Aquí les tengo el siguiente capitulo :) este es un poco más corto pero creo que el final está interesante. Gracias por sus reviews!

Charlotte y Barnabas se encontraban en la habitación del vampiro, los dos sentados en la cama sin decirse nada. Él sabía que la cena no había servido para nada, a pesar de que la sobrina de la doctora confiaba plenamente en esa idea. "Ya verás como la conquistas en seguida Barnabas, estoy segura de que la tal "Elizabeth" nunca hizo algo así por ella." le había dicho Charlotte, pero por donde fuera que le buscara, él seguía completamente seguro de que Julia nunca se iba a fijar en él. Por otro lado Barnabas ya no estaba seguro de si quería seguir buscando a la doctora, ya que estaba un poco preocupado por la reacción que tendría Elizabeth al enterarse de todo lo que él había hecho con su novia, al fin y al cabo eran familia y no quería arriesgarse a perderla.

Por otro lado Charlotte estaba furiosa con su tía y con ella misma, ya que su idea de la cena no había funcionado. La niña no podía soportar la idea de que Julia tuviera a alguien más importante en su vida que no fuera ella, y lo que más la enojaba era que esa persona fuera una mujer. Podía soportar a Barnabas, pero la terca de su tía seguía pasando los días abrazada a la almohada de su "novia", como la llamaba ella. Tenía mucho otros planes para hacer que Julia prefiriera a Barnabas sobre Elizabeth, pero lo que la tenía un poco preocupada era que ya habían pasado casi dos meses desde la partida de la Sra. Collins, y era probable que en cualquier momento regresara.

Julia ya llevaba dos meses sin saber nada de Elizabeth y la idea de salir a buscarla cada vez le resultaba más tentadora. Sabía que habría sido una imprudencia ya que además de que nunca había aprendido a manejar bien difícilmente pasaba más de unas cuantas horas sobria. Hacía varios días que la almohada que le servía para poder dormir bien había quedado abandonada en un rincón al perder el olor de su novia y por lo mismo Julia llevaba mucho tiempo sin poder conciliar el sueño. Las noches las pasaba leyendo o viendo al pueblo desde su ventana, intentando imaginar que Elizabeth solo se había ido a trabajar a la fábrica y que en cualquier momento volvería para estar con ella.

Esa noche Julia se encontraba sentada en su cama, prácticamente devorando una bolsa de papas a la francesa sumergidas en helado de chocolate cuando Charlotte tocó a la puerta y sin esperar respuesta entró a su habitación. Su sonrisa se borró de golpe al ver lo que estaba comiendo su tía y con una mueca de asco se acercó a ella, caminando lentamente como si temiera que en cualquier momento le fuera a ofrecer una. "Julia… Qué es eso?" preguntó la niña sin quitar su mueca de asco y la doctora volteó a verla con la boca llena de papas, después de tragar como pudo le respondió: "Bueno, y a ti que te parece? Pues papas con helado de chocolate. Se me antojaron." Charlotte se sentó junto a ella y mirando al interior de la bolsa le dijo a su tía, "Ugh! Cómo puedes estar comiendo eso?" Julia se levantó de la cama y sosteniendo su bolsa de papas a la francesa empezó a gritarle a su sobrina, "Y a ti que te interesa lo que yo coma o deje de comer? Es mi cuerpo menopáusico y yo decido qué hacer con él!" Charlotte dio dos pasos hacia atrás y mirando al suelo le respondió con voz triste, "No sé qué te pasa tía, no se te puede decir nada sin que armes una escenita. Mejor me voy, no vaya a ser que me corras de la casa" y sin decirle nada más la niña la dejó sola una vez más. La doctora volvió a sentarse en su cama y siguió comiendo sus papas, sin sentirse para nada culpable por lo que acababa de ocurrir. En esos momentos no le interesaba nada que no fuera lo triste de su situación, "Sola y vieja" pensó con tristeza y dejando a un lado su comida fue hacia el armario en el que guardaba sus botellas de alcohol. Después de coger la primera que encontró volvió a sentarse sobre la cama y abriéndola se dispuso a terminársela ese mismo día.

Elizabeth llevaba dos meses viviendo en un hotel a las afueras de Collinsport, y no había pasado ni un solo día en el que no pensara y llorara por su novia. La extrañaba, como nunca antes había extrañado a una persona, pero al mismo tiempo no quería volver y arruinar su felicidad con Barnabas. Para ella no había sido nada fácil dejarla sola, sobre todo porque sabía que al irse la había perdido para siempre, ya que su querido familiar solo estaba esperando que ella se alejara para quedarse con Julia. Ni siquiera sabía si podía seguir pensando en ella como su novia, pero le gustaba hacerlo, no sabía por qué pero no pensaba dejar de hacerlo nunca, ya que tal vez, por algún extraño milagro, Julia lo seguía siendo. Había pensado en llamar a Carolyn para preguntarle cómo se encontraba la doctora, pero cuando ya casi había terminado de marcar el número de su casa se arrepintió y colgó el teléfono. Estaba mejor así, sin saber nada. No quería enterarse de cosas que únicamente la iban a lastimar, era mejor no sentir ya nada y quedarse sola, como siempre había estado destinada a estar.

Era la hora de la cena en la mansión de los Collins y como de costumbre Julia bajó después que todos, tambaleándose mientras caminaba hacia su lugar en la mesa, el cuál era el más apartado de todos. Como pudo se sirvió su cena y se dispuso a comer en silencio, esperando que nadie la molestara esta vez, aunque no tenía muchas esperanzas de que eso sucediera. Barnabas entró al comedor y para sorpresa y desagrado de Julia acercó su silla hacia la de ella, quedando las dos juntas. El vampiro se sentó y mirándola empezó a servirse su cena, con una ligera sonrisa en los labios. La doctora perdió toda la paciencia que le quedaba y volviéndose para mirarlo la dijo a gritos, "Barnabas, deja de mirarme por favor! Me haces sentir muy incómoda." Todos en la mesa se quedaron congelados ante la reacción de Julia y Roger la regañó, "Doctora Hoffman! Recuerde que Barnabas es un Collins! Usted no tiene el permiso ni la autoridad para hablarle así! Ahora, si fuera tan amable, me gustaría que se disculpara con él." Ella lo miró furiosa y avergonzada, sintiendo como sus mejillas iban cambiando del color blanco pálido a un rojo intenso. Intentó no llorar y sin mirar a nadie dijo en voz muy baja: "Lo siento Barnabas". Roger no quedó satisfecho y levantándose de su silla la miró con odio, "Que te podamos escuchar todos! Ya va siendo hora de que aprendas a respetar las reglas de esta casa!". Julia pensó en levantarse y largarse de ahí, pero sabía que eso solo haría enojar más a Roger, lo cual podía resultar muy peligroso, así que volvió a decir, casi gritando: "Los siento Barnabas!" El vampiro negó con la cabeza y tomando su mano intentó consolarla, "Esto no es necesario Julia, fue mi culpa." Julia le sonrió y se levantó de la silla, pero Roger la tomó del brazo y la hizo volver a sentarse, mientras la miraba a los ojos. "Yo creo que ya va siendo hora de que recojas tus cosas y salgas de esta casa, no crees? Me parece que David estaría mucho mejor si le encontráramos otra psiquiatra, y yo creo que toda la familia agradecería que fuera una psiquiatra que no estuviera enamorada de mi hermana, ese tipo de relaciones no se aceptan aquí."

Julia lo miró muy asustada y negó con la cabeza, mientras empezaba a llorar, algo que nunca había hecho frente al hermano de Elizabeth. "No Roger, por favor. No tengo a donde ir, por favor! Elizabeth nunca lo habría hecho, piensa en eso." Carolyn se levantó de la mesa y salió corriendo del comedor, mientras Barnabas hacía que Roger soltara el brazo de Julia y volviera a su lugar en la mesa. Después se arrodilló al lado de Julia y le ofreció un vaso de agua, pero ella no lo aceptó y en vez de eso le dio un último trago a la botella que tenía escondida bajo la mesa. La doctora empezó a llorar, ya no podía aguantar ni un segundo más sin Elizabeth, así que sin decirle nada a nadie se levantó y como pudo caminó hasta el recibidor, sosteniéndose de cuanto mueble encontraba para evitar caer el piso. Cuando llegó a la puerta principal la abrió e ignorando a Barnabas, quien la llamaba desde el comedor, se subió al primer coche que encontró e intentando no chocar con nada salió la casa para ir a buscar a su novia.

Al abandonar el camino de tierra que llevaba hasta Collinwood, Julia empezó a acelerar cada vez más y más, mientras se alejaba de la casa por la carretera llena de curvas. No le iba prestando atención al camino, lo único que quería era llegar lo más pronto posible a donde fuera que Elizabeth estuviera. Estuvo a punto de perder el control del coche una vez, pero logró enderezarlo justo a tiempo para evitar caer al barranco. "No habría sido mala idea", pensó Julia y rió para sí misma. Pronto empezó a llover y la carretera se volvió resbalosa, pero a la doctora no le importó y aceleró un poco más, hasta que volvió a perder el control del coche. Esta vez no pudo hacer nada y después de dar varias vueltas se volteó y rodó varias veces por la carretera, hasta quedar con las llantas hacia arriba.

Julia intentó moverse, pero sus piernas estaban atrapadas por el volante. Sentía un fuerte dolor en el vientre y a pesar de que intentó mantenerse despierta, poco a poco sus ojos se fueron cerrando, hasta que por fin dejó de luchar y permitió que el sueño se la llevara, no sin antes pensar en lo bonito que habría sido poder ver a Elizabeth una última vez, antes de abandonar el mundo para siempre.