Las Caricias del Tiempo Por Cez (a.k.a ChePotter)

Basado en los personajes de Harry Potter, por J.K.Rowling

Esta historia es con propósitos de entretenimiento y sin fines de lucro.

14/03/07

No puedo creer que haga solo veinte días desde que actualicé... como verán, me porto bien, porque aunque no recibí rr... igual estoy trayéndoles el capi 15. Espero que les guste... a mi encantó escribir este capi.

Chei.

RESUMEN CAP 12:

Ron y Hermione se enteran del ataque... Harry le cuenta a sus amigos sorbe sus actividades durante el verano como Kony Haigh, y demás detalles de sus conocimientos sorbe la guerra. Harry y Hermione solucionan sus problemas y se hablan de nuevo. Finalmente, el quinteto se enfrenta al ED...

Capítulo 15: Magia Antigua

Harry observó a sus acompañantes, intranquilo. Era demasiado tarde, debían terminar pronto o tendrían problemas. Hermione, Ginny, Ron y Neville no parecían compartir este pensamiento. Completamente absortos en su discusión, no habían notado el paso del tiempo. El resto de los alumnos del colegio, posibles futuros integrantes del Nuevo Ejército habían marchado a sus respectivas casas hacía tres horas.

- Pero si usáramos ese ritual sería muy peligroso... – Hermione observaba el libro en sus manos con cautela.

- Es importante que el ED sea una institución secreta, Herm... no podemos arriesgarnos a que nadie fuera del círculo lo sepa - Harry sabía que la pelirroja tenía razón, pero también estaba de acuerdo con Hermione de la peligrosidad de dicho ritual. La Magia Antigua no era algo a tomarse a la ligera.

- Tal vez podamos encontrar algo menos peligroso, pero igual de potente. ¿No creen? - Neville sonaba tranquilo, él también tenía un libro en sus manos, y pasaba las páginas con pereza, en busca de algo que les ayudara.

Harry observó su reloj, impaciente. Faltaban sólo cinco minutos para las dos. No podían seguir dándole vueltas al asunto, la mañana siguiente tendrían clases. Sin embargo, sabía que la respuesta estaba escondida allí, en alguno de los libros que el salón Multipropósito tan dócilmente les había cedido. Bostezó, y tomó uno de los libros de su montón. Los había revisado todos unas tres veces, pero tenía la sensación que se perdía de algo. Quizás no había visto el provecho de alguno de los encantamientos rituales de magia antigua que los tomos ofrecían.

Las hojas amarillentas del libro le observaron con parsimonia. Casi vivientes bajo sus manos, fueron pasando una a una, dejando ver los ya conocidos encantamientos que había leído una y otra vez.

- Seguiremos buscando mañana – anunció con cansancio, mientras volvía a cerrar sin resultados el tomo, y lo apoyaba en la mesa que compartían los cinco.

- Tiene que estar aquí... siento que está aquí - sonrió a Hermione.

- Yo también lo siento, Herm. Pero son las dos de la mañana. Mañana continuamos... – un bostezo de Ron confirmó sus palabras.

Caminaron con cuidado hasta la sala común, revisando el mapa del merodeador por Filch o algún profesor de guardia. También por alguno de los aurores que se habían asentado rápidamente en los terrenos del castillo. Una vez allí, las muchachas subieron hasta sus habitaciones, y los tres jóvenes, subieron a la suya propia. En silencio se acostaron, sabiendo que al día siguiente continuarían con su investigación.

De cierta forma, la búsqueda incansable de información le hacía recordar a Harry de sus años anteriores, en las ocasiones que habían pasado días en la biblioteca, ya fuera por el misterio de Nicholas Flamel o por las pruebas del torneo de los Tres Magos. Sin embargo, esta vez sentía el peso sobre sus hombros más que nunca. Había una guerra... y él era la clave. Él era el futuro héroe.

La sensación de persecución que esa idea producía en él era, simplemente, intolerable. Tanta responsabilidad, tantas esperazas... Todas expectantes en él. Una latente emoción de desesperación cruzaba su futuro; la línea entre la salvación y el olvido. Toda su vida, aún cuando él no estaba al tanto, había sido objeto de admiración. Se había transformado en un trofeo que libraría a la comunidad mágica del mal. ¿Qué pasaría si fallaba? Se sentía humano, y niño, como cualquiera de sus compañeros. Sin embargo él era especial... su destino era proteger al mundo de Voldemort. Se sentía tan propenso a desilusionar la imagen que el mundo tenía de él pero, sobre todo, temía el significado de ello. Él tenía que vencer... Harry Potter vencería. No deseaba cargar las consecuencias de muertes y decepción.

Era demasiada presión; como cargar un saco de arena sobre los hombros bajo una lluvia torrencial. Al fin de cuentas, dependía en su capacidad de sobrevivir; de desaparecer al causante de las pesadillas de su vida de una vez y para siempre. Su destino estaba fijado desde antes de nacer, pero aquello no le preocupaba. Lo había aceptado... había dejado de negar quién era. No obstante, el miedo del fracaso no abandonaba su mente. Matar o morir... de cualquier forma sería su perdición.

Suspiró cansado, intentando alejar esos pensamientos de su mente. La reunión del ED se había prolongado por unas tres horas, en las cuales habían tratado de explicar todo lo que sabían, y deseaban hacer saber a sus compañeros; que eran necesarios, y que contaban con el apoyo del director. Les habían explicitado del secretismo con el que debía ser llevado el emprendimiento, y les habían hecho un detalle exhaustivo de los riesgos. Muchos habían temblado y titubeado, no era fácil encontrarse en una guerra, mucho menos siendo magos no preparados para el mundo, y aprender que tienes que ir a morir por lo que quieres.

Harry sabía que gran parte del grupo aceptaría, sin titubear, a entrar en el Nuevo Ejército. Pero había aún mucho por hacer antes de la reunión de la semana próxima. Se acurrucó entre sus sábanas. Había sido un día demasiado agotador.

Si alguien hubiese intentado adivinar el paradero de los jóvenes Gryffindor la mañana siguiente, las posibilidades de que hubiesen acertado serían mínimas. Los cinco chicos caminaban por el conducto secreto al cual se accedía a través del Sauce Boxeador. Neville y Ron observaban a las muchachas que guiaban la marcha con bastante rencor. Cosa que era de esperarse, siendo solamente las seis de la mañana; lo que había otorgado al grupo unas cuatro horas de sueño.

Harry por otro lado se encontraba intrigado. Las dos muchachas se habían escabullido en su habitación minutos atrás, les habían levantado (con bastante dificultad) y pronto los hacían seguirlas hacia la Casa de los Gritos. Acostumbrado a malas noches de sueño, incluidas algunas durante el verano, lo poco que había dormido le permitía estar alerta, y en cierta forma, divertido ante la situación.

Se cuestionaba qué podían estar planeando Hermione y Ginny. Sabía que ellas también deseaban volver a sus camas, pero que consideraban, lo que fuera que tenían planeado, más importante en esos momentos. Por ello no se había negado en ningún momento, y había acotado todas sus misteriosas órdenes.

- ¿Realmente esto no puede esperar? Caeré dormido en cualquier momento...

- Ron, no te quejes tanto. Además, sí es importante. – Ginny sonrió y apuró aún más el paso.

No tardaron mucho en llegar a destino. La casa se encontraba igual de desgastada y sucia que siempre. Obviamente la verdad de dicha casa seguía siendo un misterio para la comunidad mágica y poco se atreverían a poner pie en ella. Pero allí se encontraban ellos; Ginny y Hermione acomodando un poco los alrededores para que pudieran tomar asiento sin terminar cubiertos en polvo, o encogidos dentro de un resorte suelto del sofá.

- ¿Piensan explicarnos? – Neville se sentó en una de las sillas que Harry conjuró. Hermione y Ginny abandonaron su tarea, y tomaron también asiento.

- Podrías haberlo hecho antes, ¿no? – Harry se encogió de hombros, y esperó a que alguna de las muchachas explicara.

- No queríamos ir al salón Multipropósito... es mejor hablar aquí, más seguro diría yo. – Hermione tomó la palabra. – Tenemos una propuesta para hacerles, aunque dudo por sus comportamientos de esta mañana...

- Herm, la mañana siquiera comienza.

- Como iba diciendo... – la muchacha miró seriamente al pelirrojo, y continuó, - dudo que les agrade completamente, pero con Ginny – la menor del grupo asintió en aprobación – creemos que sería bueno implementar una suerte de entrenamiento...

- ¿Pero no es eso lo que haremos en el ED?

- Sí, Nev. Pero lo que Herm quiere decir es un entrenamiento propio. Después de todo, ¿no se supone que nosotros seremos quienes organicen el nuevo ED? ¿Cómo lo haremos si no estamos completamente preparados? - Harry asintió ante la mirada exhaustiva de Ginny y Hermione.

- ¿Qué es lo que tienen en mente?

- Un entrenamiento rutinario. Todos los días, antes del desayuno. – Hermione sonrió ante el rostro disgustado de Ron; de seguro que la idea de madrugar no era de su agrado.

- Pensamos en ejercicio físico y mágico. Ir creando circuitos, procurar enfrentamientos entre nosotros... nos puede también ayudar con el ED.

- ¿A qué hora se acostaron? – la pregunta del joven Potter tomó a las muchachas desprevenidas, y le miraron con clara sorpresa.

- No lo hicimos.

- No sé porqué me lo imaginaba... Y supongo que esperan empezar hoy. ¿Me equivoco?

- ¿Es que acaso eres una versión joven de Trelawney, Harry?

- Ginny, no es difícil leer sus intenciones. – sonrió divertido. Le gustaba la idea de que ambas jóvenes comenzaran a tomarse todo el asunto en serio, que comenzaran a plantearse problemas como ésos. Era señal de que estaban prontas para emprender el camino que estar a su lado les había sellado. – Pero yo diría que mejor organicemos lo que vamos a necesitar, y cómo lo pensamos hacer. Ustedes no resistirán ni cinco minutos por la falta de sueño. Además, tenemos un largo día por delante.

Se levantó, y sintiendo las miradas de sus amigos sobre él, caminó alrededor de la habitación. Era un buen lugar para practicar. Un simple hechizo transmutador de sonido, y sus voces serían tomadas como parte de la fantasmagórica Casa de los Gritos, permitiéndoles así aún más privacidad y seguridad. Tenía recodos y escaleras; les ayudaría a enfrentarse a diversos obstáculos. Tenía suficiente espacio como para ellos cinco, suficiente incluso para verse divididos y trabajando en diferentes áreas.

Tenía que admitir también que, a pesar de poseer un nivel mayor que sus amigos, habiendo recibido algunas clases especiales durante el año anterior, y teniendo una habilidad especial por Defensa, aún así faltaba mucho para encontrarse en un buen nivel. El entrenamiento que Ginny y Hermione proponían era más que necesario.

- Un par de encantamientos, y tendremos circuitos, áreas de ejercicio, y de duelo... ¿cuándo quieren comenzar? – sabía la respuesta, pero nada perdía en darles el gusto de decirlo ellas.

- Mañana mismo.

- Entonces, mañana a las seis nos encontramos en la Sala Común – decidió que prefería despertarse por su cuenta, antes de arriesgarse a que las jóvenes fueran descubiertas en la habitación de los chicos – y vendremos aquí y comenzaremos.

- ¿Podemos ir a dormir un poco más ahora?

- Impaciente. – sonrió a su amigo, y emprendió camino de vuelta al colegio.

Ahora que lo pensaba... Sólo la caminata de ida y vuelta hasta la Casa de los Gritos sería un ejercicio que les impondría resistencia. Trató de no pensar demasiado en el tema, ya tendría otros momentos para pensar en entrenamiento, a esas alturas la sola idea comenzaba a darle jaqueca.

Una vez de vuelta en los terrenos del castillo, Ron, Hermione y Ginny se dirigieron hacia la Sala Común, mientras Harry y Neville se encaminaron con decisión hacia el salón multipropósito. Tenían una hora antes de tener que volver al Gran Comedor, y ambos jóvenes deseaban utilizarla en la búsqueda del dichoso encantamiento-ritual.

Todos lo que habían encontrado la noche anterior eran o inútiles a la causa, o demasiado peligrosos para ser utilizados en sus compañeros. Harry sabía que la magia antigua era muy poderosa, y el más sencillo de estos encantamientos tendría incluso el poder de quitarle la vida a alguien si no se tomaban las precauciones necesarias a la hora de su realización.

Neville le pasó uno de los libros que tanto habían revisado la noche anterior, mientras tomaba al mismo tiempo uno para sí. En silencio, y con tranquilidad comenzaron a revisar las páginas escritas de los tomos.

Si no hubiese estado completamente seguro de que la respuesta estaba allí, hubiese dirigido sus pasos bajo la capa de invisibilidad hacia la sección prohibida de la biblioteca. Pero así como él lo sentía, Hermione también lo hacía. Además, la serenidad, perseverancia y calma de Neville lo mostraba así.

Nuevamente las hojas les mostraban los mismos encantamientos de la noche anterior. Ninguno servía, ninguno proponía un verdadero juramento, una verdadera proeza de unión. Se sentía frustrado, sabía que estaba por allí, pero no sabía dónde. Por otro lado, tanta búsqueda le daba la sensación de que exageraban.

- Crees que es demasiado, ¿verdad? – sonrió a Neville. El muchacho había apoyado su libro en la mesa, y le observaba con cautela. – Sé que parece que lo es... pero, y citando palabras de Luna: 'estamos en guerra, todo es exagerado.'

- Sé que es necesario, ya tuvimos problemas en quinto año, y allí sólo nos enfrentábamos a la inepta profesora de defensa. Todo lo que hemos encontrado es demasiado peligroso como para usarlo. La magia antigua es un sello muy difícil de quebrantar, Nev.

- Sí lo sé muy bien. Sólo no lo pienses tanto hasta que encontremos el hechizo indicado. ¿Te parece? – Neville le sonrió, y retomó su lectura.

El muchacho tenía razón. Luego de que encontrara el encantamiento indicado podría ver los pros y contras de utilizarlo. Podría ver si era demasiado peligroso usarlo o no. Mientras, debía seguir buscando, porque sabía que estaba allí en alguna parte. Dejó el viejo libro sobre la mesa, y rebuscó entre el montón de tomos por su siguiente lectura. Tomó un volumen entre sus manos. Parecía más antiguo que los demás, y estaba seguro que él no le había echado el ojo aún. Tenía unas tapas negras y pesadas, y las hojas parecían doradas del desgaste. Alguien ya lo había leído porque no estaba cubierto por la capa de polvo que hubiese esperado de contrario.

Respiró con tranquilidad. El libro pesaba en sus manos, y algo le decía que allí podía estar la solución a sus problemas, sólo tenía que hallarla. Las hojas eran suaves y dóciles. En su primera página tenía la inscripción que, Harry supuso, era el título, y aunque no supo que significaban las palabras 'Imaan Uigtaga' sentía que sería algo bueno.

Pasó a la siguiente hoja. El libro se encontraba escrito totalmente en otro idioma. ¿Quién había leído aquel libro antes? ¿Por qué no habían mencionado que había un libro que no podían leer?

- ¿Nev, tú habías visto este libro...? – preguntó intrigado, mostrando la tapa del ejemplar a su compañero.

- Creo que sí, me pareció que lo estaba leyendo Ron anoche...

- ¿Estás seguro que lo estaba leyendo? – se encontraba contrariado.

- Sí, estuvo un buen rato pasando sus hojas, para atrás y para adelante, por un momento creí que había encontrado el libro indicado, pero luego lo volvió a dejar en la mesa...

- Qué raro... – observó el libro, acariciando el lomo con delicadeza.

- ¿Por? – Neville había dejado su lectura y le observaba con curiosidad.

- Porque está en un idioma que no conozco.

- Pero si lo estaba leyendo...

- Sí. – observó su reloj – mejor bajemos, se preocuparan por nosotros, y de paso, podremos preguntarle a Ron – Neville asintió y se aprontó a salir.

Observó el libro. No podía dejarlo allí, sentía que era demasiado importante, no podía dejar que nada le pasara. Colocó el volumen entre sus pertenencias, y siguió a Neville fuera del Salón.

En el Gran Comedor los otros tres gryffindors les esperaban impacientes, mientras se servían sus desayunos. Harry y Neville se sentaron frente a ellos con una sonrisa.

- ¿Encontraron algo...? – la voz de la castaña fue sólo un susurro para que nadie les escuchara.

- Tal vez... ¿Alguno de ustedes estuvo leyendo un tomo negro y de páginas finas y doradas?

- Sí, yo... ¿había algo? Yo no encontré nada. – Neville y Harry intercambiaron miradas ante la respuesta del pelirrojo. Ron, contrariado por la actitud de sus amigos, levantó una ceja con curiosidad.

- ¿Estás seguro que lo leíste? – Harry remarcó en la última palabra lo más que pudo.

- ¿Acaso no confías en mí? – el tono ofendido de Ron le advirtió que había tomado un mal camino con sus palabras.

- Claro que confío en ti, Ron. Me refiero a que si pudiste leerlo.

- Hasta donde yo sé, sé leer. – Parecía que cada cosa que decía hacia enfadar aún más a su compañero, pero estaba embriagado por una infinita curiosidad, y por las miradas que dirigía Neville a su amigo, él también lo estaba.

- Bien. En el almuerzo iremos al Salón, y les mostraré lo que encontramos... – Ron lo miró dolido. Trataría de explicarle lo más discretamente la situación antes del mediodía, pero no podía arriesgarse a hablar del misterioso libro frente a todo el colegio.

- Yo no sé ustedes – Ginny rompió el silencio con una tímida sonrisa – Pero mis clases empiezan en cinco minutos, nos vemos en el Salón.

Los cuatro alumnos de séptimo se miraron intrigados. Sus relojes marcaban aún quince minutos antes del comienzo de su primera clase del día. Sin embargo, y sin hacer comentario alguno sobre el extraño comportamiento de la pequeña Weasley, se levantaron y se encaminaron en silencio hacia su futura clase. Harry se colocó al lado de Ron, y Neville entendiendo sus intenciones, tomó la delantera, llevándose a Hermione con él.

- No encontramos lo que buscamos aún.

- ¡Que bueno! – el tono irónico de su amigo le dolió en lo más profundo del alma, pero sabía que momentos atrás lo había hecho quedar mal, cuando realmente lo único que estaba era sorprendido.

- No te puedo explicar aquí, lo sabes bien... prométeme que no juzgarás nuestra conversación de recién hasta que hayamos podido hablar del tema – Ron le miró dubitativo, comprendiendo que había algo más allá de la simple búsqueda del endemoniado encantamiento.

- Muy bien. Pero más te vale tener una buena razón, Potter. – Harry se encogió al escuchar el rencor en su apellido, pero se tranquilizó cuando Ron le sonrió divertido, y les apuró a llegar junto a Hermione y Neville.

La primera clase que tendrían sería Defensa Contra las Artes Oscuras. Tenían predestinadas diez horas por semana de dicha materia, aún así, todavía no habían tenido ni una. El profesor había presentado una enfermedad, y no había podido asistir a las clases. No hasta ese día.

Entraron en silencio al salón, y se sorprendieron de ver a la mayoría de los alumnos de séptimo ya sentados en el lugar. Tomaron unos de los primeros asientos al frente contra las ventanas (puesto que eran las que usualmente ocupaban) y miraron con entusiasmo a su alrededor. Nadie había tenido clase con el nuevo profesor aún, siquiera alguien le había visto, y la expectativa se hacía notar en el aire. Era bien conocido el bajo nivel de la mayoría de los profesores durante los últimos años.

El año previo había corrido prácticamente con la misma suerte que los anteriores, salvo que la mujer sí conocía lo que hacía. Les había enseñado unos cuantos hechizos y encantamientos, pero la pobre, con sus setenta años de edad, y pocas ganas de vivir, no había llegado a enseñarles un cuarto de lo que debía para el final del año, falleciendo finalmente en un ataque de Voldemort durante el verano.

De un momento a otro el silencio cayó sobre el alumnado presente. Esa clase la compartían Gryffindor y Hufflepuff. Todos los integrantes de séptimo de ambas casas estaban presentes, y silenciados por la entrada del nuevo profesor. Era un hombre bajo, y de rostro regordete. Tenía el cabello negro canoso, y una enmarañada barba de unos diez centímetros de largo. Sus ojos eran de un extraño color verde claro, y a pesar de su apariencia tosca, iluminaban con alegría a quien le observaba.

- Buenos días. – saludó cortésmente, mientras dejaba su capa sobre su silla. Vestía una elegante toga negra, atada con una suerte de cuerda dorada, que contrario a las expectativas, hacía del conjunto una buena adquisición, y estaba rematado por unos pantalones, también negros. El 'colorido' de su vestimenta les hizo acordar de Snape.

- Buenos días. – el saludó respetuoso de la clase se hizo escuchar.

- Mi nombre es Prieto Tísico y seré su profesor de Defensa durante el año escolar – el hombre sonrió alegremente, y se paseó por los estudiantes. – Me han contado que su año es uno de los mejores, a pesar de algunos de los profesores que les han tocado. Me gustaría ver qué saben hacer, pero perderíamos demasiado tiempo, y ya hemos perdido mucho por mi culpa.

Harry observó como el hombre volvía en silencio hasta su escritorio, y tomaba el listado entre sus manos, lo leía para sí, mientras pasaba su mirada de uno en uno de sus estudiantes. Esperaba que resultara un buen profesor, y tenía buenas sensaciones con respecto a éste.

- Como saben estamos en guerra. No todos los profesores están de acuerdo en hablar del tema con ustedes, los niños... – Harry sonrió ante la ironía que usó el hombre en dicho término. – Pero yo les enseñaré defensa, les enseñaré lo más que pueda a defenderse de los ataques que puedan recibir a causa de esta guerra. Deben estar prevenidos ante cualquier posibilidad... nadie puede escapar. La palabra neutral no suele durar más que unos días. Todos somos víctimas y participantes de este enfrentamiento. Yo estoy aquí para asegurarme que cuando les toque, lo hagan lo mejor posible.

El trío y Neville se sonrieron cómplices. Aquello era un mini discurso abreviado de lo que ellos habían planteado al ED, y sabían que las palabras del profesor no sólo serían ciertas, sino que les ayudarían a ellos también, haciéndoles comprender a sus compañeros que la guerra llegaba a todos.

- Muy bien... como saben hay dementores vagando por las calles, dementores que son aliados de Voldemort, dementores que no se detendrán ante nada, ni siquiera a saber de qué lado del bando están. Sé que muchos de aquí saben elaborar el encantamiento Patronus, y que pueden realizar Patronus corpóreos... – el hombre dirigió su vista a Harry durante unos segundos. – Quiero saber lo que pueden hacer, y quienes pueden hacerlo... allí dividiremos la clase en dos grupos: los que puedan hacer un buen Patronus Corpóreo y quiénes no. Cuando los que aún no lo logran lo tengan dominado, cambiarán de grupo, y se unirán a los estudios del otro grupo. – Seamus levantó la mano con timidez, y esperó a que el profesor le cediera la palabra. – Adelante, Joven Finnigan. -

- ¿De esa forma no habrá gente que siempre irá atrasada con respecto a los demás? – Seamus se encogió en su asiento, temiendo haberse propasado con la autoridad del profesor.

- Es una buena acotación, joven Finnigan. Pero hay una razón para ello... para manejar el encantamiento Patronus hay que tener mucha capacidad, si no se tiene suficiente habilidad para proyectar un Patronus, no logrará nada con el resto de los encantamientos. Lo que pienso enseñarles es magia de gran nivel, y me han dicho que con trabajo y dedicación estarán prontos para realizarla. Por otro lado, joven Finnigan, los dementores son una de las mayores armas de Voldemort... – Harry sonrió notando finalmente, ante el nuevo salto de sus compañeros, que era la segunda vez que el profesor usaba el nombre correcto del que-no-debe-ser-nombrado. – Es necesario que puedan protegerse de ellos, y yo me encargaré que depositen todo su potencial hasta lograr hacerlo. Muy bien, que comiencen las demostraciones.

Harry se dejó caer pesado en uno de los sofás que el salón Multipropósito le había proporcionado en esa ocasión. Las clases de la mañana habían sido completamente agotadoras, sobre todo Defensa. La clase quizás no había sido provechosa en sí misma, pero Harry confiaba en que a futuro fuera de ayuda. Todos y cada uno de los alumnos presentes había realizado su demostración, aquellos que como Harry, Ron y Hermione, ya le tenían control al encantamiento Patronus, habían sido hechos a un lado, con la promesa de que no volvería a ser así, mientras el profesor anotaba los errores y puntos a seguir de quienes, como Neville, aún no lograban controlarle completamente.

Sus compañeros habían decidido pasar por sus habitaciones luego de las clases de la mañana, pero Harry había preferido dirigirse directamente hacia el salón Multipropósito. La verdad era que le dolía la cabeza de cansancio y ansiedad, y deseaba dar una ojeada al libro, preferiblemente solo. Sacó el tomo de entre sus pertenencias, y lo posó sobre su regazo. La respuesta a su búsqueda estaba allí... si no había más que ello.

Pasó las primeras páginas, prácticamente vacías, y se concentró en el primer escrito que aparecía en aquellas hojas. La tinta era negra pero delicada, y los trazos de aquel extraño idioma se delineaban con soltura a lo largo de la página. Comenzó a leer, tratando de descifrar que dirían aquellas palabras.

"Eees bores li odgraas, o osyl quae lonc le vadderore cicnoimoneto apa eerlor, op ráseer ne us samnso trosec esnu tore. Lade Imaan Uigtaga u qsue gur ed os Lloscie lay Errtai sahen taju don tesos mtint-canaeosen, roups oom claam ed gánel, siy roecs. O osl le ien bsel brá-as lizacanra, Rán es natpo rosdeos oom scuu ño-ed, jay ás ñom-da ráahn."

Suspiró. Jamás sabría qué querían decir aquellas palabras. Dejó el libro, allí estaba la respuesta a sus problemas, sólo que no sabía cómo hallarla. El resto de los libros habían pasado a la historia en su mente, y por lo tanto, el Salón no se los había proporcionado. El ruido de la puerta abriéndose le hizo saltar en su lugar, y observó con sorpresa la delinea figura de Hermione entrar al lugar.

- No llegó nadie aún...

- Puedo verlo. – ella sonrió y se sentó a su lado, observando el misterioso tomo de tapas negras. – No parece muy seguro.

- Lo sé. Pero lo es. – recibió una sonrisa sincera, y Hermione tomó el libro entre sus manos.

- El encantamiento está aquí, ¿verdad?

- No necesitas que te lo responda. Ya lo sabes. - le sonrió con tímidamente. Ocupado con el ED, la búsqueda y las clases, casi ni había tenido tiempo en pesar en su conversación del día anterior.

- ¿Cuál es el problema entonces?

- Que no puedo leerlo. – Hermione abrió los ojos lo más que pudo, observándole sorprendida. – Está en otro idioma...

- Pero Ron...

- Eso es lo que quiero saber. – tomó una de las manos de la muchacha entre las suyas y le sonrió. – Todo irá bien.

La puerta volvió a abrirse, y Harry soltó la mano de Hermione, al tiempo que Ginny entraba, seguida de Ron y Neville.

- Tú estás en algo raro...

- No estoy en nada raro, Ron. No seas tan tonto. – Ginny se sentó frente a Harry y Hermione con una gran sonrisa en el rostro. – Bien. Ilústranos, Harry. Tengo curiosidad.

Ron observó a su hermana con desaprobación, pero Harry conocía lo suficiente a Ron para saber que estaba divertido por el comportamiento de la muchacha. El pelirrojo y Neville se sentaron a sendos lados de la joven Weasley, y esperaron expectantes.

- Lee el título, Ron – le pidió pasándole el libro. Ron lo miró confundido pero aceptó el objeto.

- Magia Antigua. – Harry y Neville se miraron azorados, Hermione tampoco caía en la sorpresa, y Ginny que no comprendía nada, tomó el libro en sus manos, y leyó lo que había leído su hermano.

- ¿Qué tiene de raro que diga Magia Antigua? – cuestionó la joven sonriendo.

- ¿Tú también?

- ¿Yo también qué, Nev?

- Tú también puedes leerlo, Gin. – Harry se levantó del asiento. Había algo allí que hacía a los dos hermanos privilegiados. La cuestión era saber que era, y si lo que ellos leían era verdaderamente lo que allí estaba escrito.

- Claro que puedo leerlo, es un libro. – Ginny estaba confundida, y Ron no se quedaba atrás, se miraban intrigados ante la actuación de sus compañeros.

- Pero está en otro idioma, Gin.

Ginny elevó su mirada hacia sus esmeraldas, y suspiró. Luego volvió a posar la mirada sobre el texto, y el grito que dio hizo saltar a todos sus compañeros.

- Imaan Uigtaga.

- ¿Cómo has sabido pronunciarlo?

- Es... es... – Ginny parecía temblar de pies a cabeza, y pasó el libro a su hermano, quien al igual que Ginny gritó al leer sus páginas.

- Es el Idioma Perdido, el idioma de los magos antiguos. – respondió Ron, recobrando la compostura que Ginny parecía haber perdido.

- Pero es imposible. – Hermione se levantó de su asiento, y miró a Ron con incredulidad. – Es imposible... no pueden estar leyendo el Idioma Perdido.

- Pues lo es.

- ¿Cómo sabes, Gin?

- Simplemente lo sé, Herm.

- Disculpen. – Neville, único del grupo que todavía no se había levantado de su asiento, y que les miraba azorados a los cuatro, les llamó la atención, recibiendo inmediatamente cuatro pares de ojos sobre él. – Podrían explicar que es el Idioma Perdido. Tal vez, entonces, podríamos pensar porqué ellos pueden leerlo.

Observó a Neville con tranquilidad y asintió. No había dicho nada hasta el momento porque las reacciones de sus compañeros le tenían intrigado, sin embargo, él tampoco estaba al tanto de este misterioso Idioma Perdido.

- El Idioma Perdido es el más antiguo de todos. Solo pocos elegidos lo han sabido a lo largo de la historia, y por tanto se utiliza para transmitir información, que solo los dotados de este idioma podrán comprender. No hay forma de descifrarlo ni aprenderlo, a pesar de que existen tomos donde se ha reconocido dicho idioma. En la actualidad son pocos quienes realmente pueden identificar el idioma, y... – Hermione sonrió curiosa, - los últimos en conocer el idioma fueron tres de los fundadores de Hogwarts.

El silencio que continuó a la lección de historia de Hermione fue sorprendente. Incluso Ron y Ginny que conocían los hechos se encontraban anonadados por la experiencia. Después de todo, los últimos en leer el Idioma Antiguo habían sido los Fundadores de Hogwarts. Los últimos antes que ellos.

- 'Eees bores li odgraas' – Ron sonrió mientras leía las primeras palabras del párrafo de iniciación del libro. – Este libro es sagrado. Y sólo aquél con el verdadero conocimiento para leerlo, poseerá en sus manos nuestro secreto.

- ¿Por qué ustedes?

- ¿Tendrá algo que ver con la ascendencia? – la pregunta de Hermione era más idónea que la del tímido Gryffindor. Sin embargo, nadie era capaz de responderla.

- Creo que Ron y yo tendremos que leer el libro, quizás así podríamos entender.

- Es un buen sistema.

- Lo escribieron los Fundadores.

Harry dirigió su vista hacia su mejor amigo. El pelirrojo mantenía la mirada sobre el texto, leyendo impasible, algo jamás imaginado en él. Sus dedos delineaban las palabras, como hipnotizado por el texto.

- No necesariamente es quien lo lee el que tiene el poder para usarlo.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Que es una especie de canal. Ginny y yo somos los canales, los destinados a leerlo, pero no necesariamente está en nosotros utilizarlo.

- Cada vez entiendo menos. – Neville se hundió en su asiento, y Harry le imitó al momento.

- ¿Cómo lo entiendes tan rápido?

- El libro te elije por alguna razón, y luego se funde contigo. – explicó Ginny.

- ¿Cómo lo sabes?

- De nuevo. Sólo lo sé.

Harry suspiró. Aquello sería mucho más complicado de lo que esperaba. Por alguna razón sabía que ese libro era lo que necesitaban, ahora y más adelante.

- Oh... – Hermione se sentó al lado de Harry casi con desesperación.

- ¿Qué pasa, Herm?

- Es... es el Libro de la Magia Fundadora.

- ¿El libro de la que? – Neville saltó en su asiento, nuevamente abrumado por la cantidad de información que le estaban otorgando en esos momentos.

- El libro de la Magia Fundadora. Se supone es una leyenda... pero está aquí. Es un libro especial de Magia Antigua. Lo crearon los fundadores; Hufflepuff, Ravenclaw y Gryffindor. Luego de que Slytherin abandonara el castillo.

- ¿Qué dice la leyenda? – Ginny se acomodó en su asiento. Harry dirigió una mirada preocupada a Ron, quien continuaba inmerso en su lectura.

- Es un libro con magia propia obviamente. Algo así como el diario de Ryddle. – Ginny se movió incómoda ante la mención del objeto. – Pero este libro es bueno, está hecho para satisfacer el bien, y proteger el castillo. La leyenda dice que este libro se le otorga a ciertos elegidos cuando los tiempos lo requieren... cuando siente el peligro.

- Como el sombrero seleccionador, que nos ha venido dando alertas porque presiente el riesgo. – acotó Neville. Hermione asintió.

- Se supone que está formado para ayudar al bien a triunfar. La leyenda explicita que no siempre son los héroes los que reciben el honor, pero quienes los reciben se funden en uno con el libro. Por eso terminé de entender... tenemos que decirle a Dumbledore.

Ninguno pareció importarle el tono preocupado de la muchacha, y decidieron que no era urgente hablar con el Director. Harry sentía que había mucho aún que aprender, Ginny y Ron debían leerlo, y encontrar el encantamiento que necesitaban, luego verían qué hacer con el libro.

- Creo que será mejor que nos vayamos, y pasemos por las cocinas si no queremos seguir el resto de la tarde sin haber almorzado. – sonrió a Hermione, pidiéndole que confiara en él.

- Genial. El libro me está dando dolor de cabeza.

- Ron, no dejes que nadie vea ese libro.

- No lo haré, Herm, no lo haré. – El muchacho guardó el objeto con tremenda delicadeza, y les sonrió expectante. - ¿Nos vamos?

- Por supuesto.

El grupo sonrió, y emprendió su camino hacia las cocinas. Harry suspiró para sus adentros, notando que cada vez realizaba más aquella acción. Pero cada día parecía ponerse más agotador que el anterior, más complicado, y más enredado. Temía que el asunto siguiera empeorando, y lo peor de todo era que sabía que lo haría. Sólo esperaba que ese libro les trajera algunas respuestas.