-¿Me escuchas? ¡Te estoy preguntando si estás bien!

Esto ya lo había vivido… ahora abriría los ojos y se encontraría con una bonita joven de hermosos ojos verdes. No. Era Lina…

-¿Qué… ?

-¡Exactamente! Eso es lo que me gustaría saber… ¿qué sucede que desapareciste durante todo un día? ¿Te parece momento para jugar a las escondidas? ¡Ahora, déjate de holgazanear, levántate y ya vamos!

Era imposible discutir con ella. Zelgadiss sabía eso. Por este motivo, decidió simplemente levantarse y seguirla. La pelirroja hechicera caminaba delante de todos y seguía refunfuñando por la extraña desaparición de Zelgadiss. Arrojaba agravios contra su persona cual si fueran gratis. Aun así, Zelgadiss estaba sumergido en sus pensamientos…

¿Lo que había vivido había sucedido, verdaderamente? Esa muchacha, su amiga, su comida, el departamento, el baño, el sofá… todo había sido muy real. Se encontraba muy confundido.

-Sr. Zelgadiss…

Filia interrumpía sus pensamientos. El espadachín levantó su cabeza y se volteó a verla.

-Disculpe, Sr. Zelgadiss. ¿Algo anda mal?

Podría confiar en Filia. Parecía ser la más sensata del grupo; aunque, pensándolo bien, era muy difícil llamar a alguien sensato en ese grupo…

-Puede sonar extraño pero creo que durante el día de ayer estuve en un lugar un tanto diferente…

No le comentaría nada más. No quería que pregunte ni quería contestar. Al contrario, Filia le sonrió y le dijo:

-Algunas veces, los dioses pueden alterar los universos a su antojo con el objeto de mantener en paz a su creación…

La dragona continuó caminando. Por el contrario, Zelgadiss se detuvo con los ojos abiertos de par en par. ¿Los dioses… ? ¿Podría ser posible?

-Makoto… - murmuró.

Ella le había hablado acerca de su vida. Cómo el destino la había golpeado y cuánto había sufrido por ello. Sin embargo, ella supo seguir, salir adelante. Vio a cada obstáculo como una nueva oportunidad, como un nuevo camino. Y él… sólo vivía lamentándose. ¿Por qué no podría ser como ella? ¿Por qué no podría vivir la vida y disfrutar los placeres y buenos momentos que se le presentaban?¿Acaso era tan difícil? No había hecho más que buscar venganza. Cuando pudo realizar su cometido, se sintió vacío: el mundo parecía acabar.

Ahora lo sabía. Por fin lograba entenderlo. Su energía se encontraba mal depositada en un objeto de deseo. Esa energía debía tomar un nuevo rumbo. Había estado mucho tiempo ignorando a su alrededor, cuando allí se encontraba la respuesta.

-¡Escúchame enfermo de pacotilla! ¡Si llegamos a perder un solo minuto más te volaré los sesos con un Drag Slave! ¿Escuchaste?

El muchacho se sonrió y se ruborizó:

-Nunca te olvidaré, Makoto. – Susurró para sí mismo. - ¡Ya voy, Lina! – Gritó y corrió para sus amigos, quienes estaban esperándolo algunos metros adelante.