Las Caricias del Tiempo Por Chei (a.k.a ChePotter)

Basado en los personajes de Harry Potter, por J.K.Rowling

Esta historia es con propósitos de entretenimiento y sin fines de lucro.

23/09/06

se esconde de la vergüenza Ha pasado mucho tiempo desde la última actualización, pero prometo comenzar a ponerme al día... La facultad es demasiado extenuante y no me deja demasiado tiempo para pasar esto. Muchas gracias por el apoyo... espero poder actualizar prontito.

Gracias por los rr! (y gracias Ely-chan por el review en Siendo Niño )

Chei.

RESUMEN CAP 8:

Annika y James se ponen al día, y el muchacho se abre a su amiga contándole todas sus preocupaciones. Los chicos realizaron las compras para el colegio, junto a Ginny y Tina. Ambos muchachos terminan en una pelea cuando regresan a Sortilegios Weasleys. (¡Espero sea suficiente!)

Capítulo 11: Gemelas

Los tres actuales habitantes de la residencia se encontraban sentados en la sala de estar, pero distaban mucho de encontrarse cómodos, la misma ansiedad que recorría a los menores afectaba también a la dueña de casa, quien continuamente ojeaba con inquietud el reloj de la habitación.

No hacía más de media hora que habían arribado a la casa, Ginny había preparado rápidamente la cena, que ahora comenzaba a asarse en la estufa de la cocina, y luego anhelantemente se había sentado a esperar por su marido. Claro que el verbo sentarse no era del todo aplicable a la mujer, quien se movía constantemente en su asiento, y se levantaba cada dos segundos a observar por la ventana hacia los terrenos, esperando casi desesperadamente divisar a los tres integrantes ausentes de su familia.

James observaba el dorso de sus manos en silencio. Poco había pronunciado realmente desde su discusión con Annika. Dudaba que los adultos, en su afán de saludar a la muchacha, hubiesen notado el gélido ambiente que creado entre ellos dos, posiblemente atribuyendo las sonrisas tímidas (aunque James juraba que eran más tristes que otra cosa) a la incomodidad del reencuentro.

Sin embargo, los ojos vivaces de Tina y Max habían captado rápidamente el problema. No pudo evitar sonreír al pensar en sus perspicaces primos, eran muy inteligentes, y rápidos, James hubiese jurado que ambos niños pertenecerían a Ravenclaw al entrar a Hogwarts, si George no fuera su padre.

Max le había robado por unos minutos del gran encuentro, y le había llevado a su habitación. Un espacio quizás tan atrayente como el propio local de sortilegios, lleno de objetos que uno prefiere no conocer. Max le había otorgado un par de paquetes de bromas de la tienda, que él había modificado debidamente, haciéndole prometer que haría buen uso de dichos objetos. Para apenas tener ocho años, Max tenía un conocimiento de magia poco común, habiendo crecido entorno a la fabricación de bromas, y con su extrema rapidez, había aprendido mucho trucos que le permitían modelar, incluso, las propias creaciones de su padre (sin contar con su aprobación).

Observó el reloj estrella, la manecilla de su tío y las gemelas se encontraba en viajando... pero con un pequeño clic, pasó a ubicarse frente a la frase: En casa. Ginny saltó de su asiento inmediatamente, mientras la puerta se abría, y dos bultos rubios corrían a brazos de su madre. Tras ellas, con porte cansado pero aún así, elegante, entró Draco, enviando a su esposa e hijas una dedicada sonrisa.

James desvió su mirada hacia Annika, cuyos ojos brillaban enormemente, quizás tanto como lo había hecho cuando se había encontrado con él. Mientras las gemelas corrían a sus brazos, James pudo observar como su tío se dirigía hacia la muchacha.

- Así que te tenemos de vuelta. - James abrazó a las niñas, pero mantuvo su atención en su amiga. El rostro de Draco completamente serio se tornó ligeramente en una sonrisa, y abrazó a Annika. La cabellera azabache de la chica se hundió entre los brazos de Draco, quien la separó levemente de él, y le sonrió cariñosamente.

- Cualquiera pensaría que tu padre no te trata bien. - bromeó el adulto, abrazando nuevamente a su ahijada. James jamás había dudado de cuanto Annika adoraba a Draco, quizás porque la trataba casi como si fuera su propio padre, o simplemente, por ser como era.

Él mismo adoraba a su tío, y muchas veces se le hacía imposible creer en las historias que contaban de él, como había sido contra su actual esposa, y el resto de la familia, los padres de James incluidos. Para James era inverosímil relacionar aquel Draco, con el que ahora abrazaba a su esposa, y charlaba con Annika.

- ¡Jim Jim! - gritaron Galatea y Diana tirando de sus brazos para llamarle la atención.

- Ah, sí, ustedes... - hizo una mueca desinteresada, y ambas pequeñas se tiraron desde el sofá donde se encontraban paradas, sobre él, haciéndole caer al suelo.

- Hagan el favor de no lastimarse. - pidió Ginny, quien era arrastrada por su marido hacia la cocina.

- Diablillas... vamos, salgan de arriba de James. - Annika agarró a Diana, quien se acomodó en sus brazos reaccionando finalmente en la presencia de la muchacha. - Jim Jim! Anny está acá!

- ¡¡Anny! - Galatea se incorporó saltando sobre James, quien se quejó pero no recibió ningún consuelo de parte de la pequeña, que ya peleaba con su hermana por estar en brazos de la niña.

- ¡Qué bueno tenerlas de vuelta! - sonrió James, tomó a Galatea en brazos y la hizo girar en el aire, haciendo que la niña diera grititos emocionados.

- ¡Yo quiero! - pidió Diana, saltando de los brazos de Annika hacia los de su primo.

- ¡No, James es mío! - bramó entre risas su hermana. Annika y James rieron ante las ocurrencias de las pequeñas.

- Ah, no, es mío... - bromeó Annika, mientras con al ayuda de James comenzaba a hacer cosquillas a ambas niñas.

- Saben que no tienen que pelearse por mí, ¿verdad? Hay James suficiente para las tres. - las tres chicas se observaron cómplicemente, y James temiéndose lo que se venía comenzó a correr, mientras era perseguido con intención de ser el nuevo centro de ataque de las cosquillas.

Hacía mucho que James no se sentía tan jovial como en esos momentos, ni siquiera en la mañana cuando había vuelto a ver a Annika luego de tanto tiempo se había sentido tan completo como lo hacía ahora, sin preocuparse por nada, más que escapar de las garras de las niñas, mientras los cuatro eran observados por los adultos, quienes, curiosos los gritos en su sala de estar, habían regresado de la cocina.

- James, ven aquí... no vamos a hacerte nada... - sonrió a Annika. Descubriendo sus intenciones, y continuó corriendo en dirección contraria.

- ¡¡Jim Jim! ¡¡VUELVE! - las gemelas y Annika corrieron tras él, arrinconándolo.

- Como no quiero que el único otro hombre de la casa pierda esta guerra, declaró que es hora de la cena. - el llamado de Draco trajo quejas de las gemelas, pero inmediatamente ambas muchachas corrieron junto a su madre hacia la cocina.

- Es bueno verlos así... tan sonrientes. - le susurró Draco cuando él y Annika ingresaban en la habitación contigua. James ocultó su sonrisa melancólica, recordando todos los inconvenientes de la tarde. - Es bueno verlos a las gemelas y a ti en casa, Draco.

- Hacía mucho que no me llamabas Draco. - el hombre le miró perspicazmente. - ¿Pasó algo?

- ¿Qué se traen ustedes dos? Siéntense de una vez que los están esperando. - Ginny señaló a las gemelas, quienes les miraban impacientes.

- Pequeños monstruos con demasiado apetito, ¿verdad? - las niñas asintieron, y comenzaron a comer.

- ¿Qué tal el viaje? - Draco observó a su sobrino sabiendo las intenciones de este, y probando un bocado de su plato respondió: - Nada fuera de lo normal. -

- Hoy... - James se detuvo, en realidad no correspondía a él contarle sobre el ataque de Ethan, y después de todo, las gemelas tampoco necesitaban enterarse.

- Oh, si, compraron su primera varita. - les sonrió Draco, y luego "susurrando" a Annika, agregó: - De seguro que demoró años en encontrar la suya.

- ¡Que culpa tengo yo que esas cosas sean tan complicadas! A ninguna le agrado. - hizo un gesto dramático, y sonrió inocentemente, logrando así, risas de sus acompañantes.

- ¿Cuanto tiempo te quedaras con nosotros, Nika? - Draco era la única persona en todo el planeta que llamaba a la niña así, y James sabía que ésta lo adoraba aún más por ello, la hacía sentir especial.

- Hasta que vayamos a Hogwarts. - respondió Anny sin mucho animo. - Papá tuvo que quedarse en Francia.

- Oh, entonces no lo estaré viendo por un tiempo... una lástima ya que deseaba poder hablar con él, debería ver si un día de estos me comunico vía flu...

- Creí que ya se había comunicado contigo. - la voz de Ginny, quien había mantenido su curiosidad resguardada y había procurado disfrutar del retorno de su marido e hijas, sonaba completamente sorprendida.

- ¿Por qué tendría que haberlo hecho, Gin?

- No sabía que papá quisiese hablar con el padrino. - el rostro de Ginny se encogió, y James supo que la mujer había hablado de más, seguida de sus impulsos. Aquello no le trajo buena espina, y trató de cambiar de tema.

- Creo que Diana y Galatea ya comieron suficiente...

- ¿Qué te hace decir eso? - Ambos mayores le miraron sin entender, las gemelas no se saciaban, bueno, fácilmente.

- Porque tienen sus cabezas dormidas sobre sus platos.

- Oh. ¿Por qué no dijiste nada antes? - Ginny se levantó de su asiento y tomó a Diana en brazos.

- Yo ayudo. - James detuvo a su tío de levantarse para cargar a Galatea, y no sin un poco de dificultad, cargo a la niña en sus brazos, y se dirigió tras Ginny escaleras arriba.

- ¡Esperen! - Annika salió de la cocina tras ellos. Colocaron a las gemelas en su cuarto, les dieron las buenas noches y salieron.

- Supongo que ustedes también están cansados... vuelvo en un rato a darles las buenas noches. - les sonrió Ginny y bajó hacia la cocina.

- No me dijiste que no vendría antes de que comenzáramos las clases. - le dijo una vez estuvieran en su habitación. Annika le observó en silencio, y luego tomó la foto de ellos dos que James conservaba junto a su mesita de luz.

- Éramos muy pequeños, es vergonzoso que aún tengas esta foto aquí.

- ¡Qué! ¿Por qué tú andas corriendo en pañales? - preguntó inocentemente.

Annika le lanzó un almohadón de los tantos que andaban desparramados por ahí, en señal de protesta, y luego se sentó en la cama, sin dejar de observar la foto.

- Más te vale que no lleves esto por Hogwarts. ¿Te imaginas? ¡Qué horror!

- Si, serás la bebe en pañales de Hogwarts. - rió James, recibiendo nuevamente un cojín en su rostro. - Ok, ok, de todas formas, yo creo que es tierno... - tomó la foto de entre manos de su amiga. - Además... soy yo del que corre de una niña en pañales.

Annika rió alegremente, y James se sintió mejor de saber que todo estaba mejor entre ellos. El hecho era que todo el problema con Ethan le resultaba algo muy difícil de digerir, algo que posiblemente atormentaba sus noches, más aún de lo que lo hacía no poder ver el rostro de sus padres. Sus primos, a quienes consideraba hermanos, lo eran todo para él...

- Promete que no la llevarás.

- ¿Ni escondidita?

- Ni escondidita. - respondió seriamente la niña.

- Está bien, pero si me llevaré una foto de los dos.

- ¡¿Para que quieres nuestra foto si nos veremos todos los días! - cuestionó curiosa la chica.

- ¿Y si no quedamos en la misma casa? - preguntó observando los ojos perlados de la niña.

- Dudo mucho que no lo hiciéramos James, ya lo has oído toda tu vida, somos como un par de zapatos, a donde va uno va el otro. - James rió ante la frase que los adultos les habían repetido tantas veces, incluso mucho antes de que ellos mismos pudieran comprenderla. - Y aunque lo hiciéramos, - continuó ella tranquilamente, - somos capaces de sobrevivir a cientos de kilómetros de distancia por un año, creo que a unos pocos metros no nos hará nada.

- Niños, ¿no iban a acostarse? - la cabeza de Ginny apareció a través de la puerta, con ojos somnolientos, y a un tranquilo Ethan en sus brazos.

- Oh, está bien... buenas noches, Jamie.

- Buenas noches, Anny, tía Gin. - Ambas mujeres salieron de la habitación con pasos rápidos, cada una dirigiéndose a respectiva habitación.

James colocó el retrato de los dos bebes nuevamente en su mesilla de luz y dio las buenas noches a Maeve, quien despegó sus alas, y salió por la ventana hacia la noche estrellada. Finalmente luego de apagar la luz, y ponerse el pijama, se acostó bajo las finas sabanas de algodón, y cerró los ojos dejando que el cansancio le ganara.

Las semanas siguientes fueron para James solo unas pocas horas, posiblemente ningún verano había pasado ante sus ojos con tanta rapidez como este lo había hecho. Los días con Annika, y toda la familia completa se habían vuelto mucho más amenos.

Para suerte del pequeño, y la tranquilidad de los adultos y restantes ocupantes de la casa, Ethan no había tenido ningún ataque, más que durante una noche, y que comparada con la mañana que habían ido a Diagon, parecía un pequeño llanto pidiendo alimento.

Las gemelas habían traído consigo la vitalidad que la casa parecía haber olvidado, y pronto no había momento que en el hogar no hubieran gritos, o llamados, e incluso algún rezongo de los mayores.

Para cuando llegó el momento de partir hacia Hogwarts, James se encontraba rebosante de alegría. En aquella casa dejaba a un tranquilo Ethan, a una mucho más calmada Ginny, y a un Draco sin planees de partir por trabajo por un tiempo.

La mañana del primero de septiembre se hizo notar enseguida. Despierto desde las cinco de la madrugada, y con todo pronto para el viaje, James esperaba sentado sobre su cama. Sus ojos recorrían nerviosos la habitación asegurándose que no olvidaba nada. Ante ello, Maeve, quien se encontraba desorientada ante el comportamiento de su dueño, entraba y salía por la ventana de la habitación, acotando la orden de no alejarse.

La puerta de la habitación estalló de golpe bajo las manos de tres niñas. Annika observó gustosa mientras las gemelas corrían a tirarse sobre James, quien optó por ignorar la picardía de los ojos de su amiga, y sonreír en un gran abrazo a sus hermanas.

- No te vayas Jim Jim. - suplicaron los ojos de Galatea entre tristes y sonrientes.

- Eso, Jim Jim, no te vayas. - Diana hizo un puchero que hizo reír a James y Annika, esta última tomó a la menor de las gemelas (así fuera por solo unos minutos), y la cargó en brazos, pronta a dejar a James para que se aprontara.

James sonrió cuando su compañera con los ojos como platos le revisaba de arriba abajo, y procedía de la misma manera con el resto de los elementos de viaje. Una sonrisa cruzó el rostro del muchacho al notar que su amiga, obviamente no habiendo despertado hasta hacia unos momentos, se encontraba aún con sus piyamas verdes (porque, según ella, el rosa era demasiado rosa).

- ¿Sorprendida?

- Algo. - murmuró Annika. - ¿Nervioso?

- ¿Se nota? - Annika sonrió ante ello, y con un fugaz "Te veo abajo" desapareció de la puerta de la habitación, sin embargo, Galatea, quien había escapado de los brazos de la muchacha durante su confusión, corrió nuevamente a brazos de James.

- Las voy a extrañar mucho. - confesó finalmente a las pequeñas, luego de que estás le "ganaran" en una guerra de cosquillas, y él suplicara por clemencia.

- No vayas, 'onces.

- Gala, tengo que ir, como tú lo harás un día. - la niña, que con su temprana edad no podía entender aquello, le miró confundida. - Ya veras... pero prometo que estaré contigo cuando lo hagas, ¿te parece?

- ¿Y conmigo?

- Contigo también, celosía. - bromeó James, agarrando a las pequeñas en sus brazos, con bastantes dificultad debido a su actual gran tamaño. Poniéndolas finalmente en el suelo junto a la puerta de su habitación, les informó: - Bien, bolsas de papas, tendrán que caminar solas hasta abajo. - las niñas bufaron, pero tomaron las manos de su hermano, y le siguieron hacia la cocina.

Ginny les esperaba con un abundante desayuno, Draco leía el periódico en una esquina de la mesa, pero aún así levantó el rostro para saludar a sus pequeños. James levantó una ceja al mayor, la lectura del periódico se había vuelto mucho más regular y concentrada desde su vuelta del viaje de lo que nunca había sido, como si el adulto esperara encontrar entre aquellas hojas algo en especial.

Desviando sus pensamientos de tales ramas, James se sentó a la mesa, segundos después Annika le imitaba, habiéndose cambiado a un vestuario muggle para pasar desapercibidos en la estación de tren.

Casi sin darse cuenta el desayuno había terminado, sus cosas habían sido colocadas en la valija del auto, y en lo que a James parecieron solo segundos, se encontraban camino a la plataforma 9 y ¾.