Hallo! He llegado con el siguiente capítulo a pesar que no se cumplió mi demanda... solo 2 reviews pidiéndome el siguiente capítulo u.u Aunque uno de ellos vale mil.
Dedicatoria: Este capítulo se lo dedico a... TAN TAN TAN TAAAAAAAN... HistoryPrincess! Mujer, no sabes lo agradecida que estoy por tu review, vale mil!
Inspiración: Bueno, no me inspiré en nada en especifico, fue una idea que volaba por mi mente. Es algo así como Kaicho wa Maid-sama!Tiene varios parecidos, pero la temática y la historia será completamente diferente.
Disclaime: Hetallia no me pertenece, es de nadie más y de nadie menos que de Himaruya-sensei.
Alfred estaba al volante, manejando de manera salvaje y violenta, pero no era el único, la limosina había desaparecido y frente a él estaba una camioneta muy parecida a la suya. Alfred estaba muy seguro que Arthur era el conductor. Comenzaron a ir por zonas poco concurridas, lejos de la ciudad, lejos de la gente, donde ningún policía los podía seguir.
El terreno era árido, no había luces que iluminaran su camino, solo la luna llena y las pocas estrellas que se veían eran su luz opaca. Entonces el camino terminó y Arthur tuvo que parar frente a una señal de peligro que decidió no ignorar a pesar de ser perseguido por el americano. Alfred vio como paraba y luego vio una silueta salir del carro. Paró el también y bajó a perseguirla.
Ese chico que en el colegio parecía débil e indefenso ahora corría a una velocidad que casi lo superaba, casi. Lo alcanzó y agarró uno de sus brazos, provocando que se cayeran, Alfred encima de Arthur. Este intentó zafarse, mas el oji azul agarró sus muñecas y las posó sobre su cabeza, apoyándose en ellas para que no intente escapar. En los ojos de Arthur se podían ver lágrimas de frustración y miedo. ¿Y si ya no lo quería? ¿Y si se lo contaba a todo el colegio? ¿Y si metía en problemas a sus amigos? Todos los temores que tenía el inglés en su pecho salieron a flote, mas cuando vio los ojos de Alfred, algo le dijo que las cosas saldrían bien. Ese sentimiento se intensificó cuando Alfred lo besó tiernamente, pero con urgencia. La lengua del menor tocaba sus labios, haciéndole cosquillas. Abrió la boca para protestar, mas Alfred tomó la oportunidad y coló su lengua en la boca del contrario, profundizando el beso, el cual fue correspondido por Arthur cuando abrazó al americano por el cuello, juntándose aún más, y confirmó que tenía un pirsin en la lengua.
Estaban cubiertos de polvo y tierra, estaban en el suelo, besándose. Pero como todo ser vivo, ellos demandaban aire, y cuando este se les acabo, tuvieron que separarse. Arthur estaba completamente sonrojado, al igual que Alfred. Se miraron fijamente, buscando respuestas en los ojos del otro.
- Alfred, yo…
- Arthur, hablaremos en el carro.- interrumpió el americano, parándose y ayudando al inglés a hacer lo mismo. Caminaron en silencio hasta la camioneta del rubio de ojos azules, a la cual subieron, sin prenderla, simplemente se sentaron sin saber que decir. Arthur estaba que se moría de nervios, pero sabía que si no decía algo, el problema se agrandaría y vendrían una serie de malentendidos sin pies ni cabeza.
- Escúchame, Alfred, verás, se que sorprende mucho verme así, y todo tiene una razón. Lo que pasa es que…
- Arthur, no necesito que me lo expliques, solo, déjame conocer esta parte de ti que nunca había visto. – interrumpió de nuevo Alfred, mirando a Arthur mientras sujetaba su rostro entre sus manos. Miró sus ojos verdes, que eran los mismos que había visto en el colegio, cuando estaban solos o cuando comían con sus amigos. Era el mismo Arthur, solo era una nueva cara de él, algo que no conocía aún, pero que deseaba poseer.
- ¿No me odias? ¿Por fumar, tomar, por todos estos aretes, por mi ropa, por mi música? – dudó Arthur, nuevas lágrimas amenazaban a salir de sus ojos.
- No, Arthur, no te odio, este sigues siendo tú. Y eso es lo que me importa.
- Que cursi eras Jones
- Y tú eres muy tierno Kirkland.- selló el americano, besando dulcemente al de ojos verdes, mas ese beso se llenó de deseo y terminaron en el amplio asiento de atrás, donde estaban más cómodos.
Alfred comenzó a subir el polo blanco de Arthur y a repartir besos por su torso.
- Alfred, espera, no, para.
- ¿Por qué? – preguntó el americano, haciendo un puchero.
- No quiero hacer esto aquí, idiota. – respondió Arthur, golpeando ligeramente la cabeza del de ojos azules.
- ¿Entonces me dejarás hacerte mío?
- Yo no dije eso imbécil! - gritó Arthur, mientras salía de la camioneta y cerraba la puerta con un fuerte golpe y subía a su carro.
Manejaron a la ciudad por al menos una hora, comprobando lo lejos que habían ido en tan solo 30 minutos, la velocidad había sido brutal. Mas cuando llegaron, esto se hiso presente en las fuerzas del inglés, haciendo que caída inconsciente apenas bajó del carro, demostrando que había luchado para mantenerse despierto mientras manejaba. Habían llegado a la casa de Arthur, siendo recibidos por toda la servidumbre. Cuando Arthur cayó, fue atrapado por Alfred, quien indicó que lo guiaran a la habitación del muchacho. Algo que lo sorprendió bastante era la confianza que tenían los empleados en Arthur, llamándolo por su nombre junto con la palabra "joven", en vez de por su apellido, algo normal en la relación amo-sirviente, mas en esa casa esa relación se había roto. Alfred supuso que era por el hecho de que Arthur vivía solo ahí, necesitaba alguien con quien hablar y confiar, y al no encontrar a unos padres ni unos hermanos que lo atiendan, encontró una nueva familia entre la servidumbre.
Depositaron a Arthur en su gran cama, estaba comenzando a hacer fiebre, por lo que lo atendieron rápidamente.
- Es normal que el joven Arthur haga fiebre, no se preocupe.- dijo una de las sirvientas.
- ¿Por qué?- dudó Alfred, consternado por la naturalidad de la servidumbre a tratar con la fiebre de Arthur.
- Siempre que vive emociones muy fuertes o desconocidas para él pasa eso.- explicó un mayordomo, el cual ponía sobre la cabeza del muchacho un fino trapo mojado.
- ¿Emociones fuertes?
- Si, por ejemplo, el viernes pasado llegó algo pálido, pero feliz. Dijo que había estado tocando con sus amigos, pero que estaba emocionado por que había comido con alguien especial para él. Siempre menciona a esa persona especial, mas nunca dice su nombre. ¿No será usted, joven Jones? – dijo otra sirvienta, en tono burlón, pero no por molestar al muchacho de ojos azules.
- Si, tal vez sea yo.- rió Alfred, escuchó algo parecido a gritos de emoción a sus espaldas, y entonces la puerta se cerró, dejándolo solo junto a Arthur.
Miró su celular, eran las tres de la madrugada, envió un mensaje a su hermano diciéndole que no regresaría hasta el día siguiente a ese, tenía que cuidar a Arthur. Su hermano le contestó rápidamente, le dijo que no estaba en su casa, que había salido con un amigo y que no regresaría a casa tampoco hasta el próximo día. Alfred supuso quien era ese amigo, probablemente el albino de Gilbert, se preguntó por un segundo si su hermano Mateo sabía quién era ese chico en realidad, aunque conociendo al oji violeta, si lo sabía.
Se echó junto a Arthur y lo miró por un momento. Luego volteó su rostro y se encontró con el lema inglés en el techo de roble negro, sonrió de lado y se quedó dormido, abrazando al chico que estaba a su lado.
Alfred F. Jones había tomado una decisión.
Y? les gustó? Ya, mañana tal vez subo el siguiente cap... o tal vez hoy, no sé :) Tengo que terminar el regalo del día del padre!
