Realidades del Corazón
un fic deAlisaRoma
Capítulo II
Miradas Que Se Encuentran
Mírame
Reúne tus ojos con los míos, no dejes que huya la mirada por los laberintos de tu mente, mejor déjala correr libremente por mi cuerpo, pero regresa a mis ojos. Clávate en lo profundo de ellos, profana mis secretos,
descubre mi intimidad, encuentra el anhelo que siento cuando tu me miras.
Y si te detienes delante¡por favor! Sonríeme con tu mirada y provócame con tu cuerpo, responde a mis palabras con tus besos, ampáreme en tu corazón y mírame... con amor.
Alisa
Albert atendía a su abuela con paciencia. Sabía que la noticia de su matrimonio no le sentaba nada bien. El que escogiera a una mujer que no estaba dentro de los cánones de la mujer la confrontaba. La primera reacción de disgusto no se hizo esperar. Con paciencia dejo a la matriarca de la familia expresar todos sus inconvenientes.
-. . . Entiendes lo que te digo William, ese matrimonio podía ser la ruina de tus relaciones. Ahora que regresaste, volverás a ponerte al frente de la familia¿Qué dirán cuando sepan que te casaste con esa Señorita?. . .
-Abuela Emilia, se que mi decisión te parece equivocada y hasta egoísta, pero por mucho que te ame, no voy a ceder. ¿Cómo, Querido pero tú eres el heredero, el siguiente en la línea. . . -Espera Abuela, tienes alguna queja de cómo Archie y George han manejado la fortuna y las empresas Andric.
-No, claro que no. Sabes que Archie se preparo para eso. Solo Dios sabe el trabajo que le costo terminar su carrera y al mismo tiempo atender todo. Sin embargo lo que le faltaba en experiencia George lo compensaba, han sido muy beneficiosos para nosotros.
-Entonces, por que no dejar que siga así. Archie es el indicado para este lugar, no solo es un hombre de negocios con éxito, también esta casado con una gran mujer, de buena familia y por supuesto ama lo que hace, disfruta día a día de su trabajo. Abuela si yo regreso a trabajar en los negocios de la familia, jamás seré feliz, como no lo fui el tiempo que lo hice antes de irme a Europa. – le dijo Albert con tono cansino.
Después de un minuto de mirar a su sobrino en silencio, la anciana mujer suspiró tratando de entender.
¿Acaso por eso te fuiste? – preguntó la anciana con angustia -Si Abuela, ese fue uno de mis motivos. Cuando Candy me dijo cuales eran sus planes, no lo pensé mucho, Archie ya estaba involucrado en la vida social y financiera de los Andric, y yo... Me sentía infeliz. Por otro lado usted sabe como quiero a Candy, no quería dejarla ir, pero tampoco podía impedirlo, Candy ya se había resuelto. Se que como su tutor podía obligarla a quedarse, pero yo nunca quise imponerle nada, no quería verla y saber que no era feliz con lo que hacía, pero tampoco quería dejarla sola, así que decidí acompañarla y tratar de cuidarla. A pesar de todo, de esa guerra cruel y sin sentido, no me arrepiento, porque conocí a Kerry en el Hospital de Paris.
¿Es francesa, entonces?
-No Abuela – contestó sonriendo ante la preocupación de su Tía - es americana, ella y su hermano son de Rockford, pero conocieron a Candy aquí, en Chicago.
¿Candy, no me digas que ella esta involucrada-Solo nos presentó. De hecho Candy fue la mas sorprendida cuando antes de regresar me atreví a declarar mi amor a Kerry.
-Entonces es enfermera.
-No, Abuela, Kerry es doctor igual que su hermano.
¡Doctor!. ¿Dios mío, una mujer con carrera?
-Abuela, yo quisiera…
La matriarca levanto una mano y con ese sencillo gesto pidió silencio a su sobrino, se levantó de la cómoda butaca en la que estaba sentada y se dirigió al amplio ventanal. Mirando hacía el hermoso jardín de la mansión pensó en silencio durante varios minutos. Su mente recordó cuando Albert tomo las riendas de la familia, ahora podía ver claramente todos los pequeños detalles que antes no vio. Su nieto no era feliz entonces. Ella lo veía ahora tan diferente, lleno de energía, siempre con una sonrisa, evidentemente estaba enamorado, y aunque su elección de pareja era del todo inusual. . .
-Abuela – dijo nuevamente Albert ante el silencio – tal vez si me dejarás. . .
-No espera querido, no me des mas explicaciones – dijo con cariño – se bien que el tiempo me rebasa, que todo lo que me enseñaron y aprendí sobre la familia, la educación es diferente hoy, lo que pienso de la vida es historia vieja como yo misma. Me cuesta demasiado reconocer que hoy los valores que para mi representaron siempre la buena conducta, sean obsoletos. No creo poder adaptarme, aunque ya no es necesario, a mi edad se me pueden comprender estos excesos. No entiendo tus decisiones pero, en nombre de tu felicidad y del gran amor que te profeso, lo acepto.
-Abuela Emilia, gracias yo… no se que decir. – Albert estaba atónito. El esperaba una reacción diferente y por supuesto, una gran batalla para hacerla comprender. De hecho Candy le dijo que había visto cambiada a su abuela, pero hasta ese momento el no lo había notado. Una vez mas la sensibilidad de Candy lo sorprendía, siempre podía darse cuenta de esos detalles.
-Pues supongo que con el gracias es mas que suficiente. – y en seguida su sentido practico la hizo preguntar – y ¿Cuándo conoceré a tu prometida?
-Ella y su hermano regresan de Europa en 2 semanas, Candy y yo queremos ir a recibirlos a Nueva York.
-Bien, entonces tenemos que prepararnos.
¿Prepararnos? Pero…
¡Albert¡ No tientes a tu suerte, déjame hacer lo que yo se hacer – dijo sentenciosa – seguramente los traerán aquí junto con sus padres habrá que preparar habitaciones, se hará oficial el compromiso, tendremos que hacer una fiesta y solo tengo dos semanas. Annie podrá ayudarme ya que Candy viajara contigo. ¡Oh, una fiesta¡ desde la boda de Annie que no hacemos unaAbuela yo te agradezco mucho pero…
-Pero que…. – contesto ya beligerante la matriarca -Bueno. . . Solo te pido que no sea nada muy grande, recuerda que no soy. . . quisiera algo más bien simple.
-Si por supuesto, no debes hacer gala del dinero cuando hay tanta pobreza alrededor. ¿Acaso crees que no lo se? Ustedes los jóvenes creen que uno es ciego. En fin. Llamaré a Annie y veremos que podemos hacer en 2 semanas.
-Gracias Abuela.
La tía Abuela miro a su nieto y sonrió. Pensándolo bien, Archie era el más indicado y su esposa era todo lo que se necesitaba en sociedad. Nunca podría imaginar a Albert o a Candy desempeñando esos deberes tan bien como ellos-"Por lo menos eso no cambia", es algo que siempre puedo esperar de estos dos "rebeldes" -pensaba riéndose.
Paty tenía en sus manos varios libros sobre estudios de conducta y comportamiento, ella, Candy y Annie se habían sentado a tomar algo después de varias horas de compras. En el centro de Chicago encontró una librería que ya había renovado sus importaciones desde Europa. Autores como Freud y Ellen Key estaban en sus brazos. Candy miraba a su amiga como abrazaba fuertemente los libros. Desde su regreso Paty hacía lo posible por ayudar a su novio a superar sus problemas. Candy le había hablado sobre varios estudios de comportamiento humano, de los cuales escucho en Europa. Kerry lo había comentado con ella en más de una ocasión.
-Paty, no los vamos a olvidar, déjalos a un lado y trata de tomarte el té y las galletas de una vez – le dijo regañándola cariñosamente – Sra. Cronwell dígale a su futura concuña que debe comer algo, esta muy delgada.
-Tiene razón "Señorita White Andric" – contestó Annie utilizando el nombre completo de Candy para seguir la broma – debería usted comer algo.
-Basta las dos – contesto Paty riendo – se escuchan como mi madre.
-La Srita. O'Brian no entiende que a los Cornwell no les gustan flacuchas – dijo Candy mirando a Annie con expresión divertida.
-Un momento Candy, yo no estoy gorda – contestó Annie en tono ofendido -Bueno Annie, yo coincido, Candy tiene razón has aumentado de peso, nada alarmante pero nunca pensé que dejarás de cuidar tu línea.
-Las dos son imposibles – dijo aun mas ofendida – ¡Yo no estoy engordado, estoy embarazada
¡Embarazada- gritaron las dos al mismo tiempo que se levantaban para abrazar a la morena, llenas de alegría.
¿Ya lo sabe Archie? – pregunto Candy
¿Ya lo sabe tu madre? – siguió Paty
¿Y la tía Abuela? – de nuevo Candy
¿Y tú padre? – de nuevo Paty
Annie miro a sus amigas tratando de responder a sus preguntas, pero viendo que era imposible solo se río hasta que se tranquilizaron.
-Esperen, esperen. Déjenme hablar, Archie aun no lo sabe, pienso decírselo esta noche. Mi madre y ustedes ahora son las únicas, ella estaba conmigo cuando el doctor lo confirmo.
-Estoy tan contenta por ustedes – le decía Candy ¿Qué te gustaría que fuera?
-Mientras sea sano y fuerte, no importa. Pero se que Archie quisiera un varón.
-Todos los hombres quieren hijos varones – replico Paty – pero las niñas somos mas listas.
Ante el comentario de su feminista amiga las tres chicas rieron.
-Será mejor que terminemos, aún falta que te compres unos sombreros para tu viaje a Nueva York Candy y a mí me falta varias cosas mas que la Tía abuela me encargo, a penas y tenemos tiempo para organizar una fiesta de compromiso.
-A ti siempre te faltan "varias cosas" Annie – le dijo en broma Candy – Yo no se porque deje que me compraras esos vestidos, para empezar la tia Abuela se va a morir cuando vea lo corto de las faldas, y además creo que con dos eran suficiente, los otros 3 y el vestido de fiesta no eran necesarios, solo vamos a estar una semana.
-Candy, vas a recibir a la prometida de Albert, seguramente saldrán cenar o algún lugar en Nueva York, además me has dicho que el hermano de Kerry viene también, hablas tanto de él que a lo mejor sería bueno que te viera en un hermosos vestidos, tal vez tengamos doble boda. – le dijo Annie pícara.
-Annie… Annie…, siempre queriéndome emparejar, para tu información, Arthur no me interesa, además… – Contestó Candy meneando la cabeza
-Candy – intervino Paty – Annie tiene razón, aun si no es Arthur, tal vez sería bueno que trataras de salir con algún buen hombre.
-Chicas dejemos mi vida amorosa a un lado y vayamos a terminar las compras.
-Pero… - dijo Annie, pero no pudo terminar
Cuando Annie trato de replicar una voz familiarmente desagradable se escucho detrás de la morena
-Pero mira nada más. . . si son las ilustres Annie y Candy del hospicio Pony. . . o perdón quiero decir la Señora Cornwell y la Srita. Andric en persona. . . y nada menos que con la novia inconsolable, Patricia O´Brian.
Eliza Leagan estaba parada majestuosamente frente a su mesa, nadie podía negar que era hermosa, el tiempo había acentuado su figura y sus facciones eran delineadas, pero el aire de suficiencia con el que miraba, la hacía poco grata a la vista de cualquiera. Por supuesto la pelirroja no estaba enterada aún de que Stear estaba vivo. El secreto se guardo desde que se le encontró por petición misma de Stear, no quería que nadie lo viera hasta que estuviera recuperado. Así que para evitar rumores, escándalo y a la prensa, solo la familia mas allegada estaba enterada.
-Hola Eliza, que gusto¿Cómo va la vida de soltera, aun no encuentras un buen partido. . . creo que ya son 2, no 3 temporadas desde tu presentación, será mejor que comiences ahora, no querrás llegar a una cuarta – contestó a la pulla Annie, totalmente relajada – o dejarte ganar por las "hijas de Pony"
Sin poder evitarlo Eliza se puso pálida ante la respuesta de Annie, desde hacía tiempo ya no le era sencillo hacerla el blanco de sus comentarios y ahora hasta le resistía. Sin embargo intento de nuevo, ahora tomando a Candy como nuevo objetivo.
-No sabía que Candy tuviera novio – contestó venenosa – a menos que sea algún soldado.
-Si querida, Candy es novia de uno. . . uno de los mejores Médicos Militares. . . pero ahora estoy cotillando, te enteras seguramente. . . en la fiesta de compromiso de William. . . ¡Oh! De nuevo estoy cotillando . . . – contesto ante la mirada pasmada de Candy y el sonrojo visible de Eliza.
-Compromiso. . . William. . . imposible, acaban de regresar hace poco. . .
-Quizás debas visitar a la Tía Abuela. . . sin duda ella te dará mas detalles. Nosotras tenemos que retirarnos, aun nos quedan muchas compras para el viaje de Candy a Nueva York – tercio Paty con evidente placer de ver a Eliza completamente fuera de situación.
Ante la mención de Candy y Nueva York, Eliza vio su última oportunidad de hacer daño.
¡Nueva York! Candy, que bien, tal vez en tu viaje veas a Terry, sabes que regresó también del frente, seguramente su dulce esposa estará encantada de tener a su marido en casa. . . con ella y . . . con su hijo.
Candy sintió un antiguo y conocido dolor que se instalo en su pecho. Nada cambiaba. Solo mencionarlo era suficiente. ¡Había estado en el frente¡Pudo haber muerto! y ahora saber de un hijo. . . ¡él tenía un hijo con ella¡ "Estupida" – se dijo a si misma – ¿Qué esperabas? Sabía que Eliza buscaba una reacción, pero no pensaba darle aquella satisfacción. Después de todo ya era mayorcita. Lo último que necesitaba era que una niña mimada se metiera en su vida.
-Seguramente si Eliza, si los llegó a ver los saludare de tu parte. – contestó con una sonrisa que le costo un gran esfuerzo.
Se levantaron dejando a una furiosa mujer atrás, no fue si no hasta que salieron que Paty y Annie miraron a Candy preocupadas.
-Estas bien Candy – pregunto Annie preocupada -No prestes atención, Candy, solo busca molestarte – tratando de consolarla
-Estoy bien chicas – dijo sonriendo tristemente – Mas bien sorprendida con ustedes, desde cuando. . . bueno Annie no sabía que podías ser tan. . . tan. . .
-Maliciosa. . . – contesto con una sonora carcajada ¡Ay Candy¡ Si tuvieras que sobrevivir a la alta sociedad de Chicago tan seguido como yo, te convertirías en una, después de todo mi madre ha sido una gran maestra. Tal vez creas que nada ha cambiado desde que te fuiste hace casi 2 años, pero no es así. – siguió diciéndole en un tono entre dolido y condescendiente.
-Es cierto Candy. Cuando te marchaste, nos diste un gran ejemplo, por segunda vez decidiste hacer algo con tu vida, algo que tú querías. En ese momento me di cuenta de que mi camino no era el que mis padres eligieron, yo no quería casarme aún y menos llegar a un matrimonio arreglado. La abuela Martha me ayudo, vinimos aquí y me inscribí en la Universidad. Ahí fue todavía más difícil, el ambiente es totalmente masculino y para hacerte escuchar entre todos los varones, debes ser más inteligente. Aprendí que no se necesita gritar, solo hay que saber qué decir y cuándo para conseguir lo que quieres.
-Candy observó a sus amigas de nuevo, esta vez realmente las miró. Annie tenía razón, ambas habían cambiado. Ella estaba casada, de hecho iba a ser madre, ya no era la pequeña niña tímida que seguía a Archie a todos lados y que ella defendía de todos. Siempre había sido bonita, pero ahora era. . . atractiva, elegante y sofisticada. En cuanto a Paty, se había convertido en una hermosísima mujer, su figura era delgada, su cabello castaño era corto, a la barbilla, peinado a la moda, vestía y hablaba con una seguridad que nada tenían que ver con la niña pálida y ojerosa que se alejaba a Florida en un tren. Tal vez ella misma había cambiado también y no lo había notado.
-Tienes razón Annie, lo siento, creo que no he prestado la atención debida a ustedes. ¿Podrán disculparme? – contestó – En verdad creo que las dos son maravillosas.
-Vamos Candy, no tienes que disculparte. Yo entiendo como te sientes. Se lo que es no poder olvidar. . . – dijo Paty abrazando a su amiga.
Candy recibió el abrazo de su amiga y su corazón sintió un poco de alivio. Tal vez nunca podría amar de nuevo, pero tenía grandes amigos y familiares que la amaban. Ese pensamiento la reconforto.
-Aun así, creo que le dimos una lección a Eliza – expreso riendo Annie -Nunca voy a olvidar la cara que puso – siguió Paty
-No crees que fuimos muy lejos con eso del novio. – tercio Candy preocupada.
¿Por que? – Fue la respuesta de Annie – Estoy segura de que a ese hombre le gustas, y además creo que a ti tampoco te es indiferente. No digas nada, ya se que vas a decir que no es verdad, pero Candy, tienes que darte una oportunidad. – le dijo y continuo tomando su mano fuertemente – Terry ha hecho su vida, el ha continuado, también debes hacerlo tú.
-Lo sé Annie. Lo intentaré.
Stear, Archie y Albert compartían un agradable sobre mesa, desde el regreso de los "hijos pródigos" como los llamaba Candy, sus lazos de cariño se habían estrechado mucho, Albert era una fuente infinita de historias y relatos, sus ideales de paz se reflejaban en la fuerza con que trabajaba para ayudar. Stear por su parte regreso a sus inventos, por instancias de Albert se matriculo en la universidad de Columbia para tomar cursos de ingeniería y entre eso, la rehabilitación con Candy, y su relación con Paty llenaba sus horas, ahora mas tranquilas. Archie comentaba sobre el trabajo y su matrimonio. Todos llenaron los espacios que no habían compartido.
¿Cómo la conociste? – pregunto Archie -Si cuenta Albert, aunque yo estuve allànunca me entere. -Pues fue Candy quien me presentó primero a Arthur, ella lo conoció de cuando trabajo en la clínica que tenía la compañía de construcción ferroviaria¿te acuerdas Archie? Paty, Annie y tú la visitaron allá.
-Si, recuerdo que me comentó sobre una doctora y su hermano que escapaban de la justicia. ¡no me dirás que son ellos!
-Si, Arthur fue acusado de una muerte. Todo fue un malentendido que después se aclaró.
-Entonces los encontró en Francia.
-Si, fue en una de las veces en que Flammy y yo fuimos asignados al Hospital Ambulante, Arthur era uno de los médicos designados. Candy lo reconoció.
¿Flammy? Te refieres a la enfermera que estudio con Candy.
-Si¿La conocen?
-Claro, recuerdo que varias veces la vimos cuando visitábamos a Candy en la escuela de Mary Jane. ¡Tenía una mirada terrible!
-Aun la conserva- contestó Albert – pero ahora es una mujer distinta.
Albert les comentó como Flammy los recibió en Francia, era ya Teniente cuando ellos arribaron y trato por todos los medio de demostrar que no eran competentes para el trabajo. Cuando asignaron a Candy al Hospital Ambulante con ella protesto mucho, pero al final tuvo que seguir ordenes. Cuando regresaron Flammy era otra.
-Se comentó mucho tiempo que Kerry y Candy salvaron a Flammy, pero nada concreto. Las tres mujeres guardaban silencio – dijo Albert.
-Pues yo creo saber que sucedió – comentó Stear – las enfermeras hablan, sobre todo de otras enfermeras, a veces lo hacían mientras nos atendían. Yo escuche de boca de una chica que fue parte del destacamento como la Dra. Kerry y Candy después de horas de cirugía trataban de dormir, cuando un doctor notó la ausencia de dos enfermeras que aun no se habían reportado. Una de ellas era Flammy, cuando Candy preguntó que sucedía, un soldado le dijo que mejor no preguntaràque a veces algunos oficiales se tomaban algunas libertades con las enfermeras. Candy insistió hasta saber donde estaban y ella y Kerry fueron hasta el lugar. La enfermera decía que llegaron apenas a tiempo.
-Eso suena como las cosas que hace Candy – dijo Archie con respeto.
-Si, ella y Kerry son muy parecidas.
¿Kerry es rubia?
-No, tiene el cabello castaño y muy largo, es muy alta y delgada, sus ojos son color miel y su piel es bronceada, es muy hermosa, y tiene un temperamento explosivo. Cuando me refería al parecido era mas en el carácter. Arthur y yo siempre comentamos como se parecían.
¿Después de eso que sucedió Albert?
-Bueno Archie… Déjame ver, Arthur y yo junto con el destacamento fuimos asignados a Paris, al mismo hospital que ellas. Cuando la conocí, ella y Flammy había salido de quirófano, le salvaron la pierna a un soldado, pero la operación duro más de 3 horas, parecían exhaustas. Kerry se quito el rodete y su cabello castaño cayó largo mas allá de sus hombros, en ese momento recuerdo que pensé "Nunca vi nada mas hermoso, es frágil y al mismo tiempo imponente".
-Entonces se enamoraron a primera vista.
¡Ojalá En un año no hicimos más que pelear. Candy decía que había demasiada pasión en nuestros pleitos. Ella y Arthur se dedicaban a reírse de nosotros. Recuerdo que Kerry trataba de curar a los más posibles, mientras yo trataba de darles mas tiempo, en mi caso, como voluntario, igual lavaba pisos o sabanas que escribía cartas o las leía. Aprendí mucho de Candy, ayudaba siempre en las curaciones más simples o en los cambios de vendas. El peligro era cuando nos mandaban al frente, Arthur y yo hacíamos un buen equipo, llegábamos hasta los heridos en las trincheras y los túneles. Eso también era motivo de pleito, siempre nos ofrecíamos para ir a donde estaban los heridos más apartados. Cuando regresaba estaba muy cansado y Kerry no dejaba de decirme que era un tonto tratando de ser héroe.
-Yo recuerdo eso, les decían "los Audaces" mientras Arthur los curaba, Albert cuidaba que no los emboscaran, en varias ocasiones lucharon por sus vidas. Los soldados de su regimiento los consideraban héroes, pero Candy, Flammy y Kerry los dejaban sordos de reclamos. Cada vez que llegaban noticias de sus acciones Flammy y Kerry se ponían furiosas, solo Candy era capaz de calmarlas. – comentó orgulloso Stear- yo no los envidiaba cuando regresaban – termino riendo.
-Entonces ¿cuando te diste cuenta de que la amabas?
-Cuando se firmo el armisticio. Estábamos en plena fiesta cuando Candy comentó que un oficial médico francés le había propuesto matrimonio…Jamás me he sentido tan celoso en toda mi vida, fui hasta donde estaba y le pregunte si en verdad se iba a casar con ese… creo que el termino que use fue "soldadito Francés", por supuesto Kerry monto en cólera y me dijo que yo no tenía ningún derecho a reclamarle nada y que no quería volver a verme. Antes de que se volteara simplemente la tome por los hombros y le dije: "El amor que te tengo me da todos los derechos" luego.. Pues la bese.
¿Entonces te confesó que te quería también? – pregunto Archie
-No, aunque no lo creas, primero me empujo, luego me abofeteo, después me dijo que era un estupido, rico, engreído y que no sabía como es que se había enamorado de mi, luego me beso ella a mi.
¡No puedo creerlo¡ Esa mujer es fuego, no te inquieta un poco.
-La verdad Archie, si Kerry no fuera exactamente lo que es, no me habría enamorado de esta forma.
-Nunca pensé que fueras tan apasionado – dijo Stear riendo.
Albert recordaba perfectamente esa noche, la observaba fascinado por el modo en que se iluminaban sus ojos, mientras todos se felicitaban y se abrazaban en la fiesta que se organizó por el término de la guerra. Sabía que había poca gente apasionada por su trabajo, Kerry amaba su profesión.
El había tenido suerte. Desde los cinco años de edad había sabido lo que quería hacer. Nunca se había planteado otra cosa que no fuera trabajar con animales… hasta que tuvo que dejar su sueño para ponerse una corbata y un traje y trabajar en el interior de una oficina.
Un estallido de risa lo hizo salir de sus pensamientos. La risa de Kerry lleno sus oídos y su corazón dio un brinco, era contagiosa, llena de júbilo. Al principio se sintió a gusto en la algarabía compartida, pero ahora estaba deseando que se alejaran de Kerry. Sobretodo el médico francés que no había apartado la mirada de Kerry. Y por estupido que fuera, no le estaba haciendo ninguna gracia su actitud. En ese momento Candy miro hacia donde estaba Kerry y le comentó picara a Arthur que a lo mejor llegaba a tener un cuñado francés, que sabía que se le había propuesto esa misma tarde, justo después de la noticia del fin de la Guerra.
Nunca había sido un tipo celoso. Ni siquiera recordaba haberse sentido posesivo o molesto, si algún hombre miraba a la mujer con la que estaba saliendo en esas pretenciosas fiestas de Chicago. Pero no estaba saliendo con Kerry, se recordó, entonces sin pensarlo fue hasta donde estaba. Recordaba que mientras más discutían, más la deseaba, que todo ese despliegue de enojo, lejos de molestarle, le gustaba, era un buen contendiente en una discusión. Al final se dio cuenta de que la amaba desesperadamente y no podía hacérselo entender. Cuando vio que se alejaba, trato de detenerla. El no tenía pensado besarla, pero cuando la sintió cerca le susurro "mírame", cuando pudo ver en sus ojos color miel toda esa pasión, la deseo para él. Quería ser él, el único que despertara esa pasión y quería que ella lo supiera. Sin saber realmente que estaba haciendo, simplemente se dejo llevar y la besó.
Sintió como lo empujó y su alma se fue al suelo, unos segundos interminables¿cómo se podía ir del gloria a la soledad así de rápido, como esa mujer podía llevarlo a la desesperación con solo un movimiento. Su cuerpo se puso rígido, cerro los puños como tratando de retenerla y cerro lo ojos, no quería que ella leyera el dolor que le causó. De pronto sintió la bofetada. La mano de Kerry se había estampado en su mejilla con fuerza, de pronto volvió a tener esperanzas ella no se había retirado, tal vez, solo talvez. . . Se atrevió a mirarla de nuevo y ella ya no pudo negarlo. Mirándolo con todo lo que hasta ese momento había guardado en su corazón, lo llamo engreído y le dijo que lo amaba. En esta ocasión, ella asalto su boca, el beso fue sensual, la intensidad del placer lo recorrió y su sangre despertó un deseo salvaje, miles de emociones se agitaron en su interior, pero el amor estaba por encima de todas. No existía mayor felicidad que tenerla en sus brazos. . .
-Yo no creía que fueras celoso si quiera – tercio Archie -Creo que cuando un hombre siente que va a perder a la mujer que ama, no puede evitarlo.
-Y que lo digas – dijo Archie recordando sus propios celos ¡Ojalá nunca sienta esos celos! – comentó Stear bastante angustiado.
-Por favor Stear, Paty te ama, te ha amado desde la fiesta de Primavera del San Pablo, te amo cuando pensó que habías muerto, no puedo creer que puedas tener miedo de que se fije en otro – le decía Archie tratando de confortarlo.
-Ese es precisamente mi miedo – le dijo – después mirando a Albert siguió – Yo ya no soy ese chico, todo lo que he vivido me ha cambiado… a veces pienso que se va a cansar de mi… quién puede amar a un hombre que se despierta llorando a media noche, que no puede controlarse a si mismo…ella se va a dar cuenta, tarde o temprano que ya no soy el novio que partió hace años.
-Tranquilízate Stear – le decía Albert quien ya se levantaba y dejaba su mano descansar en el hombro del chico – tú no has cambiado, sigues siendo tú. Solo has vivido más y ella también. ¿Qué no lo has notado?
Stear miró al hombre que le hablaba firme y suavemente, siempre tuvo esa cualidad, su voz daba paz. Desde que despertó en aquel Hospital, cuando lo escucho decir que todo iba a salir bien, fue su voz la que lo hizo creer que era posible, se lleno de esperanza. El y Candy lo ayudaron todo ese tiempo a restablecerse, a levantarse y caminar de nuevo, a fortalecer sus músculos y su alma. Nunca dejaron que la desesperanza lo abatiera. Candy le infundía ánimos, verla ahí, trabajado, ayudando, totalmente entregada a los demás, a él, y Albert con esa fuerza que se emanaba de él, de un hombre que sabía quien era y que quería. Siempre apoyándolo, ya fuera en su rehabilitación o en esas noches de oscuras pesadillas, llenas de gritos y sudor. Mas tranquilo, sonrió un poco y suspiro.
-Tienes razón, ahora no solo es más bella e inteligente, es una mujer que no ha parado de tratar de ayudarme, de demostrarme lo que hay en su corazón.
-Solo ves el reflejo de tu propio corazón Stear, no lo olvides.
-Es verdad hermano, todas las cartas que te escribía, todos los días hablaba de ti, de si tenías algún avance en tu rehabilitación, de si pudiste levantarte de la cama, de cómo deseaba estar contigo. Annie y yo solo escuchábamos tu nombre. Pero mas que nada. . .
¿Mas que nada que Archie?
-Pues, mas que nada era la emoción que se oía en su voz, cuando hablaba de ti su tono era dulce, pero también muy grave, como si acariciara. . . no se como describírtelo, pero era amor sin duda.
-Gracias Archie.
¿De qué?
-Por decírmelo, no tienes idea de lo que significa para mí.
Stear dejo escapar un suspiro largamente contenido. Uno de sus mayores temores era que la mujer de sus sueños, que ella estuviera con el por compromiso o peor aún por piedad. Escuchar de los labios de su hermano que tal vez no era así, que Paty podía amarlo como el la amaba, le quitaba un peso que llevo con él durante todo ese tiempo.
La conversación derivo en otros asuntos hasta que se escucharon llegar a las tres mujeres. El murmullo de sus risas y sus voces llenaron el ambiente. Cuando entraron no pudieron dejar de sorprenderse de la cantidad de paquetes que llevaban. Albert estuvo a punto de preguntar, pero Archie lo interrumpió dejando que las mujeres llevaran las compras al cuarto de Candy. Cuando salieron Stear y Albert lo miraron esperando una explicación.
-Crean caballeros, en mi palabra de hombre casado y esposo amantísimo. Jamás le pregunten a una mujer o a su esposa porque compraron tantas cosas, si no quieren participar de un desfile interminable de vestidos, encajes y zapatos que, junto con las explicaciones, pucheros y miradas de inocencia, generosamente te regalan por horas. Al final de cualquier forma, acaban convenciéndonos de que todo era "indispensable".
Albert y Stear no pudieron menos que reír ante la explicación de Archie, sobre todo porque lo comentó en un tono igual que si se tratase del peor castigo del mundo. Sin embargo tomaron en cuenta el consejo para el futuro.
Candy se encontraba despierta la madrugada anterior a su viaje a Nueva York. Una vez más Terry era el culpable de su insomnio. Una pesadilla que se repetía, una vez mas se despedían en la escalera, una vez mas, escuchaba sus pasos alcanzarla y de nuevo vivía la gloria y el infierno de sus brazos. Despertaba siempre llorando, hasta que después de varios minutos lograba calmarse. Luego no podía volver a conciliar el sueño, muchas veces había visto despertar el alba. No importaba donde estuviera, el siempre estaba presente.
Tomo su bata y salió de la habitación, llegó hasta la puerta de Stear y escuchó, parecía dormir tranquilo, cuando regresaba escucho ruidos en la habitación de la Tía Abuela. Cuando se acercaba pudo percatarse que la mujer estaba quejándose. Tocando la puerta suavemente entró sin esperar respuesta.
¡Candy?Qué haces aquí a estas horas? – dijo la dama sorprendida.
La enfermera entro en acción inmediatamente. Ignorando la pregunta miro a la mujer en su cama, estaba pálida y tenía unas ojeras pronunciadas, se llevaba la mano al pecho y parpadeaba, seguramente para disimular el dolor. Junto a su cama en una mesita se encontraban dispuestos varios medicamentos, y por lo que se veía la dama tenía dificultades para tomárselas.
Se acercó a la cama y a pesar de las protestas de la anciana, tomo su pulso revisó los medicamentos y las recetas. En cuanto leyó las etiquetas lo supo, la tía abuela estaba muy enferma. Ella ya había observado algunos indicios, pero no pensó que fuera algo así, aunque su edad y la tensión tan grande en que había vivido últimamente podrían ser la causa de la hipertensión. Con mano experimentada le dio las dosis adecuadas y tomo su temperatura.
-Tia Abuela, debería tener a alguien que le ayudara con esto.
-No, no es necesario.
-Lo es, usted lo sabe. En cualquier momento puede presentarse una crisis.
El silencio que siguió a la respuesta de Candy, le dio a entender que necesitaría ser mas persuasiva. Con la confianza que le daba el hecho de haber tratado todo tipo de enfermos, comenzó su pequeña batalla. Al principio dejo que el silencio siguiera para darle tiempo a la mujer de pensar.
-No quiero una enfermera. No quiero que nadie se entere.
-Tia Abuela, esto no puede esconderse mucho tiempo.
¿Cómo lo sabes? – pregunto sorprendida -Se olvida que soy enfermera tía, esos medicamentos solo se recetan a las personas que tienen problemas del corazón.
-Aún así, te digo que no quiero que nadie lo sepa.
-Se que es cuestión de tiempo antes de que deba permanecer en su alcoba. Deberá cuidarse mucho. – Candy dijo esto en un tono dulce, pero firme. No se engañaba ni trataba de engañar a la tía abuela, seguramente el doctor le había dicho todo lo referente a ello.
-Entiende niña, nadie debe enterarse, por lo meno todavía. – dijo angustiada
Candy nunca había visto a la tía Abuela vulnerable y con miedo. Estaba tan sorprendida con su reacción que se quedó sin palabras.
-Por favor Candy, necesito tiempo para… bueno para enmendar mis errores. Quiero compensarlos, a todos, pero si saben que estoy enferma, ya no podré hacer lo que tengo planeado.
-No tiene que compensar nada Tía, todos la queremos así como es.
-Gracias niña, pero estoy vieja, no tonta. No dudo de su cariño, pero hay cosas que necesito arreglar antes de… pues antes de morir.
El corazón de Candy estaba enternecido, inmediatamente secundo su idea y comenzó a pensar en la forma de ayudar a la anciana. Su mente siempre inquieta pensó en su amiga Flammy, seguramente ella podría ayudarla.
-Sabe tía, yo tengo una idea que puede funcionar.
¿Una idea, No lo sé jovencita, tus ideas siempre son algo…
-Extremas… - completo Candy riendo divertida
El asomo de una sonrisa se dibujó en los labios de la anciana, luego escucho atentamente el plan de Candy.
-Tengo una amiga enfermera que me gustaría invitar a pasar una temporada conmigo, tal vez podría quedarse aquí, en la habitación de junto. Por supuesto es una mujer de grandes principios y muy profesional.
-Ummm Si… talvez debas invitarla.
-Por supuesto, ella podría descansar un poco aquí del trabajo tan duro que hizo en Europa.
¡Oh Claro, debe estar muy agotada- contesto la tía dándose cuenta del rumbo de los pensamientos de su nieta adoptiva.
-Aquí podría ejercer su profesión, usted sabe, no debe dejar de practicar. Es importante que las enfermeras siempre estemos practicando.
-Tienes razón Candy, deberías traer a esa amiga tuya a pasar una temporada aquí.
-Como usted diga tía, la llamaré antes de irme a Nueva York. De momento le pediré a Dorothy que venga a ayudarla, unos días nada mas por su…"resfriado".
-Esta bien querida, lo dejo en tus manos.
Candy acomodo de nuevo a la tía abuela, espero a que se durmiera y salio en silencio de la habitación. Despuntaba ya el alba cuando caminaba a su cuarto. Se sentía al mismo tiempo feliz y triste de haber tenido este encuentro con la tía abuela. Su enfermedad era muy grave e incurable, pero también esa especie de complicidad la hacía sentirse feliz, de hecho la llamo "querida", algo que pensó jamás escuchar de los labios de la matriarca, para dirigirse a ella. En su habitación trato de conciliar el sueño nuevamente, tal vez esa sensación de bienestar la ayudó porque a los pocos segundos dormía y su sueño fue tranquilo.
En Nueva York, la vida de Terry comenzaba a tomar un ritmo, su madre le propuso que vendiera esa casa con todos sus recuerdos y encontrara algo más pequeño y cercano a Central Park. Al principio dudó, pero se dio cuenta de que en realidad esa casa lo enfermaba y su hijo estaba todo el tiempo sintiéndose triste, mirando a su alrededor los recuerdos de la vida con su madre y su abuela. Vendió la casa mas barata de lo que era, pero no le importo, se hizo de un hermoso apartamento cerca de Brodway, de 3 habitaciones cada una con su baño, un estudio y estancia y cocina. Despidió a la mayor parte de la servidumbre y se quedo Rosa la cocinera, una mujer mayor, que amaba mucho al pequeño y una mucama muy joven, Lilia, para que ordenara el lugar y cuidara de Alan mientras el o su madre estaban en sus ensayos.
La primera noche que pasaron en su nuevo hogar fue de total insomnio para Terry, sus pensamientos estaban lejos, en el pasado, cuando unos hermosos ojos verdes lo miraban. Cuando sus ojos se reunían con los de ella, el parecía escuchar a su alma decirle ¡Sonríele! Y sin poder evitarlo lo hacía. Tan irresistible era esa mirada llena de amor, de picardía, de alegría y bondad.
Terry soñaba despierto entonces, esos sueños que eran lo único que tenía, de alguna forma en sus fantasías podía llamar a Candy por su nombre al oído, podía escucharla reír y decirle que lo amaba, que era el único capaz de hacerla feliz. A veces sus sueños iban mas allá y se convertían en imágenes llenas de pasión donde se adueñaba de su boca, donde la tomaba por la cintura y la apretaba contra su cuerpo oyéndola suspirar, sintiéndola temblar por él, solo por él. Cuando volvía a la realidad el vacío que quedaba era sempiterno y las lágrimas no llegaban para llenarlo. No había lágrimas.
-Candy aunque te llorará una eternidad, nunca podría borrar de mi memoria tus ojos.
La temporada teatral de diciembre estaba ya en escena, por lo que Terry prefirió comenzar a ensayar otras obras para la primavera. Esto le dio tiempo para acostumbrarse a su nueva vida, su nuevo hogar y pasar mucho tiempo con su hijo.
-Seguro que no quieres integrarte al "Cyrano", estoy seguro de que Eames no tendrá objeción – le preguntó de nuevo Robert Hathaway.
-Por supuesto que tendría objeciones, Robert, no, es mejor dejarlo como esta.
-Tiene razón Terry, Robert. Aunque Alex no es aún tan bueno como él, es su primer protagónico – terció Karen Claise.
-Lo que pasa es que a ti te encanta ser besada por un ese rubio coqueto – le contestó bromeando Robert
¿Debilidad por sus encantos? Eso es nuevo en ti Karen – dijo Terry siguiendo la broma
-Si no quieren comenzar a hablar como sopranos, les recomiendo que paren sus bromas caballeros – respondió Karen en tono amenazador pero con una gran sonrisa.
La vida de Terry parecía tomar un rumbo por fin, sus compañeros de teatro lo encantaron cambiado, aunque igual de arrogante y temperamental y mas ermitaño que antes, ahora solo compartía sus ratos libres con Robert y su esposa, con Karen en algunas ocasiones, su madre y su hijo. En alguna ocasión Karen le preguntó si no había pensado buscar a Candy, pero Terry le contestó que no era su asunto y hasta ahí llego el tema.
Sin embargo el se hacia esa pregunta todos los días. Sabía que un viaje a Chicago podría responder sus preguntas, pero era eso precisamente lo que no quería saber. No quería encontrar a la mujer que amaba más que a su vida, felizmente casada. Solo de pensarlo le hervía la sangre de celos. Tal vez no fuera capaz de soportar ver que sus miradas de amor eran de otro. Que otro era el dueño legítimo de su amor y de sus caricias. El tormento que vivía cada día cuando pensaba en ella, tenía el sabor agridulce que queda cuando despiertas de un hermoso sueño y lo sabes imposible en la realidad, pero aun así era mejor que saberla de otro.
Las horas que pasaba con Alan eran un bálsamo para sus heridas, el pequeño era un curioso incasable, travieso y lleno de vida, hacia las delicias de su abuela, dejaba exhausta a Lilia y a él lo hacia sentirse inmenso y orgulloso. Nunca pensó que tener un hijo fuera una experiencia tan sobrecogedora. El saber que una criatura inocente dependía de el, era aterrador, pero cuando su hijo lo miraba y le decía que lo amaba, se sentía capaz de todo.
El alba estaba llegando, desde la cubierta del trasatlántico, una mujer miraba hacía la costa que se divisaba en el horizonte. Su cabello era muy largo y lo llevaba inusualmente suelto, el aire lo hacía flotar alrededor de su rostro. Sus ojos color miel buscaban otros ojos que la esperaban en esa costa. . .
Demasiado temprano aún un joven de rubios cabellos, ligeramente largos, no dejaba de ver hacia el horizonte, el sol estaba por salir y la claridad de la mañana se avecinaba. El frío empañaba el cristal de la ventana de su habitación. Levanto su mano y retiro la humedad del cristal. Insistía en ver, buscaba otros ojos, uno color miel que viajaban hasta él. . .
A miles de kilómetros, esa mañana una pareja se besaba con pasión aun entre las sabanas, sus ojos se reunían antes de cada beso. El sabía el pequeño secreto que guardaba el vientre de su mujer. Ella compartía la inmensa alegría del milagro que ocurría en su cuerpo. . .
En habitaciones distintas un par de enamorados incapaces de dormir por la exaltación de saberse correspondidos, escribían tiernas palabras de amor. Ella llenaba un papel perfumado, dejándose llevar por sus sueños.
Desde detrás de uno lentes los ojos de él recorrían las palabras elegidas, mientras el recuerdo de una mirada que le regalará el día anterior, le decía "mírame con amor".
En ese amanecer una rubia mujer despertaba de un sueño con un solo nombre en la boca, en el alma, en el corazón, y sus ojos lloraban su secreto. ...
Con la mirada azul completamente perdida, un hombre sentía llegar la mañana. Pero en él, no había ilusión por el futuro. Para el solo existía un pasado, un recuerdo, una mirada de profundo color esmeralda.
Continuará
Hola de nuevo. Aquí esta el segundo capítulo de mi historia. Ojala les guste.
Oriel. Gracias. Tu sabes lo que significa que seas tú la primera en enviarme un review, desde mi corazón.
Alex (SaYo-Yukishiro): Gracias por tus comentarios, me encanta que te encante y por supuesto que lo consideres bien escrito es halagador, prometo darte mas información sobre el pequeño Alan, de momento puedo adelantarte que, siendo hijo de Terry solo puedes esperar un chico temerario y muy travieso ;D. Sigue leyéndome y recomendando mi fic.
Besos desde el fondo de mi tintero.
Ali.
