Las Caricias del Tiempo Por Chei (a.k.a ChePotter)

Basado en los personajes de Harry Potter, por J.K.Rowling

Esta historia es con propósitos de entretenimiento y sin fines de lucro.

27/01/06

Bueno, aquí les traigo el siguiente capítulo de Las Caricias del Tiempo. Espero que les guste, y les agrade sobretodo el nuevo personaje !

Chei.

Manzanita Roja:

Bue, Ron está como está por todo lo que ha tenido que pasar. Yo no creo que el tiempo le haya hecho mal, solo que él se fue consumiendo poquito a poco por lo que ha ido pasando... Uhm, el flash no es exactamente lo mío, he leído algunos, pero uno es porque era de mi escritora favorita (y resultó ser uno de mis ff favoritos) y otros porque ella me los ha recomendado, pero la verdad que no tengo predilección por ellos. Muchisimas Gracias por el rr, espero te guste este capi!

RESUMEN CAP 5:

James y Ginny se dirigen al Callejón Diagon, visitan Sortilegios Weasley, donde James se encuentra con su tío George y su prima Eloise. Luego parte, conoce a una chica frente local de accesorios para quidditch, y finalmente va en su encuentro con Annika.

Capítulo 8: Annika

Annika le recibió con una sonrisa y un gran abrazo, posiblemente el más largo que se hubiesen dado nunca. James la había extrañado tanto que le parecía imposible verla allí, casi tan idéntica a como la última vez. Sus ojos grises brillaban de emoción, y no había forma de parar a la muchacha una vez hubo comenzado a hablar.

- Ese fue el día menos aburrido... solo pensar en todo este año me dan ganas de bostezar. - James sonrió a su amiga, si había algo que Annika no aguantaba era quedarse en casa encerrada; y mucho menos no tener con quien hablar se recordó al ver que su compañera continuaba hablando de todo lo poco que realmente había hecho en Francia. - En realidad no hay mucho que contar... - dijo la muchacha luego de media hora sin detenerse.

-Sí, eso se nota. - se burló, logrando una mirada herida de su amiga. - Ahora te me vas a enojar... pero si no has parado de hablar.

Annika le miró ofendida unos segundos, luego le sonrió, y dijo: - Ya, no me enojé, era bromita, además, tienes razón, cuéntame tu como andan las cosas. - El rostro de James se ensombreció a tal punto, que Annika saltó de su asiento y abrazó a su amigo.

- Tranquilo, no puede ser tan malo. - trató de aliviarlo, James agradeció el gesto, y devolvió el abrazo. Había necesitado tanto el apoyo de su mejor amiga. - Ven, mejor vamos a otro lugar.

Annika se apresuró a salir de la heladería, y comenzaron a caminar por el transitado Callejón Diagon, a los pocos minutos habían llegado a un pequeño parque. En el centro del mismo se elevaba una hermosa fuente de mármol travertino, un fénix con ojos de piedra jade hacía brotar el agua como si fuera canto, y una placa bajo él memoraba a los caídos en batalla.

Pero en esos momentos no se fijaron en aquello que conocían de memoria, y Annika guió a un James en estado de shock por el costado de la fuente, atravesando la plaza, y continuando su camino. James trató de entablar en su mente un pensamiento concreto, pero se sentía tan devastado, y tan solo quería poder descansar unos segundos. Su mente por tanto parecía no responderle.

Pronto la multitud fue quedando atrás, y Annika le guió por un callejón estrecho. No había pisado dicho lugar desde la última vez que había visto a la muchacha, y eso le hizo reaccionar en sí.

- Realmente te gusta este lugar.

- Si, pero vinimos aquí para que tu hablaras, no yo... ya tuve demasiado tiempo abierta esta bocaza mía. - Annika le sonrió, y siguió arrastrando de la mano.

- Es que a ti es imposible detenerte. - bromeó James recuperando parte de su buen humor.

- Pues así es... por eso soy yo la que guía aquí. - Annika sonrió triunfante, y se detuvo, provocando que James se diera de frente con ella, cayendo los dos al suelo con un ataque de risa.

- Oh, este lugar está tal cual lo recuerdo. - sonrió melancólica la muchacha cuando logró pararse sin que James la volviera a tirar.

James observó a Annika moverse por el pequeño recinto, por donde en medio crecía un viejo árbol ceniciento, rodeado de las más hermosas flores violetas. Las paredes de las casas vecinas parecían recubiertas de una sustancia blanca que brillaba como con aura propia.

Annika se sentó en una esquina del área cuadrada, sobre unos de los bancos de piedra, y espero en silencio a que él se sentara a su lado. James se hundió de hombros y se sentó junto a su amiga.

- Bien, soy toda oídos.

- ¿Cuándo no?

- James - era obvio que a ella no le podía mentir, aún luego de un año sin verse, el lazo que llevaban era aún muy fuerte. Pero no sabía si estaba pronto para hablar del tema.

- Dentro de todo se está bien.

- Por lo que me has contado en cartas no parece así... - murmuró la muchacha preocupada.

- Tienes que tenerlo en brazos, tiene los más bellos ojos, casi como los tuyos. Si solo no tuviera que sufrir así... hoy, creo que hoy fue el peor hasta ahora...

- ¿Hoy? - preguntó sorprendida Annika.

- Si, antes de venir para aquí... el último mes ha sido una recaída tras otra, y no hay forma de explicarse lo que pasa con él... aunque... - se detuvo, inseguro, nunca había pronunciado nada del tema realmente, no podía escribirle a Annika sobre ello, y con sus tíos justamente, no era con quienes iba a hablar del tema. - Creo que mis tíos saben algo, y simplemente no me han querido decir nada. -

- ¿Tu crees? Ellos siempre te han confiado todo...

- Si, pero ésta vez es diferente, Anny... es Ethan de quien estamos hablando. Tía Ginny está desbastada... y encima mi tío se fue por el trabajo por unos días, y se llevó a las gemelas con él.

- ¿Se llevo a las gemelas? - ante la voz sorprendida de Annika, James se limitó a asentir con la cabeza, y huir de los ojos de su amiga. - ¿Pero por qué?

- Creo que para no cargar tanto a la tía... tal vez también para alejar a las niñas de todo esto, parece que no, pero se ve en sus caritas cuanto les duele ver a su hermano así.

- ¿Y cuándo vuelven?

- Hoy de noche... el tío prometió no perderse tu regreso. - sonrió a su amiga.

- Más le valía... - Annika trató de calmar un poco el ambiente, y luego volvió a abrazar a James. - No te preocupes, yo sé que todo saldrá bien... ahora ese pequeño me tiene a mi para cuidarle. - le guiñó un ojo.

- Hasta que empiecen las clases. - dijo James con pesadumbre.

- ¡Eso es lo que te tiene peor! - gritó Annika parándose de golpe, como si aquello fuera la revelación del año. James la observó sin comprender. - No quieres empezar las clases.

- ¿De que estás hablando? - cuestionó James. - Claro que quiero entrar a Hogwarts.

- Pero no quieres dejar a tus tíos, no con todo lo que está pasando, no quieres dejar a Ethan. - concluyó la muchacha, quien con gestos exagerados demostraba sus dotes de psicóloga. Luego se sentó, y volvió a abrazarlo.

- Me había olvidado de cuanto te gusta abrazar a la gente.

- ¡James! No cambies de tema... - le reprendió la niña sin poder ocultar una sonrisa por su comentario.

- Quizás tengas un poco de razón, pero solo quizás... - la mirada de Annika le dijo que no había pero que valiera en esa situación, y por más que él no quisiese admitir cuanto le costaba dejar a su familia para ir a Hogwarts, ella ya lo sabía. - ¿Qué quieres que haga? No puedo evitar sentir que no podré ayudar a mi tía... mi tío estará trabajando, y ella tendrá que encargarse de Ethan, las gemelas, también de la casa, y ni siquiera podrá volver al trabajo...

- ¿No ha vuelto? No me habías dicho eso...

- No, le dieron una licencia especial por todo lo de Ethan... creo que se le termina pronto, aunque no creo que esté dispuesta a volver en esta situación. Pero se nota en sus ojos cuánto desea poder volver allí... son muchos años en el mismo lugar, y lo adora, siempre lo supe, y no podré ayudarla para que pueda volver, Anny. Porque yo estaré en Hogwarts. Es tan injusto, tan egoísta...

Annika le tomó de brazos y le dio una sacudida que lo dejó aturdido, mientras al mismo tiempo, con voz incrédula le gritaba:

- ¡¿Escuchas lo que dices! ¿Crees que Ginny te dejaría no ir para que la ayudes? ¿Cómo piensas se sentiría ella si dejarás tu oportunidad de convertirte en un buen mago solo para ayudarla a ella? Si, posiblemente creería que es lo más tierno del mundo que alguien podría hacer por ella, pero ¿crees que te lo permitiría aún así? Y si no fueses por esa razón se sentiría culpable por el resto de su vida... Eres un hijo para ellos, y yo sé que ellos son como unos padres para ti, aún así le llames tíos, harían lo que fueran para que estés bien, y consideras siquiera posible que te dejen sacrificarte así por ellos?

Annika cayó al suelo con la respiración entrecortada, y mirándole con ojos saltones y nerviosos. James se sentó en el suelo junto a ella, aún medio chocado por la reacción de su amiga.

- ¿Sabes una cosa? Había olvidado cuanto me gustaba a mí poder devolverte los abrazos a ti. - le sonrió, y luego pasó los brazos alrededor de su amiga, quien apoyó la cabeza en su hombro y respiró más tranquila. - Creo que deberíamos ir a buscar a tía Gin... debe de estar esperándonos para ir a hacer las compras...

- Uy, muero por comprarme la varita. - se levantó de golpe Annika.

- No sé como no me había esperado eso. - susurró James para si mismo.

- ¡Jamie, apúrate... no tengo todo el día! - gritó Annika desde la entrada del callejón, ya que había salido corriendo como bólido ante la expectativa de hacer las compras para el colegio. James le sonrió, y fue tras ella.

Ginny les esperaba a la entrada del local, y tomada de su mano se encontraba la pequeña Tina. James le sonrió, y la recibió en sus brazos cuando esta corrió hasta él. Adoraba a esa pequeña, tanto como lo hacía con las gemelas o Ethan, pero ella tenía una gracia única. Sus ojos brillaron alegres y dijeron todo lo que sus labios no podían pronunciar.

- ¿Vendrás con nosotros, Tiny? - la niña asintió, y se subió como por arte de magia a los hombros de su primo.

- Estás enorme. - le jugueteó Annika, logrando que Tina, se inclinara un poco para darle un abrazo.

- Entre ustedes dos terminaré tirado en el suelo.

- Eso sería divertido. - Tina sonrió, y James miró a Annika sin decir ninguna replica a su comentario.

- ¿Qué los tardó tanto? - cuestionó Ginny.

- Nada en especial... - los dos amigos sonrieron cómplices.

- Mmm... ya veo. - La joven mujer no sonaba muy convencida, pero no hizo más preguntas. - Max pidió que fueras a verlo cuando traigamos a Tina. Tengo un mal presentimiento de eso.

James sonrió, era bien conocido que Max había heredado la capacidad bromista de su padre y tío, suponía que debía tratarse de alguna propuesta para llevar a Hogwarts.

- ¿Ethan? - cuestionó James al notar que Ginny no cargaba con él.

- Eloise se ha ofrecido a cuidarlo mientras hacemos sus compras, ahora vamos, apúrense que quiero llegar a casa temprano.

Annika y James, con Tina en sus hombros, siguieron a Ginny entre la multitud, tratando de mantener el paso apurado de la mujer.

- ¿Eloise? - la voz de Annika sonaba completamente sorprendida, y James entendía el porqué, claramente había evitado contarle muchos de los sucesos del último año, especialmente quizás uno de los que más había afectado a la familia, y terminado de desbaratarla.

- Si, está trabajando con los gemelos desde que terminó el año en Hogwarts.

- ¿Pero no extraña? No pensaba...

- Oh, sí, ella quería seguir estudiando para convertirse profesora de Hogwarts, volvería a su país, estudiaría un par de años, y luego regresaría a buscar trabajo. ¿Pero Anny, desde cuando las cosas salen como planeamos?

- Sí, ya sé que no siempre es así, pero ¿qué pasó?

- Mina se fue. - Annika abrió los ojos como platos, y le miró completamente sorprendida. Mina era una persona tranquila, que había dedicado toda su vida a cuidar a su hija desde el día que le habían arrebatado a su esposo, a pesar de las pocas veces que le veían al año, tanto James como Annika recordaban claramente verle el brillo de sus ojos cada vez que está miraba a Eloise, resultaba tan extraño que la hubiese abandonado.

- ¿Adónde se fue?

- No sabemos.

Tina eligió ese preciso momento para golpear la cabeza de James, y señalar hacia la derecha, camino que Ginny había tomado, y que ellos concentrados en su conversación no habían notado. - Gracias, Tin. - apretó la mano de la pequeña, y emprendió camino hacia la librería.

- Pero entonces...

- Mina era la única persona que ella tenía, ya sabes...

- La entiendo... yo no sé que haría si mi padre se fuese. - murmuró la muchacha, James le dio una sonrisa de apoyo, y luego entró en el local tras su tía.

El lugar estaba abarrotado de estudiantes por lo que Ginny se movió lo más rápido que pudo hasta encontrar un vendedor. James deseaba poder recorrer las estanterías, posiblemente hubiese allí algo de interés, pero Ginny le arrastró tras de sí, sabiendo que si dejaba al muchacho a su merced en ese lugar, demorarían horas antes de volver a traspasar la entrada.

Un hombre, más o menos de la edad de Ginny se acercó a ellos, y formalmente les ofreció su ayuda, pero Ginny se limitó a observarle.

- ¿Sucede algo, señora? - cuestionó el hombre incómodo.

- No, solo creí reconocer a un viejo amigo. - murmuró Ginny, aún sin quitar ojos del hombre.

- Dudo mucho que así sea, señora, hace solo dos años que vivo por aquí. - Ginny asintió levemente. - Si, entiendo, además es imposible que él estuviera aquí. - murmuró la mujer, y luego entregó las listas de libros de los dos muchachos.

- Oh, primer año... - el hombre giró su rostro hacia James y Annika, y les dedicó una sonrisa entusiasta. Era moreno y de no muy alta estatura, sus ojos vibraban llenos de vida, y tenía una gran cicatriz cruzándole toda la mejilla izquierda. Tina tembló ante la mirada del hombre, y James apretó más fuerte su mano haciéndole entender que no pasaría nada. Pero estaba claro, que la imagen del hombre asustaba a la pequeña de apenas cinco años. - Estos días vemos a muchos nuevos alumnos de Hogwarts... lindo castillo, si que sí, muy hermoso... - murmuraba el hombre, mientras tomaba libros de aquí y allá.

- ¿No dijo que hacía unos años que vivía aquí?

- ¡James!

- Lo siento, es que me preguntaba... habla como si lo conociera mucho para no hacer mucho de estar aquí.

- ¡James!

- Oh, no se preocupe señora, el niño es curioso, todos lo somos cuando pequeños... - el hombre tomó un libro de la estantería más cercana, y lo pasó a brazos de Ginny. - He estado allí un par de veces... - dio otro volumen más a la mujer, sin detener su discurso - y déjame decirte joven, que los castillos son mi adoración. - guiñó un ojo a James y agregó: - Espérenme un momento que les traeré el último, se vende como pan caliente.

- ¿Cuál es el último? - cuestionó Annika, que contraria a su habitual elocuencia había pasado los últimos minutos en completo silencio.

- No recuerdo... pero creo que uno de Defensa contra las Artes Oscuras.

- Y uno creería que ya sabe suficiente de la materia. - murmuró la muchacha haciendo reír a James.

- Anny, que tengamos padres y tíos semi-paranoicos, no sin sus razones - agregó antes de continuar con su oración - no significa que todos lo hagan.

- Y yo que creía que era locura universal.

- Anny, Anny, Anny...

- Hablando de defensa... ¿no se retiraba el Profesor Niagel?

- Si, el pobre ya no podía con sus propias fuerzas. - respondió Ginny.

- ¿Y quien le sustituirá?

- La verdad... no lo sé, Annika, no lo sé.

- Ojalá no esté tan chiflado como Niagel.

- James te oí.

- Pero Tía Gin, no me puedes negar que le faltaba una tuerca.

- Yo que creía tener un sobrino maduro. - bromeó la pelirroja, revolviendo el cabello de James, y produciendo que Tina brillara de la emoción.

- No le des ideas, tía, no le des ideas. - sus acompañantes rieron, pero acallaron en momentos, cuando el asistente apareció con un el último par de libros.

- Aquí tiene los últimos... - James no escuchó más, porque con Annika ya se dirigían a la salida del local, Ginny les acompañaría segundos después, cargando con los paquetes de libros que los muchachos no habían tomado, y habiendo pagado la cuenta.

- ¿Cómo será el nuevo profesor?

- Solo pido que enseñe bien.

- Amén por eso.

- Basta con soportar una clase de tus padres - Annika sonrió a Tina mientras continuaba la frase - para que cualquiera enseñe bien. - James rió ante la ocurrencia de su amiga, y se preparó para ir a la siguiente parada.

Un par de horas más tardes ya se encontraban prontos para regresar, el cielo estaba oscureciendo, y la noche se acercaba con firmeza, por ende, Ginny se apuraba cada vez más. La última compra que habían hecho (James se preguntaba por qué no había sido la primera) fueron las varitas. Aún tenía su mano envuelta alrededor del fino palo de secoya. Había demorado un buen rato en encontrar la indicada, o que esta le encontrara a él, según había explicado el Sr. Ollivander Jr. En cambio, Annika, había dado con ella en la segunda probada.

Iban en silencio, Tina iba ahora caminando a su lado, tomando su mano con fuerza, como temiendo que fuese a escapársele. Sonrió ante sus ocurrencias, y observó a la pequeña. ¡Cuánto le gustaría poder escuchar su voz! Pero bien le había dicho él a Annika, no todo sale como lo planeamos, y definitivamente todo el mundo estaba patas para arriba, y le enojaba pensar que algo que había pasado tanto tiempo atrás tuviera tanto efecto sobre las vidas que ahora nacían y que se suponían pudieran vivir ajenos a aquellos oscuros días.

El callejón se iba vaciando poco a poco, y ya era más fácil caminar libremente. James soltó a Tina, y dejó que corriera hacia su casa, sin quitar los ojos de ella, Ginny se adelantó, y caminó a paso apresurado. Él también deseaba llegar a casa, pero la verdad era que estaba demasiado deprimido como para apurarse a hacerlo. Era increíble como un día que se presumía fabuloso, donde el reencuentro con Annika se suponía iluminar lo que quedaba del verano, se transformara en algo tan oscuro para él, pero no podía evitar sentirse así, no podía evitar...

- Te preocupas demasiado por ellos. - interrumpió Annika sus pensamientos, casi como si pudiera leerlos. - Estarán bien sin que te consumas en el intento, Jamie.

No respondió, logrando que Annika se detuviese, y le tomara por el rostro, obligándole a mirarla a los ojos.

- Sé que los quieres, yo también lo hago, también son como mi familia, ¿sabes? Este año fuera fue todo un martirio, no poder escuchar la voz de Max, ni los pasitos tiernos de Tina, no poder disfrutar de las picardías de las gemelas, ni siquiera conozco a Ethan, James... yo también me preocupo por ellos, pero también me preocupo por ti, y no me gusta verte así, perdido... te mereces algo más, James...

- Tú no entiendes.

- ¿No entiendo? ¿No entiendo? - Annika estaba perdiendo la paciencia otra vez, se notaba, pero él no se encontraba dispuesto a lidiar con esa situación en esos momentos, así que entró finalmente en el local de los gemelos, y dejó a Annika parada en la puerta, con la palabra en la boca, totalmente indignada.