Hola! Bueno, espero que hasta ahorita les vaya gustando mi historia :) Todavía tengo muchas ideas asi que creo que irá para largo! Gracias por sus reviews

A la mañana siguiente Elizabeth abrió los ojos lentamente y lo primero que vio fue a Julia ya despierta, mirándola con una sonrisa en el rostro mientras acariciaba su espalda muy suavemente, "Eres hermosa Liz", le dijo en voz baja y ella sintió como se sonrojaba. Elizabeth se acercó un poco más a ella y cerrando sus ojos la besó, acariciando su mejilla y jugando con su corto cabello. Pasados varios minutos las dos se separaron y después de mirarse por unos segundos se levantaron y cada quien empezó a vestirse, las dos perdidas en sus pensamientos. Bajaron juntas a desayunar tomadas de la mano y al llegar al comedor se encontraron a toda la familia ya sentada a la mesa, esperándolas para poder empezar a comer sus desayunos.

"Buenos días" dijeron las dos al mismo tiempo y fueron a sentarse en las dos sillas que quedaban vacías, moviéndolas un poco para que quedaran más juntas. Julia tomó el plato de Elizabeth y le sirvió huevos con tocino, sintiéndose muy rara ya que las dos se habían convertido en el centro de atención, la doctora puso el plato lleno enfrente de la Sra. Collins y ella le dijo al oído: "Gracias amor", lo que provocó que Carolyn se levantara de la mesa y pateara la silla. Julia se cubrió la cara con las manos y Elizabeth se levantó para ir hacia donde estaba su hija, para intentar calmarla puso su mano sobre el hombro de Carolyn pero ella la apartó de un empujón, mirándola con los ojos llenos de lágrimas. "Amor, mamá? Ahora le dices así a la psiquiatra?", Elizabeth intentó abrazarla pero la niña la empujó contra la mesa, logrando que perdiera el equilibrio y cayera al piso. Julia se levantó de inmediato y corrió hacia donde estaba su novia, se arrodilló a su lado y acarició su mejilla suavemente, sin voltear a ver a Carolyn. "Estás bien Liz?" le preguntó Julia y cuando ella asintió la doctora la ayudó a levantarse.

La niña esperó a que Julia se alejara de su madre y volviera a su lugar en la mesa para volver a hablar, "Por qué lo hiciste? Después de lo que te hizo mi papá, vas a volver a permitir que alguien te lastime?". Elizabeth negó con la cabeza y mirando a su hija se limpió las lágrimas antes de decirle en voz baja, "Ella no hará lo mismo que hizo tu padre, ella si me ama". Las dos se miraron por largo rato y cuando Carolyn salió del comedor llorando Elizabeth intentó seguirla, pero Julia se levantó rápidamente y la detuvo, abrazándola por la cintura. "Déjala sola por un rato amor, que se calme antes de que hables con ella de nuevo". La Sra. Collins se dio la vuelta para mirarla y sin decirle nada la abrazó fuertemente, su cuerpo temblando a causa de los sollozos, Julia acarició su cabello y sin hacerle caso al hambre que sentía la levantó del piso y la llevó a su habitación, caminando con cierta dificultad ya que Elizabeth era un poco más alta que ella.

Después de cerrar la puerta con el pie la cargó hacia su cama y la sentó en ella, Elizabeth la miró y tomándola de la mano hizo que se sentara junto a ella. Julia limpió sus lágrimas con un pañuelo limpio y Elizabeth le sonrió antes de decirle, "Tengo razón, verdad Jules?", la doctora la miró sin entender de qué estaba hablando y recargando su cabeza en el pecho de su novia la Sra. Collins volvió a hablar, "Me vas a dejar sola? Como lo hizo mi esposo cuando Carolyn era una niña?". Julia la acercó un poco más a su cuerpo y negando con la cabeza le respondió en voz baja: "Nunca me voy a ir Liz, te amo demasiado. Y por la niña no te preocupes, cuando vea que por fin alguien te hace feliz lo aceptará". Elizabeth sonrió y se acurrucó contra el pecho de Julia, escuchando el latido de su corazón y quedándose profundamente dormida entre sus brazos, las dos aún sentadas en la orilla de la cama.

Eran las 6 de la tarde y Julia estaba sentada de nuevo en su consultorio, viendo hacia la fábrica desde su ventana e imaginándose a su novia administrando los barcos y atendiendo a inversionistas. Pensó en ir a buscar a Carolyn para intentar razonar con ella, pero cuando ya llevaba medio camino recorrido hacia la puerta lo pensó mejor y regresó a sentarse en el alféizar de la ventana, pensando que lo mejor sería dejar que Elizabeth arreglara sola las cosas con su hija. Sus pensamientos viajaron hacia la conversación que había tenido con Liz en la mañana, después del pleito en el comedor. Aún no podía creer que alguien hubiera sido capaz de dejar a su Elizabeth sola con una hija, pero después de darle vueltas al asunto por varios minutos llegó a la conclusión de que tal vez aquel hombre le había hecho un favor, al fin y al cabo ellas estaban juntas y eso era lo que importaba. Tan perdida se encontraba en sus propios pensamientos que no escuchó cuando Barnabas abría la puerta del consultorio y caminaba hacia ella, así que cuando el vampiro puso se mano en su hombro ella brincó del susto y volteó a verlo muy enojada, "Qué pretendes Barnabas? Matarme de un susto?". Barnabas intentó no reír ante la expresión de enfado de Julia y sin pensarlo dos veces se sentó a su lado, mirándola a ella. "Perdóneme por favor doctora Hoffman, no fue mi intención asustarla. Lo único que quería era hablar con usted acerca de su relación con la Sra. Elizabeth, me tiene un poco confundido". Julia lo miró con la boca abierta y pasados varios segundos volvió a mirar por la ventana, "Qué es lo que te tiene confundido Barnabas? Lo único que ocurre aquí es que Liz y yo llevamos mucho tiempo solas y las dos necesitamos a alguien a quien amar. Y para que quede dicho no pienso dejarla sola, nunca…" El vampiro se levantó y empezó a caminar en círculos por el consultorio, "Y qué pasaría si alguien más te dijera que te ama? Que lo ha hecho desde el momento en que te vio?". Julia encendió uno de sus cigarros y después de soltar el humo poco a poco le respondió: "Pues le diría que lo siento mucho, pero que yo ya le pertenezco a alguien más. De qué hablas Barnabas? Nunca pensé tener este tipo de conversación contigo". El vampiro la miró una última vez y después de despedirse con un movimiento de cabeza salió a toda prisa de la habitación, dejando a Julia muy confundida y con un dolor de cabeza terrible.

Pasaron las horas y Elizabeth regresó a la casa, esperando que Julia no la viera para así poder preparar la sorpresa que tenía planeada para su novia. Al doblar una esquina chocó contra Willie y después de disculparse le dijo en voz baja: "Podrías pedirle a la doctora Hoffman que dentro de diez minutos vaya a su baño? Le tengo una sorpresa", el sirviente asintió con la cabeza, muy confundido y Elizabeth casi corrió hacia el baño de Julia. Una vez adentro cerró la puerta y dejó correr el agua dentro de la tina, rápidamente se quitó toda la ropa y de una bolsa de plástico sacó un bote lleno de fresas, una bolsa de bombones y un recipiente con chocolate derretido. Los colocó en una mesita junto a la tina y después de revisar que todo se viera bien, se metió en la tina y se sentó, poniéndose lo más cómoda posible.

Julia esperó a que pasaran los diez minutos que le había indicado Willie y una vez hubo transcurrido el tiempo abandonó su consultorio y caminó más rápido de lo normal a su habitación. Abrió la puerta solo lo suficiente para pasar por ella y buscó a Elizabeth con la mirada, pero al no encontrarla recordó que Willie le había mencionado el baño, así que se dirigió hacia allí y se detuvo delante de la puerta para respirar profundamente, solo se entretuvo unos segundos y levantando su mano abrió la puerta. Lo primero que vio al entrar al baño fue a su novia sentada dentro de la tina, una de sus piernas acariciando el borde. Su corazón se aceleró y casi ni les puso atención a los platos de comida que había sobre la mesa. Elizabeth sonrió al ver el efecto que había causado sobre Julia y sonriendo seductoramente le hizo una seña para que se acercara, "No olvides quitarte la ropa mi amor", le dijo en voz baja y la doctora rápidamente se quitó su bata de laboratorio y su vestido verde, quedando únicamente en su ropa interior. Elizabeth se mordió el labio inferior y sus ojos recorrieron el cuerpo de su novia, ansiosos por ver ese cuerpo que la volvía loca. Finalmente Julia decidió darle lo que quería y muy lentamente se quitó su brassiere, sonriendo al escuchar el sexy gruñido que salía de la boca de la Sra. Collins. Con la misma lentitud bajó sus pantaletas y al quitárselas las hizo girar en su mano mientras su novia se ponía cada vez más impaciente. Con un movimiento de muñeca las aventó hasta el otro lado del baño y caminando rápidamente se metió en la tina y Elizabeth abrió sus piernas para que Julia pudiera sentarse entre ellas.

La doctora se sentó en la tina y acercándose lo más posible a su novia, recargó su espalda en el pecho de Elizabeth y ladeó su cabeza para poder besar su mejilla, mientras ella gemía y rodeaba la cintura de la doctora con sus brazos. Julia la mordió suavemente y Elizabeth estiró su brazo para tomar una fresa bañada en chocolate, la acercó a la boca de su novia y la doctora se la comió, masticándola lentamente sin quitarle los ojos de encima a Elizabeth. Las dos sonrieron y Julia se estiró para alcanzar el plato de bombones, tomó uno entre sus dedos y se lo dio a Elizabeth, quien abrió la boca y lo mordió por la mitad. La doctora se fijó en que la punta de uno de sus dedos había quedado cubierta de chocolate, así que lo acercó a la boca de la Sra. Collins y ella lamió el chocolate que había quedado.

Elizabeth tomó otra fresa y la puso en uno de sus pechos, Julia rió para sí misma y dándose la vuelta se arrodilló entre sus piernas, la miró a los ojos y se inclinó hacia adelante para tomar la fresa entre sus dientes, sin masticarla se acercó a la boca de su novia y las dos mordieron la fresa al mismo tiempo mientras Julia sonreía y acariciaba las caderas de Elizabeth. Así se quedaron por largo rato, ofreciéndose fresas y bombones la una a la otra y colocándolos en lugares cada vez más atrevidos, hasta que Elizabeth terminó sumergiéndose en el agua para poder alcanzar la última de las fresas, la cual Julia había colocado estratégicamente entre sus piernas.

Las dos salieron de la tina y se envolvieron en la misma toalla, la cual era lo suficientemente grande para cubrirlas a las dos. Sin vestirse se metieron a la cama y antes de que ninguna de las dos pudiera decir nada se quedaron dormidas, fuertemente abrazadas la una a la otra.