Llamaron a la puerta. El chico de piel oscura estaba todo sudado y golpeaba enérgicamente la puerta de madera, la cual producía su característico ruido hueco. Un chico aún más sudado y con cara de salir del propio infierno abrió tranquilamente, mientras un pequeño chorro de lágrimas salían de sus ojos. Evidentemente, todo producido por el desgaste físico que producían los entrenamientos de su prometida.

-Quién és- Dijo con un aire entre la tristeza y el llanto

-Arf... Arf... Señor Hao... Arf... Ha muerto- Consiguió articular opacho entre respiraciones entrecortadas a causa del cansancio.

-Como?- De pronto Yoh se puso serio. Eso era algo muy importante, tal vez otro reaccionaria alegrándose, sonriendo y saltando, pero no creía que su hermano abandonara tan fácilmente. Miró al chico y le hizo un gesto con ambas manos hacia el interior del hotel apache para que pasara.

Llegaron a un comedor, decorado con estilo pache. Una mesa en el centro y 8 sillas. Muy pobre en decoración y demasiadas sillas, pero el presupuesto de los indios no llegaba a más mobiliario. Yoh señaló una silla, y fue a despertar a Ana. Opacho aguardó, en silencio, mirando todo aquello que le envolvía, sin saber hacia donde mirar, no había nada que mirar.

Anna entró, acompañada por Yoh, el cual llevaba en sus manos tres vasos apilados y una botella de agua. Anna dijo mientras se sentaba.

-A ver enano, has interrumpido el entrenamiento nocturno de Yoh y mi sueño. Me ha dicho, - señaló a Yoh y miró fijamente a Opacho- Que tienes algo importante que decirme.

-Si,... –volvió a lloriquear- Hao... el... señor Hao... ha... muerto.

Al oir el terrible verbo que Opacho había pronunciado entre balbuceos la expresión de Ana cambió al instante. Lo que antes era una relajada y amenazadora mirada hacia Opacho, se había vuelto una mueca de desesperación, con la mirada perdida en la desgracia. El dia anterior, peyote se lo habia dicho mientras daba una vuelta por el pueblo pache. Al principio se consoló pensando que todo era una mentira, que no podía ser verdad, pero en ese momento, sus peores miedos se habían hecho verdad.

Yoh vio que su prometida no estaba como siempre, dejó que hablara a solas con Opacho. Se fue por la misma puerta que había entrado la última vez, y escucho uno de sus discos favoritos de Bob en su habitación compartida con Ana mientras pensaba en lo que podía estar sucediendo.

-¿Como ocurrio?- Dijo Anna aún sin fijar la mirada.

-Se suicido... No podía aguantar más luchar contra ti...te quería- El lloriqueo había cesado, pero de vez en cuando se veia obligado a hacer una respiración forzada.

-Maldito imbécil... Imagino que ya estará contento... Ya ha dado la nota... habrá ascendido a los cielos.- Seguía con la mirada perdida, hablando con un leve hilo de voz mientras una lagrima brotaba de sus ojos. Nunca se hubiera visto así, llorando por la partida de Hao, aquel que antes había odiado, pero ahora lo quería con pasión.

-No diga eso por favor- Gritó a pleno pulmón. Después bajó la cabeza, una lagrima volvió a bajarle por la mejilla y siguió su discurso con tono más relajado- Señor Hao no pudo subir a los cielos, al saber que usted estaba triste...

-Como... Que por mi culpa él no puede subir a los cielos?- Miró a opacho, con la boca entreabierta y una mueca de tristeza y sorpresa en la cara.

"Que me pasa... Porque estoy así" Se repetía a sí misma la Itako. "Nunca entenderé porque te quiero, acaso lo elegí? No; entonces porque me hace tanto daño tu muerte." El silencio se hizo mas notable, como si el tiempo se hubiera parado, sin embargo, la mente de Ana seguía poblada de pensamientos. "Acaso lo he matado yo? Quiero ser la siguiente, no quiero vivir más en este mundo lleno de patéticos humanos... Él era perfecto, porque seguir viviendo si se sabe que nunca nadie podrá ocupar su lugar."

Silencio

"¿Acaso debo morir yo también?"