Las Caricias del Tiempo Por ChePotter

Basado en los personajes de Harry Potter, por JK Rowling.

Esta historia es con propósitos de entretenimiento y sin fines de lucro.

(Enga, ni que pudiera ganar un zope por esto ¬¬)

Capitulo 2: El reloj estrella.

-James—

Abrió los ojos. Sus párpados separándose levemente, y sin ganas.

-¿Qué?—

Su voz era somnolienta y desgastada, pidiendo urgentemente por más horas de sueño.

-Vamos, Jamie, levántate de una vez—

Terminó de forzar sus ojos. La figura de su tía se movió dócilmente hasta la ventana de la habitación, y corrió las cortinas verdes. Volvió a cerrar sus ojos, cuando un rayo de sol, entrando por el cristalino vidrio, le obligó. Dejó que la luz se colara entre sus pesados párpados, y poco a poco volvió a abrirlos. Una remera cayó sobre su cabeza, negándole la vista nuevamente.

-No tenemos todo el tiempo del mundo, James—Los pasos de su tía se alejaron de la habitación.

Se quedó en esa posición por varios minutos, volviendo a cerrar los ojos, respirando los últimos momentos de descanso.

-¡¡JAMES!—

Saltó de la cama. Tenía que apurarse si no quería ser asesinado por su tía. No quería ser él quien terminara de arruinar el humor de la joven. Poniéndose una media diferente en cada pie, y equivocándose los calzados del pie, se terminó de vestir. Se dirigió al baño de la habitación, y luego de lavarse la cara, tomó un poco de agua entre las manos, y se la tiró sobre sus cabellos.

Levantó la mirada. Un chico de once años le respondió desde el espejo. Revolvió sus cabellos, esparciendo la fresca agua en su totalidad, para luego, sacudir la cabeza, obteniendo así el resultado deseado.

Volvió a fijar su vista en el gran espejo. Sus cabellos chocolates, suavemente enrulados, y rebeldes, se encontraban cayendo alegremente sobre su cabeza. Sonrió ante sus pensamientos, claro que su cabello estaba sobre su cabeza. ¿Dónde sino? Aunque en realidad, su cabello era lo más difícil de describir de su aspecto físico. Lo llevaba relativamente corto, poco más arriba de las orejas. Pequeños rulos se extendían por sobre su cabellera, sin embargo, y era allí lo difícil de sus cabellos, no eran rulos en sí. Eran en fin sus cabellos enmarañados, pero sobre todo rebeldes, que terminaban tomando esa forma.

Sus ojos, por el contrario, brillaban intensamente. Su color verde esmeralda, siempre le había fascinado, especialmente aquellos días en que cambiaban de color. No era que en realidad cambiaran de color, sino que simplemente o se aclaraban, llegando al mismo verde, pero como si le hubiesen pasado una capa muy fina de blanco por encima, o se oscurecían. Tampoco era que se oscureciesen, simplemente tomaban una tonalidad más castaña sobre el iris.

Su nariz era respingona, y sus labios de un color rojo vivo. Su tío solía embromarle con que se los pintaba todas las mañanas, y él, se limitaba a sacarle la lengua juguetonamente.

-¡James! ¿Es que acaso te estás pintando los labios?—Sonrió. Ahora su tía también le leía la mente. Amplió su sonrisa ante la ocurrencia, y salió del baño.

Acomodó un poco las ropas de la cama, y juntó unos libros del suelo, que colocó en una pila sobre su escritorio. Revisó que el lugar quedara más o menos aceptable, y se dirigió hacia las escaleras. Sin embargo, detuvo sus pasos ante los llantos provenientes de la habitación contigua a la suya.

Respiró hondo, y dando media vuelta, desanduvo su trayectoria, hasta llegar frente a una puerta de roble. Tomó el pomo y lo abrió lentamente. Una habitación de un color amarillo patito le sonrió, mientras el sonido del llanto se incrementaba. Levantó los hombros en señal de resignación, y caminó hacia la delicada cuna, sobre uno de los lados del dormitorio.

Sobre las mullidas sabanas blancas, un pequeño bebé lloraba a llanto abierto, produciendo que su corazón se encogiera.

Levantó con cuidado al pequeño, y lo apoyó sobre su pecho, empezando a mecerse lentamente, mientras daba pequeños y suaves golpecitos sobre la espalda del bebé.

-Ya. Tranquilo Ethan—

Por más que trataba de calmar al pequeño, este no paraba de llorar. Podía sentir las cuerdas vocales del pequeño desgarrándose antes los alaridos que pegaba, sentía el bullicio de lágrimas que caían sobre su hombro, y sentía los músculos de Ethan tensarse entre sus brazos. Se empezaba a desesperar, jamás en su memoria el pequeño había estado así. Claro que el último mes había sido... pero jamás así. No pudo evitar que un par de lágrimas se resbalaran de sus ojos.

-¡James! ¡Ethan!—

La voz de su tía le trajo de vuelta, y aún sin dejar de mecerse, se giró hasta encontrarse con su tía. Los ojos de la joven estaban desorbitados, y no quitaban la vista del pequeño en sus brazos. James se acercó a ella, y le pasó al pequeño con el mayor cuidado posible.

Ella tomó al pequeño entre sus brazos, y comenzó a acunarle, mientras unas lágrimas solitarias se escapaban de sus ojos. James la condujo hasta una mecedora en la esquina de la habitación, donde la joven pelirroja, tomó asiento, aún acunado al pequeño.

James se sentó a su lado, en una pequeña banqueta para los pies, y miró con cariño la escena frente a él. Los largos cabellos de su tía, sumamente peinados y lisos, brillaban intensamente cayendo sobre sus hombros. Su tonalidad roja intensa contrastaba, con la ahora pálida piel de su rostro. Sus ojos marrones habían tomado rápidamente un ligero rojizo, mientras se mantenían fijos en el bebé. Sus delicadas manos, también pálidas, rodeaban a Ethan con una delicadeza inimaginable, meciéndolo suavemente sobre su pecho, mientras movía levemente la mecedora. James suspiró, y miró hacia la ventana, estaba abierta, dejando entrar una cálida brisa.

Se levantó y salió de la habitación, mientras sentía las suaves melodías que entonaba su tía, al tiempo que Ethan calmaba su llanto. Dirigió sus pasos, lentos y pausados, hacia las escaleras. Dando grandes bocanadas de aire, y parando cada dos pasos, bajó hacia la sala de estar.

El lugar estaba impasible a los eventos del piso superior. El viejo sillón azul, y verde frente a la estufa, apagada a falta de necesidad, le pedía a gritos que tomara asiento en él. Sin embargo, se mantuvo al pie de la escalera y siguió recorriendo la habitación con la vista, mientras sus sentidos volvían a él, y su sangre comenzaba a circular nuevamente, mientras sus pulmones absorbían todo el aire que les cabía.

Varios retratos se encontraban colgados sobre una de las paredes, y las personas fotografiadas se movían en ella, siempre sonrientes. Había, al costado de la escalera, una gran y delicada repisa. Estaba dividida en varios sectores. Unos que contenían delicados y frágiles adornos. Otro portaba algunos libros, pero realmente muy pocos, había más en el resto de la casa. También había sobre uno de los estantes de los costados, una radio mágica, y sobre el estante contrario estaba el más preciado tesoro. Cuando chico le prohibieron abrir el delicado baúl. Era de madera de cedro, con pequeños tallados sobre los bordes. La cerradura era de peltre y mostraba el paso de los años en su delicada estructura. Pero lo que le llamaba a él, no era su exterior, sino aquello que contenía. Sin embargo, aún no se había atrevido a abrirlo, por más que sus tíos no se lo habían vuelto a prohibir.

Se acercó al baúl y pasó sus dedos suavemente sobre la cerradura, tentado a abrirla. Dio un paso atrás, al mismo tiempo que un escalofrío recorría su cuerpo.

Olvidándose de la caja, o intentándolo, recorrió con la mirada el resto de la habitación, hasta posarse en uno de los más maravillosos objetos de la casa. El reloj estrella le había bautizado un día, mientras que al de la cocina le había llamado: El reloj agenda. Si lo pensaba bien, tenía mucho más sentido el segundo, ya que se encargaba de pues... recordarle a su tía algunas cosas, bueno, a su tía y al resto de la familia. Sin embargo, aquel reloj frente a él, no sabía el porqué del nombre, simplemente le había gustado.

Se acercó lentamente al reloj y buscó entre las manecillas. Ethan. Siguió la manecilla con la vista y cerró los ojos. Volviendo a abrirlos, se dio media vuelta, y encarriló hacia la cocina.

Entró en el lugar, y luego de mirar el reloj agenda, comenzó a hacer el desayuno. Puso todo en la mesa y salió fuera de la casa a buscar un pote de miel de la alacena. Cuando volvió, Ginny ya estaba sentada en la cabecera de la mesa. Tenía la cabeza entre las manos, apoyando los codos sobre la mesa. Sus cabellos se entrelazaban con sus dedos. Y su boca se encontraba muda, ni un solo ruido, ni un lamento, ni una queja. Simplemente muda.

James tomó la tetera y sirvió dos tazas, pasándole una a su tía, mientras ponía la otra a su lado, y tomaba asiento.

-¿Podrás ir solo hoy?—

James pudo notar en la voz de Ginny el cansancio, la desesperanza, la culpa, la desesperación, el dolor. El dolor.

-Podría ir otro día—contestó ante la sola idea de dejar sola a su tía.

-Oh no. Irás.—

-Pero... —

Bajó la mirada hacia su taza, y luego la cambió a la de su tía, seguía intacta.

-Además, te esperan—

Por más que quería sonreír, no pudo. No podía dejar las cosas así. Y no lo haría.

-No te estoy dando a elegir, James—dijo ella.

James se levantó bruscamente de su silla. Ginny introdujo su rostro aún más entre sus manos.

-Pero... —

-Nada de peros, James. Tienes que ir.—

-Pero no quiero ir solo—se justificó.

Aunque tampoco era mentira. Quería ir con su tía.

-Irás—

-Iremos—

-No puedo—

-Sí puedes. Sí podemos—

Ginny levantó su vista, y posó su mirada en James. Este ni se inmutó, estaba decidido, nada lo haría cambiar de opinión, y sus ojos lo denotaban.

-No entiendes... —

-Sí entiendo. Siempre entendí—

Ginny bajó la mirada, rendida. Nada podía con James, no cuando se enfrascaba en algo.

-Tú ganas—

James sonrió.

-Y ahora te me tomas todo el té, y te comes una o dos tostadas—dijo con tono autoritario.

-Oye, que aquí el adulto soy yo—dijo Ginny, volviendo a levantar la mirada, y emitiendo una pequeña sonrisa, pero sonrisa al fin.

-Pues hoy haremos cambio de roles—dijo James sonriendo, mientras comenzaba a comer una tostada con mantequilla.

Ginny suspiró. –Contigo no se puede—

-Rezz... ien te da uennn... taa—dijo aún con la boca llena.

Ginny sonrió, recuerdos inundando sus pensamientos, según pudo ver James.

-¿No habíamos cambiado roles?—

-Eh... —

Ginny lo atrajo hacia sí, y le dio un corto abrazo.

-Ahora, cámbiate que te manchaste con té—le dijo sonriendo.

James miró a su tía. Ya estaba mejor.

-¿Y los roles?—dijo mientras se paraba.

-Ya ve—

Salió lo más rápido que pudo, mientras su tía le tiraba un trapo por la cabeza, el cual él le tiró de vuelta, antes de cerrar la puerta.

Subió las escaleras lentamente, fue a su cuarto y se cambió de remera. Justo cuando estaba por volver a la cocina, sintió un ulular a sus espaldas. Una lechuza, rojo vivo con manchas blancas, estaba apoyada en el alfeizar de la ventana.

-Hola, Mavy—La lechuza extendió sus alas, y se posó en el brazo que el chico le ofrecía.

-Mmm... Tienes una carta para mí—dijo mientras desataba el pequeño pergamino de la pata blanca del animal. Ni bien hubo terminado, Maeve salió volando hacia su jaula. James, abrió la carta, y se sentó sobre su cama a leerla.

Querido James: ¿Cómo estas? ¿El resto? ¿Ethan? Espero que mejor. Yo, la verdad, no tengo mucho que contar. ¿Vas a ir hoy? Ojalá que sí, estoy aburrida acá en casa. No hay mucho que hacer en este dichoso apartamento, estoy deseando que de una vez por todas nos mudemos, y si no hay viejos cerca, mucho mejor. Nos vemos, Annika.

Sonrió, sólo Annika mandaba una carta como esa. Se levantó de la cama, tomó una pluma, y escribió en el reverso del papel.

Nos vemos allí.

James.

Dobló el pergamino y caminó hacia Maeve.

-Lo siento linda, vas a tener que llevar esto. No te preocupes, ni que fuera tan lejos—

La lechuza picoteó uno de sus dedos, en señal de compresión y salió volando por la ventana. No pudo evitar sonreír mientras veía como se alejaba.

Salió de la habitación y entró a la del pequeño Ethan. El bebé dormía placidamente en su cuna. Su estado anterior parecía totalmente ajeno a él... le dolía tanto verlo así.

Hola, gente...! sonrie inocentemente Lamento la demora... pero he aki el segundo capi de Las Caricias del Tiempo... sé que puede hacerse un poko complicado con esto de los tiempos (ya sabrán bien de lo k hablo) pero espero k no se les haga tan difícil como para no leer... trataré de subir el tercero prontito !

Muchas gracias a LunaPotter1 por su review !

Espero sus comentarios, y que les haya gustado!

Chei.