Capitulo 5

Querida Lily,

Ya que tu vida gira alrededor de un mundo que no comprendo me gustaría mostrarte un poco de tu propio mundo. En un intento de que vuelvas en razón de que los magos no tienen nada que envidiarle a los muggles, por supuesto. En fin, me gustaría verte en King Cross este sábado a las 16 horas en punto.

Sinceramente, Scorpius.

Una lechuza de espeso plumaje la miraba desde el umbral de la ventana mientras ella no sabía que pensar. Tomo un pedazo del sanguche que estaba comiendo y se lo dio al animal. No sabía cuánto había viajado y debía de estar cansado. Se sorprendió al encontrarse con las mejillas ardiendo y su cara hecha un tomate. No era una cita ni nada, tampoco pretendía una. Pero por un lado le gustaba la idea de que alguien se interesase en ella. Bueno, un poco de alimento al ego no mataba a nadie.

A veces se sentía tan sola. Agarró un pedazo de papel y garabateo una especie de respuesta positiva con su letra inentendible. Se la dio a la lechuza y esta se fue con un gran despliegue de alas. Unas cuantas plumas cayeron ante su aleteo y Lily tomó una de las plumas. Se la pasó por el rostro y sonrió. Era muy suave. La dejo sobre su mesa de luz y volvió a acostarse sobre su cama. Se durmió al instante.

Los días de la semana pasaban y aunque no lo quisiera admitir no podía esperar para que fuera sábado. Al fin iba a hacer algo divertido de su vida. Bueno, no es que no se divirtiese pero su vida era bastante rutinaria. Levantarse temprano, ir a la universidad a intentar prestar atención cuando la cosa se ponía aburrida, volver a su casa, comer algo rico que su madre hubiese preparado y pasar sus tardes preguntándose si Claire se podría juntarse con ella o debería molestar a sus abuelos. Su mayor diversión era encontrar nuevos objetos muggles para desarmar e intentar reconstruir. Pero ahora tenía otra persona con la cual compartir el tiempo. Lily sonrió y pensó que tal vez ser amiga de un Malfoy no era tan malo.

-¡Tierra llamando a Lily!-le gritó una voz familiar en la oreja.

-¡Loca!-contesto enfadada la pelirroja.- ¿Qué pasa Claire?

-Nada amiga pero las últimas horas de la mañana has andado más dormida que de costumbre.-dijo ella como si fuese lo más común del mundo.-Y no entiendo la razón ya que no pareces querer contarle de tu vida a tu mejor amiga de toda tu vida, yo que soy tan buena, y tu… mala persona.-su voz teatral no podía ser más cómica.

-Claire, no te preocupes, no tengo nada por lo que preocuparme más que por las sesiones de tortura con Malfoy.-no le había dado una indirecta, no, para nada.

-Ay Lil mil gracias. Por eso eres mi mejor amiga.-la rubia la abrazó como por décima vez en el día. Tenía una manía con abrazar a las personas. ¿O era que Lily abrazaba muy poco?

-Si no te preocupes, de cualquier modo las cosas comienzan a mejorar. No es tan mal tipo como pensaba.

Y en el momento que lo dijo deseo no haberlo hecho. La cara de Claire no podía ser más idiota porque no le era posible. Estaba anonadada con sus ojos saltones sobre su pronto colorada cara.

-No… puede… ser...-la exagerada separación de las palabras hizo que Lily se preguntase cuantas neuronas le quedaban a su amiga.

-Claire, no es para tanto. Me equivoque y punto. No hay porque…-

-¡No puede ser! Y tú que siempre decías que era un odioso, arrogante, aristocrático enfermizo, rubio teñido, no entendías como podía tu hermano ser amigo de semejante cosa y ahora…-Lily ni se molestó en interrumpirla. Su amiga se había puesto en modo idiotez extrema. Cerró los ojos y empezó a contar. 1, 2, 3…

-Se está por terminar el recreo. Mejor vamos volviendo.- y seguía contando… 20, 21, 22…

-Y pensar que ahora se deben de llevar tan bien, pronto caerás en sus redes y será imposible recuperarte-su amiga fingía un llanto lamentable y su actuación no era mucho mejor.

Estaba a punto de soltar un par de bastantes malas palabras impropias de una señorita cuando dos figuras se asomaron de la nada y una voz que conocía bastante dijo.

-¿En las redes de quién?-su hermano Albus estaba parado frente a ellas con la persona que menos quería que se enterara de esa conversación. Scorpius Malfoy.

Claire de repente se paralizó, como siempre. Era tan buena para romperle los ovarios cuando estaban a solas y tan inútil cuando de verdad tenía que actuar. Las mejillas de Lily aún seguían de color rojo y la mirada inquisidora de su hermano le taladraba sin piedad. Scorpius estaba en una especie de pose neutral, en realidad más bien pensativa. Era como si no terminara de entender algo.

-Ay hermanito, hermanito.- y Lily dejó salir a su locura con todo.- El amor me ha llegado.-dijo poniendo sus manos sobre su pecho y dando una mirada soñadora a la nada.- Hay alguien que tiene mi corazón en sus manos, he caído en sus redes y ahora no sé qué será de mi.-puso una mano sobre su frente para darle más drama.- Y mi amiga que solo puede darme su consuelo.

Abrazó fuertemente a su rubia amiga, quien estaba a punto de estallar en carcajadas. Siempre le gustaba como la pelirroja podía hacer a sus hermanos rabiar con esas tonterías. Ellos habían sido siempre insoportablemente celosos. Ahora si bien James no estaba, Albus no se quedaba atrás en seguir de cerca que su hermana menor no terminase con el celibato.

-Estas completamente loca hermanita.-dijo después de unas cuantas carcajadas y luego se fue por el pasillo junto a un rubio que seguía con la mirada perdida en quien sabe qué.

-Eso estuvo cerca.-le dijo enfadada a Claire.- No quiero que me saque de quicio en casa preguntándome si me gusta o no Malfoy. ¿No entiendes lo complicada que es la vida para la hermana menor?- no era para tanto la cosa pero cuando lograba que su amiga se sintiese mal por lo que hacía, pocas veces volvía a cometer el mismo error.

-Lo siento Lily.- sus ojos miraban hacia abajo como niña pequeña.- Te juro que no se habla más de esto… en la universidad.- una sonrisa traviesa escapo de la boca de Claire.

Lily rodó los ojos y también sonrió. Suponía que ahora debía contarle todo lo que había pasado con el rubio en las últimas semanas.

Iba de un lado de la plataforma hacia el otro sin parar. Despacio, sin prisa, con pasos largos y firmes. Como todo hombre hecho y derecho. O por lo menos eso era lo que quería aparentar. Siempre le habían dicho que las apariencias importaban así que estaba acostumbrado a seguir un tipo de vida en que la primera impresión era lo más importante y lucir presentable era indispensable. Pero desde que conocía a la familia Potter no conocía una familia menos protocolar.

Miró su reloj fino de color plata. Sencillo pero costoso. Era de una familia rica y aristocrática, con un protocolo a seguir y una reputación que cuidar. Su padre era muy estricto con eso. Aunque era más estricto en que fuese una buena persona. Detrás de la fachada del siglo XIX había sentimientos y un pasado que su padre, Draco Malfoy, quería borrar. Por eso, por sobre todas las cosas, él, Scorpius Malfoy, tenía que ser buena persona. Suspiró al recordar todas las veces que no había sabido que hacer por escuchar las opiniones de su padre y de su abuelo sobre un tema.

-Hola.-dijo una voz alegre junto a su oreja. No pudo evitar dar un respingo ante la sorpresa.

Pero ahí estaba ella para complicarle un poco más sus problemas internos y, en cierta manera, también seguirle enseñando el extraño modo de vida de los Potter.

-Potter, llegas tarde.-fue lo único que se le ocurrió.

-Y dale con los apellidos.- rodó los ojos como siempre hacía y miró hacia sus zapatos antes de volver a decir algo- ¿Sabes? No puedo creer que ya haya pasado un mes desde que nos empezamos a reunir.

El rubio se sorprendió por esa declaración. Ella lo había dicho tan simple y claro. Nunca tenía miedo de decir lo que pensaba. Era valiente. Se puso a pensar y se dio cuenta de que tenía razón. Había pasado bastante rápido el tiempo a decir verdad.

-Le dije a Albus que me estabas ayudando con estudios muggles.-si, al fin lo había dicho. Hacía días que deseaba sacarse ese peso de encima.

-Oh, bueno. Supongo que ya no es más un secreto.- le pareció raro que ella no se enojase. Usualmente tenía un carácter muy especial…- Con razón me pregunto a donde iba y se rió cuando le dije que no le importaba.- se encogió los hombros y sonrió sin darle importancia.- Bueno, ¿Qué vamos a hacer hoy?

Le gustaba su sonrisa. Siempre sonreía mucho. Y hablaba mucho. Y no parecía notar ninguna de las dos cosas.

-Bueno por tu familia sé que te gusta el quidditch…

-Si, pero no el fanatismo que siente James ni mi padre.-interrumpió como siempre. Imagino la histeria de su madre si alguna vez se encontrase intentando mantener una conversación con la pelirroja. Tenía la lengua más rápida que una víbora, en el buen sentido.

-Ya Potter pero igual no te voy a llevar a ningún partido. No es nada que no hayas visto.

-Buen punto Scorpius.- segunda interrupción.

-Por lo que me pareció mejor llevarte a ver algo más original, por así decirlo. Estoy seguro de que nunca fuiste a una carrera bajo tierra.

-¿Bajo tierra? ¡Que emocionante! –tercera interrupción.

-¡Puedes dejarme terminar de hablar! Por Dios que eres desesperante, no te quedas un rato callada.-ya estaba, el rubio había perdido la paciencia. Usualmente tenía mucha pero era difícil acostumbrarse a una persona que una vez que soltaba la lengua no la podía guardar.

Esperaba que ella se pusiese furiosa y lo mandase al diablo en una forma poco apropiada para una señorita, según lo consideraría su madre. Pero sin embargo ella se largó a reír intentando tapar las carcajadas con su mano. Scorpius se agarraba la frente y no entendía que era lo gracioso.

-Perdón pero es raro verte tan alterado.-dijo ella cuando se le paso la locura.- Usualmente siempre eres tan serio y eso. Y perdón si hablo mucho, a veces no me doy cuenta.

Volvió a su semblante habitual y con un gesto de manos le dijo que lo siguiera a un espacio fuera de la estación. Tomaron una botella de cerveza que había tirada y de pronto se encontraban en un lugar parecido a una cueva pero con visibles arreglos gracias a la magia. Era como un típico lugar de carreras solo que habían muchas lámparas flotantes, en el techo habían estalagmitas y murciélagos y quedaba varias decenas de metro debajo de la superficie.

Lily miraba todo asombrada. Esa si que era una de las cosas que los muggles no conseguirían en mucho tiempo. Es decir, una carrera bajo tierra, que interesante. Lo único que le molestaba era tener que pegarse tanto al joven Malfoy para no perderse. Había demasiada gente ahí como para no hacerlo. Y conociéndose, ella era una segura candidata a perderse. Se tapó con poco más la cara con la bufanda. Hacía calor pero no quería que el chico notara el poco disimulado color rojo en sus cachetes.

Scorpius sentía su cercanía pero eso no le molestaba. Estaba acostumbrado a ello ya que siempre que venía con su padre debían de casi pegarse para poder pasar entre tanta gente. Por suerte esa época era temporada baja y no había tanta. Sus pensamientos estaban centrados en como la chica pelirroja que estaba a su lado lo hacía comportarse tan diferente. Primero le gustaban los videojuegos muggles y ahora le alborotaba los nervios con su incesante charla. Pero lo que más le preocupaba de todo es que parecía que nada de eso le desagradaba.

-Che Scorpius…-Lily lo detuvo cuando estaban por entrar a un túnel.- ¿Por acá vamos a las gradas? – el asintió.- bueno… yo quería saber, ¿de qué son las carreras?

-De escorgutos de cola explosiva gigantes, ¿Por qué pensabas otra cosa? – dijo como si fuese la cosa más obvia del mundo.

-Y, no sé, tal vez ahí adentro hay una pileta y adentro hay sirenas e hipogrifos peleando a muerte entre sí. ¡Qué sé yo que mierda anda debajo de mis pies, ni siquiera sabía que los escorgutos ponían llegar a ser gigantes!- odiaba cuando le tomaban el pelo.

-Bueno, bueno.- le ponía un poco incómodo cuando su horrible carácter pasaba de moderado a gritos desaforados.- Los escorgutos hacen un circuito que muestre un mapa en una pantalla.- y mientras le iba explicando se iban acercando a sus asientos.- por lo que nosotros solo vamos a ver una parte. El que llegue primero gana pero como vas a ver, eso no es tan fácil.

Lily estaba algo impactada. Un poco por volver a ver los rayos del sol, otro poco porque su bufanda estaba un poco chamuscada y otro poco porque lo que acababa de vivir había sido de las cosas mas locas que había visto en su vida. Gusanos gigantes con bombas en sus colas andando a gran velocidad con magos sobre sus lomos lanzándose hechizos, llamas que iban y venían, gente quemada. Definitivamente era un deporte de alto riesgo.

Sin embargo, a su lado estaba Scorpius Malfoy hablando con alguien, con la cara sucia por el fuego y una sonrisa enorme en su rostro. Parecía que al chico le gustaban las emociones fuertes. Se la había pasado gritando con la multitud, festejando cuando el escorguto que quería iba bien y abucheando cuando a otro escorguto le iba bien. Era como ver un chico normal, solo que luego recordaba quien era y todo se volvía muy raro. Divertido pero raro.

-¿Te gusto Lily? – escuchar su nombre la trajo de regreso.

-Si, estuvo genial.- dijo emocionada. De verdad que había sido increíble y se había divertido. Él le sonrió y ella volvió a ocultar su cara en la bufanda. Odiaba ponerse idiota.

Siguieron caminando por las calles de Londres, llevados por el ritmo de la ciudad y la masa. Hablaban de cosas sin importancia, hobbys, libros, películas que Scorpius aún no conocía pero Lily estaba determinada a hacerle conocer la magia del cine. Estaba bastante oscuro y cuando se dio cuenta de la hora, hizo una de las muecas que le daban mucha gracia al rubio.

-Si sigues haciendo esos gestos con tu cara te van a salir muchas arrugas.- se burló.

-Ah no importa.- golpeo el aire restándole importancia a eso.- Mientras tenga aquí.- señalo sus ojos.- y acá.- toco sus labios.- está bien para mí. Las arrugas en esos lugares significan que te la pasaste bien en la vida.

-Interesante Potter.- Lily hizo una mueca al ver que el chico no podía decir su nombre más de un par de veces al día.

-Bueno, en fin, me voy. Tengo hambre y le pedí a mama que me hiciera un pastel de papa.- Scorpius podía ver claramente los genes Weasley cuando ella hablaba de comida. Faltaba que se le cayera la baba de la boca no más.

Estaba a punto de dejarla ir cuando recordó lo que lo había tenido intrigado durante todo la semana, o por lo menos gran parte de ella. Le puso una mano en el hombro para detenerla y tan directo como ella era siempre, le pregunto.

-¿Estas enamorada Potter?


Fo, creo que hice este capitulo hace un semana aproximadamente pero no me acordaba de subirlo. Bueno aca esta y espero que les guste. Me estoy poniendo las pilas con esta historia ^^