"Quiero buscar
contigo un nuevo camino
pues siento que estoy perdido
y no llorar por no poderte reconocer"
4. Las balas que lloran
Natsu abrió la puerta con suavidad, sin ruido. Había llegado a un cuarto diminuto del que tenía varias estanterías llenas de archivos y libros. A un rincón, había una mesa con una lamparilla de noche y un libro de tapas negras que le sobresalía algo…
Lo hojeó y sacó de él un sobre con una carta:
"Salamander, estás ahora en la sala de archivos de la base. Dentro de tu radio hay pocos guardias pero a medida que avances hacia las mazmorras encontrarás a más. Te pido que no haga más disturbio del necesario. Búscame en mi oficina para que te dé mas detalles"
Sobrepasando la última línea, Natsu la complementó con la información de Gray, es decir, buscar a una mujer de cabello azul en las oficinas de los superiores. Salió de la sala de los archivos y se internó en el corredor. Avanzaba con cautela, agudizando el oído ante el más mínimo ruido que percibía. Llegó ante un recodo que se abría en dos brazos cuando oyó voces:
-¿Viste la nueva prisionera que llegó ayer?
-¿Cuál? ¿La morena o la rubia?
-La rubia, es obvio. Esa donna tiene algo que… oh… (Natsu escucho un chasquido) Si estuviera el sargento Corlleone, te aseguro que ya sería mía y sólo mía. Al menos, tuve la satisfacción un poco…
-Bff, no me digas
-Si la hubieras visto…
-Sí, sí. Yo te acompaño hasta aquí, vuelvo a mi turno, Don Juan
Escuchó que los pasos se dividían. Se escondió en el pasillo paralelo y esperó. Cuando ya veía la espalda negra del soldado se abalanzó sobre él, propinándole un certero golpe en el cuello con el canto de su mano.
Lo arrastró ante una sala cercana. Entraron y lo ató a una silla. Para cuando el soldado despertó, estaba a oscuras.
De pronto, una pequeña llama se encendió ante él.
-Dime… (Natsu apagó y prendió el mechero otra vez) ¿Quién era esa rubia de la que hablaban?
-Una zorra que no te incumbe
Natsu apagó el mechero por un buen rato.
El soldado sintió que algo muy frío y muy fino como el metal le recorría las manos.
-¿Quién era la rubia?
-Una ramera
Y recibió un sonoro puño en la cara.
-Dime… si no quieres que te corte las manos
Encendió el mechero y de a poco hundió el puñal en uno de los dedos sacando una notoria herida. El soldado maldijo:
-¿Qué mierda quieres de esa zorra? Si quieres mi opinión, está bastante buena (Natsu se detuvo). Ya veo, ella también te calienta
Deteniendo un fuerte arrebato asesino, Natsu regresó el filo y lo comenzó a encender con la llama. Pronto el metal tornó de un color rojizo y lo acercó a unos centímetros de los ojos del otro.
-Me hartan tus respuestas (Declaró con total enfado), si no me dices… ya no quedarás manco sino que ciego y mudo ante esa maldita lengua tuya. Responde
Y le apuñaló la rodilla sin ningún remordimiento. Le silenció el grito de dolor con otro golpe.
-¡Qué quieres!
-Respuestas (Sacó despacio el cuchillo mientras que el otro se removía del dolor). ¿Quién era esa rubia? ¿La conoces?
El mechero volvió a prenderse.
-No sé quién es. Llegó ayer y ha sido rebelde como una yegua
-¿Qué le has hecho? (Mientras apuñalaba la otra rodilla)
-¡Ahhh! ¡Agh! ¿Qué te importa? ¡La toqué como nunca! aunque la Mujer de Lluvia me impidió algo más. Esa otra zorra maldita… (Sintió un calorcillo muy, muy cerca de sus ojos)
-¿Dónde están los prisioneros?
-En las mazmorras
-Dónde te he dicho (Cortó un poco el párpado)
-¡Agh! ¡Dios! ¡Sigue este mal nacido pasillo a la derecha, síguelo derecho hasta, hasta, hasta, hasta… ¡unas escaleras!, bájalas y dobla a la izquierda hasta otras escaleras…! ¡Te juro que sólo es eso!
Guardó su puñal y acercó a la llama su mano, pasándola sobre ella. El soldado pudo ver a un demonio delante de él, aunque no era precisamente eso… era más bien…
Natsu iba a marcharse cuando oyó otras voces desde el exterior.
-¡AUX… mph!
Lo acalló como pudo. Pero no se dio cuenta que con el jaleo el soldado pudo soltarse una mano y sacar una arma escondida dentro de sus ropas. Disparó en la barriga de su torturador y otro disparo al aire.
Golpeándolo y noqueándolo por última vez, Natsu esperó los pasos que ya se dirigían donde él. Se situó en el rincón no visible que dejaba la puerta cuando esta se abrió de golpe. Estaban a oscuras pero ya sentía que esa ventaja lo abandonaría pronto. Como previó, la instancia se iluminó pero la puerta lo ocultaba. Sacó una granada y huyó como pudo. El humo ayudó su escape pero la alarma que ya golpeaba sus oídos…
-Mierda
ooOoozoeooOoo
Erza verificaba la información de los peritos con las pruebas que acababa de reunir. Ese Vash le era bastante sospechoso pero le brindó fuertes luces ante el caso Heartphilia. Así que él era el guardaespaldas y vio al sujeto de la máscara de dragón, la principal llave de este caso.
Mandó a analizar en secreto la sangre seca de la máscara de luna en el laboratorio de una amiga y justo en esos momentos tenía los resultados. En ellos, se demostraba que las huellas digitales de la máscara de dragón y el ADN de la sangre de la máscara de luna no eran del pistolero londinense ni tampoco de la desaparecida Heartphilia. Deberían ser del criminal en cuestión que estuvo con Lucy en el suceso, confirmándolo con las huellas de la careta lunar que eran de ella. Pero había algo que no encajaba y era que esa sangre era del criminal y no de Lucy y en que la forma que está hecha era desde arriba, como si la sangre se hubiese vertido a propósito sobre la careta.
Descartó la idea de que la desaparecida lo haya echo para incriminar al culpable. No, no era posible puesto que para eso le hubiese tenido que coger el brazo a su asesino y verter así la sangre, y, a sabiendas que una era mujer y el otro un sicario experimentado, el otro no lo iba a hacer tan fácil la tarea de inculparlo.
A no ser que el mismo asesino lo haya hecho a propósito.
Del departamento de policía le llegó la noticia que el causante del incendio eran esas telas que ella encontró en la mansión y que estas eran parte del vestido de la desaparecida.
Otro gran misterio.
Decidió seguir manteniendo en observación a Vash Estampide mientras veía como unía las siguientes piezas de este rompecabezas.
Concluyó que Lucy aún debería estar viva, más bien por corazonada que por una razón lógica. Esto porque la única forma en que se hayan desenvuelto las cosas era a través de su cooperación y que el sicario haya cometido tales faltas sólo llevaban a ese punto. Él, probablemente, se hirió a sí mismo para demostrar que él y sólo él se llevó a Lucy, lo que excluía a los demás invitados y al mismo pistolero. Vertió su sangre en la careta de ella para decir que aún estaba viva y el incendio que provocó con la participación de la Heartphilia era un distractor para que pudiese huir con ella…
Eso sí que le fue totalmente extraño, sin sentido ¿Cómo un asesino salvaba a su víctima haciendo el mayor escándalo posible? Si todo fue una treta, nunca fue necesario el incendio ni todo lo demás suponiendo que el pistolero dijese la verdad.
Fuego…
¡Era una firma!
Rápidamente pasó su memoria hacia otros casos y el mayor pirómano era un gánster que nunca se le había puesto un dedo encima. No era fácil coger a las Familias, tenían demasiadas influencias como para intentarlo. Pero de lo que sabía Erza es que ese sujeto nunca había asesinado de ahí que también fuese más escurridizo.
Entonces, la mafia estaba detrás de todo esto.
Maldijo por lo bajo e intentó buscar otra solución. No obstante, más se convencía de que la mafia había provocado el incidente con todas las amenazas que tenían los Heartphilia de las cuales ya se cargaron con la madre.
Lo único que le quedaba era, al menos, intentar capturar al culpable y traer con vida a la secuestrada.
Eso compensaría su trabajo.
Escuchó que la puerta se abría y ocultó rápidamente las pruebas en su escritorio.
-Inspectora, ¿has encontrado algo nuevo?
Erza vio cómo Gerard se situaba delante de ella y le atravesaba sus ojos con la mirada.
-Nada de lo que usted ya sabe (Respondió ella)
-Entonces, no me quedará más que preguntarte algo
La pelirroja contuvo el aliento un momento.
-¿Qué cosa?
-¿Te gustaría tomar un café conmigo?
-…
-Hoy, a la tarde ¿tienes tiempo?
Él le sonrió.
Erza sabía que esa sonrisa ocultaba cosas, la conocía muy bien… quizás, demasiado bien.
-Me temo que tengo que seguir en el caso, señor Gerard
-Oh… pero para otra será ¿no?
-… puede ser
Él se acercó y le dio un beso en la mejilla.
-Gracias, inspectora
La pelirroja cerró fuertemente sus ojos aún después de sentir que él se iba.
ooOoozoeooOoo
Siguiendo las señas del soldado, Natsu corrió con todo lo que le daban sus piernas. Ya no le interesaba el sigilo, sacó su rifle MAB 38 y disparó en las piernas a todos los soldados que hallaba para luego desmayarlos con la culata.
Ya estaba muy cerca de su objetivo.
Buscó por las celdas, dando rápidas miradas de reojo.
Sabía que debía ignorarlos, que lo que recogiesen sus ojos nunca se le iría de la memoria. Los gemidos y los llantos era lo único que disimulaba sus pasos.
-Natsu… ¿Eres tú?
Siguiendo la voz la halló.
Lucy se había aferrado a las rejas de su encierro. Estaba maltrecha, sucia y herida. Su ropa se había hecho harapos y en sus manos tiritaban involuntariamente. Le vio los ojos y en ellos no pudo describir la oleada que le invadió. Estaban tan… apagados.
-Te sacaré de allí (Le dijo)
Lucy bajó su rostro y poco a poco se alejó.
-No lo hagas (Susurró)
-Te sacaré, ya verás
-¡No! ¿No entiendes…?
Sin hacerle caso, Natsu disparó el candado que voló en el aire. Entró en la celda y se acercó a ella.
-¡Qué no! ¡Suéltame! (Lucy impuso resistencia)
-Vamos…
-¡No!
Ella le dio una cachetada.
-Luce…
-No puedo irme sin ellos y… sin él
-…
-Entiéndeme, Natsu
Él se giró.
-Está bien, vamos
-¡Qué…!
Le tomó un brazo y la arrastró para afuera sin importarle los jaleos y pataleos de ella. Le dio su revólver y sólo le dijo:
-Sálvalos
Y dándole un ejemplo, voló el candado de la celda más próxima.
-Gracias, Natsu
Ambos se dieron la tarea de liberar a cada preso, quienes le agradecían con un mudo silencio. Cuando ya estuvieron todos, él le tomó de la mano y le instó a seguir. Pero ella…
-No, no puedo irme sin él
Natsu suspiró, resignado.
-¿Sabes dónde está?
-Umm, por aquí
Ahora era ella quien le jaló la mano. Se detuvo y gritó:
-¡AHORA SON LIBRES, CORRAN, HUYAN DE AQUÍ! ¡VUELVAN CON SUS FAMILIAS Y SEAN FELICES!
Y como si hubiese sido un hechizo, los demás presos salieron de sus celdas y la siguieron.
-Natsu…
-No te preocupes, yo lo iré a buscar. Sólo dime dónde está y me encargaré de los demás soldados. Si ves que hay algo que no puedas resolver… usa esto pero con cuidado (Le pasó su última granada y más balas para el revólver). Te veré en…
Pero no pudo seguir más, ella le había abrazado por el cuello y lloraba amargadamente en su pecho.
-Cuídate mucho ¿si?
-Lo haré, Luce
-Espero que… No ¿qué digo? Es obvio que nos volveremos a ver. Adiós, Natsu. En el puerto, recuérdalo
-Sí, Luce. Adiós
Ella había alzado el rostro de su pecho y él le respondió la mirada. Estaban tan cerca… recuerdos y más recuerdos. Su aroma… su calor… ella sentía que su corazón se agitaba nervioso, ansioso.
Por ese hombre que hacía unos días la iba asesinar pero que en el fondo...
Era algo más.
Cerró sus ojos y se dejó llevar.
Lo besó.
ooOoozoeooOoo
Merry revisaba los recortes de diario y la ficha de prófugo de Vash. No podía creer en lo que leía, le era totalmente imposible lo que salía allí ¿Cómo que Vash había hecho una masacre? Según en la ficha él había asesinado a veinte personas en un tiroteo en una plaza de los cuales había niños y mujeres.
No, era imposible.
Ella conocía a Vash, lo conocía lo suficiente como para saber que él jamás haría eso. Sabía que él nunca había matado a alguien y tampoco lo haría por nada en el mundo. Él era un pacifista, un tonto que no le haría daño a nadie.
-Merry… ¿qué sucede?
Molly llegó llevando una bolsa con comida frita que dejó en la mesa. Se sentó cerca de su amiga.
-Nada… (Merry le miró a los ojos) es sólo que… no creo que lo haya hecho. A este paso pensarás que estoy loca, Molly. Pero siento que él no hizo esto, que lo hizo alguien más
-¿Te refieres a Vash?
-Sí
-Bueno, lo conocemos hace muchos años
-Y si…
-Yo creo que estaría bien (Sonrió)
-¿Eh? Pero si dije nada
-También la conozco a usted de hace tiempo y sé que quiere buscar al verdadero culpable
Sonrieron.
ooOoozoeooOoo
-Bien, señor Knives. Mi condición es que me traigas sana y viva a Lucy Heartphilia. Sé que nunca me has fallado pero este favor es más delicado que los anteriores. Si lo haces bien, seré muchísimo más generoso contigo. Sino, ya sabes…
-Comprendo
-Y mata a ese traidor que no fue capaz de hacer lo que le pedí. Es un cobarde igual que su padre
-¿Te refieres a Natsu Dragneel?
-Sí, a él. Tráeme su cabeza
-¿Qué pasará si su Familia toma represalias?
-¿Juras que me importa? El capo ya sabe lo que iba a pasar si él aceptaba y no cumplía
-Eso me gusta
-Espero resultados pronto
-Los tendrás
Knives salió de la habitación con una sonrisa siniestra y maliciosa.
ooOoozoeooOoo
Se habían separado por caminos distintos.
Él sabía que iba a estar bien, que ella era fuerte. Lo supo a penas ella sacó su látigo de su cinto y lideró a los demás presos. O quizás, ya lo sabía desde mucho antes.
Y Natsu sabía que no debía estar repasando ahora los recuerdos, esa memoria que ahora podía traicionarle.
Pero sus labios eran algo muchísimo más fuertes, más fuertes que toda su voluntad.
Se detuvo un momento
No podía quedarse pensando en ellos. En ellos que tan tímidamente lo besaron y lo encerraron en más recuerdos… en más sensaciones, en emociones que nunca se había permitido sentir y que ahora florecían con más colores y vida dentro de él.
Cerró sus ojos con fuerza.
Tenía que ser profesional, no pensar en futilidades. Siguió su marcha, pero más lento que antes. Ella le había logrado decir que aquel hombre que no podía dejar estaba en la sala de las torturas. Le dijo cómo llegar antes de marcharse.
Y aunque tenía toda la intención de ayudarla, desde el interior no quería ayudar a ese hombre.
"¿Por qué?" se había preguntado "Es sólo un hombre"
Pero un hombre que quizás…
Se echó a la carrera, ignorando sus pensamientos que cada vez gritaban más fuerte en su cabeza.
Llegó, por fin. Entró a la sala de las torturas y lo vio.
Era un hombre que pasaba su edad, tal de treinta o más. Tenía el cuerpo magullado, con numerosas heridas. Estaba cerca de una máquina que ni quiso adivinar para qué servía. Lo tomó y lo apoyó sobre su espalda. Mientras salían, el torturado habló:
-¿Te ha mandado la señorita Lucy?
Natsu calló.
-Gracias (Continuó), pensé que moriría
Avanzaron en silencio.
Estaban por un enorme pasillo que hacía una brusca curva.
-¿Sabes? La señorita Lucy es un verdadero ángel (Natsu se detuvo) y gracias a ella yo seré feliz…
-No me interesa (Salamander le cortó de improviso al reo), no me interesa que es lo que hagan tú y ella. Hagan lo que quieran, lo que se les dé la gana. Yo… estoy haciendo… lo que debo hacer, nada más
Natsu se sentía traicionado, cada vez más herido con las palabras de quien salvaba.
-Disculpa, ¿cómo te llamas?
-No te incumbe
-Oh… yo me llamó Robert y por fin podré ver a mis hijos después de mucho tiempo. Aunque mi esposa… ah…
Natsu le vio unos momentos y sonrió aliviado y triste a la vez.
-Perdón (Le contestó Natsu), lamento eso, Robert. Yo soy Natsu
-No te preocupes, ya sufrí mi luto hace unos días y la señorita me ayudó bastante. Me hizo prometerle que saldríamos de aquí por mis hijos que, también sé, están a salvo de toda esta pesadilla gracias a ella que se sacrificó por ellos. Mira, no quiero darte aburrimiento
-Oye, no es nada
-Sólo te quiero decir que eres muy importante para ella. Siempre guardó la esperanza de que vinieras
De pronto, la alarma apagó su alarido.
-Salamander, has llegado tarde y has creado un verdadero revuelo en mi base
Delante de ellos apareció una mujer de cabellos azules que se enroscaban en sí mismos hasta formar enormes rizos sobre sus hombros. Llevaba la ropa negra de los soldados y en su tez blanquísima se veía una fragilidad que estaba descartada por completo en sus ojos.
-Si sigues, lo empeorarás más (Continuó)
Natsu frunció su ceño.
-No sé quién eres, pero tengo que salir por lo que vine
-Viniste por una mujer, no por todos los reos, Salamander
-Déjame seguir
-No
-Vamos…
-Si sigues, daré la orden que cojan a tu princesa y que la maten lo más dolorosamente posible
Natsu se detuvo.
-¿Qué quieres?
-Los reos por ella
-No lo haré
-Está en tus manos
-No lo haré
-Realmente arriesgaste tu vida por alguien que ni te importa. No eres distinto a todos estos brutos (Sacó un walkie-talkie) ¿Aló? Sí, necesito que vallan a…
-¡Espera!
Natsu dejó a un lado a Robert y se arrodilló delante la Mujer de Lluvia.
-Llévame a mí por ella
La mujer apagó la transmisión.
-Me equivoqué contigo, Salamander. Ve, no me impondré. Pero hay alguien más en la base, de más rango que yo… Ten cuidado
Natsu asintió.
ooOoozoeooOoo
Estaba sola, los había logrado salvar a todos.
Pero a un precio bien alto.
A lo lejos divisaba a un demonio rubio que se plantó delante de ella. Sus ropajes negros oscilaban ante sus pasos. De su sonrisa siniestra brillaron sus ojos turquesa que sólo estaban puestos en ella.
-Te encontré, Lucy Heartphilia
