Capítulo 3: Verity.

Apenas un rayo de luz entraba directamente sobre las dos personas que ocupaban la habitación. Una de ellas se encontraba en un sillón orejero con las piernas cruzados y un codo apoyado sobre el reposabrazos, de tal manera que su mano pasaba levemente por su barbilla en un movimiento pensativo. Levantó la vista y sonrió con una mueca a su acompañante. Era un tipo alto y de color que había demostrado reiteradamente su lealtad. Descruzó las piernas y susurró:

-Es el momento.- El acompañante asintió y se dio media vuelta saliendo de la habitación mientras su jefe reía de manera creciente.

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Al día siguiente, Hermione se despertó realmente temprano, apenas había amanecido, a pesar de que le habían dado el día libre. Ron, sin embargo, ya no estaba. Fue al baño y se duchó, dejando que el agua corriera libremente intentando borrar los recuerdos del día anterior. Mientras se secaba el pelo se miró en el espejo. Tenía unas grandes bolsas bajo los ojos que confesaba el torrente de lágrimas que había derramado.

Se sentía como una estúpida. Había actuado impulsivamente, dejando que su rabia y su depresión momentánea interfirieran primero en si trabajo y después en su matrimonio. Hermione se vistió y bajó a desayunar. Por el rastro de miguitas, es decir, la vajilla sin lavar, dedujo que Ron apenas se había tomado un café. Esto le dio una idea. Comenzó a realizar movimientos con la varita, preparando un gran desayuno. Veinte minutos más tarde tenía todo listo para marcharse cuando oyó la voz de su cuñada desde la chimenea.

-¿Hola?- Preguntaba la chica pelirroja. Hermione corrió al salón mientras intentaba ponerse un calcetín. Hazaña compleja que no consiguió. Apenas cruzó el umbral del salón se tropezó y cayó de bruces enfrente de la chimenea.- ¿Estás bien?- Preguntó Ginny intentando no reírse.

- Qué caída tan tonta.- Murmuró Hermione sentándose y sobándose las rodillas y las manos. Ginny soltó una risita.- He de reconocer que, como poco, ha sido patético. Pero no te rías.- Por fin, la castaña la miró con una sonrisa.- ¿Qué tal?

-Bien, aquí estoy con el monstrete este. Dile "hola" a la tía Hermione.- Dijo Ginny mientras asomaba un pequeño bulto.

-¡Por Merlín, Ginny! Tiene dos semanas. ¡Y no le llames monstrete! Es horrible.

- Tú también le llamarías monstrete si te despertara cada hora y media o dos horas exigiendo succionar tus…

-¡Creo que no necesito más información, Ginny, gracias!- Interrumpió su cuñada.- Eres de un fino…

- Pues no te dejes engañar por la apariencia dulce y delicada del pequeño James. Es una bestia. No sale a su padre, la verdad. Por lo menos en ese aspecto.

-¿Qué querías, Ginny?- Preguntó Hermione con las manos a ambos lados de la cara intentado borrar aquella horrenda imagen mental.

-¡Ah, sí!- Exclamó la joven recordando el motivo de su llamada.- Ya que tienes el día libre me preguntaba si podíamos comer juntas en el Caldero Chorreante y así hablamos con Hannah que me dijo que quería vernos para decirnos algo importante.- Hermione sonrió recordando lo que le había comentado Ron el día anterior.- ¡Tú sabes algo! ¡Traidora!- Exclamó Ginny señalándola con un dedo acusador.

-¡Cuánta falta te hace dormir!

-Pues sí, ¿para qué te voy a engañar?- Dijo Ginny bostezando.- Bueno, ¿quedamos o no?

-Sí, claro.- Repuso su cuñada.- A la una en el Caldero Chorreante.- Ginny se extrañó.

-¿Tan tarde?

- Me voy a ver a Ron ahora. Ayer tuvimos una discusión. Fue por una tontería mía.- Agregó la castaña al ver como su amiga fruncía el ceño.- No hago más que darle vueltas y vueltas a los coqueteos de Verity y, aunque Ron me jura y me perjura que no se fija, tengo miedo de que me mienta.

-Hermione.- Dijo la pelirroja súbitamente muy seria.- Te lo he dicho antes y te lo diré de nuevo, por si tu enorme cabeza hueca no lo entiende. Siempre me meto con Ron, como, cuando y donde puedo. Pero siempre he admirado cómo es capaz de demostrarte lo que te quiere. No siempre es de la forma más afortunada, eso es cierto. Y muchas veces le pierde esa enorme oquedad que tiene en la cara. Pero te quiere, y estoy segura de que no dejará pasar lo mejor que le ha pasado en la vida. Para él, contigo todo será distinto. Todo será mejor.- Hermione hizo una ligera mueca.

-Si ya lo sé, Ginny. Pero sigo teniendo miedo.

-¡Pues habla con ella!- Dijo Ginny.-Pídele explicaciones a Verity. Tienes oportunidades para hacerlo. No te debes enfadar con Ron por algo así. Mi hermano es más ciego que un topo. Ya ves que fuiste tú la que tuviste que dar todos los primeros pasos del mundo…

-Salvo para vivir juntos y casarnos.- Replicó la castaña defendiendo a su marido.

-Sí- Concedió la pelirroja.- pero hasta entonces fuiste tú la que le tuviste que besar, pedir salir, acostarte con él, etc. Vamos que es un calzonazos.- Agregó Ginny a modo de resumen.

-¡No es un calzonazos!- Exclamó Hermione cabreándose.- No quiso hacer nada que…-Ginny la interrumpió riéndose.- ¿De qué te ríes ahora?

-De ti. Era sólo una broma, Hermione. Nos vemos a la una y media. Te doy media hora más. Aprovéchala.- Dijo Ginny guiñándole un ojo. Hermione bufó.- ¡Adiós!

Hermione se dirigió de nuevo a la cocina negando con la cabeza. De todas maneras, por muy bestia que se estuviera volviendo la chica, Hermione quería creer que era cosa de las hormonas y la falta de sueño, Ginny tenía razón. Tenía que hablar con Verity. A lo mejor lo había malinterpretado todo. Cogió la comida y se dirigió a la chimenea. Dos segundos más tarde se encontraba en el almacén de los Sortilegios Weasley. Allí se encontró con Ron moviendo cajas y enfurruñado. Soltando tacos a diestro y siniestro. Hermione se percató de que estaba sólo. Ron cogió en ese momento dos cajas sin agarrarlas bien por la base, no dobló bien las rodillas y las cajas cayeron a peso sobre su pie izquierdo. Hermione oyó un estruendo seguido por un grito de dolor.

-¡Ron!- Exclamó la joven mientras se acercaba a su marido que se había sentado y estaba sobándose el pie.- ¿Te has hecho daño?- Al segundo se dio cuenta de la estupidez de su pregunta. Ron tenía el rostro contraído en una mueca de dolor. Se sujetaba el pie frotándolo levemente intentando calmar el golpe. Miró a Hermione con retintín como diciendo: "Sí, claro. No te preocupes. El dedo se me hincha siempre solo".- Cierto. Pregunta tonta.- Se corrigió Hermione mientras le quitaba a su marido lentamente el zapato y el calcetín. Tenía un enrojecimiento y una incipiente hinchazón en el dedo gordo y la parte interior del pie. Hermione sacó su varita y murmuró un hechizo de frío que insensibilizó ligeramente la zona dañada. Ron tembló levemente, pero abrió los ojos y la miró agradecido.

-Gracias.- Le susurró. Hermione notó que tenía algo de miedo a lo que pudiera decir después de lo ocurrido el día pasado.

-De nada- Le respondió Hermione sonriendo ligeramente.- No está roto, pero te molestará unas horas.

- ¿Qué haces aquí?- Preguntó Ron a bocajarro. Hermione le enseñó la comida.

-Supuse que no habrías desayunado. No en condiciones, por lo menos.- Dijo ella sentándose a su lado.

-Supones bien.- Repuso su marido con media sonrisa. Hubo unos minutos de silencio en los que ninguno de ellos pronunció palabra alguna. Se miraban los zapatos como admirando el acabado cromado que el zapatero les había dado. Hermione suspiró.

-Quería pedirte perdón.- Ron la miró, tremendamente sorprendido.- Por lo de ayer. Estaba totalmente fuera de lugar y no medí lo que decía o lo que dejaba de decir.- El pelirrojo asintió pasándole un brazo por los hombros y besándole la frente.

-No te preocupes.- Ron sonrió.- Je, has hecho una "Ronaldada".-Hermione rió asintiendo. Una "Ronaldada" era según la definición de Ginny, un hecho o acontecimiento sin importancia que se torna de una suave brisa mañanera en un huracán de categoría cinco. Hermione miró a su alrededor. Ni rastro de Verity. ¡Qué raro!

-Pensé que te ayudaba Verity.- Comentó casualmente Hermione. Ron bufó haciendo una mueca.

-Ya, yo también. Pero no ha aparecido. La he llamado y al parecer resulta que está enferma, o eso ha dicho. El caso es que no viene.- Ron desvió su mirada hacia el almacén.- Hoy no termino.- Susurró míseramente el chico.

-Hagamos una cosa.- Dijo Hermione levantándose con entusiasmo.- Yo hasta la una y media no he quedado con Ginny para comer. Desayunamos esto y te ayudo con las cajitas estas.- A Ron se le iluminó el rostro y, olvidándose del dolor del dedo, se levantó.

-¿En serio?- Hermione asintió sonriendo. Ron la levantó en el aire dando vueltas mientras la chica reía.

-Venga, bájame. Que si no, no me da tiempo a ayudarte a nada.- Ron la bajó y ambos se sentaron a comer el desayuno que había preparado la castaña.

Dos horas y media más tarde, el matrimonio continuaba moviendo cajas de un lado para otro sin aparente sentido.

-¡Ron!- Gritó la castaña desde la otra punta del almacén. Hermione escuchó que su marido le respondía vociferando.- ¿Dónde van los muñequitos articulados de Harry?- Preguntó Hermione riendo.- ¡Vaya ideas tenéis!- Hermione oyó a Ron soltar una carcajada.

-Pues ya verás ahora.- Murmuró el pelirrojo.- Ponlos en la sección NQV!

-¡Vale!- Hermione se giró hacia las estanterías tituladas con una gran N, encontrando la sección indicada por Ron entre las secciones nerviosdeacero y nunca jamás.- ¡La madre que os parió!- Exclamó la chica mientras Ron reía acercándose a la zona. No sólo había hecho los muñecos articulados de los que Hermione desconocía y (y quería seguir en la ignorancia) su función. Marionetas mágicas, gafas redondas que cuando te las pones añade una bonita cicatriz a juego y te obliga a decir todo el rato una frase a elección del consumidor, lo cual puede resultar peligroso, y un sinfín de etcéteras.- Es como ir al museo de los horrores.- Dijo Hermione cogiendo una recreación en miniatura nada fiable de la derrota de Voldemort en la batalla final. En ella se veía a Harry que decía algo así como: "Mírame bien, Lord Cacadura, pues se acabó tu reinado del estreñimiento. Yo, Harry Po-Potter te destrono". Eso lo remataba diciendo algo así como:"Libertad".

-Eso está tirado de precio.- Informó Ron, llorando casi de la risa.- Se vende muy bien. Junto con esto.- Agregó el pelirrojo doblándose de la risa mientras enseñaba a una descolocada Hermione una especie de Caganet de Harry cuya cara hacía varias muecas.- Entra en nuestro top 5 todas las Navidades.

-Pero qué asco.- Dijo Hermione cogiendo la figurita y mirándola de cerca. El Harry de la figura dio un pequeño gruñidito e hizo un ligero "pop".- ¡Oh, por favor!- Dijo Hermione dándole el muñeco a Ron. -¿Sabe Harry algo de esto?- Ron la miró ofendido, pero aún entre risas y lágrimas ante la reacción de su mujer,

-¡Pues claro que lo sabe! ¿Por quién nos tomas? Cada vez que sacamos algo le mandamos un pack de prueba. Él mismo nos ha dado incluso alguna idea. Como la de Harry Po-Potter.- Ron por fin paró de reírse.- ¡Qué mal rato!- Exclamó cogiéndose el estómago.- George y yo estamos meditando crear más de estos caganets con otros famosos.

-¿De dónde habéis sacado la idea?- Preguntó Hermione.- Es ingenioso. Asqueroso, pero ingenioso.

-De los muggles españoles. Respondió Ron- En Navidad ponen algo llamado "belén" que representa…

-El nacimiento de Jesús, sí lo sé.- Repuso Hermione.- ¿Pero qué tiene que ver con esto?- Ron volvió a reír.

-Que la suelen poner en algún punto del belén ese.

-Y es de lo más divertido- Replicó la voz de George desde la otra punta del almacén.- La idea fue de tu marido. A la gente le entusiasmó. ¿Y Verity?- Preguntó George extrañado. Ron se encogió de hombros.

-Me dijo estaba enferma y que se quedaba en casa.- George se puso rojo de ira. Pero no en el sentido metafórico. Era literal. Tenía un tono rojo sangre muy brillante. Hermione se asustó.

-Esto… ¿George?

- Pues yo la acabo de llamar y no estaba en su casa.- El color de la cara de George decayó ligeramente.- En fin le descontaré el día y le echaré la bronca, supongo.- Su tono de piel fue tornándose color carne. Pero era raro, no era el de George. Le daba un aspecto extremadamente tranquilo, lo cual contrastaba enormemente con la expresión anterior.- ¡Bueno!- Dijo sonriendo. De nuevo, era una expresión extraña, como forzada, artificial. - ¿Qué hacéis, parejita?

-Hermione me está echando una mano.- Dijo sonriendo a su mujer.- ¡Me ha traído el desayuno!- Para sorpresa de Hermione, George se puso a llorar desconsoladamente.

- ¡Qué bonito!- Decía George entre un mar de lágrimas.- ¡O-ojalá An-angie hiciera lo mismo!- La cara de Hermione era todo un poema mientras veía a George llorar amargamente por un desayuno y a Ron simplemente sonreír.

-Déjalo ya, George.- "Pero será insensible"- Pensó Hermione- "Bueno, la verdad es que está montando una escena".- Estás asustando a Hermione. Quítatelo ya.- "¿Quítatelo ya?" Pensó Hermione.

-¿Cómo que quítatelo ya?- Preguntó Hermione mientras veía como George aún sollozante, se quitaba una especie de parche adosado a su nuca. La chica observó como su cuñado abandonaba las lágrimas casi inmediatamente.

-¿Funcionó?- Preguntó George mirando a su hermano. Éste asintió.

-Perfectamente. Hermione flipaba.- George le enseñó el parche a su sorprendida cuñada, quién leyó la inscripción con el nombre del producto.

-¿En tus zapatos?- Preguntó Hermione.

-Simula el torrente de hormonas que tenéis las mujeres en "los días del mes" y en el embarazo. Sólo lo venderemos a hombres.- Explicó George.

-Tiene dos funciones: sensibilizar a tíos como nosotros para ver qué es lo que pasáis vosotras…

-¡Eso está muy bien!- Dijo Hermione apreciativamente.

-…y la segunda.-Añadió Ron sonriendo.- Para que veáis lo ridículas que sois a veces.- Hermione bufó.- Sacamos la idea de Ginny y sus espantosos cambios de humor durante el embarazo de James.- Hermione asintió recordando como su amiga pasaba de la alegría a la depresión con la facilidad y la eficacia de un enfermo maniacodepresivo.

-Y no te creas que nos vamos a quedar aquí, no.- Prosiguió George.- Tenemos pensado lanzar otro que nos deje a nosotros a la altura del betún.- Ron se acercó a su hermano y continuó su explicación mirando a Hermione.

-Y empezaremos una sección de hombres contra mujeres. Va a ser divertido.- Hermione miraba de uno a otro atónita. No por la idea, que le parecía genial. Si no por los dos hermanos. Jamás había visto tanto parecido entre George y Ron. Era como si se hubiesen vuelto gemelos. Ron miró su reloj y la apremió.- ¡Hermione! Ya es la una. Deberías ir yendo al Caldero Chorreante.- Hermione hizo un gesto con la mano.

-Hasta y media tengo tiempo.- Hermione volvió a coger la figurita… ¿cuál era la palabra? Pensativa. Sí. Eso. La figurita pensativa de Harry.- Decís que Harry sabe lo de este divertido muñequito, pero, ¿lo sabe Ginny?- Preguntó Hermione con una sonrisilla impropia de ella. Ron la miró con curiosidad.

-Me has dado mucho miedo.- Dijo George, sorprendido. Al segundo siguiente dirigió la pregunta hacia su hermano.- ¿A ti no?

- Con el tiempo te acostumbras a estas cosas.- Repuso Ron como con resignación. Hermione le dio un ligero golpe en el antebrazo.- Vale, me lo merecía. Lo reconozco.- Agregó Ron sonriendo

-¿Cuánto vale esta figurilla?- Preguntó Hermione sosteniendo aún la figurilla en sus manos.- Pienso llevarla a todos los sitios donde vayan Harry o Ginny.- George soltó una sonora carcajada.

-Entonces, por ser tú, te la llevas gratis. Sólo prométeme que la utilizaras alguna vez cuando yo esté delante.

-¿Cómo en la comida del domingo?- Preguntó pícaramente Hermione. Ron rió.

-Por ejemplo.- Repuso George. Dio una palmada en el hombro de su hermano y se acercó para besar la mejilla de su cuñada.- Voy a empezar con el inventario. Te espero dentro de media hora.- Ron asintió mientras veía a George ir hacia la tienda.- ¡Hermione! ¿Sabes usar el encantamiento anticonceptivo?- Preguntó George a voz en grito mientras reía.

-¡Vete a la mierda!- Exclamó Hermione sonriendo. Ron se acercó a ella y le pasó un brazo por la cintura.

-¿Te gustan las nuevas ideas?- Hermione asintió.

-Si te hubieses molestado la mitad en el colegio habrías sacado lo que hubieses querido.- Ron bufó.

-Del colegio sólo me motivabas tú.- Susurró él acercándose a su esposa. Hermione sonrió mordiéndose el labio. No era por el morbo o no de la situación, ni mucho menos. Simplemente no quería soltar…

-Y Lavender.-…una burrada.- Lo he dicho, ¿verdad?- Preguntó Hermione escondiendo la cabeza en el pecho de su marido. Ron asintió.

-Sip. Lo has dicho.- Comunicó el chico sonriendo.- Pero si quieres me olvido de ello.

-Por favor.- Dijo Hermione mientras miraba a Ron. Haciendo un ligero gesto con el cuello, miró hacia donde se encontraba un reloj.- La una y cuarto. Me debería ir ya.- Dijo la castaña.

-Ginny puede esperar.- Comentó Ron acercándose a ella.

Quince minutos después, Hermione corría por el Callejón Diagon con el pelo ligeramente despeinado.

-Mierda.- Murmuró tras tropezar ligeramente. Llegaba tarde. Ginny la mataba. Al llegar a la altura del callejón que daba hacia el Caldero Chorreante, se paró y se arregló el pelo. Intentó calmarse momentáneamente, respirando hondo un par de veces. Tras esto, Hermione entró en el restaurante. Allí encontró un bar atestado de gente que comía o esperaba su comida. Hannah la saludó desde la barra mientras atendía, junto a un camarero, los pedidos de bebidas mientras tres camareros más recogían los pedidos de las mesas y los pasaban a cocina. Hermione vio el brillo del anillo de compromiso de Hannah y le sonrió señalándoselo. La chica respondió con una radiante sonrisa y encogiéndose de hombros. Hannah le señaló una mesa con la cabeza. Al girar la suya, Hermione descubrió una, mata de pelo pelirroja y un cochecito de bebé. Hermione se acercó sonriendo hacia su cuñada y su sobrinito.

-Siento el retraso.- Dijo la castaña sentándose frente a su cuñada. Acercó el carro y cogió a James.- ¡Qué tío! Ha crecido por lo menos tres centímetros desde que no le veo.- Comentó conversacionalmente la chica ignorando la mirada taladradora que le enviaba su pelirroja amiga. Al segundo, Hermione se giró hacia ella con una expresión de disculpa en la cara.- Lo siento, ya te he dicho que me he retrasado. He tenido que ayudar a Ron a mover unas cajas porque Verity no estaba.- Se excusó notando un ligero rubor en sus mejillas. Ginny la miró con incredulidad.

-Ya, claro.- Terció la pelirroja inclinándose la pelirroja para limpiar la cara de su hijo, que se quejó ligeramente.-Ahora lo llaman así. Por cierto- Añadió mientras Hermione jugaba con el pequeño.- El movimiento, de cajas, por supuesto, te ha corrido el pintalabios.- Hermione soltó una maldición mientras cogía el espejo que inocentemente le tendía la pequeña de los Weasley. Dejó lentamente a su sobrino en el carrito y se miró la cara.

-¡Merlín!- Exclamó.- He tenido que dar la nota de una manera escandalosa.- Sacó su pintalabios y se retocó ligeramente.- Ni Ron ni George me habían dicho nada.- Se quejó amargamente justo cuando una sonriente Hannah se acercaba a ellas.

-Bueno, chicas. ¿Qué os pongo?- Ginny miró su mano izquierda con los ojos entrecerrados.

-Pues yo te iba a pedir unas ostras pero dudo que estén en buen estado tras haber dado ese pedrusco.- Dijo acercándose el carrito de James para dejar pasar a su amiga, mientras ella sonreía.- A sí que Neville por fin se ha decidido.- Comentó Ginny.

-La verdad es que aún estoy que no me lo creo. Se lo dije ayer a Ron.- Dijo Hannah mirando a Hermione, que asintió.

-Sí, me lo dijo ayer. Me alegro mucho, de verdad, Hannah.- En ese momento, uno de los camareros, con cara estresada, llegó para preguntarle a su jefa si tenían algún tipo de bebida muggle con gas.

-Sí, ahora mismo estoy contigo. Dile a Will que me atienda esta mesa y que las bebidas van gratis.-Dijo la chica.- Si me disculpáis, tengo que atender a un par de pesados.- Agregó riendo.

-¡Vaya sorpresa!- Exclamó la pelirroja, mientras veía cómo se alejaba la chica.- He de admitir que jamás pensé que ellos pudieran acabar juntos.- Llegó el tal Will y ambas pidieron lo que pedían siempre que iban. Era como una tradición. Ginny decidió cambiar de tema por otro que le había llamado la atención desde el principio, pero que primero por torturar a su cuñada y después por dar la enhorabuena a Hannah, había dejado de lado.- ¿Y dices que Verity no estaba?- Hermione negó mientras bebía un trago de agua. Ginny frunció el entrecejo.- ¡Qué raro! ¿No?

-Le dijo a Ron que estaba enferma. El pobre estaba que no podía con todo.

-Hoy no abrirán, ¿no?

-No, tienen inventario. Por lo menos así llegará a casa antes.- Comentó la castaña. Ginny eludió hablar más de su hermano y volvió al tema principal.

-¿Vas a hablar con Verity al final?- Preguntó la pelirroja mientras venía el camarero con la comida.- Gracias.- El camarero se retiró con un tímido "de nada". Ginny vio a su cuñada asentir no sin cierta indecisión. La reciente madre la miró frunciendo el ceño. ¡Qué determinación! Pensaba.

- Supongo, pero aún no lo sé. No quiero liarla más de lo necesario.

-¡Mujer, no es necesario montar la Batalla de Hastings de todo esto!- Hermione la miró incrédula.- ¿Qué? ¿Es que sólo tú tienes el monopolio de los libros de Historia Muggle?

-No. No es eso. Es que creí que no te gustaba la historia.- Ginny negó con la cabeza.

-No me gusta Historia de la Magia, y menos con Binns. Pero la Muggle me fascina.- Repuso la pelirroja llevándose un trozo de pollo a la boca. Tras deglutir volvió a la carga.- Pero no me cambies de tema. Tú no tienes que hablar con ella directamente del tema. Simplemente habla sobre el trabajo, sobre el tiempo. Posteriormente estas cosas saldrán solas.- Hermione soltó una risilla sarcástica.

-Sí, ya me lo imagino. "Oh, cielos, Verity! ¡Qué día tan fabuloso hace!" "Sin duda. Oh, por cierto, que sepas que intento quitarte a tu marido".- Ginny rió por la imitación tan acertada de la manera de hablar de la chica.

-No seas idiota.- Replicó Ginny aún riendo. Hermione se unió unos segundos a ella.- Lo que me refiero es que uses esa cabezota tan estúpida y tan inteligente que tienes. ¡Por una vez se hipócrita! Por una vez intenta aprovechar esa verborrea, a veces…, bueno, muchas veces insoportable…

-Gracias.- Interrumpió Hermione con resignación.

-Nada, para eso estamos.- Repuso Ginny con una sonrisa.- Esa verborrea que te sirve para salirte con la tuya en el ministerio utilízala con ella y haz que te cuenta cosas.- Explicó Ginny.- Sabes llevar una conversación lo suficientemente bien como para sacar en claro más de lo que te cuentan sin tener que montar una escena.

Hermione escuchó la exposición de su amiga con atención, como intentando asimilar todo aquello que la pelirroja le decía.

-Sí.- Dijo en voz baja. Murmurando, como para auto convencerse.- Sí, eso voy a hacer.

Después de los consejos de la pelirroja, la conversación derivó a otros temas como el compromiso de Hannah y Neville, el pequeño James, Harry y, en general, toda la familia, tanto los Weasley como los Granger.

Hora y media más tarde, Hermione estaba ya en casa, descansando como siempre en el sofá y con un libro en las manos que no estaba leyendo. Fantaseaba con la idea de un hijo. Un deseo que aún no había podido realizar. Poco después llegaba Ron. Pasaron toda la tarde sin hacer prácticamente nada más que hablar, reír y hacerse algún que otro arrumaco.

Al día siguiente, Hermione se levantó a la par que su marido, pues tenía que ir a trabajar para preparar una entrevista con un par de Mortífagos encerrados en Azkaban. El principal, Mosley, tenía en su cabeza información privilegiada sobre el grupo denominado "Mortífagos Rebeldes". Pero no había manera de sonsacarle la información. Todo el mundo decía que el preso estaba completamente loco. Era su primer gran encargo en aquel departamento y le había tocado coordinarse con Harry en el departamento de aurores. Le gustaba volver a trabajar con su mejor amigo. Sin embargo había que enfocarlo con cuidado. Hermione llevaba trabajando en ello desde hacía casi un mes. No quería que nada le fallara. Tenía que hacerle hablar, y para ello, las preguntas debían ser precisas. Por otra parte, llevaba tiempo planteando una reforma de la ley mágica para derrocar leyes pro- sangre limpia que impedían, por ejemplo, acceder a puestos como director de San Mungo o, incluso, presentarse a las elecciones a Ministro de Magia. Si bien era cierto que estaban escondidas y olvidadas, Hermione no dudaba que habría gente que las sacudiría el polvo llegado el momento, y no dudarían en utilizarlas para evitar una ascensión "impura". Hermione también sabía que, a pesar de que aquellos sectores tan radicales habían perdido apoyos, le sería muy difícil sacar adelante la enmienda. A Hermione, sin embargo, a día de hoy sólo le preocupaban dos cosas: aclarar con Harry el tema de Mosley, y hablar con Verity.

Ron se volvió a ir casi sin desayunar. Hermione suspiró. Su marido se estaba dejando la piel en esa tienda. Ni mucho menos le molestaba aquello. Al contrario, que Ron hubiese encontrado algo que había aumentado su prácticamente inexistente sentido de la ambición y el autoestima la enorgullecía sobremanera. Lo que temía era que se tornara en irresponsabilidad. Hermione movió la cabeza hacia los lados alejando aquel pensamiento de su mente. Por lo menos esperaba que no se pusiera enfermo. No era por nada pero es que su marido era un pésimo enfermo.

La castaña se vistió y salió hacia el salón de su casa para encender la chimenea. Con las prisas y las ganas de llegar al trabajo, (al fin y al cabo, seguía siendo Hermione Granger), no vio cómo una lechuza llegaba y depositaba en su puerta un ejemplar de El Profeta con una llamativa portada y un no menos llamativo, a la vez que sensacionalista, titular.

Hermione llegó apenas un segundo después al Ministerio y se encaminó sonriente y contenta hacia su despacho. Entró y se encontró que su amigo auror estaba esperándola sentado.

-¡Hola, Harry!- Saludó la chica mientras se sentaba a la mesa sonriendo y sacando unos papeles.- Me alegra que estés aquí tan pronto. Así terminamos esto antes y puedo pasarme a ver a Ron.- Harry sonrió al mirarla. Él tampoco había leído aquella mañana El Profeta. Aún.

-Te veo contenta.- Dijo Harry. Hermione le sonrió aún más ampliamente.- Pero creo que me conformo con eso. Por Dios no me des detalles.- Hermione le mandó una bola de papel como respuesta.- Vale. Bueno. Pongámonos a ello, quiero acabar este asunto de una vez por todas.-Harry pronto se puso serio.- Tengo que advertirte una cosa, aunque me dijeron que no te lo contara. Muffliato.- Hermione le miró sobresaltada.

-¿Qué pasa?

- Interceptamos el otro día varias cartas de extorsión o amenaza, como quieras llamarlas.- Harry hizo una pausa que Hermione consideró como dramática. Dándole importancia a lo que iba a decir a continuación. Hermione se asustó.- La mayoría iban dirigidas a mí o Alberts, pero había algunas para ti.- Hermione se revolvió incómoda ante la noticia. –Pensé que debías saberlo. De todas maneras según los análisis tus cartas no proceden de la misma persona que las nuestras, ni del mismo lugar. No menciona nada del caso ni de Mortífagos ni nada de nada.

Hermione se negaba a creer una doble teoría acerca de las cartas. Pero no confesó su temor. Se centró en el caso de Mosley, aunque no podía dejar de pensar que se le volvía a poner todo del revés. Nuevamente.

-No entiendo por qué alguien querría ayudar a Mosley. Es un Mortífago renegado.-Dijo Hermione mientras intentaba pensar fríamente.- Él mismo nos lo ha confesado. No le aceptaban.

-Porque su brote psicótico les aterraba, eso es cierto.- Añadió Harry corroborando a Hermione.- Pero precisamente por eso puede decir cosas sobre ellos que ningún leal diría.

Hermione asintió, pensativa. Tendría que meditar más en eso. Pero con tranquilidad. Y la ayuda de Ron. Sacudió la cabeza.

-Me ocuparé de ello más tarde. Ahora sigamos con Mosley.- Harry asintió.

-Estoy de acuerdo. Pero una cosa más. No le digas a Ginny nada de esto. No quiero que se asuste sin motivo. Pidió el moreno bajando la mirada. Hermione le miró con cierta curiosidad pero asintió.

-Por mi parte tienes asegurado el silencio, ya lo sabes. Pero como se entere Ginny…

-Eso es únicamente asunto mío.- Repuso Harry bruscamente. Hermione le miró sorprendida. No le había respondido así desde el 5º curso de Hogwarts. Harry suspiró.- Perdona. No debí decir eso. James no duerme bien por las noches, y tiene la fea costumbre de despertarme justo cuando lo de estas malditas cartas me deja espacio en la mente suficiente como para dormirme. No tienes ni idea de las ganas que tengo de acabar con esto.

-Te entiendo.- Repuso Hermione sonriendo ligeramente a su amigo.- Yo no debí haberme metido en lo que no debía, discúlpame también.- Harry asintió sensiblemente sacando algunos papeles de la carpeta.- He estado repasando algunas antiguas entrevistas a Mosley y siempre se han enfocado desde dos puntos de vista muy concretos pero totalmente opuestos.- Explicó Hermione entrando ya en materia. Se encontraba en su salsa. Eran esos los momentos que más le gustaban a la chica.- O bien se le trataba con delicadeza, por su condición de enfermo mental, supongo, o bien con extrema descortesía por considerar que su psicosis era inventada. El caso es que en ocasiones le dejaban divagar demasiado y en otras nada. Hay que llegar a un punto intermedio.- Terminó Hermione mirando a Harry para ver si lo había entendido.

-Me siento como en clase de Transformaciones.- Murmuró el joven.- ¿A un punto intermedio? ¿Es decir, que le dejamos divagar sólo hasta un punto donde su psicosis no interfiera?- Hermione asintió sonriendo.- ¿Y cómo sabremos cuándo cortarle?

- No tenéis que cortarle a él.- Explicó la castaña.- Tenéis que cortar la declaración. Es tan sencillo como dejarle hablar. Sus declaraciones siempre tienen un mismo patrón. Habrá un principio que será muy fantástico, de cuento, demencial. Luego una fase de lucidez y otra de desorden. Los dos tipos de interrogatorios se obcecaban en lo extravagante y hacían preguntas sobre ello, y se perdían en la mente de Mosley. Pero eso no te va a pasar a ti, amigo mío. Deberás preguntarle lo que te llame la atención dentro de tu propia coherencia no de la suya, ¿me sigues?

-Sí, y créeme que me sorprende.- Respondió Harry riendo.- Verdaderamente eres la mejor. ¿Crees en serio que funcionará?- Preguntó Harry echándole un ojo al guión de preguntas que le tendía su amiga mientras estas se cogía de hombros.

-Nadie lo ha intentado antes, así que es posible que sí.- Repuso Hermione.- Una cosa. Convendría que sólo tú supieses de qué va el interrogatorio. He comprobado que Mosley disfruta o tiene la tendencia de disfrutar con el desconcierto que crea con sus respuestas. ´Tú mismo deberás parecer algo desconcertado. Pero anotando todo lo que te diga. Luego nos reuniremos todos y lo descifraremos.

-Querrás decir que lo descifrarás tú.- Hermione le miró exasperada.- Es verdad.- Se defendió Harry.- Aquí entre nosotros, mi jefe, Prince, es un idiota y el tuyo no sabe hacer la o con un canuto. No me extrañaría que te ascendieran pronto.- Hermione se ruborizó ante el comentario de su amigo.

-No creo que sea para tanto.- Murmuró Hermione levantándose.- Bueno, ya tienes todo. Ahora sólo te pido que los encuentres rápido y nos los saques de encima de una vez. No quiero tener que volver a pasar por lo mismo de nuevo.

-Descuida.- Dijo Harry levantándose, cruzando el despacho y dándole un abrazo a su amiga.- Cuídate.- Susurró en su oído. La chica asintió mientras Harry se dirigía hacia la puerta.- Y dale saludos a Ron de…- Pero de pronto la puerta se abrió y un colorado pelirrojo apareció tras ellas.- ¡Vaya! Hola, Ron. Ya no hace falta que se los des.- Dijo Harry riendo mientras salía.- Adiós, chicos.- No se percató de que Ron llevaba un ejemplar de El Profeta en la mano y de que no le saludó al salir.

Hermione no salía de su asombro. ¿Qué hacía Ron allí? Habían quedado dentro de un par de horas para almorzar juntos. Antes de poder plantearle siquiera una de aquellas cuestiones, Ron cerró la puerta y se sentó en la silla que acababa de ocupar Harry.

-Tenemos problemas.- Escupió Ron sin más preámbulos. Hermione notó que tenía las orejas rojas. De rabia, supuso. ¿Cómo se había enterado ya de lo de las cartas?

-Lo sé, Ron. Pero lo de las cartas no son más que chorradas. Harry está investigándolo.- La cara de Ron cambió de enfado y determinación a desconcierto y temor más rápido que la velocidad de la luz.

-¿Cartas? ¿Qué cartas?- Ron la miraba nervioso y dejó a un lado el periódico.- ¿Cartas de amenazas? ¿De quién? ¿Contra quién?- Hermione agachó la cabeza. No ´había querido que se enterara así, pero tampoco había mucha vuelta de hoja.- ¡Joder!- Exclamó Ron pasándose una mano por el pelo.- Supuse que recibirías alguna, pero pensé que tendría más tiempo para hacerme a la idea.- Hermione rodeó la mesa y se sentó a su lado apoyando una mano en el muslo de su marido.

-Harry está seguro de que son amenazas vacías. Él también las ha recibido.- Ron la miró asustado.- Y me ha pedido que no se lo digamos a nadie. En específico a Ginny.- Ron asintió.

-Lo matará por eso, pero allá él.- Hermione sonrió ligeramente y notó como la mirada de Ron se desviaba hacia el ejemplar del diario.- Y yo que pensé que esto era un problema.

- ¿El Profeta?- Preguntó Hermione inocentemente. Ron lo cogió impidiéndole leer el titular.

- No lo has leído hoy, ¿no?- Su mujer negó.- Atenta, porque te vas a reír.- Hermione dedujo, no obstante, por la cara de su marido, que reírse, reírse, lo que se dice reírse, no se iba a reír.

La portada del periódico tenía una gran foto central donde se la veía a ella besándose con Víctor Krum, junto con el titular "Siempre se vuelve al primer amor". A Hermione se le desencajó la cara y la mandíbula. Y, de haber podido, habría desorbitado los ojos cual dibujo animado. Pero se limitó a coger incrédula el ejemplar mientras negaba una y otra vez. Bien sabía ella que eso jamás había pasado. Vícktor, además acababa de casarse y tanto Ron y ella como Harry y Ginny habían acudido como invitados. Oh, Dios, Ron- pensaba la castaña. Levantó la vista del diario para descubrir al pelirrojo mirándola con intensidad. ¿Qué pensaría él?

-¡Te juro por lo que más quiero que todo esto es un montaje!- Exclamó la chica. No notó que Ron sonreía ligeramente.- ¡Te lo juro! A Vícktor le va a dar algo. Se los carga a todos.

-Lo sé.- Susurró ligeramente el pelirrojo. Su mujer no le oyó aquel comentario en un primer momento.

-Sé que estás enfadado pero… ¿eh? ¿Qué?- Dijo registrándolo por fin.- ¿Lo sabes?

- Lee el principio del artículo.- Instó Ron.- Han sido torpes. Les ha dado por poner que ayer a las once y media de la mañana os encontrasteis en el Londres Muggle. Pero tú a esa hora…

-Estaba contigo.-Repuso Hermione atónita. Ron asintió.

-No sé si ese es o no el verdadero Vícktor, pero tampoco me importa.- Dijo Ron señalando la foto.- Pero lo que sé es que esa no es más que alguien que se transformó en ti.- Ron la abrazó por los hombros mientras ella no podía dejar de mirar la portada del diario y de negar repetidamente.

Tras unos minutos, volvió Harry al despacho con cara de pocos amigos y alzando en ristre un ejemplar de El Profeta. Abrió la boca pero Hermione le interrumpió.

-Ron me lo acaba de enseñar.- Murmuró la castaña mirándole. Ron se giró hacia su amigo sonriéndole ligeramente. Harry los miraba alternativamente con un gesto de incredulidad.- Ayer estuve ayudando toda la mañana en la tienda, y George también me vio.- Dijo Hermione tratando de excusarse y de decir que, esa que se parecía a ella, no era ella en realidad.

-Sí, ya lo sé.- Repuso Harry.- Me dijo Ginny que estabas allí porque Ron no había desayunado como era debido o algo así y que re quedaste echándole una mano porque Verity no estaba.

-Toda la mañana.-Aseguró Ron.- De todas maneras no hay que dar ninguna explicación.- Repuso el chico.- Para mí la cosa está clara. O alguien ha querido joder a Vícktor o nos querían joder a nosotros.- Continuó hablando el pelirrojo. Ninguno de los chicos había notado que la intervención de Harry había provocado un pequeño "click" en la cabeza de la castaña. Ésta miraba ausente a un espacio indefinido entre una silla con pinta de haber sido recientemente sacada del IKEA y un jarrón horrendo que llevaba un tiempo intentando romper sin ser demasiado evidente.- Cariño.- Dijo Ron notando la ausencia de su mujer al fin.- ¿Te encuentras bien?- Hermione le miró con la boca entre abierta y una expresión entre sorprendida y segura.

-Verity.- Susurró. Sin más se separó de los dos chicos, fue hacia la chimenea donde cogió los polvos flu y gritó:- ¡Sortilegios Weasley!

Al segundo, apareció en el almacén donde ayer había encontrado a su marido moviendo cjas, sólo. Tendría que haberse dado cuenta antes. Verity, claro. Que estaba enferma, dijo. Por eso George no la conseguía localizar. Alguien enfermo no sale por ahí a tomar el aire. Y probablemente tuviese acceso a su pelo. Era tan obvio. Hermione se encontraba en un estado extraño. Le invadía una rabia para ella desconocida. Era un odio visceral e irracional. Ni pensaba ni pensaba pensar en esos momentos. Tal era así que no se dio cuenta de que Harry y Ron la habían seguido ni que George apareció al segundo ante la llegada de sus familiares.

-¡Ron!- Exclamó el mayor de los hermanos.- Te has ido escopetado y me has dejado colgado mientras te explicaba el negocio con los japoneses. Sabes que es muy importante.- Le recriminó el chico. Ron le miró con una expresión neutra y le lanzó el periódico. George, al abrir la portada, contuvo un gritito y pasó la vista de Ron a Hermione, quien estaba tremendamente alterada, y después a Harry que no entendía muy bien cómo había acabado en aquella situación.

La castaña envió una mirada furibunda a su cuñado pelirrojo cuando éste decidió que quizña, lo mejor para relajar el ya de por si distendido ambiente, era señalar a Hermione con un dedo acusador mientras miraba la fotografía.

-Ni se te ocurra abrir ese buzón que tienes por boca y llama a Verity.- Ron cogió el brazo de su mujer ligeramente como probando a ver cómo de sensata se encontraba su mujer. Ésta se soltó de un empujón. George fue a por su empelada sin más dilación. Para qué negarlo; su cuñada le daba mucho miedo.

-Hermione…-Comenzó su marido.- ¿estás segura de que…?

-Ya lo veremos.- Cortó Hermione. Para ella, la respuesta sincera era un rotundo sí, pero no quería compartir sus opiniones con nadie en ese momento. Ni siquiera con su marido. La castaña notaba las miradas tensas de las dos personas que más le conocían. Incluso mejor que sus padres. Notaba cómo se miraban entre sí sin saber como actuar para calmarla. Y el caso es que ella estaba segura de que no necesitaba ser calmada. En el momento en el que la chica pensaba en todo esto, Verity entró en el almacén con cara contrariada y seguida de cerca por George, que se encontraba sin palabras dado que no terminaba de entender la situación.

Verity y Hermione se miraron unos segundos. La primera con sorpresa y un ligero estupor reflejado en el rostro. La segunda, con una mirada fiera y calculadora plasmada en sus castaños ojos. Los chicos permanecían en silencio. Quietos. Ninguno se atrevía a entrometerse entre ellas. Entonces, lentamente, muy lentamente, Hermione fue levantando el brazo izquierdo a la altura de su cabeza y lanzó un ejemplar de El Profeta al suelo, a los pies de Verity y con la portada y el título mirando hacia el techo, para que la chica lo viera. Ésta se quedó en silencio, aguardando a que la mujer de su jefe dijera algo.

-¿Y bien?- Preguntó Hermione en un tono de voz peligrasamente profundo.- ¿No tienes nada que decir?- SI Verity al entrar tenía una expresión que denotaba estupor, ahora su incredulidad llegaba a Marte, atravesaba por la mitad los anillos de Saturno, daba vueltas alrededor de la Vía Láctea y llegaba de nuevo a la tienda de los hermanos Weasley.

-¿Cómo que qué tengo que decir?-Cuestioné la sorprendida dependienta.- Pues yo qué sé. Eso es cosa vuestra. No me gustan los cotilleos.- Hermione se giró hacia sus cuñados y su marido.

-Dejadnos a solas.- Susurró. Ron no parecía para nada convencido de aquello pero no pudo expresar su inquietud.- ¡Ya!- Exclamó la castaña. Los tres salieron de allí a la velocidad de desaparición de Mundungus Fletcher en sus años mozos.

Hermione miró de nuevo detenidamente a Verity mientras a su alrededor iba describiendo una serie de semicircunferencias.

-Dime la verdad.- Comenzó Hermione con un tono extraordinariamente bajo. La castaña notó cómo un par de lágrimas se habían escapado de sus ojos. Genial. Ahora parecería una reacción hormonal.- ¿Quieres separarme de mi marido?- Los ojos de Verity volvieron a abrirse de par en par en respuesta a su sorpresa. No se podía creer lo que le estaba pasando. Hermione, sin poder remediarlo y arrastrando toda la frustración de esos días (el no embarazo, lo de Verity, lo de las cartas, lo de Mosley, lo de El Profeta) había dejado escapar progresivamente más lágrimas, todas ellas silenciosas, mientras esperaba ansiosa la respuesta de la joven. Verity abrió los brazos y exclamó:

-¡No! Por supuesto que no.- Verity parecía horrorizada ante la insinuación.- ¡Por Merlín! ¡Estoy prometida!- Agregó la chica señalando su anillo de compromiso.- ¿Se puede saber como demonios has podido llegar a esa ridícula conclusión?- Preguntó la chica muy molesta. Hermione parecía un pez debajo del agua. Abría y cerraba la boca a intervalos sin saber bien qué decir. La castaña no lo entendía. Lo había analizado con Ginny, con Angelina, con Fleur, con su madre, incluso con Maddie, sus secretaria, y todas habían coincidido en que era algo extraño pero que Ron no le daba mayor importancia y, por ello, ella tampoco debería dársela. Por otra parte, aquella foto se había hecho ayer y ayer Verity había estado ilocalizable.

-Y…-Titubeó Hermione.- Y…¿ayer dónde estuviste?- Verity se cabreó aún más. A Hermione, ya sin lágrimas en los ojos, no le extrañó. Ahora simplemente tenía curiosidad por saber en qué había fallado.

-Ayer estuve enferma con treinta y nueve grados de fiebre y mi prometido me llevó a San Mungo. ¿Es suficiente o quieres también el nombre del sanador que me atendió?- Preguntó Verity irónica y asqueada.- Mira, Hermione. No sé que clase de inseguridades tienes o dejas de tener y tampoco es que me importen en exceso. Me gusta trabajar con tu marido y tu cuñado. Son simpáticos, agradables y buenos jefes. Me lo paso bien con ellos. Es un trabajo que no me gustaría tener que dejar por unos estúpidos celos.- Le comentó la rubia. Hermione bajó la cabeza, arrepentida.

-Siento haberte puesto en esta disyuntiva. Te he hecho pasar un mal rato de manera gratuíta y lo siento.- Se excusó Hermione de corazón. – Espero que puedas disculpar mi comportamiento.- Verity asintió despacio y salió hacia la tienda de nievo. Hermione oyó a George exclamar un aliviado "¡Estás viva!" al que no reaccionó. Al segundo, entró Ron . Hermione le miró con seriedad. Una seriedad que no había visto desde que estuvieron buscando los Horrocruxes.

-Alguien está intentando matarme.- Susurró la castaña.

Ron la miró, perplejo.

Hasta aquí este nuevo capítulo. Se que he tardado muchísimo en actualizar y pido disculpas a tods los que podáis estar interesados en esta historia y me gustaría agradeceros de verdad los reviews que me habéis hecho llegar. No tengo tiempo para responderlos individualmente, pero me los he leído todos y os doy mil gracias, de corazón. Ando muy liada. Tengo trabajo, estudio medicina y apenas me queda tiempo entre unas cosas y otras, de ahía que haya tardado en actualizar. SIn embargo, tengo ya escrito casi toda la historia y seguiré publicándola. A propósito de esto sí me gustaría responder aquí a un review que me llamó mucho la atención (por denominarlo así). Lo firma alguien llamado "Tecnonooooooooo". Lo pongo literalmente :

No me puedo creer q vayas a dejar asi la historia cuando porfin encuentro una
q merece la pena. Sabeis sin animo de ofender, deberias decir al comienzo de
los fics si teneis pensado terminarlo, o solo enganchar a la gente para luego
darla por el culo

Sólo decirte que, como es obvio, no me dedico a esto de manera lucrativa, con lo cual ni me gusta ni me divierte "dar a la gente por el culo". Yo también me he quedado a medias de alguna historia porque los autores tienen, y a ver si tengo la suerte de que se te quede en la sesera, OTRAS COSAS QUE HACER. Y si no te gusta que tengamos otra vida, tienes dos caminos. Enfadarte y volverte a desenfadar. Dejar reviews como esos sí son perder el tiempo y "dar por el culo a la gente".

En un tono más agradable, comentaros que la batalla de Hastings existió, en efecto. Era una batalla entre Harold II de Inglaterra y los invasores normandos del que sería Guillermo I. La batalla se decidió el 14 de Octubre de 1066 en Hastings, cerca de Londres.

De nuevo muchas gracias a los que me leéis y seguís.

Racg20