Capítulo 6: Niebla.

Sin perder tiempo, Harry ató con ligaduras mágicas al traidor, quitándose la varita y aturdiéndole en el proceso. Después, despertó a Alberts y juntos se apresuraron a llamar a Kingsley y a Prince.

-No me lo puedo creer.- Repetía este último en estado de shock nada más llegar a la escena. Harry no se lo podía reprochar. Era un compañero. Un amigo y un aliado en la batalla. Un aliado que resultaba ser un mortífago. Sin embargo, el moreno también sabía que no era momento de lamentaciones.

-Prince, no tenemos tiempo para esto. Se ha tocado la marca tenebrosa, eso no nos deja mucho margen, debemos estar atentos.- Kingsley asintió despacio, pensativo.

-Alberts, lleva a este infeliz al calabozo. Prince, da la alarma, y posteriormente reuníos los dos con Potter, que ahora mismo volverá como protección de Granger y Mosley, ¿entendido?

Los tres aurores asintieron, partiendo cada uno hacia su misión. Ninguno de ellos notó la sonrisa en la cara de un aturdido Gilmore.


-Chief.- Dijo Lass, rodeado por un fuerte contingente de mortífagos. La jefa de aquel grupo le miró pidiendo que continuara.- Gilmore ha avisado por primera vez.- La mujer se levantó de sus silla y asintió. Su figura se tornó imponente ante sus seguidores, que esperaban impacientes y ansiosos las órdenes de aquella persona que les llevaba en volandas a recuperar lo que habían perdido.

Prestigio, dignidad, reconocimiento y poder. Todo ello arrebatado por los hijos de Muggles y otros engendros indignos de llamarse magos. Seres inferiores. Bárbaros que no merecían ni tan siquiera el desprecio de aquellos mortífagos.

Rodolphus Lestrange miró con una mueca sonriente a su hermano Rabastan. Tenía los ojos inyectados en sangre. Llegaba la hora de la venganza.

-He de reconocer que estoy muy sorprendida por los avances de Gilmore.- Dijo Chief en voz alta aunque mirando únicamente a Lass, quien asintió.- Bien. Sólo es la primera llamada, pero hay que prepararse. Rabastan, Rodolphus.- Los interpelados, con sendas sonrisas maníacas alzaron la cabeza al instante.- Podéis ir a cobraros lo que se os debe. Pero recordad que el chico debe seguir vivo para cuando lo vean Potter y Granger.- Los dos hermanos asintieron frotándose las manos. Por fin vengarían a Bellatrix.- Os llamaré cuando todo esté dispuesto. Hasta ese momento...-Chief hizo una pausa dramática y sonrió-...pasadlo bien.

Con una carcajada, los Lestrange se dieron la vuelta y se fueron mientras Chief seguía organizando su gran plan.

-Lass, toma posiciones en torno a la celda de Gilmore. En cuanto los aurores se vayan, te cargas a los guardias y envías a dos hombres desilusionados a la sala del interrogatorio de Mosley. Gilmore te dirá donde es. Luego escondeos en un lugar suficientemente seguro hasta que recibáis mi señal.- Lass y los mortífagos asintieron a un tiempo, haciendo sonreír a su jefa.- Yo mientras haré lo que mejor sé hacer.

-¿Qué es?- Preguntó un inocente Avery.

-Mentir, Avery. Mentir.- Repuso ella mientras salía soltando una sonora carcajada.


Que un martes cualquiera estés con tu hijo de dos meses y pocos días en casa de tu madre es normal. Que tu marido esté trabajando es normal. Que sientas que está en peligro es normal si es auror y se llama Harry Potter. Pero que mientras sientas miedo por lo que le puede pasar a tu hermano, su mujer que resulta ser tu mejor amiga, y tu marido. No es normal. A todo esto no ayuda que en tu casa encuentres unos archivos ministeriales con cartas amenazantes dirigidas contra tu marido. ¿Qué haces tras el shock? Lo normal. Dejas a tu hijo con tu madre. Y coges tu varita. Y cargas tu mente con los hechizos más destructivos que encuentras para acabar con los mortífagos. Y preparas tu voz para la que será la mayor de las broncas de la Historia.

Porque a Ginevra Weasley nadie le toca a su familia. Nadie. Ni siquiera Harry Potter le puede ocultar cosas y salir airoso. Pero antes de nada...oh, sí, antes de nada le salvaría el culo.

Para después pateárselo, por supuesto.


-Señora Weasley.- Dijo Adrien Mosley tras un tiempo en silencio.

A Hermione le comenzaba a preocupar la tardanza de Harry. Aquello no podía significar nada bueno. La chica miraba cada treinta segundos, de reloj, la puerta.

-Letrada.- Hermione, por fin, miró al reo.

-Discúlpeme, Adrien, no estoy muy centrada.- éste asintió dejando claro que lo comprendía.

-No veo muy seguro que nos quedemos aquí. Si no me fallan los cálculos en menos de diez minutos estaremos rodeados de Mortífagos.- Hermione le miró, inquiera. Estaba claro que ese hombre hacía tiempo que no mantenía relaciones interpersonales como Dios manda.

-No sé por qué , pero eso no me hace sentir mejor.- Repuso la joven con sarcasmo.

La puerta se abrió en ese instante y la castaña pegó un brinco apuntando con su varita al individuo que acababa de aparecer por la puerta. Parecía Harry. El moreno entró con los brazos levantados al ver la postura agresiva de su amiga.

-Soy Harry James Potter, estoy casado con Ginevra Molly Weasley y vi como Ron y tú os besabais en medio de la Batalla de Hogwarts. Por cierto, vaya momentazo.- Hermione bajó la varita suspirando aliviada de que fuera su amigo.

-Podrías cambiar de coletilla, siempre me dices lo mismo.

-Aquí la creativa bajo presión eres tú.

-Debemos irnos. Mosley dice que nos rodearán en diez minutos.


-Oh, no creas que somos tan lentos.- Replicó una voz grave desde la puerta.

Desde que había terminado la guerra, Ron Weasley había dejado de sentir la aleatoriedad de la vida. Tenía aún una familia, algo mermada, pero la tenía. Tenía amigos. Y tenía a Hermione. Así todo encajaba. Comenzaba a tener sentido.

Por eso ahora, siete años después de todo aquello, arrinconado como estaba por los dos hermanos Lestrange, maldecía haber retrocedido en el tiempo a aquella época en la que la Muerte revoloteaba por entre la gente, más segura y confiada de lo normal.

Había lanzado ya todos los hechizos y contra hechizos que se le ocurrían, incluso había conseguido alcanzar a Rabastan en el hombro. Pero sabía que no podría con los dos.

Sabía que si esos dos estaban allí, el resto estaría en el Ministerio. Era un ataque frontal y sin miramientos. Y lo peor de todo era que había sido totalmente por sorpresa.

Hermione. Ella estaba allí, en el Ministerio. En medio.

Ron suspiró. Tenía que encontrar el modo de salir de allí e ir a buscarla.

Decidió ir a rastras por el suelo de la tienda hacia el almacén entre hechizo y hechizo.

Tras quince minutos batallando consiguió atravesar la puerta y esconderse tras unas cajas apresuradamente, asegurándose de que no se le veían ni las piernas ni la cabeza. De pronto, una voz le sacó de la concentración en la que se hallaba.

-¡Pssst, Ron!- Susurró la voz suave de su hermana.

Ron giró la cabeza sin ver a nadie, preguntándose si era posible que al fin se hubiera vuelto loco.

-¿Ginny?- Murmuró incrédulo. De pronto sintió como una especie de manta pasó por encima de sus hombros. Reconoció la tela enseguida. ¿Como no hacerlo? Miró a su izquierda y se encontró la mirada divertida de su hermana.- ¿Qué haces aquí?

-No iba a permitir que os lo pasarais bien vosotros tres solos otra vez.- Replicó su hermana.

-Oh, sí. A mí particularmente me encanta cuando los hermanos Lestrange me atacan por sorpresa en el trabajo.- Repuso Ron irónico.- Tenemos que salir de aquí e ir al Ministerio.- Ginny asintió.

-Pero antes deshagámonos de estos dos.- Ron miró a su hermana desenterrando todas las dudas a cerca de aquel plan.

-Ginny, no podremos contra ellos.


-Tonterías.- Repuso la pelirroja con determinación.- A parte de cabeza fría tenemos todo un almacén con artículos de bromas y defensivos que conocemos y ellos no. Saldremos de aquí.- Ron no pudo hacer menos que sonreír. Había veces en las que se olvidaba de lo fuerte que era su hermana. Cada día se parecía más a su madre.- Manos a la obra. Soy una mujer muy ocupada y no tengo tiempo para tonterías, tengo un bebé que cuidar y un marido que asesinar.

Harry miraba de un lado a otro de la sala. No había nada que hacer. Estaban rodeados. Sentía una gota de sudor frío resbalarle por la nuca mientras notaba como Hermione levantaba su varita enfrentándola a Lass, ignorando las otras treinta que les apuntaban a ellos. Harry la imitó por inercia, pero apuntó hacia Gilmore que se encontraba también en el grupo.

Maldito traidor.

-Sólo por curiosidad, ¿cómo has escapado?- Preguntó Harry mirándole. Gilmore sonrió con maldad mirando a Lass. El lugarteniente fue quien le respondió.

-Si lo que te preocupan son tus amigos aurores, Potter, están bien. Por el momento.- Repuso fríamente Lass- Pero no garantizo su seguridad cuando los llevemos ante Chief. Ahora bien, si lo que buscas es ganar tiempo, no cuentes conmigo.

La mirada de la mano derecha de Chief se paseó por los presentes hasta Mosley, que seguía esposado y miraba con odio y rencor a los mortífagos a su alrededor.

-¡Adrien!- Exclamo con falsa alegría acercándose a él. El reo no realizó movimiento alguno.- Te hemos estado buscando por todas partes, mi escurridizo amigo- Agregó riéndose con el resto de sus hombres.

Al segundo, la poderosa mano izquierda del mortífago fue a parar impactando sonoramente sobre la mejilla derecha de Mosley. Tal fue el golpe, que el hombre quedo aturdido y escupió un poco de sangre. Como respuesta, Lass, le escupió en la cara.

-No vales más que el estiércol.

De pronto, para horror de Harry, Hermione se zafó de la vigilancia de los mortífagos y atrapó a Lass apretando la varita contra la sien del delincuente. "Pero, ¿qué diablos piensa hacer Hermione?" Pensaba el moreno.

-Diles a tus chicos que tiren las varitas o pierden a su jefe.- Harry, sorprendido por el comentario de su amiga miró a su alrededor con temor. Estaba claro que Hermione no era alguien de acción. Sus acciones no es que estuvieran resultando muy sensatas. De hecho eran medidas puramente desesperadas. De distracción, intentando ganar el mayor tiempo posible hasta que los refuerzos o una idea genial aparecieran. Lamentablemente, Harry pensaba que ninguna de las dos aparecería hoy a salvar el día.

-¿Pero qué estás haciendo?- Se atrevió a preguntar por fin Harry, mientras intentaba controlar los movimientos del resto de mortífagos que les iban cercando más y más. Su amiga seguía con la vista clavada en Lass que se sonreía cínicamente.

-Esto no es asunto tuyo, Harry. No va contigo.- Repuso fríamente la castaña. El auror abrió los ojos como platos.

-¿Que no va conmigo? ¿¡QUE NO VA CONMIGO! ¿Y SE PUEDE SABER CÓMO HE ACABADO RODEADO POR 30 MORTÍFAGOS SI NO VA CONMIGO?- Hermione no le respondió, simplemente miraba a Lass.

-Ambos sabemos, Granger, que no eres lo suficientemente valiente como para cumplir con tu amenaza sobre mi persona.- Dijo el hombre mirándola con odio y suficiencia, provocando que Hermione apretara más su varita contra el Mortífago, mientras Lass mantenía la varita amenazante en dirección a Mosley.

-Te equivocas, Lass. No soy tan cobarde como para matarte, pero tengo bastantes ases bajo la manga, como me consta que sabes. Y, por cierto, me apellido Weasley.- Lass hizo un gesto de falsa remembranza, como queriendo recordar algo importante.

-Hablando de eso, sabía que había algo que se me escapaba comentarte. Tu marido, el Traidor a la Sangre, ahora mismo está a punto de llegar acompañado por los siempre magnánimos hermanos Lestrange, que al parecer le querían comentar unas cuantas cosas.


Hermione y Harry palidecieron a la vez. La chica, además, bajó la varita lo justo como para que los mortífagos terminaran de rodearles y la redujeran. Mientras eso ocurría, maniataron a Harry conjuntamente con Mosley. El joven buscaba una manera de zafarse mientras Mosley sólo miraba hacia el espejo espía de la sala de interrogatorio con aire pensativo.

-¿Quién iba a pensar que se lo tragarían?- Se preguntó Ron en voz alta mientras recogía a toda prisa el desastre originado por el ataque de los Lestrange. El pelirrojo oyó a su hermana reír nerviosamente.

-Es un buen producto. Aunque no sé si me hace mucha gracia que vendáis algo como eso.- Comentó Ginny mientras ataba con fuerza a los inconscientes hermanos.- No me gusta la idea de gente haciéndose pasar por Mortífagos para gastar una broma. No se si os habréis percatado de que eso desataría la histeria y que, para variar, mantendría a nuestro respectivos cónyuges mucho tiempo en el trabajo.

-Para tu información.- Replicó Ron algo molesto por que su hermana le creyera tan estúpido.- Sólo he modificado uno de los artículos de la colección "En mis zapatos" para que creyeran que habíamos cambiado de bando. Por supuesto que no vamos a vender nada así. ¿Crees que estamos mal de la cabeza?- Ginny dejó de atar a Rabastan para dirigir una mirada irónica hacia su hermano quien suspiró.- De acuerdo, no respondas a eso.

Riendo, Ginny volvió a su tarea, emitiendo, al segundo un ligero gritito. Ron la miró asustado y con la varita preparada.

-¿Qué ocurre?.- Preguntó el pelirrojo.

Ginny miraba con el entrecejo fruncido la manga izquierda del pequeño de los Lestrange mientras se chupaba ligeramente el dedo índice. Sin decir nada, la pelirroja le enseño el antebrazo izquierdo a su hermano, donde se encontraba la Marca Tenebrosa. Negra. Habían sido llamados.


-Empieza el show.- Murmuró Ginny.

-¿Sé puede saber qué intentabas hacer?- Preguntó Harry en un susurro dirigido por encima de su hombro derecho hacia Hermione.

Les habían atado a los tres con las espaladas enfrentadas,y apenas se podía girar para dirigir los susurros que se estaban dedicando. Hermione le respondió tras soltar un bufido intentando que los mortífagos no se dieran cuenta.

-Actué por instinto, ¿vale?

-¡Ah!- Exclamó el moreno con sarcasmo.- Deja que, por una vez, te de un consejo. A no ser que tengas tendencias suicidas, no actúes por instinto.- La castaña resopló con disgusto y se revolvió con vehemencia, intentando zafarse de las ligaduras.- ¡Estate quieta, Hermione! Así sólo conseguirás llamar más su atención.- Harry se percató de que Mosley seguía absorto escudriñando el cristal, como intentando ver a través de él. -¿Qué ocurre?

Adrien se giró ligeramente para intentar contactar visualmente con su interlocutor.

-Ahí hay alguien.- Aquella afirmación atrajo a Hermione a la susurrada conversación.

-¿Alguien? ¿Quien?- Preguntó Hermione.

-¿Chief?- Aventuró Harry. Mosley negó casi inmediatamente.

-Lo dudo mucho, no es su estilo. Le gusta llamar la atención.- Replicó Mosley.- Pero hay algo que tengo seguro, no son amigos.

-¿Y eso cómo lo sabes?- Preguntó Harry mientras peleaba disimuladamente por llegar a su navaja multiusos. Esa que siempre llevaba en su bolsillo sin razón aparente. Regalo de Sirius.

La pregunta iba dirigida a Mosley, pero fue Hermione quien le respondió.

-Porque sería muy raro que los aurores estuvieran desilusionados. Yo también los veo, Adrien.

El prisionero asintió en reconocimiento de la agilidad mental de su interlocutora. Harry, por su parte, tendría que realizar un acto de fe con sus palabras, ya que lo único que él veía era la parte posterior de un mortífago del tamaño de un armario empotrado.

-¿Sabéis lo que me resulta raro?- Susurró Harry.- Que no nos hayan torturado.

Desgraciadamente para él, habló lo suficientemente alto como para que Lass le escuchara.

-Muy buena apreciación, Potter. Sin duda alguna.- Repuso el mortífago apuntando con su varita la pecho de moreno.- Verás, nosotros no creemos en la tortura física. No. Eso es demasiado sencillo y con muy poca sutileza y poca clase.

Ante tal comentario, Hermione no pudo evitar soltar un comentario sarcástico.

-No, si al final hasta creareis vanguardia.

Lass no se lo pensó dos veces. Se acercó hasta donde estaba Hermione y le propinó un puñetazo en la mejilla. Esto provocó que la joven comenzara a sangrar profusamente por el labio inferior. Harry se removió para intentar ayudarla, pero en seguida, un par de mortífagos le patearon el estómago.

-Ya veremos is eres tan elocuente cuando tu marido esté gritando como un cerdo cuando le torturemos.- Las caras de Hermione y Harry perdieron el poco color que les quedaba ante el comentario.- Chief ya les ha llamado. No tardarán. Pero no te preocupes, Granger. Unos cuantos Cruciatus y luego el Avada Kedavra.

Sin comentar nada, y con un descaro que Harry no entendía de dónde podía surgir, Hermiónescupió una bocanada de sangre a las botas de Lass.

-Es Weasley.- Repuso. Al instante Harry oyó el sonido de otro bofetón y por el rabillo del ojo pudo observar como su captor sonreía macabramente.


-No por mucho tiempo. No te preocupes.

Ron y Ginny iban por un pasillo del Ministerio con las varitas en alto apuntando a unos inconscientes hermanos Lestrange, que eran arrastrados mágicamente por el suelo.

Los hermanos llevaban un rato discutiendo su plan en susurros, atentos a cualquier sonido que ocurriera en las salas. Ginny tenía doblada y al hombro la capa de invisibilidad de su marido.

-Sigo pensando que deberíamos echársela a estos dos por encima.-Masculló Ron señalando con la cabeza a sus rehenes.- Parece que los mortífagos hubieran evacuado todo el edificio y arrastrar a dos de ellos inconscientes por el suelo podría ser llamar un poquito la atención, ¿no crees?- Preguntó con humor el mayor de los hermanos. Ginny sonrió con el ceño fruncido. Aquello no le daba buena espina.

-No podemos esconderlos. Podrían servirnos de señuelo. Al fin y al cabo a mi me resulta clarísimo que iba a por ti por algún motivo.- Ron asintió la aseveración de su hermana.

-Es por la investigación de Hermione, sí.

El joven contestó distraídamente mientras se pasaba su mano libre por el pelo.

Tenía una expresión pensativa, observó Ginny. Cómo cuando jugaba al ajedrez, ahora mismo su cabeza revisaba posibles estrategias y sus posibles fallos o sacrificios a realizar. Sólo había visto esa expresión en su hermano en otra parte además de partidas con sus hermanos y amigos. Y era cuando cogía a James en brazos, con sumo cuidado, como si se fuese a evaporizar con un suspiro.

-A ver qué te parece esto.- Dijo Ron saliendo de su reflexión.- Los Lestrange venían a por mí como rehén más que probablemente, ¿estamos de acuerdo?- Ginny asintió.- Bien, pues sigamos con su plan.

-¿Cómo?- Preguntó Ginny que miró a su hermano en estado de shock.- ¿Quieres hacer de señuelo?


-Precisamente.

Chief caminaba con rapidez, mirando a su alrededor para evitar ser descubierta. Algo había ido mal con los Lestrange, lo que le obligó a ir a la tienda de Weasley.

Estaba todo revuelto pero no había nadie. Tenía que encontrarlos.

Pero antes, antes tenía que asegurarse de que todo estaba bien en su principal frente de ataque.

Giró dos veces a la derecha casi tropezándose con la pared.

Debía tranquilizarse. No podía dejarse llevar por el nerviosismo. Tenía que hacer todo aquello. Debía llevar a cabo su venganza.

Iba por el pasillo de manera casi automática a pesar de ser estos anodinos y repetitivos.

Otra vez a la derecha y luego a la izquierda. Ya estaba frente a la puerta que había estado buscando.

Chief, se enfrentó a aquella puerta respirando entrecortadamente. Se apoyó con ambos brazos en las jambas mientras tomaba un par de respiraciones más calmadas y profundas. Debía mantenerse tan firme como lo había estado hasta ahora.

Tras varios segundos, compuso sus cara en una expresión seria y entró en la sala, observando una habitación en apariencia vacía con un cristal que dejaba ver lo que transcurría en la habitación contigua.

Observó como Granger, Potter y Mosley se encontraban atados espalda con espalda y mientras Lass y un grupo de unos 15 mortífagos les apuntaban con sus varitas. Granger tenía sangre en el labio. Chief sonrió para sí. Aquella mujer siempre tenía que dar la nota. Observó también como Potter intentaba forcejear con sutilmente con las ligaduras y cómo Mosley miraba hacia donde ella se encontraba. Suponía que sabía que ella estaba allí, al igual que...

-Avery, Dante. Salid, necesito hablar con vosotros.- Dijo supuestamente al aire. Pronto aparecieron los dos interpelados.- Todo bien por aquí, por lo que veo.- Dijo mirando a Dante.

-Así es. Aunque Granger ha dado algún que otro problema.- Añadió el mortífago con una mueca de diversión en la cara.- Lass lo tiene todo controlado.- Chief asintió.

-Cómo ya sabía que lo haría. Uníos a ellos, podrían necesitaros.- Chief se disponía a marcharse cuando oyó a Avery dirigirse a ella.

-Los Lestrange no han llegado aún.

-Lo sé, Avery. Y más les vale que o estén en camino con una muy buena excusa o que estén muertos, porque si no se las verán conmigo.- Dante sonreía. No le caían bien los Lestrange. O simplemente era un sádico. Tal vez por eso Chief no terminaba de confiar en él. Demasiado inestable.

Avery, amigo de los dos desaparecidos, tenía el rostro ligeramente desencajado.


-Idos.- Susurró peligrosamente Chief.- Ya.

-Ya ha llegado.- Susurró Mosley cuando observó con cierta indiferencia como Avery y otro mortífago entraban por la puerta.

Harry se giró ligeramente para ver a quién se refería el reo. En el trayecto, su mirad ase topó con la de Hermione. Herida, con el labio roto y parecía que alguno de sus dientes, así como la nariz algo desencajada, tenía las mejillas hinchadas de los golpes y, aún así, estaba como si aquello no fuera con ella. Tenía la mirada desafiante hasta el punto de ser insolente.

¿Qué le pasaba? Se preguntaba Harry. ¿Desde cuando era tan temeraria y poco racional con su alrededor?

Mientras su mente divagaba, el auror contempló a los dos hombres cuyo trayecto seguía Adrien Mosley serenamente con la mirada.

-Conozco a Avery.- Susurró Potter.- ¿Quién es el otro?

-Phillip Dante. Un tipo poco inteligente y muy aleatorio. Extremadamente peligroso.- Añadió girando su cabeza hacia el moreno.

-¿Era ese a quién esperabas?- Comentó Harry refiriéndose al comentario anterior de Mosley. Su interlocutor negó con la cabeza vehementemente.- Entonces, ¿quién ha llegado?

-Ella. Ya está al mando de todo.

-¿Por qué no está todo el departamento de aurores rodeando esta maldita sala?- Preguntó Hermione de repente con la mirada fija en la puerta.- ¿Y dónde narices está Kingsley o Prince?- Mosley sonrió casi imperceptiblemente, casi como gesto de complicidad hacia Hermione, intuyó Harry.

-Prince se suponía que iba a dar la voz de alarma.- Replicó Harry, pero Hermione sólo miraba de reojo a Mosley.

-Si Chief ha creado una distracción para que salgan todos del Ministerio, debe saber el protocolo de actuación. Es decir que tiene que ser...-Dedujo la castaña. En ese momento Mosely decidió intervenir al final de la conjetura de la joven.

-Un topo. Sí.

Harry miró a Hermione durante un segundo. Lo justo para ver de nuevo la chispa de la confusión y traición en sus ojos. ¿Quién sería?

-Esto más que un Ministerio, parece una madriguera.- susurró Harry con sarcasmo mientras dejaba caer su cabeza hacia delante con resignación.


Hasta aquí habían llegado.

Ginny todavía no entendía cómo todo aquello podía salir medio bien.

Ron iba atado delante, con las ropas rasgadas y algo ensangrentadas, su labio y ceja derechas partidos y un moratón incipiente en la mejilla izquierda. Tenía también cortes en brazos y antebrazos y una fingida, pero muy lograda cara de derrota dibujada en la cara.

Apuntándole con sus respectivas varitas, iban los hermanos Lestrange, con la misma pinta de haber participado en una reyerta que la que tenía el pelirrojo.

Por último, cerraba el grupo ella, bajo la capa de invisibilidad de su marido, manteniendo bajo el Imperius a los Lestrange. Marionetas y peones en manos del ajedrecista de los Weasley.

No sabía a dónde se dirigían. A Ginny nunca le había gustado en exceso el ministerio, por lo que tendría que confiar en su hermano mayor.

-Sólo dos pasillos más.- Dijo el pelirrojo en voz alta como leyéndole la mente a su hermana.

De repente, como salida de la nada, Maddie, la secretaria de Hermione, apareció frente a ellos.

"Genial" pensó Ginny "Una varita más nunca viene mal".

La mujer se acercó a ellos rápidamente con la expresión seria y adusta que la caracterizaba. Al llegar a su altura, Ron abrió la boca para saludarla.

-¡Maddie!- Exclamó con sorpresa- ¿Qué est...?- Un golpe sordo resonó en el pasillo. Ginny ahogó un grito. Maddie había golpeado un puñetazo en el estómago de su hermano.

La pelirroja se quedó petrificada. ¿Qué pintaba Maddie en todo esto? La redactora de El Profeta observó que se dirigía con autoridad hacia los Lestrange.

-¿Por qué habéis tardado tanto?- Exclamó Maddie, enrabietada.

Un plan, pensó Ginny. Todo aquello había sido un plan de Maddie.

La pelirroja actuó con rapidez, desechando rápidamente la idea de atacar a la supuesta secretaria, decidiendo seguirla el juego, por lo que apuntó a Rabastan lo que tenía que contestar.

-Tuvimos problemas de persuasión.- Maddie rió sin humor alguno en su tono.

-¿Persuasión? ¡Erais dos contra uno!

Sin decir nada más, giró 180 grados sobre sus talones y agarró a Ron, aún dolorido, por el codo con rudeza, mientras lo guiaba por los pasillos.

Con cuidado de no ser descubierta, Ginny invocó un hechizo Muffliato, ese que Harry le enseñara durante su quinto año en Hogwarts, sobre Maddie, para poder hablar con su hermano. La pelirroja se colocó a la derecha de éste.

-Aguanta, Ron. Tengo un plan.- Susurró la chica. Su hermano miró de reojo hacia donde venía la voz de su hermana y asintió ligeramente.- Te prometo que vamos a salir de esta.


AN: Bueno, pues tras una barbaridad de tiempo, actualizo de nuevo esta historia.

Me consta que la gente me ha seguido leyendo tras todo este tiempo y es algo que agradezco y que me ha animado a seguir actualizando.

Espero que os guste.

Un saludo.

RACG 22.