Basado en los personajes de Harry Potter, por JK Rowling.
Esta historia es con propósitos de entretenimiento y sin fines de lucro.
30/08/05
Puesh... decidí subir este capi ahora, ya k andaba con tiempo suficiente... aki es donde comienza a definirse realmente el sistema del ff... prometo no incluir ningún tiempo nuevo rie Por previa experiencia, sé que habrá quienes aún no entiendan, so... el capi k viene haré un pekeño resumencito de komo se moverán las historias por aki ! Cualkier duda, consejo, e incluso apoyo, saben k existen los rr, vdd? xDD! Disfruten del capi... y nos vemos!
Chei.
PD: Esta historia está completamente dedicada a mi Tiny, Padvy! Felicidades mi niña la abraza!
Capitulo 3: Revivir
Era una noche hermosa... la luna brillaba con todo su esplendor, y él, él se encontraba sobre su cama, siendo bañado por un cálido haz de luz espectral. Una suave brisa entraba por la ventana, mientras el silencio afuera de la casa, era interrumpido solo por pequeños y delicados grillos, y su canto insoportable.
No entendía cómo tan hermosa noche podía ser arruinada por un simple y sencillo ruido... quería descansar, pero a su vez, no tenía sueño, y si a eso le sumaba el ruido infernal... ¿qué quedaba entonces?
Se giró lentamente hacia la derecha, dejando que la luz penetrara sus ojos. Tenía tantas cosas en la cabeza, que le parecía imposible llegar a sacar algo en limpio.
Miró el reloj sobre la mesita de luz, eran las 3:00 a.m. Definitivamente era tarde, y necesitaba dormir, sus cansados ojos se lo pedían, además... no quería llegar tarde el día siguiente.
-¡¡YA! ¡¡LEVÁNTATE!—los gritos de su tía le despertaron, abrió los ojos lentamente, dejando que se acostumbraran a los rayos matutinos que penetraban a través de la aún abierta ventana.
El reloj marcaba las ocho y media de la mañana. Al menos tendría tiempo para llegar bien, o al menos eso esperaba
Se levantó con más ánimo que los últimos días, y se cambió de ropa. Revisó todo el lugar, y con un hechizo guardó todas sus cosas en el baúl. Eso de hacer magia fuera del colegio cada vez le gustaba más.
Se calzó unas zapatillas, que había comprado en su última visita al callejón Diagon, y bajó a la cocina.
En el lugar se encontraba solamente tía Petunia, quien caminaba de un lado a otro realizando el desayuno.
-Siéntate, no creo que Dudders ni Vernon bajen por un rato, creo que me empiezan a tener miedo—
Sonrió divertido. El hecho de que su tía se comportara de esa forma con él, había hecho que su relación con Vernon se crispara un poco. En cuanto a Dudley, seguramente se debía a que seguía en su séptimo sueño, creía haberlo escuchado llegar a eso de las 2 de la madrugada.
-Toma—
Tía Petunia le colocó un plato con tocino, y unas tostadas con mermelada frente a él, y luego le alcanzó una taza de chocolate.
A continuación, ella se sentó delante de él, con un plato de las mismas características, salvo que su taza contenía té.
-¿Hoy vendrán a buscarte?—preguntó curiosa.
Aún luego de dos veranos como ese, aún le parecía extraña la actitud de su tía. Sin embargo, había cosas que había comenzado a comprender. No lo hacía por las amenazas, lo hacía porque había comprendido... había comprendido su error. Aunque en el caso de tío Vernon, SÍ era por las amenazas.
-Eso creo, aunque supongo que nos apareceremos—
-Interesante—murmuró ella, mientras daba un corto sorbo a su taza de té.
Harry tomó una tostada y mientras degustaba el delicioso desayuno, fijó su vista en el aire, pensando...
Hoy vendrían a buscarlo, hoy volvería al colegio... no sabía qué tanto le entusiasmaba, había muchas cosas que no le gustaban. Se había mantenido encerrado en Privet Drive, sabía que no podía hacer mucho, que tenía que cuidarse, pero eso, eso le enervaba, quería poder salir al campo de batalla, defender a los suyos, y no estar allí, ajeno a todo. Pero por otro lado... No sabía qué tanto quería volver al colegio, había sido un verano prácticamente sin complicaciones, a excepciones de las noticias de los ataques de Voldemort, pero volver al colegio significaba mucho más de lo que él pensaba podría soportar.
-¿Te encuentras bien?—sintió que preguntaba tía Petunia.
-Supongo—
Se levantó sin mucho reparo, y dejando a una muy confundida Petunia, salió de la habitación. No deseaba ir a su cuarto, ya tenía todo pronto, no tenía porqué ir, así que tomando una repentina decisión salió de la casa, cruzó el jardín, y arrancó sin rumbo por Privet Drive.
¿Qué hacía? ¿Por qué, por primera vez, no sentía el valor suficiente para volver a Hogwarts? ¿No lo sabía? Claro que sí, sabía muy bien sus razones, pero no quería admitirlas, ni siquiera tenía el valor para ello... Pero, además, sabía que significaba volver al mundo mágico, lo sabía desde su quinto año, y eso, aún dolía, torturaba, y mortificaba...
Levantó la vista, nuevamente se encontraba en aquel callejón... recuerdos inundaron sus pensamientos, mientras caminaba hasta el fondo del lugar, y se sentaba, rodillas contra el pecho, brazos sobre estas, y manos tomando su cara.
Siempre que se dejaba vagar terminaba allí, era como un instinto, algo que le arrastraba. Había aprendido a sentirse bien en ese lugar, a omitir esos recuerdos... recuerdos que solamente lastimaban su alma, y buscar compañía, la compañía de un silencio, un silencio que recordaba a i él /i , y donde todo parecía ser más claro, como si Sirius estuviese allí, como la primera vez que le vio, con su forma de perro negro, tratando de hacerle sonreír, de superar todo, aconsejándole... Y el simple silencio de un callejón vacío, oscuro y abandonado, parecía transmitir todo eso... Ahora solamente se limitaba a pensar, a tratar de ver todo con más claridad, y parecía ser que allí era el único lugar donde su mente se tranquilizaba... se detenía en el tiempo...
¿Qué era lo que le pasaba? Porque sabiendo... estando decidido... aún desistía de su regreso a Hogwarts... si siempre había sido su hogar, ¿porque ahora le temía al regreso? Jamás le había temido a Voldemort... ¿Entonces a qué le temía?
Levantó la vista hacia la entrada del callejón, pequeñas motas de polvo se distinguían a través de los rayos solares que penetraban con miedo dentro de la oscuridad del lugar. Él sabía a qué le temía, solamente que no sabía porqué... Pero había una sola pregunta que podía solucionar su problema: ¿qué era la muerte?
Si había algo que empezaba a entrar en sus circuitos circulatorios, era eso, el saber que quizás, quizás solo le quedara la muerte enfrente... que todo aquello que él quería quedara sepultado junto a él, el día que quizás muriese, que su vida fuera arrebatada de sus manos... ¿pero realmente le temía a la muerte? ¿O temía a todo aquello que dejaba, sus amigos, su familia...? Porque eso eran, eran familia, gente que quería con todo su ser, y a los cuales no quería abandonar...
¿Pero qué pasaba con aquello que le había sido encomendado? No podía fallar, tenía que lograr su cometido, nuevamente por ellos... ¿pero ellos alguna vez entenderían el sacrificio? ¿Entenderían que su último deseo hubiese sido abandonarlos? ¿Pero si no había más remedio?
Sacudió la cabeza, tenía que dejar de pensar en esas cosas o se amargaría la vida...
Se levantó con pereza, miró el reloj de plata que llevaba en su muñeca izquierda, y con una mueca, emprendió el regreso al número 4 de Privet Drive.
-Pensábamos que ya no llegarías—sonrió divertido, mientras su mejor amigo, y Remus, le miraban expectantes en su llegada a la casa.
Se encontraban en el living de la casa. Ron estaba apoyado contra la ventana, intercambiando miradas preocupadas con el espacio exterior de la casa. Remus, en cambio, se encontraba sentado en el sofá, acompañado por una radiante Petunia, quien le ofrecía una taza de té. Volvió a sonreír de lo graciosa que era la situación. Y luego se acercó a los visitantes y estrechó manos con ambos.
El ambiente se volvió tenso luego del rencuentro. Bajó su mirada y se sentó frente a Remus. Ron le imitó, mientras su mirada volvía al interior de la casa, más específicamente, sobre Harry.
-Debemos irnos—
Harry levantó la vista, junto con Ron, ambos mirando al último merodeador, mientras sus miradas expresaban la mayor extrañeza.
-No es lugar para hablar—explicó Remus, mientras se levantaba, se despedía de Petunia y se dirigía hacia la puerta— ¿Qué esperan?—
Harry miró con curiosidad a Ron, quien se levantó de hombros y se ofreció para ayudarle con su equipaje.
En pocos minutos ya estaban prontos, habiéndose repartido de tal forma, que Remus llevaría a Hedwig, mientras que Ron y Harry cargarían con el baúl.
Harry se despidió de su tía y llegó a gritarle un adiós a su primo, quien bajaba soñoliento por las escaleras, antes de desaparecerse del lugar.
Abrió los ojos justo al mismo momento que sus pies hicieron contacto con el suelo. Se encontraban en la plataforma 9 y ¾. El expreso se encontraba flameante, mientras decenas y decenas de alumnos se movían de un lado a otro, despidiéndose de sus familias, recontándose con sus compañeros, subiendo y bajando del tren mientras acomodaban sus cosas para partir hacia lo que sería un nuevo año en el colegio de magia.
-Allí están—señaló Ron hacia la derecha donde había un grupo de magos expectantes. A medida que se acercaron, Harry pudo distinguir a la señora Weasley, los gemelos y sus pesadas capas (no entendía cómo no solían morirse de calor), Ginny con dos coletas, Tonks, quien llevaba el cabello de color negro y corto, y la ultima del grupo, un poco alejada era Hermione.
-Moody y Sam tuvieron que irse, se le hacía tarde—comentó la Sra. Weasley a Remus—Hola, querido, cada vez que te veo más grande. Ron, hijo, tus cosas ya están dentro del tren—
-Gracias, ma—respondió el aludido y se dirigió al resto del grupo, charlando animadamente con los gemelos. Harry se quedó estancado allí, pasando su vista del grupo de adultos, Remus, Tonks, y la Sra. Weasley habían comenzado una conversación de la cual no tenían intenciones de hacerles participes. ¡Qué extraño, ¿no! Se sonrió ante sus ocurrencias, y luego cambió la mirada a la segunda parte del grupo, los gemelos, Ginny y Ron charlaban bastante animadamente sobre el último invento de los primeros, o al menos eso le pareció entender, y Hermione, aunque estaba presente materialmente, parecía no estar escuchando.
-Ey, Harry, ¿no piensas saludar?—se acercó al grupo y saludó a los gemelos con un estrechón de manos, luego abrazó a Ginny.
-¿Cómo estás?—preguntó la pequeña Weasley. En realidad, pequeña era un decir, ya que era una mujer hecha y derecha, sin contar, que una de sus mejores amigas. Ginny se separó de él, y esperó su respuesta. ¿Cómo estaba? Suponía que bien, realmente no lo sabía, cada vez se sentía más consumido, y todo parecía alejarse, pero no podía decirle eso.
–Estoy bien—su voz no sonó muy segura, y se maldijo por ello. Ginny no insistió.
-¿Qué le pasa?—preguntó refiriéndose a Hermione, la actitud de la chica era muy sospechosa, generalmente solía tirársele a abrazarle al saber que seguía vivo, y ahora parecía ni haberlo notado.
–Ni idea, Harry, ha estado todo el tiempo así, yo creo que ni sabe que llegaste—
-Pues entonces no le digamos—dijo sonriendo. Dio la vuelta tras Ginny, quien le guiñó un ojo cómplicemente, y delicadamente, casi sin hacer ningún ruido se paró tras Hermione. Momentáneamente se sintió flanquear, se había olvidado de lo que era sentirse así. Dudó unos momentos, y luego posó sus manos rápidamente en la cintura de la chica haciendo que esta saltara.
-¡Harry!—exclamó indignada, poniendo sus manos en su cintura, y mirándole con reproche, mientras Ginny, Ron, los gemelos, y él mismo se retorcían de la risa. –No me parece gracioso—replicó la chica. Harry se detuvo, y se la quedó mirando.
-Herm, tampoco es para que te pongas así—se quejó Ron, mientras los gemelos asentían tras él.
–Nuestro hermanito tiene razón, Hermione, un poco de risa no nos viene nada mal—Fred elevó las manos en señal de victoria, y todos volvieron a reír, Hermione incluida. Harry se la quedó observando, quizás no había sido una buena idea, pero había pensado que la chica se alegraría de verle.
Caminó tras sus amigos, Ron iba más serio que nunca, Ginny parecía haber perdido toda su alegría, y Herm, Herm estaba tal cual y como la había encontrado en la estación, totalmente ida.
La ceremonia de selección había sido más corta que de costumbre, muchos magos habían comenzado a emigrar, otros directamente habían decidido no mandar a sus hijos a Hogwarts. ¿¡Cómo no podían darse cuenta que no había lugar más seguro para ellos que allí? Sencillo, Harry Potter estaba allí, y Voldemort iría tras él. Estaba claro como el agua, solo que él no quería aceptarlo, como no quería aceptar muchas cosas.
Ahora iban camino a la sala común, las noticias de que los horarios fuera del castillo se habían reducido, que las salidas a Hogsmeade serían pocas, que las clases de Defensa aumentadas, y que más miembros del ministerio, mayoritariamente aurores, serían posados en los terrenos del castillo como precaución, les había recordado que estaban en guerra, que Voldemort estaba en plena campaña de matanza, que cada día llegaban heridos a San Mungo por culpa de mortífagos, y más y más marcas tenebrosas aparecían sobre la comunidad mágica.
Extrañamente, Voldemort aún no se había expandido sobre la comunidad muggle, la Orden sospechaba que ello se debía a que prefería tener un pánico fijo en la comunidad mágica antes de avanzar en sus planes. Pero Harry tenía tanto la sensación de que les estaban ocultando algo a ellos, i "los niños" /i como los llamaba la Sra. Weasley, como de que definitivamente Voldemort estaba planeando otra cosa, mucho mayor. A él no podían engañarlo.
-Por cierto, Herm, felicidades—dijo de repente Ginny, haciendo que los otros tres se detuvieran. Hermione se sonrojó levemente.
-¿Felicidades?—preguntó Harry desconcertado.
-Oh, ¿no lo sabías? Nuestra Herm es la nueva Premio Anual—sonrió Ron divertido, mientras pasaba un brazo por los hombros de la chica, y la atraía hacia él, mientras con la otra mano le revolvía el pelo.
-Ya déjame, Ron—suplicó Hermione, sonriendo. Ron soltó a la chica, y Harry se la quedó observando.
-Felicidades—dijo finalmente, sin dejar de mirar los ojos de la chica, quien comenzaba a ponerse nerviosa—Felicidades—repitió Harry, y la abrazó.
El abrazo no duró más que un par de segundos, pero bastó para que Harry volviera a sentirse incómodo y extraño, había olvidado lo que era sentirse así. La incomodidad que sentían los dos chicos se hizo evidente para los dos Weasley, quienes empujándolos emprendieron nuevamente el camino a la Sala Común.
Harry siguió al grupo de atrás, sintiendo como sus piernas fallaban, allí delante suyo iba la razón por la cual no había querido volver.
