No, no os pellizqueis, es real. Por fin actualizamos esta historia.
Sentimos el restraso. De veras. Sabíamos lo que queríamos escribir desde finales de julio pero hasta ahora habíamos sido incapaces de plasmarlo. Nuestras sinceras disculpas y esperemos que os guste.
Disclaimer: Bones pertenece a Fox.
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Capítulo 10
-¿Qué demonios? –preguntó Booth, llevándose una mano al área afectada. El inesperado puñetazo había hecho que se mordiera la lengua y el escozor le había hecho perder la serenidad.
-¿Cómo pudiste hacerme eso? –lo acusó Brennan, poniéndolo al corriente de su más recientemente revelado recuerdo.
Booth resopló.
-Mira, ya hemos pasado por esto antes. Existía un protocolo…
-Lo sé –lo interrumpió, desapareciendo su enfado de repente y recobrando el sentido común. Booth se sintió como un cerdo al oír su suave tono y dio un paso hacia ella.
-Hey, está bien, entiendo que toda esta situación es difícil para ti. Siento haber perdido la calma por un segundo, pero no esperaba que me pegaras –Aún estaba masajeando el área afectada.
-Haces que me sienta… diferente –Brennan le reveló su frustración al sentir un revuelo de emociones en todo lo que concernía a él.
-¿Crees que eres la única que se siente así? –preguntó Booth con incredulidad, rodeando su cara con las manos-. Cariño, tú también me vuelves loco a mí –Sostuvo su mirada, esperando ser capaz de transmitir sus emociones por ella-. Me vuelves loco de la mejor forma –aclaró, acortando la distancia entre ellos y fusionando sus labios con los de ella.
Brennan dio la bienvenida al beso, cambiándolo de casto a lleno de deseo. Sus lenguas se tocaron y un fuego comenzó a arder más abajo de su vientre.
Booth la sintió aferrarse a la espalda de su camiseta, haciendo que sus cuerpos se apretaran frente a frente. Todo su rigurosamente atado control salió por la ventana y le recordó cuánto quería mostrarle su deseo y amor por ella.
Brennan ahogó el gemido de placer de él mientras sus manos serpenteaban bajo su camiseta interior para acariciar su espalda. Ese hombre la hacía sentir fuera de su elemento, de su zona de confort y aún así creía en él.
Rompieron el beso jadeando, pero eso no les impidió que continuaran. Los labios de Booth posaron cálidos besos de boca abierta de un extremo a otro de su mandíbula.
-Booth… muéstramelo –Brennan soltó el aliento en su oreja, mordisqueando el lóbulo de su oreja mientras simultáneamente empujaba sus caderas contra las de él. No estaba realmente segura de qué estaba pidiendo, pero sabía que él se lo entregaría.
-Por ti… cualquier cosa –dijo entre besos. La sintió tirar de su camiseta interior y en un veloz movimiento estaba desnudo de cintura para arriba. Brennan recorrió su torso con las manos y sintió las manos de él moldear sus pechos. Un gemido escapó de sus labios cuando él comenzó a masajear los redondos montículos con sus manos. Booth sabía cómo tocarla, lo había sabido desde la primera vez. Aquel hombre era increíble.
-Huesos –susurró, sus labios dejaron un sendero de besos bajando hacia su cuello mientras se acercaba a sus pechos. Ella llevaba una especie de camiseta de tirantes que le permitió que sus labios se cerraran alrededor de un pezón sin apenas barreras.
-Sí –Brennan echó la cabeza atrás, enredando los dedos en el pelo de él mientras los sus labios se ocupaban de un pezón y su mano pellizcaba el otro. Ya estaba cerca del borde a pesar de que se habían desecho de poca ropa aún. Booth era bueno… ¡realmente bueno!
Tras pasar algo de tiempo en sus pechos, Booth comenzó a dirigirlos hacia su dormitorio, las prendas de ropa volando en todas direcciones. Se echaron sobre el colchón, tropezando con el suelo enmoquetado. Se llenó de risas la por lo demás silenciosa sala de estar.
Brennan estaba tumbada con tan solo unas bragas diminutas y Booth bajó la cabeza para continuar besando cada centímetro de piel posible. En respuesta a sus calientes besos Brennan deslizó las manos hacia abajo por su espalda, arañándolo levemente para indicar su necesidad. Dio un rápido apretón a su trasero antes de introducir las manos entre sus cuerpos, bajando los bóxers del agente por sus piernas.
Los labios de él volvieron a los suyos mientras permitía que una mano se moviera hacia su centro. Booth trazó sus labios con los dedos antes de hundir un dedo dentro de ella, la ropa interior descartada hacía mucho.
-Dime que tú también lo sientes –masculló Booth contra sus labios cuando terminó el beso, mordiendo su labio inferior suavemente. Brennan comprendió que se estaba refiriendo a algo más que simplemente la liberación hacia la que ambos escalaban. Sintió una fuerte conexión pasar entre ellos y asintió, envolviendo su cuello con un brazo y presionando sus cuerpos más cerca.
Booth añadió un segundo dedo para llenarla más profundamente mientras los dedos de ella se curvaban alrededor de su dureza.
Habría sido imposible parar en ese momento y cuando ella le rogó más sólo pudo acceder.
-¡Ohhhsssssíííí! –siseó de placer al sentirlo entrar en ella suavemente, llenándola deliciosamente.
Booth comenzó con lentas estocadas y suaves caricias pero cuando la lengua de Brennan convirtió su último beso en un apasionado frenesí sus caderas aceleraron el ritmo.
Mientras ola tras ola de placer la inundaban Brennan clavó las uñas en la espalda de Booth, gritando en voz alta su nombre. Él la siguió más allá del abismo segundos después, repitiendo su nombre en un susurro ronco en su oído.
Varios momentos después Booth se giró apartándose de ella, llevándola con él de modo que era el turno de Brennan de estar repantingada sobre él. El beso que posó en su melena y los ligeros círculos que estaba dibujando en su espalda le dijeron a Brennan que lo que acababan de experimentar no era sexo sin compromiso.
Compartían una conexión más profunda que la física y en lugar de sentirse sobrepasada por la revelación se sintió completa. Finalmente había captado aquel vínculo entre ellos que antes se le escapaba. Eran buenos juntos. Prácticamente perfectos y no había ningún otro sitio en aquel preciso momento en el que ella prefiriera estar que entre sus brazos.
Mientras sus respiraciones se normalizaban Brennan le plantó un beso sobre el esternón, abrazándolo apretadamente.
Antes de que ninguno de los dos pudiera pensar en las implicaciones de lo que acababan de hacer, se quedaron dormidos.
B&B
Booth se despertó a la mañana, prácticamente de madrugada y, por primera vez en su vida, recordaba todo lo que había ocurrido la noche anterior. Sabía que Brennan estaría en sus brazos y también intuía que no había huido por la mañana.
Abrió los ojos para encontrarse con los de ella mirándolo fijamente. Sonrió y ella le devolvió la sonrisa.
-Nunca me había sentido así – susurró Brennan. Siempre se imaginó que su compañero sería un amante entregado pero aquello había superado todas sus especulaciones y recuerdos dormidos. La forma en que sus manos la habían acariciado, la manera en la que sus labios habían recorrido cada parte de su cuerpo haciéndola sentir más plena de lo que jamás se había sentido. Su mirada venerando cada recoveco de ella… Su sonrisa feliz una vez dormido.
-Lo siento –Booth temió que se arrepintiera de lo que acababan de hacer-. Siento haberte pegado... y más por segunda vez. Es que no me puedo creer que fingieras tu muerte –. Alargó la mano y acarició su cara. Booth cerró los ojos disfrutando del contacto-. Espera, voy a por pomada desinfectante para curarte esa herida –dijo mientras se levantaba para dirigirse al baño.
El agente la vio alejarse con la culpabilidad por el puñetazo dibujada en su rostro. Había sido perfecto, increíble y llevaba mucho tiempo sin tenerla así. Feliz y en sus brazos. Mirándolo con amor, gritando su nombre mientras el placer la arrasaba. Un placer que él mismo había provocado.
-¿En qué estás pensando? –preguntó Brennan desde la puerta con la pomada en las manos.
-En todo y en nada, ¿por qué?
-En ese todo no estará incluido lo que hemos hecho antes de dormir, ¿verdad? –preguntó mientras señalaba con una sonrisa la erección del agente. Booth sonrió a su vez y el tirón de la boca le recordó el golpe que le acababa de dar su compañera.
-¿No ibas a curarme la herida primero? Duele –puso morritos.
-No seas hijo, Booth.
-Crío, Huesos, crío –sonrió ante la expresión mal utilizada de Brennan-. Tienes un buen gancho de derecha para ser una mujer –sonrió con malicia.
-¿Qué significa eso? –preguntó mientras se acercaba más a la cama. Booth aprovechó para tomarla de las muñecas y tumbarla bajo él en la cama.
-Que te considero una mujer fuerte –susurró contra sus labios. Brennan iba a protestar cuando sintió los labios del agente silenciándola. Colocó las manos en los brazos de Booth y se impulsó hasta colocarse sobre él.
-Buena respuesta –sonrió-. Pero no te vas a librar de que te cure –Alargó el brazo y cogió la pomada desinfectante. Abrió el tubo y vertió un poco sobre la palma de su mano. Posó los dedos sobre la mandíbula del agente y comenzó a extender la pomada con movimientos suaves y eficientes.
-Mmmm… me gusta como lo haces –susurró Booth mientras cerraba los ojos-. No me importaría que me pegaras más a menudo si luego me tratas así.
-¿Te refieres a que te ponga pomada?
-Sabes que no –sonrió el agente, quitándole la pomada de las manos y arrojándola al suelo-. Llevo tanto tiempo deseando esto –susurró contra su cuello mientras sus manos vagaban por la espalda de su compañera- que una vez no es ni remotamente suficiente –Y los giró a ambos.
Brennan no sabía cómo había terminado debajo de él pero por una vez no le importó. Sentía su peso sobre ella, su boca besando sus pechos, su mano rozando apenas su entrada.
-Booth… más… -para ella tampoco una sola vez era suficiente, necesitaría repetir aquello muchas, muchísimas veces más. La idea de hasta qué punto su felicidad dependía de él la asustó.
Sin embargo, todos sus pensamientos se dispersaron al sentir a Booth besar sus muslos. Acarició el corto cabello del agente en una caricia llena de ternura y éste no pudo evitar sonreír. La amaba. Y, aunque ella no fuera capaz de recordarlo, también lo amaba a él.
Cada pensamiento y cada duda se dispersaron al sentir la boca de Booth besándola donde más lo necesitaba, su lengua acariciando sus labios, subiendo hasta el punto que…
-Oh, oh… Booth, por favor, sigue… -gimió en un susurro bajo.
Estaba derritiéndose bajo su boca y a Booth le encantaba aquello pero su palpitante erección le recordaba que sería aún más satisfactorio estar dentro de ella mientras se retorcía de placer bajo él.
Brennan gimió como protesta cuando la boca de Booth abandonó su entrada y volvió a hacerlo con placer al sentir la boca de él en sus pechos.
Se separó de ella y la miró a los ojos.
-¿Estás preparada? –Brennan asintió. Booth no necesitó más señal y se introdujo lentamente en ella, sin dejar de mirarla a los ojos. La antropóloga lo agarró del cuello y lo besó apasionadamente mientras permitía que sus caderas salieran al encuentro de las salvajes estocadas de Booth, cada vez más descontrolado.
Las manos del agente la acariciaban, sus labios estaban por todas partes y ella estaba a punto de irse. Sólo necesitaba…
Bajó una mano hacia el lugar donde sus cuerpos se unían pero Booth la interceptó y la reemplazó por la suya propia, acariciando su clítoris con vigor hasta que sintió sus paredes contraerse, apretándolo más aún.
-Booth… ¡Oh, sí, sí, Booth! –gritó al llegar al orgasmo.
-Huesos… -jadeó, derrumbándose sobre ella. Comenzó a acariciarle la cara y a retirarle el sudado pelo. Enmarcó su cara con las manos y la besó suavemente en los labios.
Brennan jamás se había sentido tan especial con nadie. Nunca. Tal vez lo amaba, pensó, y se sintió aterrada.
Entonces Booth volvió a besarla y se sintió feliz y despreocupada.
El agente salió de ella y le colocó la cabeza en su pecho, abrazándola, acunándola como si fuera una valiosísima muñeca.
"Te tengo, cariño."
Las palabras que le dijo cuando el doctor Leacock le clavó un bisturí resonaron de repente en su mente. Entonces también la había abrazado así, entonces también había sentido que nada en el mundo podía dañarla. Nada podía romper la magia.
Excepto un teléfono móvil sonando.
El móvil de Booth en concreto.
El agente gruñó, se estiró para coger su teléfono y miró el número que aparecía pantalla.
-¿FBI? ¿En serio? ¿A las 5 de la mañana?
-Tienes que contestar –comentó Brennan con tono cansado. No era una pregunta.
-Supongo que sí –suspiró su compañero-. Booth. Sí, señor. No, señor. ¿Por qué me han elegido a mí? No, señor, por supuesto que no discuto sus órdenes, señor. Estaré ahí en una hora, señor –colgó y se incorporó, comenzando a vestirse.
-¿Qué ocurre?
Booth suspiró.
-Una misión secreta, no puedo darte detalles. Estaré unos días fuera, 3 o 4 días han dicho pero… conociendo estas cosas no me extrañaría que fueran más. Una semana, tal vez.
-Entiendo.
Desayunaron juntos y, a pesar de que le había manifestado su apoyo, Brennan apenas habló durante el desayuno. Booth la llevó a su casa antes de pasarse por el Hoover y la besó brevemente en los labios a modo de despedida. Brennan lo agarró del cuello y profundizó el beso.
-Cuídate, por favor. No te arriesgues más de lo estrictamente necesario –Quería haberle dicho "No seas un héroe" pero aquellas palabras, por algún motivo que no recordaba, estaban llenas de amargura.
-No lo haré. No te preocupes, en 3 días estaré de vuelta, ya lo verás –Volvió a besarla.
Brennan se bajó del coche y se quedó mirándolo hasta que desapareció en la lejanía. Su racionalidad luchaba con sus sentimientos y decenas de recuerdos y sensaciones se mezclaban en su interior, haciéndolo todo aún más difícil.
Tres días. En tres días lo tendría de vuelta.
B&B
Los tres días se convirtieron en una semana. A pesar de la advertencia de Booth, nunca pensó que realmente fuera a ser una semana y desde luego jamás pensó que sería tan duro estar sin él siete días. Apenas pasó por su despacho ni por la tabla forense y, no teniendo nada mejor que hacer, se dedicó a identificar restos del limbo.
Poner caras a desconocidos nunca había sido tan poco gratificante y, sin embargo, le daba algo que hacer, algo que la distraía del peligro que pudiera estar corriendo Booth. Nunca el limbo había tenido tantos cadáveres identificados en tan poco tiempo.
El 7º día pisó al fin su despacho. Necesitaba un formulario estándar de identificación de cadáveres y se le habían terminado los que tenía.
Abrió el primer cajón del escritorio y se encontró con una canica y un pequeño delfín bañado en plata. Sonrió sin saber por qué. Dejó los papeles en la mesa y se puso a hurgar un poco más en los cajones del escritorio hasta que dio con un papel.
El papel.
Todo tuvo sentido de repente.
B&B
Odiaba las misiones encubiertas. No las había odiado siempre, pero las odiaba desde que comenzó a trabajar con Brennan. Lo alejaban de ella y le hacían sentir como si la abandonara.
¡Y esta última misión había sido tan jodidamente inoportuna!
Ahora que al fin la tenía, que había rendido su cuerpo y estaba a punto de rendir su alma, lo alejaban de ella.
Los 3-4 días fueron una semana. 7 largos días con ella en el pensamiento mientras se le obligaba a tener una concentración perfecta. Si fallaba, morirían civiles. No podía permitirlo.
Pero al fin terminó. Los 7 días pasaron y un avión militar lo llevó de vuelta a D.C. Nada más llegar se dirigió al Jeffersonian, donde sabría que la encontraría a pesar de ser más de las 8.
Cruzó las puertas de cristal y se encontró con Micah.
-¿Has visto a Huesos?
-Estaba en su despacho pero luego se ha ido.
-¿Te ha dicho a dónde? –El guardia sólo se encogió de hombros.
Booth se dirigió al despacho. La mesa estaba perfectamente recogida y tan sólo había una hoja en medio del escritorio. La cogió y en cuanto la leyó, supo dónde podría encontrar a Brennan.
B&B
A pesar de que sabía que la encontraría allí, Booth no pudo evitar dejar escapar un suspiro de alivio al ver a Brennan sentada en los escalones del Lincolm Memorial.
-Hola –la saludó, sentándose a su lado.
-Hola –le contestó sin girar la cara.
Se quedaron un rato en silencio, mirando la ciudad. Booth posó su mano sobre la de ella.
-Aquí es donde realmente empezamos –susurró Brennan mirando sus manos unidas.
-¿Qué has recordado?
-Todo.
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¡Por fin ha recordado! ¿Alguna idea de qué pone en ese papel? En el siguiente sabréis qué pasó.
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