"Aunque no te acuerdes ya de mí
Yo siempre cuido de ti.
Me he convertido en luz
Para guiarte hasta a mí."
2. La decisión
Le habían dejado el disfraz en la silla de su tocador. Aquella mañana iba ser un día especial y ella iba a ser el foco de celebración cuando ni siquiera quería serlo. El motivo de esta fiesta era por su llegada.
Desde que había regresado con su padre, habían transcurrido ya dos semanas y a pesar de todas sus negativas, su padre había ideado esto como una forma de que Lucy se sintiese mejor y que olvidase todo lo malo que le sucedió, conociendo más gente e iniciando una vida más acorde a su edad y a su status social.
Sólo que Lucy no quería eso.
Casi no salía de su habitación y, como un verdadero fantasma, se hallaba ese extravagante pistolero que parecía nunca abandonar su vigilancia para con ella. Desde hacía una semana que ella no le hablaba y ya casi se había acostumbrado verlo allí cada vez que salía al comedor, intentando él hablar un par de palabras que ella ignoraba.
El sol se ocultaba con los últimos retazos de la aurora y un par de lacayas entraron a su habitación. Con delicadeza y ternura le pusieron el vestido de plata y azul, la maquillaron y peinaron con un medio moño que trenzaron con cintas azuladas. Por último, le entregaron un antifaz lunar que ella recibió en una mano.
-Señorita… (Una sirvienta le habló tímida) Su padre nos pidió que le entregáramos esto, era de su madre
Uniendo las dos manos, Lucy acogió una gargantilla de una luna menguante con una estrella entre sus puntas de plata. Se la puso en el cuello y salió de su habitación escoltada por sus lacayas. Vash no estaba allí como de costumbre pero a ella no le importaba ya que hacía aquel hombre. Llegó a la gran sala de su casa y su padre le dio un brazo que ella recibió, bajaron juntos la escalera y con una copa en mano, el padre vociferó:
-¡Damas y caballeros! ¡Sean bienvenidos a esta gran fiesta de máscaras para mi hija Lucy que ha regresado a su hogar! ¡Beban y diviértanse a su salud!
-¡SALUD! (Gritaron todos)
El señor Heartphilia dejó a su hija de la mano de un hombre vestido de naranjo y dorado con una máscara de sol, y se unió a la conversación de unos burgueses.
-Ahora, señorita Lucy ¿Le gustaría bailar conmigo?
Le reconoció la voz de inmediato, era el pistolero.
-¿No podemos sólo sentarnos? (Le dijo por respuesta)
-Pero su padre…
-Está bien… (Rezongó molesta) Sólo una ¿sí?
Dieron un giro e iniciaron el primer baile de la balada.
ooOoozoeooOoo
Le habían dicho que los Heartphilia tenían la costumbre de hacer fiestas de la época victoriana y que la gran mayoría eran con máscaras de la naturaleza. Con gran facilidad se hizo con un traje rojo y un antifaz cualquiera del mismo color. Se presentó a aquella fiesta escabulléndose entre los otros invitados y se hizo uno más de la muchedumbre danzante.
ooOoozoeooOoo
Había terminado la canción, pero los recuerdos de su madre le hicieron bailar la siguiente y la siguiente canción, feliz. Ya había cambiado de pareja y ahora estaba con uno que vestía de verde y con una máscara de trébol. La canción que se tocaba en ese instante era una alegre y rápidamente cambió de otro que era totalmente blanco con una pequeña estrella en la máscara. Otro giro más y cayó en los brazos rojos de una máscara de dragón que la miraba fijamente. Cuando había llegado a este último ya había terminado la canción rápida y ahora empezaba otra lenta, más pausada.
Dieron unos giros, cambiaron de mano. Danzaron como nunca antes ella pudo haberlo sentido como si hubiese sido de esa vez… en España. Se detuvo. Rozó con sus dedos la máscara de su compañero y sintió un hormigueo. Apartó la mano y dieron un último giro, haciendo ella un ademán de marcharse y cambiar de pareja. Pero el dragón la detuvo y siguieron bailando la siguiente canción. Perpleja, sintió que en las manos de su pareja había algo familiar que luego rectificó cuando se acercó un poco más, viendo a través de la máscara unos ojos negros que conocía bien…
De pronto, la máscara de sol los apartó y se la llevó danzando hacia otro lugar de la pista.
-¿Qué haces? (Dijo Lucy, molesta)
-Sólo bailo con mi luna ¿Es malo? (Vash rió burlón)
Danzando de nuevo, cambiaron de pareja y, de alguna forma ansiosa, deseó ver otra vez esos ojos negros…
Su cintura fue atrapada en el acto y volteándose lo encontró otra vez. Su ropaje rojo contrarrestaba totalmente con su vestido azul y eso… le trajo otro recuerdo. Completaron la canción y ella se dejó guiar totalmente por esos brazos conocidos hasta caer en la magia que un baile te puede dar…
De pronto, recordó que aquella fiesta no era para que ella estuviese divertida. Se alejó un tanto del dragón e inclinó la cabeza, en un gesto totalmente victoriano. Cogió su vestido y entró en un pasillo, lejos del salón de baile. Ingresó en otro más menudo y cerró la puerta tras de sí, con llave. Miró la habitación intentando relajarse y reconoció que era la oficina de su padre con aquel gran ventanal que dejaba filtrar la luz de la luna y sus estrellas.
Escuchó unos pasos, llevó una mano a su cintura y esperó expectante…
La manija se movió suavemente primero de un lado, luego del otro, para dar una vuelta entera hacia la izquierda.
Sacó suavemente su látigo que se había pasado como una cinta azul gruesa en su cintura y lo preparó…
La puerta comenzó a abrirse de a poco, infiltrándose la luz de las ampolletas a través de ella. Una persona la traspasó y…
-¡Auch! Eso dolió, señorita
Lucy recogió su látigo luego de asestarle un buen golpe a Vash que se sobaba su cabeza.
-Eras tú… (Lucy suspiró, aliviada)
-¿Quién más iría ser…?
No pudo seguir más, sintió el frío cañón de un revólver que en ese mismo instante cargó. El arma le hizo levantar las manos y caminar unos cuantos pasos hacia dentro. Entrando ambos a la oficina, Lucy pudo reconocer al de la máscara de dragón que la miró fijamente. Empujó a Vash y con el arma señaló a Lucy para que se intercambiaran de posiciones. Ella miró a su guardián y este le hizo un gesto afirmativo. Sacó su látigo y desvió la atención del dragón. Le quitó su fuego y Vash aprovechó para apuntarlo con su pistola blanca.
-Este es el fin (Vash habló grave), ríndete
El dragón levantó sus manos y mostró un detonador en ellas.
-No… ¡Los invitados! ¡Mi padre! (Lucy torció su látigo, impotente)
El dragón la señaló y luego hizo lo mismo con el detonador.
-Entiendo (Dijo ella)
Tiró el látigo y se acercó lentamente a sus garras…
-Señorita Lucy, ¡No!
-Tranquilo, Vash. Estaré bien
Avanzó hasta estar bajo su control y el dragón la abrazó con un brazo en su garganta y la otra con el detonador a la vista del sol. Salieron ambos, dejando encerrado con llave a Vash. Tiró el detonador y la hizo avanzar a través del largo pasillo de la mansión. Intentando ver una forma de escapar, la luna intentó asimilar la situación, pues, como ya no estaba el detonador ni en juego la vida de muchas personas podría deshacerse de él y…
Pero un filo frío en su cuello la obligó caminar dócilmente.
Llegaron a su habitación y él la obligo a abrirla. Obedeciendo ella, lo hizo y los dos entraron dejando la puerta cerrada tras de sí. Aprovechando el descuido, la luna lo golpeó con su pierna en sus partes íntimas y se alejó hacia su cama, sacando un puñal entre los almohadones.
A pesar del fuerte golpe, el dragón se mantuvo en pie y empuñó su propia navaja y se fue a por ella con pasos tambaleantes.
La luna llena pudo mostrar la feroz batalla que se formó con su luz. El brilló de las hojas brillaron con intensidad, golpe tras golpe. Volvieron a bailar como lo habían hecho en el salón de la fiesta, sólo que ahora se encontraban los filos y no sus manos con el compás. Esquivando, atacando, evadiendo, contraatacando, resistiendo, estocando, sorteando, afrontando… el roce de las armas blancas centellearon en la noche.
-Nunca pensé… (La luna bloqueó con más fuerza el estoque del dragón) que mi asesino sería tan bueno
Se separaron.
-Me siento halagada con tal honor (Prosiguió antes de lanzarse otra vez al ataque)
La danza volvió a iniciarse y ambas partes seguían a pesar del cansancio.
Aprovechando que el campo de batalla era su habitación, Lucy fue hasta su cama, sabiendo que el dragón la seguiría. Se encaramó a los pilares y dio un giro en uno de ellos y botó de una gran patada a su adversario que cayó de espaldas. De un salto el dragón se levantó pero no previó que unas sábanas lo atraparían e intentó quitárselas con toda la velocidad que pudo pero…
-Te tengo
Ahora era él quien sentía un frío filoso en su cuello.
-¿Quién te mandó? (El dragón no dijo nada) ¡Contéstame!
Lucy puso más presión, sacándole un hilillo de sangre. Pero el otro se mantuvo impasible, entero.
Estaban cerca, muy cerca. La altura de ambos era considerable, pero el aroma del dragón la dejó unos momentos en el recuerdo, aturdida por la añoranza que su asesino le brindaba.
-Al menos… (Murmuró ella) ¿Podrías decirme quién… eres?
Sin darse cuenta, aflojó demasiado su puñal y esto fue aprovechado y cambiado radicalmente los papeles. Ahora era la luna que volvía a sentir el filo pero podía ver la máscara, podía ver sus ojos…
Otra vez esa sensación que la desconcertó e inundó de recuerdos.
-Mátame
Fue una palabra simple y decisiva, sin embargo, no hubo ninguna reacción del dragón.
-Mátame, ya no tengo nada para poder seguir viviendo
Sintió que el filo temblaba.
-¡Mátame! (De pronto, notó que su cuello se liberaba) ¿Es que acaso no entiendes que ya no quiero vivir…? ¡Por Dios! ¡Te han pagado para matarme!
Su máscara de luna cayó haciendo un ruido seco en el piso.
-Tú…
El dragón se alejaba, tambaleante.
-¡Haz hecho todo esto y te alejas como un cobarde! ¡Sé que después de ti vendrán otros a matarme como lo hicieron con mi madre!
Su asesino se detuvo y… con inaudito temblor, sus ojos tiritaron un momento.
Ella creyó verlo llorar.
-Sale por la puerta del fondo, no te atraparan allí (Susurró Lucy, ladeándose un poco). Vete
-Luce…
Aquella voz le hizo levantar el rostro. Y, en vez del puñal, una mano le fue tendida.
Ella se la tomó y se ganó a un lado de él. Él, por su parte, alargó su brazo y se hizo un corte en su muñeca, vertiéndola en la máscara lunar. Luego la pateó y desprendió con sutileza partes del vestido de ella y los lanzó estratégicamente antes de quemar con un mechero a uno de ellos y lanzarlo a la alfombra que extendió el fuego con rapidez. Pronto se desprendió de su propia máscara de dragón y la lanzó al fuego. Su pelo rosado resplandeció dorado ante la intensidad del fuego y su semblante triste y cansado se dejó atrapar por el momento.
Se tomaron de la mano y ambos corrieron por el pasillo antes que sonara la voz de incendio.
ooOoozoeooOoo
-¡Wow! Ese sí que fue un gran incendio
Merry tomaba las fotos que Molly le entregaba.
-Sí, (Contestó Merry) parece que también está desaparecida Lucy Heartphilia
-¿Lucy Heartphilia? (Molly se rascó un poco su cabellera larga y castaña, pensativa)
-Sí, la menor de los Heartphilia, los dueños de la mansión quemada
-Ah… ese apellido se me parecía familiar
-¡Ay, Molly! (Merry suspiró cansada) son los dueños de los trenes que tú tomas cada vez que vas a visitar a tu familia en navidad
-¡Ahhh! Tiene razón, Merry. Y ¿los que tomamos en la mañana para venir a trabajar?
-También son Heartphilia, si casi todo lo que es transporte es de ellos
-Ah… Pero Merry
-¿Si?
-¿Qué cree que le pasó a Lucy?
-Umm… he oído que la familia a estado recibiendo amenazas y que ya cumplieron con la madre, ahora faltaba con la hija que hacía poco había vuelto de España
-Entonces… usted cree que…
-No sé, Molly. Pero hubiese sido mejor que ella no hubiese vuelto de España
-Ams, ahora que recuerdo… nos acaban de enviar una carta del director
-¿Y qué decía?
-Que debíamos viajar hoy mismo a reportear hacia Roma
-¡¿Qué?
ooOoozoeooOoo
Las ruinas de lo que fue una enorme mansión despertaron negras ante un sol macilento. Era un día gris y muchas cintas de "NO PASAR" inundaban cada rincón de la residencia Heartphilia.
-Hemos encontrado esto, inspectora Scarlet
Erza Scarlet recibía una máscara roja ya deformada por el fuego. Su color vivo casi se había perdido pero los diseños que sobrevivieron le hicieron pensar que pudo haber tenido la forma de un dragón. Volvió a entregársela al comisario de policía y le dio unas órdenes antes de introducirse al cementerio de adobe y cemento.
Por lo que pudo informarse, la estancia había propiciado el fuego hacia el interior y que este mismo la propagó con fluidez y rapidez, siendo casi inútil la intervención de bomberos. Sólo un hombre había salido lastimado con quemaduras, todos los demás invitados salieron ilesos y deprisa del lugar. El único problema de este simple incendio era del cómo se provocó y qué relación tenía con la desaparición de Lucy Heartphilia.
Moviendo algunos que otros pedazos carbonizados con su bota, halló una pequeña luz que le ocupó su atención. Removió los últimos restos que les separaban de su descubrimiento y encontró una máscara con forma lunar que excepcionalmente había sobrevivido al siniestro. Investigándola más, reconoció unos hilillos rojos oscuros que caían desde la mejilla de la careta y que seguían hasta la boca. La rozó un poco y estos hilillos estaban secos y pegajosos.
-Sangre (Susurró)
La dejó un lado, bien a la vista, y siguió buscando otra pista que la ayudara a descifrar este misterio. Encontró unos pedazos de lo que pudo haber sido seda azul que se mostraron cenicientos con un leve tono celeste. Siguió buscando más y…
-Inspectora Scarlet, creó que le había mencionado que para hacer una investigación por su cuenta debía hacer una petición al departamento
Erza ocultó los pedazos tras de sí y vio un hombre de cabello azulado y de suaves trazos negros en su mejilla derecha.
-Sí, me lo había mencionado, señor Jeral (Le respondió ella)
-Y veo que ha hallado algo que al departamento se le pasó por alto. Démelo, por favor
Le tendió la mano.
Resignada, Erza tuvo que mostrarle los pedazos de seda quemada.
-Valla, valla. Sabía que no me equivocaba contigo, inspectora
Se las quitó y dio medio vuelta y antes de irse, añadió:
-Por esta vez te la perdono, pero ya sabes que otro hallazgo o investigación, tienes que hablarlo conmigo. Adiós y que tengas un buen día
Erza vio cómo se iba y arregló más su coleta roja antes de fijarse en algo.
"Qué raro" pensó "no se dio cuenta de la máscara…"
El presidente del departamento de policía, Jeral, era muy quisquilloso con las investigaciones y últimamente había puesto los ojos en ella cada vez que realizaba sus pesquisas. Y de la nada, había pasado sin reparar en la presencia de aquella careta... la tomó con un pañuelo y la dejó en una bolsa especial de su chaquetón café. De alguna forma, algo le decía que aquel hallazgo sería muy importante para resolver el misterio…
¡Clic!
Un flash de una cámara fotográfica la distrajo de sus pensamientos.
-¡Oh, Molly! Por esa foto seremos portada en la revista
-¿Eso cree Merry?
Erza miró a las dos mujeres que la pillaban in fraganti con una prueba sin registrar en la policía. Una de ellas era bajita, con un corte de pelo corto, de color azul marino. Llevaba una libreta y una grabadora en cada mano; la otra mujer era muy alta y maciza, tenía una cámara fotográfica y un largo cabello castaño.
-Disculpen, señoritas (Erza les llamó la atención) ¿Podrían entregarme el negativo de esa foto?
Las otras dos mujeres se miraron desconcertadas.
-¿Por qué? (Le preguntó la castaña)
-Porque… (Intentó buscar las palabras) Tengo que confiscarla por ser fotografiada en el lugar del incidente
Era fatal para mentir pero la expresión dura que puso las intimidó.
-Pero… (Balbució la castaña)
-Entréguenmela
Las dos reporteras cuchichearon entre las dos.
-¿Y bien? (Erza ya perdía la paciencia)
-Lo haremos (Ahora habló la más bajita) si a cambio nos da una entrevista
Eso la descolocó.
-¿Una… entrevista?
-¡Sí! (Le siguió la castaña), un verdadero relato de lo que sucedió de boca del comisario
"Inspectora" se dijo así misma Erza pero dijo en voz alta:
-Yo… no soy de la policía
-Entonces… ¿Su placa no es real? (La más baja frunció su boca, dudosa)
Erza quedó sin palabras.
-Pues… (Continuó) vámonos, Molly. Busquemos al inspector del caso
-¡Eeeesperen! (La inspectora las detuvo del hombro a las dos) ¿Qué habían dicho sobre la entrevista…?
Molly y Merry se sonrieron victoriosas.
ooOoozoeooOoo
Resultó ser una entrevista entrecortada. A cada idea, Erza cambiaba su declaración y les pedía con vehemencia que no dijesen más cosas de lo que ella ya había dicho, rogando que no dijeran su nombre. No es que temiera dar declaraciones a un diario, sino que eran los constantes flash de la cámara lo que la desconcertaba e intimidaba, poniéndola nerviosa y frenética.
-Yyyy… essso ess lo qqque ppppaassssó
Merry miró los apuntes de su croquera y un punto no le quedó claro.
-Umm, comisario… (Merry mordisqueó un poco su lápiz) ¿Quién fue el hombre quemado?
Molly dejó de sacar fotos.
-Uh… (Erza tosió un poco antes de continuar) aún no le hemos hecho declarar, pero está en el hospital Rodenseti por sus quemaduras. Nadie sabe cómo pudo salir vivo del incendio
-Y ¿sabe algo de aquel hombre?
-Sí, su nombre es Vash, Vash Estampide
-¡¿Vash Estampide?
Molly dejó escapar un flash por la sorpresa noqueando por fin a la inspectora pelirroja. Merry, en cambió, bajó un poco su rostro y lo levantó con una fingida sonrisa:
-Molly (Dijo), tal vez sea momento de verlo otra vez…
La castaña dejó a un lado su cámara y sonrió también.
-Sí… (Le contestó) quizás ya sea tiempo de recordar algunas cosas
-Disculpen
Erza se había recuperado de su desmayo y había encontrado inusual aquella escena.
-¿Me pueden decir quién es ese Vash…? (Preguntó)
Pero no recibió respuesta, de un momento a otro se encontró sola.
-¡Argh! Periodistas…
ooOoozoeooOoo
Los Alpes se despertaba blanco y frío ante el sol matutino del campo. La carreta donde estaban era vieja y estaba llena de paja y de otras cajas con gallinas y gansos. En toda la noche no había dejado de chirriar y fue increíble que a pesar de eso hubieran logrado dormir.
-Ya, principitos. No puedo llevarlos más de aquí
Un viejo campesino que estaba sobre las grupas de su burro los despertó.
-Espero que hayan tenido una bueno noche
Dio unas palmaditas a su burro y ambos siguieron andando sin la compañía de ellos.
Caminaron cerca del sendero, a buen paso. Estaban cansados pero no se dejaron aminorar, faltaba un par de kilómetros para llegar a la ciudad más cercana y tenían que ver la forma de seguir su camino antes que llegara la noche hacia otra ciudad.
Ya faltaba poco…
Desde hace dos días que huían y no se habían detenido para descansar.
-¿A dónde vamos?
Su vestido azul, que hacía dos noches era bellísimo, ahora estaba hecho jirones y su voz, después de dos días callada, le sonó algo ronca en su garganta.
-Magnolia
La respuesta que le dio fue corta y concisa. Una sola palabra Magnolia…
-¿Magnolia? (Ella repitió)
-Sí, Magnolia
Callaron.
En ese aspecto, no es tan fácil viajar con tu asesino a quién sabe dónde y que no puedan cruzar mayores palabras. Y aún así, esa confianza ciega que le brindaba era mucho más fuerte que el sentido común de su crianza.
En cuanto a él, la forma en que sucedieron los últimos acontecimientos le habían plantado en un serio dilema que había copado todos sus pensamientos. "¿Por qué?", siendo una pregunta tan sencilla, no podía explicarla. Ahora, lo único que sabía, era que tenía que llevarla a un lugar seguro, fuera de toda la amenaza de muerte que la hubiese perseguido si hubiese quedado en esa mansión que, de seguro, le hubiese rebatado la vida de la peor forma.
Pero ya había pasado más de dos días y sabía que ese ritmo tan exhaustivo la cansaría tarde o temprano y, en esas pausas, es normal mantener una conversación…
-Estoy cansada ¿Podremos detenernos un momento?
Y lo que más temía llegó.
Se detuvo silencioso y le hizo una seña para que ella lo acompañara. Se sentaron sobre un árbol caído.
-¿Quién te mandó para matarme?
Directa al grano. Él calló.
-Vale (Siguió hablando ella), ¿Me puedes decir tu nombre siquiera?
-Natsu
-¿Natsu…?
Ella se quedó unos instantes quieta, muda. Ese nombre le era familiar…
-¿Descansaste?
Él tenía prisa, ya era medio día.
-Umm… sí
-Pues, vámonos
-Pero respóndeme una cosa (Lo vio levantarse) ¿Por qué quemaste mi casa?
-Es mi firma
-¿Tú firma?
-El fuego… es mi forma de firmar
-¿También lo de herirte el brazo?
Ella se acercó y le tocó el improvisado vendaje que ya estaba sucio de paja y lodo.
-No es nada, se secará
-Oye… déjame verlo
-No, debemos seguir
-No me iré a ningún lado si no cambio ese vendaje
-…
Resignado, le tendió el brazo.
Ella le quitó de a poco las vendas y la herida estaba cicatrizando con muy mala pinta. Mientras rompía más su ya destrozado vestido le pidió que él se sacase su chaqueta y se arremangase su camisa. Le hizo caso. Ella le cambió los vendajes, triste.
Él no pudo pasarlo por alto.
-¿Por qué estás triste? (Preguntó)
Ella negó con su cabeza y le instó a levantarse.
-Debemos seguir (Fue lo que dijo ella). Si llegamos pronto podré limpiarte mejor esa herida
Avanzaron.
La vio caminar más decidida, como si el cansancio no fuese rival para ella. Y eso le hizo sonreír porque, a final de cuentas, la Lucy que él conoció hacía diez años era la misma que veía ahora. Por poco iba a ser su asesino y eso a ella no le importó para confiar ciegamente en él y de que, además, ella quisiese cuidarle.
Realmente… él le debía muchas cosas como aquella vez…
