Capítulo 8.
-¡Ya estás aquí! ¡Que alegría!- Gilraen dio un salto para abrazar al hombre que regresaba de su largo viaje.
- ¿Recibiste mi mensaje?
- Si
- ¿Y..?- Arathorn estaba nervioso.
- ...Tranquilo...Claro que me casaré contigo y ya no tendremos que esperar más...todo estará bien, mi madre me lo aseguró...- ¿Se lo dijiste?- Dijo él, visiblemente preocupado por eso- No tienes nada de qué preocuparte, me dijo que si tú no le convencías lo haría ella. Es más, si mi padre es convencido, por ella o por ti, ahora en la mañana, podríamos casarnos este atardecer...tenemos todo preparado...- la joven se ruborizó...no quería parecer demasiado ansiosa. Arathorn soltó una límpida risa, algo más aliviado. -¡Ay mi hermosa! Cuando todo esto termine deberé erigir un altar a tu madre!.
Ivorwen abrió la puerta antes de que Arathorn golpeara, le guiñó un ojo – Supongo que quieres hablar con mi esposo y conmigo...- El hombre suspiró- ¡No te aflijas! Toma asiento, llamaré a Dirhael.
Cuando este entró a la habitación, Arathorn se puso de pie, el padre de la joven era ya casi un anciano y muy venerable.
...Señor...
Habla en paz Arathorn, siempre has sido bienvenido en nuestra casa. – Dirhael no sospechaba siquiera lo que venía a decir aquel señor de los dúnedain.
Señor...tenéis una hija muy sabia, a pesar de su juventud. Ella es tan hábil y prudente como una mujer de incontables años, y de ser otras las circunstancias de nuestro pueblo su destino sería sin duda llevar el título de Reina, pues es valiente, inteligente y bella como las más nobles reinas que ha tenido Endor...
Gilraen escuchaba ruborizada este discurso tras la puerta del cuarto que compartía con Serëanna desde la muerte de su hermano, su cuñada le apretaba la mano, nerviosa por el destino de la muchacha.
No es necesario que el hijo del capitán me diga eso para que lo sepa, conozco como nadie los dones de mi hija.
Es por esos dones, noble Dirhael, que... me atrevo a deciros que vuestra hija, así como no requeriría de más madurez ni edad de la que tiene para ser reina, no requiere más madurez ni edad para ser esposa...
Tras la puerta, la joven se abrazó a su cuñada y apretó los ojos, temía escuchar la reacción de su padre.
Creo haberte recomendado que esperaras para casarte con ella. – Dijo severísimo Dirhael.
Y yo honro mi palabra, por eso pongo mi felicidad y la de vuestra hija en sus manos señor, pero os ruego, tomad en cuenta, que mi ansia no responde a caprichos de la sangre, si no a amor profundo y leal, y a la amenaza que cada día se extiende sobre nuestro pueblo, que requerirá del linaje de Isildur por muchas generaciones.
Te dije una vez que ni siquiera las generaciones de toda Endor tenían comparación ante mis ojos con la felicidad de mi hija. Sé que si se casa contigo ahora, el destino le depara sufrimiento, me lo dice mi alma!.
Os ruego, por el afecto que me habéis profesado desde siempre y por el infinito amor que sentís por vuestra hija...considerad mi petición, nada os quitará reflexionarlo y mucho podría quitarme a mí vuestra decisión si es apresurada...
Mi marido considerará tu petición joven señor, pues sabe que es sincera- dijo Ivorwen saliendo al paso- Ahora ve tranquilo, pronto conocerás su decisión.
Arathorn salió de la casa desconsolado, y se dirigió a la salita de gobierno...no sabía si quería llorar o partir el mundo en dos. Gilraen se sentía desvanecer. Serëanna la sostenía – Tranquila hermanita...- decía- ya verás como tu madre soluciona todo, ella te lo prometió. No te pongas así de pálida que me asustas...
Has sido demasiado severo con el muchacho, él ama de verdad a nuestra niña!
Y tú demasiado condescendiente!
Ivorwen miró ofuscada a su marido, detestaba ser contradecida. Se le acercó y se sentó a su lado tomándole las manos mucho más cariñosa- ...Sabes que se aman mucho...- Eso no basta- dijo él sin mirarla a los ojos- Ella no tiene la edad para desposarse, aún es una niña, Ivorwen! Además, Arathorn es un hombre severo y en la fuerza de la edad, y llegará a capitán antes de lo que se espera; sin embargo, me dice el corazón que tendrá una vida breve.- ¡Mayor razón entonces para darse prisa!- respondió Ivorwen- los días se oscurecen antes de la tempestad, y se avecinan grandes acontecimientos. Si estos dos se desposan ahora, aún pueden nacer esperanzas para nuestro pueblo; pero si la boda se posterga, la esperanza se desvanecerá para siempre hasta el fin de esta Edad!... Nuestra hija ya no es una niña...aunque a nuestros ojos no sea más que una chiquilla, ha crecido mucho, de cuerpo y espíritu.
- ¡Ay, lindura reanímate!- Serëanna remecía suavemente a su cuñada que se sostenía débilmente de la cama- ¡Tu padre ha dicho que sí ¿no escuchaste? A regañadientes, pero ha dicho que sí!
- ¿Qué si?- Si, guardaste tus cosas como dijo tu madre verdad? Turangdil debe llevarlas a la casa de Arathorn, hoy mismo te vas a vivir con él!...antes de que tu padre se arrepienta...Madre ha ido a buscar un regalo para tu novio, yo por mientras debo ponerte hermosa. La cena de tu boda está lista, sólo habrá que calentarla, mi suegra sabía que tu padre diría que si...
Gilraen no emitía palabra, era demasiada información en muy poco tiempo...y estaba muy nerviosa. En un dos por tres Serëanna había sacado los bultos con ropa y las cosas de Gilraen y había dicho a Turangdil que avisara a Arathorn y a todos en el campamento que habría boda al atardecer.
Vistió a Gilraen como un rayo. Era un sencillo vestido gris, de una lana muy fina. Los dúnedain jamás han tenido grandes lujos, pero no sufren por las bellezas que no pueden tener dada su condición de guardianes.
-¡Que emoción hermanita! ¡No puedo esperar a ver la cara de Arathorn! Dejaremos tu cabello suelto...es tan hermoso! Te he trenzado una corona de azahar y jazmín, muy linda y fragante, parecerás una reina del bosque!
Gilaren se dejó arreglar como a una muñeca. Ahora entendía porque las novias eran vestidas por otras mujeres, estaba tan nerviosa que no podía siquiera abrocharse el corpiño.
-Luego debemos preparar esta habitación para recibir al capitán.
-¿Por qué? El señor Arador acaso no vivirá más con su hijo?
-No por una semana...debe dejarlos solos durante ese tiempo...y Uds. Sólo deben salir si es estrictamente necesario...- añadió Serëanna con una sonrisa pícara.
-...Para qué?...pregunto Gilraen, sonrojada el extremo.
- Bah! Tontita...ya lo verás, además es una tradición, la pareja debe disfrutar de sus primeros días como esposos tranquilamente, no atendiendo a sus parientes.
-... Serëanna...¿Cómo es?...
- ¿Cómo es qué?
- …Tú sabes… -Insistió Gilaraen muy, muy sonrojada.
- ¡Yo no tengo porque contestar eso! Ya lo verás!...tranquila...
-...Tranquila hija mía, ya no tengo enojo contra tu novio... Ahora debemos caminar hacia su casa, toma mi mano, así, ahora respira... estas preciosa...
En efecto, lo estaba, el nerviosismo daba a los ojos de Gilraen un brillo inusitado y carmín a sus mejillas.
El padre y la novia caminaron frente a todos hasta la casa de Arador, donde éste aguardaba escoltando a su hijo, que no cabía en sí de felicidad.
¿Qué venís a ofrecer a mi puerta amigo?- dijo el capitán.
Os traigo una joven virgen para vuestra casa. ¿La aceptáis como hija?
La acepto.
¿Que me daréis a cambio?
Os ofrezco un joven bravo y fuerte ¿Lo aceptáis como hijo?
Lo acepto
Entonces Arathorn miró a Gilraen con una mezcla de amor y asombro en los ojos y pronunció las palabras rituales, momento en el cual debía tomar su mano – Desde el Gran Mar he venido y reclamo esta tierra como mía hasta el fin del mundo.
Luego Gilraen hizo lo mismo al tomar la mano del hombre, así se reclamaban el uno al otro como suyo.
Entonces ella cantó con voz suave la promesa en alto élfico - He de ser para ti como Varda para Manwe, que cuando me halle a tu lado, tu vista llegue a los confines de la tierra.
Él respondió en la misma melodía- He de ser para ti como Manwe para Varda, que cuando me halle a tu lado oigas la música del universo.
Y ambos entonaron a una voz- ¡Que nuestro hogar sea bendito como Tanitequil, que en él reinen el amor, la paz y la justicia!
El capitán ofreció a los novios un par de anillos dorados, uno para cada uno, luego de ponérselos, los esposos al fin se besaron, entre los aplausos de la concurrencia.
Ivorwen regaló entonces un bello par de guantes de cuero labrado a su yerno, y Arador (en ausencia de la madre de Arathorn) regaló a su nuera un sencillísimo colgante de plata en una cadena, era una estrellita.
Luego de la ceremonia entraron todos a la casa, donde la cena estaba servida.
…Gilraen aún tenía la corona de flores en la frente, sentada a la mesa, miraba el mantel, silenciosa y ruborizada - ...Ehm...tu hermano nos ha dejado una buena botella de vino, es del Bosque Negro... ¿Quieres? –dijo Arathorn para romper el hielo, ella asintió con la cabeza- tu madre y tu cuñada han sido muy amables al ordenar todo...no hubiera querido que mi esposa se ocupara de los quehaceres apenas entrara a mi casa – siguió mientras llenaba las copas y se sentaba al lado de la joven, quien sintió su corazón acelerarse. Él bebió un sorbo y acurrucó la cabeza en el pecho de Gilraen
... ¿Qué te ocurre? Nunca antes te vi tan callada. ¿Sabes? Esperé tan ansioso este momento, estar por fin a solas contigo, sin que nadie pudiera reprocharnos nada y poder llamarte mi esposa, pero ahora, que de verdad estamos solos... no sé que hacer...
Ella lo miró mientras le besaba los cabellos - ... ¿Tú tampoco?
... O sea... sé que hacer... pero verás... no sé como empezar, como pedirte... Temo asustarte o herirte o...no quiero que pienses que te has casado con un bruto...
¡Eso nunca! Mi hombre es inteligente y suave...nunca pensaría que eres un bruto...además...somos esposos...mira, mi madre me explicó una cosa... ella me dijo, que yo debía ser como era, que te demostrara cuanto te amo y que no fuera tímida. Supongo que lo mismo sirve para el marido ¿o no? Si es así, entonces deberías contarme lo que piensas y decirme lo que quieres...y yo a ti...- Al decir esto, un súbito carmín tiñó las mejillas de la joven...
Entonces... ¿puedo decirte que eras la más encantadora en toda Arda, que eres irresistible y que quiero pertenecerte a toda costa y por completo?- Arathorn dijo todo de una vez y sin respirar, con tono dulce y firme, pero nervioso como un muchachito, entonces Gilraen sonrió y se arrojó a besarlo, luego se separó suavemente de él y corrió al dormitorio para cerrar muy bien las cortinas y llamar a su esposo...
