Capítulo 7: Venganza.

-¡Alberts!- Exclamó Kingsley con irritación hacia uno de sus mejores aurores mientras veía como Prince trataba inútilmente de alcanzar su varita. El experto auror parecía no recordar que estaba atado de pies y manos sujeto a un banco de mármol, como el propio Kignsley y el joven auror rubio.

-¿Señor Ministro?- Respondió el auror, su voz denotando que estaba peleando contra las cuerdas que le amarraban.

-Tengo una varita de repuesto en la parte inferior derecha de mi túnica. Necesito que la alcances como sea. Necesitamos salir de aquí lo antes posible.-Añadió Kingsley mientras Alberts trataba ya de obedecer las órdenes dadas.

No era la primera vez en la que el ahora Ministro de Magia se encontraba en una situación así de complicada, pero sí era la primera vez en la que no sabía qué narices estaba pasando ni qué podría ocurrir a continuación. ¡Por todos los cielos! ¡Estaba encerrado en una de las celdas de SU Ministerio! ¡Junto a dos de sus mejores aurores, nada menos! Y lo peor no era eso. No. Lo peor era que nadie en toda la oficina parecía percatarse de que algo pasaba.

Kingsley agachó la cabeza negando levemente, culpándose por aquella brecha imperdonable en la seguridad ministerial, mientras Alberts exclamaba un emocionado "¡La tengo!" al conseguir hacerse con la varita de repuesto de su jefe.

Con presteza, Alberts se desató he hizo lo mismo con sus compañeros de fatigas. Inmediatamente después, Kingsley propuso un plan.

-Bien, tengo una idea. Prince, necesito que avises a los aurores, necesitamos a todos los que hayan completado el entrenamiento. Da igual la experiencia de campo que tengan.- Agregó el Ministro con rapidez ante una posible crítica de su jefe de aurores.- Este es un entrenamiento de campo más que interesante. Mientras, Alberts y yo iremos a ver si podemos aliviar un poco la situación allá por las salas de interrogatorio.

-Señor Ministro.- Interrumpió Prince.- Tal vez sería más prudente que usted fuera quien diera la voz de alarma y se alejara del peligro.- Repuso el experimentado mago, preocupado por la seguridad de su superior y jefe de Gobierno mágico. Kingsley mostró una mueca en su rostro ante tal sugerencia.

-¿Y perderme la fiesta, Prince?- El Ministro notó la sonrisa cómplice que surgía de los labios de Alberts ante aquella pregunta.- Soy un hombre de acción, igual que el joven Alberts. ¿No es cierto?

El rubio asintió aún con la sonrisa en su rostro.

-A por ellos.

Hermione mantenía una expresión dolida en su rostro cuando se giró lo que le permitían los amarres para hablar con Mosley.

-Si lo sabías, ¿por qué no me has avisado hasta ahora?

La castaña notó una expresión atónita en la cara de Harry, quien tenía poca idea de lo que estaba pasando. Mosley, as u vez pareció contrariado por la recriminación de la letrada, a la vez que algo dolido.

-Letrada, le recuerdo que ha sido hoy por primera vez desde hace mucho tiempo en la que he recuperado la claridad de juicio. Y lo de Chief sólo lo intuía.- Explicó el reo.- No podía estar seguro hasta que he visto aparecer a Dante. Es su perrillo faldero, por así decirlo. Bueno, mejor dicho, su perro de presa. Lo suelta cuando sabe que hay caza asegurada.

Hermione suspiró con profundidad, muy dolida por la traición a la que había sido sometida y enfadada consigo misma por no haberse dado cuenta de que tenía un topo a su alrededor. Tanta precaución con Alberts y resulta, que todo este tiempo...

Los pensamientos de Hermione se interrumpieron cuando, bruscamente se abrió la puerta. El pánico se vió reflejado en los ojos de la joven cuando descubrió que por ella entraban los Lestrange. Eso sólo podía significar una cosa.

-Habéis tardado.- Comentó Lass con humor.- ¿Se os resistió el pelirrojo?

-Viene con nosotros, y no, no se resistió.- Repuso Rabastan de manera convincente. Con un golpe de varita algo torpe, Rabastan tiró de Ron Weasley hacia el centro de la sala.

El joven pelirrojo estaba ensangrentado y se dolía ostensiblemente de su estómago. Al verle entrar de esta manera, su mujer gritó su nombre. El chico, al oirla, levantó la vista para encontrarla atada a su mejor amigo y a un preso ministerial.

-Hermione.- Susurró el pelirrojo con una impresionante tranquilidad en la voz, dadas las circunstancias.- ¿Estás bien?- Preguntó preocupado por la sangre que salía del labio de la joven. Ella sonrió ligeramente.

-No me puedo quejar.

-¿Y tú, Harry?- Preguntó Ron a la espalda de su amigo.

-¡Genial! ¿No lo notas en mi extensa sonrisa de satisfacción?- Repuso el moreno sarcásticamente.

-¡Basta de tanta estupidez!- Exclamó una voz de mujer desde la puerta. Hermione, a pesar de que ya había deducido anteriormente la identidad de la líder de los Mortífagos, se sorprendió al escuchar la conocida voz de su secretaria dando órdenes a sus captores.- Lass.- Al segundo de pronunciar su nombre, el mortífago se acercó a Ron metiéndole un rodillazo en la entrepierna para rematarle con un puñetazo de nuevo en el estómago.- Estoy harta de tanta cursilada.- Añadió con satisfacción al ver al pelirrojo revolviéndose en el suelo de dolor.

Acto seguido su mirada se posó en su supuesta jefa sonriendo con malicia. Hermione tenía lágrimas en los ojos.

-¿A que no te esperabas que fuera yo?

Hermione la contempló con la misma arrogancia con la que llevaba afrontando toda la emboscada, a pesar de las lágrimas que corrían por su rostro.

No sabía por qué actuaba así, ni mucho menos cómo podía ayudarle esa actitud en momentos como aquellos.

Y es que su cabeza todavía era un cúmulo de preguntas sin respuesta y de confusión.

Maddie, su secretaria, la persona que conocía todos y cada uno de sus movimientos y en la que más había confiado, tras Harry, dentro del ministerio, era la líder de aquel grupo de Mortífagos fanáticos.

-He de admitir- Comenzó a decir Hermione mirando directamente a Maddie. O a Chief. O a como quiera que se llamara.- que me pillaste con eso de infiltrarte tú misma. No es para nada ortodoxo.- Añadió en tono conversacional. Como quien hablaba del tiempo.

Harry la miraba como podía, con la cabeza medio torcida y cara de inmenso asombro. No sabía que pretendía su amiga.

Parecía actuar de manera totalmente errática y fuera de toda lógica. No era propio de Hermione.

Para ser sinceros, Harry tenía miedo. Estaba preparado para actuar, por supuesto, pues ese era su trabajo, pero necesitaba saber que Hermione estaba con él y no librando una batalla verbal con su secretaria. Necesitaba a su amiga. Necesitaba a esa persona analítica con él. No a la adolescente rebelde que parecía tener a su lado.

Girando su cabeza en sentido contrario, Harry pudo observar como Ron se recuperaba lentamente de los golpes y se levanta del suelo. Sin embargo, el moreno también pudo observar algo raro en la forma de moverse de su amigo. Como si algo le molestara o le impidiera el paso. Pero eso no era posible, pensaba Harry, dado que el mortífago más cercano estaba a algo más de un metro de distancia del pelirrojo.

Los ojos de Harry conectaron durante una fracción de segundo con los de su cuñado y éste le devolvió la mirada con un imperceptible asentimiento. Con esto, el corazón de Harry dio un vuelco.

¿Podría ser que tuvieran la situación ligeramente controlada?

-...Pero no quiero aburrirte con los detalles.- Decía Chief con un aire triunfal en la cara.- Ha llegado el momento de mi venganza.

Con un chasquido de los dedos, Chief llamó a Phillip Dante a quien dijo unas palabras en voz baja. Asintiendo, Dante se alejó de ella y se dirigió hacia donde se encontraba Ron, levantó su enorme puño y lo impactó con fuerza sobre la nariz del pelirrojo. El aullido de dolor del menor de los Weasley dejó muy poco a la imaginación. Le había roto el tabique.

Harry luchaba cada vez más enérgicamente contra las cuerdas que lo atenazaban mientras oía los mínimos sollozos de Hermione que derramaban lágrimas de manera inexorable.

Dante alzó de nuevo el puño para golpear con fuerza extravagante la parte trasera del cráneo de Ron, quien, con los golpes cayó al suelo como si fuera un fardo de patatas.

El pelirrojo no emitió sonido de queja alguno al derrumbarse, porque su boca se había llenado de sangre con el golpe. La que había chillado, había sido Hermione, incapaz de contener su miedo.

Lass y el resto de mortífagos contemplaban sonrientes la paliza que le estaba propinando Dante al traidor pelirrojo.

Con cada golpe, se reproducía un nuevo grito desesperado y de angustia de Hermione, que veía impotente la escena.

De pronto, Chief alzó su mano y Dante se detuvo en el medio de una última patada al frágil costado del pelirrojo, quien parecía estar al límite de la consciencia. Movía ligeramente los brazos y las piernas, luchando por ponerse boca arriba.

Durante todo ese periodo de tiempo, Mosley mantuvo la cabeza gacha, incapaz de mirar en ninguna dirección en concreto. Por su parte, Harry, muy irritado por toda aquella situación se concentraba en redirigir su ira hacia la empresa de desatar sus manos, cosa que tenía casi a punto. Sólo necesitaba unos segundos más.

-Ron, cariño, no te muevas.- Susurró la angustiada voz de Hermione, rota por las lágrimas desatadas al ver luchar a su marido por colocarse mirando al techo.- No te pongas boca arriba, Ron. Te podrías ahogar.- El comentario de Hermione provocó las risas y birlas de la sala llena de mortífagos.

-Hazle caso a tu mujer, Ronnie.

-Nos queremos divertir más contigo, Weasley, no te nos mueras antes de tiempo.

Los comentarios eran lo que uno se podía esperar de los mortífagos. Hirientes y burlones. A pesar de todo, Ron parecía haber escuchado a Hermione y se mantuvo en sus sitio, quieto.

Vale, ya está, pensaba Harry. Se había conseguido liberar. Con un subidón de adrenalina que no sentía desde hacía muchísimo tiempo, Harry ojeó la situación de la sala localizando a todos los mortífagos, que no eran pocos. Por último, antes de atacar, decidió tocar ligeramente y sin llamar la atención, la mano de su amiga. Casi al instante la notó tensarse y devolverle el toque, dándose por enterada de la situación.

Lo que ocurrió a continuación, les sorprendió a los dos.

Ginny estaba al borde de la desesperación. ¿De qué iba todo aquello?

Se había tenido que contener al ver cómo golpeaban a su hermano a sangre fría y sin dar ningún tipo de explicaciones. Lenta, pero continuamente veía como, además iba perdiendo el control sobre los Lestrange, quienes se comenzaban a resistir con fuerza a la maldición.

Intentando mantener la cabeza fría, Ginny susurró unos hechizos que mantuvieran el nivel de alerta en su hermano, así como un hechizo para aumentar la velocidad de cicatrización y evitar así que perdiera más sangre de la que ya estaba perdiendo.

Se culpaba del estado en el que se encontraba su hermnao, por lo que su mente trabajaba a toda velocidad para intentar encontrar la forma de salir de allí con su marido, su hermano y su cuñada intactos.

-...Te podrías ahogar.- Escuchó Ginny decir a Hermione. Con gesto descompuesto, la pelirroja miró la cara de su amiga que pudo comprobar que estaban prácticamente en un callejón sin salida. No había nada en el rostro de la castaña que pudiera indicar que tuviese alguna idea para salir de allí. Mientras se lamentaba por ese hecho, sus ojos captaron el movimiento de la espalda de su marido y comprobó cómo éste había conseguido liberarse de sus ataduras.

"Ya era hora, cielo"- Pensó para sí la joven Weasley agarrando con fuerza su varita.- "Hora de divertirse.

Chief miraba con asombro y alegría lo bien que marchaba el plan. Lo había considerado perdido cuando no aparecían los Lestrange.

Con una pequeña mirada alrededor pudo observar a todos sus mortífagos riéndose a carcajadas del matrimonio Weasley mientras Dante pegaba la paliza al pelirrojo. Lass parecía especialmente excitado con esta muestra de violencia.

Granger estaba contra las cuerdas, lo que significaba que Potter también lo estaba. Sin Granger, Potter no era nadie, sólo un niño con suerte. Ese había sido el plan, anularla. Y se estaba cumpliendo.

Por fin se vengarían. Vengarían la muerte del Señor Tenebroso. Por fin. Tras tantos años de preparación, Potter y Granger estaban por fin fuera de camino. Podrían cumplir el objetivo de su mentor y dominar el mundo mágico.

Pronto todo estaría bien.

Y, entonces, la cara de Hermione cambió.

Como dinamitados y en completa compenetración y sincronía, Harry y Ginny atacaron a la vez. Harry lanzó un Desmaius contra el mortífago de aspecto de armario empotrado y se dispuso a soltar a Mosley y a Hermione. Mientras, Ginny había lanzado a los Lestrange a luchar contra sus amigos sin saber exactamente cuánto tiempo actuarían bajo sus órdenes., pero la verdad es que lo único que le interesaba en aquellos instantes era ganar algo de tiempo. A continuación, la pelirroja se quitó de encima la capa de invisibilidad y levantó, no sin dificultad a Ron, quien casi sin fuerzas pero con mucha rabia, lanzaba maldiciones a diestro y siniestro, allá por donde veía algún mortífago.

Ginny lanzó varios moco-murciélagos mientras dirigía a su hermano hacia el lugar en el que, con una rapidez extrema, Hermione y Harry habían levantado una especie de barricada con la mesa de interrogatorio y varias sillas.

-¿Qué haces aquí?- Oyó Ginny decir de manera angustiada a su marido mientras Ron le aseguraba débilmente que se encontraba bien.

-Yo también me alegro de verte cielo.- Respondió sarcásticamente la joven mientras observaba como Mosley conseguía la varita de un mortífago caído. Señalandole con la cabeza se volvió a dirigir a su marido.- Amigo, supongo.- En ese momento, Dante cayó petrificado ante un hechizo de Mosley. Harry la miró con media sonrisa para añadir:

-Eso parece.

Hermione parecía estar en una nube alta y lejana. Una nube en la que no sentía nada más que la varita en su mano y un deseo de venganza que impregnaba su cerebro sin dejarle pensar en nada más. Había abatido a tres mortífagos sin refugiarse en la barricada levantada cuando vio a Avery que la apuntaba como su varita y al segundo gritar "Avada Kedavra".

Su cerebro no registraba nada más que un haz de luz que se cernía sobre ella con velocidad. Cuando comenzaba a pensar que todo terminaría en décimas de segundo, notó como una mano tiraba de todo su cuerpo hacia debajo de la mesa.

Todo había sido muy rápido, mili-segundos que a ella se le hicieron eternos. La maldición pasó zumbando a escasos milímetros de la cabeza y se estampó contra la pared haciendo en ella un agujero considerable.

Taquicardica, miró hacia la izquierda donde encontró el brazo de Ron agarrando con firmeza su hombro. Se notaba pálida, con un sudor frío recorriéndole la espalda y los ojos abiertos de par en par. Ron la miraba con pánico reflejado claramente en su rostro.

Tras mantenerse la mirada un segundo para comprobar que seguían vivos, Ron sacó fuerzas de flaqueza para salir de la barricada y lanzar un hechizo bombarda. Éste dió de lleno en Avery que cayó fulminado en el suelo, sin vida.

No. No. No. No podía ser. Se repetía Chief una y otra vez. No podía estar pasando todo aquello. Lanzaba maldiciones a diestro y siniestro pero aquello no parecía tener fin. ¡5 personas una de ellas medio muerta contra 30 y les estaban comiendo el terreno! ¿De dónde había salido la maldita pelirroja? Inútiles Lestrange. Lo habían echado todo a perder. Un par de mortífagos más entre los que estaba Gilmore, y Lass. Eso era lo que le quedaba.

Rabiosamente lanzó la maldición asesina contra Rabastan Lestrange que, hechizado como estaba, se vio incapaz de evitarla.

Su lugarteniente, Lass mimetizó la acción de su jefa y se encargó de Rodolphus. Los hermanos yacían ahora juntos en el suelo. Muertos.

Cuatro para cuatro. Pensó Harry mientras miraba el lamentable estado en el que se encontraba Ron. Con él no podían ni debían contar, por muy pesado que se pusiera su amigo. Se encontraba en el límite de la consciencia a punto de desmayarse por la pérdida de sangre.

Se había pausado el ataque por ambas partes para reagruparse y contrastar fuerzas. La sala estaba cubierta de polvo y restos de sangre.

No era una visión agradable. Además, se encontraba medio derruída. Harry no podía evitar pensar en la Batalla de Hogwarts y en las vidas que allí se habían perdido.

Miró el moreno hacia su mujer y descubrió que ella estaba recordando exactamente lo mismo cuando sus ojos se cruzaron.

Agachado como estaba, Harry se acercó a ella para besarle ligeramente en los labios. La pelirroja respondió profundizando el beso.

-Cuando salgamos de esta, te mataré.- Amenazó la pelirroja tras separarse de su marido mientras aún le mantenía agarrado por el cuello. Harry pasó su mano por la mejilla de su mujer mientras sonreía con suavidad.

-Acabemos con esto, entonces.- Le susurró Harry. Ginny asintió dándole otro beso antes de separarse de él.

El matrimonio miró hacia la localización de Hermione y Ron pudiendo observar como la castaña trataba de adecentar las profusas heridas que presentaba su marido por todo el cuerpo. Ninguno de los dos decía nada. Ron sólo la miraba, mientras comprendía la preocupación que acarreaba su esposa.

Mosley, por su parte se mantenía ocupado con la varita levantada escudriñando a través de la improvisada barricada hacia la zona donde se encontraban parapetados los mortífagos. Podía observar sus sombras. No eran muchos. Pero tampoco es que ellos anduvieran sobrados de fuerzas.

Mirando hacia el suelo observó los cuerpos de mortífagos, muertos o petrificados. No sabía si por fuego amigo o consecuencia de los derrumbamientos . Mosley sacudió la cabeza con resignación. No podría salir a todos de allí con vida. Necesitaban un plan.

-Letrada.- Dijo Mosley con voz pastosa debido al polvo.

Sus cuatro compañeros de fatigas le miraron dándose cuenta de que Mosley estaba con ellos por primera vez desde hacía muchos minutos. Mosley no se molestó por ello. Le resultaba lógico.

-Debemos acabar con esto de una vez.- No había terminado de decir esas palabras cuando pudo ver como sus cuatro interlocutores sostenían sus varitas en alto.- Eh...-Susurró Mosley mirando de manera extraña a Ron.- No sé si sería conveniente que él se moviera mucho.- Hermione, Harry y Ginny miraron hacia el destartalado Ron, que les devolvió la vista de manera desafiante.

-Sí, bueno.- Repuso Ginny girándose hacia su interlocutor.- Tienes toda la razón, pero se lo explicas tú, ¿vale?

Harry rió ligeramente ante el comentario de su mujer mientras Ginny cambiaba de tema y ella y Harry comenzaban a hablar con Mosley sobre qué hacer.

Hermione, por su parte, se acercó hacia su maltrecho marido. Posando su mano en la hinchada mejilla del joven, la castaña le miró con intensidad.

-Ten cuidado.- Le susurró. Ron sonrió mientras se apretaba algo más contra la mano de su mujer.

-Tú también.- Sin más, Hermione se le acercó para darle un ligero beso en los labios.

-Chicos, dejad los arrumacos y escuchad.- La vos de Harry les despertó ligeramente debido a la urgencia con la que les requerían.- Adrien tiene un plan, pero no sé si os va a gustar.- Comentó Harry cuando el matrimonio se separó. Hermione miró a Mosley. Este tenía una expresión decidida en la cara.

-Bien, ahí están Gilmore, Lass, Hoovers y...¿Esa es Maddie?- Relataba Kingsley sorprendido mirando hacia Alberts.

-Deben de haberla capturado como rehén.- Razonó Alberts mirando hacia el suelo de la sala.- Potter y Granger son buenos, hay como una veintena de mortífagos knockeados.- Kingsley asintió, ahorrándose el comentario de que la palabra knockeado tenía una connotación demasiado vital para lo muertos que muchos de ellos estaban.

-Atento, Alberts.- El rubio sacó su varita y apuntó al cristal, dispuesto a reventarlo.- Intenta no dañar a Maddie dentro de lo posible y ponla a salvo rápidamente. Tres. Dos. Uno...

Aún mientras se organizaban para atacar, Maddie oyó un grito procedente del otro lado de la sala. Alerta, Hoovers, Gilmore, Lass y ella salieron para ver a Mosley correr hacia ellos lanzando maldiciones apoyado por los Potter y Granger.

Raudos, sus mortífagos y ella comenzaron a lanzar maldiciones a diestro y siniestro. Con un grito de triunfo vio que la maldición alcanzaba, al fin, a Mosley, que caía al suelo con estrépito.

Un segundo más tarde, el cristal que tenía a la espalda, estalló en mil pedazos.

A partir de ahí todo estalló en un caos. Granger y Potter habían salido de la barricada lanzando hechizos que dieron a Hoovers y Lass, noqueándolos. Chief vio también como el compañero de Potter, Alberts conseguía desarmar y petrificar a Gilmore que cayó al suelo como una estatua de sal.

Ella simplemente fue depositada en el lateral de la sala, alejada de la lucha. El imbécil de Shacklebott.

-¡Kingsley!- Oyó a su supuesta jefa gritar.- ¡Ella es Chief!- Actuando con presteza e instinto, Maddie agarró por el cuello a Kingsley poniéndole la varita de manera amenazadora también en el cuello.

Poco le importaba nada ya. Todo se había ido al garete.

-¡Todos quietos!- Exclamó mientras retenía como rehén al Ministro de Magia.

Kingsley notaba la varita de Chief pegada contra su cuello con una fuerza inusitada. Se sentía a sí mismo con los brazos a ambos lados del cuerpo, extendidos con las manos en la misma posición.

Se la había tragado, lo reconocía. El Minsitro miró con ojos desorbitados a sus dos aurores ya a Hermione. Incluso desde aquella distancia, Kingsley podía escuchar los engranajes del cererbo de la castaña sonar, buscando, a la desesperada, una manera de liberarlo. Chief también se dio cuenta y clavó aún más la varita en su cuello.

-Ah, ah, ah.- Oyó como decía su captora.- Atrás, Granger. Ni un paso en falso.

A pesar del intento de Kingsley de para que Hermione hiciera caso omiso a la amenaza de la mujer, ésta la miró fijamente.- Quiero que los tres dejéis las varitas en el suelo a la voz de ya.- Susurró Chief mientras se giraba, siempre enfrentando a los funcionarios y se dirigía hacia la puerta, sin percatarse de que estaba quedando de espaldas a la trinchera en la que apenas cinco minutos antes se encontraban sus enemigos.

Hermione miraba atónita aquella situación, sin saber muy bien qué hacer. No podía permitir que le pasara nada a Kingsley, ya no por ser el Ministro, si no por ser su amigo.

Miró a su derecha para encontrar a Harry y a Alberts en la misma situación que la suya. Y además, con sinceridad, los tres estaban agotados.

Mirando hacia Kingsley y Chief, Hermione vio cierto reflejo rojo por encima de la mesa que les había servido como barricada escasos momentos antes.

-Ahora me voy a ir de aquí tranquilamente y por la puerta principal.- Escuchó la castaña que decía calmadamente Chief

-No te creas.- Gritó una voz salida desde la barricada.

Sin tiempo para reaccionar, Ron saltó desde detrás de la mesa, cayendo encima de Chief, quien tuvo que soltar tanto a Kingsley como a la varita, que se perdió varios centímetros lejos de su alcance.

Tras varios segundos de forcejeo, por el control de la varita de Ron, éste mantuvo en su mano bien aprisionada su preciada arma, consiguiendo lanzar un desmaius a su enemiga.

Y todo quedó en silencio durante unos minutos.

Harry, Kingsley, Alberts y Hermione miraban a Ron con asombro. Hacía dos minutos que su mujer y su cuñado le habían visto al borde de la inconsciencia, ya hora, el pelirrojo era el responsable de haber derrotado a la líder de los Mortífagos.

Kingsley y Alberts, por su parte, se sorprendieron por el tan lamentable aspecto que presentaba el hijo menor de Arthur y Molly Weasley, aún de pie y apuntando inmisericorde hacia el cuerpo inmóvil de Chief.

Todos permanecieron en silencio observándose hasta que la cabeza de Ginny apareció por debajo de la mesa.

-Bonito clímax.- Comentó. Todas las cabezas se giraron hacia ella, que salía caminando hacia donde se encontraba su hermano.- En serio, me ha encantado. Pero, y esto lo digo desde la ignorancia, ¿no sería mejor atarlos? Más que nada por si no queréis que se escapen.- Terminó Ginny con media sonrisa observando a los presentes.

AN: Y segundo capítulo que os dejo hoy como compensación a tantos meses. Anoche, aquí en España eran las 2:00 am cuando posteé el capítulo anterior y la nota explicativa me salió, cuanto menos, como un bostezo del sueño que arrastraba xD.

De nuevo pedir perdón por el retraso a la gente que me ha leído y esperado actualización. He estado tremendamente ocupada y por fin las cosas me han ido cuadrando medianamente. Lo suficiente como para poder presentaros dos capítulos en poco tiempo.

Hablando de la historia, éste es uno de los últimos capítulos. Como veis, todo se está cerrando y nos queda llegar al gran final, mucho más tranquilo y pausado.

Me gustaría que me diérais algo de Feedback referente al modo de llevar la escena de la pelea. No sé si logré transmitir la tensión necesaria.

Muchas gracias por leerme.

Racg22