Las Caricias del Tiempo Por ChePotter

Basado en los personajes de Harry Potter, por JK Rowling.

Esta historia es con propósitos de entretenimiento y sin fines de lucro.

16/12/05

Un mes después, saben, eso es un buen ritmo pa lo que suele ser mi tiempo de actualización! Ahora, a ver si dejan algún lindo rr, si? ojitos esperanzados

Chei.

Capitulo 5: Pasar el Tiempo

En esas fechas era prácticamente imposible transitar por el Callejón Diagon. Madres enloquecidas y apuradas se movilizaban de local en local adquiriendo todos los materiales necesarios para sus pequeños. Nunca faltaba la madre primeriza, cuyo primer infante comenzaba su carrera escolar, y por tanto, cada pasó que daba era grabado en la memoria de la madre, incluso resbalando algunas lágrimas por las mejillas sonrosadas de la mujer.

Siempre había sido así, al menos desde que tenía memoria. De pequeño solía visitar mucho a sus tíos, o simplemente acompañar a su tía a realizar compras. Tantas veces había recorrido el lugar que le conocía como la palma de su mano, no había forma de que él se perdiese allí, lo que permitía que su tía le diera bastante libertad.

Ahora caminaba junto a la mujer esquivando a las montoneras de personas que se arremolinaban de un lado a otro. Ginny protegía con todo su cuerpo al pequeño Ethan en sus brazos, mientras le repetía a James que no se perdiera de vista. Había dudado mucho en traer al niño, James había insistido en que se quedara con él una y otra vez, pero finalmente había decidido cargar con el pequeño. Por propias palabras de su tía, no podía dejarlo ir solo ese día.

En poco tiempo estuvieron frente a su primer destino: Sortilegios Weasley. La tienda de sus tíos era un sueño perdido para cualquier niño de la edad de James, sin contar que, Fred y George, eran unos de los más famosos surtidores de Bromas de toda Inglaterra.

El local situado en el callejón Diagon, había recibido variadas reformas en el correr de los años, sin embargo, no era para nada lujurioso, denotando aún así el exquisito gusto de sus tíos.

Lo bello residía en la sencillez y originalidad del conjunto. El letrero indicativo del negocio se trataba nada más y nada menos de un delicado muñequito, de extremidades finas, y cabeza grande y redonda, flotando frente a la puerta. Pero lo vistoso del mismo era su bailar campante, mientras, en honor a las primeras (no obstante, de las más solicitadas) invenciones de los gemelos Weasley, las orejas de la marioneta se convertían en alas blancas, y de vez en cuando, un sombrero caía sobre su cabeza haciéndola desaparecer. El resto de la entrada, constaba de una fina vidriera, en colores dorados y rojos, donde reposando en almohadones como la nieve, y bordes de sol, se lucían las nuevas creaciones de sus tíos.

Sin prestar atención a las bromas esparcidas por todo el local (ya les compraría directamente a sus tíos luego), y haciéndose espacio entre la bulliciosa gente, se dirigieron hacia el mostrador.

Atrás del gran bulto de madera antigua se podía observar una gran cabellera pelirroja, que se levantó, dejando el sonriente rostro de George a la vista.

-¡Ginny!—gritó el hombre, soltando la caja que levantaba al suelo. El golpe provocó que el objeto se abriera, y líquidos de colores salieran disparados hacia todos lados. James se agachó inmediatamente cubriéndose con la mesa, y realizó lo mismo con su tía, tirándole del brazo.

-¡No se preocupen, es sólo tinta fluorescente!—explicó George, y con un movimiento de varita, apagó la luz, produciendo varios gritos entre los presentes. Pronto los gritos pasaran a ser rostros asombrados, cuando observaron que las ropas, y rostros de aquellos que habían estado en contacto con el líquido volador, brillaban con diferentes colores—¡Por favor, aquellos que hayan sido manchados con el i Fluospruzza /i hagan una fila aquí, les ayudaremos ahora mismo!—

Inmediatamente una fila de gente se armó sobre un lado del local, impacientes (especialmente los padres, ya que los niños disfrutaban de su momentáneo cambio de color). George hizo un gestó a su hermana con su cabeza, ahora, azulada, quien sonrió, y esperó tranquila.

-¡Eloise!—gritó el hombre, y por la parte trasera del local apareció una joven de unos dieciocho años, cabello largo y lacio como el carbón, arrastrando consigo una caja del mismo estilo que la que llevaba su tío.

-¿Pasa al...?—la muchacha interrumpió su pregunta al ver la cola de gente fluorescente esperando.

-¿Puedes encargarte de esto?—

-Por supuesto, tío—replicó la muchacha, quien se dirigió instantáneamente hacia el mostrador, se agachó, y luego se dirigió al comienzo de la fila con una gran caja de madera.

-¿Pasan?—preguntó George—Puedes quedarte si quieres, Jamie, aunque Max y Tina mueren por verte—

-Me quedo, además debo encontrarme con Annika—explicó mirando a su tía.

-Está bien, pero antes de ir a comprar las cosas vengan por aquí—pidió Ginny.

Con un movimiento asertivo del muchacho, Ginny saludó a Eloise, y pasando por su lado, se dirigió junto a George hacia el desván, donde se encontraban las escaleras que llevaban al hogar del local. George abrazó a su tía, y acarició al pequeño Ethan, luego con un guiñó a James, desaparecieron tras la puerta de la siguiente habitación.

-¿Quieres ayudarme?—preguntó Eloise, mientras terminaba de abrir la gran caja de madera.

James asintió, y caminó hasta donde su prima. En la caja que se apoyaba sobre el mostrador, lucían variados y extraños potes con diferentes líquidos, de obviamente, estrafalarios colores.

-Oiga, piensa apurarse, esto huele... —

-No tiene que decirme cómo, esa es la razón por la que este artículo no se encuentra aún en venta—explicó Eloise con respeto al hombre.

James siguió observando el contenido de la caja, y supo enseguida el porqué del temblor del primer niño en la fila. El pequeño de no más de cinco años, tenía enfrente una variada colección de objetos punzantes, claro que James conociendo su uso, sabía que se encontraban en ese maletín por pura comodidad.

-Me alcanzas el Agua... —

-¿De flúorato?—

-¿Cómo sabes?—

-Vengo seguido—explicó a la muchacha, mientras tomaba el líquido violeta, y se lo pasaba a Eloise. Seguidamente, la chica colocó un par de gotas del mismo en una probeta donde ya había colocado un par de ingredientes.

-Y dame... polvo de semillas de girasol—pidió. James acotó la orden, y pasó una fina bolsita con polvillo marrón. Eloise colocó la cantidad necesaria en la mezcla, y la batió, luego pidió al pequeño frente a ella que se acercara.

El niño, prácticamente empujado por su madre, pestañaba con sus ojos azules hasta más no poder, mientras mirada el cuentagotas morado que sostenía Eloise en la mano.

-No te va a pasar nada... a ver, dime cómo te llamas... —pidió con extremada paciencia la chica, arrodillándose al lado del pequeño.

-Nick—respondió con timidez.

-Mira, Nick, no te va a pasar nada, ni siquiera te tocaré con esto... —el pequeño retrocedió varios pasos cuando la muchacha le mostró el objeto en su mano.

-Nick, no tengo todo el día—se quejó la madre del pequeño, volviéndole a empujar hacia Eloise.

-¿¡Nadie me piensa atender?—gritó un hombre desde la otra punta del mostrador.

-¿Te encargas de esto?—James asintió—Bien, sólo tienes que ponerle una gota en la punta del índice. ¡Sólo una gota!—hechas las explicaciones, la muchacha le cedió el cuentagotas, y se alejó hacia los clientes que esperaban para adquirir sus artilugios.

-Te llamas Nick, entonces... —comenzó James, arrodillándose al lado del pequeño—Y, a ver... tienes... cinco años—El pequeño sacudió su rubia cabeza de un lado a otro.

-¿Cuatro?—Esta vez el movimiento fue afirmativo. James sonrió satisfecho, y luego continuó—Eres muy grande. ¿Sabes que los niños grandes son valientes? ¿No sabías? Mira, tú me prestas tu manito, y yo pongo una gotita de este jugo en tu dedo, y ya no vas a ser más rosado—El pequeño Nick dudó unos momentos.

-Ven... —le dijo al pequeño, y luego le susurró a su oído. Nick asintió, y le alargó la mano hacia delante, James no dudó ni un segundo, y colocó una gota del líquido en la mano del pequeño, que para cuando su madre terminase el mismo proceso, ya estaría de vuelta a la normalidad.

James llevó su mano a uno de sus bolsillos, y sacó una gran paleta de colores que entregó al pequeño. —El premio a los valientes—

El resto de las "desintoxicaciones" fueron mucho más sencillas, y en unos minutos, James había terminado, guardado, y sentado tras el mostrador.

Eloise caminaba de un lado a otro atendiendo a este o a aquel, y teniendo un ojo siempre pegado a los más pequeños por si rompían algo. James se limitaba a verla trabajar, aún le quedaba un poco de tiempo antes de la hora prevista para encontrarse con Annika, y en esos momentos no le entusiasmaba mucho la idea de vagar por el callejón.

- Estás muy serio, James. —dijo Eloise sentándose a su lado.

-¿No deberías estar atendiendo?—

-Sí, pero quiero saber qué te pasa—

-No me pasa nada—

-Eres un terco, James... se ve a lo lejos que te pasa algo. Es por Ethan, ¿verdad?—

James asintió.

-No te preocupes, estará bien—

Un silencio se apoderó de los dos.

-Bien, tengo que volver, o me van a despedir mis propios tíos... ¿te imaginas eso?—James imitó una sonrisa, y observó a la muchacha alejarse. Sabía que ella tampoco lo estaba pasando muy bien, era prácticamente increíble verla tan sonriente, con tanta alegría adelante.

Se suponía que habiendo terminado Hogwarts, la joven debía estar disfrutando de lo lindo, y no sufriendo lo que estaba sufriendo. James se encogió de hombros, y se levantó con paso decidido, mientras miraba el reloj. Le quedaban unos cuantos minutos, quizás podía pasar por la tienda de Quidditch, antes de dirigirse a su encuentro con Annika.

-¡¿Te vas!—le gritó Eloise desde entre la gente, mientras atendía a dos niños de su edad.

-Nos vemos más tarde, Elo—Ella asintió y continuó atendiendo.

Con paso tranquilo, salió del local, y comenzó a abrirse paso entre la gente. No tenía apuro, no tenía ánimos, a decir verdad, lo único que le había incentivado a ir ese día, era ver a Annika.

Su amiga se había desaparecido por... mucho tiempo a su parecer. Tampoco era que se había desaparecido, es que su padre se había mudado a Francia por todo un año, y eso para ellos era una eternidad. Hacía ya como un mes que la muchacha había regresado a Inglaterra, se hospedaba en Londres junto a sus abuelos maternos, y no habían podido arreglar para verse antes.

Enredado en sus pensamientos, pronto se encontró frente a la Tienda de quidditch. Siempre le había gustado el juego, le seguía desde pequeño, y siempre le habían complacido en cuanto a ello. Su tío le vivía comprando cosas de su equipo favorito, Appleby Arrows, incluso no cayéndole demasiado bien tal equipo. James ni siquiera sabía porqué le gustaba ese, simplemente lo hacía, aunque podía ver cualquier partido de quidditch, de todas formas, para él, todos eran emocionantes.

-Es una buena escoba—dijo una voz detrás de él. Una chica de cabellos castaños, largos y ondulados, miraba la escoba que se lucían en la vitrina.

-Hay mejores—respondió con simpleza James. No le interesaba demasiado la nueva Boom 500, era más adorno que funcionamiento a su parecer, y prefería quedarse con su vieja: Voltio 07.

-Una buena i Flash /i , ¿quizás?—Giró sorprendido a observar la muchacha. Era de su altura, y sus ojos marrones le miraban sonrientes.

-¿Tanto te sorprende que una chica sepa de escobas?—

-Eh... no, sólo que... —

-Sí, sí, edición única, bla, bla, bla... Te informo que no es tan buena como dicen—

-Pues entonces no sabes tanto—respondió tratando de no ser descortés, y volviendo a observar a la "famosa" Boom 500.

Mucho ruido, pocas nueces...

-Ahí te equivocas—

-¿Cómo puedes decir entonces que no es tan buena?—

-Bien... digamos que di un paseito sobre ella—

-Pero si hay solo... —

-Siete en el mundo, lo sé—

-Y aquí... —

-Sólo una aquí, también lo sé—

-Pero... ¿cómo?—estaba sorprendido, si había alguna escoba voladora que hubiese querido tener que no fuese la suya, era esa, la Flash. Se suponía ser una innovadora en su velocidad, mayor a los 250 kilómetros por hora, única en su especie. Las nuevas Boom apenas llegaban hasta los 230, y con grandes dificultades de maniobra, mientras su querida Voltio llegaba a los 200, pero tenía una facilidad de movilidad única.

-Tengo un padre con ataques de paternidad y culpa—explicó la chica—Pero no es nada del otro mundo, la velocidad puede alcanzarla, pero no sueñes en mantener control sobre ella, si es que podes antes de quedarte sin aire—

-¿Tan problemáticas?—

-Demasiado para toda la propaganda que le hacen. Ni los profesionales la quieren, todos excusan que les falta de dinero para adquirir el equipo completo, pero la verdad es que prefieren no tenerlas—

Continuaron hablando por varios minutos de quidditch. Resultó ser que la chica era fan de los Tornados, de los cuales, James no era muy simpatizante, pero, como él siempre decía: "el quidditch es un juego en el que no pienso basar mi vida", bueno, eso era lo que le respondía a su tío, muy de vez en cuando, cuando hablaban del tema. Sin embargo, James recordó con suerte de que la hora marchaba, y que tenía que encontrarse con Annika si no quería que esta le matase.

-Debo irme—se disculpó.

-Oh... –dijo ella mirando su reloj—A mí también se me ha hecho tarde. Nos vemos, luego entonces—

-Hasta luego—se despidió James, y cuando estaba por marcharse, la chica volvió a hablar.

-¿Cómo te llamas?—

-James—

-Mucho gusto en conocerte, James—

-Mucho gusto en conocerte a ti... —

-Glyn—

La chica se giró, y se alejó con naturalidad. James se dio media vuelta, y emprendió con rapidez su búsqueda de Annika. Aún con la cantidad de gente que había circulando por el callejón, solamente le tomó cinco minutos llegar hasta Night Magic. La terraza estaba abarrotada de gente, la mayoría disfrutando de un fresco helado, para calmar el calor del día.

Sentada en una de las mesas se encontraba Annika. Su cabello largo y lacio caía sobre sus hombros dulcemente. El sol provocaba que unos frágiles reflejos azules asomaran sobre las puntas de la oscura cabellera, tal y como se los había hecho un año atrás, casi provocando el desmayo de su padre, aún no sabía cómo le había convencido para que no le rapase.

Con paso decidido, caminó hacia ella. Extrañaba tanto a su amiga.