Basado en los personajes de Harry Potter, por J.K.Rowling
Esta historia es con propósitos de entretenimiento y sin fines de lucro.
21/02/07
Good... me mantengo en la raya de los dos meses, voy a tratar de acordarme y actualizar más seguido, quiero ponerme finalmente al día! De advertencia, saldrán –demasiados- nombres nuevos en este capi. Gracias por el apoyo y espero les guste!
Chei.
RESUMEN CAP 11:
Cortito y al pie: Draco, y sus dos restantes hijas, Galatea y Diana regresaron a casa, luego de un viaje de trabajo del mayor, tuvimos el encuentro entre la familia, algún par de conversaciones serias (si eso se puede xD) y el fin del verano, con la llegada a el andén 9y3/4!
Capítulo 14: Hogwarts
James y Annika fueron los primeros en traspasar la barrera que separaba el mundo mágico del muggle, y quedaron maravillados ante la magnitud del espectáculo ante sus ojos. Ninguna historia contada por sus mayores era suficiente para describir la realidad; la estación se encontraba completamente saturada, estudiantes de todas las edades corrían de un lado a otro, los gritos eran asunto común en esos momentos, y los baúles iban y venían de mano en mano. Se trataba del clima más alegre y hermoso que hubiesen visto jamás, y allí, elevándose entre la multitud se encontraba el gran Expreso Rojo.
- Sería bueno que buscaran un compartimiento vacío... pronto comenzará a subir todo el mundo. - les aconsejó Draco rápidamente. - Gin, ten a Ethan, los ayudaré con los baúles. - El grupo se dirigió ante uno de los vagones del tren escarlata, y subieron con rapidez los baúles.
- Dejen los baúles en un compartimiento y bajen a saludar. - les recomendó nuevamente Draco. Los muchachos asintieron, tomaron sus pertenencias y comenzaron a andar por el vagón.
James y Annika se encontraban silenciados por una fuerza poderosa: la admiración. Sus ojos se desviaban continuamente por el más mínimo ruido, la más suave de las voces, o el más sencillo movimiento que percibieran, tenían todo un mundo frente a ellos, y una sonrisa boba se dibujaba en sus rostros.
- ¡Mira, éste está vacío! - le llamó Annika unos pasos más adelante. James se apresuró en alcanzarla, y apoyaron los baúles sobre los asientos. Salieron corriendo por los pasillos hasta la salida más cercana, y se pararon frente a sus acompañantes.
James se arrodilló y abrazó a las gemelas, las dos niñas le miraron con tristeza. Era demasiado difícil despedirse de aquellas criaturas. – No se preocupen, princesas, no es mucho tiempo... - trató de convencerse que no le haría falta la compañía de las dos niñas, pero dentro de él sabía que no sería así.
- Es infinito. - dramatizó Galatea, y se colgó de su cuello, desestabilizando.
- No, verán que no. Sean buenas y cuiden de Ginny, ¿sí? - las niñas sonrieron inocentemente mientras asentían, pero James dudó mucho de la veracidad de sus acciones. Gala y Diana plasmaron unos ruidosos besos en sus mejillas y luego corrieron a brazos de Annika.
Ginny apareció entonces delante de él, la mujer tenía los ojos húmedos, y cargaba a Ethan en sus brazos. James besó la frente del pequeño, y luego se dejó abrazar por su tía, quien parecía la más afectada de todos.
– Cuídate, Jamie... y cualquier cosa que necesites nos mandas a Maeve, ¿sí?
- Sí, tía. No te preocupes.
- Tus padres estarían tan orgullosos, James... lo están, sé que lo están. - No pudo evitar ser él quien la abrazara entonces, agradeciéndole por absolutamente todo lo que ella hacía por él.
- Les escribiré todas las semanas, tía Gin.
- Y todas responderé. Ve antes de que me ponga toda sentimental... - la mujer sonrió, y le besó en la frente, tal como él lo había hecho con Ethan. La observó en silencio, mientras la mujer procedía a despedirse de la niña, sentía una gran pena al tener que abandonarla en esos momentos, pero a su vez tenía bien presente que no cabía otra posibilidad en el desarrollo de los hechos, y que Hogwarts era ahora donde debía estar.
- James. - Draco le llamó desde un poco de distancia del grupo. Se dirigió curioso hacia él.
- ¿Pasa algo? - cuestionó al adulto que le miraba seriamente.
- No, realmente, pero quiero darte algo... no lo abras aquí. - le dijo pasándole un paquete envuelto en papel marrón. – Hazlo recién en Hogwarts, solo o con Annika.
- ¿Qué es? - preguntó James confundido ante la actitud del adulto.
- Ya verás, sólo prométeme que serás cauteloso y te cuidarás...
- Pero...
- Promételo. - Los ojos del adulto brillaban misteriosamente, como si estuviera otorgando un objeto prohibido, algo que jamás debería tocar sus límpidas manos.
- Está bien. Lo prometo. - Draco cedió finalmente todo agarre al paquete. – Pero...
- Ten cuidado, James. - la actitud reservada del adulto le preocupaba.
- ¿Seguro que está todo bien?
- Por supuesto, Jim Jim. - el adulto rió ante su expresión de desagrado ante tal apodo, una cosa era escucharlo de las pequeñas, y otra de un mayor. – Vamos, ve que se quedarán fuera sino... - Draco le dio un corto abrazo, y lo empujó hacia la puerta donde Annika le esperaba impaciente.
- ¿Qué fue todo eso, Jamie?
- La verdad, ni idea. Mejor vamos al compartimiento y te cuento...
El lugar estaba tal cual le habían dejado, subieron con dificultad los baúles a las rejillas de equipaje, cerraron la puerta y recién allí James contó a su amiga sobre el intrigante paquete que momentos antes había guardado en su valija.
- Me pregunto qué será... - dijo finalmente la chica luego de unos momentos de procesamiento. James observó como Ginny, Draco y los pequeños desaparecían por la barrera hacia el mundo muggle.
- Mejor nos olvidamos de ello o me matará la curiosidad.
- Sí, pero... - Annika calló cuando la puerta del compartimiento se abrió de par en par.
- Esto sí es algo que no esperaba encontrarme... - Un muchacho se apoyó contra el marco de entrada, y observó con despreció a James. – Algo desagradable por cierto.
- Mirim... - pronunció el nombre casi con odio, observando al muchacho de ojos azules.
- Tim... – una muchacha albina y ojos profundamente dorados apareció al lado del chico. - Oh, Hola, soy...
- No vale la pena dirigirse a esto. - le interrumpió Mirim.
- Mirim, ya cierra tu boca y vete, nadie pidió tu opinión. - le interrumpió Annika.
- Y encima son dos de ellos... mejor vayámonos. - el muchacho tomó a la niña albina de los hombros. Mientras ésta lanzaba miradas confundidas al grupo, y la arrastró por los pasillos lejos de allí.
- Ya tenía que venirnos a arruinar el día. - se quejó James dejándose caer en el asiento. Se había parado apenas había identificado a su interlocutor.
- Me pregunto quién es ella, nunca la había visto... - James recordó en su mente los ojos ambarinos de la niña.
- Debe ser difícil para ella ser, bueno...
- Lo raro es que esté con Mirim, ¿serán familiares o algo?
- Si lo son, espero que no sea tan desagradable como el idiota ese. - bufó James.
Timothy Mirim era la única persona a la que James no podía ver ni en pinturas, desde pequeños había existido una rivalidad entre ellos, y no esperaba que Hogwarts fuera a solucionarlo. Sin embargo, había esperado no encontrarse con el muchacho hasta estar al menos establecidos en el colegio.
- A mí me pareció que intentaba ser agradable...
- Sí, quién sabe... pero estando con Mirim...
- James, porque esté con Timothy...
- ¿Desde cuándo es Timothy? - levantó una ceja curiosa a la muchacha.
- ¡Desde que sus padres le nombraron así, James!
- Bueno, perdón, me corrijo... ¿desde cuándo le dices Timothy?
- ¡Ay! ¡¡Eres imposible!! - Maeve ululó aprobando a la muchacha.
- Ehem... ¿tú qué te pones de su lado?
- ¡JAMES! ¡Ya cállate! - el muchacho le sonrió, y le tiró un libro que la muchacha había preparado para el viaje.
- No se te ocurra devolverlo... - leyó las intenciones de su amiga, y se corrió de su asiento mientras el libro volaba por el aire. El objeto salió disparado por el pasillo cuando la puerta del compartimiento del pasillo volvió a abrirse.
- ¿Pero qué demonios? - una muchacha unos años mayor que ellos les observaba con incredibilidad.
- Oh, lo sentimos mucho...
- Sí, bueno, no fue nuestra intención...
- Sí, sí, lo que digan... sólo porque aún no comenzaron las clases propiamente... sino... - la muchacha dirigió sus ojos negros carbón con apatía hacia ellos, y luego volvió sus pasos por el pasillo.
- ¿Cuál es su problema?
- Yo diría que ser Slytherin. - Annika y James saltaron del susto, no habiéndose percatado antes de la presencia del susodicho muchacho.
- Angust Dawlish. Cuarto Año. Hufflepuff. - el chico le tendió la mano a James, y luego besó la mano de Annika caballerosamente, haciendo sonrojar a la niña.
- Yo soy James, y ella es Annika...
- Primerizos, ¿verdad? - el muchacho no esperó respuesta. - Zaphiro es una de las prefectas más hermosas y despiadadas de Hogwarts, les recomiendo que intenten alejarse de ella.
- ¿Ella era una prefecta?
- Así es. Prefecta de Slytherin... está en su sexto año, para su suerte sólo tendrán que lidiar con ella dos años... yo sin embargo, solo pasaré dos sin tener que soportarla. - el chico les guiñó un ojo y pasó el libro que había salido volando a Annika. – ¡Disfruten de la selección!
- Eso fue raro. - James se dejó caer en su asiento y observó a Annika que aún se encontraba bajo el marco de la puerta. - Anny, tú lo estás haciendo aún más raro...
- ¿Qué? Ah, sí... ¿puedes creer que esa chica sea prefecta?
- No sé, en realidad no dijo mucho que pudiera decir que no lo fuera...
- ¡Nos amenazó, James!
- ¿No te parece que decir eso es un poco alarmista? - Annika se encogió de hombros. - Por otro lado, Dawlish parece ser una buena persona...
- Sí... - La muchacha se sentó, y abrió el tomó en sus manos dispuesta a leer.
– Genial, lo que me faltaba, ¡aburrirme como una ostra...!
- ¡Y luego me llamas extremista! - la muchacha le guiñó un ojo, y se concentró en la lectura.
A mitad de viaje, Annika tiró el libro contra una de las esquinas, y anunció con alegría que la señora del carrito debía estar por llegar.
- ¿Qué dices?
- La señora, la que trae el carrito con golosinas y todo eso... - respondió la niña como si fuera lo más natural del mundo. – ¿Es que ni Draco ni Ginny te hablaron alguna de vez de ella? Mi padre siempre dice que lo mejor de los viajes a Hogwarts era el carrito... bueno, no que se pueda confiar mucho en sus gustos, pero bueno... creo que esta vez haré la excepción...
- Bueno, Draco y Ginny me contaron que podías comprar golosinas y eso... ¿pero cómo sabes que debe estar por llegar?
- ¿Intuición? - James elevó una ceja. - Bueno, porque está atendiendo el compartimiento de al lado.
- ¡¡ANNY!!
La pelea fue interrumpida por una anciana mujer, su carro rebosante de todo tipo de golosinas soñadas les observaba impacientes. Ambos niños no tardaron en juntar una pila de alimentos capaces de saciar al más voraz de los hambrientos. La mujer les atendió con suma paciencia y delicadeza, y ellos agradecieron su estadía cuando partió hacia el siguiente compartimiento.
El resto del viaje se les pasó tan rápido que cuando se quisieron acordar, apenas tenían tiempo de cambiarse a la clásica túnica negra del colegio. El tren comenzó a frenar justo cuando James volvía con su nuevo conjunto.
- ¿Me ayudas a bajar esta cosa, James...? - socorrió a su amiga, quien estaba a punto de quedar atrapada bajo un pesado baúl, y juntos terminaron de acomodar las cosas para bajar.
- ¿No saben que de eso se encargan los elfos? - el chico de nombre Dawlish les miraba curioso, intentando no ser llevado por la corriente de alumnos en los pasillos.
- ¡Idiotas! - Al unísono ambos muchachos golpearon sus frentes con la palma de su mano, haciendo que el joven hufflepuff riera.
- No te preocupes por tu lechuza, la atenderán bien, y ella sabrá dónde buscarte – agregó. - Vengan, apúrense, no querrán perderse. - James y Annika se apresuraron en seguir al muchacho entre la maraña de enloquecidos alumnos.
- ¡¡Alumnos de primero por aquí!! ¡¡Los de primero por aquí!! ¡¡Aquí, querida!! - una voz fuerte resonaba por todo el lugar, pero entre tanta confusión les costaba distinguir su origen.
- Por allí... ven, donde está la mujer con el sombrero puntiagudo rojo. - Annika asintió apenas divisó a la mujer, y arrastró a James consigo.
La mujer, cuya estatura resultó ser menor que la de los dos niños, siendo su sobrero casi más grande que ella, les sonrió con delicadeza, y les empujó hacia unos botes. – ¡ARRIBA! - James, y Annika se miraron extrañados, y subieron al único bote que quedaba vacío.
- Tú... eres de primero, aquí. - los dos amigos vieron como la mujer apuntaba la varita a un niño, y éste era arrastrado y sentado en el mismo bote donde ellos estaban. – ¡Listo! - la mujer sonrió, subió a su propio bote, y pronto se encontraban en movimiento.
- ¿Dije ya que odio los botes?
- Toda tu vida, Anny... - la muchacha hizo una mueca, y observó al niño a su lado. Era bajito y un poquito regordete, tenía una sonrisa tímida y unos ojos azules sinceros.
- Hola, soy Annika.
- Christopher - saludó tímidamente el chico, y luego dirigió sus ojos a James.
- James
- Saben, a mí tampoco me gustan los botes... - los dos amigos sonrieron, y se asieron fuertemente al transporte, mientras abrían los ojos con gran magnitud, absorbiendo todas las imágenes que la oportunidad les brindaba.
No tardaron demasiado en divisar el castillo, el día calmo y tranquilo les había llevado pasivamente por el lago, y ahora Hogwarts se elevaba frente a su mirada.
- ¡Simplemente WUAW! - los ojos de James se encontraban abiertos a más no poder, aquel castillo era todo lo maravilloso que decían era. – Se ve más lindo aún desde el lago...—
- ¿Estuviste en el castillo antes?
- Sí, varias veces, aunque hace más de dos años desde la última vez...
- Coincido en que el lago y la noche lo hacen aún más maravilloso - sonrió Annika, quien hasta el momento, se había mantenido en silencio, deleitándose con la vista.
- Pues, yo no lo había visto nunca... supongo que debe ser igual de lindo de día.
- Es Hogwarts después de todo... - los tres niños sonrieron.
La voz de la extraña mujer que había guiado los barcos les atrajo la atención, y momentos después se encontraban descendiendo de los botes, y caminaban rumbo al castillo. A medida que se acercaban, más maravillados quedaban, y lo único que podía escucharse en el grupo de primero eran exclamaciones de admiración.
Entraron al castillo, donde una bruja baja y regordeta les esperaba sonrientes. Vestía una elegante túnica verde esmeralda, y sombrero con motas marrones Las dos brujas se dirigieron una simple mirada que muy poco alumnos notaron, y la mujer del sobrero moteado les ordenó que la siguieran.
Siguieron a la mujer en silencio, mientras observaban atentamente todo a su camino, James notó como Annika observaba fascinada la escalera de mármol que se elevaba frente a ellos.
- ¿Recuerdos?
- Muchos.
No dijeron nada más, y entraron en la pequeña habitación que les indicó la bruja, quien entró tras ellos. Todos se observaban nerviosos, y James tomó la mano de Annika para ayudarle a calmarse.
- ¡Bienvenidos a Hogwarts! - dijo la mujer con voz suave y dulce, pero su rostro se mantenía completamente serio. - El banquete comenzará dentro de poco, pero antes deberán ser seleccionados para sus casas. Debéis saber que es la selección es muy importante, la casa a la que pertenezcáis será su familia durante los próximos siete años. Compartirán clases, dormitorios, y pasaran su tiempo libre en la Sala Común de su casa.
›› Las cuatro casas son Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. - James vio sonreír a Mirim ante la mención de la última. - Durante el año sus triunfos colectarán puntos para su casa, y sus infracciones les restarán, de tal forma que al terminar el año lectivo, la casa con mayor puntaje será premiada con el honor de la Copa de las Casas.
›› Volveré cuando la ceremonia esté pronta para empezar, esperad tranquilos, y arreglaos lo mejor posible.
En el momento que la mujer salió del recinto, los murmullos se elevaron de sobremanera. James y Annika que ya se conocían toda la historia se miraron con nerviosismo, temiendo el resultado de la selección.
- ¿A qué casa quieren pertenecer? - Christopher les sonrió despreocupadamente, y James se sorprendió que aquel chico tímido se encontrara tan calmo.
Los dos amigos se miraron, realmente no lo habían pensado mucho, sabían que nada tenía que ver con los genes, por tanto las posibilidades de ser separados no venían por ese lado. Sin embargo, poco les preocupaba dónde, siempre y cuando fuera la casa de los dos.
- No sabemos...
- Yo creo que iré a Slytherin o Ravenclaw. - aquel muchacho cada vez le causaba más curiosidad, sin embargo, James no emitió comentario alguno, y comenzó a pasar su mirada por el resto de sus futuros compañeros de año.
Una cabellera castaña le llamó la atención, sin embargo, no pudo distinguir más a su dueño, porque la bruja volvió a aparecer en el recinto, y nuevamente les indicó que les siguieran. James tomó el brazo de Annika, y sabiendo que tendría tiempo de conocer la identidad de aquella persona, siguió las órdenes de la profesora.
El Gran Comedor les esperaba con ansias, y los niños de primero, deslizándose entre la gran masa de estudiantes, tan pequeños e insignificantes se apretujaron unos con otros, tratando de caminar lo más formalmente posible.
James sonrió al ver al viejo, quemado y remendado sombrero seleccionador. Había escuchado tanto del objeto, de que tan clave había sido para tantas cosas, que no podía más que sentirse orgulloso de saber que la decisión sería tomada por ese juez imparcial. Tan concentrado se encontraba en sus pensamientos que no se enteró del canto del sombrero hasta que todos los presentes se encontraron aplaudiendo.
- Luego tendrás que contarme si dijo algo especial... - le susurró a Annika, quien negó con la cabeza en señal de resignación, habiendo notado previamente la distracción de su amigo. La profesora comenzó entonces a llamarlos uno por uno.
- Alleux, Christopher - el muchacho les guiñó, y se encaminó a la banqueta, colocando el sombrero sobre su cabeza. Minutos después dirigía sus pasos hacia la mesa de Ravenclaw.
- Bynts, Sora - una niña bajita, y rubia caminó con delicada timidez, y repitió el proceso de Christopher.
- ¡¡HUFFLEPUFF!! - el sombrero apenas había tocado la cabeza de la niña cuando había anunciado su paradero. La mesa de dicha casa rugió en aplausos.
Seguidamente pasaron Bastyan Brisol, quien resultó ser el primer Gryffindor, Ciara Edhna, Slytherin, Áine Ferguson, quien también resultó ser Gryffindor, y Janaia Figg, Ravenclaw.
- Gudje, Glynniwen - llegó el turno de la muchacha de cabello castaño, y James pudo entonces reconocerla enseguida. Sus ojos chocolate sonreían tímidamente, mientras se encaminaba con seguridad hacia el sombrero. La muchacha giró su mirada justo antes de colocar el sombrero sobre su cabeza, y James supo que le había reconocido. El sombrero demoró varios minutos con la muchacha, quien se notaba nerviosa por el tamborilear de sus dedos, ya que sus ojos habían quedado escondidos bajo el seleccionador.
- ¡¡Slytherin!! - la niña sonrió con duda, pero emprendió sus pasos hacia su nueva casa.
Continuaron pasando, primero Hillary, y luego Holly... Joyce... Kimmeyr... Moon, Dorothy y finalmente tocó el turno de la niña albina. James quien extrañamente no había notado su presencia entre el grupo de futuros alumnos, observó a la niña con curiosidad. Era posiblemente la más baja del grupo, y tenía un rostro suave y delicado, de tal forma, que aparentaba ser menor de su verdadera edad. Insólitamente, aquel rostro pacífico y dulce, con delicadas pecas casi transparentes, resultó ser nada más ni nada menos, que otro Mirim. La niña sonrió al muchacho sentado en la mesa de Slytherin, y colocó el sombrero sobre su cabeza. Momentos después, sus pasos se dirigían tambaleantes hacia le mesa de Gryffindor. James observó el rostro crispado de Timothy Mirim, y supo que la niña sufriría un infierno por terminar en aquella casa.
- Nott, Annika. - llamó la profesora. James sintió la mano de su amiga tensarse, le dirigió una cálida mirada, y vio como ésta se alejaba, y se sentaba bajo el escrutinio del Sombrero Seleccionador.
La niña caminó lentamente, casi como si sus pies pesasen. Sabía que la presión de la casa donde quedara era mucho mayor que la de James. Sabía que su padre deseaba que fuera a Slytherin, por más que no se lo dijera, y ella quería complacerlo por sobre todas las cosas.
James la observó temblar, y quiso poder abrazarla y decirle que todo estaría bien, fueran a donde fueran, quedaran en la casa que quedaran. Seguirían siendo los mejores amigos, y fuera donde fuera, su padre la seguiría queriendo igual. Annika colocó el sobrero sobre su cabeza, y esperó con paciencia. Pasaron varios minutos donde el salón completo guardaba un tenso silencio. Finalmente el sombrero anunció su elección:
- ¡¡Gryffindor!!
Annika le sonrió débilmente, dejó el sombrero sobre la banqueta, y se dirigió a la mesa de Gryffindor donde fue recibida con un caluroso aplauso, y abrazos de sus nuevos compañeros. James pudo ver como el rostro de la muchacha se iluminaba levemente ante aquello.
A continuación pasaron unos gemelos, Daniel y Joseph Orphin, ambos siendo elegidos también para la casa de Gryffindor. Los dos niños se hicieron una reverencia como saludo, luego se abrazaron, y comenzaron a devolver el aplauso que su casa les brindaba.
- Potter, James. -
El colegio enteró calló. Miradas curiosas se dirigieron rápidamente hacia él. El mundo mágico consideraba a sus padres, sobretodo a Harry, como los héroes que les había sacado de la guerra. El nombre Potter había resurgido aún con más potencia luego de la guerra, y era obviamente comparado con nombres de la estatura de Albus Dumbledore. Sin embargo, James sabía que había otra razón para que todos callaran, no toda la comunidad mágica estaba enterada del nacimiento del heredero de la familia, y quienes sabían de la existencia de James, desconocían completamente su paradero. Sus tíos se habían encargado de proteger bien al pequeño durante sus primeros años de cualquier fama, de cualquier daño que mortífagos, que hubiesen escapado de su castigo, quisieran provocarle.
No era un secreto estatal que James era hijo de Harry Potter y Hermione Granger, aún así, sus orígenes eran tratados con discreción en todo momento. Hasta ese día. James sospechaba ya no habría alma en toda Inglaterra que no conociera su existencia. Sonrió con picardía, mientras observaba la mirada divertida que le enviaba Annika, y se dirigió hasta el sombrero seleccionador, lo colocó en su cabeza, y sintió una ráfaga de fuerzas introducirse dentro de él.
"Veo que finalmente nos conocemos, joven Potter... veamos que tienes tú para ofrecer..." escuchó la voz cálida del sombrero con atención. "Oh, sí, la inteligencia de tu madre, llegarías lejos en Ravenclaw... pero también esta esa misma valentía, ese coraje y orgullo que hizo de tus padres quienes fueron, joven Potter..." el sombrero obviamente hablaba más para él que para James, sin embargo, el muchacho no podía sentirse más que enorgullecido por aquellas palabras que el objeto brindaba sobre sus padres. "Así que tú también lo tienes... sí, serías muy grande... pero al igual que a tu padre, veo lo que deseas... y será otorgado"
- ¡¡GRYFFINDOR!! - dijo esta vez en un grito el sombrero, y James saltó de la alegría, agradeciéndole mentalmente al sobrero, y corriendo junto a Annika, quien lo recibió en un gran abrazo.
Los últimos en pasar fueron Pzeze... Ronnaldson... Rice... Sullivan... y Xiggs. Pero James ya no prestaba atención a la ceremonia, sus ojos y los de Annika estaban fijados en recorrer el Gran Salón, incluyendo a sus nuevos compañeros. Primero se fijó en los gemelos, estos se encontraban sentados delante de ellos, y reían abiertamente de un chiste que uno de ellos había realizado. James les asoció inmediatamente a sus tíos, y temió por la seguridad de la torre si la semejanza llegara a ser demasiada.
Luego fijó su vista en Bastyan, era un niño alto, de cabello negro espeso, y ojos azules zafiro, se encontraba en silencio, charlando con una niña, que James reconoció como Áine Ferguson.
Sus ojos se desviaron antes de observar a todos sus compañeros, hacia la mesa de Slytherin. El rostro impasible y sombrío de Glynniwen observaba sin mucha atención a los últimos elegidos. En la mesa de Ravenclaw vislumbró a Christopher, quien al sentir su mirada le observó fijamente con una sonrisa. James desvió la vista al notar que la ceremonia terminaba. Un suave silencio cayó sobre todos los alumnos, al tiempo que la directora tomaba la palabra.
- ¡Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts! - la mujer sonrió alegremente. James sabía por sus tíos que alguna vez la profesora McGonagall había sido una de las más temidas del castillo, sin embargo, su rostro sólo despedía bondad, y si se sabía ver bien, una ligera tristeza. – Antes de comenzar el banquete, quiero hacer una presentación. Como varios de ustedes sabrán, nuestro profesor de Defensa se retiró el año pasado, es mi honor presentarles a su reemplazo: Wyatt Nikias.
El mago sentado a su izquierda se levantó lentamente, tenía el cabello castaño largo, recogido en una coleta, y algo metálico brillaba en su oreja derecha. Sus ojos cian recorrieron a todo el alumnado, inspeccionándolo. James mantuvo la mirada, y creyó percibir una ligera sonrisa del profesor hacia él, pero segundos después ya no estaba allí, y James supuso haberla imaginado. Teniendo su mirada en la mesa de profesores, notó la falta del reconocido profesor de Herbología. Cuestionó a Annika con la mirada, pero obviamente ésta estaba tan confundida como él.
- También quiero anunciar que la Sección Prohibida y el Bosque Prohibido que le continua, están, justamente PROHIBIDOS... todos conocen la historia del lugar, hagan el favor de no romper con esta regla. - los ojos de la Directora centellearon amenazantes, y James vio en ella a aquella profesora que sus tíos habían descrito. – Ahora... que empiece el banquete
James, Annika y el resto de sus compañeros sonrieron ante la aparición de los maravillosos platos de comida, repletos de los más variados y deliciosos sabores. Los nervios olvidados, eran finalmente parte de Hogwarts.
