¿Nos falta mucho? – Dijo Kazuha, sentándose en un banco que había allí.
¿Ya estas cansada, Kazu? – Dijo Shinichi, sarcásticamente
Para no estarlo...
Bueno, es verdad, llevamos... ¿cuánto llevamos andando por este maldito castillo? – Dije, salvando a Kazuha.
Pues...
1 hora, 38 minutos y 12 segundos, para ser exactos. – Dijo, haciendo aparición, Heiji, mirando su reloj digital.
¡Qué exacto! – Grité asombrada
Demasiado, ¿un obseso de tiempo? – Dijo descaradamente Shinichi, mirando de reojo a Heiji.
Bueno – Salté, para romper el hielo – Y, ¿Nos falta mucho?
Pues...
Señoras y señores, - Anunció Nataniel, el organizador, deteniéndose, y junto a él todos los huéspedes, - Siento haberles tenido tanto tiempo andando, pero espero que lo hayan disfrutado. Es que como en sus mensajes pedían que se les enseñara todo el castillo, pues esta es la pega, pero bueno... Ahora vamos a sentarnos en la mesa, conforme el orden de los carteles, y hagamos una pequeña reunión para conocernos mientras degustamos el gran banquete que nos han preparado nuestras bellas anfitrionas, por favor, saludad – Animó a las dos chicas con un delantal blanco que estaban detrás de todos los invitados, estas levantaron la mano a forma de saludo, sonriendo falsamente, después miraron con desprecio a Nataniel, aunque de eso no se dio cuenta nadie, o eso creían ellas – Bueno, pues buen provecho.
Gracias – dijimos todos, acercándonos a la mesa.
Tomamos asiento, y comimos un excelente banquete mientras hablábamos y conocíamos a gente...
Así qué usted es traductora. – Dijo mi padre a la mujer que tenía a su lado, que la había empezado a conocer.
Sí.
¡Ah! Pues yo voy a estudiar para serlo, el mes que viene hago a selectividad, para entrar en la Universidad, para hacer Traducción e Interpretación
¡Oh! Es muy bueno tener grandes ambiciones, pues que tengas suerte, y ¿cuántos idiomas y cuáles estas dispuesta a traducir?
Pues, estoy estudiando japonés y chino desde hace 5 años y, a parte de inglés, también un poco de griego, ruso y alemán.
¡Woow! Chica, eres un prodigio, cuando quieras, nos hacemos socias...
Gracias – Dije alegre y sonrojada.
Esta mujer, Elisabeth, tenía unos 25 años, acababa de salir de la carrera y estaba allí como viaje de estudios, y cuando se enteró de este encuentro decidió ir, así practicaba su inglés (es que allí, para comunicarnos entre nosotros usábamos el inglés). Esta chica, con su cara chata y sus pequeños y claros ojos azules siempre brillantes, reflejaba gentileza, pero también miedo y vergüenza. Su larga melena negra como la noche le llegaba hasta la cintura, ésta era lisa y lacia; brillaba y bailaba al mínimo movimiento que ella daba. Su piel, pálida y suave era cubierta por un sencillo vestido turquesa, le llegaba hasta las rodillas, con vuelo y libertad. La parte superior era más ajustada, con unos tirantes anchos y un escote en forma de pico. Ella era encantadora; su forma elocuente y educada me hacía ver que era bastante tímida y muy reservada, pero al poco me cogió confianza y nos hicimos buenas compañeras.
También conocí a dos hermanos mellizos, casi idénticos, sentados al lado de Kazuha, es que nosotras estábamos por el centro de la mesa, y, pues teníamos a la gente a mano (estábamos Kazu y yo, y Shinichi, delante de Kazuha, y mi padre, en frente mío.) Éstos eran italianos.
Él, Eichi, era un chico moreno de piel y pelo, alto y muy atractivo. Lo que más llamaba la atención de él eran sus preciosísimos ojos color esmeralda, brillantes y grandes. Su cuerpo moldeado por el ciclismo, deporte que practicaba junto con su hermana, al que eran muy aficionados; era cubierto por unos pantalones verde oscuro y una camiseta de tirantes beige, con la que se veían sus musculosos brazos. Su carácter era caballeroso, divertido y muy extrovertido.
Ella, Sakura, con una media melena rubia y ondulada. Con unos ojos como los de su hermano, esmeralda, grandes y brillantes. Con un atractivo cuerpo de ciclista (como su hermano). Vestía un peto vaquero de color negro, pero no lo llevaba atado, sino con un tirante puesto y el otro caído. Como jersey llevaba una sencilla camisa blanca, con la que destacaban su enorme pecho. Ella, pese a tener un cuerpo con el que todos los hombres se quedaron fascinados, no era una buscona, al contrario que su hermano, era introvertida y tímida, pero cuando se soltó resultó ser muy maja y simpática.
Una de las dos sirvientas, Cyntia, nos trajo el postre, cuando ya llevábamos unas 2 horas hablando y comiendo, que se me pasaros muy rápidas. Cyntia era muy guapa, la verdad. Castaña oscura, con el pelo ondulado hasta un poco menos de la cintura, recogido siempre con una cola de caballo. Con unos ojos verdes esmeralda. Alta, atractiva y cuerpo musculoso. Vestía un vestido negro, con vuelo y de manga corta. Y un delantal blanco, también unos mocasines negros.
Su compañera, Reyna, les trajo los platos a mi padre y Shinichi. Reyna era muy distinta, tenía una melena rubia, con un toque pelirrojo, hasta los hombros. Unos adorables ojos azules avellanados. Piel pálida, muy delgada, atractiva, se conservaba bien pese a su edad. No muy alta, un metro 60 o así, nariz pequeña y labios finos y rosados. Vestía unos pantalones azul celeste, anchitos, una camiseta blanca, ajustada y de tirantes. Después llevaba el delantal encima.
Señores, yo soy Cyntia y ella, mi compañera Reyna.
Encantada, soy Ran.
Señoras y señores, si desean algo, por favor, no duden en pedírnoslo.
Sí, por favor, el organizador, Nataniel, ha dicho que en el ala oeste, pasó algo que, supuestamente todos deberíamos saber, pero... yo no lo sé, me lo podría explicar
A eso le puedo responder yo, señorita, si no le importa. – Dijo, haciendo aparición, Nataniel. – Vosotras, chicas, volved al trabajo. – Ordenó, mirando a Reyna y Cyntia, ellas le miraron mal.
Nataniel era un poco arrogante, sobretodo con las criadas. Fue un gran organizador eso he de admitirlo, pero también muy egoísta. Físicamente era atractivo, pese a la edad que tenía. Siempre llevaba una sonrisa en la cara, aunque a veces se notaba que era un poco falsa. Tenía una cara redonda y unos ojos grisáceos muy grandes. Su pelo castaño oscuro (aunque con "mechas" blancas"), corto y rizado resaltaba la palidez de su cara. Con unos labios finos y una nariz estrecha. Era el más elegante de la reunión, ya que vestía un esmoquin negro, con una pajarita a juego y todo.
Cuando sucedió el terrible asesinato de la reina Nafde, el rey Cesar pasó a gobernar, diciendo que la reina sufría una horrible y mortal enfermedad y esa misma noche había muerto.
¡Qué morro! – Dijo Kazuha. Nataniel la miró extrañado "¿Qué significará eso?"(pensó). A eso yo me reí.
¿Eh?... Bueno... Entonces empezaron a correr rumores que el rey había asesinado a Nafde, por eso tubo que exiliarse... Me parece que dijeron que hace poco murió en Inglaterra. Seguidamente, se dice que unos campesinos oyeron unos llantos de una niña, procedentes de este castillo, al poco de que el rey se fuera. Escalaron los muros y entraron en el ala oeste. Allí encontraron a una niña. Unos dicen que es la hija secreta de Nafde, y que como César no la quería, la dejó allí para que muriera...
¡Oh, pobrecita!
Otros comentan que no existe... O que apareció de la nada... Nadie sabe.
Disculpe señor, - Oí decir a una mujer – ¿Usted no es Carmine McCarnet, el famoso científico?
¿Eh? – Me giré de golpe, era él – ¡El hombre de la estación!
¿Perdón?
Es que vi a ese hombre en la estación y tuve una sensación extraña. Ves, Kazu, como tenía razón, era algo. ¡Qué vendría a la reunión!
¡Eres vidente!
¡Eh! ¡Qué te pongo dos velas negras! – Y Kazuha y yo nos reímos.
Perdone señorita – y me giré para ver quien me había llamado, era el científico, Carmine – ¿Usted no era la chica que me miraba en la estación, ayer?
¿Eh? – Me puse colorada, haber si la gente va a pensarse otra cosa. Sólo me sonrojé por lo embarazosa de la situación. – Sí...
Encantado de conocerle, soy Carmine McCarnet, ¿y usted?
Me llamo Ran, encantada.
Y yo soy Kazuha, la mejor amiga oficial de Ran.
Encantado.
Carmine era de estatura normal, unos 170, más o menos. Su pelo oscuro y muy corto dejaba al descubierto su redonda y gran cara, siempre rebosante de alegría. Sus bonitos ojos oscuros eran escondidos por unas gafas con la montura ancha de color negro, muy modernas. Este hombre era alto y delgado, aunque no tenía la típica pinta de rata de biblioteca. Llevaba unos pantalones negros, como de traje y una camisa blanca, planchada e inmaculada. Era un hombre muy divertido, extrovertido y atento, sinceramente, si no me llegan a decir que era un famoso hombre de ciencias, yo no habría dicho nunca que era científico.
Si soy indiscreta dígamelo por favor – Empezó a preguntar Ana – Pero, ¿Qué ha hecho para ser famoso?
Pues, cuando iba a la Universidad fui el mejor de mi promoción y hace unos pocos años, que aún duran ahora, hice avances sobre el VIH, y con un poco de suerte, podré encontrar la cura del terrible virus.
¡Woow!
Disculpe, usted es Ran ¿no?
Sí, encantada.
Encantada, soy Jackline... – Esta mujer lucia una larga y preciosa melena pelirroja, que le llegaba más allá de la cintura. Pese a tener sus 40 y pico años, vestía informal, moderna, pero a la vez elegante, llevaba un ajustado vestido, el cual marcaba sus sensuales curvas, de color amarillo pastel hasta las rodillas, color que hacía destacar sus ojos marrón oscuro. – Bueno... que no he venido a presentarme, era porque, ¿ese de allí no es su padre?
¿Qué? No por Díos – Aunque lo rogué, pasó lo que no quería. Al estar presentándome, la tarde iba pasando, y mi padre empezó a beber, y cuando me giré estaba bailando con una chica, que ni siquiera conocía, mientras un hombre le miraba muy mal e intentaba que lo dejaran, aunque a la chica le hacía gracia...
¡PAPÁ! ¡Deja de beber, y suelta a la chica!
¡Oh, mujer! Déjale que disfrute – me dijo Heiji, que apareció por detrás de mío, de vete tu a saber dónde.
Pero, es que esta muy borracho...
En ese momento, papá se cayó encima mío, menos mal que Heiji me ayudó, y entre los dos le llevamos a que se tumbara en un sofá que había allí cerca. A los dos segundos ya estaba roncando. Después fui a pedir disculpas a la chica con la que había bailado antes y, más que nada, al chico.
¿Eh? No pasa nada. A sido divertido
No, de verdad, a sido embarazoso. Sobretodo para ti, tío
Bueno... Pero no importa, ya esta
Bueno, dentro de una media hora ya estará sobrio. Y esta noche a intentar que no beba – y nos reímos.
Por cierto, yo soy Makoto, y ella es mi prometida, Sonoko.
¡¿Estáis prometidos?! – Los dos se sonrojaron - ¡Enhorabuena!
Makoto y Sonoko eran una pareja muy simpática y amigable...
Makoto era joven, unos 20 y pico. Pelo corto y rubio, unos ojos azul intenso, labios carnosos y nariz pequeña y redonda, aunque encantadora. Atractivo y delgado y con piernas largas. Vestía unos pantalones anchos negros y una camiseta de manga corta ancha, de marca. Llevaba unas gafas de sol que le costaba quitarse.
Sonoko una chica alta, rubia, con el pelo liso hasta los hombros, con unos grandes ojos azules; también tenía una nariz chata y una cara redonda. Vestía un vestido de minifalda corta, de color rojo; la falda era con volantes y la parte de arriba parecía un corsé.
Al poco de eso, nos sentamos todos, menos Nataniel, en los sofás, que formaban un cuadrado, para que nos viéramos las caras. Conocí a la única chica que me faltaba, Yakumo, era una chica pelirroja con el pelo largo, delgada, con una cara alargada y bonita, muy guapa, con unos ojos verdes y unos labios finos. Llevaba una falda a rayas blancas y negras, y una camiseta ancha blanca y unas botas hasta las rodillas negras, con poco tacón y punta redonda.
¿Ran?
¿Yakumo? ¿Qué haces aquí? ¿Tú no estabas con Hakuba?
Sí, bueno… El chico vino un día antes – ósea el día que me llamó. – Se me declaró y me regaló un anillo y todo. Pero…
¿pero que? No le querías…
No es eso, es que yo no sabría estar con novio, yo no quiero a un solo hombre para todo, quiero a muchos para distintas cosas…
Como eres… bueno, ya lo llamaré a ver como esta…
Pues creo que genial, porqué conoció a una chica amiga mia llamada, Aoko, se enamoraron y ahora esta más feliz que unas castañuelas.
¡Mira que te lo has quitado rápido de encima ¿eh?!
Y nos reímos las dos de lo lindo…
Señoras, señores, - Dijo Nataniel, haciendo reverencias a forma de elegancia. – Por favor, acompáñenme, ya que les haremos entrega de las llaves de sus respectivas habitaciones, para que puedan dejar el equipaje, muchas gracias.
