Notas de la autora: Esto es un experimento, un fic con el océano Atlántico de por medio. xoc13 me propuso que escribiéramos esta historia a medias así que en eso andamos. Yo la publico en español y ella en inglés así que si se os da mejor el inglés podéis pasaros por su historia.
Nos ha quedado muy largo. Lamentamos la espera y como siempre esperamos que os guste.
Disclaimer: "Volver a empezar" es un fanfic basado en la serie Bones. Booth, Brennan y el resto de los personajes mencionados son propiedad intelectual de su creador, Hart Hanson, de la antropóloga forense Kathy Reichs y de la cadena Fox. Ni xoc13 ni yo intentamos violar las leyes de copyright, ni obtenemos ningún tipo de remuneración económica por escribir esto. Sólo escribimos para divertirnos y con la idea de compartirlo para que más gente lo disfrute.
Capítulo 7
El doctor Sweets trataba de sacar una historia coherente de entre los excitados gritos que profería su esposa, aunque hasta el momento no había tenido éxito. En cuanto la vio cruzar el umbral de su casa con los ojos brillantes supo que algo había ocurrido. Estaba deseando que Daisy se lo contara pero primero tenía que lograr que su mujer se tranquilizara hasta lograr decir con algo de claridad.
-A ver, Daisy. Tranquilízate. Haz tus ejercicios de respiración, ¿los recuerdas? Inspira, expira –el psicólogo movía las manos de arriba abajo tratando de mostrar una respiración sincopada mientras Daisy lo imitaba-. Me llamaste anoche para decirme que el agente Booth, la doctora Brennan y tú os quedabais en un motel por la lluvia. ¿Qué ha ocurrido que te tiene tan alterada?
-¡Están juntos, Lance! –gritó emocionada-. ¡Por fin están juntos!
-¿Te lo han dicho?
-No, pero… -agarró a su marido y lo hizo sentarse en el sofá mientras hacía lo propio-. Estábamos la doctora y yo tumbadas cada una en una cama y Booth en el suelo. Dijimos buenas noches y nos quedamos dormidos. Y de repente oí unos ruidos, como unos gemidos…
-¿Gemidos? –la interrumpió Sweets-. ¿Qué clase de gemidos?
-¡De qué clase van a ser! –exclamó exasperada Daisy.
-¿De quién eran? –reformuló la pregunta.
-Del agente Booth –contestó, contenta de poder seguir con su relato-. Cuando miré, la doctora Brennan estaba cabalgando al agente Booth y, cuando me vieron mirando, se sonrojaron. Me volví a tumbar rápidamente.
-¡Oh, Dios mío! –exclamó el psicólogo, emocionado-. No tenías que haberte levantado, cariño. Aunque por otro lado… qué comportamiento más poco profesional por su parte. Pero, ¿estás segura de que estaban…? –Sweets quería creer que sí, que al fin habían roto la presa y caído en brazos de la pasión que sentían el uno por el otro pero no quería hacerse ilusiones. La doctora Brennan había dejado de odiar a Booth, estaban a punto, sí, pero llevaban tanto tiempo a punto… Vio la cara de incredulidad de Daisy-. Y si sólo le estaba…
-¿Sólo le estaba haciendo qué?
-Tal vez sólo le estaba arreglando la espalda.
Daisy se echó a reír.
-No, Lance, desde luego que no. Ese gemido de Booth, la cara que pusieron cuando miré, como si los hubieran cazado haciendo algo ilegal… Pero no les puedes decir nada, Lance –dijo, súbitamente alarmada.
-¿Por qué no? –replicó Sweets, que ya estaba planeando cómo abordar aquello en su siguiente reunión con ellos.
-La doctora Brennan no me perdonaría que te lo hubiera contado. Por favor, no les digas nada. Ya te lo contarán ellos si quieren –dijo, con sensatez.
-Supongo que tienes razón –suspiró Sweets-. Es que son unos sujetos tan fascinantes y llevo tanto tiempo esperando a que eso ocurra…
-Lo sé, Lance, son increíbles –bostezó Daisy, súbitamente cansada-. ¿Nos vamos a la cama?
-¿A dormir? –preguntó Sweets con una sonrisa pícara.
-A dormir, si queda tiempo –sonrió su mujer, besándolo.
B&B
Brennan se encontraba tumbada en su cama, pensando. Ella nunca había tenido el sueño ligero y, sin embargo, se había despertado en cuanto oyó uno de los quejidos de dolor de Booth. Era como si su cuerpo estuviera alerta para levantarse y reconfortarlo.
Había sido natural en su momento pero ahora no podía evitar pensar en lo íntimo que era el hecho de colocar las piernas alrededor de su cintura y recorrer su musculosa espalda con las manos. Repasó el recorrido de su masaje: primero las escápulas para ir bajando poco a poco a los dorsales y de ahí a los lumbares. Esa era la teoría. Pero tocar la espalda de Booth mientras lo oía gemir de esa manera había sido tan sumamente excitante… Si Daisy no los hubiera interrumpido… Se sonrojó con el recuerdo y soltó un gruñido de rabia. Se dijo que era rabia por lo que habría pensado Daisy pero en el fondo sabía que era rabia por no haber podido estar encima del agente toda la noche. Se sonrojó intensamente y trató de acomodarse mejor y dormir.
B&B
Booth se tumbó en la cama, aún recuperándose del susto de la intrusión de Max. Aquel hombre era increíble, se dijo. Pero también era cierto que ya iba siendo hora de quitar la roca falsa, a ese paso algún día iban a ser ladrones los que entraran.
-Ah, da gusto estar en casa –dijo mientras se dejaba caer en la cama. La espalda le dio un tirón por la brusquedad del movimiento y tuvo que reacomodar su postura. Y entonces recordó las manos de Huesos recorriendo su espalda miles de veces, liberando sus músculos, soltando los nudos, haciendo que se sintiera mejor. Anoche había sido como volver a tenerla, sus manos suaves y cálidas recorriendo su espalda, aliviando el dolor. Había sido placentero, había sido… erótico. Hacía tanto tiempo que deseaba volver a sentir esas manos recorriéndolo, volver a recorrerla con sus propias manos, besarla otra vez hasta sentir cómo se derretía… Suspiró, sólo había sido un masaje, lo había hecho por él, pero por él como compañero. Aún quedaba un largo camino para que ella recordara lo perfectamente compatibles que eran como amantes.
B&B
-Odio cuando haces eso –anunció Booth mientras su mirada se paseaba por la oficina de Sweets.
-Encuentro tu silencio una completa pérdida de nuestro tiempo –Brennan miró directamente al joven.
Sweets contuvo una risita. Encontraba fascinante que a pesar de todo el problema de la memoria de Brennan ella aún saltara a defender o apoyar a su compañero.
-Bueno, han pasado dos días. ¿Cómo estás lidiando con el trabajo de campo, doctora Brennan? –Sweets estudió su reacción, cada detalle que mostraba.
-Encuentro que me he adaptado con bastante facilidad –Su mirada la estaba haciendo sentir incómoda.
-¿Ha ocurrido algo interesante en el campo?
La pregunta del millón de dólares.
Booth se tensó. Daisy debía de habérselo dicho, pensó Booth antes de preguntarle al psicólogo que fuera más específico.
-Si te refieres a la excavación… -Sweets sacudió la cabeza. Los compañeros estaban haciéndose los suecos y no iban a discutir el incidente del motel. ¡Mierda!
-¿Ves esto? –Booth pasó su móvil abierto rápidamente ante Sweets, levantándose del sofá-. El tiempo ha terminado –Booth ayudó a Brennan a levantarse y los dos dejaron la oficina. Sweets gimió.
-Nunca cambiarán –farfulló.
-Agente Booth, doctora Brennan –Un hombre orondo los saludó, pasándole un archivo a Booth.
-Gracias, Charlie –Booth le pasó el documento a Brennan, sugiriéndole que se pararan a tomar café para mirar por encima el contenido antes de llevarla de vuelta al laboratorio.
Cuando llegaron al parking otro hombre se cruzó con ellos, pero esta vez la saludaron por su nombre.
-Temperance, es bueno verte al fin en persona. Todos en el FBI nos quedamos muy preocupados cuando oímos lo de su accidente –Booth dirigió una mirada sarcástica a Hacker. Ese hombre nunca se rendía.
-Huesos y yo tenemos asuntos oficiales de los que ocuparnos –Booth colocó la mano en la parte baja de la espalda de ella. Brennan descubrió que disfrutaba inmensamente ese contacto.
-Por supuesto –Hacker le sonrió como un depredador a su presa mientras le ofrecía su ayuda si alguna vez la necesitaba.
-Él es el subdirector Andrew Hacker –contestó Booth a la pregunta que colgaba, silenciosa, en el aire. Sonrió. Podía ser su imaginación, pero estaba casi seguro de haber visto un gesto de desagrado en ella.
B&B
Brennan estaba sentada en su escritorio, revisando aún los rayos X del caso que tenían.
-Hora de comer –anunció Angela, sin dar oportunidad de réplica. La pequeña niña en los brazos del artista trató rápidamente de alcanzar a Brennan.
Mientras salían del laboratorio Brennan sonrió ante la facilidad con que la bebé parecía descansar fácilmente en su cadera y la forma en que sus propios brazos rodeaban automáticamente a la niña.
El camino al Diner lo pasaron conversando. Cuando llegaron lo encontraron abarrotado y decidieron pedir la comida para llevar.
-A no ser que logres encontrar una mesa –comentó Angela, colocándose en la cola para hacer el pedido.
-¡Hey! –gritó Booth, diciéndole que se uniera a su mesa, aunque no fuera la de siempre.
-Hey –Brennan devolvió el saludo para decirle después que había estado a punto de llamarla para saber si había comido.
-Hola, preciosa –Booth extendió los brazos y cogió a la niña. La pequeña Tempe se retorció rápidamente en los brazos de Brennan para irse con Booth.
Brennan se quedó en su sitio mientras veía cómo Booth arrullaba a la niñita. Se lo veía adorable con la niña en su regazo y algo en él sencillamente gritaba "paternal". Ella no sabía o al menos no tenía pruebas para asegurar que era un buen padre, pero así lo sentía. Y algo en la forma en que él estaba interactuando con la niña provocaba en ella sus propios "instintos maternales".
-Hambre.
-Sexo.
-¡Uo!
-Caballo.
-Vaquero.
-Niño.
-Bebé.
-Booth.
-¿Qué? ¿Crees que soy un bebé?
-Eres padre.
-¡Oh! Madre.
-Parto.
-Felicidad.
-Esperma.
-¿Esperma? ¿Eso ha valido?
-Seguid.
-De acuerdo. Huevo.
-Quiero un bebé.
-¡Uo!
-Caballo.
-No, espera. No. No, espera un minuto.
-Sí, podemos pararlo aquí.
El dolor de cabeza que aquel flasback claro como la luz del día había provocado era atroz. No estaba segura de si sentía cómo le temblaban las rodillas por el dolor de cabeza o por la intensidad de la revelación de que había querido tener un hijo… con Booth.
-Huesos, ¿estás bien? –Booth rápidamente rodeó su cintura con el brazo derecho y tiró de ella haciendo que volviera a sentarse sobre su muslo derecho-. No. Te has quedado pálida por un segundo y parece que fueras a desmayarte.
-¡Cielo! –rió Angela-. Parece que después de todo has encontrado una mesa –su sonrisa se apagó cuando percibió la tensión en el ambiente-. ¿Estás bien, Bren?
Brennan asintió débilmente, con la mirada perdida en la de Booth. Angela cogió a la niña del regazo de Booth y el agente se levantó aún con un brazo alrededor de Brennan. Sin decir una palabra, Booth caminó detrás de Brennan, dirigiéndola a los servicios. Angela los vio marcharse, preguntándose qué habría pasado pero sabiendo que debía dejarles espacio.
Entraron al baño de mujeres y él la llevó directamente al lavabo. Cogió una cuantas toallitas húmedas, apretándolas contra su nuca.
-Huesos, ¿qué ha ocurrido? ¿Otro recuerdo espontáneo? –Buscó su mirada en el espejo.
-Sí –susurró ella suavemente, asintiendo y diciéndole lo que acababa de recordar.
-¿Has recodado eso? ¿Justo ahora? –Ella le sostuvo la mirada en el espejo antes de girarse rápidamente para encararlo, las toallitas húmedas cayeron al suelo con el inesperado movimiento.
-Tenías un tumor cerebral –colocó los dedos en las sienes de él, mirándolo profundamente a los ojos mientras le decía que había retirado su petición a fin de aliviar la carga que soportaba durante aquellos duros momentos.
Las manos de Booth se colocaron en sus caderas mientras sus labios se acercaban a los de ella. Siempre había sospechado que la razón por la que ella había dejado de lado en asunto del bebé era su preocupación por él. Antes de que sus labios cayeran sobre los de ella, la puerta del baño se abrió de par en par y entró una mujer con un montón de niños, mirándolos con desaprobación.
Volvieron a la mesa y Booth la sentó en el sitio que había dejado libre unos minutos atrás.
Angela alimentaba al bebé, sin hacer comentarios respecto al tiempo que había pasado.
Según avanzaba el día, la artista se dio cuenta de que a la antropóloga le pasaba algo. Era un recuerdo muy intenso, pero también uno muy importante.
B&B
Booth se hundió en su sofá, apoyando la cabeza en el respaldo. ¡Había estado a punto de besarla! De acuerdo que no sería la primera vez, y Dios sabía que necesitaba besarla y sentirla físicamente cerca… pero no quería someterla a más presión.
Tiró del nudo de la corbata y la arrojó a la mesita. Se estaba quitando los zapatos cuando sonó su móvil.
-Booth –asintió mientras escuchaba. Habían encontrado dos cuerpos en Everglades, el mismo modus operandi que en el caso actual. Escuchó cuál era el número de su vuelo antes de cerrar el teléfono y levantarse del sofá.
B&B
Booth estaba sentado en su asiento, en turista, por supuesto, con los ojos cerrados. Había llamado a las antropólogas y por lo que él sabía iban a viajar en primera clase.
Abrió los ojos cuando sintió a alguien pasar a su lado y ocupar el asiento contiguo.
-¿Huesos? –decir que estaba sorprendido sería quedarse corto-. ¿Qué estás haciendo aquí?
-Pareces sorprendido –Brennan lo miró. ¿Acaso no estaban viajando para examinar otros dos restos?
-Bueno, sí –replicó, admitiendo su sorpresa-. Pero tú SIEMPRE viajas en primera clase –no podía creerse que ella estuviera sentada a su lado en turista.
-¿Cómo podemos discutir nada si estoy en primera clase y tú estás aquí? –Booth sonrió, ella quería estar a su lado. El pensamiento hizo que su corazón se llenara de amor por ella.
-Deberías descansar algo –le recomendó-. ¿Aún tienes dolor de cabeza? –Ella negó con la cabeza, sintiéndose cómoda con su proximidad.
B&B
-¿Cómo demonios ha perdido el vuelo? –Booth rechinó los dientes, una vez fuera del aeropuerto.
-Yo… ella… ella tomará otro vuelo en un par de horas y estará aquí a primera hora de la mañana –Colocó una mano en su hombro, tratando de calmar su enfado. Booth le sonrió por el gesto. No era culpa de Brennan que Daisy hubiera perdido el vuelo.
-Ah –suspiró. Sabía que tener a Daisy con ellos en el trabajo de campo sería así de un momento a otro. No sabía si debía sentirse aliviado de que se hubiera quedado atrás o enfadado.
Se registraron en un hotel un par de edificios más allá del aeropuerto. Era tarde y tanto Daisy como el equipo estaban en DC.
Booth consiguió una habitación para los dos. No fue hasta que llegaron a la habitación que se dio cuenta de que les iba a tocar compartir la cama.
-Lo siento –se sonrojó él, diciendo que bajaría a recepción y pediría otra habitación.
-No es necesario –señaló la cama, había espacio más que suficiente para los dos.
Estar en la cama juntos era mucho más cómodo para ella. Parecía como si no fuera la primera vez que se iban a la cama juntos.
Sonrió a sabiendas. Tenía unos cuantos recuerdos de ellos dos haciendo crujir los muelles de la cama en otras ocasiones, pero ese no era el propósito de esa noche. ¿O sí?
Brennan se despertó de repente. Podía sentir a Booth a su lado en la cama, su respiración era normal. Estaba despierto.
-¿Booth? ¿Qué haces despierto? –se giró en su dirección, viendo su perfil en la oscuridad.
-No puedo dormir por culpa de los ruidos.
Y en ese momento ella comenzó a oír los sonidos de un encuentro apasionado, el cabecero de la cama golpeando el otro lado de la pared, los gemidos y jadeos.
-Oh –se dio cuenta de a qué se refería. De repente comenzó a oírse más ruido, su propia cama comenzó a moverse levemente. Brennan sintió como si el gran cuadro que colgaba sobre sus cabezas fuera a caérseles encima. Sintió a Booth girarse y agarrarla. En un instante estaba apretada encima de él y en el siguiente se encontraba inmovilizada bajo él en el suelo enmoquetado.
Los gritos de éxtasis en la otra habitación fueron ahogados por su cada vez más fuerte respiración.
Brennan sintió las manos de él vagar arriba y abajo por sus costados.
-¿Estás bien? –Su respiración rozó su cara mientras le hablaba, enviando escalofríos a su espalda.
-Ahora sí -replicó Brennan, fundiendo sus labios con los de él.
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