Srta. Mouri y Srta. Toyama, ésta es su habitación, espero que les guste
Llámanos Ran y Kazuha, por favor, Cyntia.
De acuerdo, Srta… digo, Ran
Gracias – Dije sonriendo.
Bueno, vamos Ran.
Venga
Entramos en nuestra habitación, era inmensa, con una cama de matrimonio al estilo barroco, con unos "pilares" que se alzaban, casi, hasta el techo, y arriba un mosquitera doblada, para que, con sólo estirar un hilo que había al lado del cabezal, ésta se abriera; la cama tenia unas sábanas rojo sangre con bordados negros, muy oscura. Después, en el suelo, una alfombra de color marrón parecido al de la madera, en una pared, una cómoda y armario, ambos enormes y hechos con madera de roble. Y, por último, un balcón pequeño, cubierto con unas cortina, también oscuras, medio abiertas, ósea, atadas al lado.
Cuando entramos, lo primero que hice yo fue, después de soltar las maletas, fue saltar encima la cama, quedó un poco deshecha, pero bueno... Y Kazuha, al mismo tiempo, salió al balcón. Después fui yo, había una vista hermosa del pueblo, todo lleno de casitas rústicas, ya que, afortunadamente, los hoteles quedaban al otro lado del castillo, y al fondo podían verse las montañas.
Oye, tú me dijiste que tuviste una sensación extraña con el hombre que viste en la estación ¿no?
Sí.
Y, este hombre esta aquí ¿no es cierto?
Sí, pero ¿Qué te pasa?
Es que, tu me dijiste que tu sensación era que le pasaría algo malo.
Bueno, pero creo que tu tenías razón, confundí sentimientos, de tan nerviosa que estaba. Pero no pasa nada.
Ya... ¡¿Pero no te acuerdas?! Una vez me dijiste que tenías la sensación que iba a pasar algo mal. Y yo me caí ensayando, Hakuba rompió dos cuerdas de su guitarra, tu te caíste del escenario y te rompiste una pierna, y 5 del grupo suspendimos un examen. Tu sensaciones, tus malos presentimientos, siempre funcionan.
Kazu, eso fue casualidad.
Bueno, pero por favor, ve con cuidado, no quiero que te pase nada, ¿vale?
Esta bien.
Y nos abrazamos. Eso me hizo pensar, bueno tenía razón, y esa no había sido la única vez que pasaba lo que presentía. Un día me levanté mal y a mi padre lo ingresaron en el hospital. Y un día que me desperté llorando sin saber por que y mi abuela murió en el hospital esa misma tarde. Bueno, casualidades muy casuales, la verdad. Pero bueno, ¿Kazu que creé? Qué tengo poderes o algo así, es que, esto es el colmo.
Como me aburría y no quería pensar en eso, entré en la habitación y me puse a ordenar mi ropa. Entonces me di cuenta de que, encima la cómoda había un joyero, así que cotillee un poco. Había todo tipo de joyas: pendientes, brazaletes, collares, pulseras,... de todo. Pero a mi me llamó la atención una bolsita de cuero que estaba un poco escondida entre las joyas. La abrí y allí había un collar muy largo, negro, elegante, con una redonda a forma de colgante y unos "flecos" alrededor de ella.
Ejem... Esto... Este collar no tendrías que cogerlo.
¿Eh? Heiji, ¿Cómo has entrado?
Trabajo aquí, tengo acceso a la llave maestra. – Se acercó a mi, quitándome el collar de las manos – Tranquila, por las noches tengo prohibido entrar, no te preocupes. – me dijo seductoramente, y después me puso el collar.
Heiji, y ¿qué haces aquí? – Dijo Kazuha, entre extrañada y enojada.
Pues, quería deciros que os a tocado la habitación más codiciada de todas, aquí es donde dormía la reina Nafde con su marido. En esta misma alfombra es donde ella se desangró y por aquí – dijo apretando a la pared de una esquina, donde, de golpe, empezó a abrirse una pequeña puerta. – Es por donde escapó Karen.
Pero, ¿la historia del Castillo de Luna Llena, no es eso, una historia? – pensó en voz alta Kazuha.
Bueno, chica. Estas pisando el suelo del casillo, tu amiga Ran tiene una joya de Nafde en su cuello. Si sigues creyendo que sólo es una leyenda, es cosa tuya.
¡Toma chica! – Dije burlándome de la cara con la que se había quedado Kazuha, una cara de posesa. – Espera un momento... Que... ¡¿Qué esta era la habitación donde Nafde murió?! – pregunté totalmente pálida.
Sí – Respondió Heiji, tranquilamente – Bueno chicas, la cena se servirá a las 9, cambiaros y poneos elegantes que después habrá un baile...
De acuerdo... Gracias... – Y Heiji desapareció por la única puerta "visible" de la habitación.
¿Qué te pasa, Ran?
¿Eh? ¿Qué me a de pasar?
No sé chica, ¡Tienes la cara pálida! – se acercó a mi y puso la mano en mi frente – no tienes fiebre, y entonces, ¿Qué te ocurre?... ¡Ah! ¿Te da miedo que esta sea la habitación de la reina, donde ella murió?
¿Eh?... ¡No!... Yo no creó en espíritus y esas cosas. ¿Bueno qué? ¿Vamos a cambiarnos?
De acuerdo – Dijo Kazu, soltando una risita, se había dado cuenta que a mi sí que me daba miedo dormir allí, pero es que, dormir en una habitación donde, hace tiempo, murió una mujer, como que da un poco de mal rollo.
Nos empezamos a cambiar...
A ver ¿Qué me pongo?
No, Ran ¡Tu problema habitual, no!
¿Qué pasa?
A ver, este vestido no, es muy poco elegante, para mañana – y lo guardé en el armario – éste es muy oscuro – y también lo guardé en el armario – un pantalón no...
A ver, - Empezó Kazuha con el mismo juego – Este vestido no, es muy corto – También iba guardándolo todo en el armario – Este jersey no, ¡es horrible!
¡Este vestido es perfecto! – Gritamos las dos a la vez, cada una con un vestido en la mano
La fiesta había empezado, sonaba música lenta para bailar en pareja; la única pareja que había venido a la reunión era la que bailaba, Sonoko y Makoto y, también bailaban, Carmine con Jack y Eli con un hombre moreno, pero con la piel muy pálida y una cara cuadrada, adornada con unos ojos muy azules e hipnotizantes, vestía un traje de pantalón, americana y corbata, descubrí después que se llamaba Kaito, que era muy poco elegante y un mal educado (¡No se me había presentado!). Shinichi y Heiji estaban sentados en un sofá en la pared y mi padre estaba en la barra sentado, que ya había empezado a beber.
La fiesta acontecía en el salón. Un enorme y bello salón, decorado con muchos cuadros, de todo tipo de medidas, pero el que más me llamó la atención fue uno, enorme, de unos dos metros de altura y 1 de ancho, en él había una mujer muy extraña, vestía un vestido hermoso, rosa pastel con unos bordados dorados, aunque muy barroco para mi gusto, la mujer era morena, una larga melena azabache, pero era extraña, por que, exceptuando el detalle del pelo moreno, era idéntica a mi, la cara era muy parecida, los mismos rasgos, el mismo tipo de cuerpo, bonito pero ancho de caderas, era yo con el pelo teñido.
En el salón había una barra con un camarero con un esmoquin negro y una pajarita roja, que servía a mi padre, el cual iba vestido con un esmoquin blanco roto y una camisa y pajarita a juego. Llevaba el pelo engominado hacia atrás y estaba muy elegante sentado en uno de los cinco taburetes todos de cuero.
Bailado había tres parejas, Sonoko y Makoto, ella con un precioso vestido de lino violeta, ajustado hasta la cintura, y, a partir, de allí, un elegante vuelo que impresionaba con cada vuelta que daba bailando, con el final de la falda rasgado, también llevaba el pelo elegantemente recogido con un bonito moño. Él vestía un frac, un traje de pingüino, negro, con una camisa blanca y una pajarita roja. Bailaban excepcionalmente bien.
La otra pareja eran Eli y Kaito, un hombre que no bajo a comer, por eso no lo conocí a primera vista, pero cuando bajé se me presentó encantado; él vestía traje y corbata, ambos azul marino, tan oscuro que parecía negro; ella llevaba un vestido bellísimo, rojo muy oscuro, como rojo sangre, llegaba hasta los tobillos, con un gran vuelo, y, en el pecho llevaba una gran rosa negra, un bonito encaje del vestido.
Y la última pareja eran Carmine y Jack, él vestía un traje gris y una camisa blanca, y una mal atada corbata azul. Ella vestía un conjunto de falda y americana, amarillo pastel, la falda era hasta las rodillas y, debajo de la americana, una camisa de manga corta amarilla.
Yakumo, Sakura, Horacio y Eichi, estaban en una mesa sentados, hablando alegremente. Sakura vestía un vestido fucsia, de palabra de honor y con el final en pico hacia la izquierda. Yakumo era la única mujer con unos pantalones, negros, y una camisa negra, con adornos dorados, con cuello de pico. Eichi unos pantalones negros y una camisa arrugada abierta por el pecho, como los hombres que bailan salsa. Horacio vestía un esmoquin negro y una pajarita roja, este hombre no lo conocí en la comida, aunque sí que estaba. Pero cuando bajé ya lo conocí.
Por último, Heiji y Shinichi, vestidos los dos parecidos. Heiji con un traje negro y una corbata lila, y Shinichi vestido con un traje negro, también, y una corbata marrón. Estos dos muchachos estaban al final de la escalera que asciende hasta el piso de arriba, donde están las habitaciones donde nos alojábamos; unas escaleras de marfil blanco y una barandilla ancha, al más puro estilo de un castillo real.
¿Eh? ¿Ran? ¿Qué haces aquí detrás? – Me dijo Kazuha, tocándome el hombro y dándome un susto de muerte.
Ella iba muy guapa, llevaba un moño muy extravagante y vestía un vestido beige de tubo, con un cinturón marrón madera suelto, con un cuello de palabra de honor y un bonito colgante de conchas.
¿Qué pasa? – Pregunté sorprendida y despistada, aún con el susto en el cuerpo.
Eso digo yo. ¿Qué hacías detrás de la pared? ¿Por qué no bajas?
Es que...
¿Qué pasa? ¿Qué te da vergüenza?
¡NO! Bueno... un poco, pero es que somos las últimas y, mientras bajemos todo el mundo nos va a estar mirando... un poco de vergüenza si que me da...
Venga chica, no pasa nada, ponle ganas, venga, sé fuerte, ¡que vas guapísima!
Venga, ¡Ahora!
Y salimos, efectivamente todo el mundo se nos quedó mirando, yo iba cogida a la barandilla y Kazu a mi lado. Yo vestía un vestido que me regaló mi madre, cuando lo abrí me acuerdo que solté una lágrima, porque era hermoso y sé que también era caro; me lo regaló para un baile al que había sido invitada, donde habrían muchas personas famosas. El vestido era dorado, de palabra de honor; gracias a ese cuello destacaba el collar que me había puesto Heiji, el de la reina Nafde; el vestido tenía muchos encajes marrones, muy ajustado y, de la cintura, del lado derecho, se abría una raja que dejaba ver toda mi pierna derecha; después llevaba un recogido hecho por Kazu.
Llegamos al suelo del salón y todo el mundo seguía pendiente de nosotras, incluso mi padre, aunque no es que tuviera mucha idea de lo que pasaba, sólo miraba porqué todo el mundo miraba; bueno, pues llegamos y Heiji, muy caballerosamente, cuando llegué, me tendió la mano y me ofreció bailar, yo acepté divertida, le cogí la mano y fuimos hasta el centro del salón, en donde resaltábamos, ya que era muy grande para las cinco parejas que nos disponíamos a bailar; éramos yo y Heiji, Sonoko y Makoto, Eli y Kaito, Carmine y Jack y, que se lo había pedido mientras yo iba al centro de la pista, Kazuha y Shinichi.
Señores invitados, siento el retraso, pero es que no he podido contactar con ellos, pero ahora ya esta solucionado, por favor, ¡qué empiece la fiesta! – Dijo Nataniel, que se había subido al escenario, se apoderó del micrófono y había dicho esas palabras.
Detrás de él se levantó un telón y aparecieron un grupo de jóvenes, 4 chicos, dos con guitarras eléctricas, uno con un bajo y otro en la batería; y 2 chicas, una cantante y una más en un teclado eléctrico. Empezaron a tocar una canción lenta. La verdad es que, aunque pinta no tenían, ya que daban más la intención de rockeros que otra cosa, tocaron muy bien, como una orquestra de una pueblo en las fiestas mayores.
Heiji me cogió fuertemente de la cintura, como si fuera a escaparme, y me acercó más a él. Nos arrimamos mucho y bailamos al ritmo de la música; él bailaba genial y bueno, yo no puedo quejarme, y estaba yo como para hacerlo ya que mi madre me dio unas clases y como bailara mal se enfadaría. Me fijé en que Shinichi tampoco lo hacía mal y, bueno, Kazuha se las arreglaba bastante bien.
Vi a Eichi y lo saludé, después reparé en que estaba en una mesa con los demás y fui a saludar, me separé de un sorprendido Heiji y me acerqué.
¡Hola! ¿Qué tal?
Genial. Oye Ran, estas preciosa, ¡Ese vestido es precioso!
¿Te gusta? Vaya, gracias. ¿Sabes? Me lo regaló mi madre para una fiesta en su buffet, es que es abogada. Y se ve que en esa recepción iba a haber gente importante, y me lo regaló. Y, mientras hacía el equipaje, pensé, ¿Tengo que llevar un vestido de gala? Pues a la maleta. – Todos reímos.
Apareció Heiji por detrás y me cogió de la cintura. La canción seguía sonando, pero todos los que bailaban se acercaron a saludar.
¡Oye Ran, estas preciosa!
¡Sí! ¡Me encanta ese vestido!
¡Eres guapísima!
En ese momento noté que todo la sangre de mi cuerpo iba hacía mi cara y la cual se tornaba de un color rojo muy fuerte, en fin, que me puse muy colorada.
Empezó a sonar una canción salsa y yo no pude evitarlo y, separándome de Heiji, empecé a mover mis caderas al ritmo de la música. Eichi me miró, sonrió, se levanto y cogió mi mano.
¡Ven!
Y me arrastró a la pista de baile y juntos bailamos una canción de salsa preciosa, tengo que admitir que el chico lo hacía genial y yo, que era aficionada a salsa, podía arreglármelas bastante bien. Ese baile me encantó.
En el siguiente baile, también de salsa, más parejas se animaron a bailar, y Makoto me cogió, como si se tratara de una competición para ver quien bailaba mejor, y bailó una canción conmigo. Después Eichi volvió a bailar conmigo, pero esta vez con la pareja de Makoto y Sonoko al lado, comportándose como en una competición. Shinichi, que estaba sentado sólo, ya que el único hombre sin pareja era Horacio, pero fue al baño; miraba la escena con reproche.
Al cabo de unas 12 canciones, estaba agotada, así que fui a sentarme, pero Eichi no estaba cansado y cogió a su hermana y bailaron los dos juntos excepcionalmente bien.
Hola Shinichi, ¿Qué pasa? ¿Por qué no bailas?
Porque no tengo ganas
Me puse delante suyo, un poco agachada para estar a su altura, y le tendí mi mano.
Y, si te lo pido, ¿Bailarías conmigo?
No lo sé.
Por favor, humilde caballero, le gustaría bailar conmigo.
Bueno, si me lo pedís así, esta bien, bailaré con vos, preciosa princesa.
Gracias.
