Fuimos a bailar

Cuando llegamos a la pista empezó a sonar una canción de cha-cha-cha que me encantaba y bailamos los dos arreglándonoslas bastante bien.

Oye, la gente tiene razón, este vestido es precioso y te queda genial.

¡Oh vaya! ¡Gracias! – Sonreí divertida – Ah... El gran Shinichi me ha dicho que estoy guapa esta noche, que gran honor.

¡Oh! Pero, me parece que he descubierto que el famoso dicho tiene razón...

¿Cuál?

Aunque la mona se vista de seda... – Empezó Shinichi.

Mona se queda. – Continué – Creó que contigo también tiene razón.

¡Eh! Y por mí, ¿Por qué?

Hombre, este traje de pingüino te queda genial, pero... – Shinichi puso una cara entre anhelación y enfado – Sigues siendo igual de...

¿De qué? ¡Eh! Cuidado chica no te pases mucho, que te arreo.

Mmm... pos no sé...

¿Qué? – Dijo sorprendido, abriendo sus bonitos ojos azules. – Venga dilo...

Es que... se me ha olvidado lo que quería decir... – Le miré con cara de vergüenza, como una niña pequeña que quiere que no le metan la culpa.

Pero... serás... – Dijo entre divertido y enojado.

¡Ah! ¡Ahora me acuerdo! ¡Es que sigues siendo igual de estúpido! – Diciendo eso grité, un poco más de lo habitual, haciendo que todo el mundo del salón me oyera, con lo cual me sonrojé. Mientras Shinichi me miraba sin entender nada, hasta que pudo ver que todo el mundo nos miraba, aún sin saber por qué.

En ese momento la música paró y empezó un vals muy bonito, yo iba a irme, pensando que Shinichi también se querría ir, alegando que no sabía bailarlo. Pero sorprendentemente, el chico cogió mi mano derecha y, con una bonita pirueta, me puso delante de él, haciendo que pudiera ver aún más bonita, su mirada marina. Tenía la expresión seria y firme, pero cuando me cogió de la cintura para empezar a bailar, se dibujó una sonrisa en su cara y me guiñó un ojo.

Me sorprendió que bailara tan excelentemente bien. Era ligero como un pájaro, pero seguro cual león. Parecíamos una pareja de concurso, él bailando genial, y con su postura perfecta, espalda recta, brazo estirado y la cabeza tirada ligeramente hacia atrás. Yo del un, dos, tres no subía, pero él me guiaba de tal manera que, aunque no hicimos ninguna pirueta, el baile quedó precioso.

Al principio, como tenía que intentar seguir el paso, no hablaba ni nada, pero ya, cuando me acostumbré, retomé la conversación de antes.

¡Oye Shinichi! ¿Sabes que lo que te he dicho iba en serio?

¿El que?

Lo de que estas muy guapo pero sigues siendo un estúpido.

¡Oye guapa! No te pases ¡eh!

Yo... encima ahora la mala soy yo... Pero si has empezado tú.

Pero que dices, yo no he hecho nada...

Serás...

Sabes – Shinichi puse una cara divertida, cogiendome de la barbilla y acercándose a mí, haciendo que me sonrojara – Me gusta la cara que pones cuando te enfadas...

¡Eh! Lo haces a propósito, que chico ¡Ah! – y me fui a sentar, fingiendo estar enojada, aunque a escondidas me reía.

Me senté en la silla donde antes había estado Shinichi, me crucé de brazos y baje la cabeza, enfadada.

Va Ran... Sólo era una broma... No te pongas así

... – Yo no contesté

Jo Ran... Lo siento... Venga, me perdonas... – Yo hice que no con la cabeza.

¿Qué quieres que haga? – Yo seguí sin contestar.

Venga Ran... Deja el juego de niñas pequeñas, porque es verdad, ahora mismo pareces una niña pequeña que se ha enfadado y no quiere hablar con nadie.

¡A sí! Pues tu pareces un niño rico, mal criado, que no sabe hacer otra cosa que cabrear a la gente, no me extraña que no tengas ni amigos ni novia, ni nadie que te haya querido acompañar – dije enfadándome, esta vez de verdad, y encarándome frente a Shinichi.

Pues tú eres una niñita mal criada que no sabe otra que cosa que... ¡Papa ha pasado esto! ¡Papa ha pasado lo otro! – Dijo imitando a una niña pequeña llorando – Eres una llorona, no sabes controlarte, te crees que vives en un mundo de rosa y que nada de la realidad no te va a afectar, pero no es así, ¿vale?

¡A sí! ¿Eso crees de mí? Pues si crees eso de mí, porqué estas aquí, vete con otra chica, para que quieres a una amiga mal criada, sin control y que vive en su mundo de rosa. Venga vete, ya estas tardando, seguro que otras chicas mejores que yo están soñando con ser tus amigas en Estados Unidos.

Y me fui corriendo, dirección era el baño, pensé que allí él no me molestaría, ya que no podía entrar.

Mientras corría, oí como me seguía pidiéndome que le esperara para así poder hablar y que nos perdonáramos, ignoré sus peticiones y entré en el servicio de mujeres. Era, como todo el castillo, muy lujoso, pero se notaba que lo habían reconstruido para turistas, entre otras cosas porque no creo que la reina Nafde quisiera cinco lavabos en su baño. Aparte de los sanitarios, también había una pica para lavarse las manos de mármol con decoraciones de oro y el grifo de plata. La pica estaba a mano izquierda y los lavabos a mano derecha, respecto a la puerta. Y, cuando entré, en frente mío encontré un gran ventanal desde donde podía verse un paisaje hermoso, eran las montañas que quedaban detrás del hotel, todo verde y al fondo podían verse las montañas. Era muy parecida a la vista que tenia en mi habitación.

Entré en el baño, y al encontrar la ventana abierta pensé que era un bueno lugar para pensar. Cuando iba apoyarme, vi como no era una repisa, sino el porche de la salida para el jardín trasero, el cual pude contemplar cuando, en vez de ponerme de la típica manera, con la cabeza encima mis manos y los codos en la repisa, pensé e hice el sentarme encima del porche.

Estaba anocheciendo, lo cual hacia las vistas aún más bonitas. El jardín, que era una gran descampado de tierra con 8 árboles marcando una cuadricula, un lugar perfecto para que los pequeños jugaran o con unos bancos en las esquinas para descansar; ese terreno se volvía de colores entre naranjas, rojos o amarillos... Me hacia sentir que en ese sitio nunca podría pasarme nada, estaría segura toda mi vida, era como si me hubiera olvidado de que era un viaje con mi padre, que Kazuha se había venido conmigo, que un reina había muerto aquí, no me importaba nada...

Bueno... Shinichi, ese chico era diferente, parecía como si nos conociéramos de toda la vida. Sentía que esa persona nunca podría hacerme daño, me sentía segura, pero bueno... Siempre tienes alguna pelea con alguien a quien quieres mucho, así, que yo no creía que nos hubiéramos enfadado, sino, que eso era una típica riña entre amigos. Ese chico era genial, había hecho que me enfurruñara pero no conseguía enfadarme con él, después de todo lo que me dijo en el comedor, no conseguía enojarme, era una sensación horrible, como si quisieras algo que sabes que nunca conseguirás.

Ran... déjame entrar anda...

¿Eh?

Ran, soy Shinichi, ¿puedo entrar? - Yo hice un gruñido afirmativo pero no me levanté del porche. Cuando Shinichi entró, primero creo que pensó que quería suicidarme, al ver que estaba fuera de la ventana, lo sé ya que me giré y le vi una cara como de preocupación.

Ven, siéntate aquí, si quieres...

Shinichi se acercó temblorosamente. Pensaba que yo le estaba diciendo que se acercara donde él pensaba que pensaba saltar al vacío, o que estaba volando, o vete a saber el qué... También iba mirando hacia atrás por el miedo de que si entrara un señora no sabía que pensaría si lo encontraba en el baño de mujeres conmigo. Pero se acercó y cuando vio el porche y las vista del atardecer se olvidó de todo y se sentó a mi lado, no se lo que debía pensar, pero me pareció que se sonrojaba ¿Se sonrojaba? ¡No! Sería de el calor de dentro del Castillo o que un golpe de aire le dio y le devolvió el color de la cara o yo que sé... Pero como podía imaginarme cosas tan raras como que se sonrojaba por mí, que no, pero si nos acabábamos de conocer. Aunque yo sí que me sonrojé cuando decidió sentarse a mi lado a ver la puesta de Sol.

Shinichi se sentó a mi lado y bajó la cabeza...

Lo siento, lo que dije no iba en serio, todo fue causa del enfado, es que soy yo el que no sabe controlarse cuando me enfado y... bueno, que lo lamento mucho, ¿podrás perdonarme?

Con una condición, que tu me perdones a mi, porque yo también me he pasado, ya que yo, todo lo que dije... me dejé llevar por la ira y la venganza. Lo siento. Yo te perdono.

Perdonada.

Gracias. – Le miré a los ojos de mar y él también me miró a los ojos.

Me sentí genial, como revitalizada de todos los malos sentimientos que tenía... Me sentía en un mundo paralelo a la realidad, un mundo perfecto...

De golpe, un ruido me hizo me hizo salir de mis pensamientos. Era como un cristal roto y un gran peso se desplomaba sobre el suelo del castillo. Esos sonidos sin duda provenían de la habitación de al lado. Shinichi se levantó de golpe y de un salto entró a la estancia y corrió a la habitación de al lado, yo le seguí y choqué contra su cuerpo, ya que sin previo aviso, se había detenido delante de la puerta, antes abierta por él mismo. Yo me sorprendí ante su acción y me asomé al baño de los hombres y, preferiría 1000 veces no haberlo hecho.

¡¡¡¡¡¡AAAAHH!!!!! – Grité con todas mis fuerzas.