gente lo disfrute.
Capítulo 2
Brennan daba una vuelta alrededor de su apartamento tratando de familiarizarse con todo. Aparentemente, durante el tiempo que no recordaba se había ido mudando de apartamento. Dado que tenía que esperar el resto de la semana incluido el fin de semana hasta que pudiera aparecer por el Jeffersonian, por poco que la espera le gustara, se estaba dando una vuelta por su apartamento. Cuando llegó a la librería de la sala comenzó a mirar los títulos. Su mirada se posó en un libro y rápidamente lo tomó. Era su primera novela y según leía las primeras líneas recordó que había estado trabajando en ese libro antes de que la emparejaran con Booth para aquel caso. Revisó el año en el que fue publicado y llegó a la conclusión de que le faltaban recuerdos de mucho más que unas pocas semanas. Suspiró y devolvió el libro a su sitio. Cogió los libros que seguían a aquel primero y también miró las fechas de publicación de todos ellos.
Años. No le gustó ese pensamiento.
Brennan cruzó el descansillo y tocó en la puerta del vecino.
-Doctora Temperance Brennan, ¿qué puedo hacer por usted?
Un hombre alto, musculoso y muy atractivo respondió a su llamada. Brennan miró al sudoroso hombre que llevaba pantalones cortos y una camiseta de tirantes.
-Eh… -No sabía si conocía o no al hombre y estaba buscando el término adecuado para llamarlo cuando él se adelantó.
-Soy James –aclaró y señaló su propia cabeza-. Me han contado lo de su accidente-. Le dedicó una sonrisa suave y Brennan asintió.
-Me estaba preguntando si quizás tienes un periódico y si me lo podrías prestar –Brennan fue directamente al grano.
-Na, no soy la clase de tipo que tiene el periódico.
Brennan estaba a punto de volver a su apartamento cuando él le dijo que esperara un momento. Su vecino salió de su apartamento, cruzó el descansillo y tocó una puerta. Una mujer joven abrió la puerta y Brennan miró mientras el hombre hablaba, dedicándole a la mujer una sonrisa radiante. Brennan sentía que James y su sonrisa le recordaban a alguien… a Booth.
Pero, ¿por qué? Se preguntó a sí misma mientras veía a James caminar hacia ella con el periódico en la mano.
-Si necesitas algo más, simplemente toca la puerta –ofreció con un guiño y una sonrisa mientras le pasaba el periódico.
Brennan regresó a su apartamento y cerró la puerta. Se sentó en el sofá de su sala de estar para ojear el periódico y lo primero que buscó fue la fecha.
Angela se encontraba en su oficina cuando sonó su teléfono móvil. Cuando vio que era Brennan se preguntó qué pasaría. La artista se alegraba de haberle apuntado su número a su amiga.
-Cielo, ¿algo va mal? –preguntó Angela, con el bolso en la mano, preparada para irse.
-¡Años! –Brennan hablaba rápido, preguntándole a Angela por qué no le había contado que su pérdida de memoria era de ¡años!
-Cielo, cálmate, no es bueno para ti estar agitada. Estaré ahí enseguida –Angela le pidió a Brennan que la esperara y rápidamente salió de la oficina. Angela asomó la cabeza en la oficina de Cam y le dijo que tenía que irse. La patóloga simplemente miró a la veloz artista. Cam esperaba que no fuera nada serio; y más sabiendo que Angela era quien mantenía un contacto más cercano con Brennan.
B&B
Brennan cruzó el descansillo y tocó la puerta de James. Su vecino abrió la puerta, tapado con una toalla y aún húmedo de su ducha.
-Gracias –Brennan le pasó el periódico al hombre y este lo cogió, diciéndole que podía tocar a su puerta siempre que lo necesitara. Brennan sólo le dedicó una sonrisa incómoda según volvía a su apartamento. James la despidió con la mano pero la antropóloga ya estaba en su apartamento. Se encogió de hombros y se dirigió a devolver el periódico a su dueña. Estaba de vuelta a su apartamento cuando Angela salió del ascensor.
-Buenas –saludó él frente a la puerta de su casa.
-Buenas –Angela devolvió el saludo al extraño y tocó la puerta de Brennan.
-¡Años, Angela! ¡Años! –Brennan se paseaba frente a la artista y Angela no supo qué hacer más que abrazarla. Brennan se sintió cómoda en el abrazo, a pesar de no ser la clase de persona que abraza a menudo. Cuando se separaron, las dos se sentaron y se pusieron a hablar. Angela le aseguró que ella estaba ahí para cualquier cosa que necesitara. Brennan asintió, sabiendo que era capaz de compartimentar la situación… al menos esperaba serlo.
-Así que, ¿has tenido ya algún recuerdo? –preguntó Angela mientras preparaba algo para comer para ambas.
-Eh… sí –Brennan agitó la mano quitando importancia al recuerdo, sin entrar en detalles.
-Bueno, tengo entendido que las heridas en la cabeza son muy impredecibles, pero diría que es bueno que ya estés teniendo recuerdos –dijo Angela a Brennan mientras le pasaba un plato a su amiga. La antropóloga asintió mientras se sentaba y se sumergía en su comida.
-¿Angela?
-¿Sí, cielo? –preguntó Angela mirando a su amiga.
-¿Estaba/estoy viendo a alguien? –Brennan quería/necesitaba saber si su recuerdo era algo de una sola vez o si había algo más con Seeley Booth.
-No, que yo supiera –comenzó Angela. Sospechaba que esos dos se traían algo, pero no se lo podía decir a Brennan sin estar segura-. ¿Por qué? –preguntó Angela con interés.
Brennan se encogió de hombros, diciendo que era sólo curiosidad. Angela miró a su amiga y supo que había algo que no le estaba contando.
Brennan cerró la puerta tras Angela y decidió pasar el resto del día dando una vuelta por su apartamento.
-¿Pitufo cerebrín? –preguntó en voz alta un poco disgustada, recordando la broma de instituto relacionada con el pitufo-. Me gustaba Pitufina-. Agarró la pequeña figura y aquello le hizo pensar en Booth-. ¡Agh, Booth otra vez!-. Devolvió la figura a su lugar en su escritorio.
¿Por qué todo me lleva de vuelta a él? Pensó Brennan, frustrada por el hecho que ese hombre se colara en sus pensamientos. Continuó examinando lo que había en su escritorio y arqueó una ceja cuando sus dedos se cerraron alrededor de un pequeño cerdo de juguete.
-Jasper –No supo por qué ese nombre parecía quedarle bien al cerdo.
Brennan continuó la exploración de su casa en los días siguientes. Encontró algunas cosas de hombre, incluida ropa. Encontró bóxers mezclados con sus bragas en el cajón, pero fue un par de bóxers en concreto lo que llamó su atención. Tenían caritas sonrientes y envolvían una caja de condones a medias. Brennan no tuvo dudas de que definitivamente estaba viendo a alguien y estaba un poco asustada ante el pensamiento de que podía ser Booth. Brennan los había recordado teniendo una relación sexual… pero desde el momento en el que Angela no estaba enterada de que ella estuviera viéndose con alguien no podía estar segura.
-Sólo hay una manera de averiguarlo-. Brennan estaba decidida a preguntarle a Booth directamente si estaban juntos o si su encuentro sexual había sido algo de una sola noche.
B&B
Booth salió de la ducha y se dirigió directo a su dormitorio. El fin de semana había sido largo para él. Le había gustado pasarlo con su hijo y, aunque fue un poco difícil explicarle por qué Brennan no estaba con ellos, Booth sintió que se lo habían pasado bien. Según se sentó en su cama sintió cómo el silencio y el vacío en el apartamento caían pesadamente sobre él. Realmente había echado de menos estar con Brennan. Necesitó de todo su autocontrol para no presentarse en su casa con comida para llevar. Sabía que volvería al Jeffersonian al día siguiente y él podría pasarse y tener aunque fuera un atisbo de ella. Sabía que su compañerismo estaría en el aire durante un tiempo, pero tenía esperanza.
Mientras hurgaba en el cajón de su ropa interior encontró una prenda de ropa que le trajo buenos recuerdos. Sonrió mientras cogía las bragas rojas de encaje que pertenecían a Brennan. Su sonrisa se transformó en una risita al recordar cuánto lo había torturado Brennan aquel día en el centro comercial. Brennan ya sabía que él no era un puritano y decidió ponerlo a prueba yendo a Victoria's Secret. Booth le había seguido el juego para probar su argumento de que no lo era. Recordó lo bien que se lo había pasado Brennan tomándole el pelo en los probadores.
Booth negó con la cabeza, aún no se podía creer que hubieran ido juntos y no los hubieran pillado. No pasó nada aparte de un par de besos apasionados, pero para Booth fue una experiencia compartida realmente divertida y sexy.
-De acuerdo-. Suspiró mientras se ponía un par de bóxers y devolvía las bragas al cajón. Mientras se ponía cómodo bajo las mantas sonrió al pensar que aquellas bragas estarían ahí esperando por ella, igual que él.
B&B
No recordaba absolutamente nada de la mujer que se encontraba a su lado en el laboratorio, pero la estaba sacando de quicio con su incesante parloteo. Al menos no había tenido que preguntarle el nombre, puesto que ella misma se había presentado.
-Hola, doctora Brennan –dijo, extendiendo una mano que la antropóloga no tuvo más remedio que estrechar-. Soy la doctora Daisy Wick –sonrió-. Bueno, o Daisy Sweets, como prefiera. ¿Se acuerda de mí? –Brennan negó con la cabeza, atónita-. Fui una de sus becarias hasta que me doctoré y el Jeffersonian me contrató como asesora suya. Estoy tan contenta de que me recomendara, doctora Brennan… -Brennan no sabía qué se le podía haber pasado por la cabeza para que hubiera recomendado a esa "entusiasta" mujer-. Y, claro, a los pocos meses Lance y yo nos casamos y… se acuerda usted de Lance, ¿verdad? –Brennan la miró sin comprender y Daisy reanudó su incesante verborrea-. Fue su psicólogo y el del agente Booth en sus sesiones de pareja…
-¿Pareja? –interrumpió la antropóloga a la joven, con los ojos como platos.
-Sí, claro, ustedes dos trabajaban juntos.
-Pero, ¿éramos pareja… románticamente? Ya sabe… ¿manteníamos relaciones sexuales?
-¡Oh, no! –rió Daisy-. Al menos, no que se supiera. Aunque bueno –bajó la voz a un susurro confidencial-, cómo se miraban… era obvia la tensión sexual que transpiraban. De hecho, mi Lance tiene la teoría de que…
Brennan ya no escuchaba a Daisy.
Angela no sabía que se había acostado con Booth, nadie en el laboratorio sabía que se había acostado con Booth, ¡ambos trabajaban juntos! ¿Por qué Angela no le había mencionado que trabajaban juntos? ¿Por qué cada objeto de su casa le recordaba a él? Todas las preguntas se acumulaban en su cerebro e hicieron que empezara a dolerle la cabeza.
-Doctora Wick, por favor, concentrémonos en los restos, ¿de acuerdo?
-Sí, claro, es que es tan maravilloso tenerla de vuelta…
Brennan siguió trabajando en los restos hasta que fue necesario limpiar los huesos.
-Doctora Wick, encuentre al doctor Hodgins y dele las muestras que necesite antes de limpiar los huesos. La verdad, no entiendo por qué Zack no está aquí…
-Zack está en… -comenzó Daisy pero una voz masculina la interrumpió.
-Ya se doctoró –completó Hodgins rápidamente-. Ahora estará Dios sabe dónde ampliando sus conocimientos-. El entomólogo pasó la tarjeta por el lector, se subió a la plataforma, se acercó a ella y antes de que pudiera reaccionar, la abrazó-. Es un placer volver a tenerla aquí, doctora Brennan.
-Gracias, Hodgins –dijo, zafándose en cuanto pudo-. ¿Dios sabe dónde? Ah, claro, habrá tenido buenas ofertas tras doctorarse –comentó para después dirigirse a Daisy-. Doctora Wick, limpie los huesos una vez que Hodgins haya conseguido las muestras que necesita.
-Ya no me encargo de la carne ni de buscar ADN –la contradijo el entomólogo-. De eso se encarga Cam.
-¿Cam? –frunció el ceño sin entender.
-Sí, es una patóloga que tenemos en el Jeffersonian, alguna vez ha trabajado con ella, doctora Brennan, es una persona muy agradable.
-¿Me has llamado agradable, Hodgins? –preguntó Cam, pasando la tarjeta por el lector según subía a la plataforma. Todos sabían que no se debía llevar la contraria a Brennan pero poco a poco tenía que saber cuál era su vida-. Sé que no me recuerda, doctora Brennan, así que presentémonos, ¿de acuerdo? Soy la doctora Saroyan pero todos me llaman Cam, incluida usted –sonrió.
Brennan estrechó la mano que la patóloga le ofrecía y se sintió cómoda. Parecía una persona seria y eficiente y la había tratado con respeto y afecto, comprendiendo su amnesia. Le sonrió.
-Es un placer conocerla, Cam.
En ese momento Angela salió de su despacho.
-Cielo, si ya has terminado con los huesos, ¿puedes venir un momento a mi despacho?
Brennan siguió a la artista hasta su despacho.
-¿Sigues molesta por lo del otro día?
-¿El qué?
-No te dijimos que tus recuerdos tenían un lapso de años porque los médicos nos lo recomendaron, ya te lo dije. Dijeron que probablemente recordarías poco a poco.
-Ya lo sé, Angela, es sólo que… bueno, esta es mi vida, aunque no la recuerde. He escrito varios libros más desde el primero, me he mudado varias veces y ¡tengo ayudantes que no conozco! –exclamó, frustrada. Su propio comentario le hizo recordar algo-. Angela, la doctora Wick…
-Daisy –suspiró la artista con hastío, seguro que Daisy había metido la pata.
-Sí, me dijo que Booth y yo íbamos a sesiones de pareja con un psicólogo, un tal… -no lograba recordar el nombre.
-Sweets –completó Angela-. Sí, teníais sesiones de pareja, pero no como tú piensas.
-Lo sé, Daisy me ha contado que no éramos pareja romántica, que trabajábamos juntos. ¿Por qué no me has contado que trabajábamos juntos?
-Trabajáis, de hecho. Mira, cielo, siéntate-. Brennan se sentó al lado de la artista y esta comenzó a explicarle-. Tras ese horrible primer caso juntos, un año después Booth volvió a pedirte ayuda, bueno, técnicamente al Jeffersonian pero realmente a ti, para resolver un caso. Tú aceptaste con la condición de que te dejara ir con él al trabajo de campo y desde entonces…
-Han pasado 7 años –dijo Brennan, comprendiendo algunas cosas gracias a la explicación, tales como que hubiera varias fotos de ella y Booth en su casa y la preocupación que sintió él cuando despertó en el hospital -. Entonces, ¿no odio a Booth?
La artista sonrió, dudaba sinceramente que alguna vez lo hubiera odiado. Al principio parecieron chocar pero esos dos se habían querido desde siempre.
-No, no lo odias, cielo, sois compañeros, amigos –No quiso decir más por miedo a escapársele cosas que Brennan no debía saber aún, no quería ver en su amiga el dolor de la pérdida de su madre una vez más.
Justo en ese momento…
-¡Hola! –la voz de Booth resonó en todo el laboratorio cuando cruzó la puerta, pasó la tarjeta por el lector y subió a la plataforma forense.
El corazón de Brennan pareció detenerse por un segundo al oír la voz del agente pero, cuando oyó el ruido de la tarjeta al pasar por el lector se levantó del sofá indignada.
-¿Quién le ha dado una tarjeta a Booth? –preguntó la antropóloga, saliendo del despacho de la artista antes de que esta pudiera contestar.
-¡Tú se la diste! –contestó Angela, tratando de esconder una sonrisa.
Brennan se dirigió a paso rápido y colérico a la plataforma y fue en ese momento cuando su mirada y la de Booth se cruzaron.
El cerebro de Brennan registró la simetría de los rasgos del agente, lo bien que le quedaba el traje, la sacudida que dio su estómago cuando lo miró… Pero, cuando Booth la miró con aquella mirada llena de amor, fue su corazón el que pareció saltarse un latido.
Booth la vio ahí, de pie, con su bata azul del laboratorio, tan guapa como siempre, como si nada hubiera pasado, como si fueran los de siempre. Su Huesos, la racional, la cerebral, la inteligente, la aparentemente fría… la cálida, la llena de corazón, la sensual, la apasionada… la mujer que le llenaba el alma. Tenía tantas ganas de verla, quería decirle tantas cosas que sabía que no podía decirle que lo único que salió de sus labios fue:
-Hola, Huesos.
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