Realidades del Corazón
Capitulo IV
Sucede cada vez que nos miramos.
Pequeños rastros de mi quedaron
flotandoen la oscuridad de mi deseo satisfecho.
Finalmente logré poseer tu mirada sin que nada alrededor,
interrumpiera el intercambio de gozo entre nosotros.
Nuestros ojos se encontraron y en tan solo segundos,
te bese suavemente, mi mirada te acaricio tan íntimamente,
que tú alma fue desnudándose irremediablemente,
ante el embate de mis deseos.
Tus ojos brillaban y cada parpadeo se convierte
en un mensaje de pasión intenso,
y sucedió de nuevo, mi corazón se rindió sin remedio
como mañana, como ayer,
como sucede cada vez que nos miramos.
Alisa
Arthur movía su vaso lleno de whisky, una costumbre de su padre, el siempre movía su bebida antes de tomarla, no importaba si era café, vino o como en este caso whisky. Recordar a su padre lo lleno de nostalgia. Pensaba que si estuviera vivo el seguro podría aconsejarlo sobre Candy. Tal vez su tío Nat. . . aunque siendo tan tímido. . . Recordar al hermano de su madre lo hizo sonreír, su madre siempre le decía que se parecían mucho, lo cierto es que ambos tenían ojos y cabellos negros y su tío era alto, atlético, de hecho nadie creía que era un tímido catedrático de literatura.
El bar del Astoria estaba lleno. Después de su cena con Candy, sabía que no iba a dormir, así que tras dejarla en su habitación bajo al bar. Su sorpresa más grande fue encontrar a Albert ahí, bebiendo oporto y con una sonrisa de satisfacción en los ojos. En cuanto lo vio, se sentó a su lado y pidió un buen whisky, "doble por favor" había sido la petición y mirando a Albert le contestó a su mirada intrigada "hay días que se necesita uno doble¿no crees?
Albert miro a su amigo, parecía que estaba de buen humor, pero en realidad algo lo inquietaba. Su mano descansaba en la barra del bar y sus dedos no dejaban de tamborilear, en desacorde con la música. Muchas veces vio ese mismo gesto cuando estaban en Francia, ya fuera en campo o en el hospital.
¿Qué tal la cena? – le preguntó a su amigo curioso
Podría preguntar lo mismo, pero tú cara lo dice todo. Al fin te has propuesto decentemente, como corresponde ¿no?
Sabes que esa era la intención, te agradezco que nos dejaran solos. – le contestó sin dejar de notar que evadía su pregunta.
No tienes nada que agradecer.
Y. . .
¿Y qué?
¿Qué tal la cena?
Bueno. . . – Arthur suspiro largamente – En fin – dijo levantando los hombros en señal de derrota - seguro Candy te contará todo de cualquier forma. Fuimos a un restaurante de moda, "The Fuss" donde tocaban Blues. Candy sintió la música en su misma alma, la hubieras visto, tenía los ojos fijos en el cantante, un hombre de color con una voz impresionante. El lugar era lo que podríamos definir como decadente, todas las paredes estaban llenas de fotos de políticos y artistas. La comida estuvo exquisita. Espero no te molestes por que la lleve, se que no era muy adecuado.
¡Molestarme¡ por su puesto que no, imagino a Candy ahí, divirtiéndose sin remordimientos de ninguna clase.
Si, la pasamos bien.
Entonces¿Por qué estas tan inquieto? – inquirió Albert de nuevo
No lo estoy. – indico defensivo
Si claro. . . Vamos Arthur¿Qué sucede?
En realidad nada Albert. . . – contestó el interpelado tras un corto silencio - o por lo menos nada nuevo, tuve esperanzas de nuevo de conquistar el amor de Candy, pero hoy estuve mas lejos de ella que nunca. Se que me advertiste sobre esto.
¿Te rechazo? – preguntó tratando de entender por que el estado tan derrotista de su amigo.
Ni siquiera tuve oportunidad de decirle nada.
No entiendo¿Qué sucedió?
Dime una cosa Albert¿El hombre que aun ama Candy vive aquí en Nueva York, tiene que ver con el teatro?
¿Por qué preguntas esto¿Acaso Candy se encontró con alguien esta noche? – pregunto alarmado Albert al imaginarse que Candy había tenido un encuentro inesperado.
No, no te alarmes, déjame explicarte. Al salir del restaurante, se armo un alboroto en la entrada, unos actores de Brodway estaban por entrar, el "maitre" nos dijo que siempre cenaban en ese lugar. Candy se puso muy nerviosa cuando escucho que una de las actrices se llama Karen Claise y que venía acompañada por otro joven actor.
¿Sabes el nombre de ese actor?
Un tal Eames. . . pero ese no es el hombre que Candy ama.
¿Por qué lo afirmas con tanta seguridad?
Porque cuando subimos al auto le pregunte si era aficionada al teatro. Ella me contesto que hacia tiempo que no lo era, pero que conoció a Karen Claise hace tiempo. Me pareció raro que no quisiera saludarla, cuando le pregunte ella solo me dijo que no quería verla, que le traía a la memoria "algo" que no quería recordar.
Pero eso no fue lo que te reveló la verdad de su corazón. – le indico perspicaz Albert
No, tienes razón. Fueron sus ojos. Cuando me di cuenta de lo nerviosa que estaba, de que se había puesto pálida y se había borrado su sonrisa, lo sospeche. Entonces cometí un gran error. Le pregunte si no era a "alguien" a quien no quería recordar. Debí quedarme callado.
¿Qué te respondió?
Nada, no tuvo que hacerlo. Su mirada me dijo mucho más. Albert yo. . . ni si quiera se como me siento, al principio me dolió, no te miento, pero cada vez que recuerdo esa mirada. . . ella sufre por ese hombre mas de lo que cualquiera nos imaginamos, mas de lo que yo sufro por ella.
Lo siento Arthur. Ojalá Candy se hubiera enamorado de ti y olvidara el pasado.
¿Quién es él? – preguntó con dolor
Eso debes preguntárselo a ella. Yo no puedo decirte nada más.
Lo sé Albert. Siento haberte preguntado.
No te disculpes.
Debo hacerlo, mira como te he preocupado, hoy que estabas tan feliz.
Somos amigos Arthur y muy pronto seremos familia. ¿Quién mejor que yo para escucharte?
Gracias. Creo que pediré otro doble antes de irme a la cama.
Te acompaño, brindaremos por el amor.
Si, y por tu felicidad y la de mi hermana.
Y por tu felicidad y la de Candy, como quiera que esta llegue a ustedes.
Después de una hora más, ambos hombres se levantaron y subieron hasta sus habitaciones. Cuando Albert se dirigía a la suya, se topo con Kerry. Su preciosa prometida estaba envuelta en una bata azul, llena de pequeñas flores blancas en cuello y mangas, con el cabello suelto y la piel blanca resaltando por la luz. Verla así, descalza y sorprendida lo encendió. Sin mediar palabra la tomo la cintura y la beso. Su cuerpo reacciono a la proximidad, su sangre bombeaba desde su corazón muy fuerte. Con desesperación trataba de controlarse, pero al escuchar los pequeños gemidos de Kerry, perdió por completo el control, la acerco contra la pared y sus manos comenzaron a vagar por sus caderas. De pronto sintió como la mujer en sus brazos metía los dedos entre su cabello, y se abría a un encuentro mas íntimo. El ruido de elevador los trajo rápidamente a la realidad. Albert miro al final del pasillo, se estaba abriendo. Sin pensar, tomo a Kerry y la introdujo en la habitación de ella, la mas cercana a donde estaban.
Por Dios Kerry, si seguimos dejándonos llevar por nuestras emociones, acabaremos. . . – decía Albert en tono ronco, con la puerta y la espalda y su prometida en sus brazos
En un cuarto de habitación de Hotel – comentó con una sonrisa picara
Ante la ironía Albert miro alrededor dándose cuenta de donde estaba, sin poder evitarlo miro a Kerry y aunque su cuerpo gritaba que siguiera, no se movió. El tenso silencio que se hizo por unos momentos se relajo ante la suave risa de su prometida. Casi de inmediato la siguió hasta que ambos reían sin poder parar. Tras unos minutos más, Kerry se separo de su prometido y envolvió en una chalina
Que hacías en el pasillo a estas horas, querida- pregunto mientras se sentaba en el pequeño sillón junto al ventanal del cuarto.
Volvía del cuarto de Candy – contestó Kerry con una mirada de preocupación.
Entiendo.
De veras lo entiendes – le decía Kerry, dejando ver su preocupación en su voz
¿Que quieres decir? – preguntó muy extrañado
Nada, solo quería estar segura de que sabes lo que sucede. – la impaciencia se notaba en sus ademanes.
Se que Arthur esta enamorado de Candy – le indico Albert rotundo.
Pero sabes acaso que Candy aun ama a Terry.
Lo sospechaba. Ella te lo confesó – fue mas una afirmación que una pregunta
Si, lo hizo. Y si me atrevo a decírtelo es por que seguro lo oirás de su propia boca. ¿Sabes que en cuanto la dejo Arthur en su habitación comenzó a llorar¡Imaginate, Candy llorando! En cuanto escuche que se cerró su puerta, fui a verla, quería platicar con ella, saber como la había pasado y la encontré llorando sin consuelo. Jamás había visto a Candy así, era todo llanto y tristeza. Se culpaba por haber herido a Arthur y también por no poder olvidar. Estoy muy preocupada por ella, la deje dormida y le administre un sedante suave.
¿Fue necesario¿Tanto así estaba angustiada? – Albert estaba consternado
Creo que fue simplemente que llegó a su límite, no creo que este tan deprimida como para que siga a tomándolos, pero aun así, voy a vigilarla.
Esto es desesperante, ella que siempre ha sido un apoyo y ayuda para todos nosotros, que generosamente nos ha dado miles de muestras de afecto y no podemos hacer nada para ayudarla.
Estas seguro Albert.
Si, Terry se casó hace tiempo y en las últimas noticias que escuche tuvo un hijo.
¡Oh Albert! – le dijo mientras se levantaba y extendía los brazos – ¡debe haber algo!
Todos la amamos mucho Kerry, siempre estaremos con ella, lo sabe. – contesto abrazándola
No creo que sea suficiente.
De momento es todo lo que podemos hacer por ella.
Soltó suavemente a su prometida la beso y se despidió. En su habitación, ni siquiera intento dormir, se acomodó frente al hermoso ventanal de su cuarto a pensar. Mientras el amanecer llegaba, Albert buscaba la forma de ayudar a la mujer que consideraba, más que su pupila, su hermana. Con las primeras luces del Alba, se quedó dormido sin llegar a ninguna conclusión. El tiempo le diría que su desvelo fue inútil, el destino tenía ya su opinión sobre el asunto.
Emilia Elroy escuchaba la constante charla de su nieta Eliza, ella y su madre se habían ofrecido a acompañarla esa mañana. Encontraba algo fastidiosa su voz, se notaba que estaba muy nerviosa, su madre también lo estaba. Se preguntaba cual de las dos mujeres sería la que comenzaría el tema que en realidad las había traído ese día. Desde que se enteraron de que Stear estaba vivo y del compromiso de William, un silencio de días se hizo. Emilia estaba acostumbrada a esto. Por experiencia sabía que su ambas mujeres estaba pensando donde dejaba a los Leagan estos acontecimientos. En varias ocasiones habían planteado la unión matrimonial de Eliza con William, antes de que este fuera a Europa con Candy. William nunca lo tomo en cuenta, incluso ante su propia insistencia. Después de haber impedido el compromiso de Candy con Neil, debió suponer que tampoco estaría de acuerdo con esa idea. Por alguna razón los Leagan le eran muy desagradables, era notorio como esquivaba por completo a Neil, y apenas toleraba a Eliza.
La plática seguía, comentarios de los últimos eventos. No podía quejarse, ella misma influyo mucho en la educación de las dos, eran un retrato fiel de ella misma, no había remedio. Sin embargo estaba ya cansada del rodeo. Mas allá de sus familiares estaba la atenta enfermera, con un libro en las manos fingía leer en la terraza. La matriarca se distrajo pensando en Flammy, era una chica muy particular, se dio cuenta en el mismo momento de conocerla. Era muy educada, respetuosa con ella, pero cuando se trataba de su tratamiento, era implacable. No se parecía en nada a Candy, desde que la conoció días atrás se pregunto como dos personas tan distintas podían estimarse tanto. ¡Ah! Por fin, Eliza fue la elegida para comenzar.
Bueno Tía, William la ha de haber sorprendido con lo del compromiso.
Por supuesto Eliza, yo no esperaba que regresara de Europa con la idea de casarse.
Y mucho menos con quién. Me comentaba el otro día Papa que este enlace no será nada beneficiosos para las empresas Andric. De hecho no entendía por que William había elegido una mujer sin clase. ¿No es cierto mamá?
Si, es verdad. Me supongo que usted ya hablo con William.
Si, hablamos antes de su viaje a Nueva York.
¡Entonces se casará contra su voluntad! – comentó Eliza fingiendo sorpresa.
Yo no he dicho nunca que estoy en contra de ese matrimonio Eliza.
Pero. . . ¿Quiere decir que esta de acuerdo con la decisión?
Si lo estoy.
Pero Tía¡Se casa con una mujer sin clase y sin fortuna, usted sabe lo que representará, el ridículo frente a nuestros amigos. Todos los padres de familia que tenían esperanzas de un enlace matrimonial con William estarán furiosos. Imaginelo sentirán el desprecio a sus hijas, elevando a una mujer ordinaria por encima de ellas. Esto va a afectar muchísimo las relaciones comerciales de los Andric.
Te recuerdo dos cosas niña, la primera es que William es el cabeza de esta familia. Sus decisiones no pueden ser cuestionadas por nadie, mucho menos tratándose de su matrimonio. Lo segundo es que desde que Archie esta manejado los negocios familiares, nuestra situación ha mejorado, evitando que la depresión económica nos afectara.
No entiendo Tía. . . pensé que usted sería la primera en condenar un matrimonio así y que tiene que ver Archie. . .
¡Basta ya! Nunca antes he dado explicaciones. William no regresara a la frente de los negocios. Archie seguirá en su puesto y si Stear quiere unirse a él, así será. Eso es lo que William decidió.
Pero Tía aun así. . . – decía Eliza levantando aun mas la voz
¡Eliza! – le dijo su madre con voz helada
Madre pero. . . – contestaba Eliza casi murmurando.
¡He dicho que basta! – volvió a decirle en el mismo tono
Si mamá.
Entiendo Abuela, así es como se ha decidido entonces – comentó sonriendo fingidamente –Es Archie quién ahora esta al frente de los negocios. Tienen razón en sus decisiones, Archie esta más que calificado, ya lo ha demostrado, además esta casado con una mujer de clase y fortuna y sus relaciones gracias a los Britter son inmejorables.
Siempre has sido muy inteligente querida. – la matriarca admiró la mujer, mucho menos visceral que su sobrina-nieta
Gracias Tía. Entonces el matrimonio es un hecho. Usted sabe que yo no perdía la esperanza de que Eliza se casará con William, debido a que el matrimonio de Candy con Niel no pudo concretarse.
Lo se hija, pero. . .
Oh no se preocupe Abuela, Eliza tiene varios prospectos que hemos discutido también, seguramente anunciaremos un compromiso al terminar esta temporada. . . Con Archie y William casados y con Stear en noviazgo con Patricia O´Brian, solo le queda un dolor de cabeza.
Quieres decir Candy.
Si, aun sigue en pie nuestra propuesta. Niel aun no ha concretado compromiso con nadie.
Lo siento querida, para ese tema debes hablar con William, finalmente es su tutor legal, ya sabes que en el pasado no lo permitió.
Usted puede influenciar en su decisión Abuela. – le indico – esa niña puede contraer matrimonio con alguien que solo busque la fortuna que va a heredar, ahora que el se casa, debe tratar de dejarla protegida, quien mejor que Neil, se conocen desde niños. – volvió a presionar.
Tú sabes que no me desagrada la idea querida pero, aun así, es él a quien debes dirigirte. – la anciana dijo esto último ya con voz irritada
Por supuesto. Ha sido encantador estar con usted Abuela, nos retiramos, Eliza y yo tenemos un compromiso con la modista, debemos encargar los vestidos para la fiesta de compromiso.
Entiendo. Adelante, me alegra que hayan venido.
Las dos mujeres se levantaron con gracia y se despidieron educadamente. Cuando salieron de la habitación, Flammy entró desde la terraza y se acerco a la anciana.
No debería dejar que estas cosas la molestaran – le decía tomando su pulso – esta muy pálida, si no se tranquiliza pasará toda la tarde en cama Sra. Emilia.
Gracias Flammy, me duele un poco el pecho y estoy algo débil. Esas dos me han hecho rabiar.
No debería preocuparse por cosas así. – le contestó – tiene bajo el pulso, trate de respirar con tranquilidad y suba los pies al taburete.
¿Cómo no voy a preocuparme? Tanta insistencia para casar a Neil o a Eliza no dicen nada bueno
No se preocupe mas, pediré a Dorothy que le traiga una copa de coñac, vamos a levantar esa presión.
¡Coñac, a estas horas!
Prefiere que le de su medicamento. – contestó Flammy sin dejarse engañar por la fingida sorpresa
La verdad, prefiero el coñac.
Bien, pediré un te para acompañarla. – le dijo sonriendo
Muy bien niña, además creo que tenemos pendiente un poco de lectura. – indico la anciana con una picara mirada
¡Oh claro, seguiré leyéndole su novela. Veremos que sucede con Lady Windermere – refiriéndose a la novela escandalosa de Oscar Wilde.
No me engañas niña, te gusta tanto como a mí, te he visto cuando me la lees – contesto riendo la anciana
¡Sra. Elroy, esas novelas no son propias de una dama o de una señorita, usted lo sabe! – contestó con voz escandalizada
Si, pero son maravillosas ¿no?
Pues. . . si, pero si le dice a Candy que yo he dicho algo así, lo negare rotundo.
Bueno, será un secreto. Lo prometo
Flammy pidió a Dorothy la copa de coñac y te, después se sentó frente a la anciana, tomo el libro para comenzar a leer, pero antes de empezar miro a la matriarca algo turbada.
Sucede algo niña – decía la astuta anciana
En verdad casaría usted a Candy con su sobrino, sin que se amaran.
Si, lo haría. No me mires así niña, las mujeres con apellidos como los nuestros no tienen muchas opciones, el dinero va donde el dinero está. Los matrimonios por conveniencia son lo mas natural. Se que esto te parecerá inhumano, pero a nosotras nos educan para ello. Ahí tienes a Eliza, es una dama perfecta, educada para acompañar y lucir a lado de un hombre, ella será una perfecta anfitriona y madre.
Dorothy entró con trayendo consigo el coñac, pastas y te. Lo sirvió rápido y con eficiencia, de pronto Flammy pensó que ella y Dorothy eran mas afortunadas que las chicas de alta sociedad, sus matrimonios eran por amor y la elección era de cada una. Ahora entendía porque Candy se había separado de su familia adoptiva. El dinero traía consigo responsabilidades y compromisos, irónicamente, la gente sin recursos soñaba con ser rico y "hacer lo que uno quiere".
¿Usted se caso así, Sra. Emilia? – pregunto con tristeza
Si, mis padres dispusieron mi compromiso cuando tenía 16 años. Fue algo muy ventajoso. – contestó sonriendo – pero no debes sentirte triste, con el tiempo llegue a querer a mi esposo, supongo que también es parte de nuestra forma de ser educadas.
Pero Candy no fue educada así, de hecho escapo del colegio donde la mandaron. – dijo preocupada por su amiga
William nunca permitirá que Candy contrajera matrimonio contra su voluntad. Además el año que viene cumple la mayoría de edad.
Pero a usted si le preocupa.
Si, las chicas herederas son blancos fáciles de caza fortunas.
No creo que Candy haya pensado jamás en si misma como "Rica heredera"- dijo riendo
Si, por eso estoy preocupada.
Tal vez no debería, Candy sabrá elegir en su momento.
Es una atolondrada – contestó la matriarca en tono desesperado
No lo niego, pero no es tonta. Bueno dejemos a Candy y sigamos con Lady Windermere. – y dirigiéndose a la mucama – gracias por todo Dorothy. Esta le sonrió mientras se retiraba.
Flammy comenzó a leer en voz alta la controversial historia, mientras la Sra. Elroy cerraba los ojos y sonreía disfrutando de su bebida y de la historia en voz de la enfermera.
Eliza daba vueltas furiosas en su cuarto, las cosas no estaban saliendo como ella imagino. En primer lugar su plan de contraer matrimonio con William se habían evaporado. Era una lastima, todo ese dinero y ni que decir de lo guapo y joven que era. Y la repentina resurrección de Alistar, ese hombre si que estaba perdido, la posición de "viuda inconsolable" de Patricia no le permitiría ni acercarse si quiera. Su madre tenía razón, el único modo de lograr parte de la fortuna de los Andric, era a través de esa hospiciana. ¡Maldita y mil veces maldita! Desde que llegó a sus vidas todo fue mal. Pensar la suerte de esa estupida. Que demonios les daba, todos la miraban y se sentían perdidos por ella, Anthony, Stear y Archie, también Terry, por lo menos a él no pudo tenerlo y ni que hablar del cariño desmedido que le tenía William¡llegó a pensar que también se había enamorado de ella! Neil era el único que podía hacer algo, y necesitaban hacerlo pronto, la depresión económica los estaba afectando demasiado. Era culpa de su hermano, desde el desprecio de Candy, se dedicaba mas a parrandear que a estar pendiente de los negocios con papá. Sus constantes escándalos y apuestas estaban minando la ya deteriorada fortuna de su familia.
Lo más preocupante era el silencio de su madre, ella la conocía perfectamente, desde que salieron de casa de la abuela Elroy, no había pronunciado palabra al respecto, pero se podía adivinar que había tomado una decisión con respecto a su matrimonio. Después de ir a la modista, paso a ver a su padre a la oficina, estuvo con el más de una hora. Cuando salió, su mirada era mas bien de disgusto. Eliza hervía de curiosidad, pero hacia mucho que había aprendido a refrenarse, no era propio preguntar, ella debía esperar hasta que sus padres le dijeran cual era la decisión sobre su matrimonio, porque de eso si estaba segura, su madre fue a discutir sobre el mejor partido para el enlace. Al llegar a casa comieron en silencio, y su madre se retiro a su recamara.
Eliza sabía cuales eran los nombres de los candidatos y casi podía asegurar quién fue el elegido, Charly Scott-Walden, un hombre de casi 50 años, aun soltero y que había demostrado interés por ella desde su presentación en sociedad. Tenía una cuantiosa fortuna, no tan inmensa como los Andric, pero podía contarse entre los hombres acaudalados de la ciudad, o tal vez fuera. . .
La doncella de Eliza toco su puerta, interrumpiendo los pensamientos de la joven mujer. Después de un displicente "adelante", la chica entró.
Señorita Eliza- decía su doncella al entrar – su madre quiere verla.
Dile que enseguida voy.
Si Señorita.
Eliza se arreglo nuevamente el cabello y el maquillaje. Al salir de su habitación se sentía extraña, algo disgustada. Mientras caminaba al encuentro de su madre, una inmensa rabia surgió de su interior. Ella quería casarse con William, y el la había despreciado por una mujer de baja ralea. Nunca tuvo ideas románticas sobre esto, una boda era solo un buen negocio. Pero siempre pensó que sería con uno de los Andric, un hombre joven y guapo, en cambio, la lista de sus pretendientes hacían más de dos siglos sumando sus edades.
Me llamaste madre – dijo cuando entró, su voz era suave, pero no denotaba afecto
Pasa querida, he pedido que nos traigan té – dijo su madre en igual tono
Gracias¿Nos acompañaran Papá o Niel?
No, tu padre regresara mas tarde y tu hermano esta aun dormido.
Entiendo – por supuesto entendía que estaba durmiendo la borrachera del día anterior, pero eso era algo que no diría una dama.
He hablado con tu padre esta mañana sobre tu matrimonio.
¿Si? – contestó mientras pensaba "esa es Mamá, directa siempre" – han decido ya.
En realidad si, sin embargo llegamos a una conclusión que te parecerá extraña.
Eliza guardo silencio mirando a su madre. ¿Qué podía decir?
Al principio elegimos a Charles Scott-Walden. Siempre ha dado muestras de su preferencia hacia tu persona, lo recuerdas ¿no?
Si, fue socio de papá en algunos negocios– Eliza trajo el recuerdo de un hombre de casi 50 años, bastante alto y de buena presencia. ¿Por qué habrían cambiado de opinión?
Si el mismo y en caso de no concretar un acuerdo sería una buena opción, excelente partido, soltero y sin escándalos de faldas.
Entonces existe alguien mejor.
En ciertos aspectos, sobre todo en cuanto a su fortuna, es inmensamente rico y más joven. Su nombre es Frank Harrington, has oído hablar de él.
Eliza abrió los ojos desmesuradamente¡Claro que había oído hablar de él, era un hombre de clase media que tuvo una importante subida en los negocios, su madre era la hija menor de alguna familia de Nueva York, venida a menos, lo había visto en varias ocasiones, era extremadamente delgado, de cabellos castaños deslavados y usaba lentes que dejaban ver unos ojos pequeños, entrecerrados siempre ¡era un hombre vulgar! Y ciertamente se rumoraba que buscaba una mujer de buena familia para ser incluido en sociedad. Su primera reacción fue negarse en redondo, pero una mirada de su madre bastó para acallar cualquier objeción, de pronto comenzó a entender. . .
Tan desesperada es la situación madre.
Si, no podemos esperar a que Neil logre concretizar con Candy o con alguien mas, pronto será imposible ocultar nuestra posición actual. Tu padre hablará con el esta misma tarde, si todo se arregla, cenaran aquí para ultimar detalles sobre el compromiso.
¿Por qué él mamá?
Ponte tu vestido negro para la cena querida, te queda muy bien.
Y eso fue todo. Eliza se levanto diciendo un "si mamá" automático, camino igualmente hasta su cuarto. Una vez dentro, fue directamente hasta su ropero y saco el vestido que su mamá le había sugerido. Recordó cuando lo había comprado, lo eligió por el contraste que hacía con sus rojos cabellos, y porque le quedaba ajustado como un guante al cuerpo. Con el vestido en sus manos se acerco a su tocador y de un cajón saco unas tijeras. Comenzó a destrozar el vestido con furiosos tijeretazos.
Obedeceré madre, tenlo por seguro, me casare con ese hombre- decía mientras gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas- pero no me presentaré ante él como un plato de carne sobre la mesa, a pesar de todo soy una dama
Esa noche llego al comedor usando un hermoso vestido color marfil "como de virgen al sacrificio" pensó. Cuando la vio su madre, un ligero movimiento de cejas le demostró su sorpresa al no verla vestida de negro, pero un pequeño asentimiento le dijo que aprobaba el cambio.
Mientras su padre hacía las presentaciones oficiales, el pequeño hombre la miraba con gran entusiasmo, como mira un gato a un ratón. Su hermano Neil en cambio la miraba con lastima. Como siempre bebió más de lo que comió. Al final de la cena, su padre mando traer una botella de Champagne y brindo por ellos. Eliza bebió y sonrió todo el tiempo, aunque no se encontraba nada contenta.
Sus padres, como perfectos anfitriones escuchaban a Harrington hablar sobre la fusión que se daría entre las empresas, una vez efectuado el matrimonio. Eliza escuchaba algo ausente, pensando en alguna forma de evitar este compromiso. Las siguientes palabras de su ahora prometido , tiraron por tierra sus esperanzas, el compromiso se haría público esa misma semana y la boda sería en un mes. Su sorpresa no paso desapercibida a Harrington.
Eliza, me parece que ahora puedo llamarte así.
Por supuesto – dijo aquella
Veo que esperabas un compromiso mas largo.
Bueno, una boda en un mes es muy difícil de organizar, lo menos se necesitan 6 meses.
¡Oh! lamento mucho decepcionarte pero nuestra boda debe coincidir con ciertos compromisos financieros, estoy seguro que con un poco de esfuerzo podremos lograrlo.
Como diga – contestó con evidente desconcierto.
Deja la formalidad querida Eliza, a partir de mañana seremos oficialmente prometidos, sería extraño que nos habláramos así. Entiendo que esto sea algo precipitado para ti, pero pretendo pasar mucho tiempo contigo este mes, veras como vamos a conocernos bien.
Harrington lo dijo con voz suave, pero con un dejo de amenaza que reconoció al instante. Todo su ser se sintió presa del miedo. ¿Qué estaba planeando ese hombre? Al poco rato los caballeros se disculparon. Neil se escapo diciendo algo sobre un compromiso previo y su padre y Harrington se fuero a la biblioteca. Ella se retiró a su cuarto. Mientras su doncella la ayudaba a desvestirse parecía la misma de siempre. Sin embargo, ya en su cama, el peso de todo lo sucedido en el día cayó de golpe en su conciencia. De pronto la furia que hasta ese momento la había sostenido toda la tarde perdió fuerza y se encontró con que era solo miedo. Por primera vez en su vida, Eliza Leagan sintió miedo.
Abrió los ojos, la habitación estaba aun es sombras, no necesitaba mirar el reloj para saber que iba a amanecer pronto, siempre despertaba a esas horas, por lo menos siempre que soñaba con ella. Se levantó, ya no podría volver a conciliar el sueño. El silencio reinaba en su casa. Sin prender ninguna luz, se dirigió al baño, y tomo se ducho con agua tibia. Mientras caía el agua sobre su cuerpo se fue relajando, pero al mismo tiempo su mente comenzó a inquietarse, los recuerdos, el adiós, todo pasaba en imágenes fugaces, pero no por eso menos dolorosas. Ya seco y envuelto en una bata se sentó frente a su escribanía de cedro. Comenzó a escribir.
Hace mucho tiempo que no se de ti, que no escucho tu voz. Siempre recordaré el día en que tomamos rumbos separados, cada uno en busca de su lugar en el mundo, sabiendo en el fondo de nuestras almas, que ese lugar era el uno al lado del otro. ¡Que jóvenes éramos! y qué extraño resulta ahora pensar en nuestras lágrimas.
Nunca he olvidado nuestras constantes bromas sobre la estupidez de la humanidad. Sobre sus hipócritas reglas y sobre aquellas falsas buenas costumbres. Recuerdas como nos reíamos cuando nos llamaban "rebeldes", yo tengo tu sonrisa clavada en el corazón y tus ojos verdes en mi alma.
Me desperté al amanecer y contemplé como iba cambiando el cielo. Aquí en Nueva York los pájaros cantan de otra manera, muy diferente a Inglaterra o a Escocia. Recuerdas como nos sentábamos simplemente a escucharlos. Me siento ansioso ¿Por qué? Quizá sólo me siento solo, hay tanto silencio. . . pero no es un silencio como el que compartíamos, ese era algo mágico. Nunca encontré una persona en todo este tiempo con la cual haya disfrutado del silencio. No como contigo.
¿Me recuerdas Candy? Tal vez miras hacía atrás y solo soy un recuerdo, un dulce momento de juventud. ¿Eres feliz pecosa? Prometiste serlo. Se que tu siempre cumples tus promesas.
Esta carta jamás ira a parar a tus manos mi dulce niña. Es solo la forma que tiene mi corazón de exorcizar el dolor que se acumula cada día. Y es, al mismo tiempo, mi manera de amarte en secreto. En la furtividad que existe poco antes del amanecer, cuando las puertas de los otros mundos permanecen abiertas, y las hadas encantadoras como tú, vienen a este para atormentar con su belleza, con su gracia a los indignos mortales.
Mi dulce hada¿Podré alguna vez despertar de tu hechizo? O mas bien ¿Alguna vez querré hacerlo?
La pluma cayó descuidadamente a un lado del papel. Las manos de Terry acariciaban la hoja con suma delicadeza. Después de doblarla y ponerla en su sobre, la agrego al montón de cartas de su cajón. Más de diez misivas se encontraban apiladas con un solo nombre rotulado al dorso: Candy. Se estiro un poco, ya estaba habituado a levantarse antes del amanecer. En sus sueños un par de ojos color esmeralda lo perseguían. Nada evitaba que Candy invadiera sus noches. Entonces cuando despertaba, se lanzaba a escribir en un intento de tranquilizar a su alma y de acallar a su corazón.
Después del amanecer, cerca de las siete de la mañana, el pequeño Alan se levantaba, con su carita aún con sueño, llegaba hasta su lado y se subía en sus piernas, se acomodaba tranquilamente y dormía un rato más en brazos de su Padre. Terry apreciaba esos momentos más que ningun otro en el día. La paternidad era una forma de felicidad, de no sentir la soledad cruda. Miraba a su hijo dormir, con la suave respiración de la inocencia, con la fe ciega de estar seguro, ahí en sus brazos. La rutina del día comenzaba así, después tomaban un agradable desayuno, había días que su madre los acompañaba y por supuesto un paseo por Central Park, a medio día, cuando el sol calentaba mas. Después tomaban una comida en algún bonito café, y regresaban a casa. Por las tardes se dedicaba a sus ensayos, a excepción del viernes que utilizaba para descansar. La nueva puesta en escena era una pieza buena pero muy difícil, le parecía que le faltaba aun mucho por trabajar y entre la obra y su hijo no le quedaba más tiempo.
Alan corría por delante de Terry y de su abuela, esa mañana Eleanor llegó a desayunar con ellos y los acompañaba en su paseo. En un habitual silencio miraban al pequeño jugar. Terry observo que un hombre mayor, de cabello entrecano y un abrigo negro elegante, miraba con insistencia hacía donde estaban, no era la primera vez que lo veía en el parque, se tensó, pero casi de inmediato se percató de lo que sucedía ¡Estaba mirando a su madre! Y por lo que podía ver, su madre le regalaba una sonrisa espectacular. Terry también sonrió, su madre era una mujer muy hermosa, el cuidado de su profesión la mantenían delgada y con una apariencia agraciada en todo momento. Era natural que los hombres la encontraran atractiva. Lo que era diferente esa mañana era como su madre correspondía a las miradas insistentes de aquel hombre mayor.
Si sigues sonriéndole así madre, seguro le vas a provocar un infarto – le murmuró riendo
No tengo idea de lo que hablas – indico su madre nerviosa
Hablo del anciano que ha estado mirándote toda la mañana – contestó Terry con un puya
¡Terry, no es un anciano!
Pensé que no sabías de que hablaba madre – contestó con una carcajada abierta
Oh, eres imposible – le dijo ya sonriendo – por favor Terry, no vayas a pensar que yo. . .
¿Qué tu qué? . . . no tienes que preocuparte por mí. Me alegraría saber que encuentras a un hombre que te haga feliz.
En verdad querido.
En verdad. No lo dudes. Pero eso no quiere decir que no voy a cuidarte, no voy a permitir que vuelvan a lastimarte como lo hizo mi padre.
Eso ya es pasado Terry. Yo ya lo olvidé.
Siguieron caminando hasta que encontraron una banca lo suficientemente seca para sentarse.
¿Y bien. . .?
¿Y bien que querido?
No vas a saludar a tu admirador.
¡Terry! Nadie nos ha presentado aun, no puedo ir a saludarlo.
Pues prepárate por que viene con Alan.
Eleanor miro hacía donde había visto por ultima vez a su nieto. El chiquillo estaba jugando con una pelota de colores, regalo de Karen y sin medir su fuerza la había lanzado pegándole al distraído hombre. Inmediatamente el niño fue a rescatar la pelota en poder del mismo. Alan se había acercado al hombre con confianza reclamando su propiedad.
¿Es tú pelota? – le preguntó
Si.
¿Cómo te llamas pequeño?
Alan.
Bueno Alan, yo soy Nathaniel. Sabes, me has pegado con ella.
Lo siento – le dijo el niño con cara angustiada – ¿Esta enojado?
No, no lo estoy – le decía mientras sonreía ante la cara del pequeño
Entonces me la va a dar – volvió a insistir aquel
Aquí tienes pequeño.
No soy pequeño, soy Alan.
Entiendo, lo siento Alan.
¿Quieres Jugar?
Me encantaría, pero debes pedirle permiso a tú mama primero
El niño se puso muy serio antes de contestar.
Mi mamá murió.
Lo siento mucho Alan. Sabes yo tampoco tengo mamá
También se murió.
Si.
La abuela dice que mi mamá es ahora un ángel que me cuida desde el cielo – le dijo señalando a la rubia madre de Terry
Ella es tu abuela – pregunto extrañado – se ve muy joven para serlo.
Es verdad, mira ven vamos a preguntarle. . .
El pequeño lo tomo por la mano y lo jaló hacia donde su padre y su abuela estaban sentados hablando.
Abuela, el es Nathaniel, tiene mi pelota.
La inocente presentación hizo sonreír a su padre. Terry vio como ambos adultos se miraban sin decir palabra, se dio cuenta que ninguno se atrevía a decir nada.
El no cree que seas mi abuela – decía Alan - Nathaniel, me das mi pelota ahora – pregunto el pequeño
Claro pequeño, aquí tienes. . .
Me parece que mi hijo lo ha importunado – dijo Terry llenando el silencio – Mi nombre es Terrence Grandchester, lamentó que Alan lo molestara.
No tiene que disculparse, por el contrario, el chico es muy amable. Mi nombre es Nathaniel Kingstone, para servirle – contestó tomando la mano que Terry le había ofrecido.
Permítame presentarle a mi madre. . . La Sra. Eleonor Baker.
Mucho gusto Señora, en realidad usted no necesita presentación, encantado de conocerle. Tiene usted un talento excepcional, soy un gran admirador.
Gracias Sr. Kingstone. Igualmente estoy encantada.
Viene seguido a pasear por aquí, verdad. – preguntó Terry
Si. . .en realidad lo hago.
Ya me parecía familiar su rostro. ¿Su esposa no lo acompaña? – Terry interrogaba al hombre con una sonrisa impávida ante la mirada de reproche de su madre.
¡Terry, no seas impertinente! – le decía su madre totalmente ruborizada
No Sra. Baker, no lo es. Desafortunadamente mi mujer murió hace más de 10 años.
Lamento mucho mi indiscreción- se disculpaba Terry, pero en realidad no lo sentía. Una vez obtenida la información que quería, comenzó a buscar una excusa para dejarlos solos.
En ese momento Alan le gritaba a su padre, la pelota y el niño estaban llenos de lodo y el chiquillo le pedía a su padre que jugara con él.
Sr. Kingstone, podría pedirle un favor.
Por supuesto.
Le importaría acompañar a mi madre en lo que juego con mi hijo. No me gusta dejarla sola.
Será un placer.
Terry se alejo mientras la pareja comenzaba con una tímida conversación. Mirándolos desde donde jugaba con Alan, se dio cuenta de que parecían un par de adolescentes en una primera cita. No podía creer que su madre, una mujer madura y una actriz consumada, podía convertirse en una mujercita insegura, que jugaba con su pañuelo mientras escuchaba al hombre frente a ella. Aquel hombre de pelo entrecano, se veía como un adolescente temeroso.
Tras un rato de risas y juegos el pequeño Alan quiso ir a comer, era algo temprano aun cerca de la 1:00 p m.
Terry invitó a Kingston a acompañarlos. Durante la comida se entero que era catedrático en la Universidad de Nueva York, su especialidad era en Letras inglesas y americanas. La sobremesa verso sobre autores ingleses, poesía americana, teatro y novelas, acompañados de la respiración tranquila de un niño dormido.
Conoce mucho sobre Teatro Americano Sra. Baker - decía Nathaniel halagador
Parte de la profesión Sr. Kingstone.
Bueno si, pero ninguna profesión enseña el buen gusto – en el mismo tono halagador
Que amable – contestaba la interpelada con un ligero rubor
Tiene razón mamá, tú siempre has tenido un gusto excelente. – indicó Terry
Aun me cuesta trabajo pensar que usted es hijo de Eleanor Baker.
Casi nadie lo sabe, fue por que mi hijo no quiso utilizar mis influencias para ser actor.
En realidad es por que se ve usted muy joven para tener un hijo de esta edad. – volvió a halagarla
Siga adulando así a mi madre y no lo dejará ir en toda la tarde Kingstone.
¡Terry¡ no seas indiscreto.
Solo digo lo que veo, Granchester.
¿Y usted no tiene hijos? – pregunto Eleanor tratando de cambiar la conversación
Tuve un hijo, murió en la guerra.
Lo lamento tanto – dijo consternada- No puedo imaginar mayor dolor que ese.
También lo siento Kingstone. – le dijo Terry en tono sincero.
Fue el primer año, hace ya casí 4 de eso.
Yo me enrole los últimos dos años. No le deseo a nadie lo que yo viví. – Terry tenía el semblante serio y se puso muy pálido
¿Infantería? – preguntó Nathaniel
Si, Sargento de Infantería.
Mi muchacho no era soldado, era médico. Murió tratando de salvar vidas. – dijo con dolor
Y es toda la familia que tenía. – pregunto Eleanor tomando su mano sobre la mesa
No, afortunadamente mi difunta hermana me dio dos buenos sobrinos: Kerry y Arthur
Viven aquí en Nueva York. – volvió a preguntar
Desgraciadamente no, viven cerca de Chicago en Glenview. Sin embargo esta noche voy a cenar con ellos. Regresaron de Europa, ellos también son médicos. Ellos y Nat, mi muchacho se unieron a la FEA en cuanto Estados Unidos declaró la guerra
¿Su sobrina es medico! - pregunto Eleanor
Si¿Sorprendente no?
Es una profesión considerada para varones, debió recibir mucha influencia de su hijo y su hermano. – indico Terry
Pues no, de hecho ella es la mayor, y fue ella la que puso el ejemplo. – comento sonriente
Debe ser una mujer muy fuerte. – en la voz de Eleanor había admiración
Lo es. Por eso pensé que no iba a encontrar un hombre que la mereciera y sobre todo que la valorara. Sin embargo, esta noche celebramos su compromiso. Creo que lo único bueno que le dejó a mi familia esta guerra fue eso.
Me alegro, compartir con la familia es algo maravilloso. – decía Terry mirando a su hijo y a su madre.
Es verdad¿Por qué no nos acompañan, sería un placer para mi.
¡Oh no! Es su cena familiar, seriamos imprudentes.
Por su puesto que no, mi sobrino Arthur siempre dice que mientras mas en una mesa, mas diversión. En realidad sería un placer el que conociera a mi familia Sra. Baker
Vamos mamá acepta la invitación. Hace mucho que no sales a divertirte.
Y que me dice usted Granchester.
¡Yo, no, no, no, Lo siento, tengo ensayo.
Hoy es viernes, no tienes ensayo los viernes. – insistió su madre
¡Ah¡ pero quede de repasar unas líneas con Karen y . . . además esta Alan
Puedes pedirle a Lilia que se quede con él. – volvió a insistir
No lo se . . .
Entiendo, tal vez otro día. . . – su madre parecía muy desilusionada
Muy bien mamá, tú ganas, iré con ustedes.
Me alegra escucharlo. La cena es en el Astoria, a las 8:00 en punto, me sentiría honrado en pasar a recogerla Sra. Baker. Si lo permite su hijo claro.
Oh si, su hijo lo permite, bastante tendré con convencer a Alan de quedarse en casa.
Terminaron la sobremesa y se despidieron. Terry pasó a dejar a su madre a la casa que tenía en Manhattan y se dirigió a su departamento. Cuando llegó, dejó a Alan en manos de Lilia y se dio un largo baño. Pensaba en su madre y en Kingstone, parecía un buen hombre. Esperaba que las cosas les salieran bien. Eran muy distintos...de mundos completamente distintos. . . de pronto sonrió, recordó a dos adolescentes, una americana el otro ingles, ella huérfana, el hijo de un conde, pero nada de eso les impidió enamorarse. "Ojalá tengan mas suerte que nosotros". Estaba terminando de ponerse el saco del traje de etiqueta cuando recordó que era precisamente por no usar esos trajes por los que evitaba cenas formales y lugares como el Astoria.
Mirando su reloj, se apresuro a entrar al auto y conducir hasta el hotel. Mientras manejaba Terry no podía imaginar que esa noche cambiaria su vida por completo.
TERRY
Encuentro. . . un parpadeo.
Son tus ojos color esmeralda. . .
¡Es verdad! Estas aquí,
No es un engaño de mi corazón,
Solo tendría que estirar
mi mano para tocarte
¡Por Dios no dejes de mirarme¡
Candy, que dulce volver a decir tu nombre
Amor mi corazón estalla. . .
Quiere gritarte lo que guarda mi pecho
Una vez mas sucede,
Me rindo ante esto
que es mas grande que todo lo demás,
que es mas grande que yo
Y que solo sucede cuando nos miramos.
CANDY
Levanto la mirada. . . ¡eres tú!
Su voz penetro en mis oídos,
Y mi corazón ya sabía que su dueño estaba aquí
Aun antes de que mis ojos lo vieran.
Estas frente a mí y de pronto
Nada más existe.
Tus ojos azul mar me miran
Y me quedo sin aliento
¡Debo volver a respirar. . .!
Y con ese aliento
Poder decir tu nombre nuevamente.
¡Terry, Terry! por favor no dejes de mirarme
Para que pueda volver a vivir,
Para que pueda volver a sentir,
Eso que solo sucede cuando nos miramos.
Continuara . . .
Hola: Gracias por leer mi trabajo, espero que esta nueva entrega realmente les guste, puse en ella mi corazón. Por su puesto espero sus comentarios a mi mail.
