Basado en los personajes de Harry Potter, por J.K.Rowling
Esta historia es con propósitos de entretenimiento y sin fines de lucro.
03/12/05
Así como les traje un regalito de Navidad, les traigo un regalito de año nuevo sonríe No esperen actualizaciones tan seguidas como estas, pero voy a tratar de por un tiempo no pasarme al menos del mes...
Chei.
Manzanita Roja:
Uhm, yo no la detesto, pero desde siempre supe k el HHr era algo imposible... sin embargo, algunos de los mejores ff que he leído contienen a esta pareja, so... he tenido que aprender a vivir con ella ! Nia, aquí tienes nuevamente a Ronnie... espero te guste este capi!
RESUMEN CAP 4:
Ron se encuentra con sus pensamientos luego de dejar a james en casa de su hermana. Llega a una plaza, donde finalmente entabla una extraña conversación con un hombre apodado Minko, y luego dirige sus pasos hacía al estación de trenes.
Capítulo 7: ¿Vivir? ¿Para qué?
El ronroneo del tren le durmió aprisa inmediata. El vagón en el que viajaba iba vacío.
Escapas.
Sus ojos se habían cerrado al mínimo contacto con el asiento, lo poco que había dormido no le servía de consuelo para absolutamente nada.
Huyes.
Quizás aquel dormitar pausado y tranquilo era lo que necesitaba, dejar de pensar por sólo unos momentos, olvidarse del dolor, de la partida, del adiós. Olvidarse del pasado, empezar una cuenta nueva en el banco de la vida.
Olvidas.
Sacudir su juventud, madurar nuevamente, lejos, sin prisa, y a su paso, sin guerras, sin muertes, sin dolor.
Duerme.
Abrió los ojos cansado, le dolía la cabeza, le pesaba la vista, todo giraba, y tenía mucho frío. Seguía solo, o al menos eso le parecía a él. Pestañó tratando de enfocar la vista, pero lo único que logró fue marearse aún más. Se aferró al asiento como temiendo caerse, en su mente sabía que no lo haría, pero la desorientación de su cuerpo no lo indicaba igual.
El terror de encontrarse en la nada.
Sus ojos volvieron a cerrarse.
Perdición. Sumisa perdición. Negrura, oscuridad, olvido, nada. Inexistencia absoluta, no sentir y agobiarse en dolor. La pérdida de todo... el perderse en sí mismo, todo era la nada, y la nada era todo. Absoluto olvido de una mente cansada, agobiada, y tan joven. Y el rencor, y el odio... y el amor.
Pilares que se desmoronan. Caes... profundo, sin fondo, en un último suspiro, en un último respiro... sufre.
Pasos alejados, la luz se arremolina en el infinito, y esa utópica carrera.
¿Felicidad?
No existe... tortura diaria del perder, y del que pierde.
¿Solución?
Dejarse ir... volar por un sin fin de recónditos lugar vacíos, fofos momentos de vida insulsa.
¿Vivir?
¿Para qué?
La fiebre vencía sus instintos. Se revolcaba en el asiento a punto de caer al suelo, su cuerpo apretujado sudaba mares de agua, la ropa se le pegaba al cuerpo, dificultando aún más la respiración.
¿Y si se dejase llevar? Nada había, nada vendría... ¿qué daba la indiferencia? Un perdón al dolor, el retorcijón del alma que se descompone... partir, lento y lejano al más allá.
¿Que importaba si no había nada más? Nada había aquí. Saciedad insaciable. Borrachera de colores negros. Miedos, y penas...
Adiós.
Murmurando cosas inteligibles. Se convulsionaba, la fiebre subía. Necesitaba ayuda, pero consciente o inconscientemente, no lo sabía, ni lo aceptaría.
Sufrir era su destino... sufrir como ellos lo habían hecho.
Indescriptible frontera de maniobras incontables. De tumultuosos sonidos huecos. El sonido de la nada... tan calmo, tan delirante... tan fresco como el agua limpia que da pureza, y tan sucio como la negrura música de la oscuridad.
Alma corrupta que irrumpió en tus latidos... dejar atrás...
Cayó al suelo de vagón entre infinitas convulsiones, su piel hervía, su sangre desgarraba su organismo. Una simple fiebre que parecía retorcer su cuerpo por la mitad.
Su estómago vació su mísero contenido a un costado, su respiración se hizo más tosca, y su vista ya no abría.
Desgarrar un dolor profundo, que lleva en el alma, que ruge en su corazón, y nubla el camino.
Gira y piérdete en el camino a la salvación, la luz se aleja, todo es nada, nada es todo.
No existe el perdón. No en un mundo oscuro y sublime, recóndito hogar de temores y pesadillas.
Desaparece.
La pequeña le miraba con ojos amplios y curiosos. Sus rulos dorados caían sobre su rostro inclinado sobre él. Una suave sonrisa se delineaba contorneado un regordete rostro infantil.
-Bonjour—murmuró ella.
No respondió, sus ojos volvieron a cerrarse.
Fue recién tres días después que recuperó nuevamente el conocimiento, o eso fue lo que más tarde le informaron. La pequeña seguía sentada allí a su lado, y esta vez la alegría era aún más notoria.
-Tu n'est pas dormi—dijo la muchachita saltando al lado de la cama.
Trató de enderezarse, aún sin comprender las palabras de la pequeña, pero sus agotadas fuerzas se lo impidieron.
-Madeleine, q'est que je t'ai dit du venir ici?—
-Mais, maman, il n'est plus malade—contestó la niña a la mujer que asomó por la entrada de la habitación, de manera alegre.
-¡Madeleine!—Por más que no podía entender aquello que la mujer había dicho, era suficiente para establecer una relación madre / hija entre las dos mujeres. La pequeña zapateó con indignación el suelo, y salió de la habitación, aparentemente obedeciendo el pedido de su madre.
Poco a poco, la madre hizo aparición en el campo visual de Ron, ya que había preferido no volver a hacer el intento de incorporarse. La mujer tenía los mismos cabellos de oro que su hija, y unos sonrientes ojos avellana.
-Veo que despertó—apuntó la mujer, ayudándole a enderezarse sobre unos cómodos almohadones que ella tomó del sillón a su lado.
-Tengo los ojos abiertos—respondió de mala gana. La verdad era que su cabeza parecía a punto de explotar, la voz elevada de la niña no había ayudado demasiado en ese punto, y eso sin contar el dolor que estremecía su cuerpo.
-Esperaba que no se sintiera muy bien—asumió ella, sorprendiendo a Ron por su inmutabilidad—Tome esto—Ron observó con atención el vaso que le ofrecía la mujer, y le tomó con desconfianza.
-Se sentirá mejor—le aseguró la mujer, y sin saber muy bien porqué, lo bebió de un trago.
-¿Dónde estoy?—
-En Calais—
-¿Calais?—
-Francia—
-Lo sé—murmuró él con dificultad.
-Aún está muy dolorido—expresó la mujer, y la mueca en su rostro confirmó que eso él ya lo sabía—Quizás deba dormir un poco más... —dijo ella, tornándose para partir.
-NO—Ella giró y le observó intrigada.
-Creo que sería lo mejor, señor... —
-Weasley, Ronald Weasley—se presentó.
-Señor Weasley, creo que sería algo muy sabio de su parte que descansara un poco más—
-Preferiría que me explicase qué hago aquí—inquirió Ron.
-¿Qué recuerda?—preguntó ella, tomando asiento en donde su hija lo había hecho anteriormente.
-Subirme en un tren que me llevaría a Paris—explicó él.
La mujer asintió, y acomodó su cuerpo en el cómodo sillón, y observó la puerta justo delante de ella.
-¿No piensa contestarme?—preguntó Ron tratando de mantener el control.
-Sigo opinando que debería descan... —
-¡NO ME DIGA QUÉ TENGO QUE HACER!—
No quería perder el control, no quería. Se repetía continuamente disculparse pero no podía. Nadie podía ser dueño de su vida, no ahora que todo había perdido, no le importaba la gente, no le importaba que creían, ni que querían, no le importaban, y por tanto no le haría caso... deseaba saber que hacía allí, que había pasado. Qué otra cosa había salido mal...
-Debe aprender a controlarse, señor Weasley. Au revoir—la mujer se levantó, y salió de la habitación sin siquiera esperar respuesta del contrariado joven.
Ron trató de levantarse, impulsado por la rabia, deseaba hacerle saber a la mujer que no lo trataría así, pero sus huesos crujieron, y sus pulmones palidecieron. Volvió a apoyarse contra la cama, y con lentitud se volvió a recostar.
Realmente estaba tan mal... quizás a fin de cuentas, por más que le costase admitirlo, la mujer tenía razón.
Debía descansar...
