"Fingimos lo que somos; seamos lo que fingimos".

- Pedro Calderón de la Barca.

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- No te quejes tanto -

- Recuerda la belleza duele - Ese dolor punzante en mi cabeza. Como Julie tomaba un mechón de cabello y lo enredaba en la tenaza de una manera tan brusca. Como Angelic revisaba mi habitación, mi guardarropa, como la sacaba y me miraba sorprendida. La manera tan sutil en la que Jen masticaba su goma de mascar. Me recordaba a las palabras de mi maestra "las jovencitas parecen callejeras al masticar chicle de esa forma" debía admitirlo, Jen realmente se veía como una.

- Cierra los ojos -

- ¿ah? -

- Te rizare el flequillo -

- ¿también? -

- Ahí anda, ciérralos. Si los mantienes abiertos sentirás vértigo de ver la tenaza muy cerca. - hasta eso fue un consejo útil. Cerré los ojos, sentí el vapor en mi cara. - lista, mírate quedaste muy bonita - me levante de la silla y mire a mi espejo. Risos y ondas por aquí y por haya, no era como los risos de ellas. Estos eran más flácidos, ya que mi pelo era demasiado liso.

- Con un buen fijador quedaras como nosotras en poco tiempo - La sonrisa de que Julie dejaba escapar me asustaba. ¿Acaso era verdad estaba cada ves mas cerca?

- Bien, te dejo este cambio de ropa - Angelic dejo algo en la cama mientras yo seguía analizando mi rostro y cabello. - Es que tenemos que irnos, pero esto es lo que usaras mañana.-

- ¿mañana? -

- Para la fiesta, no la olvidase verdad - en realidad pensaba quedarme encerrada en casa para no tener que ir. Hasta desconectaría mi teléfono y apagaría mi celular. Pero ahora...

- Claro... lo are -

- Bueno te veremos mañana. Bye, besitos. -

- Las acompaño a la puerta -

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- Espero que no te moleste que decidiera quedarme -

- Oh no para nada - Caroline y yo estábamos en la cocina preparando unos emparedados.

- Te queda lindo -

- ¿am?, bueno no soy muy buena en la cocina pero los emparedados... -

- No, jajaja el cabello -

- ah, eso, gracias -

- Aunque ya se esta bajando el volumen, ¿quieres que lo retoque? -

- Oh no, no, esta bien, no saldré así que, esta bien -

- Bueno -

El resto de la tarde Caroline y yo hablamos mucho. De su familia de la mía, de la vida. Una plática se podría decir larga, pero no por eso fue aburrida o cansada. Me gusto saber de ella, al menos un poco más. Descubrí que había crecido en un Internado ya que sus padres ambos, trabajan, uno es abogado y la otra maestra. Demasiado ocupados para fijarse en ella. Pero para mi opinión solo le dan lo mejor. Pero ya es opinión de cada quien. No se como Caroline se llego a involucrar con personas como Angelic. Ella es tan educada, tan buena estudiante, no se que hace con ellas.

- ¿Diana? -

- ¿Hum...? -

- Como que te fuiste a la luna.-

- Oh no, no para nada.-

- Bueno, oye es tarde, ¿podría llamar a casa?, es que a mi teléfono se le acabo el crédito -

- Si, claro no ahí problema, usa el teléfono de la cocina -

- Gracias, ahora vuelvo -

Caroline salió por la puerta y yo me estire en el sillón, había sido un día largo. Cerré los ojos unos momentos. Pretendía dejarme llevar por el cansancio solo un poco Caroline me despertaría después. En medio de la oscuridad de mis parpados un sonido me saco de ese trance. Un auto. Genial de seguro el depravado había llegado.

- Hum... - suspire y mire mi cuarto. Recorrí la habitación. El cambio para la fiesta, mis platos y los de Carolina, la plancha de Bill... ¡Esperen que!, ¡Joder!, no la había devuelto.

Mire por la ventana el auto aun seguía estacionándose en la cochera. No lo dude, tome aquello y me dirigí hacia la habitación de el. Todo era fácil, llegaría la pondría en su lugar y saldría como si nada. Abrí la puerta y ese aroma elegante y varonil de su colonia me inundo. Era un olor por demás seductor y hermoso. Me atrapaba por completo. Nadie, nadie tenia aquel olor tan particular. Pero basta de eso. Bueno tal vez solo buscaría esa colonia. Bill se tardara demasiado en subir. Me acerque hacia sus repisas. Buscando y buscando. Hasta que me tope con una botellita que estaba en su buro. Azul, era rectangular, sin nada en especial, pero su olor. Dios era la mismísima droga de mi infierno personal. Solo un poco, lo oleré. Huele tan bien. Bueno un poco en las muñecas, tal vez detrás de las orejas. Delirio total. Casi podía sentir sus brazos cubrirme. Pero un ruido me desconcentro. La perilla. Mierda. ¿Que hago?, ¿que hago? Bajo la cama. Creo que mi cerebro no lo proceso del todo. Joder aun tenia la botella en mis manos.

"Que no se diera cuenta, que no se diera cuenta."

Sudor frio y pisadas ¿zapatillas? Me asome un poco y lo vi, no era Bill, era Caroline, pero, ¿que hacia allí? Camino un poco temerosa, parecía tan frágil, lo miraba todo de una manera tan infantil. Rosaba con la llena de los dedos las repisas. Se detuvo frente a una foto de Bill, la tenia sobre su mesita de noche. La tomo entre las manos y recocí aquella mirada. A ella, le gustaba Bill. No se si fueron celos o desilusión o ambas, pero me sentí mal, como algo me oprimía el pecho. ¿Pero por que a ella?, esto no podía ser mas complicado verdad.

Más pisadas

- ¿Hola? - Era una voz masculina, sonaba un poco desconcertada. Reconocí unas botas negras de hebilla ancha. Me acerque más a la orilla con temor de que alguno pudiese verme. Pude verlo estaba recargado sobre su puerta y Caroline estaba totalmente amarilla y pálida.

- ¿H-he? -

- Hola - esta vez sonó un poco mas calmada.

- H-hola, yo estaba buscando a Diana -

- Bueno creo que esto no se parece en nada a la habitación de Diana -

- No si, pero es que no la encuentro por ningún lado -

- ¿ah no? - Entonces el hecho una mirada fugaz debajo de la cama. Genial me había visto. Tan solo esperaba que no fuese tan hijo de puta como para descubrirme. - Bueno tal vez este en el baño, deberías de esperarla -

- Si, quizá. - Silencio incomodo. -B-Bill -

- ¿Si? -

- ¿Iras mañana a la fiesta? - ¿que?, ¿acaso el tenia vida social?

- No lo se, bueno debo ir, estoy en el consejo estudiantil pero... -

- Me gustaría mucho que fueras - bien, ahora identificaba esto, eran celos.

- Tal vez vaya - Note el rubor cubrir las mejillas de Caroline.

- Bien, creo que esperare a Diana en su habitación -

- Bien - Caroline salió de la habitación y una sonrisa de superioridad se abrió paso por la cara de Bill. - Bien, bien, donde estará... - inicio su caminata alrededor de la cama. Pero antes cerró la puerta. Eso me ponía algo nerviosa - Espera, espera aquí falta algo, pequeña ladronzuela. - Genial si se dio cuenta. - ¿sales o te saco de ahí abajo? - dijo esto entre una risotada. Salí a regañadientes y preferí no mirar. Camine rápidamente hasta la puerta.

-Hey, ¿a donde vas? - Sentí como una mano me tomaba del brazo.

- ¿quieres tu maldita colonia? ¡Tómala!, ¡huele tan asqueroso como tu! - lo golpee en el estomago con ella, pero el tomo mis manos y las junto a su pecho.

- ¿enserio soy tan desagradable? - mis ojos no podían creer lo que veían. Su sonrisa se había ido me miraba tan diferente. Era como si en sus ojos hubiera melancolía y tristeza, pero con un tinte infantil. Me sentí perdida por un momento, sin saber que hacer o decir. La botella se fue resbalando de mis manos hasta que escuche el crujido del cristal rompiéndose en el piso.

- N-no lo eres - no pude decir más que eso.

- Gracias - sentí sus manos alrededor de mi cintura, cubriéndome delicada pero firmemente, acurrucándome en su pecho. Me sentí tan cómoda. Levante un poco la vista y ahí estaba el mirándome, como nadie jamás lo había echo. Con mis dedos roce sus labios. Me sentía indefensa pero curiosa. Quería conocerlo a el, no solo a la persona que todo el mundo me decía, quería saber lo que pensaba. Su aspecto dulce y tranquilo.

- Calma, yo jamás te lastimare - ojala nunca hubiera dicho aquello. Toda esa escena se transformo y me recordó a una situación pasada. Mis ojos se abrieron y lo miraron, pero ya no era el. - ¿que pasa? - mis brazos dejaron aquel abrazo y mis piernas comenzaron a retroceder, sentí los vidrios debajo de mis pies. No reaccione mas y salí de aquella habitación.

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Era de noche ya. El sabor del pan tostado, me ahogaba. Tal vez, ¿demasiado tostada? Vaya, eran las 12:07, bien mis hábitos alimenticios no habían mejorado tanto como quisiera. Quizás, ¿esto era parte de mi?, ¿algo que me hacia especial? No, no definitivamente solo soy una loca. Emití un corto suspiro y volví a meter otro trozo de tostada en mi boca. Apoye mi cabeza en mi muñeca que estaba sobre la mesa. Ladeé un poco mi vista, y cerré los ojos. No se si fue el sueño o que en realidad estaba loca, pero escuche las pisadas en las escaleras, como alguien se me acercaba y me miraba tiernamente, después se me acercaba un poco mas y me besaba en la frente dulcemente.

- ¿Diana? - Bien, esto no era parte de la alucinación.

- ¿Hum...? - abrí los ojos lentamente y me di cuenta de quien estaba parado frente a mi, con una ceja levantada y de anchos pantalones. - ¿aun continuas con tus malos hábitos alimenticios? - no pude evitar una sonrisa.

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Continuara.