Capítulo 3
La vida parecía sonreírle de nuevo. Su familia había decidido quedarse en lo de los abuelos un poco más, todavía la quedaban unos días de vacaciones y Albus seguía sin poder ganarle en el ajedrez mágico. Pero lo mejor de todo es que no había recibido noticias del señorito Malfoy desde la última vez que se reunieron. Tal vez el chico se había dado cuenta de que era un caso perdido o tal vez sobornaría a sus profesores para aprobar esa materia. Fuese lo que fuese, sinceramente no le importaba.
Se acomodó en el sofá cerca del fuego y dejo que su calor la fuese adormeciendo. Su vida era tranquila y sin cambios. Aburrida se podría decir pero tampoco le importaba. A Lily Potter muy pocas cosas parecían despertarla de su eterno letargo. Nada excepto una lechuza golpeando el vidrio como loca. Maldijo por lo bajo su mala suerte.
Sabía de quien era la carta. Esa lechuza negra de ojos rojos era inconfundible. Se dejó caer contra la ventana mientras leía la carta. Estaba a punto de patear el suelo de frustración cuando escucho la voz de su abuelo llamándola.
-Abuelo, ¿quieres ver mi nuevo descubrimiento?-le pregunto mientras se acercaba al anciano pelirrojo.
-¡Por supuesto!-dijo entusiasmado mientras la tomaba del brazo.
Su abuelo era una de sus personas favoritas en el mundo. Él siempre era atento, bueno, cariñoso y principalmente, era el único que se interesaba en su extraña afición por el mundo muggle. La tía Hermione sabía mucho también sobre los muggles pero nunca tenía mucho tiempo, y además prefería al abuelo. Saco de su bolsillo la cámara digital y la puso encima de la mesa de cocina. Amaba ver su expresión de fascinación y que dijese "fascinante" como si fuese un niño. La mirada en sus ojos le recordaba un poco a alguien, ahora que lo pensaba.
Después de un tiempo de examinar la cámara y declarar por centésima vez que era increíble como los muggle se arreglaban sin magia Lily escucho la voz de su abuela Molly llamándola para alistar la mesa. Estaba estirando el mantel cuando una voz la hizo sobresaltarse.
-Potter.-su voz le caía como un baldazo de agua fría. ¿Qué hacia EL en la madriguera?
-¿Malfoy?-no podía evitar su confusión. Su cabeza no paraba. ¿Qué hacía EL ahí?
-¿Sorprendida de verme? Que extraño. Pensé que te había comentado de mi visita.-se hizo el tonto y siguió su camino.
Lo observaba. Lo observaba y lo seguía observando. Iba por ahí, por la casa de sus abuelos haciéndose el bueno como siempre. La familia ya había aceptado, muy de a poco, que un Potter (Albus) fuese amigo de un Malfoy. Sabía que su papa y el señor Malfoy se habían odiado en la escuela pero bueno, eso no quería decir que el odio se llevase en las venas. Bueno, por lo menos no en el caso de Albus. Pero ella definitivamente no le soportaba.
Se sentaron a comer y su abuela empezó a servir esa maravillosa comida suya. El olor la hizo sacar los ojos de encima del rubio. Lo ignoraría como siempre, decidió. La comida no podía estar mejor y tanto ella como su tío Ron se atragantaron al primer bocado. La familia rió. Se tapó con una servilleta su sonrisa llena de restos de comida. Había notado su mirada. Por primera vez en su vida la dio vergüenza su falta de delicadeza.
Scorpius no le estaba prestando la menor atención. Era un acuerdo de ignorancia mutuo y los dos estaban bien con eso, por lo menos en los momentos en que no tenían que hablar del mundo muggle. Estaba disfrutando de esa maravillosa comida (siempre se había preguntado cual sería el ingrediente de esa señora) sus comidas nunca fallaban. Estaba ensimismado en su plato y en la charla con Albus cuando todos rieron y pudo ver que en la otra punta de la mesa el tío de Albus y la pelirroja se bajaban un vaso de agua de un solo saque. Habían comido demasiado rápido, era evidente. No pudo evitar poner la misma cara que ponía su padre cuando hacía algo mal.
Los ojos de la pelirroja habían ido a parar directamente hacia él. Se sintió un poco incómodo pero más que nada se sintió raro. Los ojos de ella eran como si se estuviesen disculpando por su falta de modales. Sonrió de lado, para su propia sorpresa, y siguió hablando con Albus. O por lo menos eso intento ya que no entendía porque pero la mirada de la pelirroja lo había intrigado. Debía admitir que tenía unos ojos interesantes. Ojos marrones como su madre. Unos ojos comunes se podría decir pero no sabía porque le parecía que no había visto ojos iguales en su vida.
-¿Scor?-lo trajo de vuelta a la Tierra la voz de su amigo.
Asintió con la cabeza mientras alejaba esos pensamientos de su cabeza. Había visto los ojos de la menor de los Potter desde siempre. No tenían nada de nuevo.
Ahora esperaban el postre y mientras Albus conversaba con uno de sus primos, se dedicó a observar a la familia de su amigo. Le gustaba observar a las personas y más cuando pasaba desapercibido. Es decir, en su mundo, todas las personas observaban a las demás. Era normal. Pero en el familia de su amigo, no. Ellos eran espontáneos y amistosos, incluso con él, un Malfoy. El padre de Albus le parecía una persona muy buena, torpe si pero buena al fin. Su madre era un lobo disfrazado de cordero por lo que le habían contado pero para el rubio era una especie de versión adulta de Lily Luna. Sin su mal comportamiento por supuesto. James había sido el típico adolescente mujeriego y alocado de la escuela y aunque ahora era un poco más centrado seguía teniendo el mismo espíritu alegre y desordenado de siempre.
Dirigió su mirada desde una punta a la otra de la mesa. Llena de pelirrojos, por cierto. Pero se dio cuenta de que la persona a la que más deseaba examinar (no sabía por qué) no se encontraba ahí. Frunció el ceño preguntándose donde podría estar. Una música lo hizo salir de sus pensamientos y entrando por la puerta del comedor, medio bailando medio caminando, hizo su presencia la pelirroja. Iba al son de una música nórdica, por lo que fino oído podía definir. La canción le pareció conocida.
Esa canción la ponía alegre. Le gustaba como empezaba. Fue bailando alrededor de la mesa mientras seguía con gestos la letra de la canción. Todos reían cuando ella hacía eso. Todos menos él. Él no entendería de eso. Música y diversión debían de parecerle extraños. Sonrió con malicia al ver su cara de confusión. Solo bailar sin sentido. Malfoy no lo entendería.
-Lily deja de jugar y ven a servir el postre.
La voz de su abuela le empezó a pasar las porciones de torta. Fue sirviendo al ritmo de la torta pero no se dio cuenta de que estaba dando vueltas demasiado rápido. Demasiado ensimismada en la música. Entonces tropezó y el plato que tenía en la mano fue a dar derecho hacia la ropa de alguien. O mejor dicho, camisa.
Después de unos segundos de silencio en los que los presentes no sabían que hacer la suave risa de Albus hizo que todos empezasen a las carcajadas y que la señora Weasley que no paraba de pedir disculpas y echar miradas fulminantes a sus nietos. Todos menos dos personas que se miraban fijamente. Una mientras mordía su labio inferior sin saber que decir o hacer y la otra fruncía el ceño y trataba de contar hasta diez para no perder la calma. Parecía que cada vez que estaban juntos alguno de los dos perdía la paciencia por culpa del otro.
En este caso Lily podía ver como Scorpius perdía su auto control al ver su camisa color verde oscuro manchada de blanco y rosado. Se sentía culpable. No le agradaba pero tampoco le gustaba causar un mal innecesario o sin sentido.
-Al, ¿me prestas algo que usar hasta que limpie esto?-señalo el desastre en su camisa.
-Deja, lo hago yo.-dijo la pelirroja enojada por su propia torpeza.
El rubio y el morocho la siguieron hasta la puerta del comedor y la vieron perderse velozmente por las escaleras de la madriguera. Malfoy se preguntó si era humanamente posible que alguien pudiese subir las escaleras tan rápido.
-Es rápida, ¿no?-su amigo le decía mientras comía un poco del pastel.-Pero bueno lo hace desde siempre, como ya sabes.
Scorpius estuvo a punto de decirle que no tenía idea de que estaba hablando pero se calló oportunamente. Después de tantos años de amistad no podía decirle que en todo ese tiempo nunca se había percatado de que su hermana menor subía las escaleras casi volando. No podía decirle que nunca le había prestado la mínima atención porque la consideraba un desastre sin solución. Se recrimino a si mismo por haber sido tan poco observador. Había mirado sin siquiera mirar.
-Toma.-le dijo una voz que conocía mientras la remera caía sobre su rostro.
-¡Lily! Fue tu culpa esto así que por lo menos discúlpate.-la voz de su hermano sonaba seria.
-Fue un accidente Al. No te alteres.-le dijo restándole importancia al asunto.
-Discúlpate.-volvió a insistir el chico.
Ella siguió su camino dándole una mirada de "nunca". Ella desapareció por la cocina, y su amigo agacho la cabeza, derrotado de alguna forma. Colocó su camisa manchada en una bolsa que Al le había dado y se puso la remera.
-Lo siento. Es más terca que una mula.
-No tienes por qué disculparte. Fue un accidente después de todo.-ya estaba un poco más calmado. Le había molestado más que todos se riesen de él que su camisa manchada. La hubiese limpiado con magia pero no era muy bueno con esos hechizos y no quería quemarla o algo por el estilo.
-Lo sé pero a veces siento que lo hace apropósito. No entiendo porque te odia tanto.-y volvieron a la mesa.
"¿Odiar?" nunca se había puesto a pensar en eso. ¿En verdad ella lo odiaba? Sabía que no debía de importarle pero por alguna razón ahora le importaba un poco. Iba a ser duro aprender sobre el mundo muggle cuando ella lo odiaba. No es que fuese a desistir de la idea pero le incomodaba un poco el hecho.
Al lo llevo al salón mientras su madre y su abuela limpiaban los platos. De nuevo volvía a sorprender la dinámica familiar de su amigo. Todo era un caos y a la vez todo era muy acogedor. Se sentía… extrañamente bien. Se dejó caer en uno de los sillones al lado del fuego mientras observaba distintas escenas. Albus y James jugando a las cartas contra Harry Potter y Ron Weasley. Hermione Granger, la esposa de Ron, charlaba con su hija Rose de algún libro o algo así mientras Hugo hacia levitar algunas cosas por la sala. Se estaba quedando dormido por el calor del fuego.
-¡Gane!- su voz lo hizo abrir los ojos con fuerza.
Después de buscarla con la mirada la encontró jugando al ajedrez mágico con su abuelo justo al lado de la ventana. Ambos reían divertidos mientras con un hechizo volvía a arreglar las piezas destruidas. El señor Weasley se levantó y se fue. Ella quedo sola y sin saber por qué se dirigió hacia ella.
Estaba concentrada en la nieve cayendo fuera cuando vio una figura sentándose delante de ella. La tomó por sorpresa. Levanto una ceja. Era raro eso. Él la observaba altanero como siempre. Pero algo había de diferente. Es decir, se había acercado voluntariamente a ella. No había razón ni motivo para que el estuviese sentado frente a ella pero ahí estaba. ¿Acaso el destino quería que fuese amiga de Malfoy? Cruzó los brazos por sobre su pecho y se recostó en su asiento. Él hizo lo mismo. El silencio era palpable.
-¿Qué quieres?-pregunto cansada del silencio y de la guerra de miradas. Sus ojos grises eran demasiado profundos para ella, lo admitía.
-Adivina.-le dijo el rubio muy tranquilo. Parecía disfrutar la situación.
-Vamos Malfoy no seas pesado.-odiaba que le pidiesen que adivinase cuando no tenía idea de que quería la otra persona.
-Jugar al ajedrez por supuesto.-y de nuevo la hacía quedar como una tonta. ¿Qué no tenía nada mejor que hacer?
-No quiero.
-¿Temes perder Potter?-la desafío. Sabía que ella no diría que no.
-Bueno está bien, vamos a jugar ya que tantas ganas tienes…-le dejo ganar. Era aburrido pelear todo el día.
Está bien lo admitía: el chico sabía jugar. Era un digno oponente. El primero en mucho tiempo. Se inclinó hacia el tablero y froto su barbilla lentamente. El siguiente movimiento definía el partido y no quería perder. No quería darle otro motivo para alardear de su superioridad aristocrática. El enojo vino con una especie de suerte porque de repente pudo ver su jugada. Como siempre había estado frente a ella pero no la había notado. Todo su jugador y destruyo a su caballo.
-Jaque.-dijo victoriosa. Se sentía tan bien ganar.
-Mm…-suspiro por lo bajo el chico mientras también observaba atentamente el tablero. Estaba a punto de admitir su derrota cuando movió una pieza que no había previsto y ahora él era el que la miraba con sorna.-Empate.-sentenció.
Gruño y frunció el ceño como una niña pequeña. Scorpius no pudo evitar pensar que era bastante caprichosa aunque supuso que eso era obvio. Era la menor y consentida de la familia. Cuando termino de pensar la vio observándolo. Por un momento se olvidó de que estaba haciendo y se perdió en sus ojos marrones. Era extraño como podían ser tan comunes y a la vez no.
Ella se levantó y al poco tiempo vino trayéndole un vaso de jugo de calabaza. Se sorprendió de su buen gesto y le agradeció con la cabeza. No sabía que decirle. Nunca habían tenido un momento de paz sin maltratarse mutuamente. Nunca le había interesarlo hacerlo… hasta ahora.
-¿Me odias Potter?-le pregunto y tanto él como ella se sorprendieron.
Lily lo miro con sus enormes ojos marrones. No entendía a que venía esa pregunta. Y menos de él. Dejo su jugo de calabaza sobre la mesa y junto las manos. Miro el techo pensando. No se había puesto a pensar que sentía por él. Seguía sorprendida pero le sonrió. Scorpius no entendía nada. ¿Cómo podía alguien poner tantas caras en tan poco tiempo?
-No, no te odio. Simplemente no me caes bien. Bueno que se yo nunca me lo puse a pensar Malfoy. Es que… no se… eres molesto a veces y… bueno no sé. Eres el amigo de Al y yo…
-Está bien Potter entendí el concepto.
Lily se mordió los labios sin saber que decir. Él estaba ahí mirándola con sus ojos grises sin decirle nada. Pero el silencio no era incomodo, era más bien triste. Era como si él estuviese triste porque su persona nunca se había interesado en él realmente. Rió un poco para su interior al imaginar el orgullo del chico devastado por esa confesión. Debía de ser la primera chica que no lo encontraba atractivo.
Sin embargo se puso a pensar. Frunció un poco el ceño y una idea cruzó su cabeza. No le pareció una tan mala idea. Después de todo pasarían mucho tiempo juntos con todo eso del mundo muggle y si quería cumplir su promesa las cosas tenían que cambiar.
-Malfoy…-no quería mirarlo a los ojos. Era algo vergonzoso todo eso.
-¿Si Potter?-Dios esa voz. ¿Siempre era tan refinado?
-Pues creo que… creo que…- Ay Merlin que esto iba a ser difícil. Encima él que no parecía entender sus intenciones. Se pasó la mano por la cara y lo soltó.-Creo que, va digo yo, que podríamos dejar de, ya sabes, llevarnos mal… por un tiempo claro. Hasta que cumpla con lo que te prometí.
Entre abrió los ojos para ver la mirada de él fija sobre la suya. Mordió nuevamente sus labios sin poder creer lo que había salido de estos. Ahora seguro el pensaría que era su fan o algo así. Volvió a levantar la cabeza pero él no la miraba con su típica superioridad. Solamente la mirada. Sorprendido, quizás. Bueno, hasta para ella misma era increíble lo que acababa de decir. Pero en fin ya lo había dicho y no había vuelta atrás.
-Potter…-su voz era magnética. Se le quedo mirando mientras se agarraba la cabeza con las manos.-Creo que es la cosa más sensata que jamás has dicho.
Lily rio y Scorpius también. Y en esa especie de acuerdo implícito habían decidido a llevarse bien.
Perdon por haber tardado tanto! No puedo creer que hace dos meses que no actualizo. Y yo que quería terminar rápido esta historia -.-
La excusa esta en que ahora que vivo malgastando mi tiempo en el Sony vegas y editando videos a mi placer, me había casi olvidado por completo de escribir.
En fin, prometo el próximo cápitulo antes de dos meses jaja. Adios!
