La serenata de Kokiri

La tarde anterior mi padre me regañó por haber pasado la noche fuera del castillo, aunque sus palabras eran duras, las pronunciaba con serenidad:

–¿Tienes idea de lo que pudo haberte pasado?

–Hyrule está en paz, Padre, además sólo fue una noche.

–Ninguno de tus antepasados durmió una sola noche fuera de este castillo.

–Un edificio no me hará ser digna de reinar nuestra tierra.

–No, pero deberías seguir los ejemplos bien ejecutados por tus antepasados…

Mi padre replicaba una y otra vez que era necesario comportarme como los antiguos reyes de Hyrule para poder gobernar correctamente; yo le decía que eso había funcionado en sus tiempos y que se volvía inútil con cada generación que pasaba.

–Basta de discusiones –pronunció–. El motivo de haberte llamado hoy es porque algún día, cuando alcances los veintiún años, deberás ser coronada y deberás reinar Hyrule correctamente. Y para ello debes realizar todas tus lecciones, las cuales me han dicho no has realizado en tres días.

Para evitar discutir más sólo dije que me pondría al corriente con mis lecciones ya y fui a ver a mis maestros y realicé las lecciones atrasadas pero terminé muy cansada y me fui a dormir.

A la mañana siguiente me levanté y mandé adelantar mi lección de piano y geografía para tener la tarde libre. Acabando, un guardia me escoltó hasta la biblioteca donde compré un libro que quería leer.

Era una novela literaria, la mayoría de los libros son sólo portadores de ciencia e investigación, pero de vez en cuando algún artista transmitía un mensaje y lo publicaba para que los demás se enteraran o sólo se entretuvieran.

Este libro se titulaba "Durante la noche que cayó la luna" y contaba la historia de dos soras que se atraían mucho y de cómo la sora hembra componía canciones para él intentando que se diera cuenta de lo que ella sentía. Me encantó el hecho de usar la música para interpretar el amor entre dos personas. También en este libro estaban escritas todas sus canciones, mi favorita era la de "pregunta la vida", que decía:

Y si la vida me volviese a preguntar

si estoy lista y dispuesta a amar,

le diré que la siguiente vez

a la persona correcta querré…

Y si la vida me volviese a preguntar

el momento en que deseo morir,

yo le voy a contestar:

después de con él ser feliz…

Leía muchos libros para alejarme de la realidad y éste venía con notas musicales sobre las canciones de Marín –la escritora de las canciones del libro. Así comencé a aprender a interpretar cada canción que en éste publicaba.

Un par de días después que conseguí el libro se rompió una cuerda de mi violín y salí al mercado de la ciudadela a conseguir una. En un puesto de cosas variadas encontré un juego de cuerdas en buen estado, y me encontré con Saria.

–Hola, Princesa.

–Saria, me agrada tanto verte.

–¿Qué hace aquí, Princesa?

–Vine buscando una cuerda para violín, y para mi fortuna encontré todo un juego –dije en tono triunfante.

–Suena bien. Yo vine buscando una lira, Link me pidió ayuda con una serenata.

–¿Enserio?

Link se preparaba para llevarle serenata a alguien. Volví a mi castillo.

Un buen rato frente al espejo cubriría el hecho de que llevaba días desvelándome adelantando lecciones; esperaba ansiosa una serenata de parte de Link. Ya mi vestido favorito estaba recién lavado e incluso traía puesto mi collar de corazón.

Salí al balcón principal y después de contemplar un atardecer adornado con nubes casi de lluvia, esperé muy ilusionada que Link llegara con su ocarina y a Saria con una lira y escuchar una linda serenata, aunque Link no cante muy bien.

El reloj de mi castillo anunció la medianoche y yo estaba sola en el balcón, él no vino. Tomé una vez más el collar y lo arrojé con poca fuerza pero con magia suficiente para alejarlo de mí. Me sentía muy herida, y me había dado cuenta que había sido muy torpe al pensar que Link me trajera serenata, ya ni me había buscado desde esa vez que sólo vino a comer.

Fui a dormir, debía levantarme temprano para mis lecciones de metafísica y anatomía de las creaturas de Hyrule, que había ordenado adelantar muy temprano.

Me levanté a la hora programada y asistí a lecciones todo el día: de piano, de violín, algebra, geometría, magia, geografía, comportamiento real e historia universal de Hyrule. Creo que había fastidiado a mis maestros pero había cumplido con lo que debía y que me mantenía distraída de los hechos recientes que quería olvidar.

Mi coronación.

Había pasado una noche invadida por algo de desilusión, me desperté al mediodía pero quería seguir durmiendo. No lo conseguí, debía cumplir mis deberes reales…

Pasaron muchos días y fui superando el dolor que sentí, me enfoqué en dedicarme cumplir lo mejor posible mis deberes, incluso mi padre ya estaba seguro de que, si mantenía este ritmo, podría decidir el futuro de Hyrule adecuadamente cuando fuera coronada como Reina.

Comencé a tomar lecciones de pintura, destaqué un poco entre los demás pero debía pulir detalles en mi técnica.

Un día cabalgaba junto con Maroon por el campo de Hyrule pero interrumpieron nuestro paseo cuando uno de mis guardias fue a buscarme para decirme que habían herido seriamente a mi padre.

Volví rápido a mi castillo, solicité ver a mi padre, pero ya era tarde, una flecha le atravesó el corazón. Pero con el último aliento que pudo lograr anotó en un pedazo de papel, que decía: "En tus manos está el destino de Hyrule. Eres joven pero confió en ti; sé que te he criado bien. Te amo."

Fue tan grande la tristeza que sentí en ese momento, mi padre era duro pero siempre me trató con cariño y apoyo, y más cuando mi madre falleció. Que me lo hayan arrebatado así… era, devastador. Aún así no lloré, será por ya haber derramado muchas lágrimas por Link o por que sabía que podía pasar por esto.

–¿Princesa, está bien?

–Sí, avisa a los demás que corran la noticia: "El Rey de Hyrule ha sido asesinado y la Princesa Zelda será coronada como Reina mañana".

–Claro.

Llamé a otro guardia para que hiciera los preparativos para enterrar a mi padre, después bajé a la sala principal y vi a Link revolviendo los muebles reales de ahí. No supe qué decirle, pero llegó Maroon y lo echó de ahí.

–Link dijo que olvidó algo aquí la vez pasada que estuvo –me dijo Maroon.

–¿Qué habrá sido?

–No lo sé, pero ya la ha herido mucho, Princesa. Además, existen mejores personas en Hyrule.

En eso llega un guardia a avisarme que ya estaba todo lo necesario para mi coronación y que podríamos sepultar los el cuerpo de mi padre en cuatro días.

Le dije a Maroon que tenía que arreglar unos asuntos antes de que fuera mañana y la invité a presenciar mi coronación y a una fiesta después de eso.

Pedí al sastre real un nuevo vestido para mañana y fui a desempolvar la corona que solía usar mi madre y que usaría a partir de mañana. Luego dormí.

La ceremonia fue temprano y duró lo que debía. Acabando fuimos todos al salón para eventos del castillo, previamente arreglado para la ocasión, ya estaba un grupo musical tocando canciones típicas de Hyrule y la pista de baile comenzaba a llenarse por las alegres parejas que asistían esa tarde.

Parecía que todos tenían pareja hoy, todos menos yo. Me deprimí una vez más hasta que vi entrar a Link junto con Marian. Apenas los vio Maroon fue tras Link, que por la forma en que se movía, noté que ella lo regañaba.

Mi mirada se perdió hasta que me di cuenta de que Marian estaba junto a mí.

–Buenas tardes, Princesa. Disculpe, quise decir "Reina".

–¿Eh? Ah, sí. Buenas tardes.

–Felicidades por su coronación.

–… Gracias.

Talvez me había desmayado y soñaba que Marian era amable y considerada o de verdad lo era.

–¿No le parece una linda tarde?

–Eh… Sí, aunque no falta mucho para anochecer. Oye…

–Dígame, Reina.

–¿Has pasado mucho tiempo con Link últimamente?

–Sí, ha estado ayudando a reconstruir mi pueblo.

–¿Sólo eso ha estado haciendo?

–Bueno, hace unos días me llevó serenata porque festejaba mis dieciséis años…

–Ah, entiendo.

Bien, Link no había preparado serenata para mí pero sí para su nueva "amiga" a la que vio a diario por todo el pasado verano…

–Link es un chico dulce y lindo –la escuché decirme, lo demás fue cubierto por mis pensamientos. Quise llorar.

–Debo retirarme un minuto. Ahora vuelvo, Marian.

–Sí, ¿se encuentra bien?

–Sí, estoy bien.

Caminaba con algo de prisa cuando el líder de la banda me llamó cantar con ellos.

–Necesito hacer algo en este momento.

–Sólo será una canción –me alentó, de la misma forma que todos mis invitados.

No logré negarme y tomé lugar entre la banda.

Pedí ritmo de balada y pensé en alguna canción para cantarla. Vino a mi mente la de "Te esperaré a la orilla del mar" otra más de las canciones de Marín.

Días atrás, cuando a diario solía sonreír

Solía mirar el cielo, pues tú estabas para mí.

Días atrás, cuando me invadía la alegría,

Era por ti, por creer que nunca te perdería.

Pero el tiempo pasó, y la voz del destino dictó:

"nada dura por siempre; todo tiene su fin"

Ese día lloré, y no he vuelto a sonreír.

Pero con poca esperanza, más mi fe y mi confianza.

Te esperaré a la orilla del mar.

Sentada sobre la arena, miraré cada puesta de sol.

Sé que volveremos a estar juntos los dos.

Días atrás, cuando a diario solía sonreír

Solía mirar el cielo, pues tú estabas para mí.

Días atrás, cuando me invadía la alegría,

Era por ti, por creer que nunca te perdería.

Pero el tiempo pasó, y la voz del destino dictó:

"nada dura por siempre; todo tiene su fin"

Ese día lloré, y no he vuelto a sonreír.

Pero con poca esperanza, más mi fe y mi confianza.

Te esperaré a la orilla del mar.

Sentada sobre la arena, miraré cada puesta de sol.

Sé que volveremos a estar juntos los dos.

Te esperaré a la orilla del mar, no desistiré jamás.

Contaré cada grano, si fuese necesario,

Para volver a decirte: "Te amo"…

Terminé de cantar, sé qué todos mi invitados aplaudieron con mucha fuerza y que muchos también supusieron que cantaba por la muerte de mi padre. Pero yo cantaba por Link…

–Reina Zelda, eso fue espectacular –sinceró Marian–. No conocía ese tipo de música.

–Gracias. Y es una de las canciones que aprendí con un libro; una de mis favoritas.

–Pues, sonó fantástica. Por cierto, Link la anda buscando.

–¿Link?

–Sí, creo que está con una chica pelirroja…

Fui a buscar a Maroon a ver si estaba Link con ella y lo estaba. Ella lo regañaba por lo que me había hecho pasar. Me acerqué a ellos pero estaban tan centrados en su discusión que no se dieron cuenta.

–¡La Reina está triste por tu culpa!

–Sólo fui un poco descuidado. Pero merezco hablarle.

–¿Por qué tendría derecha a hablarle alguien que le agrietó el corazón hasta hacerlo pedazos?

–¡Porque yo la amo…!

Esas palabras hicieron eco en el salón, la banda dejó de tocar para, junto con los demás presentes, dirigir la mirada a Link.

En cuanto Link se dio cuenta de que lo miraban notó mi presencia.

–Zelda…