Realidades del Corazón
Capitulo 8
Por una mujer
En la orilla del Aire
En la orilla del aire
(¿qué decir qué hacer?)
hay todavía una mujer.
En el monte, extendida
sobre la hierba,
si buscamos bien:
Una mujer
En el aire hay siempre oculta
como una hoja en un árbol
Una mujer
Jaime Sabines
Poesía Amorosa
Fragmentos
Frank Harrington observaba curioso la fotografía de su prometida en la sección de sociales del periódico, esta era una particularmente favorecedora, la nota hablaba de su próxima boda. A pesar de la sonrisa que portaba Eliza, sus ojos no decían nada, duros e impávidos. En las pocas semanas que llevaban prometidos conoció a la que iba a ser su esposa en muchos aspectos. Podía incluso reconocer sus sutiles cambios de humor, sobre todo en lo referente a su persona. Eliza lo detestaba e incluso le temía.
A pesar de eso, también sabía que era perfecta para él. Una dama con elegancia fría, con altivez y orgullo denotado en el más mínimo gesto, pero era al mismo tiempo valquiria que se adentraba en sociedad avasallante como en una guerra, con la facilidad de las personas que crecen en ese ambiente. Eliza lograba que él se notara, que fuera incluido, de su mano se adentraba en ese mundo aristócrata desconocido. Disfrutaba ver cada uno de sus calculados movimientos, que dominaban o que maldecían a su alrededor. Todo era así en ella, aun cada palabra que decía era adecuada a sus fines.
Pero también le gustaba después, cuando se encontraban a solas. Le gustaba su imperturbable condescendencia, su mirar indiferente para con él, siempre mostrando el mínimo cuidado en atender a su conversación, rayando en el límite de la insolencia, sin traspasarla nunca. Le gustaba ver el fuego de su mirada llena de furia, anhelaba para él esa pasión, la deseaba… ¡Deseaba a esa maldita mujer como a ninguna otra! quería sujetarla y vencerla, quería que Eliza dejará de temerle solo para encontrarse con el miedo aun mayor de no tenerlo, quería escucharla suplicando. Ninguna mujer lo había afectado así. La fuerza de ese deseo era demasiada, y saciarla era el único remedio. En el pasado cualquier mujer que deseara podía comprarla, ya fuera con dinero o con chantaje, algunas hasta se le entregaron libremente, pero gozar del cuerpo de ellas era suficiente porque era lo único que deseaba. Pero a Eliza la deseaba distinto, quería hacerla suya y esperaba que en el camino no se perdiera el mismo, sería tan irónico que después de tanto luchar por llegar hasta donde quería, por una mujer, por la mujer que el mismo eligió, perdiera la cabeza.
Tomo su saco y salió de su despacho para encontrarse con la mujer que se le había metido en la piel solo un mes antes.
Cuando llego a la mansión Leagan, encontró a su prometida reunida con varias mujeres, pudo notar de inmediato que ninguna era de la familia, estaban hablando de su boda, en menos de tres días se casarían y Eliza había trabajado mucho para que fuera algo muy elegante, suponía que trataba de igualar con eso el amor que el había visto en la boda de su tío William. Pocas veces había visto el una pareja tan enamorada, se notaba que se amaban. Tal vez Eliza trataba de llenar la boda con detalles y lujo, aun que al final no le serviría de nada, entre ellos no había amor.
¡Frank querido¡- le dijo con una sonrisa nada mas entrar en el salón
Eliza, cariño. Buenas tardes Señoritas.
Buenas tardes – contestaron las mujeres al tiempo
Las chicas me organizaron una pequeña fiesta esta tarde, para celebrar mis últimos días de soltera. – le dijo cariñosa – Ya estamos terminando.
Por mi no se apuren, puedo volver mas al rato, o tal vez saludar a tus padres mientras acaban.
¡Oh no! No se preocupe Sr. Harrington, nosotras ya estábamos despidiéndonos, verdad chicas – contestó una de ellas en tono jocoso – los regalos que faltan los puede abrir mas tarde, no le robaremos el tiempo con su novia. Después de todo, están tan enamorados que sería un crimen apartarlos.
Entonces las dejo para que se despidan, Eliza cariño te espero en la biblioteca – le dijo acercándose a ella, quien sin dudar le puso la mejilla para que la besara. Sin embargo esta vez la tomo de la barbilla y ante unos ojos de sorpresa la beso en los labios. Disfruto de ver a su prometida totalmente fuera de si y ruborizada, todas las mujeres de la habitación pensarían que era por cortedad, pero el sabia que era de furia. Con una sonrisa de satisfacción se retiro del salon.
En cuanto Eliza entró en la Biblioteca se dió cuenta que sería una de esas veces en que su linda prometida se iría de la lengua. Con actitud beligerante cerró de golpe la puerta y lo miró con desden.
Cuando una dama entra en una habitación, un caballero se levanta en el acto- le soltó con arrogancia.
Ah, mi querida Eliza, pero ni tu eres una dama, ni yo un caballero.
Eres un ser burdo y …
¡Cuida tu lengua Eliza! – le grito sin miramientos y vio con placer como se encogía.
En fin… ¿Puedo preguntar que ha sido esa escenita de amor en el salón? – continuó en tono helado pero muy bajo.
No se a que te refieres – le dijo cínico
Sabes bien a que me refiero, al … bueno al
A que Eliza – le dijo sonriendo sin piedad – al beso que te di
Pues si, a eso
Supongo que me pareció natural demostrar lo "enamorados que estamos" y ese rubor tuyo fue la guinda del pastel, tus amigas debieron pensar que no podemos estar mucho tiempo separados.
Eliza se encarnó de furia, no iba a permitir que saliera ileso de esa humillación y con una sonrisa irónica contestó la pulla.
Por su puesto, olvidaba que… - dijo sin misericordia alguna de forma muy burlona – bueno será que tal vez no lo sabes, pero no es de buena educación las demostraciones amor cuando estamos en público, ni siquiera entre dos personas comprometidas.
El tono no paso desapercibido, siempre que podía Eliza lograba hacerlo recordar su origen y su falta de roce social, era muy hábil para disfrazarlo en forma que no parecía un insulto, aunque lo era.
Si, supongo que no lo pensé, ¿entonces en público no debo besarte?
No, hasta después del matrimonio y eso en las mejillas.
Entonces en la intimidad si puedo besarte – le dijo acercándose a ella
Bueno, yo…
Dime Eliza te parece más íntimo este lugar, estamos solos – le dijo mientras iba acorralándola.
Tienes razón debería llamar a mamá para que nos acompañe…
No vas a llamar a nadie Eliza, como tu dijiste los besos son para los momentos de intimidad – le dijo ronco de deseo.
Frank, yo….
Eliza no pudo decir mas, la tomo de los hombros y la beso con fuerza, la chica comenzó a debatirse y a tratar de alejarlo empujándolo, eso solo lo éxito mas. Eliza trataba de pegarle, pero él simplemente tomo sus muñecas torciéndolas a su espalda e invadió su boca sin clemencia. Con más fuerza de la que pretendía la llevo contra la pared y dejo que todo su cuerpo se amoldara al de ella, la chica gemía y se revolvía mas entre sus brazos, incitándolo sin querer.
De pronto dejo de luchar, pero no se dio cuenta cuando hasta que sintió que temblaba, por un segundo pensó que había logrado excitarla, pero se dio cuenta que Eliza no respondía al beso, temblaba pero no era pasión, la soltó y miró sus ojos, estaba asustada y llorando, no había fuego, ni siquiera furia o enojo, no había nada. La indiferencia de la mujer en sus brazos fue demasiado para su orgullo, la ira sustituyo su deseo, quería algo que Eliza no le daba, que tal vez nunca le daría…
¿Qué pasa? ¡Acaso ya no vas a defenderte¡
El silencio que siguió solo lo interrumpía el llanto quedo de Eliza, quien cerrando los ojos no pronunció palabra alguna.
Así que nada, te quedas fría. Bueno, ya aprenderás a gozar de esto querida, te lo prometo, muy pronto vas a llorar, pero serán lágrimas muy distintas – le dijo lleno de rencor mientras la soltaba y la empujaba hacia el sillón.
¿Por qué? – pregunto entre el llanto
Te dije alguna vez Eliza que no me provocaras, eres muy insolente y también muy engreída, pero yo no soy un hombre que tolere eso en su mujer… aprenderás a respetarme y también a necesitarme, a desearme.
¡Nunca! – grito Eliza, furiosa, limpiándose las lagrimas.
Eliza grito sin pensar, ella que siempre controlaba sus emociones estaba fuera de si, nuevamente furiosa y llena de rabia miraba al hombre que la miraba con franco deseo.
¡Ese es el fuego! Así me gustas mas, furiosa y luchando como gata – le dijo riéndose descaradamente, mientras la besaba otra vez aunque brevemente – conserva eso para nuestra noche de bodas.
Eliza lo miro sorprendida y asustada, después como si saliera de un trance, se levantó y salio corriendo de la biblioteca como si la persiguiera alguien.
Corre ahora que aun puedes, en tres días no tendrás ningún lugar a donde correr- murmuro más para si que para ella, mientras sonreía impúdicamente.
Eliza entró llorando a su recamara temblando de pies a cabeza, hasta ese momento no había reparado en las obligaciones conyugales que debía tener para con él o tal vez no había querido pensar en ello. Su educación no le permitía tener ese tipo de pensamientos, aunque siempre estaban ahí. Su madre le hablo de los deberes de una esposa como una obligación que debía ser limpia, le dijo que solo las mujerzuelas sentían necesidades y placer, que las damas cumplían con el deber de esposa con el fin de ser madres y darle hijos a sus esposos. Entonces que había sucedido hacia apenas un rato.
Ese maldito hombre hacía que se sintiera siempre pequeña y temerosa. Nunca en su vida había sido tratada de esa manera, como una vulgar mujer de la calle… mientras la besaba sintió un pánico creciente en todo su ser, pero mientras trataba de defenderse algo dentro de ella se despertó, algo que jamás espero sentir por un hombre como Frank Harrington. Mientras mas luchaba por salir de su abrazo, su cuerpo traicionero gozaba con la salvaje demostración de deseo de su prometido. Reconocerlo había sido lo que la dejo helada. De pronto se dio cuenta que si Frank llegaba a descubrirla estaría perdida y a merced de su deseo, podría hacer con ella lo que le viniera en gana y ella… lo permitiría y hasta tal vez le gustaría. Eso fue lo que la hizo helarse. El miedo se convirtió en terror de ser descubierta.
Las palabras finales de su prometido le dijeron que su actitud fue interpretada de otra forma, de hecho de forma totalmente contraria, eso estaba bien, no podía permitirle saber que… ¡Cómo se odiaba a si misma¡ ¡¿Por qué su cuerpo reacciono así?! Tan bajo caía que sentía placer con un hombre que no era la ni la mitad de lo que ella aspiraba a tener ¿Qué le sucedía? ¿Qué hacía con ese anhelo que ahora sentía en el pecho y en el vientre?
Sólo faltan tres días… - se dijo en voz alta - Solo tres.
Mirando hacía donde estaba su vestido de novia, volvió a llorar, de nuevo calladamente, en el silencio de su propia habitación y de su vida.
El pequeño Alan corría a la par de varios pequeños colina arriba. Terry miraba a su hijo reír y su corazón se sentía feliz, hacia días que veía a su hijo triste, seguramente por su madre.
Aquel lugar era el verdadero hogar de Candy. Recordaba muy bien el día de invierno que el visitó la casa y la colina. Sintió a Candy en cada una y comprendió por que su amor por este lugar. El que tuvo todo lo que el dinero pudo darle, no sentía ningún lugar como suyo, su hogar, ni en Inglaterra ni en Norte América. Cuando miró desde lo alto de la colina se dio cuenta de que Candy siempre tendría un hogar al cual regresar. Hoy el pretendía crear ese hogar con ella, encontrar un lugar donde él y su hijo pudieran asentarse y empezar a sentirse en casa.
¿Te apetece una taza de té? – le preguntó Candy
Un té me parece demasiado flojo para rematar un día tan bello. Pero supongo que tus "madres" como las llamas no tendrán un buen coñac…
Terrence Granchester, no digas eso ni de broma… - le dijo Candy con los brazos en jarras y el ceño fruncido
Claro que no pecosa, un buen café es lo que de verdad quiero.
¿Nunca dejarás de bromear con todo lo que es serio?
Pero tu me amas así ¿no es verdad pecosa?
Es verdad – le dijo dando un suspiro algo teatral – que remedio queda.
Ese tono lo vas a pagar – le dijo entrecerrando los ojos
Ja, ja, ja, ja, tengo tanto miedo. – contesto la rubia burlona
Espera a que te ponga sobre mis piernas y te de una buena azotaina y veras…
¿Se supone que debo tener miedo?
No, miedo nunca. La verdad es que si te quiero sobre mis piernas, pero estoy seguro que hay mejores formas de ocuparnos
¡Terry!
En aquel momento Alan y los chicos bajaban de la colina y llegaban a la altura de la pareja en un bullicioso griterío.
Será mejor que nos vayamos a la casa, pronto tendrán que cenar y entonces tú tendrás que hablar con la Srita. Pony y la hermana María.
Si, y tal vez si me porto bien, me dejen casarme contigo – le dijo tratando de sonar tranquilo
Uhhmmm, si tal vez – le contestó Candy guiñándole el ojo – pero tendrás que tomarte toda la cena, incluidas las verduras.
El tono jocoso de Candy lo alegraba, ya que en el fondo estaba muy nervioso, esto no era ni por asomo fácil ¡Y eso que ya había pedido la mano de Candy formalmente a la Tía Elroy!. Pero hacerlo con esas dos mujeres si que lo ponía fuera de si. Ellas eran la verdadera familia de Candy.
Después de la cena, Candy ayudo en los quehaceres normales del hogar y llevó a los niños a lavarse y a la cama, de su mano iba el pequeño Alan, el niño estaba algo asustado, su manita apretaba la suya fuertemente. Entendía que el niño se sintiera algo intimidado por la cantidad de niños de distintas edades, pero mientras más se acercaban a la habitación donde dormiría con los niños de su edad, se veía mas asustado. Cuando abrió la puerta Alan dejo de caminar y con ojos llenos de lágrimas miró a Candy.
¿Estas bien Alan? – le preguntó inclinándose a su altura
¿Yo… voy a dormir? – le preguntó señalando las literas, con vocecita entrecortada.
Si, vas a dormir en una cama para ti solito. – le dijo acariciando su mejilla esperando tranquilizarlo.
¡No quiero dormir! – le contestó acercándose mas a ella.
¿Por qué no quieres dormir Alan? – le preguntó tomándolo en brazos - ¿Me quedaré contigo hasta que te duermas?
¿Tú… duermes conmigo? – le pregunto llorando
¿Eso quieres?
¡¿Quiero a Papá y a Rosa! – le dijo escondiendo su carita en su pecho.
Candy dejo que el niño se tranquilizará y le acariciaba la espalda mientras tanto. Alan parecía estar muy asustado por algo, pero mientras estuviera llorando no podría saber de qué. Mientras tanto se encargó que todos los demás chicos se metieran a sus camas. Al final se sentó en la que había dispuesto para el pequeño. Dejándolo sobre el mullido colchón, lo miró con gran ternura. Cada vez que lo veía se encontraba con un par de ojos azules como los de su padre, ¡eran tan parecidos! Su cabello, su color de piel, hasta el gesto de arrogancia eran iguales, Candy se enamoro inmediatamente del pequeño en cuanto lo conoció, instintivamente supo que el niño sufría por la muerte de su madre, podía reconocer perfectamente ese dolor, uno que ella misma vivió mucho tiempo. Sin embargo en ese momento la veía con mucha aprensión.
¿Tienes miedo Alan? – le preguntó suavemente
Si… - contesto con voz apenas audible
No llores corazón, si tienes miedo, yo puedo quedarme contigo.
¡No!, ¡No quiero dormir!
¿Por qué no Alan?
El niño la miro durante casi un minuto, ladeo la cabeza como si estuviera tomando la decisión de confiar en ella o no. Era un gesto tan adulto que sorprendió a Candy.
Los niños de aquí no tienen mamá ni papá – le dijo muy serio
Bueno si, pero tu si tienes papá – le contestó Candy y después dejo que siguiera, tal vez si se quedaba callada el le dijera lo que lo asustaba. Funcionó muchas veces con sus pacientes mas pequeños.
Si pero no tengo mamá. – le dijo en tono muy triste
Alan, ¿Crees que vas a quedarte aquí por que no tienes mamá?
Si… - le contestó después de varios segundos y con los ojos otra vez anegados de llanto
Pues eso no es posible- le dijo Candy suave y firme - tu papá te ama y jamás te dejaría en ningún lado.
¡Mi Papá ya no me quiere! – le dijo con voz muy aguda, llena de enojo
¿Por que dices eso? – siguió preguntando Candy serena, sin dejar entrever la preocupación del comentario.
Porque te quiere a ti – le dijo en tono de reproche y con una mirada que le recordaba a su padre cuando estaba enojado.
Alan, yo se que tu papá te quiere y aunque quiera mucho a otras personas, tú eres lo mas importante para él. – le dijo de nuevo suave y firme, mirándolo a los ojos y después le preguntó - Alan, dime ¿Quieres a tu abuela Eleonor?
Si.
Y a Rosa ¿La quieres mucho?
Si, me da de comer y me da siempre postre
¿Entonces quieres más a tu abuela que a tu papá?
La pregunta lo dejo un momento en silencio, luego volvió a ladear la cabeza y Candy no pudo dejar de sonreír esta vez.
Quiero mas a papá – le contestó firmemente.
¿O tal vez quieras más a Rosa o a alguien mas?
Quiero mas a papá – volvió a decirle
Ya ves, no importa a cuantas personas quieras, tú quieres más a tu papá. A el le sucede igual. Él siempre va a quererte mas a ti
¿Mas que a ti? – le pregunto finalmente
Claro, mucho más – le dijo mientras le acariciaba sus cabellos.
El niño entonces la miró y dejo que Candy lo cambiará y lo arropara.
Papá vendrá a darte las buenas noches en un momentito
¿Y tú?
Yo te doy un beso ya mismo. – le dijo riendo
Pero…
¿Qué sucede pequeño?
¿Y tú?… ¿Vas a quererme Candy?
La pregunta la tomo por sorpresa. El pequeño Alan no solo se parecía a Terry en lo físico, tenía el mismo carácter y era igual de directo.
Yo ya te quiero.
El niño le sonrió radiante y satisfecho y una vez más Candy pudo ver de nuevo a Terry en su hijo. Le sonrió igualmente y le dio un sonoro beso en la frente que lo hizo reírse fuerte y con ganas. De pronto sintió que alguien la miraba y encontró a Terry en la puerta de la habitación. Pero antes de que pudiera decir nada una pequeña de la edad de Alan se lanzó a sus brazos y preguntando a quemarropa
¿A mi también me quieres?
"Lia", claro que te quiero – le contestó a la pequeña Noelia que la abrazaba con gran fuerza a pesar de tener solo un año y medio de edad.
Entonces también me besas – le exigió.
Claro que si – le contestó Candy sonriendo
Yo también quiero un beso - dijo otro pequeño desatando una serie de pedidos de besos por todas las camas.
Al terminar de arropar y besar a todos los chicos volvió a la cama de Alan donde Terry ya estaba sentado y acariciando la cabeza del casi dormido niño. Mirarlos le llenaba el corazón de amor.
Candy – le dijo el pequeño mientras le hacia señas con el dedo para que se acercará mas.
Dime querido - le contesto muy de cerca
¿A mi me das otro beso? – le dijo en secreto, mirando de reojo a todas las camas para que nadie lo escuchara.
Candy miró al chico con ojos de sorpresa, mientras este le devolvía una mirada pícara.
Parece que Alan es igual de ambicioso que tú – le dijo a Terry besando de nuevo al chico en la mejilla. – No se conforman con lo que todos tienen, siempre quieren más.
Terry miró a su hijo con una sonrisa cómplice y le guiño el ojo.
No puede culpar a un hombre por perder la cabeza por una mujer bonita, es de familia, desde su abuelo, no hay remedio, nos gustan rubias, verdad Alan.
Si, a mi me gustas – afirmó el pequeño mientras se reía con su padre.
¡Por Dios, de todo lo que podías heredarle a tu hijo, tenía que ser tu bribonería! – contestó Candy sin poder dejar de reír.
Esa noche, Candy y Terry junto con la Hermana María y la Señorita Pony brindaron por su compromiso con café. Mas tarde, mientras Terry miraba por uno de los grandes ventanales del hogar, sintió a Candy acercarse y abrazarlo. Inmediatamente la acerco más a él. Ella era la única mujer que podía trastornarlo así, la necesitaba y la deseaba como a ninguna.
Escuchaste mi conversación con Alan – le dijo Candy
Si, me temía que algo no estaba completamente bien con él. Imaginé que era por su madre, no por mí. Pero ahora estoy mas tranquilo.
No va a ser fácil para él cuando sepa que vamos a casarnos. Debemos decírselo pronto, no quiero que se enteré por nadie mas.
Te entiendo… - le dijo sonriendo
¿Qué es tan gracioso?
Pues es la primera vez que te oigo decir que vamos a casarnos.
Bueno… después de pedir mi mano por tercera ocasión creo que hasta yo lo puedo creer – contestó igualmente sonriendo
A mi me paso algo parecido. Te puedo asegurar que ni con Albert, ni con la Tía Abuela me sentía tan nervioso. Creo que hasta que no escuche su bendición no sentí que realmente pedí tu mano en matrimonio.
Tienes razón, me gusto mas el café que prepara la Srita. Pony, que el champagne de la Tía Emilia, además, parecía una lucha de poder, ella tratando de alargar el compromiso hasta un año, tú tratando de fijar fecha para dentro de un mes, todos los demás estábamos como simples espectadores esperando ver cual ganaba… - continuo diciendo mientras miraba a su prometido a los ojos.
Seis meses, me parece demasiado tiempo, de cualquier forma.
Terry beso a Candy dulcemente y la abrazo con fuerza.
Será mejor que vayas a dormir, si no esa tentadora boca tuya va a lograr que cometa una locura
Esta bien – le dijo suspirando – Buena noches Terry.
Buenas Noches pecosa.
Antes de dejar la habitación, Candy miro hacia donde la figura de Terry se recortaba contra el ventanal.
Te amo – casi susurro con emoción infinita
Lo sé, lo siento con la misma fuerza con la que yo te amo.
Cuando salio, Terry miro hacia fuera, la noche era estrellada y con luna, se sintió eufórico, en ese momento comprendía a poetas y a los caballeros de otras épocas, esos que por una mujer eran capaces de desafiarlo todo, el mismo se sentía capaz de grandes hazañas por una mujer, una sola, su pecosa, su Candy
Flammy salía del cuarto de la Sra. Emilia en silencio, su preocupación iba en aumento, las muchas emociones que tuvo esas semanas habían pasado factura a la anciana mujer, quien dormía bajo los efectos de calmantes todas las tardes. El compromiso de Candy, la boda de la chica Leagan, el embarazo de Annie y el inminente compromiso de Stear y Paty, todas eran grandes noticias y eso la había desbordado ese ultimo mes.
¿Cómo sigue Emilia? – preguntó Kerry en cuanto la vio salir a la terraza donde estaban ella, Albert, y Arthur
Igual, la presión sigue alta y los dolores de cabeza son mas frecuentes desde hace una semana.
¿Qué dice su médico? – terció Arthur
Lo mismo, que debería estar en un hospital.
¿Tú que piensas? – le preguntó Albert
Yo no soy Doctor, Albert
Pero tú eres la persona que la ha cuidado este tiempo, creo que tú eres más indicada para darme un buen consejo sobre mi Tía.
Pues yo siento que si la alejas de la casa y de ustedes, se deprimirá y será peor.
Estoy de acuerdo con Flammy – dijo Paty – Mucho del estado de animo de el paciente influye en su recuperación y en casos como el de la Tía Emilia es crucial.
Bien, entonces respetaremos su decisión. – dijo Albert
Flammy sonrió agradecida a Albert, siempre fue un hombre honesto y a pesar de ser un Andric, era sencillo y trataba a todos con respeto.
Deberías sonreír mas seguido Flammy, le sienta muy bien a tu rostro – le comentó devolviéndole la sonrisa
Gracias… - le dijo ruborizada
Vaya, nunca pensé verte ruborizarte Teniente.
Kerry, eres igual de indiscreta que Candy – le contestó enojada
Lo tomaré como un halago – continuo riéndose
Kerry, puedo preguntarte…
Si, dime.
¿Vas a dejar tu carrera ahora que te casaste?
No Flammy, de hecho tenemos muchos planes, yo no pienso dejar de ejercer y el quiere comenzar algunos proyectos con la Cruz Roja, ¿No es verdad Albert? –
Si, así es.
Pero de momento con la salud de Emilia es mejor esperar un poco. De cualquier forma me ha venido bien esta temporada de vacaciones. Y tu Flammy ¿Qué has pensado hacer con tu carrera?
Creo que en cuanto sea viable, presentaré solicitud aquí en Chicago. Existen buenos Hospitales.
Arthur también quiere quedarse en Chicago.
¡Ah! No lo sabía.
Y eso refuerza tu decisión de quedarte o al contrario Flammy – pregunto Arthur con una sonrisa irónica
No se por que tendría que influir en nada, ni siquiera se en que Hospital solicitaré puesto. – contestó Flammy seria como siempre.
Arthur la miró un momento como si intentara decidir cual sería su siguiente movimiento. Desde que habían tenido esa conversación sobre Candy, lo había estado evitando, no le sonreía aunque tampoco se portaba incorrectamente, mas bien era una fría indiferencia que ya lo estaba cansando.
Tal vez deberíamos ir juntos a verlos y podríamos tener la suerte de conseguir colocación en el mismo.
Podría ser.
¿Te parecería bien que fuéramos esta tarde?
La expresión de desconcierto en la cara de Flammy no paso inadvertida a ninguno de los tres, pero fue quizás la respuesta de la chica la que causo aun más sorpresa.
Esta tarde… No puedo, lo siento, tengo otro compromiso
¿Otro compromiso? – pregunto Arthur áspero
Si, eso dije. – contestó Flammy en igual tono
Si, lo escuche perfectamente. Pero no has dicho con quién. – continuó en el mismo tono
Por que no es de tu incumbencia Arthur – contestó Kerry por Flammy. – muy enojada ante la actitud de su hermano
No tengo por que darte explicaciones Arthur, pero tampoco es un secreto, voy a salir con George, ahora si me disculpan, apenas y tengo tiempo para estar lista.
Flammy se fue con actitud imperturbable que sin embargo estaba muy lejos de sentir, en realidad no sabía como sentirse. La actitud agresiva de Arthur la había sacado de sus casillas. Sin mirar atrás se dirigió a su cuarto para arreglarse.
Arthur miró a Flammy levantarse y entrar de nuevo a la casa. Segundos después de su partida, se levantó para ir detrás de ella, pero la voz de su hermana lo detuvo.
Será mejor que te sientes Arthur, deja en paz a Flammy
Yo solo quiero hablar con ella…
¿Y de qué exactamente? ¿Vas a seguir interrogándola acaso?
¡Si!, digo No por su puesto que no – contestó a su hermana confundido y volvió a sentarse.
Tiene razón Kerry, Arthur, deja que Flammy se vaya.
¿Por qué?... – dijo algo desconcertado – Albert, ¿Tú sabías que Flammy estaba saliendo con George?
Si, George me lo comento ayer.
Y no se te ocurrió decirme nada.
Arthur, escúchate, ¿Por qué tendría Albert que informarte sobre la vida personal de George o de cualquiera?
Bueno, no es que quiera saber sobre cualquiera, estamos hablando de Flammy, ella es mi amiga, me preocupa.
¡¿Te preocupa?! – le dijo Kerry con enojada de verdad - ¡¿y desde cuándo?!...
Kerry, cariño, ¿Por qué no mejor vas a acompañar a Flammy? Seguro te agradece un poco de compañía ahora que Candy no esta – le dijo su esposo al verla a punto de lanzarse contra Arthur
Esta bien, pero haber si tú puedes hacer que este "niño" entre en razón.
Y sin más dejo la terraza por el mismo camino que Flammy.
¿Se puede saber por qué esta tan enojada conmigo?
No lo sabes de verdad Arthur.
Pues no.
Si sigues en esa actitud, tendré que darle la razón a Kerry, estas siendo infantil.
Arthur guardo silencio. Luego se puso de pie con expresión extrañamente cansina.
Me he precipitado un poco ¿no?
Si, me parece que si
No se ni por que me he comportado así.
Tal vez es por donde deberías empezar a analizar tu comportamiento.
Si, tal vez. – dijo pensativo y tras un largo suspiro continuó - Albert me siento muy confundido.
Es por Flammy – le dijo afirmándolo mas que preguntando.
No se porque me ha sentado tan mal lo de su cita.
Será por que no ha sido contigo.
Arthur volvió la cabeza hacia Albert y estuvo a punto de negar su afirmación, pero tras unos segundos, cerró la boca y no dijo más. Albert se levantó y poniendo su mano en el hombro de su cuñado le sonrió abiertamente.
Creo que ya estas empezando a comprender, ahora falta que decidas que vas a hacer al respecto.
Lo primero, disculparme.
Sería muy adecuado.
Y después… No tengo ni idea, pero ya se me ocurrirá algo – dijo sonriente.
Kerry toco la puerta de Flammy y escucho su voz invitándola a entrar.
¡Kerry!, pensé que podría ser Dorothy, le pedí que viniera a esta hora para dejar a la Sra. Emilia con alguien.
No te preocupes Flammy – le dijo sonriendo y después mirándola comentó- Te ves muy bien con ese vestido, el azul te queda bien.
Gracias, espero que sea el adecuado.
¿Vas a tomar café?
Si, tal vez una pequeña merienda en el centro de Chicago
Entonces luces perfecta para la ocasión. Te ves emocionada
Lo estoy.
Y nerviosa también. – siguió riendo.
Si, nunca he estado en esta situación antes.
No te preocupes todo saldrá bien.
Gracias por venir, me sentía algo angustiada y necesitaba oír eso.
Somos amigas Flammy, nos conocemos bien y sabes que puedes contar conmigo. Por cierto… siento mucho la actitud de Arthur, es mi hermano pero a veces puede ser muy… muy… muy…
Pesado, arrogante, necio, tal vez
Ja, ja, ja, ja, si, todas y cada una de ellas.
Lo sé, pero también es encantador cuando quiere.
Bueno, dejemos a un lado a mi hermano y cuéntame sobre George
Kerry y Flammy estuvieron hablando cerca de un cuarto de hora antes de que Dorothy llegara para decirle que George la esperaba. Ambas salieron rumbo al salon donde se encontraba George.
Buenas Tardes George
Buenas Tardes Flammy, Kerry.
Que tal George, ¿no sabes si Albert esta en la biblioteca?
Acabo de dejarlo ahí, estaba conversando con tú hermano.
Bueno, voy a ver que traman esos dos, diviértanse.
Gracias, lo harémos.
Al salir Kerry, inmediatamente George miro a Flammy.
Luces muy hermosa
Gracias George, nos vamos ya.
Por su puesto.
Arthur miro a la pareja desde la ventana de la biblioteca. Flammy iba relajada y contenta del brazo de George, y no le gusto nada. Tal vez como dijo Albert, tuviera que tomar algunas decisiones.
Nunca pensé verte celoso por una mujer Arthur.
Mirando a albert, abrió la boca para negarlo, pero de pronto se dio cuenta que no podía hacerlo. Era verdad que estaba celoso.
Bueno Albert, creo que siempre hay una primera vez para todo. – contestó volviendo a su habitual buen humor
¿Pareces contento?
Si, de hecho lo estoy. Debe ser por la disciplina médica.
No entiendo
Bueno cuando un doctor reconoce la enfermedad del paciente, inmediatamente sabe cual es el remedio mas adecuado.
Albert se rió con ganas de la broma.
El frío de la madrugada despertó a Eliza, por unos segundo no reconoció la recámara, pero fueron solo unos segundos antes de que los recuerdos volvieran y con ellos el dolor y la desesperación.
Se había quedado dormida sobre la cama. Miró el reloj que había sobre una hermosa cómoda de nogal, eran más de las 4 de la mañana. Las lágrimas de amargura la inundaron de nuevo. Frank logró humillarla como nunca nadie lo había hecho y seguramente nadie lo haría.
Negándose a llorar más, extendió la mano hasta la pequeña lámpara de su buró. Mientras la luz iluminaba tenue la habitación, se levantó, fue un grave error, su mirada fue a dar hasta el espejo de cuerpo entero que había junto a al tocador. En el vio el reflejo de una mujer con un hermoso camisón blanco virginal, lleno de hermosos encajes y con listones a juego, se lo había puesto para su noche de bodas. El dolor que sintió recorrió su cuerpo hasta doblarlo, antes había sentido miedo y rabia hasta odio pero nunca había sentido tanto dolor como esa noche.
Su noche de bodas, la noche en que el hombre con el que se casó la despreció. Después de la boda, de la fiesta, después de todo el miedo que paso pensando en esa noche, Frank no había ido a reclamar a su esposa, humillándola como nadie, la dejo sola llena de dudas y de rabia… y con ese miedo que se había metido en su piel desde hacia 3 días.
Continuará…
