Hallo! He aquí mi publicación semanal prometida :) Espero que les guste!

Dedicatoria: Este capítulo no tiene dedicatoria específica, es para todos mis lectores X3

Inspiración: Bueno, no me inspiré en nada en especifico, fue una idea que volaba por mi mente. Es algo así como Kaicho wa Maid-sama!Tiene varios parecidos, pero la temática y la historia será completamente diferente.

Disclaime: Hetalia no me pertenece, es de nadie más y de nadie menos que de Himaruya-sensei.


Eran las 3 de la tarde, un dulce sol entraba por un pequeño espacio sin tapar en la ventana. Las cortinas negras de seda ondeaban alrededor de la cama. En ella dos cuerpos descansaban. Estaban abrazados, juntos, inseparables. Arthur tenía su cabeza apoyada en el pecho del americano, mientras que este rodeaba su cintura gentilmente con sus brazos. Los ojos azules comenzaron a abrirse de a pocos, miraron con ternura al hombre que tenía en sus brazos, besó con gentileza la frente del mayor y con cariño recorrió el tatuaje de su cintura con el suave toque de sus dedos. Se entretuvo con él durante largo rato, siguiendo la forma de de las espinas a lo largo de su cadera hasta el hueso de la misma y de regreso hasta el otro extremo. Le encantaba el contraste entre el negro dibujo y la nívea piel del muchacho entre sus brazos.

Se quedó largo rato hasta que el otro comenzó a despertarse. Miró hacia arriba y se encontró con los ojos del menor. Se sonrojó por la cercanía, mas no se separó ni un milímetro, a gusto con ella, incuso uno se podría aventurar a decir que se acercó un poco más, aunque no fue necesario, ya que el americano, al darse cuentas que el otro se había despertado, se agachó para darle un tierno beso. Los dos solo podían sonreír con el otro, felices de su compañía.

- Good morning love.- dijo Alfred, después de un agradable silencio.

- Good afternoon, querras decir. Son más de las 3 de la tarde.- rectificó Arthur, riendo ante la pérdida de tiempo de su pareja.

- ¿En serio?- dudó Alfred, mirando el reloj de la mesa de noche.

- Si tonto, ya no es tan temprano, habremos dormido como 4, 5 horas, después de…. Bueno.- murmuró Arthur, su rostro se sonrojó de sobre manera al recordad lo que habían hecho hace unas horas.

- ¿Después de que hiciéramos el amor? – rió Alfred, al ver a su pareja tan avergonzada.

- No lo digas!- gritó Arthur, tirándose encima de él, mientras lo golpeaba con una de las almohadas extra grandes de su cama, el americano no podía hacer nada más que reírse ante los débiles ataques del inglés. Lo soportó un rato, hasta que decidió tomar cartas en el asunto y agarró a Arthur de la cadera y lo jaló para sí, posicionándolo sobre él. Lo besó con urgencia, con cariño, y con algunos destellos de deseo y ganas de posesión. Arthur no pudo hacer nada más que corresponderlo con su propia fuerza, dejando que sus manos se perdieran entre la dorada cabellera del menor, fundiéndose ante el tacto de la dulce mano de Alfred sobre su tatuaje, recorriendo una y otra vez su cadera, de un lado para el otro.

- Sabes, me gusta tu tatuaje.- murmuró Alfred entre besos.

- ¿Por qué no te haces uno? - preguntó Arthur, divertido.

- Me gustaría, también sería una rosa, es la flor nacional de América, ¿sabes? – dijo Alfred, mirando al hombre que tenía echado sobre su pecho.

- Y donde te la harás?- preguntó Arthur, mientras miraba con deleite el cuerpo del americano.

- Tu dime.- provocó este, riendo ante la mirada del ojiverde.

- Mmmm, ¿Dónde podría ser? – se preguntó Arthur, mirando a Alfred mientras trazaba su cuerpo con un dedo vacilante.

Su mano vagó por el pecho del menor, deteniéndose en cada pectoral, jugando con las tetillas del más alto, sacándole dulces suspiros, que no eran forzados a esconderse. Esto solo logró deleitar al mayor un poco más, haciendo que su mano bajara hasta los abdominales bien marcados. Sus uñas rasgaron la suave piel de las caderas y subieron nuevamente hasta los brazos, jugó un rato con los hombros y volvió a subir, pero esta vez a la quijada, donde comenzó a repartir pequeños besos. Y subía más y más, hasta llegar hasta los labios, donde beso de manera rápida, haciendo que el menor solo pudiera gruñir de la frustración. Con una sonrisa en el rostro, Arthur subió hasta la oreja, la cual comenzó a morder sin morbo ni sentido, mas fue detenido por el americano.

- Es mi turno de satisfacerte.- ronroneó Alfred, con la voz ronca por el placer.

Una de sus manso voló hasta la hombría del mayor, la cual comenzó a masturbar, primero con una exasperante lentitud, seguida por una desenfrenada velocidad, haciendo que Arthur comenzara a jadear, su vista comenzó a nublarse, al igual que sus sentidos, presas del placer. Intentaba con todo su ser aguantar la salida de los suspiros, mas algunos, traviesos, salían de entre sus labios, provocando al ojiazul a continuar con mayor fuerza, deseoso de escuchar su nombre entre los suspiros de su pareja. Estaban mojados por el sudor, sus virilidades estaban duras del deseo que perseguía a sus jóvenes mentes, sus seres enteros estaban dispuestos a entregarse al otro.

Alfred comenzó a recorrer la hombría del mayor con la lengua, dibujando eróticos círculos con ella, sentía el pre-semen salir y se deleitaba con su sabor. Miró a Arthur, quien tenía las mejillas rojas y los ojos entrecerrados. Este lo miró y atrajo su rostro, besándolo, probándose a sí mismo en los labios del menor, luchando con la lengua del otro, provocándose hasta que no tener más aire en los pulmones y que estos demanden oxigeno con urgencia.

- Fuck me.- suspiró Arthur, provocativo, en el oído del más alto.

Este no rechistó ante la petición, mas prefirió jugar un poco, por lo que puso un dedo en la entrada del otro, y antes que este rechistara ante la "innecesaria" invasión, Alfred besó al contrario, distrayéndolo mientras comenzaba a hacer amplios círculos en la cavidad. Después metió el segundo dedo, haciendo que una joven lagrima escapara de un ojo verde, la beso. Comenzó a hacer tijeras con los dedos, Arthur gruñía, el placer superaba al dolor. Un tercer dedo entró, jugó un rato, hasta que pareció que era el momento perfecto. Poco a poco comenzó a entrar a la pequeña y estrecha cavidad, la velocidad estaba siendo controlada por Arthur, pues este se estaba sentando sobre la hombría del menor. Una vez estuvo totalmente adentro, el inglés soltó un suspiro contenido, mientras comenzaba a moverse de arriba para abajo, ayudado por las fuertes manos de Alfred, el cual lo sostenía de la cadera. Viendo que el mayor se cansaba rápidamente con la posición, Alfred decidió cambiarla, por lo que, sin previo aviso, posicionó a Arthur de a cuatro, sin romper la unión, como lo hizo, ni él lo sabe.

Desde ese ángulo podía ver perfectamente el tatuaje grabado en la blanca piel del inglés. Podía ver su columna curvarse cuando el tocaba su próstata, cuando se sumergía en el placer. Las embestidas eran rápidas y fuertes, eran violentas y sin embargo, eran dulces y llenas de un amor tan puro que dolía, aunque ese dolor, en ese momento, estaba completamente sumergido y confundido con el morbo de la situación.

Poco a poco cada uno se acercó a su ritmo, las embestidas aumentaban de placer. Cuando Arthur llegó al clímax, las paredes de su entrada se estrecharon más, atrapando la hombría del menor, apretándola en su interior, llenando al mayor cuando su esencia se derramó dentro de él. Abrumados por la explosión de placer, cayeron en la cama, mojados de sudor y semen. Alfred abrazó a Arthur por detrás, pegándolo a su pegajoso cuerpo, sus manos rodeaban su cintura. El inglés volteó ligeramente, para ver a su pareja, quien la besó tiernamente, volvió a su anterior posición y se dejó mimar por el menor, hasta que ambos se quedaron dormidos.

Así como yo debería hacer ahora, su narradora se tiene que ir a dormir, hasta la próxima entrega!

P.D: Este capítulo se escribió entre el 30 de junio y el 1 de julio (feliz cumpleaños Canadá y Hong Kong). Ahora son las 01:15 de la madrugada del 1ro X3


Bueno, creo que la historia se expandió un poco, en el próximo termina, creo :)

Así que... HASTA LA PRÓXIMA SEMANA!

¿Merece un Review?

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