Nuevo capítulo de esta historia que poco a poco va llegando a su fin. Después de dos años no está nada mal, ¿no? Espero que os guste, espero vuestros reviews. Hablando de reviews, quisiera dar las gracias a todos los que me dejásteis uno en el capítulo anterior. Un saludo.
Capítulo 5: Mosley.
-¡¿Que has hecho qué?- Exclamaba el denominado Chief. Frente a él se encontraba un ruso mentalmente poco dotado, o eso al menos opinaba el jefe de los Mortífagos.- Vagustoff, Vagustoff, Vagustoff.- Reprendió levemente y con voz sosegada Chief. No era un consuelo para el ruso, ya que aquel tono daba más pavor que todo el griterío. El interpelado reculó un par de pasos hasta toparse con el círculo de Mortífagos que se había creado a su alrededor.- Me has decepcionado. Me habían contado grandes cosas de ti. Lástima no haber podido comprobarlas.- La voz de Chief era extraordinariamente tranquila y paciente. Como aquella que se utiliza para enseñar a los niños a no meterse cosas por la nariz. Antes de que Vagustoff pudiera replicar nada, Chief sacó su varita.- Lástima. Avada Kedavra.- Un flash de luz verde. Un grito. Vagustoff yacía un segundo después sin vida en el suelo. Chief hizo un gesto y dos Mortífagos cargaron con el cuerpo fuera de la habitación.
El jefe de los Mortífagos se levantó y miró con desdén las caras de incredulidad de los suyos. Todos eran unos torpes. Todos. Menos Lass y Mosley. Lass era su mayor aliado, por lo que por esa parte no tenía ningún problema, pero Mosley siempre era un quebradero de cabeza.
-Espero que haya quedado cristalino lo que ocurre cuando se realizan supuestas "misiones" sin mi consentimiento y supervisión.- Dijo dirigiendo su mirada hacia los hermanos Lestrange y a Avery sobre todo.- Lass, quédate. El resto desapareced de mi vista.
Los Mortífagos, rápidamente desaparecieron de la sala, no fuera a ser que su jefe sufriera uno de sus tan frecuentes cambios de parecer. Lass se quedó a su lado.
Lass era un hombre alto y fornido, tipo portero de discoteca, con el pelo rapado y multitud de tatuajes y piercings A pesar de su aspecto, su capacidad intelectual distaba mucho de ser "border-line". La gran capacidad analítica y de resolución de problemas de Lass habían fascinado a Chief desde el primer momento. Por eso lo eligió como su favorito.
-Estamos metidos en el fango.- Explicó Chief sin rodeos, no los necesitaba cuando hablaba con Lass, quien asintió ceremoniosamente. Chief chasqueó la lengua con desánimo.- Todo estaba yendo demasiado bien.
-Es un contratiempo que podemos solucionar fácilmente.- Repuso Lass.
-¿Cómo?- Preguntó Chief mientras caminaba de un lado a otro como un buitre.- Hermione Granger no es idiota, la conozco. Sabe sumar dos más dos.
-Pero, aunque Vagustoff haya sido estúpido, no creo que lo haya sido lo suficiente como para revelar algo sobre nosotros. De esta manera, podríamos colar un informe falso sobre él en el ministerio, diciendo que era competencia de la tienda de bromas.- Explicó Lass. Según hablaba, una sonrisa de satisfacción apareció en el rostro de su jefe.- Veo que te gusta la idea.
-Habría que actuar con rapidez.- Apremió Chief.
- Rápido como ahora, ¿por ejemplo?- Repuso Lass sacando unos papeles del bolsillo de su túnica.
- Tranquila, Hermione. Estoy bien.- Decía Ron Weasley mientras entraba junto a su mujer en su casa.- Sólo fue un desmaius.
- Pero, ¿estabas o no estabas en el hospital?- Repuso Hermione con un histerismo patente. Desde que Harry le dijo que Ron estaba en el hospital, hasta que le habían dejado verle, se había sentido como en sexto, cuando fue envenenado. Cuando entró a la habitación y lo vio de pie, con media sonrisa y perfectamente consciente, se lanzó a sus brazos rodeándole la cintura con las piernas y sollozando. Ahora, en su casa, Hermione obligaba a Ron a sentarse en un sofá mientras preparaba algo de comer.- Tú te sientas aquí y te estás tranquilo.- Viendo que no iba a poder con ella, Ron se sentó suspirando y se pasó las manos por la cara. ¡Vaya día llevaba! La verdad es no podía creer no haberse dado cuenta de las intenciones de ese tío.
No sabía quién era, y tampoco se acordaba en demasía de su cara, aunque estaba seguro de que si le veía de nuevo, le reconocería. Tampoco recordaba nada de lo que había pasado desde el desmaius hasta que Harry apareció en el hospital. De hecho al despertar pensó que había sido Harry quién le había llevado hasta allí.
Sumido como estaba en sus pensamientos, no notó que Hermione había vuelto de la cocina con una de las pociones que los sanadores habían recomendado. Ron levantó la vista y se encontró con la cara de su mujer. Tenía una sonrisa triste y una mueca de preocupación que intentaba disimular mientras tendía la copa con la poción hacia él. El pelirrojo sonrió ligeramente mientras cogía el brebaje y miró a Hermione mientras bebía. La joven tenía aún los restos de las lágrimas que había derramado en el hospital. Ron dejó el vaso en la mesa y pasó su mano por la mejilla de su mujer.
-Siento haberte asustado.- Susurró el pelirrojo. Hermione negó ligeramente con la cabeza.
-No te preocupes. Pero te juro que si me vuelves a hacer algo remotamente parecido, te mato con mis propias manos.- Advirtió la castaña mientras Ron reía. El pelirrojo se inclinó hacia ella y le besó ligeramente los labios. Pronto notó que, a la vez que su mujer respondía con entusiasmo ansioso al beso, por las mejillas volvían a resbalar sus lágrimas. Ron se separó de ella y se las limpió con el dorso de la mano.
-Me da miedo esta gente, Ron.- Murmuró Hermione.- Les da igual todo.- Susurró abrazada a su marido, con la cabeza en el pecho del pelirrojo. Ron se giró hacia ella, extrañado.
-Kingsley dijo que era un comerciante que quería expandirse por Inglaterra y que los Sortilegios Weasley le estorbaban.- Hermione asintió.
-Así es, pero no me lo acabo de tragar. Estabais en la sección seria. Si fuera un empresario, se habría interesado por las bromas y antes que atacarte, os habría acusado de plagio por alguna de ellas para eliminaros como competencia. Algo huele a podrido por aquí.- Dijo la castaña con cara de determinación.
-Debe ser el pescado que dejé descongelando.- Repuso Ron poco interesado en el olor a podrido. Hermione giró despacio su cabeza con gesto de incredulidad.- ¿Qué?- Repuso su marido.- Al modo muggle sabe mejor.- Se defendió el pelirrojo. Al segundo, la iluminación llegó a su rostro.- ¡Oh, te refieres a que algo no encaja!
-Dejemos esa parte, ¿vale? El caso es que mañana tengo que conseguir sacarle algo a Mosley como sea.- Ron se inclinó hacia atrás en el sofá. Podía admitir, sin ningún tipo de duda, que no se sentía tan cansado desde la Batalla de Hogwarts. Se llevó las manos al rostro mientras sentía el tenso cuerpo de su mujer a su lado. Sabía que estaba estudiando. La rigidez de su espalda era comparable con la que mantenía cuando leía unos papeles importantes o revisaba algunos informes. La expresión en su rostro era serena pero mantenía un halo de certidumbre tal que llegaba a asustar. Ron pensó que jamás la había querido tanto. Pasó levemente la mano izquierda por la espalda de su mujer repetidamente sintiendo como ella cedía y se relajaba al contacto, echándose hacia atrás y dejándose abrazar por su marido.
-Creo que deberíamos irnos a la cama un rato.- Susurró Ron.- Aunque sean las seis de la tarde.
-No.- Repuso la voz susurrante de Hermione cerrando los ojos.- Quedémonos aquí.- Agregó pasando un brazo por encima del estómago de su marido.
A la mañana siguiente, Hermione sintió el sol darle de lleno en la cara y bufó. En rebujó el edredón alrededor de sí y rodó por la cama hacia la otra punta de la misma, quedando de espaldas a la claridad. Había tenido un mal día, el día anterior y no había conseguido relajarse hasta que no se quedó dormida con Ron en el sof… ¿Cómo había llegado a la cama?
La castaña abrió los ojos de golpe, y se incorporó en la cama restregándose ligeramente los ojos. Ron no le había quitado más que los zapatos al meterla en la cama. Giró la cabeza hacia la izquierda, viendo el reloj que marcaba las siete y media de la mañana. Suspiró dejándose caer sobre la almohada. Por lo menos, no se había quedado dormida. Se preguntó dónde estaría Ron. Le preocupaba no verle después del susto de ayer. Hermione se llevó las manos a la cara para, a continuación, estirarse mientras pensaba en sacarle la mayor información posible a Mosley. Estaba segura de que el ataque a Ron tenía, en cierta medida, relación con él.
En ese momento, entró Ron en la habitación con una bandeja con un desayuno para ella. Al verlo, la chica sintió un calor agradable que nada tenía que ver con el sol o las sábanas. Se revolvió algo incómoda. Ron le puso la bandeja sobre las rodillas y le besó ligeramente los labios.
-Debería ser yo quien hiciera eso. Es a ti a quien atacaron.- Le recriminó Hermione mirándole de reojo. El pelirrojo se encogió de hombros.
-Tu nivel de estrés estos días ha pasado de preocupante a apocalíptico.- Repuso él.- Yo estoy bien, pero tú deberías tomártelo con más calma.- Hermione no se reprimió más. Le agarró por la camisa y le atrajo hacia ella para besarle. Al separarse, Ron le miró con una expresión lastimera.- Harry pasa a buscarte, ¿no?- Hermione sonrió ligeramente antes de volverle a besar.
-Le dije que pasara por aquí a las 9.- Ron apartó en ese momento la bandeja del desayuno.
-Perfecto.
Tres horas más tarde, Harry y Hermione estaban a punto de entrar para hablar con Mosley. Alberts habían ido a buscarle.
-Por Merlín, Harry, ¿quieres dejarlo ya?- Le recriminaba su amiga con los papeles de la entrevista en la mano. El moreno negaba con una expresión asustada en la cara.- Ni qué hubieses visto una sesión sadomasoquista o yo que sé que otras perversiones se te habrán pasado por la cabeza.
-¡Hermione!- Exclamó Harry con un quejido lastimero.- No he visto nada importante, pero lo que he visto me ha servido para hacerme una horrible imagen mental de lo que hacíais.- Hermione le miró con cara de pocos amigos.
-Sácame de tu mente en este mismo instante, Potter.
En ese momento, se abrió la puerta y apareció Kingsley, acompañado por un par de aurores más.
-¿Estás segura de que esto funcionará, Hermione? Mosley ha dejado sin respuesta a los mejores investigadores que he enviado.- Hermione abrió la boca para responder, pero Harry fue más rápido que ella.
-Con el debido respeto, señor Ministro, pero esos no eran Hermione Granger.
-Weasley.- Corrigió por lo bajo Hermione, agradecida con su amigo. Harry la miró.
-Ah, sí, es cierto. Me ha quedado claro esta mañana, perdona.- Hermione se sonrojó- Weasley.- Uno de los aurores que acompañaban a Kingsley soltó un bufidito. Hermione lo reconoció. Era Stephen Prince, el primer auror que interrogó a Mosley. Había perdido la paciencia con él a los diez y minutos y tuvo que salirse de la sala al estar a punto de pegarle.
-Señor Ministro.- Comenzó Prince.- No entiendo por qué debemos confiar en las capacidades interrogatorias de una neófita recién ascendida al departamento de Ley Mágica. Es un insulto para todos los que hemos trabajado en este caso.- Al terminar su exposición, miraba con una sonrisa burlona a Hermione, quien tenía ganas de vomitarle en la cara.- Además.-Continuó.- Todos sabemos por qué asciende tan rápido.- Harry saltó como un resorte dispuesto a defender la capacidad de llevar este caso de su amiga, pero Hermione le paró poniendo una mano en su hombro y negando ligeramente con la cabeza cuando el chico volvió su cabeza para mirarla. Kingsley echó una mirada furibunda a Prince, pero no dijo nada, ya aclararía cuentas con él más tarde, ese no era el lugar. Hermione tampoco dijo nada. Desde que entró al Ministerio había tenido que cerrar bocas no con palabras, si no con actos. Estaba acostumbrada y no iba a romper esa rutina.
Con una sonrisa en los labios, algo desconcertante para los que estaban a su alrededor, repasó una vez más su, como ella lo había llamado, guión, cuando Alberts entró por la puerta acompañado por Mosley, a quién sentó y ató con un hechizo a la silla.
-Buenos días, Adrien.- Saludó Hermione al preso. Este le miró como si no hubiere reconocido su nombre de pila.- ¿Cómo te encuentras hoy?- Mosley, que tenía unos treinta años aunque el tiempo pasado en la cárcel le hacía parecer mayor, miró detrás de la castaña sin emitir ningún sonido.- ¡Oh, sí, perdona mis modales! Ya conoces a Harry Potter y Marvin Alberts, así como al siempre encantador Stephen Prince. Los otros dos son el también auror Roger Gilmore y el Ministro Schacklebolt.- Tras la presentación, Hermione se volvió hacia este último con resolución.
-Señor Ministro, usted me prometió que me podría quedar con Potter y Alberts. Así pues, si no le importa…-Kingsley asintió y guió a los dos aurores fuera de la sala, con él.
-No soy tonto.- Dijo Mosley de repente.- Sé que me ven en aquel cristal de detrás.- Hermione asintió.
-Correcto. Pero prefiero que no pululen por aquí.- Hermione no parecía sorprendida de que hablara, al contrario que Harry y Alberts, que sólo habían oído su voz cuando respondía sí o no a sus preguntas.- ¿Quieres algo de beber, Adrien?- Mosley se revolvió incómodo en las silla. Hermione lo notó.- ¿Qué ocurre?
-¿Por qué eres tan amable?
-Hasta Prince se merece algo de deferencia. ¿Qué te lleva a pensar que tú seas menos que él?- Repuso Hermione sonriendo y mirando de reojo hacia donde Prince supuestamente estaba. Harry y Alberts contuvieron una carcajada. De pronto, Mosley comenzó a reír de manera descontrolada. Hermione le dejó reír, mientras tachaba, mentalmente, el primer punto de su plan.
-No quiero nada, gracias.- Repuso Mosley tras parar de reírse. Hermione se sentó a su lado mientras Harry y Alberts tomaban asientos en frente de ellos.
-Hoy no te harán las preguntas los aurores las preguntas, Adrien.- Dijo Hermione al comprobar que Mosley tenía la vista fija en ellos.- Así que te sugiero que me mires a mí. Olvídate de que están aquí.- Le comentó amablemente la castaña.
-Es bastante difícil.- Repuso Mosley.- Los letreros con sus nombres emiten sonidos.- Alberts hizo una amago de reírse, pero Hermione le pateó por debajo de la mesa. Mosley no pareció notar nada de todo ello.- Tú me caes bien.- Dijo mirando a Hermione.- Eres muy guapa. Podrías venir a verme algo más a menudo. Además, tu cartel no hace ruido.- Hermione hizo un gran esfuerzo por no mirar a Harry y mantenerse centrada en su guión. Aquel cambio de rumbo no le sorprendía. Sabía que Mosley tendería a dispersarse. De todas maneras, fue apuntando todas y cada una de las palabras que había dicho el preso. Le rozó ligeramente el brazo en el lugar vendado.
-¿Te lo hicieron en el ataque?- Preguntó Hermione manteniendo el contacto visual con Mosley, que asintió sin apartar la mirada.- ¿Te trataron bien los sanadores?
-Era agradable hablar con alguien que se preocupaba por mí, aunque sólo fuera por un rato.- Repuso Mosley.- No se quedaban mucho porque el camarón del desierto les decían que se fueran.
-¡Esto es ridículo!- Decía Prince mirando a Kingsley.- ¡Señor Ministro, le ruego que ponga fin a este circo!- Kingsley ni le miró, si no que continuó con la vista fija en Hermione y Mosley.
-A estas alturas tú ya te habías hartado de que te hablara en egipcio antiguo.- Repuso Roger Gilmore.- Así que considero que el que hable en nuestro idioma como un buen síntoma.- Añadió con una sonrisita sardónica.
-Bueno, sé a lo que te refieres con lo de los sanadores.- Respondió Hermione.- Pero quiero que sepas que si quieres hablar, yo estoy aquí para ayudarte.
-Eres muy amable, Señora Weasley.- Hermione se sonrojó.- ¡Oh, disculpa! ¿Me he confundido?- Hermione oyó como Harry intentaba hacer pasar una risita por un ataque de tos.
-En absoluto, Adrien.- Replicó la chica sonriéndole.- Es que se me hace aún algo raro. Llámame Hermione, ¿de acuerdo? Yo te estoy llamando por tu nombre de pila.
-Sí, tienes razón.- Asintió Mosley.- Además, el nombre es ansiolítico. Calma a las personas.
-Adrien, ¿crees que alguien podría querer atacarte?- Soltó Hermione tras anotar la respuesta del reo. Éste no se sorprendió por la pregunta.
-Oh, sí, mucha gente. Yo sé cosas, ¿sabes, Hermione?- Dijo Mosley.- Muchas cosas.- Hermione notó que tanto Harry como Alberts esperaban que sacara algo ya. Pero esa no era aún su intención.
-Tiene que ser difícil, muy difícil, convivir con todos esos enemigos.- Dijo Hermione notando las miradas escrutadoras de sus compañeros. Mosley se encogió de hombros.
-Por lo menos se que son mis enemigos. Hay gente que dice ser amigo tuyo y luego te ataca por la espalda.- Los ojos de Mosley tomaron una chispa diferente. Hermione le miraba continuamente a los ojos y, aunque en un principio estaban como idos, ahora tenían un brillo especial, como si lo que dijera a continuación fuera un recuerdo grabado a fuego en su mente.- A veces te aíslan y te llaman loco. Y como eres su amigo te dices que debe de ser cierto, que estás loco. Porque ves cosas que tus amigos aseguran no ver. Oyes voces y gritos y súplicas que a ti te parecen reales pero que te dicen que sólo están en tu mente.- Hermione estaba perpleja. No esperaba sacarle tanto en la primera declaración. Harry y Alberts tenían la boca abierta. ¿Cuánto de verdad estaba contando Mosley? El reo miraba ahora hacia el infinito ya sin el brillo maniaco anterior y actuaba como si no supiera que había tres personas más junto a él.
-Probablemente esto también sea obra de mi mente.- Susurraba entre dientes. Hermione decidió volver a tocarle la venda del brazo para que la mirara.
-Adrien, de estos amigos de los que hablas, ¿nos podrías contar algo más?- Mosley miró la mano de Hermione apoyado en su brazo y luego la miró a la cara.
-Unos rizos perfectos para la cara perfecta, su marido debe de ser afortunado.- Hermione se sonrojó, no pudo evitarlo.- Como el de ella.
-¿Ella?- Preguntó Hermione saltándose a la torera todo su guión. La expresión y casi personalidad de Mosley cambiaron a la velocidad del rayo.
- ¡Quiero irme. Estamos malditos!- Repetía una y otra vez forzando sus cuerdas. Hermione miró a los aurores.
-Ya puede irse. No le pongáis los grilletes en la celda, le rozan en las muñecas.- Indicó Hermione con cierto tono de recriminación mientras señalaba las heridas del reo. Me pregunto por qué no os tendrá aprecio.- Dijo Hermione con sarcasmo mientras miraba de manera entusiasta sus anotaciones. Harry miró a su amiga, molesto por la puesta en duda de sus prácticas, pero no dijo nada mientras se dirigían hacia donde se encontraban los demás. Gilmore estaba boquiabierto, Kingsley sonreía y Prince tenía una expresión desconcertada en el rostro.
-¿Se puede saber qué demonios ha sido eso?- Preguntó Prince mirándola con rencor.- Lo envías a descansar después de media hora y justo cuando empezaba a hablar.- Hermione apenas le miró mientras repasaba sus notas una y otra vez.
-No tengo por qué darte explicaciones, Prince, y mucho menos de mis métodos.- Repuso Hermione mientras notaba a Harry reírse a su lado.-Y de todas maneras no creo que quieras explicaciones de alguien que asciende sin motivo aparente. Te consideraba más selecto.- Prince abrió y cerró la boca un par de veces, aturdido. Hermione se volvió hacia Kingsley.- Deme dos horas, Señor Ministro, y convocaré una reunión para comentar lo que haya descubierto. Mañana volveré a ver a Mosley.
-Hermione está poniendo en evidencia el entrenamiento en interrogatorio de las últimas 30 generaciones de aurores.- Decía Harry con media sonrisa mientras se llevaba la jarra con cerveza de mantequilla a la boca.- Sé que a estas alturas no debería, pero cada día me sorprende más.- Harry miró a su amigo pelirrojo mientras bebía. Ron soltó una sonora carcajada. Varios clientes de El Caldero Chorreante se giraron con expresión disgustada en la cara.
-Bienvenido a mi mundo.-Repuso el pelirrojo mirando sonriente al moreno.- Ya sabes cómo es Hermione.- Harry dejó la jarra con un ligero golpe y miró a su amigo suspirando.
-Ahora en serio, Ron. Hermione se está empezando a ganar enemigos en el Cuartel, liderados sobre todo por Prince. Y es imposible que un abogado mágico del Ministerio trabaje sin el apoyo de los aurores.- Ron suspiró bebiendo un trago de cerveza.
-Sé a lo que te refieres.- El pelirrojo se pasó la mano izquierda por el pelo mientras con la derecha sostenía su jarra y se apoyaba con el codo en la barra.- Se vuelve un poco neurótica con las cosas que son injustas.
-Escucha, Ron.- Dijo Harry perdiendo ligeramente los estribos.- Hermione no puede ir por ahí diciendo que a los presos no hay que ponerles grilletes, y menos si se trata del Mortífago al que ella interroga. ¡Hay gente que se lo puede tomar muy a pecho!- Ron le miró asustado.
-Cálmate, Harry, ¿quieres?- Harry agarró un taburete para sentarse a la altura de la barra.- Cualquiera diría que estás amenazándola.
-¡Por Merlín, Ron! ¡Entiéndeme!- Exclamó llamando algo la atención.- Me preocupa Hermione. Hay gente que haría cualquier cosa, y fíjate que te he dicho cualquier cosa, por un ascenso, aunque esto implique destrozar la proyección profesional de otras personas, ¿me sigues?- Ron asintió pasándose la mano por la cara.- No digo que cambie de ideas, ni mucho menos que no las exprese. Pero por favor, pídele que vigile delante de quién las dice. Podrían acabar con su carrera.- Ron se levantó dejando la jarra en la barra.
-Hablaré con ella, pero no te prometo nada.- Repuso Ron.- Ya sabes cómo es con estos temas.
-No me puedo creer lo que me estás diciendo, Ronald.- Exclamaba una Hermione furiosa que daba vueltas por el salón de su casa mientras Ron tenía cara de circunstancias sentado en el sofá. Ya parecía resignado.- ¡Mosley debería de estar cuidado pro sanadores, y no encadenado por grilletes!
-Hermione, eso ya lo s…
-¡Y tampoco puedo creer que seas tú quien me venga con esas!- Ron suspiró ante la interrupción de su mujer. Estaba obsesionada con Mosley.
-Harry dice que empiezas a ganar enemigos.- Repuso Ron con rapidez antes de que volviera a cortarle.- Dice que hay gente dentro de los aurores que podría intentar hacerte daño.- Hermione se giró hacia él, furiosa.
-Ya tengo amenazas de Mortífagos a mis espaldas, no necesito que me amenaces tú también, Ronald.- El pelirrojo se levantó de un salto, indignado.
-¿Amenazarte? ¿Te estás oyendo?- Le replicó él con ademanes enérgicos mientras comenzaba a moverse de un lado a otro, frenético.- ¡Estás obsesionada con los Mortífagos y con Mosley!- Exclamó el pelirrojo mientras Hermione le miraba indiferente y con los brazos cruzados.- ¿Es interés profesional o ganas de obsesionarte por algo que te ayude a dejar de pensar en lo de tener hijos?- Gritó el pelirrojo. El humor y el ambiente del salón cambiaron de repente. Ron, de su mueca de enfado, pasó a una de sorpresa por lo que había dicho, seguida por otra de profundo arrepentimiento. Hermione, por su parte, había bajado los brazos de golpe y cambiado su expresión de indiferencia a la expresión de dolor en su rostro. Ninguno de los dos dijo absolutamente nada. Sólo se miraban con las bocas abiertas sin saber que decir.
Hermione se repuso con aparente rapidez y caminó hacia la puerta del salón sin mirar a su marido. Desde el quicio de la puerta dijo en voz baja:
-Que duermas bien, Ronald.-Y subió escaleras arriba sin esperar que el pelirrojo la siguiera.
Ron se sentó en el sofá con las dos manos sobre el rostro cuando oyó un fuerte portazo procedente del piso superior que le indicaba que Hermione ya había entrado en la habitación de ambos y que no tenía ningún interés en que nadie más entrara.
-Mierda, mierda, mierda y más mierda.- Susurró Ron mientras se quitaba los zapatos y se tumbaba en el sofá. Seguidamente se tapó con una manta y se dio varias veces con la mano derecha en la frente.- ¡Seré imbécil!
-Tenemos noticias, Chief.- Decía Lass en un susurro. Chief, que estaba de espaldas a él con una botella en la mano derecha, le miró sonriente. Extendió la mano desocupada para coger el informe que le entregaba su subordinado y lo leyó detenidamente.
-Bien. Esto va muy bien. Tu idea del infiltrado fue fantástica, Lass. Y eso que pensé en un primer momento que ese inepto al que elegiste nos llevaría a la ruina.- Lass sonrió.
-A la ruina no, Chief, pero si fracasaba, moriría y tendríamos un estorbo menos sin haber tenido que mancharnos las manos con su sangre.
-He de añadir, que ha sido un buen espaldarazo a nuestra autoestima lo del espía tras la decepción del ataque a Mosley.
-Dale más tiempo y Weasley dejará de ser un problema.- Defendió el hombre. Chief asintió.
Desde que había conseguido sacarle a Mosley aquel "ella" que tanto le intrigaba, Hermione había sido incapaz de sacar nada en claro de sus entrevistas diarias con Mosley. Y con ese, ya iban tres semanas. No se lo había dicho a nadie, por supuesto, pero sabía de sobra cuales habían sido los motivos que la habían desconcentrado.
Aquel "ella" le rondaba por la cabeza todo el tiempo. Repasaba informes de personas relacionadas con Mosley y no había ningún "ella". Tenía a su secretaria frita con las miles de búsquedas que la obligaba a hacer con los nombres de Señora Mosley o Señorita Mosley. Otra de las razones era, por supuesto, que aún no había perdonado a Ron por lo que dijo y que aún no pretendía hacerlo en los próximos días. De hecho en casa ni le dirigía la palabra a pesar de los intentos de Ron por dulcificar las cosas…casi hasta en el sentido más literal de la palabra, dada la cantidad de bombones que habían comprado (y que para colmo le habían sentado como una patada en el estómago). Ninguno de los dos había contado nada de la disputa a nadie, dado que ni Ginny ni Harry habían sacado el tema. De todas maneras, Hermione sabía que su amigo ya comenzaba a sospechar la fuente principal de todo su malestar y desconcentración. Por si todo ello no fuera suficiente, Hermione tenía que estar especialmente alerta ya que había sospechas de que hubiese infiltrados en el departamento de aurores. Y a Hermione se le había metido Alberts entre ceja y ceja. Se lo había comentado a Harry, pero, como era lógico, terminaron en una acalorada discusión sin que variara en ningún ápice sus convicciones. Para Harry, Alberts era el mejor compañero para él después de Ron. Para Hermione, un sospechoso factible, por lo que empezó a poner pegas absolutamente inútiles para que Alberts participase en los interrogatorios.
Suspirando, Hermione se levantó de su silla de su despacho del ministerio y se dejó caer en un pequeño sillón elevando sus pies en el reposabrazos e inclinando la cabeza en la dirección opuesta. Tenía que reconocerlo. Estaba total y absolutamente perdida con Mosley. Las nueve de la noche y no había sacado en claro nada de la entrevista de hoy. Para regocijo de Prince, por otra parte, que estaba encantado de meter continuamente el dedo en la yaga.
Y pensando en esto, cayó dormida profundamente sin llegar a ser consciente de que Ron estaba como un loco yendo de un lugar a otro preguntando por ella.
Después de ir a casa de sus suegros por tercera vez, Ron se apareció de nuevo en casa de los Potter donde Harry y Ginny esperaban, atentos por si el pelirrojo necesitaba su ayuda.
-Voy al Ministerio.- Les dijo simplemente volviendo a darse la vuelta para marcharse. Harry le detuvo.
-Voy contigo.- Dándole un beso a su esposa, se dirigió con él al portal, desde donde desaparecieron.
Entraron con las varitas en alto al despacho de la castaña para escucharla roncando ligeramente desde el sofá. Harry rió exhalando el aire que había tenido contenido mientras daba un ligero golpe en el hombro de su amigo.
-Ahí tienes a tu Bella Durmiente.- Susurró. Ron le miró con cara de extrañeza.- Da igual. Podríais habernos dicho que habíais discutido, ¿sabes?, habríamos estado más atentos a algo como esto.- Le recriminó el moreno.
-no queríamos que os preocuparais más de la cuenta, pero gracias, Harry.- El aludido negó levemente dando a entender que no había sido ninguna molestia.
-Me voy a casa. Ya me contarás mañana. Ron asintió según su amigo desaparecía. Envió un Patronus a sus suegros y a sus padres, tras lo que cargó a Hermione en volandas dispuesto a irse a casa. Hermione se despertó ligeramente.
-¿Ron? ¿Qué haces aquí?
-Llevarte a casa, un concepto que tú no pareces comprender. Me has dado un susto de muerte.- La castaña, somnolienta, se abrazó al cuello de su marido y le hizo cosquillas con su nariz.
-Sigo enfadada.- Le recordó ella. Ron rió.
-No esperaba menos. Me lo merezco.- Hermione hizo una mueca.
-Preferiría que no te lo tuvieras que merecer.- Ron suspiró. Se metió en una chimenea y llegaron a casa con los polvos flu. Aún con ella en brazos, Ron guió a Hermione hacia su habitación y la acostó. Se disponía a bajarse al sofá cuando la mano de Hermione se cerró sobre su muñeca.
-Quédate.- Pidió la castaña. Ron obedeció de buena gana y se tumbó a su lado. Hermione le abrazó hundiendo su cara en el pecho de su marido.
-Pensé que estabas enfadada.- Replicó Ron sonriendo ligeramente.
-Sólo soy humana.- Ron soltó un ligera risita.- Siento no haberte avisado. Llevo un día tremendo.- Ron le besó ligeramente la frente.
-Lo sé. Duerme, mañana hablaremos.
Sin embargo, la mañana siguiente llegó y ambos se despertaron con prisas para llegar a sus respectivos trabajos, aunque sí tuvieron tiempo para prometerse que de ese día no pasaría su charla pendiente.
Hermione llegó al Ministerio con la hora pegada a los talones y lanzando maldiciones a diestro y siniestro. Ni siquiera pasó por su despacho a recoger las notas del día anterior. ¿Para qué?, se preguntó, eran una auténtica pérdida de tiempo. Al llegar a la sala de interrogatorios, Harry la saludó con un contundente "Ya era hora". Hermione se disculpó levemente mientras sacaba una libreta y una pluma. Podía notar que su amigo estaba enfadado.
-Podríais habernos dicho que habíais discutido. Así, a lo mejor, no nos habríamos llevado el susto de ayer.- Le recriminó el chico. Hermione, que llevaba unos días en el límite entre la impaciencia y la impertinencia, le miró con el ceño fruncido.
-¿Desde cuándo te tengo que referir un status de mi relación con Ron?- Harry se ofendió claramente por ese comentario.
-Vamos a dejarlo. Tú no estás de humor y yo tengo más bien pocas ganas de discutir.- Cada uno se sentó en su asiento habitual mientras esperaban a Mosley y a Alberts. Hermione suspiró veladamente, evitando que Harry lo notara. Su relación con el moreno no pasaba por su mejor momento. Sabía que desde que había empezado a criticar ciertos aspectos del departamento de aurores, su amigo se había vuelto algo más reservado. Tendría que comentar este tema con su marido. Pensó que, tal vez, lo mejor para sortear aquella situación incómoda, una disculpa sería lo apropiado. A fin de cuentas, en aquella ocasión ella había sido la irascible. Levantó la cabeza para mirarle y carraspeó ligeramente. Harry también levantó su cabeza para mirarla.
-Ando un poco estresada últimamente y me cuesta medir mis palabras. Siento mi reacción, Harry.- Su amigo moreno le sonrió negando ligeramente, ampliamente agradecido por la disculpa de su amiga.
-No debí meterme en vuestros asuntos, Hermione, tenías razón.- Le dijo él.- A mí me molestaría que Ron o tú monitorizarais mi matrimonio. Así que yo también lo siento.- Ambos se miraron sonriendo durante unos segundos.- Pero ayer nos diste un buen susto.- Agregó riendo. Hermione se sonrojó, avergonzada.
-Lo sé, y lo siento.- Respondió la chica.- Me paré a descansar cinco minutos y me quedé dormida.
-Trabajas demasiado.- Concluyó el moreno con contundencia en el momento en el que Alberts guiaba a Mosley a través de la puerta.- Prométeme que te tomarás unos buenos días de vacaciones.- Hermione le sonrió ligeramente centrando su atención sobre Mosley.
-Buenos días Adrien.- Saludó la castaña cortésmente. El aludido torció un poco el gesto en lo que Hermione interpretó como un amago de sonrisa.- ¿Cómo te encuentras hoy?- Preguntó Hermione con la amabilidad que acostumbraba.- ¿Quieres algo de beber? ¿Un café? ¿Un té?- Mosley levantó una mano lo que las cadenas le permitieron y la ondeó ligeramente.
-Gracias, pero no me encuentro muy bien, aunque no rechazaría un vaso de agua. Tengo la boca seca.- Hermione le miró algo aturdida. Generalmente, Mosley no se mostraba tan coherente desde el primer momento. Desechó su aturdimiento al considerar que a lo mejor, y para su suerte, Mosley tendría un buen día. La castaña hizo un gesto de asentimiento a Harry quien le puso un vaso con abundante agua al recluso.- Gracias, Auror Potter.
-De nada, Adrien.- Respondió Harry, altamente sorprendido. Esa era la primera vez desde que Mosley estaba a su cargo que le hablaba a él directa y coherentemente, recordando su nombre.
-Adrien, ¿se encuentra en condiciones de continuar con el interrogatorio o prefiere que llamemos a un sanador?- Ofreció Hermione estática por los cambios repentinos que había sufrido Mosley. Harry y Alberts también lo habían notado y observaban perplejos aquel intercambio de palabras. Mosley negó con vehemencia.
-Quiero acabar con esto cuanto antes.
-Adrien, nosotros estaremos aquí hasta que obtengamos lo que buscamos. Es usted de quién depende.- Le repuso Hermione sin ocultar su asombro. ¿Cómo era posible? Mosley ayer era un personaje inestable, lleno de recovecos en los que había que rebuscar para encontrar la anhelada información. Y ahora era tan directo como jamás había visto a nadie. Ni siquiera había visto a Harry hablar tan bruscamente. En ese momento, a Hermione se le encendió una bombillita de luz en alguna parte de su cerebro.- Adrien, ¿ha recibido visitas últimamente?- Hermione notó cómo Alberts y Harry se miraban entre ellos, aturdidos por la pregunta. ¿De qué iba aquello? Jamás había ido nadie a visitar a Mosley, salvo los aurores…
-Bueno, usted, y los aurores Alberts y Potter, por supuesto.- Respondió Mosley con destreza, claridad y precisión. Se quedó meditando unos instantes para después abrir y cerrar la boca como un pez fuera del agua durante unos segundos, sin saber si continuar o no. Hermione notó su indecisión y decidió presionarle un poco más, dado su estado despejado.
-Adrien, tranquilo, puede decírnoslo. Nadie va a atacarle.- La castaña vio que la mirada del reo se detenía en el cristal.- No hay nadie, tenían cosas que hacer.- Adrien Mosley asintió ligeramente pero aún así pidió pergamino y pluma.
-Hace más de cuatro meses que uno de los aurores que me presentaron el primer día que me interrogó usted, letrada,- Escribía Mosley.- me hacía visitas a altas horas de la madrugada. La primera vez pensé que era un mal sueño. Había tenido sueños así antes, que parecían reales. Gente que venía, me inyectaba algo y se largaba. Pero he empezado a sospechar cuando me ha empezado a pasar todas las noches, sin descanso desde que estoy encerrado. Lo curioso es que sólo pensaba en ello por las noches. Ayer nadie vino a verme.- Concluyó la nota de Mosley. Hermione se la pasó a los dos aurores que lo leyeron con avidez e intercambiaron miradas nerviosas posteriormente. Aquello ponía en entredicho dos cosas. La primera, la capacidad de vigilancia de una de las mejores parejas de aurores del mundo mágico. Y la segunda y más importante, la capacidad del Ministerio para detectar un espía. Hermione, por su parte, se giró hacia Mosley.
-¿Una poción aturdidora quizás?- Le preguntó la castaña. Mosley asintió y se levantó una manga de la túnica donde se podían ver las huellas de pequeños pero patentes pinchazos. Hermione apartó la vista del brazo del reo para mirar a Alberts y a Harry alternativamente.- Os debo una disculpa. Especialmente a ti, Alberts.- Le dijo al rubio, que la miró con asombro.- Pensé que el espía eras tú.- Sin dar tiempo a los dos aurores a reponerse de aquella avalancha de información, se giró de nuevo hacia Mosley.- Stephen Prince.- Mosley sonrió a modo de disculpa negando con la cabeza.
-Temo que se equivoca de nuevo, letrada. Prince no es más que gilipollas, pero es leal.- Hermione le miró sorprendida. Eso sí que no se lo esperaba.
-¿Gilmore?- Preguntó indignada.- Pero si apenas sabe hacer la O con un canuto.- Mosley sonrió sombríamente.
-¿A que no se le hubiera ocurrido en la vida? Esto demuestra que ella es lista.- Murmuró para sí. Hermione pegó un pequeño brinco al oír el "ella". Ésta era su oportunidad, pero tampoco podía dejar que Gilmore se escapara. Les sería tremendamente útil. Hermione miró a Harry, y este a Alberts, que se levantó arrastrando la silla.
-Yo me encargo. Vosotros terminad con esto de una buena vez.- Hermione miró de nuevo a Mosley mientras Alberts salía por la puerta.
-Adrien,- El reo la miró interrogativamente instándole a que continuara.- Antes ha mencionado usted un "ella", y también lo hizo hace varias semanas. ¿A que "ella" se refiere?
-Abogada Weasley, me decepciona.- Dijo Mosley genuinamente sorprendido.- ¿No cree capaz a una mujer de liderar a los Mortífagos Rebeldes?
Alberts corría hacia el cuartel general de los aurores. Debía avisar a Prince y a Kingsley de aquel topo lo antes posible. Si no le pillaban, la confesión de Mosley sería totalmente inútil. Tan concentrado iba que se olvidó de las enseñanzas básicas de la escuela de aurores. A saber: la varita siempre a mano, un hechizo en la mente, y mantener los ojos bien abierto. Todo eso olvidó en el momento en que se paró para recuperar un segundo el resuello. Apoyó sus manos en las rodillas, se concentró en espirar y bajó la cabeza, sin advertir que el cazador estaba a unos segundos de convertirse en la presa. Segundos después, Gilmore le lanzaba un encantamiento aturdidor por la espalda.
Hermione escuchó a Mosley con atención. Describía a la jefa de los Mortífagos, la tal "Chief", como una persona calculadora, manipuladora y extremadamente inteligente que se había asociado al más leal, eficaz y audaz de los secuaces; Lass. Hannibal Lass. Un viejo conocido de los aurores. Buscado por asesinato en 15 países. Cero capturas hasta la fecha. En definitiva, un hueso duro de roer, capaz de sacar de las situaciones más desfavorable, algo de provecho.
-¿Piensa que quizá podría transformar un intento de secuestro en una cuestión de competencia por negocios, señor Mosley?- Preguntó Harry en referencia al ataque de Ron. Adrien sonrió oscuramente.
-Lass sería capaz de hacer pasar a Voldemort por una simple víctima colateral del sistema de orfandad inglés de los años cincuenta. Yo jamás había visto una cosa igual.- Hermione se sorprendió de que un Mortífago como Mosley dijera tan alegremente el nombre de Voldemort.
-Adrien, ¿por qué se unió a los Mortífagos?- Preguntó la castaña.- El reo palideció.
-No me juzgue, por favor se lo pido. Ya lo han hecho antes. Letrada, yo sé que no sirve de excusa, pero hace un par de años, mi situación era lamentable. Tenía deudas hasta por el funeral de mis padres, que no fui capaz de poderles pagar tras su accidente de tráfico. Con decirle que en Azkaban tengo un sitio donde dormir y algo que comer, se hará una idea de cómo vivía. Estaba lleno de odio, no pensé merecer todo aquello. Y entonces llegó Lass, ese maldito abogado del diablo apareció como caído del cielo y me convenció para ir con él. Me lo vendió todo con un envoltorio dorado y un lacito rojo. Un futuro. Me habló de un trabajo, y de una casa. De una oportunidad que nadie me daba. A mí lo que me importaba era salir de la calle. Dejar de mendigar, suplicando un sitio donde resguardarme de un aguacero y algo de comida para paliar dos semanas de ayuno. Lass y Chief me ofrecieron toda una vida nueva. Y, ¿a cambio de qué? De absolutamente nada. Pronto empecé a notar que las comidas siempre giraban en torno al mismo tema. En torno a cómo los muggles y los hijos de muggles nos quitaban el sitio que nos correspondía en la sociedad mágica.- Mosley miró a Hermione con tristeza.- Era un lavado de cerebro en toda regla. Un lavado en el que caí.- En ese momento, Mosley bajó la cabeza, avergonzado. – No es ninguna excusa mi situación, lo sé. Me dejé llevar por lo que era fácil. ¿Sabían que soy hijo de muggles? Como usted, letrada. O como su madre, Auror Potter. ¿Saben ustedes cómo me siento al saber que traicioné su memoria? ¿Todo lo que me dieron?- Mosley negó con la cabeza mientras chasqueaba la lengua con irritación hacia sí mismo.- Les echaba la culpa de lo que me había pasado y les abandoné. Abandoné lo que me enseñaron y abandoné al hombre al que me habían instado a ser. Es lo que hacen. Cogen juguetes rotos y les dan una nueva configuración. Chief es una maestra en la materia.- Harry y Hermione no daban a vasto para transcribir todo lo que Mosley decía, porque hablaba muy rápido y porque había partes en las que se quedaban estáticos escuchando. Harry enfrentó su mirada con la de Mosley.
-Hay algo que no entiendo.- Dijo Harry.- ¿Cómo consiguió salir de ahí? Y sobre todo, ¿qué le hizo cambiar de opinión?- Mosley le miró sin levantar la cabeza, lo que daba un tono siniestro a su declaración.
-Verá auror Potter, cuando a uno se le obliga a cometer un asesinato se lo piensa muy mucho. A un chaval, muy joven, de unos diecisiete años, recién llegado, le pusieron una prueba. Tenía que matar a su propio padre para demostrar que no era débil e impuro como él. El chaval se negó. En rotundo. Y bueno, su castigo pasó a ser mi prueba de fuego. Yo le conocía. Era un chico con pocas luces pero que adoraba a su familia. Me negué a matarle. Chief estaba muy enfadada conmigo, pero no me dijo nada en ese momento. Me sacaron de la sala y me llevaron a una habitación contigua mientras al chico le metían la más brutal de las palizas. No le volví a ver. Todo el tiempo que estuve en esa habitación, Chief estuvo conmigo, instándome a obedecer con una media sonrisa.- La voz de Mosley se trabó a la mitad de su exposición. Luchaba por contener las lágrimas y los sollozos. Harry miraba a Hermione sin saber muy bien qué hacer. Se decidió por dejar un poco de espacio al reo e ir a ayudar a Alberts, por quién estaba preocupado. Se levantó sobresaltando a Mosley.
-Voy a ir a ayudar a Alberts y a ver si contacto con Kingsley. No es normal que tarden tanto.- Hermione asintió mirando cómo su amigo desaparecía por la puerta.
Hermione le tendió a Mosley un pañuelo mientras le desataba los grilletes mágicos de los pies.
-Gracias.- Susurró él.- Después de aquello, empecé a oír cada vez más palizas y Crucios en la casa, cosas que hasta entonces no había oído. Empezaron a llamarme loco y creo que también a drogarme…Hubo un momento en el que no lo soporté más y me largué en un momento de lucidez en medio de la noche.- Relató el prisionero.- Creo que también me dejaron libre sin muchas dificultades. No pensaron que fuera un problema.- Mosley soltó media risilla.- Lo que no pensaron es que me fuera a entregar a los aurores. De esto hace ya cuatro meses. Cuando se enteraron, Lass hizo lo imposible por colocar en una posición relevante a Gilmore para que tuviera un posible acceso a mi celda y pudieran manejarme. Al menos eso es lo que supongo que hicieron, basándome en las evidencias.- Terminó el joven. Hermione le miraba aterrada. ¿Por cuánto había pasado ese hombre? ¿Y encima ahora le encerraban?- Le voy a pedir por favor que cuando acabe todo esto, le dé las gracias al auror Potter por marcharse. Fue muy considerado.
-Habla como si no pensara en sobrevivir.- Le dijo Hermione sorprendida por el rápido cambio de conversación y tono en la voz de Mosley.
-Es que no pienso sobrevivir.- Aseguró con algunas lágrimas en el rostro.- He cometido mucho mal, merezco la perpetua en Azkaban, o morir en la que se avecina. Si no pago lo que debo ahora, ¿a qué retribución divina tendré que enfrentarme?- Mosley miró a Hermione con un gran remordimiento en sus ojos, pero con una calma que hizo estremecerse a la joven letrada.- ¿Alguna vez ha sentido las últimas respiraciones de alguien mientras usted le apuntaba con una varita?- Mosley preguntó sacudiendo la cabeza, intentando apartar de él el recuerdo.- No se lo deseo a mi peor enemigo.
-¿Llegó a matar a alguien?- Preguntó Hermione con voz trémula. Adrien rió, mostrando sus dientes. Aquel gesto no le hacía más amable, ni mucho menos.
-Letrada, si fuera así, ¿se habrían tomado tantas molestias para quitarme de en medio?
Gilmore se sobresaltó al oír pasos rápidos acercarse a él y al bulto que estaba escondiendo. "¡Vaya patán!"- Pensaba Gilmore mientras intentaba cargar con el alto auror.- "Sin la varita preparada y sin mirar atrás"- Haciendo caso a la crítica contra su enemigo inconsciente, Gilmore miró hacia detrás. Ya no se oían los pasos, y tampoco se veía a nadie. Probablemente una falsa alarma. Si se conseguía hacer pasar por Alberts durante un tiempo, podría avisar a Chief y a su chivo expiatorio, Lass, de que era el momento de atacar. Y por fin se le trataría como es debido. No más burlas. No más segundos planos. Solamente respeto y dignidad.
De pronto sintió una varita por la espalda y la voz profunda y penetrante de Harry Potter llegar hasta sus oídos.
-Como hagas un solo movimiento, no sales vivo de esta.- Gilmore soltó ligeramente al inconsciente Alberts. En el acto, y disimuladamente, tocó su antebrazo izquierdo con su varita.
-Se acabó, Gilmore.- Escupió Harry con rencor.
-Te equivocas, Potter.- Repuso él riendo y señalándose el antebrazo izquierdo.- Sólo es el principio.- La Marca Tenebrosa.
