Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos ;) .
Summary: Draco Malfoy es el soltero de oro del mundo mágico. Un engreído insoportable, caprichoso, mujeriego y narcisista, con matrícula de honor en mojar las bragas de la población femenina. Su nuevo capricho ya tiene nombre y apellido: Hermione Granger.
La chica del pañuelo verde
Capítulo dos:
The magical penis.
"Me temo que con mi media naranja alguien se ha hecho un zumo"
.
-Espera. Creo que no te he entendido bien.
-Me has entendido perfectamente, Ginny – Masculló entre dientes. La joven estaba convencida que lo estaba haciendo adrede, quería cabrearla, y lo iba a conseguir.
-¿Le dijiste a Draco Malfoy, – Comenzó a preguntar apretando sus labios para no largarse a reír. - que si la iba a curar con su pene mágico?.
Hermione la fulminó con la mirada, pero eso no pareció inquietar a la pelirroja, que seguía haciendo grandes esfuerzos por no reír. Su cara estaba tan roja que Hermione pensó que ya mismo no se le diferenciaría del pelo.
-Sí. – Afirmó cortante.
-Esto es demasiado bueno para ser cierto. Ahora sabemos que Malfoy no necesita barita para hacer magia. – Se carcajeó. Luna también dejó escapar una sonrisa.
Genial. Ni si quiera Luna siente empatía por mí.
-No os cortéis, por favor. Sed libres de reíros en mí cara. – Comentó sarcástica cruzándose de brazos.
La pelirroja ignoró el sarcasmo de Hermione y continuó riéndose, Luna en cambio la miró, y se recompuso rápidamente.
-Perdona, Hermione. – Se disculpó sinceramente. – Pero no esperaba esa contestación viniendo de ti. Es algo que diría Ginny.
La castaña se odiaba por no poder mantenerse enfada por mucho tiempo cuando Luna la miraba con esos expresivos ojos azules llenos de arrepentimiento.
-Esta pelirroja es una mala influencia. – Sentenció la castaña mirándola divertida. Luna se relajó al instante. Y Ginny, más allá de sentirse ofendida, sonrió encantada. Para ella que la culparan de semejantes comentarios era un halago.
-No lo niegues, Hermione. Te mueres por jugar a los médicos con Malfoy. – Sonrió pícara.
Hermione se sonrojó violentamente.
-No digas estupideces. – Siseó.
-No las digo. Yo misma me ofrecería a jugar con él. – Reveló Ginny. – Lo he visto por el Ministerio, y no me importaría enfermar si sé que él va a curarme.
Hermione también lo había visto caminando por los pasillos, solo que ella con una actitud poco digna de una Gryffindor, lo observaba como una cobarde desde las sombras. No quería tener que enfrentarlo después de la conversación que tuvieron el lunes.
-¡Por Merlín, Ginevra!. – Musitó la castaña. - ¡Estamos hablando de Draco Malfoy!.
-¿Y qué?. – Le guiñó un ojo a la ex–Gryffindor. – Ya no estamos en Hogwarts. Puedo permitirme el pensar en él como hombre, y no como enemigo.
-¡Pero es un Malfoy!. – Repitió más para convencerse a sí misma que a Ginny.
-No es más que un nombre, ¿no es cierto?. Lo importante es lo que somos por dentro. – La apoyó Luna. – Yo jamás pensé que podría llegar a tener algo con Theo, y mírame. – Terminó de hablar sonriendo.
Hermione tuvo que reconocer que las chicas tenían la balanza a su favor. Ella había podido comprobar que Draco no era el mismo de antes, pero aun así, le costaba aceptarlo. ¿Cómo una persona puede cambiar tanto?. Y Hermione barajó algunas respuestas, pero la más acertada podría ser que su padre ya no le influenciaba como lo hacía antes. ¿Sería entonces este el verdadero Draco Malfoy?. Hermione suspiró, no quería pensar ni hablar más sobre el rubio, por lo que decidió desviar la conversación a otro asunto que le intrigaba.
-Ginny. – La llamó la castaña. – ¿Qué fuiste a comprar?.
La pelirroja sonrió mordiéndose el labio inferior.
Las chicas habían quedado aquel miércoles por la tarde en una acogedora cafetería del Londres muggle que solían frecuentar. Ginny les pidió que se adelantaran, tenía que hacer unas compras urgentes, que según ella, solo podía hacer en el mundo muggle.
-No he tenido sexo en una semana, así que necesitaba algo emocionante entre mis piernas. – Dijo a modo de explicación mientras sacaba un consolador rosa de una bolsa.
Luna enrojeció furiosamente, y apartó la mirada avergonzada. A Hermione se le abrieron tanto los ojos que parecía que en cualquier momento se le iban a salir de las cuencas. Ginny seguía sonriendo con el pene de goma en una mano, como si fuera lo más normal del mundo.
La castaña volvió a la realidad cuando vio a la pelirroja agitando el pene frente a sus ojos. Le pegó un manotazo para que bajara la mano, estaba montando un numerito, prácticamente toda la cafetería las estaba mirando.
-¡Te has vuelto loca! – Susurró avergonzada. - ¡Guarda eso inmediatamente!.
Ginny con toda la parsimonia del mundo comenzó a guardar en su bolsa el objeto. Pero ya era tarde, una anciana sentada en la mesa junto a las chicas las señaló con un dedo tembloroso.
-¡Desvergonzadas!. ¿Así os han criado vuestros padres?. ¡Qué desfachatez!. – Se puso de pie y se dirigió hacia la salida indignada, antes de alcanzar la puerta, se giró, y les envió una mirada de disgusto. - ¡Guarras!.
Mesa trágame.
La mujer abandono el local, pero las personas que aún se encontraban allí miraban en silencio a las tres chicas.
-¿Y ustedes que miran?. – Preguntó mordaz Ginny. – ¿Nunca han visto un consolador?. – Acompañó sus palabras agitando el pene sobre su cabeza.
Hermione no sabía dónde ocultar su cara, y Luna no estaba en mejores condiciones.
-Malditos entrometidos.- Masculló la pelirroja. – Bueno. ¿Por dónde íbamos?.
Hermione le envió una mirada incrédula.
-¿Qué?. – Preguntó inocentemente.
La castaña se encogió de hombros, y decidió intentar olvidar los acontecimientos ocurridos. Tomó nota mental de no volver acercarse por aquella cafetería, ni a un radio de cinco kilómetros de ella, por si acaso la recordaban.
-¿No tuviste la otra noche una cita con Finnigan?. –Preguntó Hermione recomponiéndose y evitando mirar a su alrededor.
-Finnigan es historia. – Comentó antes de beber de su café.
-¿Qué ha pasado?. – Se interesó la rubia que parecía haber recuperado la palidez de su rostro.
Ginny llevaba saliendo dos meses con un chico del Departamento de Deportes llamado Finnigan. Luna y Hermione pensaron que iban en serio. La pelirroja no estaba enamorada de él, pero si ilusionada con la relación.
-Lo dejamos. – Dijo frunciendo el ceño. - Te amare toda la vida, me dijo a las dos semanas de empezar a salir. Y yo ahora me pregunto, ¿qué pasa?, ¿¡tu vida dura dos meses gilipollas!.
Las tres se largaron a reír por lo ridículo de la situación.
-Yo podría conseguirte una cita, Ginny. – La animó Luna. Para luego desviar su atención a Hermione. – A ti también.
-¡Por Merlín!. –Jadeó Hermione – Se acabaron las citas a ciegas preparadas por ti, todavía no me he recuperado de la última, ¡y fue hace cuatro años!.
Luna se echó a reír, y Ginny la secundó al recordar lo cabreada que llegó Hermione de aquella cita. No le fue bien con el chico que utilizaba ropa interior femenina.
-Está bien. No más citas a ciegas. – Resolvió la rubia. – Solo espero, que pronto encuentren al chico que las enamore. Nada me haría más feliz. – Sonrió con sinceridad. – Las tres enamoradas.
-Yo no quiero enamorarme. Una mujer enamorada de forma no correspondida e incluso correspondida esta jodida, no es más que una perra sumisa. – Argumentó la pelirroja.
-¡No digas eso!. Seguro que tu media naranja está en alguna parte. Y él te hará feliz. – Habló Luna indignada con las palabras de su amiga.
-Estoy convencida de que alguien mató a mi media naranja. – Sentenció la castaña con gesto aburrido.
-¡Hermione!.- Pronunció con reproche Luna. – No seas tan negativa. No ayudas con esa actitud.
- No soy negativa, soy realista. – Se defendió.
-Vale, Luna. Tú ganas. Mientras Hermione y yo buscamos a nuestra media naranja, nos divertiremos con las mandarinas. – Resolvió una sonriente Ginny. – O con un consolador.
-¡Ginny!. – Gritaron las chicas cuando la vieron sacar de nuevo el pene de goma y agitarlo en el aire como si fuera un trofeo.
Hermione se dirigía al Departamentode Aplicación de la Ley Mágica para encontrarse con Ginny.
Pero jamás llegó a su destino.
Al doblar una esquina se topó de frente con Draco Malfoy. El venia andando en su dirección, y aunque aún no la había visto porque iba charlando animadamente con Blaise Zabini, Hermione sabía que era cuestión de segundos que se percatara de su presencia. Observo su alrededor intentando buscar un sitio donde ocultarse. Vio una enorme planta en una esquina. Era su única salvación. Con paso acelerado se acercó a ella, y se coló entre ésta y la pared. Cerró los ojos y rezó por que pasaran de largo. Decidió contar hasta cien para tranquilizarse, pero cuando iba por el número doce paró abruptamente.
-¿Escondiéndote de mí, Granger?. – Preguntó con burla una voz muy atrayente en su oído.
Hermione pegó un salto en su sitio.
¿Cómo se había acercado tanto sin hacer ruido?. ¡Maldita serpiente escurridiza!.
La castaña abrió los ojos, y miró al chico que tenía a escasos centímetros de su cara con toda la dignidad que le quedaba. El maldito tenía una sonrisa ladea que gritaba a los cuatro vientos 'te he pillado', y pudo observar sobre el hombro de éste, que el moreno que lo acompañaba se estaba divirtiendo con la escena. Le dieron ganas de estampar en su cara la carpeta que llevaba en las manos.
Y es que, aunque no lo admitiría en voz alta, la situación en la que se encontraba era ridícula.
-Hola Granger. – Saludó el moreno sonriente. La castaña simplemente asintió con la cabeza a modo de saludo.
Volvió su atención al joven que la mantenía entre la pared, la planta, y su cuerpo. Y tuvo que tragar en seco cuando le miró a los ojos. Se quedó prendada de su mirada. Tenían el color gris pálido del mar justo antes de una tormenta. Ojos grises adornados con minúsculas motitas color plata y verde que brillaban con diversión e inteligencia.
Hasta sus ojos gritaban Slytherin.
Draco arqueó una ceja, intrigado. La castaña se había quedado con la boca semi-abierta mirándolo a los ojos. Sería capaz de dar la mitad de su fortuna de Gringotts por saber que pasaba por esa alborotada cabeza.
Hermione se asustó al comprobar que lo estaba observando minuciosamente, y que él se había dado cuenta. Desvió sus ojos rápidamente e intentó hablar sin trasmitir su nerviosismo.
-Estás ocupando mi espacio personal, Malfoy. Apártate. – Soltó más cortante de lo que pretendía.
Blaise se carcajeó por las palabras de la castaña, y Draco obedeció para sorpresa de Hermione. Se alejó lo suficiente para permitir que la chica saliera de su improvisado escondite.
-No deberías ser tan borde, Hermione. – La chica sintió una opresión cálida en su pecho al escuchar su nombre en los labios del rubio. Era la primera vez que lo pronunciaba sin repugnancia.
Sacudió su cabeza para aclarar la mente, y se recompuso con rapidez.
-No soy borde. Soy de simpatía selectiva. – Se defendió sonriendo falsamente.
Blaise no podía parar de reír. Nunca había entablado conversación con la castaña. Aunque no trabajaban en el mismo Departamento, cuando se veían se saludaban, pero nada más. El moreno se prometió conocerla mejor, si era capaz de contestar así a Draco, merecía la pena tenerla de aliada para fastidiarlo.
Draco le pegó un manotazo en el hombro a su amigo que dejó de reírse inmediatamente mientras sobaba la zona golpeada. Aunque aún mantenía una sonrisa.
-Suelto te quedaría mejor. – Comentó Draco con una seductora mirada, después de haberla escaneado en silencio por unos segundos.
Hermione le miró sin comprender.
-Me refiero a tu pelo, Granger. Me gustaría que te lo soltaras. – Aclaró.
-¿Te refieres a figurativa o literalmente?.
-A las dos. – Dijo guiñándole un ojo.
Hermione se sonrojó levemente. Esa mañana se había recogido el cabello en un moño improvisado que no debería favorecerle demasiado. Y el muy cretino había aprovechado ese pequeño detalle para dejarle caer una de sus frases con doble sentido. Lo que más le fastidiaba a Hermione era que había caído en su trampa. Imbécil.
Ginny apareció en ese momento doblando la esquina. Hermione no sabía si llorar o reír de alegría cuando la vio.
-¡Hola chicos!. – Saludo animada. ¿Desde cuándo Ginny los trataba con tanta familiaridad?.
Blaise le pasó un brazo por los hombros a la pelirroja, y le miró sonriendo. ¿Y Zabini?.
-Pequeña Weasley. – La llamó con sensualidad. Ginny lo miraba con una ceja alzada. Hermione con el ceño fruncido, y Draco simplemente lo ignoraba. - Lovegood y Theo están saliendo. Draco y Hermione mantienen una relación amor/odio muy divertida. – Los aludidos lo miraron. La castaña con la boca abierta, y el rubio sonriente. - Por descarte, tú y yo debemos acabar juntos.
Ginny puso su mejor sonrisa coqueta, y le habló con dulzura.
-Las chicas con culos como el mío, no salen con caras de idiotas como la tuya, Zabini.
El moreno por un momento se quedó sin saber que decir, para luego adoptar una expresión seria.
-Eso ha dolido, pequeña Weasley. – Dijo teatralmente llevándose una mano al corazón. – ¿Te atreves a hablar mal de mi cara, cuando has estado saliendo con Finnigan?.
La pelirroja lo miró sorprendida de que el supiera de su relación con el chico, y que además, hubieran roto.
-Para no cometer de nuevo ese error. He decidido no salir con ningún otro hombre que trabaje en el Departamento de Deportes. – Sonrió triunfante.
Blaise afianzó su brazo sobre los hombros de la chica, y le habló con lentitud sin apartar sus ojos de los de la pelirroja.
-Si me das una oportunidad, estoy seguro que podría hacerte muy feliz.– Dijo con un tono provocador.
-¿Por qué?. ¿Ya te vas?. – Preguntó inocente.
Draco, que hasta entonces se había mantenido al margen escuchando el intercambio de palabras entre el moreno y la pelirroja, se rió, y dándole unas palmaditas en la espalda a su amigo, que se había quedado impresionado por la contestación de la pelirroja, le habló con arrogancia.
-Lo tienes difícil, Blaise.
-Si fuera más fácil, no sería tan divertido. – Se defendió. – Además, tú tampoco estás mejor que yo.
-Como sea. – Dijo quitándole importancia. Se giró hacia Hermione, y guiñándole un ojo, le susurró a escasos centímetros de su boca. – Nos vemos, preciosa.
El corazón de Hermione se aceleró por la cercanía, y porque no admitirlo en su cabeza, por sus palabras. Se quedó viéndolo marchar por el pasillo exactamente igual que en su primer encuentro.
Ahora que lo observaba sin la gabardina, podía apreciar sus anchos hombros y espalda, desarrollados con los años, por supuesto, y el culo respingón que le hacían esos pantalones de vestir negros que usaba. ¿Lo tendría tan duro como aparentaba?.
¿¡En qué mierda piensas!. Se abofeteó mentalmente.
-¿Qué opinas del trasero de Draco, Granger?. – Preguntó pícaro Zabini.
Hermione se sonrojó furiosamente.
-No tengo nada que opinar. – Musitó.
-¿Hermione Granger perdiéndose la oportunidad de expresar su opinión en algo?. – Volvió a preguntar con gesto incrédulo.
Ginny, que aún se mantenía bajo el amparo del brazo de Zabini comenzó a reír. Traidora.
-Ni si quiera me he fijado. – Moduló con nerviosismo.
-¿Qué no te has fijado?. – La cara de inocencia de Blaise la estaba cabreando.
-No. – Dijo cortante.
-Mientes. – Sentenció el moreno.
-Cállate, Zabini. – Rugió.
El aludido comenzó a reír acompañado por la pelirroja traidora.
-Son el uno para el otro. - Le susurró Blaise a Ginny demasiado alto.
Después del altercado con Malfoy y Zabini, y la perra traición de Ginny. Hermione volvió con el rabo entre las piernas a su Departamento, del que no tendría que haber salido. Y el día acabó sin mayores inconvenientes.
Hoy era viernes. Hermione se encontraba trabajando en un documento muy importante cuando Ginny ingresó sin permiso en su despacho. Como ya era costumbre.
- Te echo de menos toda la semana, y amo el día en que llegas, ¡te amo viernes!. – Dijo Ginny con los ojos brillosos.
Hermione la miró con su ceja alzada.
-No sé porque te alegras tanto de que sea viernes, si para ti son viernes todos los días.
-Pero hoy es el viernes oficial. – Resolvió sonriendo.
-Bien. ¿Qué quieres?. Tengo mucho trabajo que hacer. – Preguntó volviendo a retomar su lectura.
-Que aburrida eres Mione. – Comentó frustrada. – Te he traído un regalo. – Dijo depositando una bolsa en su escritorio.
Hermione observo la bolsa con ojo crítico.
-Vamos, tómalo. No es una bomba. – Dijo divertida.
-Viniendo de ti. – Murmuró.
-¡Hermione!. – Dijo haciéndose la ofendida.
La castaña sonrió divertida y agarró la bolsa para ver su interior.
Metió sus manos en ella y saco… un atrevido conjunto de ropa interior de encaje transparente de color negro. Hermione la miró perpleja.
-¿Para qué se supone que es esto?.
-Sigue mirando. – La ignoró la pelirroja.
Hermione volvió a introducir la mano en la bolsa, y esta vez sacó una bata blanca de hombre. La sangre se le fue del rostro cuando vio en la solapa de la bata un cartelito que rezaba 'Doctor Malfoy'.
-¡Ginny!. – Gritó la castaña.
- Es para cuando te decidas a jugar a los médicos con Malfoy. – Dijo con una sonrisa pícara. – Y esto para que vayas practicando. – Dijo mientras le lanzaba otra bolsa.
Hermione la atrapó en el aire, vertió el contenido sobre la mesa y al ver de qué se trataba, su cara adquirió un tono rosado muy típico en los últimos días.
Era un pene de goma de color verde con las iniciales 'Pene Mágico' escritos a lo largo.
-¡Voy a matarte, Ginevra!.
Continuara...
Oh!, como me divertí escribiendo este capítulo. Espero que vosotras también os hayáis divertido leyéndolo :)
Amo a Ginny, tenía que decirlo :P
He estado haciendo cálculos, y ésta trama tendrá unos catorce capítulos más o menos, si lo sé, puede que os parezcan pocos, pero con esos capítulos tengo de momento suficiente. Aunque siempre existe la posibilidad de que la haga un poco más extensa :)
Muchas gracias a todas aquellas lectoras que no están registradas, pero aun así, me han dejado su opinión ^^ . A la lectora HojaDePapel, no se me permite contestarte a tu review, tienes bloqueado lo de recibir mensajes privados xD , desde aquí te doy las gracias por tu mensaje!.
Aprovecho para invitarlas a leer el nuevo oneshot que he escrito 'Citas con la psicóloga' , un dramione, podrán encontrarlo en mi perfil, ¡disfrútenlo! ;)
Si les ha merecido la pena la lectura dejadme un review, son GRATIS, y me hacen tener más ganas de escribir además de muy feliz :3
Nos leemos.
Eishel.
