Realidades del Corazón
La causa
Las impredecibles circunstancias que tus ojos verdes me deparan.
Tu voz que se dulcifica con el paso del tiempo.
Tu mano blanca que quiere y no quieres tocarme.
Tu boca que inventa lo que yo soy.
Los rebeldes rizos dorados que se mueven al compás de tu andar
Tu sonrisa que se asoma detrás de la puerta.
Tu lengua que construye mi nombre.
Tú eres la causa de lo que sucedió y de lo que sucederá
En ti esta contenido el día y la noche.
Hoy, tú eres la causa del mundo.
Alisa
Capítulo VI
La Causa
Mirando a su esposa, Archie comprendía porque su vida era completa, su pequeña Annie era ahora una hermosa mujer, una mujer que lo convertiría en padre. Todavía no podía concebir que su pequeña figura, llevara consigo a su hijo, cuando se lo dijo aquella mañana, días atrás, su alegría no tuvo límites, no tuvo reparo en dejar caer lágrimas de contento. Frente a él, Annie, le sonreía mientras arreglaba su corbata de moño. El silencio entre ambos no era algo inusual, pero al contrario de muchos, era un silencio cómodo, lleno de pequeños detalles, de miradas y de caricias sin fin. Annie era el amor de su vida, no había duda alguna.
-¿Por qué sonríes cariño?
-Por ti, por el bebe, por mi vida, porque soy muy feliz Annie, eres la mujer mas hermosa de todas – le dijo galante tomándola entre sus brazos
-Me da gusto que lo digas, espero que cuando me veas gorda pienses igual – contestó ella cariñosa.
-Estoy seguro que como todo en ti Annie, el embarazo hará resaltar más tu belleza, amor. – le dijo besándola suavemente
-Mmmm, hoy estas decididamente galante, si sigues así llegaremos tarde a la fiesta de compromiso. –comentó recibiendo un sin fin de pequeños besos en el cuello y rostro.
-¿Te importaría mucho volver a vestirte? – contestó el besándola con mas pasión
-la verdad es que no, pero es la fiesta de Albert y Kerry. . . – decía suspirando
-Si lo sé. . . tendremos que esperar. – contesto Archie con voz ronca ya.
-Bueno, la espera nos hará mas dulce el momento. . . – le dijo coqueteando con su marido, mientras se desprendía renuente del abrazo
-Tal vez. . . pero si sigues mirándome así, ni Albert ni nadie me va a detener, pequeña tentadora- le contestó el intentando volver a abrazarla pero fallando en su intento
-¡Tentadora yo, recuerde Sr. Cornwell, soy una dama. – le dijo en tono de fingida ofensa
-Si lo eres, una dama coqueta – respondió aquel riéndose fuertemente – Esta bien Sra. Cornwell, vámonos ya.
Archie tomo a su esposa del brazo, se sentía orgulloso de llevar a su lado a una mujer tan hermosa y dulce como su esposa, su vanidad masculina estaba a tope al ver a Annie vestida de brocado negro y plata, con el cabello lleno de innumerables broches plateados, sus ojos resaltaban en su blanco rostro como dos carbones, para él, era como ver un hada salir de entre el bosque. Al volver a mirarla antes de subir al automóvil, la vio sonreír.
-Ahora dime tú ¿Por qué sonríes así cariño? – preguntó
-¿Por qué?. . . – dijo suspirando y recordando su infancia y su temores– porque nunca soñé que la felicidad consistiera en ir de tu brazo, sin importar en absoluto lo demás, ni el auto, ni la casa, el dinero o el apellido, soy feliz solo por ir de tu brazo. Hoy comprendo que buscamos la felicidad en los lugares equivocados. Soy afortunada Archie, yo si he encontrado mi felicidad.
Archie sintió como su corazón se conmovía ante la respuesta de su esposa, sonriendo ampliamente volvió a besarla ligeramente en los labios en silencio, en ese silencio de ellos. Acto seguido la ayudo a subirse al automóvil y se dirigieron a la vieja mansión Andric.
Albert estaba en la terraza de su habitación con la única compañía de Stear. Estaban en silencio, mirando como la noche caía, ambos metidos en sus pensamientos, ambos pensando en las mujeres que amaban, con sus nombres en los labios y en el corazón. Stear miro a Albert e inmediatamente sonrió, este se percato de la sonrisa, mirándolo interrogante.
-Y bien¿Qué es tan gracioso? – preguntó con curiosidad
-Pues los dos, estamos como adolescentes, mirando el ocaso, perdidos enamorados.
-Tienes razón – dijo sonriendo también – pero no me importa, soy muy feliz.
-También yo, solo espero que pase tu compromiso para pedir la mano de Patricia, quiero casarme lo antes posible.
-Demasiada prisa ¿no crees?
-Pues, tengo mis razones, aunque espero que Paty quiera una boda rápida.
-Vaya parece que todos quieren bodas rápidas ahora, tú, yo. . .
-Terry. . .
-Si Terry... Aun no puedo creer que esos dos por fin van a estar juntos. . . me alegro tanto por Candy, estaba tan preocupado por ella, si la hubieras visto en Nueva York, ese día que se derrumbó. . . que impotentes e inútiles somos los hombres ante las lágrimas de las mujeres, que ciegos cuando podemos aliviar su dolor.
-Si somos ciegos y a veces hasta sordos. Puedo imaginar por todo lo que paso Candy todos estos años o por lo que sufrió Paty con mi supuesta muerte. Pero solo puedo imaginarlo. El dolor es algo diferente para un hombre.
-No sabes cuanta razón tienes- dijo pensando en si mismo y en sus amigos- Cuando hable con Terry pude darme cuenta de cómo sufrió también, pero cuando pregunte por que no había buscado a Candy, me contestó que no lo hizo por miedo a saberla de otro, a verla feliz con alguien más. Por un momento pensé que era un cobarde y egoísta, pero después pensé en lo que yo hubiera hecho en su lugar, si Kerry hubiera aceptado al "francecito", entonces comprendí, Stear, me hubiera vuelto loco de dolor.
-Entiendo, aun recuerdo cuando estaba postrado en la cama del hospital, sin poder moverme, siempre pensé que Paty no merecía un hombre inválido, pero nunca me atreví a alejarla de mi, sus cartas eran el único motivo para levantarme, para la rehabilitación, aun hoy, no se que haría si ella eligiera a otro por encima de mi.
-No somos nobles en el amor, por el contrario, y aun así nos aman. – dijo con alegría
-Aun así. – contestó sonriendo
Tocaron a la puerta de la habitación y momentos después una cabellera rubia se asomaba por ella. Candy entró de lleno a la habitación, iluminada por la luz era una hermosa visión en seda verde y dorada, pero sus ojos brillaban con más intensidad que nada en su atuendo, incluido el corazón dorado que colgaba de su cuello.
-Se puede saber que hacen en la oscuridad de la terraza. – preguntó mientras los alcanzaba
-Hablando sobre el amor – contestó riendo Albert
-¡Ah! Entonces chismoseaban sobre Paty y Kerry, eso no es de caballeros – dijo Candy bromeado
-Pues mas bien hablábamos de Terry y de ti – contestó Stear
-¿En verdad? – dijo tocando inmediatamente el collar de su cuello – entonces es mucho peor, chismoseando de relaciones ajenas – dijo aun bromeado.
-No precisamente. . . – dijo Albert mirando a Stear con cara de complicidad.
-Si no precisamente. . . – secundo aquel
-¡Oh son imposibles cuando están así! – dijo riendo también
-Y tú¿Qué haces aquí, no deberías estar dándole a la Tía abuela la noticia.
-Voy para allá, solo he pasado a una última cosa – dijo mientras tomaba el lazo de moño de Albert – nunca has podido hacerte un moño decente.Esta será la ultima vez que yo lo haga, Kerry se encargará de hoy en adelante.
Albert tomo las manos de Candy cuando termino con el moño y las beso tiernamente. Candy pudo ver la ternura y el cariño que le tenía, instintivamente lo abrazo y dejando que esa ternura la invadiera.
-Vas a ser muy feliz Albert, tú y Kerry son el uno para el otro – le dijo felicitándolo
-Gracias Candy, espero que tú y Terry sean igual de felices o más.
-Lo seremos... lo somos ya.
Candy soltó a Albert y se dirigió a Stear, con los ojos aun húmedos, lo ayudo igual con su moño y lo beso tiernamente en la mejilla, en silencio.
-De verdad eres feliz Candy.
-Si Stear, soy muy feliz, tan feliz como lo son tú y Paty – le dijo mirándolo a los ojos - ¿Por qué la amas, verdad?
-Si, la amo como nunca pensé poder hacerlo. Ella es. . . todo, la causa de que el mundo tenga sentido.
-Lo sé, para ella es igual – contestó sonriendo – bueno, me voy, aun me falta hablar con la Tía Abuela.
-Te ves nerviosa. No te preocupes, en cuanto sepa que vas a ser Duquesa, se le pasará el hecho de que también serás esposa de un actor de teatro, viudo y con un hijo.
-¡Ojalá, por mas que todos me dicen que no me preocupe, no puedo dejar de hacerlo- contesto nerviosa, jugueteando con el corazón que pendía de su cuello. – En fin, como dice la Hermana Maria, "Todo llega en el momento correcto, cuando Dios dispone que sea así"
Se despidió y salió hacia la habitación de la Tía abuela, mientras se dirigía a ella, no pudo dejar de pensar en todo lo que cambio su vida en solo tres días, tres maravillosos días que cambiaron su mundo. Desde que Terry la beso en el jardín del Hotel en Nueva York. Llegó hasta la puerta de la habitación de la Tía Abuela, toco, pero nadie contesto, entonces entró y se sentó a esperarla, sin poder evitarlo su mente recordó cada momento de los días anteriores, en Nueva York, con Terry...
El salón estaba completamente iluminado, los ires y venires de los sirvientes para los últimos detalles siempre la llenaban de nervios, claro que ella jamás lo reconocería, una mujer de su edad no podía permitirse un despliegue de inseguridad, menos delante de ellos. Con ojo crítico supervisaba todo a su alrededor, satisfecha de ver los esfuerzos de toda la semana pasada. Aun no podía creer que solo en una semana habían podido organizar una fiesta como aquella. Tuvo que reconocer que sin Patricia y Flammy, pero sobre todo sin Annie no lo hubiera logrado. La esposa de Archie cumplía con gracia todos los requisitos que necesitaba una esposa del que sería cabeza de familia, y ni que hablar de Archie, su sobrino era igual a su difunto marido, igual que su padre, disfrutaba desenvolverse en sociedad. Estaba agradecida con Dios por ello, no es que pensará que Kerry y Albert no podían cumplir una papel así, pero sabía de ante mano que no estaban interesados, esos dos miraban hacia otros lugares.
De momento se quedó pensando en Kerry, la primera impresión fue algo intensa, era una mujer alta, su mirada no tenía ese recato particular de una chica por casarse, por el contrario, era demasiado franca, demasiado adulta, podía comprenderlo, era un doctor y había estado en el frente¿Quién sabe los horrores que esos ojos vieron?. Cuando la observo detenidamente pudo darse cuenta de lo hermosa que era, el cabello y los ojos marrones, la piel blanca, la boca pequeña y delineada, esa arrogancia, por que si algo caracterizaba a su familia era la arrogancia, su hermano y su tío eran claras muestras de ello, desde que se conocieron, lo noto, sobre todo en el joven. Sin embargo debajo de todo eso, Kerry amaba a su nieto, solo tenía que ver como lo miraba, como su mano buscaba la de él, espontáneamente, como se sonrojaba cuando este le hacia un cumplido y al mismo tiempo con que pasión defendía su opinión, su lugar en la vida de Albert. Definitivamente el mundo cambiaba y lejos de molestarle le gustaba, o quizás eran las opiniones de la feminista Patricia la que estaba cambiando las suyas, todavía recordaba como le dijo que se extrañaba de que no estuviera de acuerdo con sus ideas, ella que había hecho tan bien el papel de cabeza de familia todo el tiempo de la infancia de Albert y cuando este desapareció. Esto la dejó pensando, ciertamente ella tomo las riendas de la familia y las finanzas, y todo fue bien, tal vez tuviera razón, pero eso era otra cosa que jamás reconocería, finalmente una anciana tenía sus privilegios y uno de ellos era ser terca. Patricia pronto sería una Cornwell y se sentía tranquila con ello. Su sobrino Stear, tan amargado y perdido cuando regreso de la guerra, hoy estaba sonriente y tranquilo, gracias a ella, por lo que podía pasar por alto sus tonterías feministas y sus cabellos y vestidos cortos y atrevidos.
-Esta muy pensativa Sra. Emilia – le interrumpió Flammy
-Solo estoy supervisando que todo este bien – contestó - ¡Flammy! Te ves muy hermosa muchacha, te dije que el lila sería perfecto para ti, resalta el color de tus ojos.
-Candy y Annie insistieron tanto que no pude negarme.
-Pues hicieron bien. . . ¿Crees que podré desvelarme hoy?
-Yo creo que si, ha estado descansando bastante y su presión esta estable, pero si llega a sentirse cansada, no dude en retirarse.
-Lo haré, lo haré. ¿Dónde esta Candy?
-Fue a ver a Albert, dice que siempre tuvo que ayudarlo con la corbata y esta sería la última ocasión en que podríahacerlo.
-¡Ahhh, esa niña Flammy! Estoy preocupada. . .
-¿Preocupada, no entiendo.
-Algo ha cambiado. Desde que regresaron de Nueva York es otra, estoy segura que esta enamorada, primero pensé que era del arrogante hermano de Kerry, pero no.
-¡Arrogante Arthur!... Si definitivamente lo es, pero no debe preocuparse por Candy, finalmente si esta enamorada debemos estar felices por ella.
-Ojalá no se enrede con un oportunista.
-Deje de preocuparse Sra. Elroy, le aseguro que Candy no esta enamorada de un caza fortunas
-¡Sabes quién es él¿Quién? – preguntó imperativa
-Lo siento Sra. Elroy, pero Candy nos ha pedido discreción, quiere ser ella quien lo hable con usted.
-¡Por Dios! Crees que con eso me tranquilizas, por el contrario, si no quiere que se sepa seguro no es alguien que la merezca.
-Por el contrario, además no tendrá que esperar mucho, seguro habla con usted antes de la fiesta, finalmente esta invitado.
La Sra. Emilia iba a replicar cuando su ama de llaves llamo su atención sobre el vino que se serviría, Flammy sonrió y la acompaño a ver los últimos detalles de la cocina, antes de subir y ayudarla con su cabello y con sus medicamentos. Cuando ambas mujeres entraron en la recamara, Candy estaba esperándolas allí. En cuanto entro Emilia Elroy pudo leer en sus ojos la felicidad. A pesar de su angustia, se sintió alegre por verla así, sonriente y con los ojos verdes brillando.
-Levántate Candy, déjame mirarte
-Por supuesto.
-Definitivamente el verde es tu color niña, siéntate... creo que has venido a darme una noticia.
-Así es Tía. Aunque ahora que estoy aquí, no se ni como empezar – contestó Candy retorciendo un pliegue de su vestido inconsciente.
-Creo que será mejor que sea desde el principio.
-Bueno, el principio... Creo que le hablaré de "los dos rebeldes del San Pablo", ahí es donde todo comenzó...
Candy se lanzó a contar la historia de su relación con Terry desde el día en que lo conoció, como conoció el secreto sobre su madre y él, su miedo a montar después de la muerte de Anthony, como superaron eso y se convirtieron en amigos. Le contó como Escocia cambio esa amistad por amor juvenil y lleno de esperanza. Le relató su separación, sus propias búsquedas de identidad. Su reencuentro, sus cartas, sus sueños de estar juntos en algún momento... Después si poder evitar lágrimas que corrían por sus mejillas, le contó sobre Susana, su accidente, el sacrificio, el matrimonio, su hijo y su muerte... Finalmente el nuevo reencuentro en Nueva York...
"Fue como si el tiempo se detuviera, verlo ahí, de pie junto a su madre... al principio no podía creerlo, como una tonta solo pude pensar: "es él, sus ojos me miran nuevamente" y fui tan feliz, después me golpeo la realidad nuevamente y solo pude medio respirar y salir corriendo de ahí. Cuando Terry por fin me alcanzó, cuando lo rechace nuevamente, yo no sabía que Susana había muerto, y me dolía darme cuenta de cuanto lo quería, como trataba de engañarme a mi misma todo este tiempo, diciendo y repitiendo que ya lo había superado... estuve tan cerca de volverlo a perder... Cuando supe que era libre otra vez... sentí... fueron tantos sentimientos encontrados... alegría y al mismo tiempo una vergüenza enorme por sentirme feliz... una mujer estaba muerta, un niño se había quedado sin su madre y yo... aun siento muchísimo su muerte... Después de esa noche, todo ha sido muy rápido... hemos pasado estos tres días juntos... hemos decidido comprometernos...
-¡Comprometerse!... pero dices que su esposa murió hace poco... ¡No! Ni una palabra más.. – la anciana mujer se levanto de su asiento y se dirigió hasta el ventanal de su cuarto, la vista daba al jardín de Anthony, a sus rosas, mirarlas era el consuelo mas grande. Después de unos minutos, sorprendiendo a Candy, que miraba su reflejo en el ventanal, sonrió... - Era de esperarse, de todos lo hombres del mundo Candy, tenias que enamorarte de alguien como él, actor, viudo, rico y noble¡Ah! Niña has sido la causa de mil complicaciones en la vida de esta familia desde el mismo minuto en que Albert te conoció...
-Por eso mismo hemos decidido hacerlo discretamente...
-Discretamente niña, tu eres una Andric, el es un actor de Brodway, además de ser el heredero de Grandchester, puedes acaso pensar que este compromiso puede ser discreto. No has aprendido nada desde que vives con nosotros Candy... Esto no puede manejarse así, como si fueran fugitivos o criminales, se que yo no tengo ninguna autoridad sobre de ti y antes de que lo preguntes, no voy a oponerme al matrimonio... no sonrías tan deprisa, espero que los dos hayan aprendido de sus actos impulsivos y esperen el tiempo suficiente para anunciar el compromiso, lo que sea decoroso para un viudo.
-Por supuesto Tía, estábamos pensando en un compromiso largo...
-Y yo estaba pensando en algo diferente...
El reflejo que venía del espejo lo tomo desprevenido, aun no podía creer que el hombre de mirada alegre que tenía delante fuera él, su vida era hoy un sin fin de esperanzas felices, desde hacía tres días su corazón cambio del humor invernal y gris al festivo estival, todo parecía tener un tinte alegre, tan alegre como esos ojos verdes que lo miraron cada día y que eran su alucinación.
Termino de hacerse el lazo del traje de etiqueta y después de mirarse nuevamente con ojo critico, tomo su capa y salió de la habitación a la pequeña sala de la suite, el Hotel Chicago Imperial era majestuoso, antiguo y muy grande, se notaba en cada detalle la ostentación con que fue erigido. En cuanto salió escucho aun antes de mirar la risa de su pequeño hijo y sintió crecer más su corazón, henchirse de amor. Aun no sabía como su rubio ángel había logrado transformar el sombrío talante de su hijo. El niño la miro y la adoro desde el primer momento, tal como le sucedió a él. El pequeño seguía escondiéndose de su abuela detrás de todos los muebles, mientras Eleanor miraba por todos lados, dejándole creer al niño que no podía verlo.
-¿Dónde estas Alan, se que estas por aquí y voy a encontrarte – decía Eleanor levantando cojines y dando vueltas.
-Acaso has perdido a mi hijo, Madre- irrumpió en el juego Terry
-¡Ah Terry, que bueno que estas aquí, Alan es demasiado listo, se ha escondido y no he podido hallarlo. – contesto está con una sonrisa
-Mmmmm, entonces se perderá del postre que he mandado traer, sabes es su favorito Flan con caramelo
-¡Flan! – grito Alan saliendo de su supuesto escondite – ¡Yo quiero flan!
-Así que ahí estabas bribón – dijo Terry levantando al chico que le extendía los brazos
-¿Qué es un bribón? – preguntó
-Bueno pues es una persona que ... bueno un bribón es... – trataba de contestar Terry ante la amplia sonrisa de su madre, que lo sabía en graves aprietos.
-Es malo, yo soy malo – preguntó de nuevo
-No Alan, no es nada malo, un bribón es solamente un pícaro como tú, al que le gusta mucho el flan- contestó Eleanor mientras Terry suspiraba.
-¿Me darás flan abuela?
-Después que termines tu cena.
-¡Toda mi cena! – dijo el niño consternado
-Toda.
-Esta bien, pero...
-¿Pero qué, querido...? – contestó Eleanor mirando como su nieto le sonreía descarado
-Puedo empezar con el flan...
-Lo dicho eres un bribón. – terminó riendo Eleanor
Llamando a la puerta, Lilia entró con una charola de comida, la chica había viajado con ellos desde Nueva York para ayudar con Alan. El pequeño vio el flan junto con los demás platos y se fue a cenar con una gran sonrisa. Ambos, Madre e hijo, miraron al niño hasta que salió con Rosa de la mano.
-Es tan hermoso, tan parecido a ti – comentó suspirando la hermosa actriz
-Lo crees – contestó su hijo pensativo
-Si, tú eras así de hermoso, así de pequeño, así...
-De bribón
-Eso aun lo eres, pero uno muy guapo, te sienta el traje de etiqueta.
-Gracias, tu en cambio hasta con un simple vestido lucirías igual de elegante.
-Bueno gracias, pero este vestido dista mucho de ser simple, sencillo quizás...
-Pero en ti, parece el vestido de una reina.
-¡Oh Terry, me alegra tanto verte tan contento, le doy gracias a Dios por que Candy ha vuelto a tu vida, eres otro.
-Cierto, soy otro. Voy a despedirme de Alan, tenemos que irnos ya, no quiero llegar tarde.
-Está bien querido, dale un beso de mi parte.
Terry se dirigió a la habitación donde su pequeño estaba ya cenando, quería darle las buenas noches antes de irse; mientras su madre terminaba de arreglarse para la fiesta de esa noche.
Mirándose en el espejo Eleanor sonrió radiante, por primera vez en mucho, muchísimo tiempo se sentía feliz, completamente feliz, su vida había cambiado en tan solo 3 días... "El amor el la causa de todo" – pensó – "para mi y para Terry"
Frank Harrington observaba a su prometida con especial interés esa noche, como siempre estaba silenciosa, mirando hacía las calles que dejaban atrás a su paso; vestida de color coral, las perlas adornaban sus oídos, cuello y cabellos. De pronto recordó que su abuela comentó alguna vez: "las perlas significan lágrimas", ese parecía ser el destino de su bella y vanidosa prometida, estaba casi seguro que Eliza había llorado bastante ese ultimo mes, aunque solo era una intuición, el jamás la había visto ni siquiera derramar una lágrima, podía reconocer que era orgullosa, justo la mujer que el necesitaba. No es que gustara de ella, en realidad el siempre prefirió a las mujeres sencillas, fáciles de dominar, en cambio esta era todo menos dócil, por lo menos en privado, la fría condescendencia con que lo trataba lo demostraba. Por supuesto esto cambiaría en cuanto se casaran, aprendería a respetarlo, de una forma u otra...
En el último mes se concreto el anuncio del compromiso y la boda, solo faltaba escasamente una semana, la asistencia a la fiesta de compromiso de William Andric sería el último al que asistirían antes de su enlace. El mismo día en que los pagares de Neil Leagan vencían¿Sabría acaso Eliza que su hermano fue la causa su perdición, ella era el precio que pagaba la familia por evitar la ruina y el escándalo. De seguro su madre se lo había dicho, pero si no era así, pronto lo descubriría, era muy inteligente, otra cosa que le admiraba, había desempeñado su papel con toda corrección, dando la idea de un romántico romance entre ellos y que desdeñaba posición social. Sin embargo, en privado, era una mujer fría, pero respetuosa o quizás le tenía el suficiente miedo como para no despertar su ira. Fría, hermosa y calculadora, esa era la mujer que eligió como esposa.
-No pareces muy entusiasmada con esta fiesta, querida.
-No lo estoy.
-Acaso te trae malos recuerdos Eliza.
-Te equivocas Frank, simplemente estoy cansada. No podrás negar que ha sido un mes con demasiados compromisos.
-Por supuesto, debí suponer que estarías cansada. Lamento tener que pedirte que me acompañes, pero sabes que es un compromiso de tu familia, además, aun no me has presentado a tus primos, ni tampoco a tu Tío William... ni a tu Tía abuela Elroy.
-No te preocupes, esta noche los conocerás.
-Bien, espero poder entablar negocios con ellos.
-Mmmh.
Eliza no podía y no quería dejar ver el dolor y la furia que le causaba este compromiso, pero sobretodo tener que presentarse con ese hombre insignificante delante de las hospicianas, seguramente aprovecharían para burlarse de ella, y que decir de la Tía abuela, seguramente no se quedará callada. Todo el mes evito por completo a su familia, pero sabía que tarde o temprano tenía que verlos, y que fuera el anuncio de la boda de William lo hacia doblemente doloroso.
-¿Tú hermano estará en la fiesta?
-Por supuesto, no puede faltar, sería imperdonable.
-Entonces hablaré con él en cuanto llegue, no quiero un espectáculo a una semana de la boda.
-¿Crees acaso que amenazándolo puedes controlarlo? – contestó Eliza irónica
-No tienes idea de lo cobarde que puede ser tu hermano, cuando se pulsan los botones correctos... me obedecerá – contestó con ese tono bajo que decía más que las propias palabras.
-Al contrario Frank, estoy muy conciente de ello. – le dijo con furia en los ojos - ¿Qué se siente conseguir la sumisión de una familia por amenaza? Imagino que es muy satisfactorio.
-Eliza, mi caprichosa y orgullosa niña- dijo mirándola amenazador, en ese tono que le ponía los cabellos de punta- la satisfacción aun no es completa, aun me faltas tú, pero eso no tardará en ser.
Eliza tembló y se acobardo por la amenaza implícita en esas palabras, se condeno a si misma, sabía de antemano que no debía provocar a Harrington, todo su instinto se lo dijo desde el principio y en ese mes pudo confirmarlo, ese hombre no tenía ningún reparo en hacer lo necesario para conseguir lo que quería, de no ser por que ella era una de "las cosas" que el quería, podría haber admirado su sagacidad e inteligencia, pero en ese momento estaba tan enojada con el compromiso de William, con su propia suerte que se dejo llevar por la ira. Ese miedo que iba creciendo poco a poco se presento de golpe, sabía que se había puesto pálida, y sus manos temblaban ligeramente... se sintió vulnerable, mas vulnerable que nunca...
En cuanto entraron en la Mansión Andric, pudo reconocer varios amigos y familiares, inmediatamente su actitud cambió, tomando a Harrington del brazo, levanto orgullosa el mentón y fingió estar perdidamente enamorada de él. Como siempre sintió el desconcierto de este, al principio siempre se ponía rígido, sorprendido ante el cambio de ella, pero después se relajaba y la dejaba hacer, finalmente ella era el pase que necesitaba para ser introducido al mundo aristocrático de Chicago.
Después de algunos minutos de conversaciones con algunos banqueros, Eliza se abrió paso hasta el lugar donde estaba su Tía abuela, en el mismo momento en que la miro, supo que desaprobaba por completo a su pareja, pero sin amedrentarse llegó hasta ella y con exquisita educación, tal como la enseñaron en el San Pablo, hizo las presentaciones.
-Buenas Noches Tía, permítame presentarle a mi prometido, Frank Harrington... Querido ella es mi Tía abuela, matriarca de la familia Andric, La Sra. Elroy.
-Señora es un placer- se dirigió a ella, tranquilo y solemne.
-Igualmente – contesto con educación, pero mirándolo en forma insolente – Eliza, enterarme de tu compromiso por la prensa local y una simple carta de tu padre, con la invitación a tu boda no es correcto.
-¡Ah Tía, debes perdonarme en nombre del amor, ni Frank ni yo queremos esperar, de cualquier forma, con tantos compromisos impulsivos en la familia, una boda mas no será nada raro... de cualquier forma, aun sin fiesta de compromiso, mi boda será todo un acontecimiento, como corresponde¿no es verdad querido? – contestó Eliza colgándose del brazo de Frank y mirándolo mimosa.
-Por supuesto... querida.
-Pero debes saber... – intentó protestar
-Tía deberás disculparnos, aun debo presentar a Frank con William y los primos, antes de que comience el baile – la interrumpió Eliza, hábilmente, dejando a su abuela con el ceño fruncido y murmurando en lo bajo.
-Brillante Eliza, me impresionas de veras...
-Lo tomaré como un halago – contestó casi murmurando y mirándolo con furia
-Lo es Eliza, yo no digo nada que no sienta... cuando te elegí para esto sabía que serías adecuada, pero definitivamente eres mas que eso.
El hecho de que Frank la halagara la descontrolo, cosa que no le sucedía nunca, al grado que no se percato de la dirección de sus pasos, porque al girar la cara se encontró frente a frente con el rostro del hombre que la había despreciado en dos ocasiones y con el que no dejaba de soñar, obsesionada con conseguir la atención de sus ojos azul mar. Terrence Granchester entraba al salón acompañado de una mujer rubia y elegante que reconoció de inmediato, Eleanor Baker, su madre, caminaba tranquila para encontrarse con una rubia mas joven, una mujer que odiaba en lo mas profundo de su ser. Atónita vio como Candice saludaba a la pareja, con la familiaridad que solo tienen aquellos que se conocen bien. ¿Dónde estaba Susana? En ese mismo instante, con la ironía que solo el destino podía jugar, su prometido contesto a su pregunta.
-Parece que el actor de moda se ha consolado de su viudez con tu prima – comentó en tono jocoso
¡Viudo! Terrence estaba viudo. Susana había muerto y la hospiciana no perdió tiempo, ahí estaban frente a ella, exhibiéndose ante todos, echándole en cara el amor que se tenían, la felicidad que compartían y que ella nunca probaría... Un gusto amargo subió desde su garganta a su boca... de todo lo que esa noche sabía que tendría que aguantar, ver a esos dos juntos y felices era mas de lo que podía soportar... sin pensarlo, le contestó a su prometido con un tono lleno de odio:
-¡Esa mujer no es mi prima... ni siquiera es una Andric... solo una hospiciana, sin apellido, una nadie como...! – contestó Eliza sin ningún control, sin fijarse en lo que decía
-Como yo querida... No me mires así Eliza, no estoy en absoluto ofendido, más bien intrigado, que pudo hacerte esa mujer para sacar lo peor de ti... Debes presentarme...
-No – contesto ahogada en una furia fría
-Si, claro que si, no olvides quien eres ahora... querida.
Tomando a Eliza del brazo, Frank Harrington se dirigió hacia donde estaba la pareja, acompañada de todos los demás familiares, arrastrando a su prometida, que parecía que iba hacía la propia entrada del infierno por el semblante que tenía. Hacia machismo tiempo que no se sentía tan curioso, mientras se dirigía a la pareja pudo ver mas detenidamente al objeto del odio de su casi esposa, una mujer muy hermosa, en el sentido angelical por su puesto, rubios rizos, piel blanca, pero denotaba algo más, una sensación que te llegaba nada mas verla, se veía segura, feliz, el tipo de felicidad que se alcanza pocas veces... Se notaba que el origen de esa felicidad estaba a su lado. El actor que tenía fama de sombrío viudo, la miraba con pasión, como si le perteneciera...
