Las Caricias del Tiempo Por ChePotter

Basado en los personajes de Harry Potter, por JK Rowling.

Esta historia es con propósitos de entretenimiento y sin fines de lucro.

25/12/05

Bueno... en realidad no pensaba actualizar tan rápido, no se cosa que se mal acostumbren sonrisa En fin... pero es un pekeño regalito de Navidad! Espero les guste el capi... FELIX NAVIDAD Y FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!

Chei.

Manzanita Roja:

Muchas gracias por tus rr...! La próxima igual ponlos todos en uno ! La actitud de Ron es básicamente resultado de todo lo que ha pasado hasta el momento, te irás enterando más a medida que avance la historia. James es todo un caso... pero no es tan difícil de descubrir, ya te darás cuenta! Uh, en serio el HHr te parece una pareja "inusual y extraña"? Hay muchísimos ff con ella... a pesar de k no es mi pareja favorita (neh, esto es un reto pa mi P) Aki tienes más sobre ellos! Muchas grax de nuevo!

RESUMEN CAP 3:

Harry termina sus "vacaciones" en Privet Drive (donde recibía un buen trato de su tía). Se encuentra con sus amigos en la plataforma 9 y ¾ y se prepara para volver a Hogwarts.

Capítulo 6: ¿Feliz primer día?

-Vamos, no piensas dormir para siempre, ¿o sí?—

-¿No se puede ni dormir en paz acá?—

-Como tú quieras, pero te perderás el desayuno—como si aquellas palabras fuesen mágicas, Ron saltó de la cama, se embutió en sus ropas, y sonriente miró a Harry decidido.

-¿Qué tanto problema? Ya estoy listo—

-Eh... ¿Ron?—

-¿Qué pasa, Neville?—

El muchacho señaló a su compañero, mientras Harry trataba de evitar reírse, intento que resultó prácticamente vano. El pelirrojo siguió con la vista adónde apuntaba el joven Longbottom para encontrarse con que estaba en ropa interior, una remera de Harry que le quedaba pequeña, y los pantalones en la cabeza.

-Tal vez no esté tan listo... —

-Dale, cabeza dura. Los espero abajo—

Dejando a un refunfuñante Ron en la habitación, bajó las escaleras hacia la Sala Común. A pesar de ser la hora del desayuno, muchos recién comenzaban a bajar de sus habitaciones. En una esquina del salón, sentada a lo indio en una alfombra y recostando su cuerpo sobre un sillón se encontraba Hermione.

-¿Ya con un libro en las manos?—preguntó a su amiga, sentándose junto a ella.

-Hay que dar el ejemplo—contestó ella guiñándole un ojo.

-Ten cuidado, o saldrán corriendo—

-¡Hey! Yo no fui tan dura con él... —Harry dirigió una mirada reprobatoria a la muchacha—Bueno, quizás un poquito—

-¿Qué tal tus vacaciones?—

-Aburridas—

El silencio que continuó fue realmente incómodo. Harry se preguntaba cómo era posible que dos grandes amigos no tuvieran nada que hablar, y cómo podía no sentirse bien sin hacerlo, como en los viejos tiempos, simple compañía... pero las cosas habían cambiado.

-¿Bajamos? ¡Me muero de hambre!—exclamó Ron parándose delante de ellos.

-¿Cuándo no?—

-Me ofendes, Herm—dramatizó el pelirrojo llevándose una mano al corazón.

-Dale, payaso, ¿no era que tenías hambre?—

-¡Y mucha!—

Harry sonrió, y siguió a sus amigos, pero antes de llegar al retrato de la Dama Gorda, un par de voces les llamaron.

-¿No se pensaban ir sin nosotros, o sí?—

-¡Ay, Ginny! ¿No basta que te tenga en casa, también te tengo que tener aquí?—

La pelirroja sacó la lengua a su hermano, y luego tomando del brazo a Hermione y Harry les arrastró fuera de la Sala Común.

-Lo siento, Nevy, te quedas con el quejoso—

-¡GINNY!—

Primera clase del año, algunos con caras de sueño, otros con ganas de volver a sus cómodas vacaciones, y unos pocos, entre ellos Hermione, deseosos de comenzar de una vez por todas ese año lectivo.

McGonagall terminó de pasar el listado, y observó a sus alumnos de séptimo año. Transformaciones era una de las materias con mayor concurrencia a ese nivel, se la requería para la mayoría de las carreras, y por tanto, había dos grupos de séptimo. Para suerte de los jóvenes Gryffindors, Slytherin no compartía clase con ellos, sino una gran parte de los Ravenclaws.

-Este año... —comenzó la profesora McGonagall. Harry levantó su vista perdida en el libro de Transformaciones, y observó cómo la mujer les dirigía una de sus más severas miradas; de esas que causaban escalofríos. –...deberán rendir los EXTASIS. Espero que todos, y absolutamente todos mis estudiantes los aprueben, al menos con un Excede Expectativas—Neville, sentado junto a Harry se encogió en su asiento. A pesar de haber evolucionado de forma notoria en su rendimiento, seguía teniendo sus grandes dificultades, y la profesora de Transformaciones resultaba demasiado exigente para el pobre muchacho.

-Este año trabajarán, estudiarán, y dedicarán cada día a avanzar al nivel suficiente. Sus carreras dependen de estos exámenes, y así me deshaga este año, haré que ustedes salgan airosos—sentenció McGonagall.

El trío se dirigió una mirada intrigada. Harry comprendió enseguida que sus amigos se preguntaban lo mismo que él: ¿porqué tanta insistencia la de la profesora? Era bien sabido que deseaba lograr los mejores resultados de sus alumnos, pero la última vez que Harry había visto a Minerva McGonagall tan decidida a algo, había sido en su quinto año cuando había jurado ayudarle a convertirse en Auror.

-Muy bien... espero recibir sus esfuerzos a lo largo del año. Hoy comenzaremos con un repaso de lo dado el año pasado. Hagan el favor de tomar sus varitas y colocarse en pares—

Instintivamente, Harry se agrupó con Hermione. De todas formas, Ron estaba del otro lado de Neville, y hubiese quedado espantoso de su parte.

-Parece que nos toca trabajar juntos—murmuró a la muchacha.

-Parece que sí—

-Bien... trataremos de mantener estas parejas por lo que resta del año—anunció la profesora McGonagall. Harry y Hermione se miraron sonrientes.

-¿Seguro que no quieres cambiar de pareja?—preguntó por enésima vez Neville a Ron.

-Nevy, si Ron no quisiese estar en grupo contigo, ya te lo hubiese dicho, ¿no?—le sonrió Hermione al muchacho.

-Sí... eh, creo—Ron negó con la cabeza ante la desconfianza del muchacho, y luego se aprontó a escuchar a la profesora.

-Esto se empieza a poner aburrido—comentó Harry, Hermione levantó una ceja escéptica.

-¿Demasiado fácil para el señor Potter?—

-Dije aburrido, no fácil. Señorita Granger—

-¿La diferencia?—dedicó una sonrisa pícara a su compañero. Harry no respondió, simplemente la siguió observando, mientras ésta repelía el hechizo que él acababa de lanzarle.

Por primera vez desde que la había visto el día anterior, realmente se fijaba en ella. Con toda su delicada jovialidad, su energía contagiosa y su hermosa sonrisa, era la misma Hermione que se había convertido en su mejor amiga en primer año. Sin embargo, era a la vez tan diferente. Quizás esa era una de las razones por la cual no había querido volver a Hogwarts, había tratado de no pensar verdaderamente en ello, lo había evitado durante todo el verano, pero era imposible.

Las palabras "es sólo tu amiga" volvían una y otra vez a su mente, pero esas palabras sólo podían significar una cosa: ¿Quería él que ella fuese sólo su amiga?

Así había estado durante todo el verano, recordando su suave piel, su fina sonrisa, su alegre tono de voz, sus ojos llenos de esmerada determinación. Toda ella. No había querido, había tratado de borrar de su mente aquellos momentos que le había conducido a ello, ¡ERA su amiga! No podía sentir eso por ella, no podía, o eso trataba de convencerse. Pero tenerla de nuevo allí, frente a él, tan alegre, tan compinche con él, era como un revivir, olvidarse de todo aquello que le había atomizado, olvidar los tristes recuerdos... volver a nacer.

Claro que no debía ser ella la que produjera esos sentimientos, no ella. Menos después de... no. Su mente debía borrarla instantáneamente. Él no era para ella, y ella no era para él. El destino siempre les separaría, siempre.

Eran amigos y nada...

-¡Harry!—sintió que le llamaba la muchacha. Cuando reaccionó, pudo observar como un rayo de luz violácea se dirigía directo a él. Levantó su varita con increíble velocidad, y conjuró un escudo. El hechizo se desvaneció en el aire a apenas milímetros de él.

-Eso estuvo cerca, amigo—le guiñó un ojo Ron, Harry sonrió lejano, y volvió a observar a su compañera. Esperando recibir la misma expresión de Hermione, le dirigió una sincera sonrisa, no obstante, su mirada seria le recibió con casi desagrado. Con entera sorpresa, se acercó lentamente a la muchacha.

-¿Herm?—

-¡Cómo se supone que hagamos algo si estás en otro mundo!—protestó la Premio Anual sin elevar la voz.

-Sólo... —

-Te olvidaste de dónde estabas—

-Yo... —

-Nada, Potter, nada—

-Pero... —

No llegó siquiera a terminar en su último intento, cuando Hermione ya se había dado media vuelta, y salió disparada de la habitación.

-¡Señorita Granger, ¿Adónde cree que va!—le recriminó la profesora McGonagall, dejando denotar en su voz su extrema sorpresa.

Todas las miradas del salón se dirigieron inmediatamente a Harry, incluidas las de Ron y Neville quienes no paraban de mirar hacia la puerta, y luego al muchacho, quien se sentía increíblemente confundido.

-Profesora, me permite... —

La profesora de Transformaciones levantó la mano y le calló. Luego de meditarlo unos segundos dijo:

-Adelante, señor Weasley—Ron salió a paso rápido del salón, y Harry en su estado de shock pudo verle correr en el instante que puso pie sobre el corredor.

¿Qué demonios había pasado allí? ¿Por qué Hermione había reaccionado así? Sólo había desviado sus pensamientos un poco, sólo un poco... y ella no tenía forma de saber lo que pasaba por su mente, entonces, ¿cuál había sido el asunto de todo el embrollo?

-¿Qué pasó?—preguntó Neville, luego de que McGonagall les asignara como pareja de trabajo.

-No sé, Nevy... no sé—murmuró Harry observando la puerta aún sin entender, mientras comenzaba a preocuparse realmente por la actitud de la muchacha.

Se sentó con pesar en la mesa de Gryffindor; los ojos chocolates de la pequeña Weasley se dirigieron a él.

-¿Tan mal el primer día?—cuestionó ella alegre. Harry emitió una ligera sonrisa, y se concentró en servirse el almuerzo.

Ni Ron, ni Hermione habían aparecido el resto de la mañana, quizás en el caso del primero el hecho podía pasar desapercibido, pero que la nueva Premio Anual faltase en su primer día de clase no era algo de todos los días.

Neville y él les habían buscado por todos lados, pero no habían aparecido, no había rastros de ellos. Harry había estado a punto de ir a buscar el mapa del merodeador justo antes de clase de encantamientos, pero Neville le convenció de que no lo hiciera, ellos eran suficiente grandes para cuidarse.

Lo que Neville no entendía era que su corazón parecía querer saliese de su pecho. Estaba realmente preocupado por sus amigos, especialmente por la joven castaña. ¿Había él hecho algo para que se pusiera así? ¿O le estaba pasando otra cosa de la que él no estaba enterado?

-¡Harry!—exclamó por décima vez Ginny, revoloteando su mano por frente a sus ojos.

-Oh... Gin—murmuró.

-¿Qué pasó, Harry?—la voz de la joven Gryffindor era preocupada.

-No lo sé, Gin, no lo sé—

-¿Te peleaste con Ron? ¿Con Herm?—

-Si te digo te miento, porque no sé qué demonios pasó—explicó el muchacho revolviendo la comida con su tenedor. No tenía apetito, no quería saber nada de nada. Finalmente sus sospechas eran ciertas: no debía regresar a Hogwarts, sólo traía problemas.

-No te creo... algo tiene que haber pasado para que estés así—reprochó la pelirroja mirándole fijamente.

-¡NO-SÉ-QUÉ-PASÓ!—repitió Harry comenzando a perder la paciencia—¿Quieres acaso que lo deletree?—

Ginny lo observó entre sorprendida y ofendida, y luego volvió la vista hacia el otro lado de la mesa, donde conversaba con una chica de cuarto año.

Harry observó a la muchacha, y comprendió que nuevamente había metido la pata, y hasta el fondo.

-Ginny... —le llamó, pero ella no se inmutó.

Cuando volvió a abrir los labios para llamarla nuevamente, su vista se fijó en al figura que entraba por las puertas principales del Gran Comedor. Hermione venía con una sonrisa triste avanzando directamente hacia la mesa de Gryffindor. La muchacha lucía tal cual la mañana, su rostro sombrío volvió a preocupar a Harry que esperó a que esta se sentara para hablarle.

La chica se sentó frente a Ginny, y sin siquiera pronunciar apalabra comenzó a servirse unas papas en su plato.

-¡Herm! ¿Dónde estabas?—preguntó alegremente Ginny, adelantándose a Harry.

-Dando una vuelta—respondió la muchacha. Harry esperaba que la castaña levantara al menos la vista para su lado, pero aparentemente Hermione pretendía ignorarle.

-¿Dónde?—insistió la pelirroja.

-No importa, lo siento, Gin, no tengo ganas de hablar—murmuró Hermione, y luego llevó el tenedor a su boca.

-Herm... —probó Harry.

Su amiga giró el rostro, le observó, y sin decir nada, volvió a su tarea de cortar un poco de carne en pequeños trozos.

Harry sintió que su mundo se hundía. Hermione seguía enojado con él por algo que no tenía ni idea, Ginny tenía razones para haberse enojado, pero no era justamente lo que él necesitaba en esos momentos, y no había rastros de Ron. Se sentía perdido en sus dudas...

Enojado consigo mismo, se levantó de golpe atrayendo la atención de sus dos amigas, y de unos cuantos otros alumnos en el Gran Comedor, lo cual incluía a un campante Neville que entraba en esos momentos, y salió como bólido del lugar.

-¡Harry!—le gritó Ron cuando se cruzó con él por el pasillo, pero no le importó, simplemente quería salir de ese lugar por un rato.

Se sentía asfixiado.